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sábado, 28 de marzo de 2020

Crónicas de California: Carta de amor a Los Angeles


Hay una ciudad en un punto de California, protegida por montañas y billboards, donde las playas son frías y el desierto es seco y ventoso; donde cada colina está repleta de casas y condominios, las comunidades tienen más salas de cine que supermercados, y conoces más artistas que personas con oficios tradicionales.

Los Angeles es como el territorio de "Boardwalk" cuando juegas Monopoly: todos pasan cerca pero muy pocos llegan a aterrizar ahí, y los que sí llegan lo hacen con ansías de posesión, sin saber que se convertirá en una pelea de quién tiene más. Pero este no es territorio para todos los que se quieren dedicar al mundo del entretenimiento, pues no todos serán aceptados o entenderán las reglas de juego. Es un mini-universo que se siente más como un club exclusivo al que debes pagarle una membresía anual para poder pertenecer, porque la competitividad se siente en cada avenida y todos están lanzando su carrera de manera particular.

Todo esto sonará como un desaliento, pero al final del día debo admitir algo que no lo digo todo el tiempo: estoy enamorada de esta ciudad. Me enamora su constante impulso por ser mejor en lo que sea que hagas; me apasiona ese acelere cuando entras a las salas de los festivales independientes y sueñas con ver tus proyectos allí; y me enorgullece como no solo se destaca el talento que nace aquí sino también el que florece en y desde cualquier parte del mundo.

Me abrió sus puertas, tanto al nivel personal como profesional. Aquí no solo practiqué el reconocimiento de cuáles son las películas que hacen que Hollywood sea lo que es hoy en día, sino también reconocí cuáles son aquellas que, sin ser de esta industria, llegan a ser tan amadas como las películas originarias de la famosa ciudad. Pero también me enseño a apreciar más el cine como un arte y no solo como un negocio.

Sin embargo, y dejando a un lado todo el amor por el cine que se respira, ninguna experiencia laboral se comparará con el hecho de haber tenido la oportunidad de caminar sus calles, memorizarlas a un punto que, sin importar dónde esté, no necesito Google Maps para ubicarme. Sonaré como una guía turística, pero así como podría dar talleres de mi propio país, así puedo pasear esta ciudad con confianza y decirte que autopistas llevan a donde. Si te ubicas en el mismo centro de La Cienega Boulevard con Wilshire avenue, tienes una vista de 360º de Los Angeles: hacia el Este encontrándote con Downtown LA, y hacia el Oeste tropezando con Beverly Hills, mientras que al Sur está el famoso sector de Santa Monica y hacia el norte te encuentras con el codiciado letrero de Hollywood. Si caminas el Gower St hacia la colina tendrás la foto con el gran letrero de fondo, y si quieres caminar el paseo de las Estrellas, se extiende desde La Brea avenue hasta Gower St, y desde Hollywood Blvd hasta Sunset Blvd. Si quieres encontrarte con famosos, todo dependerá del sector donde los quieres encontrar, mientras que si quieres apreciar el arte de la ciudad, debes dirigirte a West Hollywood, La Brea y Vermont.

Tanto que me querían convencer de dejar de utilizar el transporte público, cuando siento que descubrí lugares gracias a que nunca dependí de un carro propio. Hoy puedo decirles a muchos que andar a pie ha sido un lujo y no un sacrificio, y que aunque nunca dejaba de preocuparme por mi seguridad, no dejaba de explorar zonas que muchos temían por no salirse del mapa turístico. Gracias a esto, puedo decir con confianza que Santa Monica no es solo el Pier y que Downtown no es solo el Staples Center; que hay muchos más mercados que el Central Market, pero que el de The Grove siempre será mi preferido; que ya no me da vergüenza montarme en un scooter ni en una bicicleta, y que ya me pueden dejar en un parque el día entero con dos libros y lo disfruto con tranquilidad.

Pero que nada de esto se confunda con obsesión ni costumbre. Te aseguro que te pasaría lo mismo si vinieses de visita, pues a pesar de ser una de las ciudades más grandes del país, hay algo muy particular en sus calles que hacen que cualquiera se sienta cómodo, como si andase en tierras conocidas.

Hay tantos lugares que voy a extrañar que me resulta difícil no hacerlo sin sacar mi librito y comenzar a hacer una lista. Pero si debo sacar mis favoritos rápidamente, extrañaré andar en la ciudad y siempre encontrarme con valles; ir a Universal City Walk porque voy al cine pero quedarme hasta la noche cuando el parque está vacío; ir a festivales, screenings o eventos a nivel general, y poder conversar con sus artistas; trotar alrededor de Burbank y solo toparme con los lotes de los estudios; o ir de pasadía al Griffith Observatory y admirar la vista Los Angeles.

Hace tres años me abrió sus puertas sin mucho esfuerzo y me dejó conocer aspectos que solo los que exploran con mayor cuidado logran entender de esta ciudad. Se convirtió en una escuela sin necesitar un salón de clases, y un libro de lecciones y experiencias diarias sin ser esperadas; se convirtió en un espacio, donde el trabajo era lo primordial y los rodajes eran casi todos los fines de semana, pero se sacaba tiempo de vez en cuando para visitar un museo o simplemente irnos de brunch hasta que cerraran el buffet.

Son tres años aquí, pero ya me puedo ir con lágrimas de nostalgia y felicidad a la vez. Pues sé que siempre puedo volver por razones de trabajo, de visita y hasta de turista, aunque ya no me sienta así.

Gracias Los Angeles. Me diste una familia, amigos, colegas de por vida, independencia y un lugar al que siempre podré llamar hogar.


viernes, 9 de marzo de 2018

Crónicas de California: Camino al Hollywood Sign


¿Qué es lo primero que quieres ver cuando llegas a Los Angeles?


