jueves, 12 de noviembre de 2020

Crítica Cinéfila: Mis 500 Locos

Después de que un grupo de pacientes mentales escapan del Hospital Psiquiátrico de Nigüa, el Dr. Antonio Zaglul es nombrado nuevo director de la institución con el propósito de calmar la prensa negativa que la falta de control del lugar estaba generando. Una vez allí será difícil distinguir si la locura vive dentro o fuera de las paredes del hospital.



En 1955, a la edad de 35 años, Antonio Zaglul fue nombrado como el primer director del Hospital Psiquiátrico Padre Billini, cargo que desempeñó hasta 1960, debido a su desacuerdo con el régimen Trujillista. A raíz de la muerte del doctor Manuel Tejada Florentino y de las hermanas Mirabal, se exilió en Puerto Rico. Y seguro mientras estuvo por ahí, escribió Mis 500 Locos, obra que Leticia Tonos junto a Lenin Compres y Waddys Jaquez traen a la gran pantalla como la primera película dominicana que se estrena después del cierre masivo de los cines por la pandemia. Pero a diferencia de muchas otras historias dominicanas que tienen como ambientación la tiranía Trujillista, esta es la que menos aborda el tema enfocándose en un universo muy particular, y aún así, el guión no funciona.

La historia inicia con Antonio (Luis José Germán) llegando al manicomio guíado por Gonzáles (Pavel Marcano), un oficial del gobierno quien lo introduce a los demás empleados. Es recibido con un regalo de bienvenida en su oficina: el cuerpo de uno de los locos siendo velado mientras esperan el padre para darle una última bendición, diciéndole de entrada al doctor que su trabajo en este hospital no será fácil. Pero no es tanto por los locos que se agrupan entre las esquinas del reducido espacio, sino por los mismos empleados renuentes a atender a los residentes.

Dentro del hospital, Antonio se encuentra con una serie de situaciones que debe confrontar, como un mercado de los domingos que corrompe la privacidad de los enfermos; la misteriosa violación y embarazo de la muda (Camila Santana); la posible relación entre el Tuerto (Ico Abreu), quien había recién salido de la 40, y Aurora, a quien no se le conoce ningún familiar; la insistencia del Venezolano (Rick Montero) de que puede ayudar a Trujillo a vencer a los comunistas; y la falta de respeto que tienen los doctores y enfermeros hacia los internos. 

Pero al mezclar estos y más conflictos en una película hace que la historia se vuelva episódica, y en vez de lidiar con una trama principal para todo el filme, da la sensación de estar viendo una serie de televisión sobre el manicomio. Es un problema muy común en el cine dominicano, pero es muy extraño que Leticia Tonos lo haya dejado pasar cuando previamente hemos visto cómo en su filmografía ella ha cuidado de la estética de sus guiones. Esto quizás haya tenido que ver porque aquí cede la responsabilidad narrativa a Compres y Jaquez quienes no tenían una experiencia previa en largometrajes, y que al parecer les hizo falta cierta asesoría a la hora de escribir un guión de película.

A pesar del aplausible talento del departamento de arte, sobretodo el trabajo de ambientar las escenografías a la época dominicana de los 50 y vestir a los talentos con una particularidad de esos años, esto no hace que se ignoren los aspectos de cada personaje y cómo algunos de ellos parecen completamente innecesarios para la historia. Los más cuerdos tienen una actitud de profesores o estudiantes de secundaria, mientras que los locos caen en el estereotipo de su locura (la que es muda, es únicamente muda; el transexual solo habla sobre la transexualidad; la coja solo cojea); la mayor inquietud dentro de estos personajes es que en vez de mostrar una razón coherente por la que han caído ahí simplemente lo justifican a esta característica particular o al hecho de que sobrevivieron a la 40 y por eso están ahí.

Ni siquiera la cinematografía de Luis Carrión (Juanita, María Montez) se salva, con un estilo de balanceo que crea una confusión visual hacia donde uno debe prestarle atención y que si no fuese por la misma longitud de la historia, parecería más un video musical que una película. Así mismo la música no hace una reflexión a la época en cuestión; no traslada a su audiencia y por lo tanto no refleja la inquietud, que por momentos parece ser una total oposición a los sentimientos que una determinada escena quiere presentar. 

Los altos esfuerzos de Luis José Germán por mantener su compostura como Antonio Zaglul son quizás el elemento más resaltable de la historia, pero esto no le quita la pobreza y el inequilibrado ritmo de crecimiento del personaje al que es sometido. Los demás actores, muchos de ellos tan talentosos como Germán pasan por el mismo suplicio, arrastrándose de un lado a otro en líneas clichés y momentos completamente eliminables.

Esta será la primera película dominicana que se estrena durante la pandemia, pero no es un fuerte regreso a los cines. La mediocridad de la historia solo nos recuerda constantemente que mientras sí se intenta hacer drama u otros géneros para salir un poco de lo que ya se ha establecido como lo tradicional, aún así le falta mucho a la narrativa para que coja suficiente fuerza y así ser tomada en serio. Mientras tanto, seguirá siendo un manicomio visual.



Mis 500 Locos

Ficha técnica

Dirección: Leticia Tonos
Producción: Eugenio Hidalgo, Joaquin Alfredo Labour-Acosta, Albert Martinez Martin
Guión: Lenin Compres, Waddys Jaquez
Basado en Mis 500 Locos de Antonio Zaglul
Música: Martin Roller
Cinematografía: Luis Enrique Carrión
Montaje: Teresa Font
Reparto: Luis José Germán, Jane Santos, Pavel Marcano, Ico Abreu

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