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viernes, 25 de enero de 2019

Crítica Cinéfila: Glass

Continuando desde donde lo dejó "Split", "Glass" sigue los pasos de David Dunn en su búsqueda de la figura superhumana de "La Bestia". En la sombra, Elijah Price parece emerger como una figura clave que conoce los secretos de ambos.



Shyamalan es un director de cine de momentos: su momento de fama lo tuvo con El Sexto Sentido (1999), y a partir de ahí la narrativa y la calidad de sus historias variaron y decayeron, claramente tratando de encontrar su estilo y su género. Experimentó y logró volver a posicionarse con el estreno de The Visit (2015), pero había un lugar donde le faltaba revisitar, y ya lo había hecho en una de esas historias que se debe reconocer era una idea original: Unbreakable no terminó inconclusa pero sí con una serie de personajes que ameritaban reutilizarse. Así surge Split, enfocada en un villano que lucha por ser La Bestia, y que al final hace una breve conección con Unbreakable.

Con ese breve final, Shyamalan nos decía dos palabras: habrá crossover. 

Glass sucede unas semanas después de lo ocurrido en Split, donde David busca exhaustivamente a Horde, con la amenaza de que tiene cuatro jóvenes cautivas que podrían morir en cualquier momento. Una vez se encuentra con él y cada uno ve la fuerza invencible que posee su oponente, ambos son apresados y llevados al mismo hospital Psiquiátrico donde Elijah está recluído. Allí Elijah vuelve a encontrar su propósito en la vida: con la entrada de David y Kevin al hospital, esto le da la oportunidad de enseñarle al mundo que los superheroes y villanos son reales, a pesar de que un grupo de personas se han dado a la tarea de ocultar esta verdad.


El tema de esta franquicia siempre será uno de los mayores atractivos para mi: demostrar que cuando los seres humanos se enfrentan a situaciones extremas, sus poderes salen a la luz. Quizás no sea una verdad que se pueda confirmar, pero es un concepto que la industria del cine nos permite fantasear, que los comics los aprovecha al máximo y que Shyamalan explora con una paciencia y desenvolvimiento que no pretende ser con prisa pues tiene también el objetivo de establecer el pasado de estos personajes, la razón de sus iras, tristezas y anhelos. 

El tema se conecta con las debilidades de estos personajes, envolvíendose en la teoría de que "todo superhéroe tiene una debilidad", y para poder vencer al villano, deberá superar esta debilidad. Esta misma teoría se intercala a la correcta construcción de personajes, donde para que un personaje sea creíble e interesante en una película, debe tener características realistas: debilidades, fortalezas, miedos y metas. Y sin esto, la película no causara la misma impresión, pues lo que verdaderamente la convierten en una película interesante son sus personajes: David es el típico héroe que se adapta a los problemas, sin frustrarse por encontrar soluciones en lugares donde no parecen darselas como opción; Elijah es el héroe dispuesto a lograr su cometido sin importar las consecuencias de sus actos; y Kevin es el héroe renuente, quien solo reacciona si lo obligan a cometer ciertos actos. 

El desarrollo de cada uno de estos personajes es una de las mayores fortalezas del guión de Shyamalan, pero el verdadero mérito se lo lleva con el personaje de Kevin, no solo por el hecho de representar una serie de minipersonajes dentro de uno, sino aún más importante por la increíble actuación de James McAvoy encarnando estas personalidades. Algo que Split no presentó y que esta película si se enfocó en lograr era ver cómo sucedían los cambios de personajes, y verdaderamente parecía como si fuese el trabajo de un grupo de actores. Sin embargo, McAvoy le recuerda a la audiencia una vez más el talento que siempre lo ha destacado, pero que con cada película evoluciona.


Por otro lado, la interacción de los tres personajes principales se asemejan a un triángulo amoroso, donde podría ser dos contra uno o todos contra todos dependiendo del momento de la película, pero a la vez establece las relaciones y químicas entre ellos, lo cual es otro aspecto que funciona con mucha fuerza, y que realmente es lo que mantiene a la historia con movimiento. Sin la rivaldía y momentaneos deseos de compañerismo, esta historia no tuviese mucho sentido.

Un personaje que regresa y lo hace con un propósito inesperado es el de Casey (Anya Taylor-Joy), quien había apenas salido con vida de Split, y ahora regresa con posibles sentimientos de amor por el Kevin. El cambio es un poco brusco, sobretodo porque la audiencia nunca tuvo oportunidad de encontrar la lógica a este cambio.

Por supuesto, no se puede mencionar las secuencias de acción, que hacen referencia a una fotografía de cine de acción, pero con la musicalización del thriller y suspenso que fue introducido con Unbreakable. Un aspecto interesante del uso del género en esta película es como las referencias visuales mantienen un balance entre ambos (superhéroe y thriller psicológico) influenciándose del tono y estilo de cada uno, pero concluyendo la historia con un ritmo y situación muy particular.

A propósito del final, este es el aspecto más débil de la película, pues a pesar de alejarse de la temática de "final feliz", es muy complaciente, queriendo dejar a la audiencia satisfecha por lo que ha ocurrido, pero en vez nos deja con cuestionantes que aparentemente nunca serán respondidas, y por lo tanto dejan una sensación de ambigüedad.

No obstante a esto, es una película que sabe cumplir con las expectativas que ha creado. Finalmente, Shyamalan encuentra su mejor estilo, otorgando una trilogía con un lenguaje, estilo y punto de vista propio, donde los buenos no son tan buenos, los malos tienen razones suficientes para existir, y los comics son parte de la realidad humana.


jueves, 17 de enero de 2019

Crítica Cinéfila: Perfectos Desconocidos

Varios amigos de toda la vida se reúnen para cenar. Cuando deciden compartir entre ellos el contenido de cada mensaje de texto, correo electrónico y llamada telefónica que reciben, muchos secretos comienzan a develarse y el equilibrio se rompe.



Perfectos desconocidos es una película que ya ha tenido cuatro remakes, basándose en la historia de la exitosa película italiana 'Perfetti sconosciuti' (2016), dirigida por Paolo Genovese. Ya habían sido estrenadas la adaptación española de Álex de la Iglesia; y la francesa de Fred Cavayé (Nothing to Hide) con Bérénice Béjo. Por ello, resulta difícil sorprender con una trama tan masticada en menos de cinco años. ¿Había necesidad de hacer una nueva versión?

La mexicana sigue la misma idea narrativa: tres parejas, amigos desde la infancia (salvo por una de las chicas que es nueva en el grupo) se reúnen para cenar con un amigo divorciado. La expectativa de conocer a su nueva novia es el tema principal de la noche hasta que él llega sin su pareja. Y cuando todos comienzan a argumentar sobre el uso de los celulares y los misterios que se guardan en este aparato, se proponen a colocar los celulares sobre la mesa para leer cualquier mensaje y compartir las llamadas que reciban durante toda la noche. Sin embargo, los secretos que se guardan entre ellos pueden significar el final de sus relaciones y la destrucción de familias.

