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jueves, 11 de abril de 2024

Crítica Cinéfila: One Life

Un joven corredor de bolsa británico, Nicholas "Nicky" Winton (Anthony Hopkins), ayudó a rescatar a cientos de niños de los nazis en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, con la ayuda de su madre (Helena Bonham Carter). Un acto de compasión casi olvidado durante 50 años, y del que Nicky vive atormentado por los fantasmas de los niños a los que no pudo rescatar, culpándose por no haber hecho más.



Parece extraño que un actor del prestigio y aclamación de Sir Anthony Hopkins necesite un regreso tan avanzado en su carrera; pero durante algunos años, el ganador del Oscar estuvo atrapado en un ciclo de secuelas ingratas y thrillers de una sola palabra donde el brillo actoral que alguna vez lo convirtió en un rostro muy solicitado fue ahogándose. En un año, fue nominado al Oscar por Los dos papas y ganó por El padre (su primera nominación en la Academia desde 1998) y, si bien esto no frenó por completo su predilección por las películas de serie B, lo llevó de regreso a la sustancia, con un giro sutil pero devorador de escenas en Armageddon Time de James Gray y ahora, otra actuación espectacular en el drama de la segunda guerra mundial "One Life".

La película, a veces, puede parecer más un drama televisivo de la BBC con algunos toques cinematográficos, pero avanza hacia un último acto con una emoción imponente, y pocos ojos secos. Es la historia de valentía radical de Nicholas Winton, un corredor de bolsa atrapado por la necesidad de hacer algo mientras Europa se acercaba al inicio de la Segunda Guerra Mundial. Se dirigió a Praga en 1938, a pesar de las advertencias de su bien intencionada madre, y de inmediato se horrorizó por la situación en la que se encontraban tantos jóvenes refugiados, la mayoría de los cuales tenían pocas probabilidades de sobrevivir al invierno. Su plan para salvarlos fue descartado como ingenuo por aquellos más endurecidos por lo que habían visto y lo que habían descubierto que no era posible, pero regresó a Londres decidido a ayudar y, con la ayuda de su igualmente obstinada madre, comenzó a reunir visas y encontrar hogares.

La historia desarrolla su trabajo a través de flashbacks mientras el Winton mayor clasifica archivos y papeles que ha estado acumulando durante mucho tiempo, para disgusto de su esposa. Interpretado por Johnny Flynn cuando era joven, es un hombre impulsado por una necesidad imparable de ayudar y, en su versión mayor, interpretado por Hopkins, es un hombre atormentado con el sentimiento de que no ayudó lo suficiente. Avergonzado por la idea de recibir atención por lo que había hecho, aprendió a enterrarla en su oficina, dentro del mismo maletín que usó en aquel entonces, diciéndose a sí mismo que cualquiera habría actuado de la misma manera y que pensar demasiado en ello le haría centrarse en los que quedaron atrás.

Es un ir y venir a través del tiempo, pero en las escenas de finales de los años 30, el director James Hawes a menudo lucha por distinguir visualmente su película de tantos dramas anteriores de la Segunda Guerra Mundial, volviendo a la seguridad de sus raíces en la televisión. Flynn es un solucionador de problemas convincentemente obsesivo, con la ayuda de una férrea Romola Garai en Praga y una tenaz Helena Bonham-Carter como su madre en Londres, y hay un innegable desgarro de lo familiar que es cuando vemos esas imágenes conmovedoras de manitas despidiéndose de sus padres a quienes nunca volverán a ver. Pero es en las escenas de finales de los 80, que poco a poco empiezan a tomar protagonismo, donde la película encuentra una base más original, explorando con matices las realidades de vivir con el peso de hacer tanto pero pensando en ello como que fue tan poco.

