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viernes, 8 de marzo de 2024

Crítica Cinéfila: Avatar, La leyenda de Aang - 1ra temporada

Las cuatro naciones vivieron en armonía hace mucho tiempo. Después, todo cambió. Adaptación de la historia de Aang con actores reales.



En caso de que seas nuevo en el universo Airbender, el drama de aventuras de Netflix "Avatar: The Last Airbender" es una nueva versión en vivo de la popular serie animada de Nickelodeon del mismo nombre, que debutó en 2005. Pero aunque es una versión de acción real como la que alguna vez M. Night Shyamalan lanzó en el 2010 y que fue un total fracaso, película The Last Airbender, esta sí se mantiene fiel a la historia que iluminó las pantallas de toda una generación y que pretende volver para una totalmente nueva, con sus pizcas de nostalgia para los que fuimos fanáticos. Casi dos décadas después de que la serie animada se convirtiese en una de las sagas más aclamadas de la televisión, la base de fans sigue ahí, lista para seguir la historia desde una nueva perspectiva.

La narrativa se ajusta al modelo de innumerables series de fantasía, con un mundo dividido en reinos que están perpetuamente en guerra o al borde de ella, donde los jóvenes ejercen una influencia poco común y donde existen poderes mágicos para ser usados ​​o abusados. Aquí, hay regiones definidas por el fuego, la tierra, el agua y el aire, y cada población contiene "maestros", personas con la capacidad de controlar su elemento local a su voluntad y usarlo como arma o defensa. En cualquier tiempo hay una sola persona, el Avatar, que tiene el potencial de controlar los cuatro elementos y convertirse en un pacificador celestial y omnipotente con la capacidad de entrar en un estado de poder absoluto que derrota cualquier mal con tal de llevar todo a su orden.

El primer episodio presenta a Aang (Gordon Cormier), de 12 años, un prodigioso maestro aire que acaba de recibir noticias impactantes de sus mayores: él es el próximo Avatar. Luego, los nefastos hombres del fuego, aprovechando un cometa que aumenta sus poderes, invaden y matan a todos los maestros aire excepto a Aang, quien se escapa para luego terminar atrapado en un iceberg por un siglo. Cuando emerge, despierta en el Tribu Agua del Sur con la principiante maestra agua Katara (Kiawentiio), de 14 años y su hermano mayor, el guerrero Sokka (Ian Ousley), y con ellos se embarca en una búsqueda para completar su entrenamiento y reconstruir un mundo destrozado por la guerra desatada por el Reino Fuego.

Hay detalles (como el reconocimiento y divulgación rápida de la reaparición del Avatar, o el hecho de que Aang sobrevivió dentro de ese iceberg) que no se responden; pero al igual que la serie animada, no nos molesta. Esta es una historia familiar de un niño con un gran futuro. Aang, quien amablemente proviene de una tribu aire humilde, preferiría rechazar su destino y vivir una vida como un niño normal. "¡Nunca pedí ser especial!" es una de varias líneas de diálogo directas que refuerzan la idea de que este niño tendrá que sacrificar su juventud para cumplir con sus deberes sagrados.

Sin embargo, al poco tiempo, Aang tiene su primeros encuentros con sus principales obstáculos, como el popular y recurrente Príncipe Zuko (Dallas Liu), un príncipe de la belicista Nación del Fuego que sabemos (sobre todo si vio la serie animada) tiene una marca de quemadura en su ojo como recordatorio de que ha sido exiliado y rechazado por el rey, lo cual ha generado en sí mismo una desagradable combinación de impulsos violentos y problemas paternales no resueltos. Cuando Zuko muestra que está dispuesto a perseguir a Aang a través de continentes con la esperanza de capturar al nuevo Avatar y demostrar su valía ante su padre, incinerando a cualquier civil que se interponga en su camino, Aang entra en el estado avatar, mientras acepta su llamado.

Y así, Aang y sus compañeros son perseguidos de un lugar a otro: desde la Tribu Agua del Sur de Katara y Sokka con su estilo prehistórico de Alaska, hasta el reino insular que el heroico trío visita con un estilo inequívoco parecido al Japón feudal. Dondequiera que vayan, aprenden lecciones de vida y libran combates cuerpo a cuerpo, con secuencias de lucha fuertemente coreografiadas que añaden un emocionante toque de piedra, papel y tijeras a lo que de otro modo serían batallas normales de artes marciales, con maestros de diferentes elementos enfrentándose cara a cara. ¿El fuego evaporará el agua? ¿Puede el agua convertir la tierra en barro? ¿Y el aire apagará el fuego o tendrá una especie de efecto vórtice que empeorará todo?

Hay que darle su mérito al equipo de guion por haber logrado resumir lo que ya se conocía de la 1ra temporada de la serie animada en 8 episodios del primer libro, rescatando grandes momentos y añadiendo otros que se conocen más tarde en las aventuras de Aang. Aunque el más fanático no podrá evitar pensar "eso no ocurre así en la serie original" o "este no es el orden original", esta nueva versión de Avatar refresca la antigua trama, reviviendo ciertas secuencias y emociones, además de modernizando otras que, para la época en que se estrena además de la evolución de los efectos visuales, requería una actualización de sucesos.

Otro punto a favor es que han logrado darle una magnificiencia y ventaja a la cinematografía y efectos visuales, a través de los espectaculares paisajes, pueblos y espacios que han recreado, mientras nuestro bisonte volador gigante de seis patas favorito lleva a todos de un lugar a otro a través de las nubes. Ousley y Kiawentiio entablan una agradable relación entre hermanos como Sokka y Katara, Cormier le da a Aang la combinación perfecta de rebeldía juvenil y autoridad inherente, mientras los tres mantienen la impresión de que un niño y dos adolescentes pueden derrotar a autoritarios genocidas con valor saludable, sarcasmo suave y la capacidad de convocar un huracán. La franquicia Airbender ha revivido con confianza, y ya nos han avisado que esta no será la última vez que lo veamos.


miércoles, 11 de enero de 2023

Crítica Cinéfila: The Banshees of Inisherin

Ambientada en una isla remota frente a la costa oeste de Irlanda, cuenta la historia de dos amigos de toda la vida, Pádraic y Colm, quienes se encuentran en un callejón sin salida cuando Colm pone fin a su amistad de un modo abrupto. 



El oeste rural de Irlanda fue el escenario de un grupo de obras de teatro surgidas de un período temprano notablemente prolífico a mediados de los años 90 que colocó a Martin McDonagh en el mapa. Pero The Banshees of Inisherin permaneció durante décadas en estado cautivo, sin producir ni publicar. El dramaturgo la consideró una obra inmadura, flotando la posibilidad de volver a ella más adelante en la vida. Conservando el título pero hilándola en algo completamente nuevo para desarrollar su sugerencia de balada popular, el cuarto largometraje del escritor y director, magníficamente interpretado, y también uno de los mejores.

Una comedia negra que evoluciona de manera constante hacia un relato inesperadamente conmovedor de una amistad cortada con fuerza violenta cuando la distancia no tiene el efecto deseado, aunque nunca borrada, la película podría leerse como un análisis a la herencia cultural de la ascendencia irlandesa de su autor. Sin embargo, se debe igualmente visualizar como la composición de un dúo melancólico, una separación que resuena entre la pequeña población de una isla ficticia, revelándola como un lugar embrujado de silencio, soledad y locura, pero también de bondad y resiliencia humana.

La película vuelve a reunir a Colin Farrell y Brendan Gleeson, cuya diferencia de edad, físico y tipo de personaje crea una pareja muy particular que saca lo mejor de ambos actores, como lo hizo en el primer largometraje de McDonagh en 2008, "In Bruges". Dirigen una pieza de conjunto reflexivo que equilibra de manera experta lo tragicómico con lo macabro, habitando un territorio adyacente al trabajo escénico de McDonagh pero también radicalmente cinematográfico. Este último factor le debe mucho a la conmovedora cinematografía de Ben Davis que aporta una cualidad mítica a los paisajes, y a la partitura de Carter Burwell que cambia el estado de ánimo con el que uno debe seguir esta trama.

