jueves, 21 de febrero de 2019

Crítica Cinéfila: A Private War

La historia de la periodista de guerra Marie Colvin, quien consiguió adentrarse el invierno de 2012 en Siria para cubrir la guerra civil. Colvin y el fotógrafo Rémi Ochlik fueron asesinados por un artefacto explosivo improvisado, mientras los medios de comunicación oficiales huían ante el bombardeo del ejército sirio.



Así como cubrir noticias o eventos sobre guerras y batallas puede ser difícil para el periodista, así mismo realizar este tipo de películas puede ser brutal para su director y/o guionista. Debe estar de acuerdo con sumergirse en una historia donde la sangre y el sufrimiento es constante, y la paz humana es escasa. Por suerte, Matthew Heineman junto al guionista Arash Amel lograron entender esto, dándose la tarea de contar la historia de Marie Colvin, una de las periodistas más importantes de estos últimas décadas, y con esto no solo logran retratar sus trabajos más destacados, sino también presentar el lado amargo de la humanidad, y cómo muchos le dan la espalda a esto, mientras que la minoría (los que verdaderamente están interesados) arriesgan sus vidas con tal de dar una pizca de esperanza y/o ayuda.

En 1986, Marie Colvin comenzó una carrera como corresponsal de guerra, teniendo que vivirlos desde el punto de batalla, y en casi cada uno de los conflictos desde la guerra de Iraq hasta Afganistan y Siria. Ella fue una reconocida periodista del diario The Sunday Times, quién cubría las historias de guerras de países tercermundistas. Ganó diversos premios de periodismo por su dedicación a la hora de hacer eco de las situaciones que ocurrían en diversos países del mundo, perdió la visión y movilidad de su ojo derecho al ser blanco de los enemigos mientras cubría la pobreza extrema que aún se vive en Sri Lanka en medio de una guerrilla indocumentada, enfrentó a Gaddafi durante una entrevista exclusiva que le hizo momentos antes de que este fuese asesinado, y no se puede dejar de mencionar ser la única periodista que se atrevió a transmitir en vivo en medio del “campo de batalla” que acontecía en Homs, Siria. Falleció en el año 2012, junto al fotógrafo Remi Ochlik, mientras los medios de comunicación oficiales huían ante el bombardeo del ejército sirio. Y aún así, en sus últimos reportajes, ella se preguntaba si estaba logrando algún tipo de referencia mientras cubría las guerras.


Una vez más, la actriz Rosamund Pike deja a la audiencia sin aliento con su increíble interpretación de Marie Colvin. No solo supo encarnar las características físicas del personaje, donde a la vez debe reconocerse el trabajo de maquillaje, peinado y vestuario, pero también en cuanto a su actitud determinada y arriesgada, donde el miedo era mayor cuando no se veía a sí misma en ese tipo de situaciones. Pike asume la personalidad tan específica de Colvin, y se apodera de la atención de cualquiera con tan solo sus lentas narraciones mientras escribía sus artículos, con sus decisiones tan determinadas pero a la vez peligrosas, e incluso cuando finalmente encontraba algo de placer en un nuevo hombre. 

Se puede decir con seguridad que la actriz se enfocó en establecer los miedos de Colvin de una manera casi indirecta, pero en realidad este mérito se lleva el guionista Arash Amel, quien además de describir al detalle cada uno de los escenarios bélicos donde Colvin estuvo, también se enfocó en sus guerras internas, haciéndole honor al nombre de la película, y especificando que, a pesar de ver tantas muertes, la verdadera guerra que vive constantemente es el miedo de no ser capaz de hacer más de lo que ya hace. Por esa misma razón, las historias de Colvin se enfocaban en las personas y no en la situación, buscando siempre un protagonista de sus coberturas, y no una víctima.

Del mismo modo, hay que reconocer el diseño de producción de las diferentes escenografías, que retrataban a la perfección esas ciudades del tercer mundo donde ella cubrió guerras, casi cuestionando si estos fueron construídos en su totalidad, o si son imágenes de archivo utilizadas para complementar la película. Pero sin importar cual de los dos, logra dejar la impresión que estos hechos lograron causar en miles de personas que leían y veían estas noticias a través de los distintos medios, e incluso de aquellos que estuvieron cerca de esos sucesos. Así mismo, se complementa por una banda sonora que deja la piel de gallina a cualquiera, compuesta por Scott Salinas quien además de hacer honor a la sensibilidad del tema, crea himnos de luchas para esas sociedades que fueron afectadas mientras hechos acontecían.