No se los voy a negar. Desde que llegué, solo quería ir ahí. Y mientras más lugares visitaba, más me decía a mi misma: "el próximo lugar es el Hollywood Sign". Pero no se dio hasta que de verdad me lo plantee. Pero es una historia tan graciosa, porque a pesar de que lo planifiqué con tiempo, todo ocurrió exactamente cómo menos pensaba.

Si ustedes piensan hacer la caminata hasta el Hollywood Sign, les daré un simple y humilde consejo: vaya preparado física y mentalmente, porque no es cerca, hará calor y se va a marear en más de un punto. 


Así inicia mi anécdota...

Le había comentado a una amiga que quería hacer la excursión hacia el Hollywood Sign. Para los que no saben lo que es, se trata de ir caminando (o trotando) hacia lo más cerca que se puede estar del letrero, pues, debido al vandalismo de los ultimos años, tienen restricciones de que tan cerca uno puede llegar. Mi amiga me explicó que hay una ruta para llegar hasta el tope, atravesando uno de los principales condominios comunes de Burbank. Inocentemente, seguí sus instrucciones y le di una mirada a la ruta que ella me decía. Sin ánimos de asustarlos, la ruta (si de verdad era ese) parecía una verdadera travesía al mundo salvaje, donde no había un camino marcado y luce como una zona totalmente virgen.

Yo lo único que pensé fue en la salud mental de mi familia y mi seguridad, y por 5 minutos me di por vencida, hasta que mi tía/madre postiza Deyanira me llamó diciéndome que ibamos a hacer el hiking. Yo había olvidado totalmente que le había dicho. Y así retomé mi plan original hacía el Hollywood Sign.

Una vez nos encontramos, le indiqué lo que yo creía que era la dirección correcta para hacer el hiking. Llegamos al Griffith Park, que es el punto de partida para comenzar a caminar, y nosotras (dominicanas y mujeres al fin) decidimos preguntarle a un hombre para confirmar dónde exactamente era. Resulta que estábamos BIEN lejos de lo que en realidad era el punto de partida. Nos indicó dar toda la vuelta hacia la otra entrada del Griffith Park, subir hasta encontrar el parqueo más cercano y comenzar a caminar hasta que veamos el letrero.

Y así hicimos. Vuelta hacia la otra entrada. Parqueo. Pusimos música, tomamos un par de botellas de agua, gorra y lentes, y comenzamos a caminar. Al principio fue sumamente agotador. Primero porque es una colina, y como íbamos hablando casi siempre nos faltaba aire. Lo divertido fue cuando nos dimos cuenta de lo lejos que estábamos de la cima: ¡casi 5 millas! Pero ninguna de las dos consideramos devolvernos. Y por ahí nos fuimos.


Otro dato interesante es la cantidad de excursionistas que te encuentras en el camino, y los tipos de excursionistas: los que van con sus mascotas (a veces las mascotas son los que los llevan a rastro), los que van en manada, las que suben hasta con la cartera (recomendación: nunca lleven cartera; es una decisión estúpida y no van a encontrar nada que comprar arriba), los que van a entrenar, los que suben en caballo (porque también se pueden rentar caballos para ir "más cómodos"), etc.

A mitad de camino, hicimos una pausa, porque como entenderán... ERA SUBIENDO. No sé si fue el cambio de altitud, la temperatura, lo que ya habíamos caminado hasta el momento. El punto era que necesitábamos la pausa. Y, vaya que valió la pena, porque la vista era EXCELENTE.

Seguimos, pues solo nos faltaban 1.8 millas, pero parecía eterno. Mientras más trataba de mirar que tan lejos estaba, desde mi punto de vista sentía que faltaba una eternidad. Y así, llegamos sin darnos cuenta.

Justo cuando llegamos, una persona detrás de nosotras solo dijo: "tanto caminar, ¿para este disparate?"... En realidad dijo otra palabra que no voy a escribir aquí. Pero, no hermano, no fue por cualquier tontería. Valió cada milla, quemada de sol, enpolvada y sudada. Porque es mejor de lo que las fotos te dicen. Una vez allí, a unos pocos metros del letrero, te da la sensación de que estás encima de todo Los Angeles y que nada de su vista se te escapa (ni siquiera, la contaminación en el aire de la ciudad). Imagino que de noche esa vista se tiene que ver mortal.


Devolvernos fue lo más fácil. No obstante, hay que tener mucho cuidado, porque uno se puede ir de boca bien fácil si no cuidas por donde caminas. Yo misma tropecé en varias ocasiones.

En total, la ruta fueron dos horas, más 20 minutos que duramos en la cima, haciendo fotos, hablando y mirando el panorama. Al día siguiente, nos dolía TODO. Hasta partes que ni siquiera estaban relacionadas a caminar. Pero valió la pena. Lo volvería a hacer. Fue saludable, la compañía fue divertida y la vista fue espectacular.

Consejos de Cinéfila:
1) Desayune antes de hacer esta excursión. No hay cafeterías en ningún lugar, a parte de que la distancia caminando requiere tener algo en el estómago.
2) Lleva agua a temperatura. Nunca fría, porque tu cuerpo se va a calentar mucho, pero tampoco caliente, porque necesitarás refrescarte.
3) Lleva protector solar. Nosotras fuimos en "invierno" y aún así el sol estaba potente. Además, usa ropa que te proteja lo mejor posible del sol y una gorra.
4) Si lo harás en la tarde, no vayas sol@. No es que sea peligroso, pero es muy solitario.
5) Si no quieres ir caminando, hay algunos tours en Hollywood que te llevan bien cerca en vehículo. ¡NO OBSTANTE! Recomiendo que vayan caminando, pues la experiencia vale la pena y es una buena anécdota para contar.