El monumental logro de Winton se mantuvo oculto durante años, enterrado en un maletín de cuero en su casa, mientras poco a poco intenta encontrar una manera de compartir los documentos que detallan lo que hizo (con fines históricos y educativos más que para cualquier cosa que involucre su ego), su vida y su autopercepción comienzan a cambiar. Es en estas últimas escenas, cuando Winton confronta su bondad innata y se da cuenta del peso de lo que ha hecho, que la película realmente se dispara. Los momentos clave tienen lugar en las grabaciones de That's Life de la BBC, un programa que su esposa considera de mal gusto, pero hay algo en su sentimentalismo descarado que comienza a tener un efecto, golpeándonos de repente como lo hace Hopkins, cuya demostración de emoción desenterrada es bastante demoledora, un hombre que nunca se consideró lo suficientemente bueno y finalmente se da cuenta de que es mejor que muchos. Es ese último acto lo que derribará cualquier pared de sentimientos retenidos hasta ese momento, pues es esa sensación de tristeza y redención las que se necesitan lograr para que la película cumpla con su cometido.


lunes, 6 de marzo de 2023

Crítica Cinéfila: The Son

La ajetreada vida de Peter junto a su nueva pareja Emma y su bebé se convierte en un caos cuando su ex esposa Kate reaparece con su hijo adolescente, Nicholas, un joven problemático con el que es difícil comunicarse, por agresivo y distante, y que acaba de abandonar la escuela. 



Desde Sófocles hasta Shakespeare, todo vuelve a la familia. Los escritores pueden obtener conceptos tan elevados como quieran, pero al final, los mejores narradores del mundo reconocen que nada es más potente, ni siquiera el amor romántico y banal, que las conexiones entre los niños y sus padres. Florian Zeller lo entiende. Antes de centrar su atención en la pantalla, este talentoso narrador escribió al menos una docena de obras, la más aclamada de las cuales fue una trilogía centrada en cómo los problemas de salud mental devastan a las familias burguesas aparentemente funcionales: “The Mother” (depresión), “The Father (demencia) y “The Son” (ya verás).

En el escenario, su estrategia ha sido mantener las situaciones visualmente simples, honestas y lo más universales posible. En 2020, dirigió a Anthony Hopkins y a sí mismo a un Oscar con “The Father”. Y ahora, con tantos mirando para ver qué hará a continuación, Zeller adapta su obra más personal, "The Son", sobre un adolescente depresivo de Nueva York que nadie parece entender, ni siquiera él mismo. “No soy como otras personas”, insiste Nicholas, de 17 años (Zen McGrath). "Estoy sufriendo todo el tiempo".

Es un grito de ayuda en una película en la que la gente quiere desesperadamente hacer lo correcto, pero nadie parece saber qué es eso, o de qué es capaz Nicholas. Esa incertidumbre le da a “The Son” su tensión: un bajo temor subconsciente de que algo terrible vaya a suceder, como si la tragedia fuera inevitable, pero no puedes estar seguro de qué forma tomará. La madre de Nicholas, Kate (Laura Dern), le dice al exmarido Peter (Hugh Jackman) que está asustada de su hijo en un tono que sugiere que lo admite por primera vez. Kate se presentó en la casa de Peter, un apartamento elegante que el abogado comparte con su nueva esposa Beth (Vanessa Kirby) y su bebé recién nacido, a una hora inapropiadamente tarde en busca de ayuda.

Nicholas ha faltado a la escuela durante casi un mes. Algo anda mal, pero el joven se niega a confiar en Kate. Quizá Peter pueda razonar con él, espera ella. Al día siguiente, Peter llega, duro pero preocupado, y trata de animar al niño a salir de lo que los padres llaman con optimismo una "fase", pero que, de hecho, es posible que nunca superen. Peter quiere que su hijo se sienta respetado. En la conversación de hombre a casi hombre que sigue, Nicholas termina preguntando si puede vivir con su padre, lo que pone en marcha el resto de "The Son".

En lugar de sentirse suelto y habitado, la adaptación de Zeller de su propia obra tiene una calidad ligeramente mayor, que no debe confundirse con "teatral": los decorados se sienten desconcertantemente poco decorados, como si los personajes estuvieran viviendo en una sala de exposición. El diseño de sonido se ha reducido, de modo que las sirenas y el ruido de la calle (casi constante en Nueva York) apenas se registran. El diálogo, adaptado al inglés con la ayuda de Christopher Hampton, sugiere lo que la gente podría decir en tal situación. Estas mismas preocupaciones han alimentado innumerables películas para televisión y, sin embargo, Zeller busca el tratamiento más "de buen gusto" posible. En lugar de simplemente desgarrarnos emocionalmente, lo que "The Son" inevitablemente logrará (y lo que quiere) es que el público piense.

