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domingo, 26 de septiembre de 2021

Crítica Cinéfila: Candela

Este thriller gira en torno a las entrelazadas vidas de tres desconocidos: una chica de la alta sociedad, un teniente solitario y un drag queen / artista de cabaret. La singular fusión acontece en vísperas de un huracán tras la misteriosa muerte de un joven poeta y traficante de drogas.



Cuando una película, independientemente de su género, su origen o su trama, logra entrarse en tu piel y tensarte a un nivel que caminar molesta después de verla, significa que el resultado que has visto funciona muy bien. Te has sentado en el sillón del cine, relajado y pensando si te gustará o no, y concluyes con la carga emocional y conflictiva de toda la historia y sus personajes. Eso es el resultado de una muy buena película.

Candela me dejó tensa. Después de los 88 minutos (un tiempo relativamente normal para una película de largometraje), sentía la ansiedad y el mal vivir de los personajes encima de mi, como un virus en el aire de la sala que solo te deja reflexionando sobre tu vida, tus relaciones y sobre el lado bueno y malo de cómo habitas en esta sociedad. Ese es cargando con el conflicto interno del tema y los personajes de esta trama, dirigida por Andrés Farías y basado en la novela de Rey Andújar.

La trama está dividida en tres capítulos: Sera, enfocado en una joven de la alta sociedad de Santo Domingo, quien se va a casar con un hombre al que ella no quiere como pareja, quizás porque este no podría encajar en su estilo de vida de fiestas, drogas y fetiches extraños; Pérez, que sigue al oficial asignado a investigar la muerte de una persona quien supuestamente entró a la casa de Sera para asaltarla y terminó lanzándose por la ventana; y Tiznao, que muestra un artista drag con quien la persona muerte tenía una relación y que busca a como de lugar respuestas a su muerte pues esto no solo le ha dejado la responsabilidad de cargar con la abuela de su difunto novio sino también con una depresión emocional de entender cómo llegó a ese apartamento. Estas tres historias van ocurriendo durante el anuncio de una tormenta ciclónica que afectará toda la isla y pide a los habitantes que no se expongan y se refugien en zonas alejadas de los cañaverales y ríos.

Hace 6 años, Andrés Farías presentó el cortometraje Tiznao, que presentaba el fragmento narrativo de este personaje, donde se tiene la oportunidad de apreciar el estilo narrativo y estético del director a la hora de proyectar una historia que ahora es considerada Caribe Pop, un movimiento artístico (desarrollado por Farías, Rey Andujar, y otros) donde explora las típicas situaciones sociales que viven los hijos del Caribe, como el padre ausente, las marginaciones sociales, la pobreza de clase, y demás. Y aunque aquí no necesariamente plantea todo lo que Caribe Pop indica, es una manera muy interesante de proyectar las necesidades sociales y emocionales que todo ser humano confronta, independientemente el tipo de cuna en la que creció; el planteamiento más duro que desarrolla Candela es que la vida, no importa tu clase social, siempre tendrá un lado de mierda, y ese lado te tocará aunque tengas todo el dinero del mundo. La exploración de las dificultades de vida de estos personajes fueron realistas y a su vez humanizadas, donde no pesa empatizar y acompañarlos en su camino de vida, por más pesado que este pudiese llegar a ser.

Pero la magia de Candela no solo yace en una trama que tiene dedicación y pasión bajo sus páginas de guión (se nota que aquí hubo años de trabajo para lograrse a la perfección), también convive en la estética de la película. El uso de los colores y las texturas está muy bien pensado acorde a quienes se sigue en ese momento. Cada personaje tiene una escenografía muy específica de quién ella o él es en la historia, destacando no solo los espacios limpios, sino también las suciedades sociales que habitan alrededor de ellos. La iluminación de los escenarios fue un aspecto clave para lograr que la decoración de set se sintiese tan acorde y que creara una armonía visual muy importante para no afectar el ritmo cinematográfico de las tramas. Del mismo modo, cada escena es inteligentemente acompañada por una banda sonora compuesta por el maestro Ezel Feliz (La Gunguna) y el compositor cubano Jorge Aragón.

Candela aprovecha su tiempo. Utiliza la tormenta tropical de fondo para acercarnos aún más a casa a quienes crecimos con noticias casi mensuales similares, pero esto es solo un elemento narrativo para crear pautas que conecten de manera externa la línea temporal de los personajes. Al final del día, es la historia de un hombre que estaba en el lugar equivocado y que su muerte une a tres personas que quizás en una situación más regular también se hubiesen encontrado a sí mismos. Esta es una película para analizar las dificultades que agobian al ser humano y que se mantienen arraigadas en uno, latentes, esperando a que se brote como una ola de tensión inescapable. Es verdad que cada clase tiene su magnitud de problemas y que las maneja acorde a sus facilidades de vida, pero aún así, no deja de resaltar que nadie está libre de pecado de las situaciones de vida, y que estas te pueden atar a quienes menos tú esperas.


viernes, 19 de julio de 2019

Crítica Cinéfila: El Proyeccionista

Un hombre solitario que se encarga de un proyector se consuela con una mujer que ve en un rollo de celuloide. Cuando el rollo se pierde, el hombre decide ir a buscar a la mujer por los lugares más deprimidos de República Dominicana. 



