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viernes, 8 de febrero de 2019

Crítica Cinéfila: Can You Ever Forgive Me?

Sigue la historia de Lee Israel, una respetada biógrafa en decadencia que comienza a falsificar cartas de escritores y celebridades fallecidas con el fin de pagar el alquiler. Cuando las falsificaciones empiezan a levantar sospechas, Israel roba y vende las verdaderas cartas de los archivos sin saber que el FBI está investigando el asunto.



Todo comediante necesita al menos un rol "serio" en su carrera para obtener respeto, y aunque Melissa McCarthy ganó una nominación al Oscar por su actuación en "Bridesmaids" y ha sido una estrella crítica desde entonces, ella también lo ameritaba. Nos la ganamos con "Can You Ever Forgive Me?", un drama inesperadamente profundo e increíblemente verdadero en el que interpreta a Lee Israel, una miserable escritora de Manhattan que recurrió a la falsificación de cartas de escritores famosos para pagar el alquiler y sus deudas, y donde encontró la base de su libro más exitoso en el proceso. 

Aún así, dotada y con el ceño fruncido durante casi todo el tiempo de carrera, McCarthy gana casi tantas risas interpretando a esta malhumorada escritora como lo hace en su parte de comediante más irreprimible. Pero, por supuesto, es el lado humano del personaje el que hace la mejor actuación de McCarthy hasta la fecha, revelando ideas inquietantes sobre la amistad, la soledad y la inseguridad creativa. Que lo haga desde una perspectiva únicamente femenina es una ventaja en este momento en particular.


La historia comienza con Lee llegando al lujoso apartamento de su agente en Nueva York. Allí, en el centro de la sala, está Tom Clancy, quien se da cuenta de que "el bloqueo del escritor" es un término inventado por la comunidad de escritores para justificar su pereza. Lee se burla de ella cuando pasa pero es un momento revelador. Como dice el dicho: "Señor, dame la confianza de un hombre blanco mediocre". Aunque nunca se enfoca en nada, esta película, coescrita por una mujer (Nicole Holofcener) y dirigida por una también (Marielle Heller), recuerda de manera conmovedora que los hombres nunca parecen apreciar las ventajas que todavía tienen, incluso si nadie hizo las cosas más difíciles para Lee Israel que Lee Israel las hizo para ella misma.

Antes de 1991, la autora de 51 años disfrutó de algunos éxitos editoriales y escribió biografías de artistas como Tallulah Bankhead, Dorothy Kilgallen y Estée Lauder. Pero nadie quería su próximo libro, que iba a ser sobre la comediante de vodevil Fanny Brice, y se estaba desesperando, lo que en el caso de Lee significaba que su comportamiento ya desagradable se volvió aún más combativo con las pocas personas que estaban a su alrededor.

En un giro que parece un poco demasiado fortuito cuando se encuentra con un par de cartas escritas por Brice mientras investiga su tema, las roba de la biblioteca y las vende a una dueña de una librería local (Dolly Wells) por una buena suma: aún más agradable es cuando logra vender una segunda carta a la cual le ha agregado una ingeniosa posdata de su propia invención. Y así comienza un pasatiempo lucrativo de componer letras "escritas por" sus figuras literarias favoritas, cartas cuyo valor se escala en proporción directa a su contenido.

 

Como la propia Lee era una escritora frustrada, canalizó su ingenio en su trabajo, permitiendo que la difunta Noël Coward, Lillian Hellman y Dorothy Parker se hicieran cargo de algunos de sus mejores zingers (como el que le da a la película su título). Sea cierto o no, se dice que Hunter S. Thompson ha vuelto a escribir "The Great Gatsby" de F. Scott Fitzgerald para tener una idea de cómo se sentía escribir una obra maestra. Quizás Lee Israel tuvo una experiencia similar en canalizar las voces de sus ídolos. En muchos sentidos, su libro más famoso es el que escribió sobre el período de tres años, durante el cual falsificó más de 400 cartas (incluso llegando a robar y copiar algunas de los archivos).