Toda la historia transcurre en una sola noche, durante una cena que parecía una simple reunión de amigos. Así, mientras observamos todo, también te sentirás parte de la mesa entre copas de vino, discusiones acaloradas y secretos que están a punto de reventar. A través del personaje de Eva, verán una gran crítica a cómo nos hemos herido nosotros mismos y nuestras inconformidades. Por otra parte en Flora verán el personaje más catártico, comete errores por tratar de salvar a todos, pero no se da cuenta de que le ven la cara.


Perfectos desconocidos habla sobre infidelidades, mentiras y decepciones dentro de la relación de parejas. A través de diversas parejas se enfoca sobre el desgaste del amor cuando se abandona el trabajo en la relación, y como muchas parejas solo saben quejarse de su compañero/a en vez de hablar los temas, y mientras más se quejan, más cosas hacen a sus espaldas, aun con hijos de por medio. También se enfoca mucho en la privacidad de las personas y lo que se esconden para sí mismos en sus teléfonos celulares, dando suficientes razones al hecho de tener el aparato con contraseña o siempre apagado.

Con actores de su entera confianza: Talancón, Mariana Treviño y Cecilia Suárez; por el otro Manuel García-Rulfo, Bruno Bichir y Miguel Rodarte, así como el español Franky Martín, Caro se mantiene un poco al margen de su tono trágico y trata de mantener la comedia en su máxima expresión, claramente para evitar salirse de ese ritmo que sus antecesoraas han logrado. No obstante, la química de los actores sustenta la larga y entrañable relación entre los protagonistas. En algún punto uno de ellos atisba que los conoce perfectamente y no hay nada que podría sorprenderlo y parecería cierto, hasta que el conflicto toca a la puerta en la historia. No obstante, son tres nombres los que lucen por encima de todos: Mariana Treviño, Bruno Bichir y Franky Martín.

Es importante por igual destacar el desarrollo de este guión que va en crescendo a la hora de sacar a la luz las verdades que se ocultan muchos, como mandarse mensajes con una persona a través de facebook, recibir fotos provocativas de parte de otra, mantener una relación en secreto con alguien de tu mismo sexo, o tener más de una pareja en secreto. Es increíble pensar que muchas de estas situaciones están basadas en la realidad, pero ver las consecuencias de estos actos son una buena bofetada para caer en cuenta si es o no correcto mantener la privacidad del celular. Pero es aún más doloroso ver cómo, a pesar de que muchas verdades salen a la luz, otros secretos siguen encubriéndose.

Algo que no tiene la versión española es la música que tanto caracteriza la obra de Manolo Caro. Para acompañar los momentos de histeria a la perfección, el director agregó canciones de Timbiriche que intensifican el caos. Por ejemplo el momento con “Besos de Ceniza”, pero no te adelantamos más para no dar spoilers.


Por su parte, la cinematografía juega un papel muy importante para crear tensión aún en momentos donde los chistes quieren predominar pero la situación se ha tornado sombría. El director de fotografía Pedro Gómez Millán se ha influenciado de los remakes anteriores, donde las tomas circulares y los primerísimos planos son parte importante de la narrativa cinematográfica. Por otro lado, y aún siendo muy cercana a la original, el diseño de producción para mantener la película completa dentro de una sola locación es muy inteligente, sintiendo la claustrofobia y desesperación constante, pero evitando encacillarlo hasta llegar a un nivel que parecería más teatro que cine. 

Lo que me parece una opción pobre y complaciente es el hecho de que (spoiler alert) toda la guerra que se desata es simplemente un "qué pasaría si..." al final. Es decir, todas las guerras, las verdades qeu salieron y las lágrimas derramadas no pasaron en realidad, pues cuando uno de los personajes dijo que no quería jugar el juego, aparentemente no lo jugaron, y todo lo que se ve en la película es lo que pasaría si se hubiese jugado. Es un final muy fácil que lo hacen con la moraleja de que es mejor guardarse los secretos para evitar que las relaciones se destruyan. Pero es un final que llega y es confuso, no tiene muchas explicaciones, y aún peor lo hace simplemente para no darle ningún problema final a ninguno de los personajes, y todas las guerras que vimos fueron solo una buena pesadilla.

Esta versión de Perfectos desconocidos se mantiene demasiado cerca de sus antecesoras, a pesar de agregarle aspectos culturales y sociales de la nacionalidad donde se desarrolla. Incluso trata de ser incisiva al coquetear con temas como la creencia en Dios o mediante diálogos provocadores para el sector conservador; sin embargo, no importa en cuantos idiomas, dialectos o culturas la quieran narrar, la fórmula es la misma y, por ende, la están desgastando de manera innecesaria. Lo bueno a destacarle es que se pasa un buen rato antes de que llegue el final.



Crítica Cinéfila: The Wife

Joan Castleman (Glenn Close) es una buena esposa, de belleza madura y natural, la mujer perfecta. Pero lo cierto es que lleva cuarenta años sacrificando sus sueños y ambiciones para mantener viva la llama de su matrimonio con su marido, Joe Castleman (Jonathan Pryce). Pero Joan ha llegado a su límite. En vísperas de la entrega del Premio Nobel de Literatura a Joe, Joan decide desvelar su secreto mejor guardado.



Entre muchos temas que puede narrar una película, las relaciones entre personajes el el que siempre está presente. Pero cuando esa es la temática principal, las emociones y el género parecen hacerse más fuerte si se cuentan bien, y cuando se tiene actores como Glenn Close y Jonathan Pryce, complementados por la estructura narrativa de Jane Anderson, se logra acercar a una pieza maestra.

En The Wife, Joan y Joe son una pareja que parecen vivir una vida de pareja sencilla pero sin achaques. Cuando Joe recibe la noticia de que será condecorado con el Premio Nobel de Literatura, Joan lo recibe con mucha alegría, y ambos se preparan para asistir a la entrega de medallas en Suecia. Pero mientras pasan los días, es aún más notorio cual es la opinión de Joan sobre esto. Ella no desea ser mencionada en el discurso de agradecimiento, y aún más importante, prefiere quedarse en las sombras que ser iluminada por un reflector por ser la esposa de Joseph Castleman. Entre flashbacks y momentos incómodos, se van reflejando las verdaderas razones de sus sentimientos. Quien alguna vez fue estudiante de Joseph a finales de los años 50, se convirtió con el tiempo en quien le revisaba, corregía y hasta escribía sus historias.


The Wife es una película que muchas esposas deberían ver, porque las obligaría a prestar más atención a su relación de pareja y descubrir el valor que se le ha dado en la relación. La temática que explora se enfoca en cómo las esposas cargan con los trabajos físicos y emocionalmente forzados que ocurren en la casa, mientras que los hombres se llevan el mérito externamente por ser quienes dan el apellido a la familia y, por tanto, quienes son la imagen. 

