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jueves, 31 de octubre de 2019

Crónicas de California: Crew solo de mujeres



Hay cierta satisfacción de trabajar solo con mujeres. Muchos dirán que es donde hay más drama, pero hay que aclarar algo: entre mujeres, no hay que levantar tanto la voz para poder hacerse escuchar, ni mucho menos para respetar los roles.

Yo he tenido muchas mentoras a lo largo de los años, algunas que sin conocerlas han servido de modelo a seguir para convertirme en lo que soy y lo que quiero llegar a ser. Mientras que otras son unas luchadoras que me enseñaron en diferentes etapas de mi vida, que lo importante no es solo llegar a la meta, sino todo el proceso de por medio. Y aunque no todas están relacionadas a mi vida en el cine, sus consejos siempre me servirán en mi vida profesional.

Cuando escogí estudiar cine, esta era todavía una industria de "machos". Ser mujer en el cine significaba tres tipos de roles: maquillista, encargada de vestuario o supervisora de guión. El simple hecho de acercarse a la cámara requería pasar por encima de un tumulto de hombres que se hacían llamar los mejores a costa de hacer enemigos entre rodajes. Yo misma sufrí esto en mis inicios dentro de rodajes. Escuchaba las eternas discusiones entre director y director de fotografía, y cuando alguno de los dos era mujer, no importaba si ella era la directora, al final del día, el hombre creía siempre tener la razón.

No estoy tratando de crucificar a todos los hombres, pues siempre hay sus buenos samaritanos que respetan, pero, como le explicaba a una personas hace unos días, atento a que los hombres fundaron esta industria, ellos creen que son los únicos "mejores". Y lamentablemente para ellos, ya no es así.

El día en que decidí comenzar la preproducción de Exorcism 101, me prometí que mi rodaje no iba a pasar por el mismo machismo que ya he visto desde hace mucho tiempo: el crew tenía que ser mayoritariamente mujeres, y sino completamente mujeres. Algunas personas lo creían poco creíble. Roles como electricista, iluminista y grip son mayoritariamente masculinos por requerir "cierta fuerza bruta que algunos creen imposibles para las mujeres", pero yo quería callarle la boca a muchos, así que me encontré con mujeres maravillosas que demostraron ser tan capaces de levantar un dolly con sus propias manos. 

La preproducción pasó tal cual esperaba, pero mi mayor sorpresa fue el rodaje: no había competencía de quién sabe más, no había drama, no había egocentrismo. Cada quién hacía lo que tenía que hacer, respetando los roles de los demás. Los únicos dos hombres del crew estaban por debajo de dos mujeres increíbles, y nunca hubo un mal gesto ni incomodidad, muy por el contrario hacían todo tal cual se les pedía.

Hicimos cada shot que tenía en mente, hasta fotografías para los posters, y esto no fue impedimento para que al final del día termináramos temprano, a tiempo de limpiar y dejar esa iglesia tal como la entregaron. Y así también fluyó el día de devolver los equipos, los cuales se imaginarán volvieron a tocarme a mí, más mi mano derecha Anna Vialova quien siempre estuvo conmigo desde aquel agosto que le contaba sobre mi plan de traer a la vida esta idea que se ha convertido en mi hija.

Quisiera aprovechar este momento para agradecer a mi crew completo de mujeres: Andi Mendez, Anna Vialova, Rebekah Shuniak, Jade Yusi, Megan Ressa, Farren Bordon, Duygu Gunesli, Isabella Hawthorn, Dinda Febriqa, Lethabo Mokgatle, Maria García, Tori Wada, Natália Sabino, Kaylie Moore, Cesia Cano, Houry Magarian, Federica Carlino y Lotta Lemetti, por cada segundo de dedicación y haber hecho posible este rodaje. Gracias a ustedes, este fue el mejor rodaje que he tenido en el año. Y no puedo dejar de mencionar a Gabriele Fabbro y João Vítor Rosas, quienes se comportaron como dos caballeros y se envolvieron en el rodaje sin mucho pensarlo; son los mejores.