Sobre todos los elementos, lo más destacable es la cuidadosa dinámica entre padre e hijo, un truco fascinante en el trabajo, incluso más sutil que el juego de manos que Zeller usó para hacer sentir al público como si estuviera perdiendo la cabeza lentamente (como el personaje de Hopkins) en “The Father”. En el papel de Peter, Jackman se convierte en un hombre atrapado en su propio tipo de actuación. El adicto al trabajo que rara vez está en casa quiere desesperadamente ser percibido como un patriarca ideal, pero parece saber (o sospechar) en el fondo que es un fracaso en ese departamento. Eso significa que Jackman está interpretando esencialmente a un hombre que quiere hacer el papel de un padre.

Si duda, considere una de las escenas definitorias de la película, cuando Peter se toma un raro descanso del trabajo para ver a su propio padre (Anthony Hopkins) para hacerle saber que está pensando en rechazar la oferta de un político de DC a supervisar su campaña, ya que Nicholas lo necesita. A Peter le parece la decisión correcta, pero Anthony ve a través de su agenda y le aconseja superar las cicatrices de su niñez.

Y ahí emerge otra dimensión del personaje de Jackman, que proviene de una generación en la que quedarse callado y soportar el dolor es visto como un signo de fortaleza personal. Hoy, la madurez emocional se asocia con las cualidades opuestas: la capacidad de identificar el propio trauma y aceptar el tratamiento, como intenta hacer Nicholas. Para su crédito, cuando no está demasiado distraído con el trabajo, Peter intenta comunicarse con su hijo. Es a través de una de estas conversaciones que Peter se entera de que el niño está profundamente traumatizado por la separación de sus padres. Esta revelación no se ofrece tanto como una "explicación". Nicholas claramente se siente traicionado y abandonado por su padre. 

Para los padres de Nicholas, así como para los padres y madres de la audiencia, es molesto ver a alguien tan joven abrumado por el mundo que lo rodea, un estado mental que McGrath interpreta de manera más sutil que Laurie Kynaston en la versión teatral del West End, donde el personaje garabateaba en las paredes y volcaba muebles agitado. No este Nicolás. Es en gran parte un cifrado, esconde un arma debajo de su colchón y muestra un interés inquietante en su hermanastro pequeño, a quien claramente ve como una especie de reemplazo. Este no es un papel fácil, ya que la más mínima amenaza probablemente sabotearía la sensibilidad de la interpretación de Zeller.

“The Son” no es un espectáculo fácil, pero es importante en un momento en que los jóvenes están en crisis constante. Solo mire las estadísticas, y está claro que la depresión, las autolesiones y el suicidio están aumentando en tasas alarmantes entre los adolescentes, y eso incluso antes de tener en cuenta los desafíos de la pandemia. Cuando Nicholas le pregunta a su padre sobre el rifle que vio en el cuarto de lavado, no está claro si este adolescente descontento planea usarlo contra sus compañeros de clase o contra él mismo. 

Beth está asustada, pero hace todo lo posible por ser una madrastra cariñosa, como en una escena atípicamente liviana cuando presiona a Peter para que demuestre su "famoso movimiento de cadera". Sale a la luz un vistazo detrás de la personalidad estelar de Hugh Jackman. Entre esto y "Bad Education", estamos viendo un nuevo capítulo de su carrera, ya que Jackman subsume su carisma natural para sugerir la inseguridad fundamental de Peter: quiere romper el ciclo, ser un mejor padre que el que tuvo. Pero él no entiende a lo que se enfrenta, y al ver el desarrollo de "The Son", la tragedia de esta familia se convierte en la nuestra, y la advertencia de Zeller se vuelve imposible de ignorar.


domingo, 25 de abril de 2021

Temporada de Premios: Ganadores a los Academy Awards 2021


Hollywood está marcando la culminación de una temporada de premios sin precedentes con la 93va entrega de los Premios de la Academia.

En las categorías superiores, Chloé Zhao ganó el premio a Mejor Película y Mejor Dirección por Nomadland, convirtiéndose en la segunda mujer en reclamar ese honor en los Oscar. Yuh-Jung Youn ganó el premio a la mejor actriz de reparto por Minari, convirtiéndose en la primera actriz coreana en ganar un Oscar. Y Daniel Kaluuya reclamó actor de reparto por Judas and the Black Messiah. 