Aquí, los personajes dejan en claro esos clichés de pareja, pero con un tono bien realista: donde la esposa se calla muchos dolores de cabeza y engaños, mientras el esposo asume que no ha hecho nada malo; donde la esposa es la que siempre lleva los lentes del esposo en la cartera, mientras el esposo quiere controlar como si ella fuera uno de sus hijos. Es una nota en la que muchas parejas de seguro se sentirán identificadas o representarán personas que conocen en la vida real.

Glenn Close es el diamante principal de la película: con una actitud pasiva y unas miradas que dicen mucho más de lo que parece, representa a las esposas maltratadas emocionalmente, que ha tolerado los abusos sentimentales de su esposo por la simple razón de querer permanecer a su lado, pero cuando finalmente abre los ojos, el adios lo da tan repentino que ni la audiencia se lo está esperando. Close interpreta a Joan con mucha formalidad y distancia del mundo a nivel general, queriendo decir que el papel de esposa es secundario, a pesar de estar al lado del esposo. Su comportamiento, sus silencios y la explosión que finalmente tiene en el tercer acto son la razón principal por la que esta actriz ya ha ganado Mejor Actriz en los Golden Globe Awards y Critics Choice Awards por esta película. 


Por supuesto, hay demás personajes que no se pueden dejar de destacar, como Jonathan Pryce en su papel como Joe, las versiones jóvenes de Joan y Joe (Annie Starke y Harry Lloyd), Max Irons como el hijo de Joe y Joan, entre otros actores y actrices que le fueron agregando esa tonalidad realista y dramática a la historia, comportandosé como un solo ritmo a lo largo de la película. 

Jane Anderson es una de las que también merece mucho reconocimiento por este trabajo, quien decidió crear una estructura narrativa que solo iba dejando pequeñas pinceladas de cómo la relación de Joe y Joan ha evolucionando a lo largo de los tiempos. Ella crea una línea cronológica desde los años 50 hasta los años 90 (cuando Joe recibe el premio Nobel), y a pesar de que se mantiene en el orden real, las cartas se van poniendo sobre la mesa de manera lenta y cuidadosa para crear esa sorpresa y desilución, pero sobretodo para que la audiencia entienda por lo que Joan ha tenido que pasar antes de convertirse en la esposa oficial de Joe. Por otro lado, la banda sonora es el complemento ideal para mantener el ritmo y las emociones a flor de piel que se establecen en esta trama.

La película se narra como una novela literaria, agregándole a cada capítulo el repertorio de gestos, miradas y frases entredichas de Glenn Close para establecer cuales son los conflictos de esta pareja. Su rostro anguloso se convierte en un imán, un paisaje que ocupa toda la superficie significante de la pantalla: hay otros actores, y alguno tan bueno como Jonathan Pryce en el papel del escritor premiado, pero incluso su impecable forma de componer un gigante artístico de pies de barro palidece al lado del recital, a la vez contenido y explosivo, que aloja el rostro de Glenn Close. 

The Wife es un romance que se va desplomando a tragedia, dando esa bofetada realista de que las esposas se quedan en las buenas y en las malas, aún con todas las maldiciones que le han tirado a sus esposos en su cara y a sus espaldas. Es un drama que busca dejar sobre la mesa todas esas piezas destrozadas que los matrimonios bien lustrados tratan de ocultar con los años. Se trata sobre el amor condicionado y el compromiso que las parejas mantienen, aunque los años les digan que es mejor que estén separados.


viernes, 11 de enero de 2019

Crítica Cinéfila: Escape Room

Seis desconocidos se encuentran en una habitación mortal en la que deberán usar su ingenio para sobrevivir.



Lo diré desde el principio: Escape Room no es lo que cualquiera creería al ver el trailer. Muchas veces, cuando Hollywood trae películas de este estilo (que son de terror, pero parecen vender todo el terror en sus trailers), uno va al cine con la mentalidad de que no será buena. Y es bastante placentero salir con otra mentalidad de vez en cuando. Desde mi punto de vista, Escape Room logra lo que en vida real debe lograr: la desesperación de simplemente querer encontrar la salida.

La historia se enfoca en principio en tres personas: una joven estudiante que no dedica su tiempo a otras cosas que no sean a sus estudios; un joven que trata de mejorar en su trabajo a pesar de los prejuicios; y un exitoso hombre que se ha establecido exitósamente en los negocios convirtiéndose en un obsesionado con el trabajo. Los tres reciben una caja que, una vez logran abrirla, tiene una invitación para un escape room, ofreciéndole 10,000 al que logre salir de la última habitación. Inocentemente, estos se reunen junto con una veterana de guerra, un aficionado de casas de escape, y un ex-minero, quienes han sido atraídos por la emocionante suma que se ofrece. Lo que no saben es que el juego iniciará antes de que ellos puedan entender que sucede, encerrándolos en habitaciones en los que salir con vida es el verdadero premio mayor. 


Lo más sorprendente de esta película es la manera tan inteligente en la que se van descubriendo aspectos importantes para los personajes, y esto es gracias a detalles que la habitación esconde con el gran objetivo de provocar a los protagonistas y ver si estos logran reaccionar a tiempo o continuar con la tarea de vida o muerte que se les ha puesto en su camino. Aquí, la agilidad y el trauma de cada uno puede ser utilizado en conjunto para salvarlos a todo, pero esto no será algo que el antagonista les obsequiará, pues si ellos quieren pasar a la siguiente habitación, siempre habrá un sacrificio, y con excepción del que se delata en el trailer, los demás son completamente inesperados.

Es importante reconocer el trabajo de desarrollo de personajes que se ha realizado. A pesar de las muchas coincidencias que se desatan en una sola escena, los guionistas en conjunto con Adam Robitel (The Taking of Deborah Logan -2014-, Insidious: The Last Key -2018-) logran que cada personaje pueda ser destacado por sí solo, otorgándole una historia de fondo que funciona como su debilidad y cómo lo que en muchas ocasiones les salvará la vida. 

Por otro lado, la complejidad y el diseño de producción de las habitaciones de escape son el verdadero atractivo, diseñados para que se preste mucha atención, pero con la extremidad letal de una película de terror. Sin embargo, estos se enfocan más en activar la inteligencia de los protagonistas, sin necesidad de enseñar la manera tan brutal en la que cada uno fallece. Se mantiene en la tonalidad de un thriller, con excepción de los jumpscares adoptados. Así mismo, esto es complementado por una banda sonora que sirve para crear esa tensión y desesperación de salir que cada uno de los protagonistas tienen, y que llegan a un punto de quiebre en un cierto momento de la historia.


El aspecto insalvable y que la película no pueda ser considerada mejor de lo que ya es, es el final, cuando ya se supone que todo a terminado, pero que de manera forzada quiere establecer la posibilidad de una secuela siguiendo a los que sobrevivieron y por supuesto agregando a más víctimas a la lista. Es un aspecto que películas como Final Destination, Saw y Hostel. Lamentablemente, es un estilo que ya está siendo agotado y que muchas personas ya no están interesados en seguir, debido a la poca conexión que se crea entre los personajes (como sí lo logran películas como The Purge). En este caso (y spoiler alert), el único común denominador entre los personajes es que son los únicos sobrevivientes de accidentes que vivieron de manera particular, y esto representa el último llamado de la muerte hacia ellos.