Después de una experiencia como esta, de ahora en adelante prefiero siempre trabajar con mujeres. Hay que seguir demostrando que ya no hay nadie mejor que nadie, sino que somos tan (y a veces hasta más) capaces de hacer magia en el cine.

sábado, 20 de enero de 2018

Crónicas de California: De guionista a productora


Los últimos años en el colegio siempre fui foco de bullying, a un cierto nivel que mi mamá tuvo que ir una vez y hablar con mis compañeros porque los comentarios eran muy inapropiados. Después en la universidad, una "misteriosa cuenta anónima de twitter" insultaba estudiantes de la PUCMM, y yo también llevé par de comentarios, que todavía (seis años después) no entiendo. 

Quizás esto no tiene que ver nada con el cine, pero sí tiene que ver con las ideas que puedo aportarles a mis historias, pues para escribir tramas debes retratar alguna versión de la realidad; incluso hasta las más fantasiosas y ficcionales tienen su tonalidad realista. 

Gracias a todo el bullying que llegué a recibir en mis años en el colegio y realizando la licenciatura, hoy puedo contar una microhistoria sobre cyberbullying que estará participando en un concurso internacional, organizado por All Rise... pero no a todos les gusta producir esas ideas. Así que pasé de guionista a productora.

Lo primordial fue encontrar a la directora de mi historia: esta tenía que ser joven y estar empapada sobre el tema de cyberbullying. Los mismos requisitos aplicaban para el Director de Fotografía, porque tenía que saber cuáles eran los mejores planos y la mejor colorización para retratar el tono y temática de la historia. Después de haber encontrado a estos dos personajes para mi crew, tuvimos que convertir mi guión en una escaleta de rodaje, donde incluyera cada corte que se iba a realizar, con los tipos de planos, movimientos de cámara y demás detalles técnicos de cada escena. 


El siguiente paso era encontrar a los actores, principalmente mi protagonista que era la "víctima de cyberbullying". Mi único requisito era que los actores debían ser de diferentes países TODOS, pues la idea era presentar como el cyberbullying afecta de manera internacional. 

Luego tuve que buscar el resto del crew, que estuvo compuesto por un Asistente de Dirección, el Asistente de Cámara, el gaffer, el operador de sonido, el grip, el productor de diseño y el supervisor de guión. Para mi gran sorpresa, todos eran también de países diferentes. Era todo un sancocho de culturas y diversidades.

Antes del rodaje, me tocó hacer el trabajo completo de una productora: gestionar los equipos para el rodaje, los permisos de locaciones, los props para cada escena y el maquillaje, el A&B (comida) para el crew y cast, tener listo el plan de rodaje, gestionar la música para el cortometraje, tener un hard drive preparado para descargar todos los cortes que se hagan, gestionar al editor con tiempo y procurar que en el set todos tuviesen un guión. Este trabajo es también dividido entre el equipo de producción, pero, al ser un proyecto de cortometraje, podía hacerlo sola. Y a pesar de que mi productora de diseño tuvo un accidente el día antes del rodaje (así es, shit happens) puedo decir orgullosamente que logré manejarlo y resolver lo que le correspondía a esa persona.

Ya el día del rodaje, todo fluyó tal cual como lo tenía planeado. No hubo estrés por tiempo ni por necesidad de algo que hiciera falta. El equipo que tuve para este cortometraje fue excelente, dio lo mejor de sí en cada segundo e incluso sugirieron ideas para que el trabajo quedara aún mejor. En la postproducción pude comprobar lo completo que tuvo todo el plan de producción.

No importa si gano o pierdo, lo primordial fue que, en esta primera experiencia como productora aprendí mucho de este rol, tanto que me ha motivado a querer seguir cumpliéndolo para mis siguientes proyectos; no importa si son cortometrajes (y quien sabe, algún día será un largometraje), requiere por igual un plan de producción completo donde hay que pensar en todos los detalles de la película.