En las categorías del departamento de arte, Ma Rainey's Black Bottom de Netflix ganó tanto por diseño de vestuario como por maquillaje / peinado, y los estilistas Mia Neal y Jamika Wilson se convirtieron en las primeras afroamericanas ganadores del Oscar en esa categoría. 

Netflix lidera todos los estudios con 35 nominaciones, seguido de Amazon con 12, Walt Disney (8), Warner Bros. (8), Focus Features (7), A24 (6), Searchlight (6), Sony Pictures Classics (6), Universal (4), Samuel Goldwyn (3) y Apple (2), entre otras empresas.

La ceremonia del Oscar de este año, que contó con 11 nominados por primera vez, fue producida por Jesse Collins, Stacey Sher y Steven Soderbergh y transmitida parcialmente desde Union Station en el centro de Los Ángeles, así como desde la sede de los premios, el Dolby Theatre.

A continuación está la lista completa de los ganadores de este año:

Best Picture: “Nomadland”
“The Father”
“Judas and the Black Messiah”
“Mank”
“Minari”
“Promising Young Woman”
“Sound of Metal”
“The Trial of the Chicago 7” 

Best Director: Chloé Zhao (“Nomadland”) 
Thomas Vinterberg (“Another Round”)
David Fincher (“Mank”) 
Lee Isaac Chung (“Minari”) 
Emerald Fennell (“Promising Young Woman”) 

Best Actor in a Leading Role: Anthony Hopkins (“The Father”) 
Riz Ahmed (“Sound of Metal”) 
Chadwick Boseman (“Ma Rainey’s Black Bottom”) 
Gary Oldman (“Mank”) 
Steven Yeun (“Minari”) 

Best Actress in a Leading Role: Frances McDormand (“Nomadland”) 
Viola Davis (“Ma Rainey’s Black Bottom”) 
Andra Day (“The United States v. Billie Holiday”) 
Vanessa Kirby (“Pieces of a Woman”) 
Carey Mulligan (“Promising Young Woman”) 

Best Supporting Actor: Daniel Kaluuya (“Judas and the Black Messiah”) 
Sacha Baron Cohen (“The Trial of the Chicago 7”) 
Leslie Odom Jr. (“One Night in Miami”) 
Paul Raci (“Sound of Metal”) 
Lakeith Stanfield (“Judas and the Black Messiah”)

Best Supporting Actress: Youn Yuh-Jung (“Minari”) 
Maria Bakalova (‘Borat Subsequent Moviefilm”) 
Glenn Close (“Hillbilly Elegy”) 
Olivia Colman (“The Father”) 
Amanda Seyfried (“Mank”) 

Best Adapted Screenplay: “The Father,” Christopher Hampton, Florian Zeller 
“Borat Subsequent Moviefilm,” Peter Baynham, Sacha Baron Cohen, Jena Friedman, Anthony Hines, Lee Kern, Dan Mazer, Nina Pedrad, Erica Rivinoja, Dan Swimmer 
“Nomadland,” Chloé Zhao 
“One Night in Miami,” Kemp Powers 
“The White Tiger,” Ramin Bahrani 

Best Original Screenplay: “Promising Young Woman,” Emerald Fennell 
“Judas and the Black Messiah,” Will Berson, Shaka King, Keith Lucas, Kenneth Lucas 
“Minari,” Lee Isaac Chung 
“Sound of Metal,” Abraham Marder, Darius Marder, Derek Cianfrance 
“The Trial of the Chicago 7,” Aaron Sorkin 

Best Original Song: “Fight for You,” (“Judas and the Black Messiah”) 
“Hear My Voice,” (“The Trial of the Chicago 7”) 
“Húsavík,” (“Eurovision Song Contest”) 
“Io Si (Seen),” (“The Life Ahead”) 
“Speak Now,” (“One Night in Miami”) 

Best Original Score: “Soul,” Trent Reznor, Atticus Ross, Jon Batiste 
“Da 5 Bloods,” Terence Blanchard 
“Mank,” Trent Reznor, Atticus Ross 
“Minari,” Emile Mosseri 
“News of the World,” James Newton Howard 