El don de McDonagh para los diálogos picantes y el carácter se muestra en la rápida puesta en escena, cuando Pádraic (Farrell) aparece en la solitaria cabaña de pescadores de su amigo de toda la vida, Colm (Gleeson) para su cita habitual en el pub a las 2pm y está perplejo por su fría recepción. El anciano está adentro fumando en un silencio melancólico, claramente visible a través de la ventana pero sin ofrecer ninguna explicación por su negativa a reconocer la presencia de Pádraic.

El desconcertante rechazo pesa mucho sobre Pádraic en el bar, donde las preguntas sobre la ausencia de su amigo del tabernero, Jonjo (Pat Shortt), echan sal en la herida. "¿Por qué no me abrió la puerta?" Pádraic le pregunta a su hermana Siobhán (Kerry Condon) en la casa que comparten con su amada burra, Jenny.

De regreso en el pub, Colm le dice a Pádraic que se siente en otro lugar, pero confirma que el joven no ha dicho ni hecho nada que lo moleste: "Simplemente ya no me caes bien". El semblante pesado de Gleeson transmite el precio para Colm incluso de justificar mínimamente sus acciones, pero después de mucha insistencia de Pádraic en los días siguientes, admite que lo encuentra aburrido. “Pero siempre has sido aburrido”, protesta Siobhán.

A medida que la confusión herida de Pádraic crece junto con la brusca intransigencia de Colm, surge que el anciano puede sentir que su vida se le escapa y solo desea un poco de paz en su corazón. Quiere pasar los días que le quedan pensando y componiendo música con su violín. Este último interés lo lleva a entablar nuevas amistades con estudiantes de música locales, lo que agrava el abrupto aislamiento de Pádraic.

Si bien el escenario es 1923 y este conflicto íntimo se desarrolla con el telón de fondo de los cañones y los disparos que se escuchan desde la Guerra Civil que azota el continente, McDonagh saca a relucir el humor en el cisma de los antiguos amigos. Este es especialmente el caso en la interpretación desgarradoramente divertida y melancólica de Farrell, ya que este hombre de carácter dulce e intelectualmente indiferente se ve obligado, por lo que parece ser la primera vez, a pensar en sus limitaciones, diciéndose a sí mismo que es "agradable, no aburrido". Pádraic se convence de que Colm está deprimido y necesita su ayuda. Sus torpes intervenciones hacen que Colm recurra a medidas drásticas de automutilación para persuadir a Pádraic de que habla en serio.

La noción de un granjero irlandés de la década de 1920 discutiendo la depresión parece tan improbable. Pero McDonagh imbuye la historia con una dimensión atemporal en consonancia con las caras rocosas de los acantilados, el mar helado y los cielos nublados de su entorno atmosférico, incluyendo otros temas como la soltería en las mujeres, los deficits de atención y las posibilidad de migración para un mejor futuro laboral. 

Si bien las criaturas folclóricas fantasmales no están representadas literalmente, la macabra bruja vestida de negro, la Sra. McCormick (Sheila Flitton), parece prosperar en la fatalidad. “Vendrá una muerte, tal vez incluso dos muertes”, entona con lo que suena como un placer malicioso para ella.

Siobhán, una lectora voraz y el único personaje con la idea de alejarse de Inisherin, llama a la gente de allí "amargada" y "loca", describiendo el lugar como "nada más que desolación y el lento paso del tiempo". Ama a su hermano e incluso le tiene cariño a Colm. Pero en la actuación aguda e inteligente de Condon, su paciencia se ha desgastado hasta los huesos. “Un hombre silencioso más en Inisherin”, llama a Colm. "Todos ustedes son jodidamente aburridos con sus insignificantes quejas".

El efecto dominó de la pelea de Pádraic y Colm toca a todos de diferentes maneras: la comerciante chismosa (Bríd Ní Neachtain) que exige noticias como si fuera la única moneda que acepta; el sacerdote (David Pearse) que viene a la isla cada semana para decir misa, confesar y golpear cuando se le desafía; el policía mezquino (Gary Lydon) que regularmente ahoga sus frustraciones en alcohol y descarga su ira contra su hijo Dominic (Barry Keoghan) con abusos de varios tipos. Incluso el lugar de reunión pacífica del pub es violado por la tensión.

Si bien no es la chispa más brillante y tiene un despreocupado desprecio por los filtros sociales estandarizados, Dominic es más perceptivo de lo que nadie cree. Tiene una franqueza conmovedora a su alrededor, particularmente cuando hace propuestas nerviosas y modestas de cortejo hacia Siobhán, una de las pocas veces que ella abandona su frágil indiferencia. Keoghan toma este pequeño papel e invierte cada línea con tanto patetismo delicado como excentricidad humorística. Es una actuación maravillosamente extraña, no menos esencial para las capas emocionales de la película que las de Farrell y Gleeson. Son especialmente tiernas las escenas periódicas en las que Pádraic utiliza a Dominic como caja de resonancia de su dolor. Farrell logra un delicado equilibrio entre la exasperación con el hijo del policía y la dolorosa necesidad de llenar el vacío de amistad creado por la retirada de Colm de su vida.

En general, los actores no podrían ser mejores. Varios de ellos son veteranos de las obras de McDonagh, incluidos Condon, Shortt, Lydon, Flitton y Aaron Monaghan, quien fue un protagonista devastador en The Cripple of Inishmaan y aquí tiene una escena hilarante como el amigo músico de Colm, quitado del camino con crueles despachos por Pádraic cuando se vuelve inusualmente despiadado. La comprensión del elenco de los ritmos peculiares y la musicalidad innata del lenguaje de McDonagh se suma a la teatralidad, pero el material nunca es estático o escénico.

El sentido del lugar envuelve al espectador en cada cuadro. Davis capta las escenas exteriores (rodadas en Inishmore, en las Islas Aran) con una luz natural sombría, con velas y lámparas de gas para los interiores, como corresponde a una zona donde la electricidad no habría llegado hasta los años setenta. Y el diseño de producción de Mark Tildesley es rico en detalles, desde la casa de campo rústica de la familia de Pádraic y Siobhán hasta el pub desgastado por el tiempo y la casa de campo de Colm, cuyas paredes y techo están cubiertos con instrumentos musicales, máscaras, títeres y otros hallazgos artísticos que hablan de sus intereses culturales que trascienden este lugar remoto.

A lo largo de la película, McDonagh coquetea a sabiendas con lo absurdo y lo grotesco, puntuando la historia con sus habituales sacudidas de violencia creativa y suspenso sigiloso. Pero a pesar de todo su ingenio, su conversación animada y su ligereza engañosa, podría decirse que este es el trabajo más conmovedor del escritor y director. Los arcos devastadores de las actuaciones de Farrell y Gleeson (dos hombres que una vez se unieron en una compañía fácil, ambos finalmente se ensimismaron con ceñuda implacabilidad) siembran una desesperación que, al final, les brinda un tipo perverso de consuelo mutuo.

La aceptación de la tristeza como parte de la vida parece algo que viene solo con la edad, lo que sugiere que McDonagh tenía razón al sentarse en este título todos esos años, hasta que pudo sacar a la luz unos personajes y una historia para hacerle justicia.


viernes, 25 de diciembre de 2020

Crítica Cinéfila: Ma Rainey's Black Bottom

Cuando Ma Rainey, la "Reina del Blues", graba su nuevo disco en un estudio de Chicago en 1927, se disparan las tensiones entre ella, su agente, su productor y sus compañeros de banda.



En "Ma Rainey’s Black Bottom", las presentaciones son importantes. Ya sea que el público conozca o no la reputación de la verdadera Ma Rainey como "madre del blues", August Wilson asegura que esta pionera musical es un personaje más grande incluso antes de pisar el escenario. Y debido a que la adaptación del largometraje de Netflix marca el último papel de la estrella de "Black Panther" Chadwick Boseman en pantalla, las salidas también asumen una conmovedora conmoción. Pero comencemos por el principio.

