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sábado, 10 de julio de 2021

Crónica Cinéfila: Un año después

¿Se recuerdan hace un año cuando, en medio del inicio del COVID-19, mi regreso a Dominicana tuvo un retraso de cuatro meses hasta que finalmente pude entrar al país? Hoy es el aniversario del día que pisé territorio dominicano oficialmente.

Un año.

Muchas eventualidades ocurren en un año. Muchas emociones. Muchos cambios de planes, sobretodo debido a una pandemia/encierro mundial que nadie tenía contabilizada. Pero me atrevo a decir que regresé y he estado logrando lo que voy proponiéndome sin muchos obstáculos de por medio.

He estado muy ocupada (como siempre), lo cual nunca pensé que hubiese sido posible bajo estas circunstancias. Pero debo confesarles que el cambio de vida no fue tan radical; ustedes me conocen: yo me planteo algo y lo hago posible aun contra marea y viento.

¿Qué ha pasado en un año?

Comenzar diciendo que, gracias a Dios, no me ha dado el virus, y eso lo agradezco tanto pues no sé cómo mi cuerpo y mi mente obsesionada con el trabajo hubiesen reaccionado a este. 

Este año no he parado. 

No ha habido un día del año en el que mi cerebro no haya estado ocupado con algún proyecto, trabajo o concepto. Antes de volver ya tenía más de un año sin tomar vacaciones. Imaginen 12 meses adicionales en los que voluntariamente me he mantenido en mil tareas a la vez. Mi necesidad de mantenerme entretenida con algo ha sido cuestionada por muchos, mi nivel de organización ha sido solicitado para dar tutoriales de cómo lograrlo, y mi autoimpulso por hacer algo nuevo todas las semanas parece no coger descanso. 

Ha sido un buen año para reescribir guiones que pensaba estaban listos para concursos muy específicos. Una gran lección que continúa siendo un aprendizaje como guionista es que siempre hay que escuchar todas las opiniones posibles sobre lo que estás escribiendo, porque hasta el menos fanático de un género o estilo te dará un consejo que puede mejorar tu historia.

También fue un buen año para intentar nuevos proyectos, como una propuesta de Mockumentary sobre una leyenda dominicana, y rescatar algunos que estaban engabetados, como revivir mi serie Exorcismo 101 y convertirlo en revista Comic - disponible para todos en Noviembre de este año.

Este año no he parado.

He iniciado tres proyectos que me he comprometido como meta de este año, que no han surgido de mi creatividad pero que, a medida que avanzamos en los procesos de producción, más me encariño con la historia detrás, quienes están involucrados en ellos y los propósitos finales de por qué es tan importante verlos materializados. De ninguno puedo compartir más que la simple afirmación de que va dirigido a los grupos marginados de mi país.

Mi país... 

El simple hecho de poder completar esa afirmación y estar haciendo producciones aquí, en mi tierra, que con libertad y seguridad puedo decir es mía, es un sueño hecho realidad. Un anhelo que surgió a principios de la mestría y que finalmente puedo decirlo sin discutir el por qué es tan importante para mi.

A todo esto también estoy dando clases de cine en mi Alma Mater, donde le estoy pasando todo lo que sé a quienes en un futuro sé que se convertirán en mis colegas y compañeros de set. Me sorprendo constantemente con el interés y la dedicación de mis estudiantes, mientras también me intereso por seguir aprendiendo más sobre esta maravillosa carrera para mejorar el cine de mi país.

¡Mi país!

Volver físicamente fue lo más difícil, pero no porque mi cuerpo no aceptara estar de regreso sino porque regresar parecía la odisea de la película Papillon, donde intentaba absolutamente todo lo posible para montarme en un avión y los obstáculos aumentaban con el pasar de los días. Aunque me mantuve lo más serena posible, hubo momentos bien bajos para mi personaje ansioso, loco por gritar a todo pulmón que volví.

Muchos aún me preguntan por qué volví o me aseguran que nunca me veían regresando pues "me veían tan bien". La verdad es que solo en dos ocasiones me vi no regresando a mi país pero mi corazón siempre regresaba felizmente a RD. Hacer vida permanente en Estados Unidos o incluso de manera específica en California, nunca fue una opción. Parecía un entrenamiento constante del momento, pues el estilo de vida era demasiado agotador, y también parecía que estaba sobreviviendo y trabajando sin parar para poder pagar la renta y alimentarme. Mi corazón sabía que debía volver.

Volví porque sabía que aquí podía lograr más rápido lo que sea que me comprometiera. Que podía arrancar mis proyectos sola y que mi cultura y mi tierra me apoyarían. Por eso continuó Exorcismo 101, y así nació Camuy Films, el cual hoy finalmente se hace público para la disposición de todos. Una casa productora en crecimiento que se compromete a elevar la industria local trayendo propuestas diferentes, experimentales, específicas, pero sobretodo aprovechando el talento que aún no se ha explotado en el país, y que está tan latente y ansioso como yo por crear de manera continua.

Hace un año volví. 

