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jueves, 11 de junio de 2020

Crítica Cinéfila: Daniel isn't real

Luke sufre una serie de violentos problemas familiares que le hacen recuperar a su amigo imaginario de la infancia para poder superar el dolor. Dotado de un gran carisma y repleto de energía, Daniel ayuda a Luke a alcanzar sus sueños antes de obligarle a luchar desesperadamente por no perder su alma. 



¿De dónde provienen los amigos imaginarios? Para Luke, su amigo imaginario Daniel comenzó a existir cuando él fue testigo de un evento sangriento. Daniel fue su protector, asegurándole que siempre estaría con él. Sin embargo, la presencia de Daniel también parecía motivar a Luke a cometer actos en contra de su propia vida y la de su familia, lo cual hizo que su madre le obligara a "guardar a su amigo imaginario".

Años después, ingresado en una escuela preuniversitaria para poder aplicar a Derecho, Luke es un joven adulto solitario, acosado por alucinaciones pero reacio a recuperar la energía creativa que tenía hace mucho tiempo. Tras visitar a su madre, ahora con dificultades psicóticas, vuelve a liberar a Daniel, quien no solo le ayuda a recuperar la energía que le hacía falta, sino que lo impulsa para seguir adelante, socializar y hasta progresar en lo que realmente le apasionaba. Sin embargo y con la edad que tiene, la experiencia con Daniel es diferente, proponiéndole tratar de tomar control de su cuerpo, hacerse daño a sí mismo y recordar quién es el verdadero Dios que todo lo ve.

A principios, "Daniel isn't real" parece una historia sobre la psicología de los niños y cómo usan los amigos imaginarios a modo de auto-protección para no confrontar los miedos de su presente. Pero a lo largo que la historia avanza se va revelando la realidad de su entidad; de que a pesar de mantener la temática sobre cómo la imaginación infantil funciona en momentos de crisis, este ente supuestamente imaginario es mucho más diabólico de lo que uno podría creer. Así mismo se comporta las psiquis de los personajes creados por Adam Egypt Mortimer y Brian DeLeeuw, preocupados no solo por las debilidades y los conflictos que afrontan en sus tramas particulares, sino cómo se transforman a lo largo de la historia y se convierten en un solo ente psicológico existente que requiere un único final para cerrar sus capítulos. 

Allí juegan varios aspectos para lograr plasmar estas dificultades a lo largo de la película. El primero es responsabilidad de Mortimer, quien ha estado experimentando con el cine de terror desde sus inicios en la gran pantalla con Some Kind of Hate. Todas sus historias se conjugan en un mismo estilo: la exploración paranormal dentro del cambio psicótico de una persona. Pero a diferencia de sus demás historias, esta es más limpia y secuencial; hay aspectos investigativos que aunque no se alejan de la trama buscan la explicación que a muchos les gusta recibir cuando ven una película de terror de esta categoría. Gracias a su manejo de los actores y el regreso de DeLeeuw como su compañero narrativo, mantiene una lógica dentro de este culto misterioso a las fantasías mórbidas que surgen en la niñez y que continúan a lo largo de la vida hasta que reviven o simplemente quedan en el olvido.

El segundo se debe a la fuerte química entre Miles Robbins (Let it Snow) y Patrick Schwarzenegger (Midnight Sun), quienes muestran una dependencia mutua terrorífica. Estos han sido los personajes más significativos de sus carreras, y lo muestran con un talento progresivo que no desalienta. Es casi una competencia insistente entre ambos para demostrar cuál se ganará a la audiencia. La respuesta es obvia, pero el camino es interesante. Por un lado porque ambos justifican su lucha de superioridad sobre el otro al punto de que se cuestiona quién es la mejor persona para ser la verdadera sombra del otro, y porque dejan pistas de manera continúa en la trama para obtener ese tan esperado "ahhh" que busca con el twist.

Aunque la fotografía se muestra como una coreografía de los pasajes de estos personajes, con unos movimientos pacifistas que hacen contraste con las intensidades mentales que confrontan, la iluminación actúa como un papel muy importante en el tono y el ritmo de la historia, representando no solo el cambio de realidad a alucinación sino también jugando con el razonamiento de la audiencia para hacerte creer lo que el tintineo de las luces logran enseñar, sin imaginarse que en un microsegundo parece ser parte de una pesadilla desenfrenada. El iluminista Seth Coleman es responsable de esta tortura por escena, utilizando colores brillantes, adaptándose a la cultura moderna del ocultismo retro y a los terrores de la ciudad de New York, donde mayor parte de la película toma lugar.

A pesar de un par de twists finales que se salieron de control, Daniel isn't Real es una exploración muy interesante a los demonios psicológicos que acosan en la niñez y cómo estos evolucionan con los años, dónde por más que se trate de escapar de ellos siembran una semilla de maldad que depende de la misma persona adulta para poder salir de esa raíz negativa o dejarse cubrir por sus espinas internas. La intensidad del terror psicológico es subjetiva y engañosa, pues por momento lo que parece un descubrimiento de nuevas reglas termina siendo la revelación que nadie se da cuenta ni quiere aceptar hasta que el demonio anda suelto. Es maliciosa de manera muy inteligente, y nadie lo verá venir, por el simple hecho de creerse que los amigos imaginarios solo son parte del subconsciente propio.


viernes, 3 de enero de 2020

Crítica Cinéfila: The Two Popes

Explora la relación que mantuvieron el Papa Benedicto XVI y su sucesor, el Papa Francisco, dos de los líderes más poderosos de la Iglesia Católica, que abordan sus propios pasados ​​y las demandas del mundo moderno para que la institución avance.



Mientras Jorge Bergoglio daba misas y sermones en los barrios de Buenos Aires, Joseph Ratzinger tenía reuniones cuasi-políticas. Mientras el argentino le sirve a la gente, el alemán recibe atención. Mientras uno sonríe con los ojos, el otro sonríe en sarcasmo. Son dos personas totalmente diferentes que se sortearon la posición del Papá en el 2005 tras la muerte de Juan Pablo II. Ambos competían, uno más que otro, y recibiendo bastante votos, lo cual generó un pequeño rechazo mutuo más adelante, aunque ninguno lo quiso admitir.

Años más tarde, los casos de abusos sexuales de parte de clérigos se multiplicaban, y los seguidores de la iglesia se dividían aún más, sobretodo algunos que llamaban nazi a Ratzinger, ahora conocido como Papa Benedicto XVI; mientras tanto, del otro lado del mundo, el padre Bergoglio planeaba su retiro, haciéndole la solicitud formal al Papa. Cuando Bergoglio decide visitar al Papa para recibir su renuncia autorizada, su visita cambia a unos encuentros de confesión con Benedicto, tratando de demostrarle que, a pesar de la buena imagen que ahora tiene con su comunidad, su pasado lo acosa constantemente, recordándole que él nunca fue un santo y que su auto-resentimiento le impide seguir representando la iglesia para su comunidad. Mientras tanto, el Papa comparte con Bergoglio algunas pequeñas confesiones dentro de su posición, incluyendo su decisión de renunciar a continuar siendo el Papa. 

Anthony Hopkins y Jonathan Pryce protagonizan The Two Popes, un drama conversacional entre dos de las figuras más importantes de la Iglesia Católica de las últimas dos décadas. Es una película que, aunque el conflicto sea interno y casi no se presenta con acciones en el presente de los personajes, el diálogo y la interacción de estos dos actores la convierte en una fuerte narrativa.