Es el año 1927, y Ma Rainey (Viola Davis) ha sido contratada para grabar algunas de sus canciones más conocidas, todos éxitos en el circuito de espectáculos, en un estudio en el lado sur de Chicago. Dos hombres blancos, su manager Irvin (Jeremy Shamos) y el productor del álbum Sturdyvant (Jonny Coyne), se preocupan por si ella llegará a tiempo o no, lo que es suficiente para que los espectadores asuman que Ma Rainey es una especie de Diva. Su banda musical, que incluye a Levee (Chadwick Boseman), el famoso trompetista, llega mucho antes que Ma, ensayando abajo mientras esperan a que la jefa haga su gran entrada. Y ella lo hace.

En una desviación de la obra, el director George C. Wolfe (“Lackawanna Blues”) abre su película con una breve burla del atractivo de supernova de Ma Rainey, haciendo lo suyo en lo profundo del bosque para una audiencia negra rural. Ese vistazo nos da una sensación de la estrella en su elemento. Pero su primera escena propiamente dicha es la que escribió Wilson, y encuentra a la cantante rodeada de rostros blancos enojados: Ma Rainey le está gritando a un oficial de policía. Su chofer llegó tarde al estudio, provocando un accidente en el proceso, y ahora las autoridades amenazan con llevarla a la estación.

Davis, quien ganó un Oscar como la esposa de amor duro en “Fences” de Wilson, luce virtualmente irreconocible como Ma Rainey, con su maquillaje de ojos de panda manchado, su peluca cansada y su expresión desafiante. La actriz ha transformado su silueta, su postura y su actitud en algo desafiante, una reina madre ante la que otros deben humillarse. Eso es porque el mayor activo de Davis, una convicción en sí misma que es la columna vertebral y el alma de este personaje, brilla, dejando en claro que Ma Rainey no es una mujer a la que se pueda presionar.

Casi cada segundo de la actuación de Davis trata sobre el poder, quién tiene la ventaja sobre quién y lo que significa para una persona estar en una posición subordinada. La obediente adaptación de Rubén Santiago-Hudson explica algo de ese subtexto, pero la sensibilidad del público variará según su experiencia de vida.

La primera novela de Wilson, "Ma Rainey's Black Bottom" reformula la Era del Jazz desde un punto de vista afroamericano. Los personajes blancos son relativamente raros en el trabajo de Wilson, y aquí, Irvin, Sturdyvant y ese policía representan un sistema que explota la cultura negra. En el transcurso de un solo día sofocante en un estudio de grabación, somos testigos del triunfo y la derrota, animados por el blues, una forma de arte informada por la opresión, y ahora una de conexión. Pero Wilson no escribe obras de teatro alegres, y esta termina con una nota que suena como el suspiro cansado de un trombón triste.

“No les importo nada. Lo único que quieren es mi voz”, dice Ma Rainey a modo de explicación, después de negarse a cantar hasta que Irvin cumpla su promesa de entregar una botella fría de Coca-Cola. De repente, lo que hasta ahora parecía un comportamiento de diva adquiere una nueva perspectiva. Ma Rainey reconoce el poco respeto que se le otorga a una mujer abiertamente bisexual y sin complejos negros como ella en el Chicago de la década de 1920, y está aprovechando lo que tiene, su talento, para establecer los términos.

Pero Ma Rainey no es la única con talento. Levee ha escrito algunas canciones propias, siguiendo las indicaciones de Sturdyvant para adaptarse a sus clientes blancos. Para estos oídos, suenan como una mejora, pero el problema no es qué versiones son mejores. Los compañeros de banda de Levee, Culter (Colman Domingo), Toledo (Glynn Turman) y Slow Drag (Michael Potts), cuestionan lo que su afán por adaptarse a sus guardianes dice sobre sus valores.

Ma Rainey entiende que tan pronto como Sturdyvant tenga su récord, puede dejar la cortesía y eliminarla de la escena. Ella lucha por ser fiel a sus raíces, por dar voz a su gente (lo que hace literalmente al pedirle a su tartamudo sobrino que presente la canción principal), mientras que Levee no ve ningún problema en la asimilación. Pero si Wilson es crítico con este impulso, lo complica al mostrar que Levee no es un tipo tradicional: al principio, mientras el público todavía está tratando de descubrir su personaje, Levee describe un incidente que presenció a los 8 años que lo dejó marcado en todos los aspectos.

Wilson escribe personajes que se revelan a sí mismos en capas, y aunque la película le da a Levee una introducción cinematográfica propia, cada escena agrega complejidad. Boseman entra en la película, delgado e inquieto. La confianza y la compostura de los íconos que ha interpretado antes (Jackie Robinson, Thurgood Marshall, T'Challa) se han desvanecido en una especie de inseguridad nerviosa que nunca hemos visto en el actor. Levee tiene hambre de fama; tiene mucho que demostrar. Está ahí en la forma en que coquetea con todas las jóvenes bonitas, incluida la "chica de Ma", Dussie Mae (Taylour Paige), y está ahí en la forma en que gasta el salario de una semana en un par de zapatos nuevos.

Levee merodea por la habitación donde ensaya la banda, preocupada por una puerta pesada y oxidada en la pared trasera que se convierte en un símbolo claro de sus ambiciones: ¿es un atajo o un callejón sin salida? La historia de la música estadounidense moderna está pavimentada con la apropiación y el robo total de la cultura negra. Esa tradición continúa hoy, remontándose al menos hasta el momento que Wilson, inspirado por el blues, ha imaginado aquí.

El dramaturgo concibió a Levee como una figura trágica, lo cual lamentablemente se filtró en la vida real. Por muy poderosa que sea la actuación de Davis, esta es la película de Boseman: el nombre de Ma Rainey está ahí en el título, pero Levee está tratando de secuestrar su atención en todo momento, por lo que tiene sentido que nuestros ojos deban estar en él cuando comienza a estallar: una estrella colapsando, dejándolo todo en la pantalla. Qué suerte que el legado de Boseman incluya esta película, un homenaje al arte negro que es lo suficientemente duro como para afrontar los costos de su realización.


sábado, 28 de noviembre de 2020

Crítica Cinéfila: Hillbilly Elegy

J.D. Vance (Gabriel Basso), un ex-marine del sur de Ohio y actual estudiante de derecho de Yale, está a punto de conseguir el trabajo de sus sueños cuando una crisis familiar le obliga a volver a la casa que ha intentado olvidar. J.D. debe navegar por las complejas dinámicas de su familia Apalache, incluyendo su inestable relación con su madre Bev (Amy Adams), que está luchando contra la adicción. 



Bev (Amy Adams) es un parásito, una adicta, narcisista y desesperada de los demás, en particular de su propia familia. En una palabra, ella es un desastre. Su hijo, JD (Gabriel Basso), asiste a la Facultad de Derecho de Yale y está en medio de una audición para una pasantía de verano, pero ahora tiene que volver a Middletown, Ohio, de donde proviene, y regatear para ingresar su madre en rehabilitación. Paga la factura de una estadía de una semana con cuatro tarjetas de crédito, solo para descubrir que Bev no tiene interés en ir a rehabilitación. Una ex enfermera que destrozó su carrera, se inyecta heroína y parece estar bajando rápido. Ella no quiere ayuda; ella preferiría drogarse en su jugo tóxico de rabia y autocompasión. Pero no, esto no empezó con ella. 

"Hillbilly Elegy", una adaptación de las memorias de JD Vance de 2016, trata sobre una familia extensa sumida en la disfunción, pero la historia va más allá de la mera disfunción. Bev Vance y su familia provienen del condado de Breathitt, Kentucky, y el libro fue una inmersión profunda en la mística de los Apalaches: los valores de la tradición y la lealtad del interior del país, pero también la pobreza, la violencia y la adicción, el abuso y la desintegración social que han sido aceptados con demasiada facilidad como parte de ese legado. 

