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lunes, 5 de agosto de 2019

LALIFF 2019: The Devil has a Name

Una psicótica matriarca petrolífera pone en peligro a toda la industria cuando intenta derrotar a un granjero que la denuncia porque asegura que su agua ha sido envenenada.



La película inicia con Gigi (Kate Bosworth) entrando a la compañía petrolera, y quienes la rodean están claramente molestos con ella. De principio es un indicio de que ha hecho algo grave, y siendo esta la compañía petroleta, ya delatan que han perdido el caso. Ella narra cómo se desarrolló todo lo acontecido entre Shore Oil and Gas y el bosque de almendros del granjero viudo Fred Stern (David Strathairn). Las flores de sus árboles parecen pelotas de nieve, pero todo se vuelve oscuro cuando es testigo de la contaminación ambiental que aparece en la granja justo cuando un representante de la compañía petrolera de Houston que posee la plataforma cercana (Haley Joel Osment) intenta engañarlo para que venda sus tierras a bajo precio. El gerente de la granja de Fred, Santiago (Olmos), sospecha de un juego sucio, y desde allí, con la ayuda de Santiago y el abogado que finalmente contrata (Martin Sheen), Stern inicia una pelea para responsabilizar legalmente a la compañía petrolera.

El Valle Central de California es una de las áreas agrícolas más productivas del mundo; sin embargo, en los últimos años, la práctica de las compañías petroleras que vierten aguas residuales tóxicas en los estanques de agua de las tierras de cultivo ha generado protestas. Por esta misma línea se inclina el último largometraje del director y actor nominado al Oscar, Edward James Olmos, The Devil Has a Name, un drama basado en hechos reales sobre una de las tantas guerras de contaminación del agua del Valle Central.

Este es un drama de denuncia donde Olmos equilibra una historia sombría de explotación corporativa, degradación ambiental y la difícil situación del agricultor estadounidense con un bromance entre el granjero y su mano derecha. El combate juguetón que Strathairn hace con Olmos y Sheen se siente como todo lo que quieres ver de actores experimentados en esta etapa de sus carreras, y el diálogo siempre suena más verdadero cuando Strathairn, Olmos y Sheen juegan uno contra el otro. 

Pero a pesar del conflicto principal, también se juega con la supremacia blanca y el poder que asumen alrededor de los más debiles. En el papel de Ezekiel, Pablo Schreiber representa los grandes problemas sociales que acosan a la población estadounidense: el racismo, la superioridad de clase, el sexismo, la homofobia, y entre otros delitos morales que, por más actuados, se sienten muy reales para estos tiempos. Sin embargo, los verdaderos villanos de la historia son la compañía petrolera y el sistema gubernamental que pone intereses corporativos fuera de la ciudad sobre los derechos de los lugareños.

Santiago de Olmos, un inmigrante de México que ha trabajado para Fred durante 30 años, es el tipo de personaje que en otra película no sería tan multidimensional; sin embargo, resulta un anarquista autodescrito que también ama tomar selfies durante todo el día y se mueve sin problemas entre hablar inglés y español, sin importar si está hablando con Stern, el abogado de Stern Ralph o sus amigos en el bar. 

En términos narrativos, la historia se balancea entre dos conflictos que persiguen un mismo objetivo, por esta razón a veces da la sensación de perder consistencia narrativa y la configuración causa más confusión que el suspenso que impulsa la historia, pero esto no solo ocurre en la trama. Olmos y el cinematógrafo Reynaldo Villalobos (Breaking Bad, Love and Basketball) juegan con efectos especiales e imágenes de una misteriosa sustancia similar al aceite sumergida en el agua que son bastante interesantes, pero no llevan el chutzpah de este tipo de hilo visual durante el resto de la película, por lo que su impacto inicial termina cayendo.