Lo primero que hay que entender de la historia es que, a pesar de estar inspirada y posiblemente basada en hechos reales para ambos, estas conversaciones fueron adaptadas para que tuviesen una estructura cinematográfica, obviamente respetando las reales personalidades de las protagonistas. Me preguntó que opinarán los reales Benedicto y Francisco sobre sus reencarnaciones; si se sentirán cómodos con la actuación de Hopkins y  Pryce. Sin embargo, mi curiosidad se extiende más hacia la actuación de Pryce y cómo este actor británico generó tanta empatía con su audiencia, sobretodo en cómo hablaba español en un acento argentino que engaña a cualquiera que no conozca sus orígenes. Mi sorpresa continuó hasta el final, donde de manera cómica ambos actores en el cuerpo de sus personajes bromean sobre el idioma inglés, la lengua natal de ambos, pero para Benedicto y Francisco es en realidad un lenguaje terrible, con “demasiadas excepciones para demasiadas reglas”.

Pryce es un veterano de la actuación, está claro que se preparó y hasta estudió las formalidades de Bergoglio, desde su forma tan compasiva para pronunciar sus líneas hasta su expresión no verbal para comunicar su interés por cada ser humano con el que tenía contacto. Del otro lado se aprecia a Hopkins como el “villano” de la historia, con un paso lento y una postura jorobada, provocando cierta distancia hacia los que le rodean y creando cierto desagrado por su trato hacia Bergoglio y su rechazo a aprobarle su retiro, pero más tarde demostrando porque esto ocurre. 

El guionista Anthony McCarten se enfocó claramente en demostrar lo diferente que estos dos personajes son,  sobretodo en presentar (al principio y al final) cómo ambos se presentaban al mundo; sin embargo, ambos tienen el mismo objetivo en la historia: se quieren retirar de sus posiciones porque se consideran incapaces de continuar “ejerciendo su oficio”. La presentación de Bergoglio como un joven padre jesuita es importante para la historia, para poder entender que este rechazo propio viene de años atrás, con revelaciones importantes de lo que vivió durante el terrorismo de Estado en Argentina en la década de 1970, y cómo se sintió responsable de lo que le ocurrió a algunos de sus amigos que se oponían al gobierno. Por el otro lado, no es necesario saber del pasado de Benedicto, pues es su presente y su decisión de permanecer ciego y casi perdonable a los clérigos relacionados a los abusos sexuales lo que le ha empujado a presentar su carta de renuncia. Los procesos de sus retiros no son iguales, y las bromas de los 700 años de diferencia desde el último Papa que dejó el rol antes de morir son resaltados; sin embargo, ambos han pasado por el mismo auto-cuestionamiento, y ambos empujan al otro a no tomar la decisión que ellos quieren lograr para sí mismos. 


Aunque los diálogos y la química de los actores es suficiente para las escenas tan fijas y escasas de acciones físicas de parte de sus personajes, aquí el juego de la fotografía de César Charlone y el diseño de producción de Mark Tildesley tienen un papel importante, manteniendo una atención considerable a los detalles, resaltando la temática sobre las creencias, la fé y las señales divinas a través de elementos religiosos y la naturaleza, desde la posición en la que vuela el humo de una vela que se apaga hasta la decisión de comprar un vuelo hacia el Vaticano días antes de recibir la invitación formal a esta ciudad. 

La iglesia es uno de los “gobiernos” mundiales más importantes y antiguos desde su creación, y la imagen del Papa es lo más divinamente cercano a Dios. El director Fernando Meirelles se encargó de recordarnos esto constantemente a lo largo de la historia, con la forma en que los personajes entregan líneas aparentemente simples, pero con un trasfondo bien importante y un mensaje de sabiduría que se enfoca a la auto-reflexión y a impulsar a encontrar nuestro verdadero lugar en el mundo. Creas o no en Dios, y sin importar tu edad, pasado u origen, todo el mundo tiene un destino divino que está inteligentemente ubicado en el trayecto de la vida para encontrarse a lo largo de la marcha.


jueves, 21 de noviembre de 2019

Crítica Cinéfila: Ford v Ferrari

Se centra en un excéntrico y decidido equipo americano de ingenieros y diseñadores, liderados por el visionario automovilístico Carroll Shelby (Damon) y su conductor británico Ken Miles (Bale). Henry Ford II y Lee Iacocca les dan la misión de construir desde cero un nuevo automóvil con el fin de derrocar el dominio de Ferrari en el Campeonato del Mundo de Le Mans de 1966. 



Los personajes rara vez pueden competir con los autos en las películas de carreras de autos, pero ese no es el caso de Ford v Ferrari, una historia de la vida real con mucho cuerpo y emoción en la que los hombres detrás del volante son tan dinámicos como las máquinas que conducen. Protagonizado por los emblemáticos Christian Bale y Matt Damon como, respectivamente, las leyendas de carreras Ken Miles y Carroll Shelby, este es un vehículo bien construido en todos los aspectos que debería hacer un buen recorrido por los cines.

Esta es una saga de carreras con fuertes bases dramáticas e históricas. En el mundo de las carreras internacionales en la década de 1960, nadie podía tocar a Ferrari, la ultra compañía de los fabricantes de automóviles rápidos. Durante una recesión de la compañía, Henry Ford II y su teniente Lee Iacocca, que desempeñaron un papel importante en la presentación del Mustang y Ford Pinto, se les ocurrió producir un auto de carreras que pudiera desplazar a los italianos, lo que parecía una broma en el hora. Pero lo hicieron posible.

Con el director James Mangold mostrando una mano segura en todo momento, algunas tempranas escenas divertidas contrastan con la cultura corporativa de Ferrari y Ford. Dedicado a la calidad, el prestigio y la clase, Enzo Ferrari preside su imperio como un cruce entre un señor medieval y un jefe de la mafia, menospreciando a Ford como un príncipe le haría a un campesino. En todo caso, sin embargo, Ford es una figura aún más aterradora, un hombre grande que hace temblar a los subordinados en su presencia. 


Sin embargo, Ford a veces puede sorprender con sus edictos, y le ordena a su despiadado protegido Lee Iacocca que haga lo que sea necesario para darle a la compañía un ganador. El interludio de la interacción corporativa en el que el equipo de Ford viaja a Italia para proponer una fusión estalla con absurdo humorístico, ya que la presunción de que estas dos culturas automobilísticas podrían coexistir bajo un mismo techo se muestra como lo que es: casi una pelea de gallos.

Atractivamente, los hombres que podrían dar vida al sueño de Ford se sienten atraídos rápidamente por las virtudes y los defectos a la vista. Después de una carrera exitosa en su carrera, Shelby se embarcó en una variedad de proyectos automotrices, pero firmó el proyecto de Ford de crear un auto caliente que pudiera ganar las 24 Horas de Le Mans.

Por su parte, Shelby soportó cualquier cantidad de obstáculos al alistar a Miles para el loco pero atractivo proyecto de Ford. Al principio, Miles, un emigrante británico, que trabaja como un mecánico humilde en Los Ángeles y corre por pura pasión, vive con su esposa espía Mollie (una Caitriona Balfe luminosamente comprensiva) y con su hijo Peter (Noah Jupe). No es difícil deducir que Miles no ha llegado más lejos en la vida porque es un temperamental, fácilmente irritable y propenso a las cosas difíciles.


Pero Miles tiene talento y realmente conoce sus autos, por lo que él y Shelby se convierten en el boleto poco probable de Ford para la grandeza de las carreras. La sección media del drama revela los golpes duros y la combustión, tanto mecánica como humana, que se introdujeron en el desarrollo de un automóvil que podría vencer a los italianos, y cómo se hizo en un año.