"Hillbilly Elegy" - la película - es uno de esos dramas hechos por Ron Howard que se siente atraído, al menos en teoría, por material vanguardista. Beber en exceso, violencia doméstica, suicidio, maldad en todos los sentidos. La película es una telenovela sureña gótica estadounidense, construida para mostrar la extravagancia maldita de personajes como Mamaw (Glenn Close), la abuela malhablada y mezquina, y Bev, quien es su adicta básica de la clase trabajadora y perdedora que se odia a sí misma, una mujer que lleva su desesperación en su rostro pálido e hinchado. Podría decirlo de otra manera pero es la descripción perfecta, sobretodo por el hecho de que Glenn Close y Amy Adams serían facilmente consideradas a nominaciones en los Oscars por estos personajes pues es la escuela de actuación a través de la transformación fisiológica humana. Excepto que las actrices, en este caso, tocan notas verdaderas. Comunican la agonía interior de lo que se siente al ser "ellas".

Ron Howard sabe cómo coquetear con el filo, pero se siente atraído, por su temperamento, a la curación y la gracia, a la urgencia de las personas que tienen buenas intenciones. Adaptada por la guionista Vanessa Taylor, quien coescribió "The Shape of Water", "Hillbilly Elegy" mira a sus personajes jodidos y tontos de afuera hacia adentro, pero es más cómodo viajar junto con JD, quien simplemente aparece como un trozo de buenas intenciones: un joven que tiene el alma de la decencia atrapado en un televisor hecho para la televisión. Quizás si hubiesen revivido el JD del libro con sus traumas psicológicos y emocionales hubiese sido un personaje más completo. Ya al final es que realmente vemos ese ser tridimensional que siempre necesitamos.

¿Cómo se abrió camino JD de Middletown a Yale? No estamos del todo seguros, aunque sabemos que llegó allí, y que tiene una novia india profundamente inteligente, Usha (Freida Pinto), que se dedica a él, por lo que no hay mucho suspenso sobre si descubrió cómo trascender su pasado. La película sigue recordando a JD cuando era un adolescente a mediados de los 90, donde Owen Asztalos lo interpreta como un geek. Pero estas partes de la película tienen un didacticismo de cuaderno de bocetos. Se sugiere que JD se pierde porque su madre revolotea de un hombre a otro; cuando ella se casa por capricho, él termina con un hermanastro delincuente drogadicto. Una escena o dos después, él mismo ha caído en la delincuencia, una transformación que es menos que convincente, aunque enraiza la parte redentora de la película de amigos, cuando JD se muda con Mamaw.

Ella se convierte en su entrenador de vida de amor duro/mentora renegada, y su misión es aclarar al chico. Puede que sea una vieja y desagradable abuelita que se viste con suéteres que la hacen parecer como si estuviera tejida directamente en ellos, pero tiene disciplina. Sin mencionar una línea colorida y desagradable para cada ocasión. El mensaje es que de un corazón tan duro surge un amor lo suficientemente severo como para sanar.

Mientras Close esté actuando como una tormenta digna de premios (su interpretación es en realidad bastante meticulosa), "Hillbilly Elegy" nunca está menos que viva. Adams hace su propia actuación, pero por muy hábil que sea su actuación, nunca consigue que miremos a Bev con lástima y terror. El JD de Gabriel Basso, por otro lado, es tan agradable que el destino de su alma nunca parece estar en juego. Su gente puede ser perseguida por los demonios de sus ancestros emocionales, pero él parece un yoda cuya vida se ha reducido a: ¿Se interpondrán esos demonios en el camino de mi carrera? Si él no los deja, ellos no lo harán. Eso no es un drama, es una terapia para sentirse bien.


sábado, 28 de marzo de 2020

Crítica Cinéfila: Wendy

Perdida en una isla misteriosa donde el envejecimiento y el tiempo se han detenido, Wendy debe luchar para salvar a su familia, su libertad y al espíritu alegre de la juventud del peligro mortal de crecer.



El capricho lírico del éxito de 2012 "Beasts of the Southern Wild" le debe cierta influencia a "Peter Pan", por lo que no es de extrañar que la clásica historia de un niño que no crezca proporciona las bases para "Wendy", la nueva película del director Benh Zeitlin. Han pasado siete años desde que él se convirtió en un fenómeno cultural sorprendente, combinando imágenes evocativas y un fondo pantanoso imaginativo con temas emocionalmente complejos. Parece que Zeitlin ha estado atrapado en Neverland propio, porque "Wendy" parece un universo donde el tiempo no existe a menos que la preocupación te invada.

El maravilloso "Pan" de Zeitlin se siente como una continuación tan natural de la experiencia de "Beasts" que prácticamente se desarrolla en el mismo universo inmersivo, con una narración pensativa combinada con explosiones abrumadoras y expresionistas, llevando esta historia inusual a lugares abstractos donde la fantasía ofrece camino a los ominosos desafíos del mundo adulto.

Como su título lo indica, "Wendy" revisa la narrativa original desde la perspectiva de la "mejor amiga" de Peter. Restringe la mayor parte de su narrativa a un puñado de actores infantiles intrigantes, comenzando con la notable Devin France en el papel principal. La chica de voz suave crece deambulando por las encimeras en un restaurante sin lujos de Luisiana, situado en el borde de las vías del tren que se cierne sobre la cúspide de un pantano fangoso, y observa cómo las vastas máquinas entran y salen por la pequeña ventana que la representa, siendo el único punto de entrada al mundo exterior. 


Un día, Wendy ve a un niño local agarrar el tren y desaparecer. A medida que pasan los años y la desaparición sigue sin resolverse, la rutina de Wendy no ha cambiado: su madre soltera (Shay Walker), una camarera hastiada con un pasado indecoroso, deja que sus tres hijos vaguen por el restaurante a su antojo, y los libera después de hora. Los dos hermanos mayores de Wendy (Gavin y Gage Naquin, también destacados) se burlan de su hermana por su curiosidad por la vida más allá de su entorno insular, pero ella no se inmuta.

La narración cambia a un equipo familiar de "Pan" una vez que "Wendy" ve una extraña sombra con forma de niño en la pared de su habitación cuando el tren nocturno pasa, y decide saltar por la ventana para subir a bordo; sus hermanos desconcertados hacen lo mismo, y el trío se encuentra cara a cara con una reinvención radical del héroe sinvergüenza más famoso de la literatura: Peter (Yashua Mack), un pequeño niño con una sonrisa traviesa, quien les da la bienvenida a sus nuevos entrantes a Neverland.

La notable apertura de la película personifica el estilo artesanal absorbente de Zeitlin: el tren resuena, la voz en off suena y el paisaje se acelera a medida que la música se expande, creando la impresión de viajar a una tierra lejana. Pero una vez Peter envía a sus nuevos reclutas a las aguas fangosas, se encuentran en medio de un mundo completamente nuevo. La jungla verde de la isla de Nunca Jamás está cargada de volcanes activos que Peter y sus Niños Perdidos parecen controlar mediante poderes telequinéticos, y Wendy pronto se da cuenta de que los niños no envejecen.

Antes de que esa lógica familiar tenga tiempo de establecerse, Zeitlin arroja una revelación mística completamente nueva: la existencia de un brillante submarino conocido solo como Madre, que parece ser la fuente de toda la magia de la isla, mientras deambula por las cuevas subterráneas con Una mirada benevolente. Madre es una creación fascinante que parece viejos trapos amontonados sobre un lagarto gigante y arrojados con luces de neón.


Mack no parece estar actuando como Peter Pan, sino que simplemente existe en este extraño escenario, retozando con una energía despreocupada que los niños abrazan rápidamente. Mientras que Louisiana sirvió como escenario para el reino de las hadas de la bañera en "Beasts", la nueva película utiliza el paisajes expansivos del Caribe para imbuir los procedimientos con una tranquilidad espiritual que perdura en cada toma. Aunque Zeitlin se va por la borda con demasiados montajes sin objetivo de niños que atraviesan el espeso follaje con alegría, es demasiado fácil instalarse en este hechizo justo a tiempo para que una realidad más peligrosa se haga cargo.