Y lo digo con tanta felicidad. Es verdad que hubo muchos planes que cambiaron. Es verdad que para esta altura hubiese preferido ya estar 100% dedicada a mi compañía y no estar trabajando para otras personas, pero me alegra que haya sido a este ritmo. Estoy en paz porque ya estoy viendo frutos y porque sé que continuarán mientras más los impulse. Estoy tranquila porque vienen muchos cosas buenas que son mías de mi propiedad. Hace un año que llegué y espero que cuando llegue el próximo año les comente que los logros se multiplicaron. Ya lo he visualizado. 

Todo seguirá más que bien.

viernes, 9 de agosto de 2019

LALIFF 2019: De Lo Mio

Dos hermanas criadas en Nueva York se reúnen con su hermano en la República Dominicana para limpiar la casa de la infancia de su difunto padre. Los hermanos se ríen, se pelean y se enfrentan a sus demonios cuando aceptan abandonar su última conexión con su patria.



Pocas personas realmente conocen con sinceridad la paz que transmite el campo. La ausencia de los ruidos digitales hace que cada pequeño movimiento, desde el galope de un caballo hasta el baile de los árboles, se disfrute aún más. Es algo tan simple que pasa desapercibido ante los ojos de muchos. Pero es un detalle que la cineasta Diana Peralta ha sabido capturar en su opera prima De lo Mio.

En esta película, el rol protagónico se divide en tres: Rita (Sasha Merci) y Carolina (Darlene Demorizi) son dos hermanas de padres dominicanos que se han críado en New York, pero desde muy pequeñas visitaban a su familia en Santiago, y ahora regresan pero no con planes de vacacionar; esta vez llegan con planes de limpiar la casa de sus abuelos que será vendida en los siguientes días, y para eso deben reencontrarse con su hermano Dante (Héctor Aníbal), quien ha vivido toda su vida en esta casa, y al momento en que ambos abuelos fallecieron, se ha aislado del resto del mundo, incluyendo del hijo que tuvo con su expareja y al cual lleva más de dos meses que no ve. Una vez la limpieza de cinco días inicia, la nostalgia y las culpas de hace años invade a cada uno de estos hermanos, quienes deben aprender que, sin importar la vida que han llevado hasta el momento, el lazo familiar que comparten los unen para el bien y para el mal.

Diana Peralta se inspira en su niñez y la de sus hermanas para presentarle a la audiencia una realidad que muchas otras personas seguro igualmente vivieron o viven, independientemente si se mudaron ya adultos a los Estados Unidos o si viveron toda su vida allí, pero con padres que los enviaban todos los veranos a la tierra materna. Pero al final del día, es también una historia sobre duelo y superación, en la que enfrentar esos dolores internos es importante para poder dejar los malos sentimientos atrás.


A pesar de que los personajes tienen metas externas en común, sus verdaderos conflictos son muy internos: para Rita, volver a la casa de sus abuelos significa un reto, pues el dolor de no haber estado con su abuela cuando falleció aún la persigue; para Dante, no es solo el hecho de tener que lidiar con su relación sentimental y tratar de reconectar con dos hermanas que quizás no crecieron con las mismas limitantes que él, pero más importante el hecho de tener un hijo al cual la distancia lo están haciendo asemejarse al padre que lo rechazó y lo abandonó por irse a los Estados Unidos. Carolina es realmente la que sostiene la balanza, y la que le demuestra a sus hermanos que, independientemente de los problemas que los acosan y los conflictos familiares, lo propio es disfrutarse cada segundo y simplemente recordar con cariño cada uno de esos detalles de la niñez, desde subirse al techo de sus abuelos aunque los fueran a reprimir al rato, hasta comerse un plato de chicharrón con víveres de desayuno.

Las actuaciones y la química de Sasha, Darlene y Héctor es impresionante, llevando un método simplista que a la vez lograba una naturalidad en sus acciones y conversaciones, y creando una atmósfera de familiaridad y cercanía, no solo entre ellos sino también con la audiencia. Estas dinámicas entre ellos se destacan en la intimidad forzada de su reconexión sobre la casa. Dante podría estar celoso de la cercanía de sus hermanas, mientras que ellas desaprueban su vida. Después del largo alejamiento estallan las peleas, pero también lazos y risas. Esta película analiza detenidamente lo que significa ser familia, en qué medida y cuál es el contexto.

Además de enfocarse en los conflictos de estos hermanos, la historia se enfoca en la vida de campo, la paz que se siente en cada uno de sus rincones, bosques y lagos, y las fiestas que se arman en cada colmadón. Aunque las escenografías se inspiran en espacios reales, la fotografía es lo que realmente transfiere cada toma en un vuelo automático hasta lo más profundo del Cibao central, en algún municipio de Santiago, donde andar en motor es la caminata moderna. Hay anhelo en las tomas prolongadas que recorren el paisaje mientras la directora pinta la belleza del país con un cuidado amoroso tan vivo que casi se puede oler el mar y la cálida brisa de las palmeras.

El afecto que Diana Peralta tiene por la isla y por su gente es muy claro. El vehículo familiar de la película traslada a la audiencia tan lejos de su propia experiencia tal cual, pero a la vez lo acerca demasiado a la presencia cruda de República, con sus sabores, colores y dolores.