No obstante a esto, la película resulta ser entretenida, causa la suficiente tensión para hacerle justicia a su género y es lo suficientemente inteligente para hacer que la audiencia también piense bien sus respuestas. No será la mejor película del mes, pero vale la pena verla.


Crítica Cinéfila: CAM

Alice (Madeline Brewer) es una cam girl que trabaja en un website para adultos y que intenta mantener su vida privada al margen. Un día, cuando intenta acceder a su cuenta, descubre que alguien está utilizando su perfil: una réplica exacta de ella misma. 



Quizás muy pocos se percaten de esta realidad, pero el internet y las redes sociales obtienen mucha información sobre nosotros. Al punto en que si un día alguien accede a alguna de tus cuentas, esto podría desequilibrar tu vida privada. Esta es una de las razones por la que la película CAM resulta lo suficientemente controversial.

En este caso, una joven llamada Alice mantiene su trabajo de manera secreta: en una página llamada CAM es conocida como Lola, donde todos los días posa por live-video con una temática diferente, y sus seguidores le pagan para que haga diferentes cosas (ya sea sexuales o no) durante el live. Ella tienen la meta de llegar a estar en el Top 50 en esta página; y a pesar de los muchos intentos, parece que la forma más atractiva es haciendo el vibrator, cuya intensidad es controlada por lo que paguen sus espectadores. Días después cuando finalmente pasa del Top 50, se da cuenta de que su cuenta está en Live. Ella piensa que están pasando un video repetido, y cuando trata de acceder, se le niega el acceso. Pronto se entera que su cuenta ha sido replicada por alguien más que ha creado su imagen de manera virtual, y si quiere recuperar el acceso tendrá que llegar a juegos extremos.

Escrita por Isa Mazzei y dirigida por Daniel Goldhaber,  CAM  es una inmersión fascinante y surrealista en el complejo universo de las plataformas sociales y la vida intrincada e infravalorada de una trabajadora sexual. En un mundo en el que casi todas las personas, o al menos cada persona con un teléfono inteligente, tiene una cuenta de Twitter, una de Instagram o una de Facebook, solo tiene sentido que la industria del sexo se suba al carro y se tambalee para que los clientes mantengan conversaciones convenientes con mujeres hermosas a cambio de un empleo remunerado. Al proporcionar una visión imparcial de la rutina diaria de la modelo Alice y sus frenemies 'Baby ( Imani Hakim ), Fox ( Flora Díaz ) y PrincessX (Samantha Robinson vive, CAM muestra cómo las trabajadoras sexuales realmente no son tan diferentes del resto de nosotros, destacando así la manera ridículamente anticuada en que la sociedad trata de separarse de lo que una retórica cristiana muy básica considera una forma pecaminosa de ganar dinero.


Por supuesto, la razón principal por la que esta caída por el agujero del conejo es tan fascinante se debe a la actuación muy personal de Madeline Brewer (The Handmaid Tale), que permite a la audiencia relacionarse con una circunstancia que tal vez nunca hayan considerado previamente. Aquí, Brewer ha tomado una historia polarizadora sobre un tema tabú y lo ha convertido en un comentario significativo sobre la adicción de la sociedad a las redes sociales y la gratificación instantánea, especialmente dado que Brewer no tiene una formación profesional como actor y acaba de ingresar al juego, con su primer papel en 2013 como Tricia Miller en Orange es New Black. Su rango es evidente en este thriller muy estilizado mientras flota de un lado a otro entre la Alice que se muerde las uñas que le presenta a su amada madre y su hermano en la casa, y la escaladora juguetonamente salvaje y hábilmente feroz en la que se convierte una vez que toma el título de Lola, la chica de la cámara. La fuerza y ​​la vulnerabilidad entre las que se mueve con gracia crea un ser humano empático con el que es difícil no relacionarse. Brewer es una apasionante entusiasta, y este podría ser su mejor papel hasta ahora.

Lo que resulta más interesante es que Brewer estuvo en la famosa serie Black Mirror (3ra temporada, episodio #5); sin embargo, los papeles no tienen comparación. Aquí, se apodera del personaje de Alice, y se aleja del papel cliché de niña fresa y sumisa cuando hace de Lola. Los juegos van a un nivel de vida o muerte (con falsos resultados), y se explica que si ha llegado a hacer esto es por la necesidad de querer seguir adelante,  y no tener que depender de su madre, pero reconociendo que es el tipo de trabajo que su madre no estaría orgullosa; por eso está tan empeñada en llegar a una buena posición, para que su madre pueda ver el trabajo ardúo que ella le ha dedicado. A su vez, también presenta las obsesiones por las que pasan estas personas: la competencia entre ellas mismas, la necesidad de alcanzar cierto punto o posición, los fanáticos que van creando y que hacen lo que sea por ellas.


CAM no solo muestra la forma en que las trabajadoras sexuales son subestimadas y examinadas injustamente, sino que también expone la forma aterradora en que la policía maneja las denuncias de abuso sexual. Hay una escena en la película en la que Alice llama a la policía e intenta explicar cómo un extraño le ha robado su identidad, pero cuando los policías aparecen, no la toman en serio, despojando de todo el incidente, incluso un oficial llegó tan lejos como para acercarse a Alice y preguntarle si alguna vez se encuentra con sus clientes en la vida real. Es un momento enfermizo, pero necesario, ya que resalta con qué frecuencia las personas en el poder que no creen que estas mujeres pueden ser abusadas sexualmente no tienen en cuenta los reclamos de agresión de una trabajadora sexual.

Quizás lo más importante temáticamente es que esta es una película que nos muestra a todos una cultura obsesionada con Internet, y cómo las redes sociales distorsionan nuestra percepción del mundo en la medida en que ya no podemos distinguir la fantasía de la realidad. Cuando creamos personas en línea, sin importar de qué tipo de cuentas puedan estar, solo estamos mostrando un lado de nosotros mismos, y la Lola de Alice es solo una exageración de esa idea. Nos plantea la cuestión de cuánto poder realmente estamos dándoles a estas caricaturas, y por qué buscamos tan desesperadamente la aprobación de extraños que estamos dispuestos a pasar horas mejorando  en personajes ficticios por la mera recompensa de varios "me gusta". Es un fascinante estudio de personajes que cobra vida con el guión de Mazzei y la aguda dirección de Goldhaber.

El único problema real con el debut como director de Goldhaber es cómo el doppelganger de Lola parece ser. La audiencia se entera de que este demonio ha devorado personas en línea antes, robando identidades y engullendo las manijas sociales de las niñas por docena, pero ¿dónde se originó exactamente la entidad? ¿Cómo funciona exactamente y cuál es su objetivo final? ¿Cómo está conectado uno de los acosadores en línea espeluznantes de Lola, Tinker ( Patch Darragh ) a esta criatura? 