Aplicando una sólida artesanía propia, los guionistas Jez Butterworth, John-Henry Butterworth y Jason Keller han forjado una sólida estructura de tres actos que invita a la inversión rápida del espectador en algunas personas difíciles pero empáticas, proporcionando dinámicas de carácter combativo entre conductores muy competitivos: los ejecutivos y la figura central, Miles, dándole la el toque perfecto al tratamiento cuando se trata de su inteligencia de carrera, ambiciones y vida familiar.

La dinámica de la película debe mucho a la naturaleza erizada de casi todas las relaciones e interacciones en la película. Miles es un cable en vivo impredecible con todos, excepto con su esposa e hijo; Shelby siempre parece estar haciendo malabarismos con más bolas de las que razonablemente pueden mantenerse en alto en cualquier momento dado; los exigentes Ford y Iacocca mantienen a todos fuera de balance y en alerta; y los inminentes plazos y el peligro inherentes a la profesión en sí proporcionan una sensación constante de inquietud por la mortalidad profesional y personal. Pero lo más interesante de todos estos momentos dramáticos son las analogías conclusivas y las metáforas, utilizando excelentes interludios para enfocarse en lo que interviene en la relación del conductor con su automóvil. 


Naturalmente, el tercer acto está dedicado al maratón de conducción francés de 24 horas de 1966, en el que dos conductores se turnan para pilotar sus automóviles durante el día, la noche y, en este caso, una pequeña cantidad de lluvia. Es una carrera que Shelby había ganado en 1959, mientras que Miles ya había prevalecido en las competencias de Daytona y Sebring del año en curso. Es una carrera difícil de dramatizar debido a su longitud y cambio de pilotos, y este en particular posee su propio problema peculiar debido a la forma en que terminó. Pero también tiene sus enormes satisfacciones, y todo el equipo que lo armó debe ser saludado.

Bale y Damon parecen entusiasmados, inmersos en los coloridos personajes que interpretan aquí y entrenan muy bien juntos de manera muy atractiva, tanto cuando están confabulados como en desacuerdo.

Las prácticas y actitudes, si no la habilidad, de la gran industria se colocan en una luz bastante fulminante, aunque con ingenio frecuente, y todas las manos aquí han puesto en trabajos de trabajo fuertes que pagan en la pantalla. A pesar de haber sido escrito por cuatro guionistas (lo cual siempre he considerado ser una multitud) y algunos detalles de la historia que no van completamente en acuerdo con lo que pasó en la vida real, Ford v Ferrari se desenvuelve como una película de un alto nivel, dándole el respeto que se merece a la historia y a sus personajes, y convirtiéndose en una competidora fuerte para la temporada de premios.


jueves, 12 de septiembre de 2019

Crítica Cinéfila: The Peanut Butter Falcon

Zak (Gottsagen) es un joven con Síndrome de Down que se escapa de su residencia para perseguir su sueño de convertirse en un luchador profesional en la escuela de lucha de Salwater Redneck. Una serie de circunstancias le llevan a encontrarse con Tyler (LaBeouf) un delincuente que también se ha dado a la fuga y que más tarde se convierte en su entrenador y aliado. 



Seguro muchos de ustedes tienen una lista negra de actores y actrices, a quienes una vez se enteran de que va a protagonizar cierta película, hasta miedo le cogen a la historia. Ese es Shia LaBeouf para mi. La locura de sus personajes, sobretodo en Transformers, ha hecho que lo encuentro insoportable, y cada vez que anunciaban alguna historia con él, la evitaba. Hasta que vi el trailer de The Peanut Butter Falcon sin querer, y me di cuenta que quizás no es culpa de Shia, quizás son sus guiones anteriores, y quizás esta sería una nueva forma de apreciar el "talento" que él lleva dentro.

Zak ( Zack Gottsagen ) es un joven de 22 años con síndrome de down. Sus padres lo han abandonado en una casa de retiro. Pasa su tiempo conspirando para escapar y volver a ver un viejo video instructivo de lucha libre en VHS de su ídolo Clint "The Salt Water Redneck". Cuando Zak logra escapar con la ayuda de otro paciente, corre y encuentra refugio en un bote que, sin que él sepa, pertenece a Tyler (Shia LaBeouf), un pescador de cangrejos que lucha con la culpa de la muerte de su amigo. Esa culpa y rabia, junto con una deuda que pagar, lo lleva a quemar $12,000 en equipos de pesca pertenecientes a Duncan y Ratboy. Tyler necesita llegar lo más lejos posible, mientras que Zak intenta llegar a la escuela de lucha de Clint anunciada en su amado video. Al igual que Tom Sawyer y Huck Finn, los dos se unen a la carrera mientras son perseguidos por los enemigos de Tyler, así como por Eleanor (Dakota Johnson), la cuidadora de Zak a quien se le encargó en el hogar de ancianos encontrarlo.


En la lucha profesional, hay personajes "buenos" y personajes "malos". Zak insiste en ser un personaje "malo" porque fue abandonado y por lo tanto elimina sus posibilidades de un arco redentor. Pero Tyler le asegura que los buenos también se quedan. 'Falcon' reconoce el efecto profundamente arraigado que el aislamiento puede tener en una persona joven, específicamente en una persona joven y discapacitada, al pensar que debido a cosas malas que les han sucedido, ellos son los culpables. La película frecuenta la palabra "R", que ciertamente golpea las orejas como papel de lija, pero en última instancia se utiliza para romper la noción de que significa "menos que". El contexto del tiempo y el lugar también es clave. Está ubicado en el sur profundo, desde Louisiana hasta Georgia, y aunque no se da un marco de tiempo real, la prominencia de los VCR y el único teléfono celular que es un teléfono plegable nos señala que sería principios de la década de 2000. Jeff Nichols filma de esa manera, donde las localidades del sur son filmadas tan amorosamente poéticas que se siente atrapado fuera del tiempo, casi como si estuviésemos dentro de un universo paralelo. 

Sin embargo, seguir acumulando puntos de referencia a otros cineastas establecidos perjudicaría la voz cinematográfica que Nelson y Schwartz desarrollan con confianza a medida que se desarrolla "Peanut Butter Falcon". Si bien es una pequeña imagen de la vida, también tiene un sentido del humor cálido. Se siente tan naturalista e impulsado por el carácter, lo que hace que las risas se sientan más fuertes y más impactantes que el tipo de peculiaridad fabricada que a veces puede socavar un buen trabajo como este. Hay varios montajes utilizados como mano corta para desarrollar este parentesco poco probable, pero de alguna manera, mejora el carácter en lugar de acortarlo (y también el uso de tomas simétricas por encima de la película es austero y hermoso). El dúo busca la redención de cómo pueden ayudarse unos a otros, pero todos reconocen que ambos están huyendo.


Gottsagen, un actor con síndrome de Down, es un verdadero hallazgo, y es el corazón y el alma de toda la película. El continuo rechazo de LaBeouf al estrellato solo ha funcionado en su beneficio como intérprete. Hay volatilidad en su desempeño, pero también una vulnerabilidad, como si fuera el tipo "bueno" disfrazándose como un tipo "malo". Existe ese encanto pícaro que le quedaba bien en "American Honey" que lo hace tan desagradable como atractivo. Pero, es Johnson quien completa esta tripleta de los rotos y maltratados. Lo que comienza como un personaje relativamente pegado en el barro se convierte en una expresión sutil de su propio dolor y la conexión que los une a ella y a Tyler de LaBeouf. Y a pesar de que los roles de Bernthal, Dern y Church son breves, cuentan donde deben hacerlo, específicamente Church como el luchador deshecho (sin mencionar un sorprendente cameo de Jake "The Snake" Roberts ).

