martes, 6 de enero de 2026

Crítica Cinéfila: Sentimental Value

Tras la muerte de su madre, las hermanas Nora y Agnes se reencuentran con su distanciado padre, Gustav Borg, un veterano director de cine de renombre, que le ofrece a su hija Nora, actriz de teatro, un papel en su próxima película. Nora lo rechaza y pronto descubre que le ha dado ese papel a una joven y entusiasta estrella de Hollywood. De repente, las dos hermanas deben sortear su complicada relación con su padre y lidiar con una actriz estadounidense que se encuentra en medio de su compleja dinámica familiar.



Joachim Trier tiene un propósito con su cinematografía: crear experiencias narrativas alrededor de las crisis existenciales que todo ser humano está destinado a tener en algún momento de su vida. El primer viaje fue la crisis existencial que cuestiona nuestra mera existencia ("Thelma" del 2017); después le sigue la crisis existencial relacionada al paso de los años y lo que uno ha ido logrando/haciendo ("La Peor Persona del Mundo). Finalmente ha vuelto con la crisis existencial atada a los conflictos familiares y cómo eso nos convierte en personas que desearíamos no ser, pero que estamos destinados a encontrar el propósito de por qué somos así.

En esa lucha interna conocemos a Nora (Renate Reinsve), quien es actriz de teatro con el síndrome del Impostor. Aunque se mantiene constante en el escenario y obtiene oportunidades para crear, llega en pánico al día de la presentación rompiendo su vestuario tras bambalinas. Se desconoce si sus inseguridades provienen de su complicada relación con su padre, Gustav (Stellan Skarsgård) quien es director de cine. Cuando su madre fallece, su padre retorna a su hogar de infancia, donde le están organizando el funeral, con el interés de filmar su próxima película allí, y le ofrece el rol protagónico de su próxima película a Nora. Ella comienza a revivir ciertos resentimientos hacia él, rechazando el trabajo, e incluso leer el guion.

Trier vuelve a trabajar con Reinsve en una historia que es también un viaje de reencuentro emocional tanto para Nora como para Gustav. Así como lo logró en "La Peor Persona del Mundo", Reinsve nos obliga a ponernos en sus zapatos y navegar sus lagunas depresivas, mientras ignora cada acercamiento de su padre, en un intento que ella considera como una "compensación" por los años frustrados. Sin embargo, el Gustav de Skarsgård no está muy alejado de cómo es Nora, con una continua tristeza en sus ojos y un continuo autocuestionamiento de si logrará hacer la película que tiene en mente, obligándolo a reevaluar sus años de trabajo, y el desbalance entre su vida laboral y su familia.

La dinámica (o constantes luchas) de Reinsve y Skarsgård son atractivas, casi imitando a dos alfas en una danza a muerte de quién logrará tener la razón al final. Por esa actitud en sus roles es que vemos como dominan a los demás personajes, inclusive a la hermana menor de Nora, Agnes (interpretada por Inga Ibsdotter Lilleaas) quien alguna vez fue la actriz de una de las películas de su padre y ha mantenido una relación tranquila con él; o la actriz Rachel Kemp (interpretada por Elle Fanning) quien ha sido contratada por Gustav para reemplazar a Nora, y cuestiona si de verdad tiene las destrezas para hacer su película por las mismas complejidades que el personaje lleva. 

La película está compuesta por un sinnúmero de otros personajes que le dan vida a cada momento emotivo y cada luz que se posa en el camino, pero el que brilla por su majestuosidad es la casa familiar de Gustav, Nora y Agnes, la cual tiene una historia mucho antes del nacimiento de Gustav, y que ha vivido muchas tragedias y derrotas. Sus cambios parecen ser un reflejo de lo mucho que cambia el ser humano con el tiempo, independientemente de su origen, y cómo se va moldeando de acuerdo a las realidades que uno enfrenta en cada etapa de la vida. Es igualmente un espejo de lo emocionalmente variante que somos y que aunque el exterior se mantiene intacto, las cicatrices del dolor se van creando en sus paredes. Esto también es una metáfora de la depresión y lo invasiva pero silenciosa que pueda ser. Sea o no la intención del director, pero presenta como el ser humano está propenso a deprimirse ante situaciones incontrolables, y que uno debe aprender a tolerarlo o manjearlo, pero es imposible evitarlo si está destinado a pasar.

Con una cinematografía increíblemente limpia y un estilo narrativo impredescible, "Sentimental Value" se siente como una reflexión de la vida: lo que nos ocurre y lo que sentimos mientras nos ocurre está destinado a pasar para convertirnos en las personas que somos, y las grietas que se van creando en el lugar donde nos lleva, sean grandes o pequeñas, con el tiempo adquieren ese valor sentimental que le damos a las cosas, situaciones o personas que entran a nuestras vidas con un propósito puntual. En el momento parecerá una lección dolorosa, y la cicatriz parecerá eterna, pero eventualmente se logran apreciar con compasión.