A pesar de todos los cambios que Zeitlin hace al material, no ha abandonado al Capitán Garfio, aunque la naturaleza del antagonista llega desde una dirección inesperada que habla directamente sobre los temas más profundos de la historia. Los niños se enfrentan a una amenaza aterradora: el potencial de envejecer cuando pierden la fe en los poderes en juego, y a medida que las circunstancias violentas y repentinas los obligan a entrar en un lado menos acogedor de la isla, la historia se pone aún más seria, convirtiéndose en un juego emocionante durante su climax. Con la llegada de un anciano exiliado (Lowell Landes), los niños aprenden lo que puede pasar cuando el mundo alcanza a estos niños eternos, y él no es la única víctima. La capacidad de Zeitlin para capturar personajes melancólicos que luchan con la mortalidad no tiene paralelo, y aquí presenta el proceso de envejecimiento como una búsqueda profunda para mantener un mundo al borde de la evaporación.

Por supuesto, existe un peligro inherente en representar un mundo de maravilla y decadencia con personas que vienen de los márgenes de la sociedad. La película baila alrededor de la misma crítica inevitable que persiguió a "Beasts", una vez más arriesgándose a criticar la pobreza y especialmente la apropiación racial, ya que presenta a un hombre negro en el papel de Peter. Pero ese tema se vuelve más distante a medida que la película dirige sus preocupaciones a otra parte, y los antecedentes específicos de Peter crecen indistintos en medio de una isla poblada por rostros que evocan una variedad de personas y lugares, unidos por su sensación de alienación del resto del mundo.

Mientras que "Wendy" se tambalea un poco en una trama pesada, Zeitlin a menudo rejuvenece la historia con comentarios visionarios. El clímax de la película evita la lógica y no encaja del todo, pero sin embargo hace malabares antes de regresar a un terreno familiar. Zeitlin, quien coescribió el guión con su hermana Eliza, hace un mejor trabajo al ensamblar el flujo majestuoso de la historia que darles a sus personajes un diálogo significativo. 


Zeitlin ha tomado una historia infantil sobrecargada y le ha dado una nueva identidad sin derribar las ideas centrales del original. "Wendy" termina justo donde pertenece, con un recordatorio de que no todos pueden permanecer dentro de los límites del juego de niños para siempre. Al igual que con la bañera de "Beasts", Zeitlin deja caer a su audiencia directamente a las vistas y sonidos de Neverland. Como de costumbre, el kilometraje variará cuando se trata de la estética de Zeitlin, que activa señales inspiradoras a cada paso, y a veces amenaza con convertirse en una parodia de eso mismo. 

"Wendy" es una obra más sólida que "Beasts", pero completamente similar a una parábola serpenteante y conmovedora. Ampliando el material fuente mientras solidifica los motivos propios de Zeitlin, "Wendy" ofrece el tipo de enfoque alternativo para la narración de historias de Disney, que aumenta su potencial cinematográfico con resultados delicados y a menudo convincentes.

Una vez más, la experiencia está teñida con la observación melancólica de que ninguna medida de asombro infantil puede retrasar la inevitabilidad del crecimiento. "Wendy" no toma el atractivo de "Beasts" en una nueva dirección, pero aclara sus cualidades más fuertes. Las técnicas narrativas itinerantes de Zeitlin pueden tener sus limitaciones, pero este seguimiento fascinante demuestra que todavía tienen jugo. Todos crecen, pero la fórmula todavía tiene que envejecer.


domingo, 29 de diciembre de 2019

Crítica Cinéfila: Little Women

Cuatro hermanas llegan a la mayoría de edad en los Estados Unidos después de la Guerra de Secesión.



Yo crecí leyendo Little Women. Fue, y todavía es uno de mis libros favoritos. Pero, a pesar de mi gran amor por su historia, he detestado todas las adaptaciones. Entre el sexismo de la época y actuaciones pobres, ninguna había llegado a subir a mi pedestal... hasta que Greta le echó manos al libro, y pasó algo que nunca me había pasado antes: noté el parecido que existe entre Jo March y yo.

Con una transición de retrato íntimo del paso de la adolescencia femenina contemporánea a una pieza de conjunto a gran escala que representa el camino hacia la madurez de cuatro hermanas en Massachussets del siglo XIX, Greta Gerwig muestra que su propia transición a escritora-directora con Lady Bird no fue casualidad. Su gratificante interpretación de Little Women de Louisa May Alcott aporta frescura, vitalidad y matices emocionales al material original que ha sido grabado durante generaciones en la imaginación popular, moviendo piezas cronológicas para revitalizar los ritmos familiares de la trama. La película debería ser un potente atractivo familiar, especialmente para el público femenino joven, ya sea descubriendo la historia por primera vez o volviendo a ella con placer.

Gerwig navega hábilmente por la línea entre respetar los huesos pasados ​​de moda de la historia mientras ilumina la modernidad de su perspectiva proto-feminista, ocasionalmente inclinándose hacia la defensa abierta del derecho de una mujer a la autorrealización más allá del matrimonio. Su elenco puede estar ligeramente vinculado por sus tipos de personajes canónicos, pero aquí hay un trabajo de conjunto encantador, capitaneado con una Saoirse Ronan como Jo.


El guión de Gerwig comienza con Jo ya viviendo independientemente en una pensión de Nueva York, enviando dinero a su familia de sus trabajos de tutoría. El punto de inflexión que dará forma a su futuro se produce cuando vende su primera historia al Sr. Dashwood (Tracy Letts), editor del Volcán Semanal, aunque a pesar de sus dedos manchados de tinta, Jo insiste en que está enviando el trabajo "por una amiga" y pide que se publique de forma anónima. Ella acepta las "alteraciones" de Dashwood, y acepta transmitir el consejo de que si su amiga tiene la intención de escribir más historias con una protagonista femenina, debe asegurarse de que esté casada para el final, "o muerta". En la entrega completamente seca de Letts, es como si la ambición de Jo fuera recompensada y castigada al mismo tiempo.

La hermana menor de Jo, Amy (Florence Pugh, perfección) también se introduce bien en su desarrollo, estudiando pintura en París mientras sirve como acompañante de su adinerada tía March (Meryl Streep). Envuelta en adornos imponentes, incluidas las joyas antiguas de Fred Leighton, no menos, Streep claramente se está divirtiendo como la narcisista tía que resopla con desaprobación sobre cómo "las décadas han arruinado a París" y hace todo lo posible para ocultar su afecto por sus sobrinas detrás de su mirada entrecerrada y su desdén general. Amy está siendo cortejada por un británico adinerado, pero un encuentro casual con el amigo de la familia, Theodore Laurence (Timothée Chalamet), conocido como "Laurie", sugiere que su enamoramiento de la infancia por él no ha disminuido, a pesar de su muestra de simpatía por el rechazo de Jo a su propuesta de matrimonio.

La hermana mayor Meg (Emma Watson) también se encuentra no como una niña sino como una mujer joven, ya casada y viviendo en una cabaña por medios modestos con su esposo, el maestro de escuela John Brooke (James Norton), ex tutor de Laurie. Además de una breve visión de ella tocando el piano, la delicada cuarta hermana, Beth (Eliza Scanlen), permanece relativamente inexplorada en las primeras partes de la película, por razones que serán claras para cualquier persona familiarizada con la novela.


Antes de retroceder siete años para comparar la experiencia de las hermanas como jóvenes adultas con su adolescencia en Concord, Gerwig planta las semillas del romance entre Jo y su conocido en la pensión, Friedrich Bhaer (Louis Garrel), un profesor de idiomas de Francia. Pero esa floreciente atracción mutua se interrumpe cuando critica sin rodeos una de sus historias de duelos y aventuras, diciéndole que escriba sobre algo que ella sabe. Su reacción hostil muestra lo poco acostumbrada que está Jo al rechazo del mundo real, pero la honestidad de Friedrich finalmente le servirá bien.