Pero eso es ignorar el beneficio más inmediato que McCarthy transmite en la película: Lee era una persona increíblemente solitaria, ya que había alienado a su antiguo amante (quien aparece al final de la película en una escena que sugiere que la amarga Lee había reescrito su propia historia), y sin embargo, se abrió un poco durante sus días de escribir cartas. Fue entonces cuando Jack Hock (Richard E. Grant, crepitante en su papel más escandaloso desde "Withnail & I"), un alcohólico y artífice de Nueva York que se convirtió en amigo y cómplice durante este período, ayudando a Lee a vender sus cartas después de que los distribuidores empezaron a sospechar.

Viendo el tráiler de "¿Me puedes perdonar alguna vez?", uno tiene la impresión de que Fox Searchlight está tratando de ocultar (o al menos restar importancia) al lado homosexual de esta historia: Lee era lesbiana, mientras que el abiertamente gay Jack no puede pasar una boca de incendios sin pedir su número de teléfono. Juntos, hacen un dúo fabuloso, un par de forasteros que emite hilarantemente un juicio sobre la sociedad educada, que se consienten platonamente con la compañía del otro, que iban a bares y se divertían haciendo llamadas maliciosas a las personas que odiaban, en lugar de exponerse románticamente. (aunque Jack disfruta de sus lanzamientos, el viejo rapscallion). McCarthy hace que el deseo de compañía de Lee se sienta en una serie de visitas a su librería favorita, que culmina en una cita con el personaje de Wells que ella, con bastante dolor, logra sabotear (el marido de la vida real de McCarthy, Ben Falcone,

Ciertamente, Heller muestra un enorme afecto por Lee, a quien la mayoría de nosotros probablemente no podríamos soportar si nos encontramos con ella en la calle. Tampoco querríamos pasar dos minutos en su apartamento: un paraíso para las ratas, repleto de archivadores y lleno de moscas, donde se han acumulado años de excrementos de gatos debajo de la cama. Confeccionados casi completamente de marrones de color polilla y telas grises con apariencia de picazón, el vestuario y el diseño de producción contribuyen enormemente a la definición del personaje de McCarthy (uno quiere desesperadamente abrir las ventanas de la película para que entre un poco de aire fresco), aunque toma a una actriz tan encantadora como ella para hacer que una mujer así no solo sea perdonable sino que sea absolutamente amable.

jueves, 17 de enero de 2019

Crítica Cinéfila: The Wife

Joan Castleman (Glenn Close) es una buena esposa, de belleza madura y natural, la mujer perfecta. Pero lo cierto es que lleva cuarenta años sacrificando sus sueños y ambiciones para mantener viva la llama de su matrimonio con su marido, Joe Castleman (Jonathan Pryce). Pero Joan ha llegado a su límite. En vísperas de la entrega del Premio Nobel de Literatura a Joe, Joan decide desvelar su secreto mejor guardado.



Entre muchos temas que puede narrar una película, las relaciones entre personajes el el que siempre está presente. Pero cuando esa es la temática principal, las emociones y el género parecen hacerse más fuerte si se cuentan bien, y cuando se tiene actores como Glenn Close y Jonathan Pryce, complementados por la estructura narrativa de Jane Anderson, se logra acercar a una pieza maestra.

En The Wife, Joan y Joe son una pareja que parecen vivir una vida de pareja sencilla pero sin achaques. Cuando Joe recibe la noticia de que será condecorado con el Premio Nobel de Literatura, Joan lo recibe con mucha alegría, y ambos se preparan para asistir a la entrega de medallas en Suecia. Pero mientras pasan los días, es aún más notorio cual es la opinión de Joan sobre esto. Ella no desea ser mencionada en el discurso de agradecimiento, y aún más importante, prefiere quedarse en las sombras que ser iluminada por un reflector por ser la esposa de Joseph Castleman. Entre flashbacks y momentos incómodos, se van reflejando las verdaderas razones de sus sentimientos. Quien alguna vez fue estudiante de Joseph a finales de los años 50, se convirtió con el tiempo en quien le revisaba, corregía y hasta escribía sus historias.