A pesar del hecho de que estas preguntas nunca reciben la suficiente respuesta, CAM aún se las arregla para ser una mirada cautivadora al mundo de las trabajadoras sexuales, y una conversación importante acerca de nuestra peligrosa tendencia a percibir lo que vemos en línea como la vida real y las consecuencias de Tales suposiciones irracionales.


Crítica Cinéfila: If Beale Street could talk

Basada en la novela de James Baldwin, sigue a Tish, una mujer de Harlem embarazada y recién comprometida, que lucha contrarreloj para demostrar la inocencia de su pareja.



Barry Jenkins tiene un estilo cinematográfico muy particular: es fácil darse cuenta que una película ha pasado por sus manos, pues la obra en su totalidad se comporta de una manera armoniosa que provocaría hasta celos en aquellos que han intentado lograr algo similar. El ha encontrado la forma de mezclar cine y poesía en un solo lugar, y congeniarlos con una naturalidad que es imposible no llorar con las emociones que transmiten sus personajes. 

If Beale Street Could Talk es una adaptación del libro de James Baldwin, un novelista y crítico social, amigo cercano de Malcolm X y Martin Luther King Jr., y por tratarse de un luchador por los derechos civiles de las personas de color, esta historia se enfoca en esa temática, pero más enfocada en los adentros de una familia de color y cómo una fuerza racista externa crea un gran conflicto que casi no tiene solución. 

Fonny y Tish están enamorados, y esto los protege de sus respectivas familias y del mundo exterior hasta que Fonny es falsamente acusado de violación. Es encarcelado y recluido antes del juicio. Tish descubre que está embarazada y su familia, a pesar de que les preocupa que sea muy joven para tener un hijo, le brinda apoyo. Así todos comienzan a ayudarle, consiguiendo un abogado para defender a Fonny, con la esperanza de encontrar pruebas y un testigo que le permita ser liberado antes de que nazca el bebé.


Jenkins utiliza esta novela de Baldwin (que les aseguro es tan profunda y emocionante como la película) y fue pasando verso tras verso con una calma y delicadeza que casi gritaba todo lo contrario. A pesar de la forma tan dramática y puntualizada en que cada línea era pronunciada, a su vez se sentía el contraste y la fuerza de esa actitud que cada personaje escondía tras su participación en pantalla. El diálogo está construído para que se asimile a un discurso de los años 60, enfocándose en cómo el racismo era casi inevitable, y cómo la gente blanca siempre encontraba la manera de hacerle la vida imposible a las personas de color.

A nivel general, el guión ha sido desarrollado para ir explicando la historia de una manera fuera de lo tradicional: en vez de contar todo de forma lineal, se enfoca más en la relación de Tish y Fonny y a partir de ahí van saliendo los problemas que los rodean, las intenciones de muchos para separarlos, y cómo ellos lograron seguir amándose a pesar de las distancias y dificultades de por medio. Y a pesar de que reconozco que el guión es lo más cerca a una obra maestra de calidad increíble, quienes se roban el estrellato son los actores que encarnan cada uno de los personajes: Regina King como la madre que lucha por ayudar a su hija y hace hasta lo imposible para que se haga justicia; Kiki Layne hace su debut como actriz principal encarnando a la novia que debe mantenerse fuerte por su pareja, y seguir con los procesos de su embarazo y del juicio de su amado; y Stephan James como el novio que vivía limitado por las situaciones raciales y que luchaba consigo mismo para no descargar su furia sobre el tema en personas que no tenían que ver con eso. La química entre James y Layne es una de las armas mortales de Jenkins, con una fuerza de encantamiento que enamorarán hasta los más fríos de corazón. El resto del elenco solo continúa la magia en una historia que, a pesar de las tragedías, demuestra que todavía es posible la entrada de algunos rayos de esperanza.


La fotografía y la banda sonora son dos aspectos que Jenkins vuelve a utilizar de manera muy similar a como lo hizo en Moonlight: enfocado en tomas de primer plano y con composiciones que ponen la piel de gallina, con el objetivo claro de mantener la emocionalidad y dramatismo en cada secuencia, flashback y escena de fantasía. Es parte importante de su cinematografía pues ha sido un estilo establecido que le ha permitido mantener su narrativa como el tope y ser complementada por estos aspectos técnicos que completan la historia como una sinfonía. 

Y por supuesto, no se puede dejar de mencionar el diseño de producción, otro aspecto que se trabaja con mucha delicadeza y atención, en donde cada detalle es importante a destacar, ya que el vestuario representaba la personalidad de cada uno de los personajes o gritaba alguien que estos intentaban ser y que su misma realidad les decía otra cosa. Las escenografías fueron cruciales para establecer el tiempo en que se desarrollaba esta historia y, a la vez, el estatus socioeconómicos de los mismos, sin darle mucho enfoque a esto, pero sin dejarlo en el aire.

If Beale Street Could Talk es arte y grito social a la vez. Es necesidad de lucha sin una gota de sangre. Es amor y lágrimas por muchas razones en conjunto. Pero aún más importante: es una obra que llama la atención desde su primera escena hasta la última antes de los créditos, con la intención de decir "no importan cuantos problemas hayan de por medio, si se quiere algo, se mantiene sin importar los problemas". Que grande eres, Jenkins.


jueves, 3 de enero de 2019

Crítica Cinéfila: Todos lo saben

Laura viaja con su familia desde Buenos Aires a su pueblo natal, en España, para asistir a la boda de su hermana. Lo que iba a ser una breve visita familiar se verá trastocada por unos acontecimientos imprevistos, que sacudirán las vidas de los implicados.



Hay un giro en "Todos lo saben" que no se sentiría fuera de lugar en una telenovela. Sin embargo, bajo la dirección del escritor y director iraní Asghar Farhadi, es solo una pieza más de un intrincado rompecabezas. Al igual que con todos los dramas que ha producido en la última década ("A Separation", "The Past" y "The Salesman"), la primera película en español de Farhadi explora las fisuras de los vínculos familiares cuando amenazan con desmoronarse; nuevas grietas siguen apareciendo en lugares inesperados, algunas más resonantes que otras, pero son meras embarcaciones para una inmersión fascinante en los peligros de la información oculta.

Aumentando la apuesta inicial con la explosiva química de Javier Bardem y Penélope Cruz, Farhadi también ha encontrado el género más accesible para su narrativa embriagadora hasta la fecha: el molde de suspenso de un thriller de secuestro. Como de costumbre, Farhadi construye su dilema alrededor de un incidente repentino e incitante: poco después de que Laura (Cruz) llega de Argentina para visitar a su familia para asistir a la boda de su hermana, su hija adolescente Irene (Carla Campra) desaparece de su habitación en la noche. Eso deja a una frenética Laura a merced de Paco (Bardem), quien supervisa el viñedo familiar y estuvo involucrado románticamente con Laura hace mucho tiempo. Los incidentes locales sugieren que no pueden acudir a la policía, no sea que los secuestradores maten a Irene de inmediato.