La mezcla volátil de buen humor, camaradería y celos en el hogar femenino March está muy bien dibujada, con la madre de las niñas Marmee (Laura Dern) presidiendo con paciencia y amor mientras su padre (Bob Odenkirk) está fuera sirviendo como capellán en la Guerra Civil. Tía March está muy dispuesta a señalar cómo su mal manejo de sus finanzas los ha dejado en circunstancias reducidas, instando a las hermanas a casarse bien. Pero Marmee está más decidida a dar el ejemplo de la caridad, alentando a sus hijas a dar a los menos afortunados.

Algunas escenas de las hermanas haciendo payasadas interpretando obras escritas por Jo bordean la preciosidad tensa. Pero los lazos de una familia muy unida se juegan con una intimidad infecciosa, mientras que las explosiones de ira se sienten tremendamente fieles a la vida, especialmente una la muy recordada cuando Jo toma represalias contra un rencoroso acto de rebelión de Amy. Gerwig identifica los diferentes grados en que las ideas de romance consumen a las March, desde la emoción convencional del amor en los libros de cuentos hasta los aspectos prácticos de la expectativa social, todo lo cual se deja de lado a medida que cada hermana sigue su corazón.


Todos los episodios más queridos de la historia tienen un espacio respiratorio acorde y un manejo seguro: el manuscrito quemado, el casi ahogo de Amy, el elegante baile al que asiste Meg, la salida alarmada de Marmee hacia Washington cuando su esposo se enferma.

El arco más devastador es el destino de Beth, cuya naturaleza dulce y gentil es interpretada con subestimación y afectando la serenidad, incluso en su punto más bajo, por Eliza Scanlen. Esos acontecimientos más tristes se ven atenuados por algunas escenas hermosas, mientras vemos al abuelo viudo de Laurie, el Sr. Laurence (Chris Cooper) responder con ternura a Beth, invitándola a tocar el piano en su majestuoso salón cuando lo desee, y luego presentarle el instrumento en un gesto de generosidad conmovedora. Cooper es maravilloso al exponer la humanidad apagada de este hombre intensamente privado que ha sufrido una pérdida terrible. El actor lo abre en grados infinitos, comenzando con un disparo intensamente en movimiento mientras el Sr. Laurence se sienta en las escaleras sin ser observado, llorando en silencio mientras Beth toca.

Gerwig realmente muestra su profundo sentimiento por el material en la escena de la propuesta de Laurie a Jo, capturada por el cinematógrafo francés Yorick Le Saux contra los verdes crujientes de una ladera ondulada, con una clásica iglesia blanca de Nueva Inglaterra, estratégicamente la única estructura visible.

La química entre Ronan y Chalamet (quienes aparecieron juntos en Lady Bird) es encantadora en todo momento: invierte los tipos de género tradicionales, avanzando con certeza y determinación. Cuando finalmente él se declara, sentimos dolor por Laurie, observando su rostro y su postura desmoronarse mientras pronuncia desesperadamente palabras inútiles, defendiendo su caso antes de absorber el golpe aplastante de la negativa diplomática de Jo. Sin faltarle el respeto a las mujeres que dan actuaciones vividamente habitadas, las sorprendentes elecciones de Chalamet lo convierten en el verdadero destacado aquí.


Es un testimonio de la afinidad de Gerwig por los personajes de Alcott y la artesanía inteligente de su ensamblaje narrativo que, por mucho que alentamos a Jo y Laurie a cimentar lo que claramente es una combinación de mentes y temperamentos contrastantes, los retorcidos resultados románticos de la historia se sienten perfectos - aunque suavemente cepillados con melancolía por lo que podría haber sido. Aún más importante para este recuento es la aparición de Jo como escritora, con su incipiente carrera dada una forma tangible mientras observa las imprentas y las carpetas de libros produciendo la primera edición de la novela que da título a la película. La cronología de doble pista también deja más claro que nunca que los recuerdos de Jo de su educación alimentan el descubrimiento de su verdadera voz como artista.

Entre el gran elenco, Watson se desvanece un poco en el fondo, posiblemente porque la chica bonita y vivaz se abre paso tan temprano para la esposa completamente buena que se casó por amor, no por comodidad material. Dern a veces parece un poco contemporánea como Marmee, pero esto no le quita calidad al personaje. 

Como siempre, el personaje más complicado es Amy, una egoísta redimida por su incuestionable amor por sus hermanas. Pugh (también excelente este año en Midsommar) continúa demostrando ser un talento distintivo, manejando todas las contradicciones engañosas del papel con gracia desarmadora, humor y una racha deliberada que se convierte casi imperceptiblemente en sabiduría. También hay una buena percepción del personaje en su ausencia de autocompasión cuando Amy toma la decisión de abandonar la pintura después de darse cuenta de que nunca será una gran artista. Su negativa a hacer cualquier cosa a medias le da al personaje una fuerza innata que contrarresta sus cualidades más fugaces. E incluso en su momento más desagradable, ella sigue siendo entrañable, obteniendo la línea más divertida de la película cuando jadea por cabello cortado de Jo, exclamando: "¡Jo, tu única belleza!". A pesar de mi gran miedo por este personaje, hay una novedad en su encarnación, y es cómo la misma Amy explica lo cansada que está de ser una segunda opción en todo, incluyendo la elección de Laurie después del rechazo de Jo.


Sin embargo, nunca hay ninguna duda de que Ronan está al mando, tanto en términos de conducir la historia como de la posición exaltada que ocupa dentro de su familia. La costurera Jacqueline Durran la viste con elegantes camisas de época, corbatas, abrigos y chalecos, con sombreros tricorne y atuendos militares para las escenas de actuación. Está llena de fuego, con sus trenzas salvajes volando en la brisa, descaradamente despreocupada de las reglas que dicen que lo máximo a lo que una mujer joven debe aspirar es al amor y al matrimonio. Y hay un intercambio intergeneracional encantador en el que Marmee le confiesa a Jo que ella también tiene un temperamento que brota dentro de ella, pero que ha aprendido a controlarlo. En lugar de instar a Jo a hacer lo mismo, admira la franqueza sin filtro de su hija. Sin embargo, hay un momento muy importante para Jo que nunca había sido explorado, y es cómo esta temperamental y ambiciosa escritora sigue deseando cosas que para muchos de la audiencia parecerán extrañados, como ser amada o tener una familia. 

La dirección de Gerwig tiene un ritmo agradable a lo largo de su tiempo de ejecución de dos horas y cuarto, con un ágil trabajo de cámara y edición que sugiere el vigor de la juventud y la urgente sensación de descubrimiento que viene con la edad adulta. La exuberante composición de Alexandre Desplat es un poco grueso, pero incluso eso parece apropiado para una historia cuyos sentimientos siempre se basan en una emoción genuina.

Gerwig ha tomado un tesoro perenne de la literatura popular estadounidense y lo ha reformado para una nueva generación, lo que debería darle a la cautivadora película una larga vida útil, al punto que cuando hable de Little Women, ya no solo haré referencia del libro.


viernes, 20 de septiembre de 2019

Crítica Cinéfila: The Goldfinch

Una familia adinerada del Upper East Side se lleva a un niño en Nueva York después de que su madre es asesinada en un atentado en el Museo Metropolitano de Arte.



Theodore Decker tenía 13 años cuando su madre fue asesinada en un atentado en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York. Esta tragedia cambió el rumbo de su vida, viéndose sumido en una desgarradora odisea de dolor y culpa, reinvención y redención, amor y odio. A pesar de todo, se aferra a una prueba tangible de esperanza que le dejó aquel terrible día... un cuadro de un pequeño pájaro encadenado a su percha: El Jilguero.

Por años, salta de hogar en hogar, y cuando encuentra unas cuantas gotas de felicidad a su vida, el universo se la arrebata y lo obliga a seguir moviéndose sin un verdadero objetivo. Así es como se siente la película The Goldfinch, una adaptación de la novela ganadora del premio Pulitzer de Donna Tartt, la cual está protagonizada por grandes talentos de la pantalla grande, pero aún así decide apegarse a ideas narrativas que no funcionan en su totalidad en un filme, mientras que abandona otras muy necesarias para la historia y el ritmo de esta.