The Wife es una película que muchas esposas deberían ver, porque las obligaría a prestar más atención a su relación de pareja y descubrir el valor que se le ha dado en la relación. La temática que explora se enfoca en cómo las esposas cargan con los trabajos físicos y emocionalmente forzados que ocurren en la casa, mientras que los hombres se llevan el mérito externamente por ser quienes dan el apellido a la familia y, por tanto, quienes son la imagen. 

Aquí, los personajes dejan en claro esos clichés de pareja, pero con un tono bien realista: donde la esposa se calla muchos dolores de cabeza y engaños, mientras el esposo asume que no ha hecho nada malo; donde la esposa es la que siempre lleva los lentes del esposo en la cartera, mientras el esposo quiere controlar como si ella fuera uno de sus hijos. Es una nota en la que muchas parejas de seguro se sentirán identificadas o representarán personas que conocen en la vida real.

Glenn Close es el diamante principal de la película: con una actitud pasiva y unas miradas que dicen mucho más de lo que parece, representa a las esposas maltratadas emocionalmente, que ha tolerado los abusos sentimentales de su esposo por la simple razón de querer permanecer a su lado, pero cuando finalmente abre los ojos, el adios lo da tan repentino que ni la audiencia se lo está esperando. Close interpreta a Joan con mucha formalidad y distancia del mundo a nivel general, queriendo decir que el papel de esposa es secundario, a pesar de estar al lado del esposo. Su comportamiento, sus silencios y la explosión que finalmente tiene en el tercer acto son la razón principal por la que esta actriz ya ha ganado Mejor Actriz en los Golden Globe Awards y Critics Choice Awards por esta película. 


Por supuesto, hay demás personajes que no se pueden dejar de destacar, como Jonathan Pryce en su papel como Joe, las versiones jóvenes de Joan y Joe (Annie Starke y Harry Lloyd), Max Irons como el hijo de Joe y Joan, entre otros actores y actrices que le fueron agregando esa tonalidad realista y dramática a la historia, comportandosé como un solo ritmo a lo largo de la película. 

Jane Anderson es una de las que también merece mucho reconocimiento por este trabajo, quien decidió crear una estructura narrativa que solo iba dejando pequeñas pinceladas de cómo la relación de Joe y Joan ha evolucionando a lo largo de los tiempos. Ella crea una línea cronológica desde los años 50 hasta los años 90 (cuando Joe recibe el premio Nobel), y a pesar de que se mantiene en el orden real, las cartas se van poniendo sobre la mesa de manera lenta y cuidadosa para crear esa sorpresa y desilución, pero sobretodo para que la audiencia entienda por lo que Joan ha tenido que pasar antes de convertirse en la esposa oficial de Joe. Por otro lado, la banda sonora es el complemento ideal para mantener el ritmo y las emociones a flor de piel que se establecen en esta trama.

La película se narra como una novela literaria, agregándole a cada capítulo el repertorio de gestos, miradas y frases entredichas de Glenn Close para establecer cuales son los conflictos de esta pareja. Su rostro anguloso se convierte en un imán, un paisaje que ocupa toda la superficie significante de la pantalla: hay otros actores, y alguno tan bueno como Jonathan Pryce en el papel del escritor premiado, pero incluso su impecable forma de componer un gigante artístico de pies de barro palidece al lado del recital, a la vez contenido y explosivo, que aloja el rostro de Glenn Close. 

The Wife es un romance que se va desplomando a tragedia, dando esa bofetada realista de que las esposas se quedan en las buenas y en las malas, aún con todas las maldiciones que le han tirado a sus esposos en su cara y a sus espaldas. Es un drama que busca dejar sobre la mesa todas esas piezas destrozadas que los matrimonios bien lustrados tratan de ocultar con los años. Se trata sobre el amor condicionado y el compromiso que las parejas mantienen, aunque los años les digan que es mejor que estén separados.