Con el título, la aventura cómica, los personajes principales no coincidentes y el arsenal general de personajes secundarios extraños, "The Peanut Butter Falcon" podría haber sido fácilmente una receta para un twee excesivo y irritante. Al mantener el humor arraigado en las actuaciones y solo dejando que el sentimentalismo se filtre cuando sea necesario, Nelson y Schwartz han creado una película que se siente refrescante, única y emocional, pues entre momentos bien emocionales hasta risas a carcajadas, crean la sensación perfecta para decir para hacernos olvidar de los malos ratos del momento, incluyendo los que cierto actor pudo haber provocado en el pasado.

Quizás es motivación suficiente para sacarlo de mi lista negra.


viernes, 23 de agosto de 2019

Crítica Cinéfila: Good Boys

Después de ser invitados a su primera "fiesta del beso", tres buenos amigos (Jacob Tremblay, Keith L. Williams y Brady Noon) destrozan por casualidad un dron que tenían prohibido tocar. Para reemplazarlo, se ausentan de clase y toman una serie de decisiones erróneas, involucrándose en un caso relacionado con droga, policía y, sobre todo, con muchas lágrimas.



El guionista de "The Office" Gene Stupnitsky y su co-escritor Lee Eisenberg siguen muchos de los ritmos familiares de una historia sobre niños del vecindario que solo quieren divertirse. Pero esa fórmula nunca se ha centrado en los estudiantes de sexto grado, y el valor de entretenimiento de verlos maldecir a través de una aventura de locura durante todo el día inyecta un nuevo valor de entretenimiento en una rutina familiar. Si bien el ritmo es irregular y no todos los chistes aterrizan, "Good Boys" logra ser adorable y retorcido al mismo tiempo.

El trío de amigos en el centro de la película es una mezcla de "Stand By Me" y "Stranger Things", en circunstancias más ligeras. Jacob Tremblay interpreta al miembro más sensato de un grupo de amigos que se hacen llamar "The Beanbag Boys" por ninguna otra razón que no sea que les gustan ese tipo de sillas/almohadas. Los niños pasan todo el tiempo juntos, andan en bicicleta por el vecindario y se sientan juntos en la cafetería inmersos en los desafíos peatonales de la vida cotidiana de los preadolescentes. Pero fragmentos de futuros desarrollos ya han comenzado a desafiarlos.

Solo están comenzando a comprender los desafíos emocionales de crecer: Thor (Brady Noon) alberga ambiciones de teatro musical, pero los bulliers de la clase le dan tanta dificultad que decide abandonar la obra de la escuela; el ingenuo Lucas (Keith L. Williams) sostiene una conversación con sus padres, quienes le explican que se están separando. "Good Boys" llega a su momento más genuino cuando los niños cantan "Walking on Sunshine" durante la clase de música de la escuela, mientras las lágrimas corren por las mejillas del pobre Lucas. Para una película que fomenta el cacareo en voz alta constante, "Good Boys" también tiene una buena cantidad de momentos emotivos.

Las dificultades personales de los niños se desvanecen en el fondo siempre y cuando los niños permanezcan juntos, pero el futuro de su dinámica se ve desafiado una vez que Max es convocado a la mesa de los niños populares durante la hora del almuerzo y recibe una invitación para una próxima "fiesta" esa noche donde habrán niñas y posibles besuqueos. Su verdadero enigma es darle la noticia a sus amigos de que no están invitados.


En cambio, los chicos deciden faltar a la escuela y pasar el rato en la casa de Max mientras su padre realiza una excursión y deja su drone desatendido. Sin saber cómo proceder con la idea misma de besar otras niñas, se embarcan en una serie de intentos de investigación equivocados: buscar porno en Google, practicar con la muñeca sexual de los padres de Max y, finalmente, intentar espiar a un par de adolescentes de al lado (Midori Frances y Molly Gordon). Max intenta este tercer enfoque usando el drone de su padre, pero cuando las chicas logran confiscar el dispositivo, los Beanbag Boys se encuentran en medio de un enfrentamiento aún más dramático. Y cuando Thor atrapa las "vitaminas" de las chicas de su cocina con la esperanza de organizar un intercambio, no se da cuenta de que en realidad ha robado el molly que planean tomar más tarde.

"Good Boys" solo está acelerando su motor con esta versión vulgar de una versión de "Little Rascals" cuando los niños terminan corriendo por la ciudad en una carrera loca para recuperar el drone y descubrir qué hacer con las drogas robadas. En el proceso, la película se instala en una serie de viñetas en su mayoría satisfactorias, como un encuentro incómodo con un desconcertado oficial de policía, un intento de slapstick para cruzar la autopista y bromas recurrentes sobre cerraduras a prueba de niños. Stupnitsky y Eisenberg tienen una habilidad especial para habitar la mentalidad de sus jóvenes protagonistas, mientras discuten su acertijo con ingenua encantadora. La realización de películas nunca se fusiona con el mismo grado de inteligencia ofrecido por el concepto principal sobretodo porque se enfoca en contarse desde la visión e ingenuidad de sus protagonistas, pero el guión sobresale al transmitir la incapacidad de los niños para comprender el lenguaje adulto para describir su situación. La película existe dentro de los límites de la cosmovisión de los niños, ya que las cámaras permanecen a la altura de sus ojos.

Tremblay, de 12 años, no ha tenido prisa por encontrar material para expandir su rango después de su discreto debut en "Room", pero en "Good Boys" demuestra que es tan capaz de ser un niño de clase media alta. Sin embargo, el verdadero toque de éxito es su conjunto muy unido con los demás actores: Williams, como Lucas, tiene una simpatía increíblemente irreverente y un talento inexpresivo que insinúa un potencial cómico aún mayor a la vuelta de la esquina, mientras que Noon tiene el espíritu bribón de una versión joven de Jonah Hill. Mientras Thor intenta beber cerveza con los matones de la escuela secundaria para demostrar que es genial, Lucas come casualmente dulces y muestra poca ambición por algo más que apoyar a sus amigos.


El truco de "Good Boys" se vuelve agotador después de un tiempo, pero no antes de que los Beanbag Boys se enfrenten a varias complicaciones anárquicas que se extienden mucho más allá de su comprensión. Obligados a recuperar las drogas para las niñas que retienen al drone como rehén, los niños se enfrentan a una casa de fraternidad llena de niños universitarios desagradables, produciendo una pelea caricaturesca de primer nivel que involucra una pistola de pintura, tablas de padel y un bong. En otro lugar, descubren los juguetes sexuales de sus padres y llegan a la conclusión de que han encontrado armas para defenderse. Incluso cuando "Good Boys" se instala en su acto final sin aventuras, sigue siendo una apuesta cinematográfica fascinante. 

La trama ofrece hilarantes recordatorios de la juventud de sus protagonistas en miniatura cuando sus travesuras golpean una serie de inconvenientes, y llega el momento más entrañable cuando tienen una pelea por su situación que amenaza el futuro de su amistad. El enfrentamiento llega justo a tiempo, como lo ha hecho en innumerables películas de amigos antes, pero ninguno de ellos termina con los niños en cuestión llorando como esta lo hace.