En el cine, lo nuevo y lo audaz —y lo biográfico— reinan para ser nominado a los premios, lo que extrañamente hace que The Goldfinch, tan cargado de privilegios, esté un poco frío y hasta me atrevo a decir vacío. ¿Cuánta necesidad tenemos ahora de una adaptación literaria obediente sobre la riqueza y el arte?


La historia de The Goldfinch se refiere a una pintura desaparecida después de un bombardeo en el Museo Metropolitano de Arte. Bueno, les falta a los que están fuera de la novela, y ahora el ámbito íntimo de la película. En el interior sabemos que la pintura fue tomada por un niño, Theo (Oakes Fegley), cuya madre murió en la explosión y que se ha encontrado bastante solo en el mundo. A medida que seguimos los juicios y tribulaciones de Theo (más tribulaciones que juicios), desde Nueva York a Las Vegas y de regreso, la pintura, realizada por un maestro holandés que murió en una explosión (otra explosión, no la misma), actúa como un talismán y un recordatorio culpable del pasado, tanto inspiración como peso. Las cosas eventualmente (aunque brevemente) se mueven en territorio de misterio, suspenso y thriller, pero Crowley trata de mantener el tono en drama y nostalgia.

La película de Crowley, al menos, tiene más argumentos de lo que se espera. Muchas películas como esta son episódicas y pesadas, golpean los ritmos requeridos pero no evocan un sentido real de la vida cinematográfica. Crowley, sin embargo, encuentra una melodía con bastante frecuencia, imbuyendo su película con un silencio lírico y tristeza. Está magníficamente filmada, espacios bien equipados de Nueva York dado el brillo lacado de una pintura vieja. Pero también maneja dos líneas de tiempo con gracia, yendo y viniendo entre la juventud y la adultez naciente. En ese sentido, se honra el espíritu del libro de Tartt: sentimos el bostezo de los años, el peso del dolor y la experiencia formativa acumulada.

Lo que sin duda es un logro. Solo que no hay suficiente textura y sensación en The Goldfinch. Existe esa tristeza que preside, sí, pero la importancia de la pintura, y de todo el arte, los objetos y la música que tanto le importan a la gente de la película, no es lo suficientemente palpable. En última instancia, la película tiene que establecer apresuradamente sus temas al final porque han pasado dos horas y media y es hora de concluir las cosas. Deseaba ver toda la conmovedora alegoría de Tartt, la forma en que vierte la densidad de crecimiento y lamento en algo sólido que puede pasar de las manos, y que pudo haber tenido espacio para florecer en la película. Pero no lo hace, y dejé la película apreciando su estilo y sus fuertes actuaciones, pero no alterada emocionalmente de ninguna manera persistente.


Eso no es por falta de intentos por parte de sus actores. Como lo hizo en Brooklyn, Crowley persigue el trabajo fino y silencioso de su elenco. Como los dos Theos, Fegley y Elgort tienen muchas miradas silenciosas y contemplativas. Pero a veces son capaces de provocar un estallido expresivo, en momentos que registran profundamente la pérdida casi cósmica de Theo. Elgort es particularmente efectivo, atenúa su brillo a un resplandor nocturno; él está obsesionado y consumido por la memoria, una persona que sigue tropezando con un tiempo presente que no entiende. Sin embargo, el guión los lleva forzados, pues a pesar del obvio vacío que siente el personaje, a su vez se siente sin una meta física y sin un deseo de alcanzar algo al final de la historia. Es verdad que es una película de crecimiento emocional, pero este llega tan tarde que se siente apresurado y sin un adecuado desarrollo.

Kidman hace un giro sutil como una dama de la sociedad que le gusta los gustos y educaciones de Theo después de su tragedia. Ella y Crowley crean una rica historia familiar en solo unas pocas escenas, y la película mira hacia otro conjunto de problemas y tragedias, ayudando a espesar el mundo de la pintura y a todas las personas que lo rodean. Lo mismo para Jeffrey Wright como otro de los cuidadores de Theo. Mientras que Finn Wolfhard y Aneurin Barnard sorprenden con dos versiones diferentes de Boris, el dinámico y único emigre ucraniano con el que Theo forma una conexión cercana y, en última instancia, catastrófica.

En total, The Goldfinch es buena, mas, al despejar esa barra, abre toda la posibilidad de que podría haber sido aún más. No es tarea fácil, convertir un libro de 784 páginas en una película, y mucho menos una llena de referencias sobre arte y antigüedades. Tal vez podría haber una versión de miniserie que satisficiera toda la ambición de mente alta de Tartt. Mientras tanto, la película que existe solo alcanza los ritmos principales: es majestuosa y segura, y está bien. Tal vez eso significa que podría llegar a algunas nominaciones después de todo.



jueves, 30 de mayo de 2019

Crítica Cinéfila: Brightburn

El matrimonio formado por Tori (Elizabeth Banks) y Kyle Breyer (David Denman) siempre ha querido tener un hijo, cuando reciben un niño como milagro de las estrellas. El problema surgirá cuando el niño descubre sus habilidades especiales y el mal comienza a crecer dentro de él.



¿Qué pasaría si un niño de otro mundo aterrizara de emergencia en la Tierra, pero en lugar de convertirse en un héroe para la humanidad en realidad ha venido para destruirla? Aunque la premisa contrasta bastante con la de uno de los superhéroes más populares, lo que realmente mortifica/motiva a muchos es el hecho de ver el lado oscuro de lo que Superman pudo haber sido.

La historia gira en torno a los Breyer y su hijo Brandon, un niño que siempre ha sido aislado por los jóvenes de su edad, debido a su actitud tan solitaria y su inteligencia sobreexpuesta. Tori y Kyle, quienes dicen haber adoptado a Brandon cuando era un bebé, no le permiten entrar al granero, con miedo a que un día descubra el meteorito donde realmente lo encontraron. Una noche, una voz misteriosa le habla a Brandon, haciéndolo caminar entre sueños hasta el granero donde trata de forcejear la portilla que esconde el meteorito. Su madre lo encuentra justo a tiempo y lo regresa a su cama, pero a partir de esa noche, la misma voz lo sigue guiando a encontrar el meteorito y descubrir las habilidades increíbles que él posee. Es un niño brillante y hermoso, pero como suele ser el caso, incluso con los jóvenes humanos normales, es cuando llega a la pubertad que las cosas empiezan a ir terriblemente mal.

Al principio, los fenómenos extraños podrían atribuirse a algún tipo de trastorno mental, como cuando Brandon de 12 años, ahora cae en misteriosos trances. Pero cuando accidentalmente lanza un cortacésped de 100 yardas a través de un campo, Brandon se da cuenta de que es muy diferente. O, como él lo pone siniestramente, es "especial". En medio de su reciente descubrimiento, Brandon se ve aún más juzgado por quienes lo rodean y Brandon no está interesado en usar sus poderes para el bien, sino en causar estragos en cualquiera que lo "ataque" de manera incorrecta. Él sacrifica los pollos de la familia en su corral, aplasta la mano de una compañera de clase después de que ella reacciona mal a su aparición inesperada en su dormitorio, y cuando la madre de la niña amenaza con encerrarlo, las cosas no terminan bien para ella. En el camino, los padres cada vez más horrorizados de Brandon descubren un montón de dibujos inquietantemente espeluznantes debajo de su cama que prácticamente gritan "joven asesino en serie".


La película, escrita por Brian Gunn y Mark Gunn (el hermano y el primo de James, respectivamente), no ha perdido el tiempo en el desarrollo de personajes matizados o la textura narrativa. En lugar de eso, va bien con las jugosas cosas cuando Brandon comienza a arrasar con la población local en escenas horriblemente violentas que presentan, entre otras visiones repulsivas, un fragmento de vidrio que se retira lentamente del globo ocular de una persona y una mandíbula casi cortada. O, para hablar el idioma de los fanáticos del horror, lo bueno.