Best Sound: “Sound of Metal,” Phillip Bladh, Nicolas Becker, Jaime Baksht, Michelle Couttolenc, Carlos Cortés
“Greyhound,” Odin Benitez, Jason King, Christian P. Minkler, Michael Minkler, Jeff Sawyer 
“Mank,” Ren Klyce, Jeremy Molod, David Parker, Nathan Nance, Drew Kunin 
“News of the World,” John Pritchett, Mike Prestwood Smith, William Miller, Oliver Tarney, Michael Fentum 
“Soul,” Coya Elliott, Ren Klyce, David Parker, Vince Caro 

Best Costume Design: “Ma Rainey’s Black Bottom,” Ann Roth 
“Emma,” Alexandra Byrne 
“Mank,” Trish Summerville 
“Mulan,” Bina Daigeler 
“Pinocchio”

Best Animated Short Film: “If Anything Happens I Love You”
“Burrow”
“Genius Loci”
“Opera”
“Yes-People”

Best Live Action Short Film: “Two Distant Strangers” 
“Feeling Through” 
“The Letter Room” 
“The Present” 
“White Eye” 

Best Animated Feature Film: “Soul”
“Onward”
“Over the Moon”
“Shaun the Sheep Movie: Farmageddon”
“Wolfwalkers” 

Best Cinematography: “Mank,” Erik Messerschmidt 
“Judas and the Black Messiah,” Sean Bobbitt 
“News of the World,” Dariusz Wolski 
“Nomadland,” Joshua James Richards 
“The Trial of the Chicago 7,” Phedon Papamichael 

Best Documentary Feature: “My Octopus Teacher”
“Collective”
“Crip Camp”
“The Mole Agent”
“Time”

Best Documentary Short Subject: “Colette”
“A Concerto Is a Conversation”
“Do Not Split”
“Hunger Ward”
“A Love Song for Latasha”

Best Film Editing: “Sound of Metal,” Mikkel E.G. Nielsen 
“The Father,” Yorgos Lamprinos
“Nomadland,” Chloé Zhao 
“Promising Young Woman,” Frédéric Thoraval 
“The Trial of the Chicago 7,” Alan Baumgarten 

Best International Feature Film: “Another Round” (Denmark) 
“Better Days” (Hong Kong)
“Collective” (Romania) 
“The Man Who Sold His Skin” (Tunisia)
“Quo Vadis, Aida?”(Bosnia and Herzegovina) 

Best Makeup and Hairstyling: “Ma Rainey’s Black Bottom,” Matiki Anoff, Mia Neal, Larry M. Cherry 
“Emma,” Marese Langan 
“Hillbilly Elegy,” Eryn Krueger Mekash, Patricia Dehaney, Matthew Mungle 
“Mank,” Kimberley Spiteri, Gigi Williams 
“Pinocchio,” Dalia Colli, Anna Kieber, Sebastian Lochmann, Stephen Murphy 

Best Production Design: “Mank,” Donald Graham Burt, Jan Pascale 
“The Father,” Peter Francis, Cathy Featherstone 
“Ma Rainey’s Black Bottom,” Mark Ricker, Karen O’Hara, Diana Stoughton 
“News of the World,” David Crank, Elizabeth Keenan 
“Tenet,” Nathan Crowley, Kathy Lucas 

Best Visual Effects: “Tenet,” Andrew Jackson, Andrew Lockley, Scott R. Fisher, Mike Chambers 
“Love and Monsters” 
“The Midnight Sky,” Matt Kasmir, Chris Lawrence, Dave Watkins, Max Solomon 
“Mulan,” Sean Faden, Anders Langlands, Seth Maury, Steve Ingram 
“The One and Only Ivan,” Nick Davis, Greg Fisher, Ben Jones, Santiago Colomo Martinez 

jueves, 11 de marzo de 2021

Crítica Cinéfila: The Father

Anthony, un hombre de 80 años que tercamente ha decidido vivir solo, rechaza todos y cada uno de las cuidadoras que su hija Anne (Olivia Colman) intenta contratar para que le ayuden en casa. Está desesperada porque ya no puede visitarle a diario y siente que la mente de su padre empieza a fallar y se desconecta cada vez más de la realidad. 