En sus momentos finales, "Good Boys" llega a un epílogo agridulce mientras contempla si los Beanbag Boys pueden mantener su vínculo más allá de la burbuja de la escuela secundaria, haciendo un mayor enfoque en la temática emocional que realmente desglozaba la película: la gran cuestión de cuánto puede tardar una amistad de colegio. Deja el futuro a largo plazo abierto, pero es divertido reflexionar sobre el potencial único de este proyecto a largo plazo.


jueves, 2 de mayo de 2019

Crítica Cinéfila: Teen Spirit

Violet (Fanning) es una introvertida adolescente que vive en la Isla de Wight (Inglaterra) y que sueña con convertise en una estrella del pop para poder así alejarse de tu triste panorama familiar. Con la ayuda de un inesperado mentor, Violet se inscribe en un concurso de canto que pondrá a prueba su integridad, talento y ambición. 



"Teen Spirit" cuenta una historia que has visto mil veces antes, pero una que las personas seguirán contándose hasta que todos lo creamos. En cierto modo, es tan antiguo como un cuento de hadas: una fábula de Cenicienta sobre una chica tímida de un pequeño pueblo que encuentra su voz y se adueña del mundo. En otras formas, la película es inextricablemente del momento, pero ambientada en el mundo de las competiciones de canto de televisión y marcada por artistas como Robyn, Ellie Goulding y Ariana Grande.

Lo que es tan valiente y emocionante sobre el debut como director de Max Minghella es que se niega a comprometerse en ambos extremos, un dulce espectáculo pop a la vez orgulloso y genérico de no serlo. Es un enfoque arriesgado que prioriza el sentimiento contundente sobre una experiencia más rica, pero la dirección sinuosa, la cinematografía deslumbrante y el rendimiento revelador de Elle Fanning ayuda a esta pequeña maravilla a convertirse en una fábula moderna contraintuitivamente única. No está mal para una película que es básicamente un anuncio glorificado para el grupo de artistas de Interscope, y cuenta con una nueva canción producida por Jack Antonoff como uno de sus principales puntos de venta.

En el lapso de una sola canción de Grimes, aprendemos todo lo que necesitamos saber sobre Violet (Fanning). Ella es una tranquila chica de 17 años que vive en Wight con su madre inmigrante polaca (Agnieszka Grochowska), un hermoso caballo y un iPod lleno de sueños lejanos; pasa la mayor parte de su tiempo libre trabajando en un restaurante de tercera y tratando de evitar a la "mean girl" que gobierna su escuela. Algunas noches, sin decírselo a nadie, se escapa para cantar su corazón en el abrevadero local para una pequeña audiencia de borrachos. Vlad (Zlatko Buric), una ex estrella de ópera que podría ser la más borracha de todas, se interesa por representar a Violet. Y cuando un concurso de canto al estilo de "American Idol" llamado "Teen Spirit" decide proyectar su luz en la isla y celebrar audiciones allí por primera vez, es a Vlad quien Violet le pide que la lleve allí, porque ella sabe que su madre nunca lo haría. Y así comienza una carrera improbable que lleva a nuestra joven heroína a las brillantes luces de Londres.


Resulta que Violet tiene una voz tremenda, y Fanning también. Puede ser un buen instrumento, y la actriz no se confundirá con Lady Gaga en el corto plazo, pero sus talentos son perfectos para las confecciones pop como "Dancing on My Own". No solo eso, sino que también es capaz de hacer espacio para lograr un interesante acento británico en cada canción, lograr conversaciones en polaco con su madre e incluso crear un espacio para ella misma. Es más que un poco difícil de tragar que su camino hacia la cima sea tan rápido, o que Violet no tenga que sacar algo de la virtuosidad de Christina Aguilera para lograrlo, pero funciona para la película. Esto no es "A Star Is Born" (si esa película solo tiene un pie en el mundo real, esta apenas tiene un dedo gordo).

Minghella, un actor notable cuyo padre nació en la Isla de Wight (y fue un cineasta bastante hábil por derecho propio), no tiene problemas para meterse en esta historia con el más amplio de los golpes. El escritor y director se basa en la música que nos arrastra al mundo de Violet. Al ver cómo se golpea y grita al lado de "Just a Girl" de No Doubt en su habitación, nos cuenta más sobre quién es ella.

Teen Spirit está en una carrera de velocidad muerta, y no tiene la historia suficiente para completar su breve tiempo de ejecución de 93 minutos, pero todo está tan arraigado en la primicía básica de la emoción que casi no importa. La poca información que se obtiene sobre lo que le sucedió a Vlad después de su carrera, o lo poco que se aprende sobre la relación de Violet con su madre, o lo que no se dice acerca de los niños en su banda de apoyo (hay una complicada cola de enamorados entre ellos, pero los detalles se dejan profunda en el fondo), son opacados para simplemente establecer la relación de hija/padre que se creó entre los personajes de Violet y Vlad, para a la vez dejar un final abierto a la interpretación personal de cada miembro de la audiencia. La música y las ubicaciones son específicas para que los personajes no tengan que serlo: los espectadores pueden interpretar la película en sus propios términos y al mismo tiempo proyectarse sobre ella.


El cineasta Autumn Durald Arkapaw, el genio anónimo que filmó "Palo Alto" y un grupo de videos musicales increíbles por Janelle Monáe y Solange Knowles, son fundamentales para ayudar a Minghella a enhebrar la aguja entre esos dos modos.

Ella tuerce el mundo de Violet con acentos brillantes y guiones de drama épico; la luz nocturna en su parada de autobús desierta extiende largos rayos de luz que no estarían fuera de lugar en un video de Hype Williams, mientras que el campo fuera de su casa es lo suficientemente mágico como para trabajar para Terrence Malick. Esa belleza es aún más importante porque Minghella tiene un miedo mortal a los sentimientos fáciles, un miedo que a veces convence a Fanning para que se convierta en su personaje, y deja la película prácticamente sin ninguna emoción legible.

Hay un sentido irreal de cumplimiento de deseos en el viaje de Violet, y "Teen Spirit" no se asusta. Es demasiado delgado y resbaladizo para tomarlo literalmente, pero si piensas en Vlad como una hada madrina alcohólica y adinerada a quien puedes oler desde el otro lado de la habitación, la película comienza a tener un cierto sentido que debería ser especialmente convincente a audiencias más jóvenes. La película está un poco seducida por nuestro malentendido colectivo del talento, que es un derecho de nacimiento que tratamos como una virtud, pero su debut funciona como una historia sobre el poder sostenible de la autoconfianza y cómo a veces solo se necesita una persona para ayudar empujarte a donde siempre quisiste ir, o llevarte allí. Casi no importa lo buena que sea realmente una cantante, o si logra ganar la gran competencia al final. Lo único que importa es que ella encuentre el coraje para reevaluar la distancia a sus sueños. Siempre están al menos un poco más cerca de lo que crees.



viernes, 8 de febrero de 2019

Crítica Cinéfila: Can You Ever Forgive Me?

Sigue la historia de Lee Israel, una respetada biógrafa en decadencia que comienza a falsificar cartas de escritores y celebridades fallecidas con el fin de pagar el alquiler. Cuando las falsificaciones empiezan a levantar sospechas, Israel roba y vende las verdaderas cartas de los archivos sin saber que el FBI está investigando el asunto.