Olmos claramente quiere que su película sea un llamado a una serie de problematicas actuales, pero al final resulta más una historia sobre el vínculo redentor de la amistad, para inspirar empatía por personajes como estos que no son retratados tan comúnmente en el cine como deberían ser. Sin importar todas las políticas crueles de Trump, los abusos de las compañías petroleras y las discriminaciones a los inmigrantes indocumentados, las relaciones humanas siempre predominan sobre lo demás.

domingo, 4 de agosto de 2019

Crónicas de California: LALIFF 2019


Por 18va ocasión, el Los Angeles Latino International Film Festival (LALIFF) celebra su devoción al cine y la cultura latina en las famosas salas del Chinese Theater en Hollywood, California. El festival es el espacio donde perfecto para compartir con la comunidad latina, y conocer las visiones de los artistas cinematográficos, musicales y jóvenes talentos ofrencen a la industria del entretenimiento. 

La gala de apertura le da inicio a cuatro días repletos de largometrajes, cortometrajes y películas episódicas dirigidas por Latinx. El festival también alberga presentaciones en vivo, exhibiciones de arte y podcasts, así como un programa llamado Legacy que brinda a jóvenes cineastas de preparatoria un foro para proyectar sus cortometrajes en la pantalla grande.

En este año, la mayoría de las películas seleccionadas a ser proyectadas comparten la temática de migración en común, enfocada desde varios enfoques pero a la vez demostrando los puntos de vista y las reacciones que otras personas tienen a este tema social, desde historias sobre inmigrantes ilegales hasta el reencuentro de migrantes con la tierra madre. 

Los cineastas Cristina Ibarra y Alex Rivera abrieron el festival con su película The Infiltrators, la historia sobre un grupo de indocumentados que se infiltran en el Broward Transitional Center con el plan de sacar a alguien que se encuentra injustamente detenido y exponer los casos de abuso que se dan allí. The Infiltrators se basa en la historia real de los activistas de la Alianza Nacional de Jóvenes Inmigrantes (NIYA) que en 2012 entraron a un centro de detención para localizar a un hombre llamado Claudio Rojas que había sido separado de su familia en el condado de Broward, Florida. Desde el interior de los muros de un centro de detención, los dos jóvenes activistas conocían las condiciones que el sistema de inmigración de los Estados Unidos impone a los inmigrantes indocumentados. A partir de ahí, utilizaron sus posiciones y conocimientos externos para organizarse en contra de las condiciones a las que habían estado sometidos detenidos como Rojas. 


Otras películas que continúan la temática son De lo Mio de la cineasta dominicana Diana Peralta, Building the American Dream de la cineasta texana Chelsea Hernandez, Chulas Fronteras de Les Blank, y Pahokee de Ivete Lucas & Patrick Bresnan. A la vez, el productor y actor Edward James Olmos, cofundador de este festival, presentó su más reciente obra The Devil Has a Name, donde el tema de migración resulta secundario en comparación con la situación principal que abarcaba la historia en relación a la contaminación que las compañías petroleras provocan en los cultivos alrededor de California.

Este año, el festival incluye 15 largometrajes, 17 cortometrajes, cinco episodios, dos eventos especiales y dos podcasts latinos en vivo desde el festival además de destacar a cineastas latinos nacidos en Estados Unidos como Cristina Ibarra, Alex Rivera, Rashaad Ernesto Green, Ben DeJesus, Chelsea Hernandez, Diana Peralta, entre otros. Además de las proyecciones, el festival contó con el desarrollo de programas educativos cortos, uno de ellos el Latinx in Animations, una clase magistral donde animadores y creadores comparten sus influencias y sus orígenes, y cómo esto les inspira en la elaboración de sus proyectos. 

Entre los invitados que desfilaron por la alfombra roja, la comunidad latina se hizo sentir, desde jóvenes talentos en series de televisión tan famosas como The Walking Dead y The Mayans, hasta figuras del cine que se han destacado desde hace muchos años, como Luis Guzmán y Celinés Toribio.

LALIFF ha sido un elemento fijo en Hollywood, gracias en parte al trabajo constante que Edward James Olmos ha puesto en la apertura de puertas en el mundo del espectáculo para la comunidad Latinx. Olmos fundó LALIFF en 1997 junto a Marlene Dermer, Kirk Whisler y George Hernández. El festival de este año, el segundo desde un paréntesis reciente de cinco años, está bajo la dirección ejecutiva de Rafael Agustín, quien fue guionista de Jane the Virgin.