Películas como Amour, nominada al Oscar de Michael Haneke, una película devastadoramente sombría sobre la demencia, o Still Alice, ganadora del Oscar, que es un poco más dulce en su retrato pero sigue siendo horrible de ver, son algunos ejemplos fílmicos bastante desgarradores al tratar el tema de la degeneración cognitiva, pues de manera muy empática conectan con una gran variedad de personas en la audiencia. Todos de una manera u otra hemos sido testigos de esta enfermedad. Y ahora llega The Father, una mezcla de lo retorcido y lo elegante, todo anclado en lo que probablemente será una de las actuaciones más destacadas de este año.

El actor responsable de esta última nota es Anthony Hopkins acompañado de la muy talentosa Olivia Colman. The Father se convierte en la culminación de esta nueva era de Hopkins, una actuación imponente que es tan precisa y exigente como envolvente, recordándonos por qué Hopkins disfruta de la venerada estatura actoral que tiene durante tanto tiempo.

Por supuesto, es una ayuda inmensa que todo lo que lo rodea se realice de manera tan vívida e inteligente también. La película está dirigida por el debutante Florian Zeller, un elogiado dramaturgo francés que adapta aquí su propia obra de gran éxito producida internacionalmente. Es un debut auspicioso mientras el personaje de Anthony se desliza más en la niebla mental de su personaje (también llamado Anthony). Zeller mantiene su película tan íntima como una obra de teatro, pero hace un buen uso de las ventajas visuales del cine. Gran parte de la película trata sobre el reconocimiento del espacio físico: pinturas en las paredes y azulejos en las placas de la cocina, significantes rápidos que llevan a uno a un lugar familiar. En la película, esas cosas pueden cambiar rápidamente y sin problemas, lo que nos da una idea de lo terriblemente fácil que es para Anthony perder el rumbo. En cuanto al sonido, Zeller utiliza una mezcla de selecciones de ópera clásica y composiciones originales del gran Ludovico Einaudi para llenar la película de dolor y pavor. 

También acompañamos a la hija de Anthony, Ann, interpretada con preocupación y sensibilidad por Olivia Colman. Pero de vez en cuando cambia a otros personajes y el truco de la película es que la realidad de la trama cambia como lo hace la realidad mental de Anthony. Las escenas se repiten entre sí. Las caras y las ubicaciones cambian y luego se revierten. El tiempo se dobla, se condensa y se expande. Es difícil saber cuándo está sucediendo algo. Pero la confusión que uno debe de sentir hace empatía con la confusión que siente Anthony constantemente.

Zeller al menos nos permite a la audiencia reconstruir algún tipo de línea de tiempo vaga de eventos reales, pero la estructura lineal se evita en gran medida. Esta es una aproximación nerviosa de cómo se puede sentir realmente la demencia, lo mundano cambiando repentinamente hacia lo desconocido. Es un enfoque mucho más interesante del tema de lo que hubiera sido algo sencillo, permitiendo que las cosas aterradoras existan en un contraste con lo triste y desesperante.

A lo largo de toda esta distorsión, Hopkins atraviesa una amplia gama. Pasa de dulcemente vacilante a intimidante, encantador a asustado, obstinado y luego, a veces, resignado a los límites de su percepción defectuosa. Hopkins describe claramente los momentos en los que Anthony se da cuenta de que no sabe quién es alguien o qué está sucediendo exactamente, pero no quiere dejar ver que está ahogándose aún más en una situación degenerativa. Esta es una interpretación tan mordaz y dolorosamente precisa de cómo el Alzheimer puede manifestarse en sus etapas intermedias: momentos de claridad y orgullo que son intensos, fugaces y luego irrecuperables. A medida que la condición de Anthony empeora, Hopkins evita los clichés debilitados y, al mismo tiempo, comunica de manera potente lo lejos que está Anthony. Es algo devastador.