Todo comediante necesita al menos un rol "serio" en su carrera para obtener respeto, y aunque Melissa McCarthy ganó una nominación al Oscar por su actuación en "Bridesmaids" y ha sido una estrella crítica desde entonces, ella también lo ameritaba. Nos la ganamos con "Can You Ever Forgive Me?", un drama inesperadamente profundo e increíblemente verdadero en el que interpreta a Lee Israel, una miserable escritora de Manhattan que recurrió a la falsificación de cartas de escritores famosos para pagar el alquiler y sus deudas, y donde encontró la base de su libro más exitoso en el proceso. 

Aún así, dotada y con el ceño fruncido durante casi todo el tiempo de carrera, McCarthy gana casi tantas risas interpretando a esta malhumorada escritora como lo hace en su parte de comediante más irreprimible. Pero, por supuesto, es el lado humano del personaje el que hace la mejor actuación de McCarthy hasta la fecha, revelando ideas inquietantes sobre la amistad, la soledad y la inseguridad creativa. Que lo haga desde una perspectiva únicamente femenina es una ventaja en este momento en particular.


La historia comienza con Lee llegando al lujoso apartamento de su agente en Nueva York. Allí, en el centro de la sala, está Tom Clancy, quien se da cuenta de que "el bloqueo del escritor" es un término inventado por la comunidad de escritores para justificar su pereza. Lee se burla de ella cuando pasa pero es un momento revelador. Como dice el dicho: "Señor, dame la confianza de un hombre blanco mediocre". Aunque nunca se enfoca en nada, esta película, coescrita por una mujer (Nicole Holofcener) y dirigida por una también (Marielle Heller), recuerda de manera conmovedora que los hombres nunca parecen apreciar las ventajas que todavía tienen, incluso si nadie hizo las cosas más difíciles para Lee Israel que Lee Israel las hizo para ella misma.

Antes de 1991, la autora de 51 años disfrutó de algunos éxitos editoriales y escribió biografías de artistas como Tallulah Bankhead, Dorothy Kilgallen y Estée Lauder. Pero nadie quería su próximo libro, que iba a ser sobre la comediante de vodevil Fanny Brice, y se estaba desesperando, lo que en el caso de Lee significaba que su comportamiento ya desagradable se volvió aún más combativo con las pocas personas que estaban a su alrededor.

En un giro que parece un poco demasiado fortuito cuando se encuentra con un par de cartas escritas por Brice mientras investiga su tema, las roba de la biblioteca y las vende a una dueña de una librería local (Dolly Wells) por una buena suma: aún más agradable es cuando logra vender una segunda carta a la cual le ha agregado una ingeniosa posdata de su propia invención. Y así comienza un pasatiempo lucrativo de componer letras "escritas por" sus figuras literarias favoritas, cartas cuyo valor se escala en proporción directa a su contenido.

 

Como la propia Lee era una escritora frustrada, canalizó su ingenio en su trabajo, permitiendo que la difunta Noël Coward, Lillian Hellman y Dorothy Parker se hicieran cargo de algunos de sus mejores zingers (como el que le da a la película su título). Sea cierto o no, se dice que Hunter S. Thompson ha vuelto a escribir "The Great Gatsby" de F. Scott Fitzgerald para tener una idea de cómo se sentía escribir una obra maestra. Quizás Lee Israel tuvo una experiencia similar en canalizar las voces de sus ídolos. En muchos sentidos, su libro más famoso es el que escribió sobre el período de tres años, durante el cual falsificó más de 400 cartas (incluso llegando a robar y copiar algunas de los archivos).

Pero eso es ignorar el beneficio más inmediato que McCarthy transmite en la película: Lee era una persona increíblemente solitaria, ya que había alienado a su antiguo amante (quien aparece al final de la película en una escena que sugiere que la amarga Lee había reescrito su propia historia), y sin embargo, se abrió un poco durante sus días de escribir cartas. Fue entonces cuando Jack Hock (Richard E. Grant, crepitante en su papel más escandaloso desde "Withnail & I"), un alcohólico y artífice de Nueva York que se convirtió en amigo y cómplice durante este período, ayudando a Lee a vender sus cartas después de que los distribuidores empezaron a sospechar.

Viendo el tráiler de "¿Me puedes perdonar alguna vez?", uno tiene la impresión de que Fox Searchlight está tratando de ocultar (o al menos restar importancia) al lado homosexual de esta historia: Lee era lesbiana, mientras que el abiertamente gay Jack no puede pasar una boca de incendios sin pedir su número de teléfono. Juntos, hacen un dúo fabuloso, un par de forasteros que emite hilarantemente un juicio sobre la sociedad educada, que se consienten platonamente con la compañía del otro, que iban a bares y se divertían haciendo llamadas maliciosas a las personas que odiaban, en lugar de exponerse románticamente. (aunque Jack disfruta de sus lanzamientos, el viejo rapscallion). McCarthy hace que el deseo de compañía de Lee se sienta en una serie de visitas a su librería favorita, que culmina en una cita con el personaje de Wells que ella, con bastante dolor, logra sabotear (el marido de la vida real de McCarthy, Ben Falcone,

Ciertamente, Heller muestra un enorme afecto por Lee, a quien la mayoría de nosotros probablemente no podríamos soportar si nos encontramos con ella en la calle. Tampoco querríamos pasar dos minutos en su apartamento: un paraíso para las ratas, repleto de archivadores y lleno de moscas, donde se han acumulado años de excrementos de gatos debajo de la cama. Confeccionados casi completamente de marrones de color polilla y telas grises con apariencia de picazón, el vestuario y el diseño de producción contribuyen enormemente a la definición del personaje de McCarthy (uno quiere desesperadamente abrir las ventanas de la película para que entre un poco de aire fresco), aunque toma a una actriz tan encantadora como ella para hacer que una mujer así no solo sea perdonable sino que sea absolutamente amable.

viernes, 25 de enero de 2019

Crítica Cinéfila: The Upside

Remake norteamericano del gran éxito del cine francés "Intocable" (2011), que aborda la relación que se desarrolla entre un parapléjico y un desempleado con antecedentes criminales que es contratado como asistente personal para ayudarle en el día a día.



Una de las películas francesas más reconocidas es The intouchables, inspirada en la historia real de Philippe Pozzo di Borgo y su cuidador franco-argelino Abdel Sellou, la cual revento con gran éxito la taquilla mundial y se llevó innumerables galardones y nominaciones, como el premio a Mejor película en el Festival de Tokyo y el Goya a Mejor película europea, además de ser candidata a ganar en la categoría de Mejor película de habla no inglesa en los Globos de Oro y BAFTA. La historia ha motivado a directores alrededor del mundo a relanzar diferentes versiones sobre los personajes: Oopiri (India, 2015), e Inseparables (Argentina, 2016), y ahora una versión estadounidense que repite la misma fórmula de la original, pero actualizado a la cultura gringa.

Neil Burger, director de El ilusionista y Divergente, toma las riendas de este remake estadounidense, que narra la historia de Phillip, un rico cuadripléjico que necesita un cuidador que lo ayude con su rutina diaria en su penthouse de Nueva York. El decide contratar a Dell, una persona en libertad condicional que intenta volver a conectarse con su ex y su hijo. A pesar de provenir de dos mundos diferentes, una amistad poco probable comienza a florecer cuando Dell y Phillip redescubren la alegría de vivir la vida al máximo.

En el lado positivo, la combinación de Bryan Cranston y Kevin Hart en los papeles principales es el resultado de momentos lo suficientemente cómicos para poder ser levemente diferenciada de la película original, en términos de estilo y tonalidad, sobretodo por el trabajo particularmente hilarante de Hart, que intensifica su personalidad caricaturezca.