Es una configuración tensa que corre el riesgo de virar hacia un territorio débil, pero Farhadi revela lo suficiente sobre detalles para detenerse en momentos individuales y descansar sobre observaciones más íntimas. Dentro de los límites de este escenario familiar, el cineasta extrae observaciones notables sobre el impacto de la clase y el estado en circunstancias extremas. Inicialmente, Paco sospecha de los trabajadores en su viña, y hay una marea de resonancia en los momentos de silencio cuando mira a los hombres en el campo. La predilección de Bardem por exhibicionismo está cristalizada por las emociones paradójicas en su rostro. Pero así como ese camino conduce a una posibilidad, otra línea se introduce en la narrativa desde una dirección diferente, con la llegada del esposo de Laura, Alejandro (un Ricardo Darin despeinado, magnífico como siempre), desempleado y oprimido.

A medida que se filtra nueva información sobre las relaciones anteriores, "Todos lo saben" se enfoca menos en la niña desaparecida, y le da razones para prestar mayor atención a la relación de Paco y Laura. Si bien Farhadi puede estropear la sutileza de su material al revelar demasiados detalles en el tercer acto, ninguna de las revelaciones en "Todos lo saben" es tan importante como la forma en que dejan a estos personajes en estados conflictivos. Farhadi desata su poder de estrella: Cruz pasa la mayor parte de la película ensanchando los ojos y desgarrando el terror, aunque obtiene un monólogo convincente que ayuda a calmar la transición a un territorio narrativo más complicado sin destruir toda la empresa. Sin embargo, la película pertenece a Bardem.


El guión de Farhadi nunca se queda quieto. Esboza detalles de diferentes generaciones de esta familia, que alguna vez fue rica, incluido el padre crudo de Laura, Antonio (Ramón Barea), quien forza algunas tensiones latentes entre otras figuras a la superficie, y varios parientes más jóvenes que acechan en las esquinas. Como espectadores, nos vemos obligados a jugar junto con el resto del reparto, y contemplar las posibilidades a medida que surgen nuevas informaciones, y hay una patada retorcida al desafío de tratar de adivinar cada momento.

Hay una cualidad teatral en la escritura de Farhadi que a veces supera su dirección, pero aún es un cineasta, y complica su enfoque manipulador con un sentido visual sorprendente que siempre deja en claro que tiene más en mente que la resolución. Desde las primeras imágenes de una polvorienta torre del reloj con un panel agrietado, donde las palomas vuelan dentro y fuera de su sombrío interior, la película enfrenta las formas en que la dinámica intrincada del comportamiento de décadas de antigüedad puede informar el presente. Eso solo puede no ser una observación sofisticada, pero Farhadi sigue girando esos engranajes en busca de posibilidades más profundas. Una vez más, ha entregado una meditación provocativa sobre la dinámica de la comunicación. El conocimiento es poder, pero en "Todos lo saben", nadie está seguro de toda la verdad.



Everybody Knows
Título en español: Todos lo saben

Dirección: Asghar Farhadi
Producción: Álvaro Longoria, Andrea Occhipinti, Alexander Mallet Guy
Guion: Asghar Farhadi
Música: Javier Limón
Fotografía: José Luis Alcaine
Montaje: Hayedeh Safiyari
Reparto: Penélope Cruz, Javier Bardem, Ricardo Darín, Eduard Fernández, Sara Sálamo, Inma Cuesta, Bárbara Lennie, Elvira Mínguez, Ramón Barea, Carla Campra

Crítica Cinefila: Vice

Explora la historia real sobre cómo Dick Cheney (Christian Bale), un callado burócrata de Washington, acabó convirtiéndose en el hombre más poderoso del mundo como vicepresidente de los Estados Unidos durante el mandato de George W. Bush, con consecuencias en su país y el resto del mundo que aún se dejan sentir hoy en día. 



Cuando Adam McKay hizo la película The Big Shot en el año 2015, lo hizo con una táctica que solo pocos estaríamos reconociendo: marcando un estilo de contar una historia. Con una efectiva narración en off y la marcada línea de tiempo que narraba cómicamente un hecho real, McKay llamaba la atención de una audiencia con hambre de conocimiento y verdad. Hoy regresa a los cines con el mismo estilo y una historia que deja aún más preguntas de las que ya habían. Esto es Vice.

En el año 2001, George W. Bush ganó las elecciones de los Estados Unidos y se convirtió en el presidente #43. Uno de los rostros que trajo a la Casa Blanca fue Dick Cheney, pero este no era nuevo en estas oficinas. Cheney había pasado por un sinnúmero de roles en la Casa Blanca: desde pasante de Donald Rumsfeld, hasta auxiliar de Gabinete presidencial, Jefe de Gabinete, Miembro de la Cámara de Representantes y Secretario de Defensa. Cada una de estas posiciones le habían enseñado a Cheney lo importante que era estar en el poder, pero sobretodo cuáles eran las verdaderas posiciones de poder. Y cuando Bush se le acercó con la propuesta de que fuese su VP, Cheney le presentó sus condiciones, las cuales incluían un sinnúmero de libertades y accesos que ningún Vicepresidente había tenido previamente.

Adam McKay se hace cargo del guion de esta película, presentando una historia que en ningún momento pretende humanizar el personaje de Dick Cheney. Muy por el contrario, enseña las pocas verdades que han podido conocerse de este político, incluyendo su participación en la guerra de Iraq. McKay escribe un guion lleno de sátiras y referencias shakesperiana con el fin de suavizar una historia que es imposible de digerir sin pensar en todas las muertes que ese gobierno provocó. Además, lo presenta con mucha inteligencia, dejando a un lado el orden cronológico exacto, y dando los primeros minutos de la película con algunas de las decisiones emblemáticas de Cheney, así como un retrato comparativo del gran cambio que dio Dick Cheney desde el hombre que era en los años 60 al político que fue naciendo y se convirtió en principios del 2001.


Christian Bale es un actor ambicioso, que cuando se entra en la piel de un personaje, lo hace con mucha dedicación. Lo ha demostrado en ocasiones anteriores, y aquí lo vuelve a hacer. Era difícil imaginar a este actor en la piel de Dick Cheney, por las obvias razones de 1) la diferencia de edad y 2) ¡es Christian Bale! Sin embargo, McKay ya había trabajado anteriormente con este actor, y sabía la profesionalidad con la que entregaba sus roles, por lo que él sabía que Christian asumiría el cambio físico de aproximadamente 60 libras más el maquillaje constante para ir presentando el cambio del personaje a lo largo de los años. Así mismo, Bale presenta una de sus mejores actuaciones, con una encarnación de gestos, miradas e incluso pausas que solo el mismo Dick Cheney podría reconocer.

La relación más importante de esta película es de Cheney con su esposa Lynne, encarnada por Amy Adams, quien no solo fue responsable de abrirle los ojos a Dick y empujarlo a ser el hombre en que se convirtió, sino también era su consejera personal y la única persona que estuvo al lado de él en cada una de las decisiones que fue tomando a lo largo de su trayectoria política. Amy Adams y Christian Bale presentan una química potente, opacando otros personajes, pero no cegando sus acciones por hambre de poder.