La septima película de José María Cabral traslada a la audiencia al sur profundo de la República Dominicana, un área que ha escondido secretos desde hace años mientras que su población encuentra entretenimiento gracias a un proyeccionista ambulante con películas en celuloide. Pero desde los ojos de Eliseo, él sabe que transporta magia en rollos, la cual es proyectada con mucha pasión, cobrándole 50 pesos a quienes se animen a ser parte del espectáculo, mientras tiene la misión de encontrar una mujer que lo enamora a través de las viejas películas que su padre resguardaba antes de morir.

Eliseo es un hombre amargado: todo le molesta y no se quiere adaptar a los cambios tecnológicos. Esto va más enfocado a su terca necesidad de todavía querer proyectar películas en celuloides cuando ya existían proyectores digitales y DVDs. Haber quedado huérfano tan jóven ha sido un golpe duro y es muy notorio, pero lo que parece ser su único alivio son pequeños cortes de películas que muestran a una mujer, donde ella posa frente a la cámara en diferentes escenarios: dentro del río, la ducha, en el comedor, la cama. Después de una tormenta de rayos, las películas de su amor platónico se queman y la frustración de Eliseo es tan grande que asume una aventura por encontrar finalmente quien es esta mujer.

Después de siete películas ya es importante cuestionar cuál es el fin del cineasta cuando crea: ¿demuestra su tipo de temática mientras cuenta una historia? ¿hace algún reflejo de la sociedad entre sus personajes? ¿muestra su punto de vista sobre situaciones de la vida? o ¿simplemente hace las películas por el mero hecho de hacer películas? La verdad es que todavía queda la gran interrogante de quién realmente es José María Cabral y qué lo motiva a hacer cine. No cabe duda que, de materia de cinematografía, él sabe desarrollar una temática y proyecta sus conocimientos sobre montaje e historia del cine con cada toma que plasma, pero esto no significa que se puede reconocer su visión, o aún más importante una evolución en su narrativa.


En El Proyeccionista se encuentran errores que ya se han visto anteriormente: un final apresurado, personajes que parecen más personalidades que seres humanos, y una historia con interrogantes sin contestar. A pesar de ser una propuesta sumamente interesante, el resultado final es un guión con fallas similares a sus grandes clásicos, el cual se pretende recostar de algunos aspectos culturales de nuestro país, como la división de clases, el viaje en carretera hacia los pueblos con nombres peculiares, y las riquezas naturales que hacen contraste con la educación de los que habitan en ella. Sin embargo, ni los planos desde el cielo ni la magia que creaba el proyector le exoneran algunos pecados narrativos que se cometieron a lo largo de la historia.

El primero es Eliseo, interpretado por el talentoso Félix Germán, quien no tiene la culpa de la rabia a veces innecesaria de su personaje. A diferencia de algunos testarudos de la pantalla grande, como Carl de la película Up (2009), donde se empatiza con el personaje y uno logra verdaderamente ponerse en su lugar, aquí la rabia de Eliseo no parece tener razón de ser, pues no se expone si es por su soledad que él mismo se la ha provocado o porque se ha pasado toda una vida obsesionado con una mujer que nunca ha conocido en persona. No logra ni valorar a Rubí, interpretada por Cindy Galán, siendo ambas una de las pocas luces milagrosas del guión, con una subtrama mucho más interesante que el conflicto principal de la película, enfocada en cómo esta mujer se acuesta únicamente con hombres mayores por un posible trauma causado con su padre.


Una de las mayores cuestionantes de la película es la ambigüedad de la época en que supone narrarse, donde solo los amantes del cine dominicano lograrán identificarlo con facilidad, pues si él proyectaba la película La Maldición del Padre Cardona significa que es el 2005, pero la carente continuidad en el diseño de producción hizo cuestionar mucho el verdadero año en que la trama tomaba lugar.

Es verdad que la fotografía y el montaje del cine dominicano ha mejorado bastante, y no cabe duda que José María ha mejorado increíblemente en ese departamento, demostrando ahí su mayor evolución desde Jaque Mate. Sin embargo, es tiempo de que su evolución se expanda a otros departamentos de la producción, pues hacer cine es más que lograr unas cuantas tomas bonitas.

Siete largometrajes y seguro una gran cantidad de cortometrajes. Esto es razón suficiente para que José María se siente con su próximo guión y uno de los tantos libros sobre estructura narrativa, y se responda a sí mismo en qué se quiere enfocar cuando cuente una película, pues cabe destacar que el talento y la pasión le sobra, pero aún es necesario trabajar en su visión y la perspectiva que él quiere plasmar en sus historias.