Es una decepción que A Private War no ha recibido mayor reconocimiento cinematográfico, pues el equipo detrás de cámara y el elenco hacen un increíble trabajo técnico y narrativo para lograr transmitir esos sentimientos de decepción humana y tristeza que la misma historia de la humanidad ha marcado a través de los años.


Crítica Cinéfila: The Prodigy

Una madre preocupada por el comportamiento perturbador de su hijo está convencida de que algo sobrenatural está transformando la vida del pequeño y de quienes lo rodean, poniéndolos en peligro.



¿Crees en la reencarnación? De seguro alguna vez en tu vida has sentido curiosidad sobre esta creencia en más de una ocasión, pero aún más te aseguro que comenzarás a sentir curiosidad y querrás leer más sobre esta después de que veas The Prodigy.

Sarah y John se preparan para la llegada de su hijo, la misma noche que un asesino en serie es asesinado a balazos. Su último suspiro de vida se conecta con el primer llanto del recién nacido. Y a partir de ese momento, la película va revelando que Miles no es un niño común corriente. Mientras crece, demuestra ser mucho más inteligente de los demás niños de su edad, pero a la vez vive aislado de ellos. 

Solo es cercano a su madre, a sus herramientas de ciencia y a una voz en su cabeza que, según él, “le hace hacer cosas que él no quiere hacer”, sin dejar de mencionar las pesadillas donde él deja su cuerpo y alguien más se apodera de este. Lo que Sarah pensaba que era un problema de personalidad y debilidades de su propio intelecto, se tratan en realidad de un caso de reencarnación, donde el alma de otra persona está atrapada en el cuerpo de Miles, tratando de culminar lo que había dejado sin terminar cuando murió. Pero a diferencia de otros casos inocentes, el alma de la persona dentro de Miles es mucho más peligrosa de lo que aparenta ser.


A primera vista, The Prodigy tiene una estructura muy simple: establece las reglas de la historia, los momentos oscuros de los personajes y sus debilidades, y los puntos de realización. No deja casi nada de sorpresa, y evita a toda costa dejar dudas sobre el antagonista y cómo este funciona. En pocas palabras, es predecible. Y funciona en ocasiones, gracias a toda la tensión que van sembrando en esos momentos menos esperados. Pero no obstante a esto, funciona casi igual a otros thrillers psicológicos donde los protagonistas resuelven todo de manera casi instantánea y muy al final, sin permitirle a la audiencia entender que está ocurriendo, respirar con la trama o razonar las opciones. 

El verdadero premio mayor se lo lleva Jackson Robert Scott, quien interpreta a Miles, y sabe darle esa personalidad terrorífica en que idealizas que, por más tierno que parezca, no es normal y nunca lo será. A su corta edad, tener que interpretar casi dos personajes dentro de uno (casi como Split, con las multiples identidades, pero enfocada en la reencarnación), parece ser una tarea mucho más complicada de lo que muchos pensarían; no obstante, es en realidad notorio el trabajo a profundidad que el joven actor tuvo que interioridad para poder entrar en la personalidad de dos seres completamente diferentes uno del otro.


Y con excepción de la actuación de este joven actor, el empleo de efectos especiales fueron una gran ventaja para establecer lo que realmente debería aterrorizar a la audiencia, complementada por los efectos de sonido que permitía entender cuales eran los verdaderos momentos de tensión de la película, aquellos que debían poner todos los sentidos de la audiencia a funcionar. 

Por otro lado, Taylor Schilling es casi dejada a su olvido, con un personaje al que le resuelven todo, y que cuando finalmente debe actuar por sí misma, no es capaz de lograrlo a tiempo. La culpa la tienen el guionista Jeff Buhler, quien además de otorgar una historia completamente predecible, busca romper el hielo con un final que seguramente nadie se espera pero que dejarán un sabor amargo en todos los que esperaban victoria de parte de alguien.

Sin ánimos de ofender a sus creadores, el mérito se lo llevan los editores del trailer, que vendieron The Prodigy como una auténtica película de terror que pretendía romper con los clichés de las historias de este género, pero que terminó siendo un thriller y, no obstante a esto, no habla lo suficiente sobre la reencarnación.