Del mismo modo, hay que resaltar las actuaciones de Steve Carell (como Donald Rumsfeld) y Sam Rockwell (como George W. Bush), quienes no solo tuvieron una transformación física increíble para encarnar a sus personajes, sino también por la actitud enn la entrega de sus acciones y líneas, donde mostraban la personalidad que suponía cada uno tener, y cómo estos fueron testigos y, hasta en cierto sentido, víctimas de Dick Cheney.


Otros detalles que regresaron de Adam McKay fue el estilo cinematográfico documental, dándole un aspecto realista, y a la vez satirisado, de cada una de las escenas, incluyendo los momentos frizados de las tomas, slow motion y el uso de captions para identificar/explicar lo que sucedía en cada secuencia. 

Un aspecto importante es la voz en off, que complementaba las secuencias para ayudar a la audiencia a entender los sucesos históricos, a cargo de Jesse Plemons, quien como narrador había anunciado inteligentemente ser alguien muy cercano a Dick, y mientras muchos esperábamos que dijera ser un nieto o sobrino, al final terminó siendo la persona que le donó el corazón que recibió el político en el año 2012. Esto hizo aún más gracia porque durante toda la película Dick se caracterizó por siempre anunciar cuando necesitaba ir al médico porque estuviese teniendo un ataque al corazón o problemas de salud a nivel general.

Al principio de Vice, el director deja dicho que hizo lo mejor que pudo para averiguar toda la verdad sobre Dick Cheney, pero independientemente que lo sea o no, la película resulta ser lo suficientemente entretenida para que hasta los no muy fanáticos de la película se acerquen al cine y se dejen llevar por esta historia. Es transparente y a la vez tiene muchas agallas para gritar todas las verdades que saca a la luz, sobretodo para destacar que Dick Cheney fue uno de los personajes más poderosos de la historia estadounidense. Todos se enfrentaron a sus desafíos individuales en todos los ámbitos, ninguno de ellos fácil, para lograr colectivamente una sátira política que provoca grandes risas y golpea con algunas verdades trágicas.



Vice

Ficha técnica

Dirección: Adam McKay
Producción: Brad Pitt, Dede Gardner, Jeremy Kleiner, Megan Ellison, Kevin J. Messick, Will Ferrell
Adam McKay
Guion: Adam McKay
Música: Nicholas Britell
Fotografía: Greig Fraser
Montaje: Hank Corwin
Reparto: Christian Bale, Amy Adams, Steve Carell, Sam Rockwell, Tyler Perry, Lily Rabe, Alison Pill, Jesse Plemons

Crítica Cinéfila: Black Mirror Bandersnatch

En 1984, un joven programador intenta adaptar una caótica novela de fantasía a un vídeojuego. Un desafío alucinante que le llevará a cuestionarse la realidad que le rodea. 



Los videojuegos e incluso los parques temáticos ofrecen el juego interactivo desde hace muchos años, tanto así que las principales apps para celulares se tratan normalmente de este comando. Ya era hora para que el cine también comenzara a ser más interactivo. Y lo hace con un universo que se ha destacado desde sus inicios en la presentación de las nuevas tecnologías como una forma de evolución y autodestrucción de la humanidad a la vez.

Está es la primera película interactiva, desarrollada en el universo/estilo de "Black Mirror" y dirigida por David Slade, en la que el espectador puede tomar decisiones que cambian el rumbo de la historia, con más de cinco finales posibles y 300 minutos filmados en total. También existe la opción de ver la película sin tomar ninguna decisión, lo que da como resultado un film de 90 minutos. ¿Pero por qué elegir esa opción cuando puedes ser tú el director de esta película?

La historia se enfoca en Stefan, un joven creador de videojuegos que finalmente recibe una oferta de producción en una de las compañías de videojuegos más poderosas de Inglaterra, Tuckersoft. Stefan sueña con adaptar el libro Bandersnatch (un libro estilo "choose your own adventure", escrito por Jerome F. Davies). Cuando finalmente recibe esta oferta para producir el videojuego, su vida será envuelta en una serie de decisiones donde la audiencia será que determinará el camino/opción es la mejor para él.


Basándome en mi experiencia personal de "Choose your own adventure", como Dungeons and Dragons y The Siblings Trouble, el atractivo de elegir la decisión que deberá tomar el personaje es muy interesante, y a pesar de que llega a un punto en que parecería ser predecible si se elige una opción en específico, llega a sorprender, enseñándole a la audiencia si las decisiones que toma en la vida son buenas o malas. No obstante, parece que las decisiones que tome Stefan siempre tratarán de estar a un paso de la realidad, pues no importa cuantas veces vuelva a iniciar y trate de tomar otras opciones, si su videojuego no será exitoso, nunca lo será y fin de la historia. No obstante, el acercamiento a los finales lleva al expectador a través de diferentes secuencias, dando una experiencia diferente y, en ocasiones, más placenteras, sobretodo en esos momentos donde normalmente la audiencia cuestiona la inteligencia del personaje. En esta ocasión, la audiencia deja de cuestionar y decide por el personaje. Es verdad que si no decides a tiempo, la película decide por ti; sin embargo, da suficiente tiempo como para elegir una de dos y llevar a Stefan hacia un nuevo camino en su vida.

Todos los caminos son sumamente únicos. Yo hice la película siete veces, y en todas me sorprendió la nueva información que incluía la historia, desde ser enviado a la carcel por asesinar a su padre, saltar por un balcón bajo el efecto de una droga, descubrir que su padre ha escondido que su madre sigue con vida tras muchos años y que solo está experimentando con el cerebro de su hijo, y otros, todos llevando hacia el cuestionante final de si finalmente entregará el videojuego completo a tiempo o no. Es importante vivir cada uno de los finales para entender cuál es en realidad el mejor final de todos desde tu punto de vista. Desde el aspecto narrativo, la historia resulta simple en principio, pero la complejidad inicia a medida que la audiencia toma una decisión en vez de otra. No hay un camino sencillo para Stefan, y sin importar cuanto se intente por elegir el que supuestamente dará un mejor final, ninguno será como lo predices en su totalidad.


Mi mayor queja va hacia el personaje principal, presentado por Fionn Whitehead, a quien ya habíamos visto en Dunkirk. En esta ocasión, y no sé si será porque es un personaje más protagónico que el rol anterior, los momentos en que lo vemos solo se presentan muy sobreactuados. Los momentos donde la audiencia es quien elige su próxima acción desarrollaba una tensión innecesaria, en su mayoría fuera de lugar. Quizás es del momento de espera mientras la audiencia elige una opción, pero aún así parecía un mal momento por parte del actor. Quien verdaderamente entregó un excelente rol de personaje secundario fue Will Poulter, como un famoso diseñador de videojuegos; él es de los pocos actores britanicos que verdaderamente sabe entregar todo tipo de personajes, antagonistas en su mayoría, con una naturalidad y exclusividad que nunca deja de sorprender, en esta ocasión con un tono de voz al que le da para asumir una personalidad distinta en su personaje.