En el lado negativo, el director Neil Burger y el guionista Jon Hartmere han hecho muy poco para transformar los aspectos más problemáticos de Olivier Nakache y el éxito de taquilla de Eric Toledano. Por supuesto, han encontrado una manera de incluir algunas bromas americanizadas, pero de lo contrario, simplemente han cambiado de ubicación de París a Manhattan, y han mantenido la misma visión estereotípica de un negro desempleado, el ex-convicto que le muestra a un millonario amargo tetrapléjico cómo recuperar su alma y reírse de ello en el proceso.

Siguiendo el original casi en cada escena, The Upside comienza presentando a dos neoyorquinos en los extremos opuestos del tótem. Por un lado, está el megarico autor e inversor Phillip (Cranston), quien quedó paralizado de cuello por accidente de ala delta y está confinado en su lujoso penthouse de Park Avenue. Y en el otro extremo está Dell (Hart), un delincuente afilado de los proyectos que necesita encontrar un trabajo para apaciguar a su oficial de libertad condicional, mientras espera volver en buena manera con su ex (Aja Naomi King) y su hijo (Jahi Di'Allo Winston).

Cuando Dell aparece por error en la puerta de Phillip y se postula para ser su enfermero auxiliar, Phillip contrata de inmediato al candidato no calificado y bastante agresivo. Él hace esto porque es un poco bromista, pero también porque en este momento tiene muy poca voluntad de vivir, incluso cuando su dedicada Yvonne (Nicole Kidman) está haciendo todo lo que está a su alcance para hacele la vida lo más manejable posible.


Al igual que en cualquier bromance clásico, los dos opuestos se atraen rápidamente el uno al otro: Phillip debido a la actitud sin turnos de Dell; Dell debido a la riqueza, inteligencia y fácil aceptación de Phillip de alguien de otra clase y color. Muy pronto, Dell está tarareando junto a Las bodas de Fígaro y Phillip se acerca a Aretha Franklin. Todo lo que les impide salir juntos en el Porsche de Phillip son las tendencias depresivas y autodestructivas de este último, que se deben tanto a su propia condición como a la muerte de su esposa por cáncer.  

Es fácil ver una configuración de este tipo como ingeniosa y ligeramente ofensiva, incluso si está "basada en una historia real", que en realidad fue entre un parisino y su cuidador árabe, como si todo un rico blanco nnecesitara para ser feliz es un payaso de el gueto que lo hará reír. Y aunque eso es principalmente cierto aquí, hay algo tan desalentador en la relación de Phillip y Dell que gradualmente lo absorben sin hacer demasiadas preguntas.


Gran parte de esto se debe a la carisma de Hart y al agudo momento de Cranston, quien, confinado predominantemente a las expresiones faciales, puede hacer maravillas a través de unos simples disparos de reacción. La película funciona mejor cuando los dos personajes actúan como grandes adultos, como cuando se juntan en la calle, pero también es anárquico y agradable para la condición de Phillip. Y, seguramente, esta es la primera comedia de Hollywood en sacar tanto kilometraje de alguien que intenta cambiar un catéter.

Si el personaje de Hart es un cliché andante y su historia de redención del Bronx es un poco falsa, el cómic tiene una mente tan rápida y una presencia eléctrica que tiendes a pasar por alto esos temas. Hay momentos que se vuelven aún más atractivos que levantan un poco los efusivos intentos de la película por calentar nuestros corazones, especialmente en un rollo de cierre que también continúa. 

En comparación con el estilo brillante de la película francesa, Burger y su equipo le dan a este un enfoque más vanguardista, con un montón de trabajo de cámara de mano y un cierto rechazo que estaba ausente del original. El diseñador de producción Mark Frieberg hace un trabajo especialmente bueno con el apartamento de Phillip, que es como un laberinto de arte, gusto y extrema riqueza que Dell encuentra cuando trata de pagar sus propias cuentas. Pero al final, y con la excepción de algunos chistes modernos, la fórmula se mantiene.



jueves, 17 de enero de 2019

Crítica Cinéfila: Perfectos Desconocidos

Varios amigos de toda la vida se reúnen para cenar. Cuando deciden compartir entre ellos el contenido de cada mensaje de texto, correo electrónico y llamada telefónica que reciben, muchos secretos comienzan a develarse y el equilibrio se rompe.



Perfectos desconocidos es una película que ya ha tenido cuatro remakes, basándose en la historia de la exitosa película italiana 'Perfetti sconosciuti' (2016), dirigida por Paolo Genovese. Ya habían sido estrenadas la adaptación española de Álex de la Iglesia; y la francesa de Fred Cavayé (Nothing to Hide) con Bérénice Béjo. Por ello, resulta difícil sorprender con una trama tan masticada en menos de cinco años. ¿Había necesidad de hacer una nueva versión?

La mexicana sigue la misma idea narrativa: tres parejas, amigos desde la infancia (salvo por una de las chicas que es nueva en el grupo) se reúnen para cenar con un amigo divorciado. La expectativa de conocer a su nueva novia es el tema principal de la noche hasta que él llega sin su pareja. Y cuando todos comienzan a argumentar sobre el uso de los celulares y los misterios que se guardan en este aparato, se proponen a colocar los celulares sobre la mesa para leer cualquier mensaje y compartir las llamadas que reciban durante toda la noche. Sin embargo, los secretos que se guardan entre ellos pueden significar el final de sus relaciones y la destrucción de familias.

Toda la historia transcurre en una sola noche, durante una cena que parecía una simple reunión de amigos. Así, mientras observamos todo, también te sentirás parte de la mesa entre copas de vino, discusiones acaloradas y secretos que están a punto de reventar. A través del personaje de Eva, verán una gran crítica a cómo nos hemos herido nosotros mismos y nuestras inconformidades. Por otra parte en Flora verán el personaje más catártico, comete errores por tratar de salvar a todos, pero no se da cuenta de que le ven la cara.


Perfectos desconocidos habla sobre infidelidades, mentiras y decepciones dentro de la relación de parejas. A través de diversas parejas se enfoca sobre el desgaste del amor cuando se abandona el trabajo en la relación, y como muchas parejas solo saben quejarse de su compañero/a en vez de hablar los temas, y mientras más se quejan, más cosas hacen a sus espaldas, aun con hijos de por medio. También se enfoca mucho en la privacidad de las personas y lo que se esconden para sí mismos en sus teléfonos celulares, dando suficientes razones al hecho de tener el aparato con contraseña o siempre apagado.

Con actores de su entera confianza: Talancón, Mariana Treviño y Cecilia Suárez; por el otro Manuel García-Rulfo, Bruno Bichir y Miguel Rodarte, así como el español Franky Martín, Caro se mantiene un poco al margen de su tono trágico y trata de mantener la comedia en su máxima expresión, claramente para evitar salirse de ese ritmo que sus antecesoraas han logrado. No obstante, la química de los actores sustenta la larga y entrañable relación entre los protagonistas. En algún punto uno de ellos atisba que los conoce perfectamente y no hay nada que podría sorprenderlo y parecería cierto, hasta que el conflicto toca a la puerta en la historia. No obstante, son tres nombres los que lucen por encima de todos: Mariana Treviño, Bruno Bichir y Franky Martín.