Si bien no es exactamente original, la premisa es ciertamente lo suficientemente efectiva. Pero Brightburn carece de la estilización visual o el ingenio para elevarlo del reino de la película B crudamente efectiva. Los cineastas no parecen tener control sobre los poderes de su personaje principal, que incluyen volar, fuerza sobrehumana y rayos láser letales disparándose de sus ojos. Cuando realmente se siente malvado, Brandon se pone una máscara, que aparentemente tiene la intención de dar miedo, pero en realidad lo terminan ridiculizando.

A medida que el alboroto de Brandon avanza, "Brightburn" se aleja de sus mejores ideas, como las personas que parecen saber que hay algo extraño en él, la gran incapacidad de su madre para llegar a un acuerdo con quién es realmente, o incluso las implicaciones globales de lo que Brandon cree que ha sido enviado a hacer, empujando aún más crímenes llamativos, crujidos de huesos, atados con fuego y una serie de alarmas cada vez más baratas.


Pero lo aún más decepcionante es el personaje de Brandon en sí. Que la imagen funcione en la medida en que lo hace es en gran parte gracias al excelente desempeño de Dunn, de 16 años, en lo que podría ser su papel destacado. El joven actor, que se parece a un adolescente Cillian Murphy, muestra una intensidad tan fascinante y espeluznante que logra vender incluso los momentos más extravagantes de la película. Sin embargo, es difícil determinar sus emociones o incluso sus reacciones a lo que acaba de hacer, por lo que es aún más difícil descifrar en qué momento él decidió usar estos poderes para hacer el mal. 

Y así como no se entiende a Brandon, no se entienden sus padres, que entre malos consejos sobre su sexualidad y una completa ceguera sobre la culpabilidad que tiene Brandon en cada uno de los ataques que van ocurriendo a lo largo de la historia. Banks realiza su sólido trabajo habitual cuando la madre decidida a proteger a su hijo incluso cuando la evidencia se acumula en su contra, pero es difícil no pensar que ya ella está por encima de este tipo de material.

El terror está generado, ¿y si un extraterrestre espacial súper fuerte se estrellara contra la Tierra y quisiera matar a todos? Ahora esa es una idea, pero "Brightburn" no se contenta con dejar que ese concepto perverso haga su magia. En conclusión, termina siendo otra película de terror con un antagonista bastante obvio que nadie quiere notar.


jueves, 17 de enero de 2019

Crítica Cinéfila: The Wife

Joan Castleman (Glenn Close) es una buena esposa, de belleza madura y natural, la mujer perfecta. Pero lo cierto es que lleva cuarenta años sacrificando sus sueños y ambiciones para mantener viva la llama de su matrimonio con su marido, Joe Castleman (Jonathan Pryce). Pero Joan ha llegado a su límite. En vísperas de la entrega del Premio Nobel de Literatura a Joe, Joan decide desvelar su secreto mejor guardado.



Entre muchos temas que puede narrar una película, las relaciones entre personajes el el que siempre está presente. Pero cuando esa es la temática principal, las emociones y el género parecen hacerse más fuerte si se cuentan bien, y cuando se tiene actores como Glenn Close y Jonathan Pryce, complementados por la estructura narrativa de Jane Anderson, se logra acercar a una pieza maestra.

En The Wife, Joan y Joe son una pareja que parecen vivir una vida de pareja sencilla pero sin achaques. Cuando Joe recibe la noticia de que será condecorado con el Premio Nobel de Literatura, Joan lo recibe con mucha alegría, y ambos se preparan para asistir a la entrega de medallas en Suecia. Pero mientras pasan los días, es aún más notorio cual es la opinión de Joan sobre esto. Ella no desea ser mencionada en el discurso de agradecimiento, y aún más importante, prefiere quedarse en las sombras que ser iluminada por un reflector por ser la esposa de Joseph Castleman. Entre flashbacks y momentos incómodos, se van reflejando las verdaderas razones de sus sentimientos. Quien alguna vez fue estudiante de Joseph a finales de los años 50, se convirtió con el tiempo en quien le revisaba, corregía y hasta escribía sus historias.


The Wife es una película que muchas esposas deberían ver, porque las obligaría a prestar más atención a su relación de pareja y descubrir el valor que se le ha dado en la relación. La temática que explora se enfoca en cómo las esposas cargan con los trabajos físicos y emocionalmente forzados que ocurren en la casa, mientras que los hombres se llevan el mérito externamente por ser quienes dan el apellido a la familia y, por tanto, quienes son la imagen. 

Aquí, los personajes dejan en claro esos clichés de pareja, pero con un tono bien realista: donde la esposa se calla muchos dolores de cabeza y engaños, mientras el esposo asume que no ha hecho nada malo; donde la esposa es la que siempre lleva los lentes del esposo en la cartera, mientras el esposo quiere controlar como si ella fuera uno de sus hijos. Es una nota en la que muchas parejas de seguro se sentirán identificadas o representarán personas que conocen en la vida real.

Glenn Close es el diamante principal de la película: con una actitud pasiva y unas miradas que dicen mucho más de lo que parece, representa a las esposas maltratadas emocionalmente, que ha tolerado los abusos sentimentales de su esposo por la simple razón de querer permanecer a su lado, pero cuando finalmente abre los ojos, el adios lo da tan repentino que ni la audiencia se lo está esperando. Close interpreta a Joan con mucha formalidad y distancia del mundo a nivel general, queriendo decir que el papel de esposa es secundario, a pesar de estar al lado del esposo. Su comportamiento, sus silencios y la explosión que finalmente tiene en el tercer acto son la razón principal por la que esta actriz ya ha ganado Mejor Actriz en los Golden Globe Awards y Critics Choice Awards por esta película. 


Por supuesto, hay demás personajes que no se pueden dejar de destacar, como Jonathan Pryce en su papel como Joe, las versiones jóvenes de Joan y Joe (Annie Starke y Harry Lloyd), Max Irons como el hijo de Joe y Joan, entre otros actores y actrices que le fueron agregando esa tonalidad realista y dramática a la historia, comportandosé como un solo ritmo a lo largo de la película. 

Jane Anderson es una de las que también merece mucho reconocimiento por este trabajo, quien decidió crear una estructura narrativa que solo iba dejando pequeñas pinceladas de cómo la relación de Joe y Joan ha evolucionando a lo largo de los tiempos. Ella crea una línea cronológica desde los años 50 hasta los años 90 (cuando Joe recibe el premio Nobel), y a pesar de que se mantiene en el orden real, las cartas se van poniendo sobre la mesa de manera lenta y cuidadosa para crear esa sorpresa y desilución, pero sobretodo para que la audiencia entienda por lo que Joan ha tenido que pasar antes de convertirse en la esposa oficial de Joe. Por otro lado, la banda sonora es el complemento ideal para mantener el ritmo y las emociones a flor de piel que se establecen en esta trama.

La película se narra como una novela literaria, agregándole a cada capítulo el repertorio de gestos, miradas y frases entredichas de Glenn Close para establecer cuales son los conflictos de esta pareja. Su rostro anguloso se convierte en un imán, un paisaje que ocupa toda la superficie significante de la pantalla: hay otros actores, y alguno tan bueno como Jonathan Pryce en el papel del escritor premiado, pero incluso su impecable forma de componer un gigante artístico de pies de barro palidece al lado del recital, a la vez contenido y explosivo, que aloja el rostro de Glenn Close. 

The Wife es un romance que se va desplomando a tragedia, dando esa bofetada realista de que las esposas se quedan en las buenas y en las malas, aún con todas las maldiciones que le han tirado a sus esposos en su cara y a sus espaldas. Es un drama que busca dejar sobre la mesa todas esas piezas destrozadas que los matrimonios bien lustrados tratan de ocultar con los años. Se trata sobre el amor condicionado y el compromiso que las parejas mantienen, aunque los años les digan que es mejor que estén separados.