En cinematografía, la película asume el mismo estilo que Black Mirror ha asumido a lo largo de sus distintas temporadas, dando una tonalidad de color sombría y a la vez fría, con un acercamiento a los aspectos tecnológicos, pero sin dejar a un lado la escenografía y diseño de producción muy característica de la época de los años 80.

Lo que Charlie Brooker ha conseguido con el guion de Bandersnatch es revertir los conflictos de la serie y hacer de la tecnología un aliago para contar una historia intensa, oscura e inquietante. Es unna nueva forma de cine y una que seguramente otros copiarán. Quizás con una historia aún más prometedora pero con la inquietante realidad de que la industria está a punto de cambiar.



Bandersnatch

Ficha técnica

Dirección: David Slade
Producción: Russell McLean
Guion: Charlie Brooker
Música: Brian Reitzell
Fotografía: Aaron Morton
Reparto: Fionn Whitehead, Will Poulter, Asim Chaudhry, Craig Parkinson, Alice Lowe, Tallulah Haddon, Jonathan Aris, Paul Bradley, Alan Asaad, Suzanne Burden, Jeff Minter

jueves, 27 de diciembre de 2018

The Mule

 Earl Stone (Eastwood), un octogenario que está en quiebra, solo, y que se enfrenta a la ejecución hipotecaria de su negocio, se le ofrece un trabajo aparentemente facil: sólo requiere conducir. Pero, sin saberlo, Earl se convirte en traficante de drogas para un cártel mexicano, y pasa a estar bajo el radar del agente de la DEA Colin Bates (Cooper).



A sus 88 años, Clint Eastwood demuestra una vez más su talento en pantalla y detrás de cámara, trayendo a la vida a The Mule. Este hilo basado en una historia real acerca de un veterano todavía casi indigente que comienza a transportar drogas para un cartel mexicano, es atractivo, humorístico y, al parecer, bastante personal en la forma en que retrata a un hombre que hace un intento para mejorar como esposo y padre. El veterano de Eastwood, que busca buenos momentos, es un contraste temperamental con el insultante que jugó en el gran éxito de Gran Torino una década atrás.

Visto por primera vez con un sombrero para el sol y cuidando algunas flores en un invernadero, Eastwood se ve notablemente más viejo que cuando estuvo la última vez en la pantalla grande; camina lentamente, se ve un poco frágil y por primera vez carece de toda la impresionante estructura que ha tenido desde el principio de su carrera. Verlo participar en algo llamado la Liga Nacional de Daylily parece una broma.

Al darle vida a Earl Stone, muestra como este es despreciado por su familia inmediata, incluida su ex esposa Mary (Dianne Wiest) y su hija Iris (Alison Eastwood), a quien dejó plantada en su propia boda y todavía no puede perdonarlo. Parece que el hombre nunca estuvo allí cuando necesitaba estar y ahora está pagando el precio.

Pero lo peor está por venir para el viejo Earl cuando se queda sin dinero y lo echan de su vivienda. Sin embargo, Chance lo rescata cuando es contratado, en parte debido a su perfecto historial de manejo, para "simplemente conducir" a El Paso para hacer una entrega. Es el comienzo de un hermoso arreglo, por no mencionar lucrativo, y durante un buen rato se demuestra que es mutuamente beneficioso para el cartel (Earl es tan confiable en el trabajo como no estaba disponible para su familia) y para el mismo Earl, quien puede utilizar bien el dinero y eventualmente regresar a su casa.


Al mismo tiempo, los agentes federales en Chicago, liderados por un agente especial de la DEA a cargo (Laurence Fishburne), están tratando de atrapar a algunos narcotraficantes del cártel en el oeste, pero están sufriendo un período largo y seco. Puede tomar un tiempo, pero sabes que eventualmente los hombres de la unidad se cruzarán con el no sospechoso Earl, especialmente después de que un nuevo agente, Colin Bates (Bradley Cooper), suba a bordo.

Durante algún tiempo, el arreglo funciona maravillosamente bien: los narcotraficantes obtienen lo que quieren sin problemas, mientras que Earl recupera su equilibrio financiero y sobra lo suficiente para las damas que quiere en su vida. Aunque no es nada en comparación con los arrebatos del anciano hacia las minorías en Gran Torino, la nueva película presenta deliberadamente algunas de las anticuadas nomenclaturas de Earl, incluso hasta caer en momentos racistas y estereotipados.

El viejo Earl de repente lo está llevando bien, en la medida en que ayudar a su nieta con los gastos de la boda y puede financiar la reapertura de un bar de amigos; el éxito del acuerdo finalmente llega a la atención del jefe del cartel Laton (Andy Garcia), quien lleva a cabo reuniones de negocios en su finca mientras dispara con un rifle de oro macizo. A Laton le gusta tanto el viejo gringo que lo invita a una de sus grandes fiestas y le regala dos amigas para la noche (todo lo que pase está implícito pero, felizmente, no se ve). Pero, de repente, las cosas se van al sur, con nuevos supervisores desagradables que hacen que la vida sea miserable para Earl y la DEA cada vez más frustrada siente la necesidad de obtener resultados rápidos.


También hay malas noticias en el frente doméstico, ya que Mary se enferma. Cuando Earl, a modo de explicación y disculpa por no estar allí para ella cuando ella y la familia lo necesitaban, dice: "Pensé que era más importante ser alguien allá afuera", la sensación es ineludible de que Eastwood se esté dirigiendo a su propia persona, una inmersión constante en su carrera cinematográfica, incluso cuando dice que modelaba algunos de los hábitos del anciano según su propio abuelo.

La dirección de Eastwood despierta cierto suspenso a finales de los años; no hay garantía de que Earl salga de este lío con vida, ya que el director ha matado a su propio personaje más de una vez en el pasado. El clímax de la historia toma algunos giros y giros que son a la vez melodramáticos e inesperados, y el Earl generalmente prosaico finalmente concluye: "Pude comprar cualquier cosa, menos tiempo".

Pocos hombres importantes en la historia del cine han estado activos durante tanto tiempo (Eastwood hizo su debut en la pantalla hace 63 años), y probablemente ninguno haya tenido a la estrella por encima del título durante tanto tiempo. ¿Y cuántos directores modernos han hecho tantas películas como él? (Spielberg ha dirigido 31 durante un período similar). Eastwood ha hecho algunas películas flojas y demasiado largas a lo largo de los años, pero esta no es una de ellas, y aquí hay vitalidad visual como resultado de la primera colaboración entre el director y el director de fotografía canadiense Yves Belanger. También es fresca y bienvenida la discreta partitura del gran músico de jazz cubano Arturo Sandoval.

Menos molesto e incitante que Gran Torino, pero persuasivamente expresivo al mostrar los lamentos de un anciano junto con su deseo de superarse incluso a una edad avanzada, The Mule muestra que Eastwood todavía lo tiene, tanto como director como actor.