Es importante por igual destacar el desarrollo de este guión que va en crescendo a la hora de sacar a la luz las verdades que se ocultan muchos, como mandarse mensajes con una persona a través de facebook, recibir fotos provocativas de parte de otra, mantener una relación en secreto con alguien de tu mismo sexo, o tener más de una pareja en secreto. Es increíble pensar que muchas de estas situaciones están basadas en la realidad, pero ver las consecuencias de estos actos son una buena bofetada para caer en cuenta si es o no correcto mantener la privacidad del celular. Pero es aún más doloroso ver cómo, a pesar de que muchas verdades salen a la luz, otros secretos siguen encubriéndose.

Algo que no tiene la versión española es la música que tanto caracteriza la obra de Manolo Caro. Para acompañar los momentos de histeria a la perfección, el director agregó canciones de Timbiriche que intensifican el caos. Por ejemplo el momento con “Besos de Ceniza”, pero no te adelantamos más para no dar spoilers.


Por su parte, la cinematografía juega un papel muy importante para crear tensión aún en momentos donde los chistes quieren predominar pero la situación se ha tornado sombría. El director de fotografía Pedro Gómez Millán se ha influenciado de los remakes anteriores, donde las tomas circulares y los primerísimos planos son parte importante de la narrativa cinematográfica. Por otro lado, y aún siendo muy cercana a la original, el diseño de producción para mantener la película completa dentro de una sola locación es muy inteligente, sintiendo la claustrofobia y desesperación constante, pero evitando encacillarlo hasta llegar a un nivel que parecería más teatro que cine. 

Lo que me parece una opción pobre y complaciente es el hecho de que (spoiler alert) toda la guerra que se desata es simplemente un "qué pasaría si..." al final. Es decir, todas las guerras, las verdades qeu salieron y las lágrimas derramadas no pasaron en realidad, pues cuando uno de los personajes dijo que no quería jugar el juego, aparentemente no lo jugaron, y todo lo que se ve en la película es lo que pasaría si se hubiese jugado. Es un final muy fácil que lo hacen con la moraleja de que es mejor guardarse los secretos para evitar que las relaciones se destruyan. Pero es un final que llega y es confuso, no tiene muchas explicaciones, y aún peor lo hace simplemente para no darle ningún problema final a ninguno de los personajes, y todas las guerras que vimos fueron solo una buena pesadilla.

Esta versión de Perfectos desconocidos se mantiene demasiado cerca de sus antecesoras, a pesar de agregarle aspectos culturales y sociales de la nacionalidad donde se desarrolla. Incluso trata de ser incisiva al coquetear con temas como la creencia en Dios o mediante diálogos provocadores para el sector conservador; sin embargo, no importa en cuantos idiomas, dialectos o culturas la quieran narrar, la fórmula es la misma y, por ende, la están desgastando de manera innecesaria. Lo bueno a destacarle es que se pasa un buen rato antes de que llegue el final.



jueves, 1 de noviembre de 2018

Mid90s

Stevie, un chico de 13 años que vive en el Los Ángeles de los años 90, pasa el verano lidiando con los problemas de su vida doméstica y viendo a su nuevo grupo de amigos que ha conocido en una tienda de skate.



Jonah Hill hace su debut como director bajo el lente sobre un joven que trata de crear balance entre la vida que ya tiene y la que diariamente se ilusiona. El protagonista es Stevie, un niño que trata de encontrar que hacer en un caluroso verano de Los Angeles. Como cualquier otro niño de su edad, los entretenimientos de su hogar no son suficiente para quemar su energía, y cuando se topa con un grupo de cuatro adolescentes, mayores que él, se impulsa a sí mismo a acercárseles y ser parte de su grupo, lo cual al principio parecía ser el asistente de mandados, pero terminó entrando y creando amistades honestas. 

Sunny Suljic interpreta a Stevie, dejándose torturar por su hermano mayor, tolerando la transparencia de su joven madre y obligándose a sí mismo a aprender a montar skateboard, solo por querer ser parte de este banda de adolescentes, que a primera impresión parecerán una banda de delincuentes, pero quienes muy en el fondo terminan siendo niños con sueños, frustraciones e incluso mensajes profundos.

Agregue el nombre de Jonah Hill a la lista de actores que han dado el salto exitoso a la dirección. Pero no solo eso, ha escrito y dirigido una joya ambiciosa, segura y rica que no toma atajos mientras Hill traza la historia de la madurez de un niño a mediados de la década de 1990, y lo hace con un toque de confianza que usted juraría que había aprendido de los mejores directores de cine. Pero lo que quizás sea más sorprendente es que se siente como una película personal. Hill no está haciendo ninguna imitación, ya que apuesta lo que seguramente será una larga carrera como cineasta con una película que es agridulce pero real.


La película parecerá ligera de trama, pero los personajes son lo que le dan verdadero peso, con realidades, personalidades y actitudes que muchos adultos los categorizarán como adelantados a lo que le corresponde, pero solo actuan acorde a lo que su propia realidad los ha empujado, aunque esto signifique alcohol, cigarrillos e incluso drogas. Donde su edad no es ningún impedimento, y mucho menos una excusa para lograr lo que sea que se propongan, ya sea emborracharse hasta no poder, o querer dedicarse apasionadamente al skateboarding.

Lo más impresionante de esta historia es que Hill le confía los papeles estelares a niños que hacen su debut en el mundo de la actuación. Con excepción de Sunny, a quien ya habíamos visto en The House with a Clock in its Walls y The Killing of a Sacred Deer, el resto son jóvenes que si habían aparecido en la pantalla anteriormente, no tuvieron papeles tan relevantes como lo tienen en esta historia. Pero es muy clara la honestidad y sencillez detrás de sus actuaciones que hace un equilibrio entre el pensamiento de los adolescentes de esa época, y las condiciones sociales por las que tienen que pasar para poder ser aceptados y aceptarse a sí mismos. Cada personaje es muy específico y singular, dándole la oportunidad a destacarse por su talento, su personalidad o por el rol que representan en la vida de Stevie. 

Del mismo modo, Lucas Hedges, quien es el hermano mayor de Stevie, que abusa de Stevie cuando su hermanito le es honesto en su propia cara, trae un papel que no habíamos visto en sus actuaciones anteriores, sacandolé de su zona de comfort y teniendo que hacer una evolución interesante de un personaje que se veía muy encerrado en su realidad de hermano mayor. Además de estas actuaciones, las mujeres de la película representan las etapas del protagonista, donde él tiene que decidir si se comportará como la edad que tiene o se adelantará a lo que todavía no le toca vivir.


La fotografía y la musicalización le hace honor a la época del título. Filmada en una super 16, le da una calidad visual muy específica de años atrás, creando la sensación de que se está viendo una película de los años 90, complementada con una lista de sencillos de hip hop de los 90, junto con una banda sonora de Trent Reznor y Atticus Ross. 

A pesar de los buenos tiempos que ha tenido el nuevo grupo de amigos de Stevie, hay una tragedia a lo largo de la película. Hill lo marca justo a la derecha, de modo que cuando la película finalmente comienza a revelar algo de la angustia dentro de los personajes, todo está bien establecido. Todo el mundo está roto y esta es una lección difícil de aprender a cualquier edad, pero se siente especialmente difícil para Stevie. 

A pesar de estar arraigada en la cultura del skate, Hill hace un trabajo excelente al hacer que la historia sea a la vez específica y universal. No tienes que haber sido un niño patinador para entender lo que se siente al no pertenecer a ningún grupo. Mid90s es una joya que se siente como algo profundamente personal, que fue filmado en esos años y recientemente desenterrado de una cápsula del tiempo, con un secreto que hace balance entre lo divertido, lo oscuro y lo dulce, pero a la vez real.