Con su vida literalmente derrumbándose a su alrededor, Linda intenta lidiar con la misteriosa enfermedad de su hija, su marido ausente, una persona desaparecida y una relación cada vez más hostil con su terapeuta.
La idea que la mayoría de la gente tiene de una ama de casa de los Hamptons probablemente sea una versión de un personaje de Nancy Meyers: rica, realizada y atrapada en una vertiginosa confusión romántica de hogar, decorada con buen gusto y bañada por el sol. Linda, la psicóloga de Montauk interpretada con una tensión al borde del delirio por una fenomenal Rose Byrne, no es esa mujer. En "If I Had Legs, I'd Kick You", de la guionista y directora Mary Bronstein, Linda es básicamente un nudo de estrés constante, inmune a las obviedades de "no es tu culpa" de una terapeuta familiar que advierte contra la "trampa del pensamiento" de la vergüenza y la culpa.
La causa principal de la espiral de ansiedad de Linda es la misteriosa y aparentemente intratable enfermedad de su pequeña hija (Delaney Quinn), a quien no se le ha dado nombre, de la que se ha oído hablar pero que no se ha visto casi en todo momento, salvo por la bolsa conectada a su sonda de alimentación intravenosa. O sus piececitos colgando del inodoro mientras el agua inunda la habitación principal de la casa familiar. Resulta que el diluvio se extiende a gran parte del piso superior, provocando un agujero considerable en el techo de la sala de estar de la planta baja, que empieza a supurar una sustancia viscosa extraña y sirve como portal a visiones nivel Lynch del gran vacío.
¿Es esa la parte más surrealista del colapso de Linda, o es el hámster salvaje, empeñado en escapar de la caja de la tienda de mascotas? ¿O el bebé llorón con el que se encuentra atrapada tras ser abandonado por su inquieta madre Caroline (una Danielle McDonald casi histérica), una de sus pacientes? ¿O la revelación de una abertura corpórea extrañamente parecida al agujero que gotea en su apartamento?
El esposo de Linda, Charles, es capitán de crucero en alta mar, así que ella debe cuidar de su hija enferma, atender a sus pacientes y lidiar con un contratista, quien avanza muy poco con la reparación del techo antes de abandonar el trabajo debido a una emergencia familiar. O porque no puede con la agitación extrema de Linda. Contactado por teléfono, Charles responde con una actitud defensiva y santurrona a la furiosa diatriba de Linda sobre el caos que consume su vida, preguntando: "Bueno, ¿cómo crees que me siento teniendo que estar fuera trabajando todo el tiempo?". Es prácticamente lo mismo que dice el agresivo esposo de Caroline por teléfono mientras culpa a Linda de la desaparición de su esposa. Su propio terapeuta (Conan O'Brien, en un cómico debut como actor), que trabaja en el mismo centro de terapia, se muestra igualmente antipático, mostrando una paciencia cada vez menor.
Seguro no seré la única en describir esta película como una mezcla de "Nightbitch" y "Uncut Gems", y esta última alusión no es del todo irrelevante. El esposo de la directora, Ronald Bronstein, quien se encuentra entre los productores junto con Josh Safdie, ha coescrito casi todas las películas de los hermanos Safdie. "If I Had Legs I'd Kick You" recuerda a trabajos tempranos como "Daddy Longlegs" y "Heaven Knows What" en su crudeza emocional, su estética descuidada y su energía descontrolada, y a películas posteriores más populares como "Good Time" y "Uncut Gems" en su volatilidad adrenalínica.
Pero el humor morboso aquí es todo de Bronstein, incluso en la canción de cuna favorita de los niños, “Think About Your Troubles” de Harry Nilsson, cuya letra presenta una ballena muerta y un océano contaminado por lágrimas.
La clínica donde Linda lleva a su hija a tratamiento cada día presenta más dolores de cabeza, entre ellos el altercado diario con el encargado del estacionamiento (Mark Stolzenberg). La directora del programa, la Dra. Spring (interpretado por la directora per sé), le advierte que si su hija no empieza a mostrar suficiente aumento de peso como para que le retiren la vía intravenosa, no podrá continuar en la clínica. Esto, por supuesto, alimenta la culpa de Linda, que ya es insoportable cada vez que deja sola a su hija.
La situación en casa no invita a la tranquilidad en el motel donde el casero reubica a Linda y a su hija mientras se realizan las reparaciones. La recepcionista, Diana (Ivy Wolk), es una punk tosca que se muestra crítica cada vez que Linda va a recepción por otra botella de vino. El superintendente residente, James (el artista de hip-hop A$AP Rocky, que irradia carisma y amabilidad), es todo lo contrario. Es apacible, amigable y servicial, e incluso le consigue a Linda una bolsa de cocaína a través de la red oscura cuando fumarse su porro habitual por la noche ya no calma sus demonios. Pero el comportamiento errático de Linda termina por distanciarse también de James.
A pesar de todo esto, la actuación de Byrne en la cuerda floja sigue siendo fascinante, analizada durante largos tramos de la película con los primeros planos del director de fotografía Christopher Messina. Es una actuación contundente, que profundiza en la intensa presión y el aislamiento que a veces acompañan a la maternidad, con una crueldad que hace que Nightbitch parezca dócil, sin excluir la poca autocompasión. Uno se compadece de Linda mientras lucha por no estallar cuando hombres con ceguera no comprenden lo desquiciante que puede ser la responsabilidad de una niña pequeña.
La agitación mental de Linda se refleja en la desorientación y aturdimiento del paisaje sonoro de Filipe Messeder, en particular el zumbido punzante de la intravenosa de la niña. Y la película vira ligeramente hacia el horror corporal en el acto final, cuando la crisis de Linda alcanza su clímax, poco después de que se pregunte si se deshizo del bebé equivocado en un aborto anterior. No es frecuente que las madres en el cine estadounidense digan estas cosas, pero Bronstein se muestra vigorizantemente desinhibida.
Por muy cautivadora e imaginativa que sea la experiencia, hay que decir que absorber dos horas de la ansiedad ajena puede resultar agotador. Si no te gusta el espectáculo desenfrenado con un toque surrealista, puede que esta no sea la película para ti. A menos que te tomes un tranquilizante muscular para arrancar.