Aunque The Father es una situación difícil, Zeller no se enfoca en lo miserable. Hay una humanidad tan rica en su película que nada absolutamente torturador puede echar raíces. Cualquiera que haya vivido esta terrible experiencia con un ser querido sentirán sobre todo la profunda y sobria empatía de la película. The Father es un acto de comprensión, radical en su dureza y su generosa maestría.



viernes, 3 de enero de 2020

Crítica Cinéfila: The Two Popes

Explora la relación que mantuvieron el Papa Benedicto XVI y su sucesor, el Papa Francisco, dos de los líderes más poderosos de la Iglesia Católica, que abordan sus propios pasados ​​y las demandas del mundo moderno para que la institución avance.



Mientras Jorge Bergoglio daba misas y sermones en los barrios de Buenos Aires, Joseph Ratzinger tenía reuniones cuasi-políticas. Mientras el argentino le sirve a la gente, el alemán recibe atención. Mientras uno sonríe con los ojos, el otro sonríe en sarcasmo. Son dos personas totalmente diferentes que se sortearon la posición del Papá en el 2005 tras la muerte de Juan Pablo II. Ambos competían, uno más que otro, y recibiendo bastante votos, lo cual generó un pequeño rechazo mutuo más adelante, aunque ninguno lo quiso admitir.

Años más tarde, los casos de abusos sexuales de parte de clérigos se multiplicaban, y los seguidores de la iglesia se dividían aún más, sobretodo algunos que llamaban nazi a Ratzinger, ahora conocido como Papa Benedicto XVI; mientras tanto, del otro lado del mundo, el padre Bergoglio planeaba su retiro, haciéndole la solicitud formal al Papa. Cuando Bergoglio decide visitar al Papa para recibir su renuncia autorizada, su visita cambia a unos encuentros de confesión con Benedicto, tratando de demostrarle que, a pesar de la buena imagen que ahora tiene con su comunidad, su pasado lo acosa constantemente, recordándole que él nunca fue un santo y que su auto-resentimiento le impide seguir representando la iglesia para su comunidad. Mientras tanto, el Papa comparte con Bergoglio algunas pequeñas confesiones dentro de su posición, incluyendo su decisión de renunciar a continuar siendo el Papa. 

Anthony Hopkins y Jonathan Pryce protagonizan The Two Popes, un drama conversacional entre dos de las figuras más importantes de la Iglesia Católica de las últimas dos décadas. Es una película que, aunque el conflicto sea interno y casi no se presenta con acciones en el presente de los personajes, el diálogo y la interacción de estos dos actores la convierte en una fuerte narrativa.


Lo primero que hay que entender de la historia es que, a pesar de estar inspirada y posiblemente basada en hechos reales para ambos, estas conversaciones fueron adaptadas para que tuviesen una estructura cinematográfica, obviamente respetando las reales personalidades de las protagonistas. Me preguntó que opinarán los reales Benedicto y Francisco sobre sus reencarnaciones; si se sentirán cómodos con la actuación de Hopkins y  Pryce. Sin embargo, mi curiosidad se extiende más hacia la actuación de Pryce y cómo este actor británico generó tanta empatía con su audiencia, sobretodo en cómo hablaba español en un acento argentino que engaña a cualquiera que no conozca sus orígenes. Mi sorpresa continuó hasta el final, donde de manera cómica ambos actores en el cuerpo de sus personajes bromean sobre el idioma inglés, la lengua natal de ambos, pero para Benedicto y Francisco es en realidad un lenguaje terrible, con “demasiadas excepciones para demasiadas reglas”.

Pryce es un veterano de la actuación, está claro que se preparó y hasta estudió las formalidades de Bergoglio, desde su forma tan compasiva para pronunciar sus líneas hasta su expresión no verbal para comunicar su interés por cada ser humano con el que tenía contacto. Del otro lado se aprecia a Hopkins como el “villano” de la historia, con un paso lento y una postura jorobada, provocando cierta distancia hacia los que le rodean y creando cierto desagrado por su trato hacia Bergoglio y su rechazo a aprobarle su retiro, pero más tarde demostrando porque esto ocurre. 

El guionista Anthony McCarten se enfocó claramente en demostrar lo diferente que estos dos personajes son,  sobretodo en presentar (al principio y al final) cómo ambos se presentaban al mundo; sin embargo, ambos tienen el mismo objetivo en la historia: se quieren retirar de sus posiciones porque se consideran incapaces de continuar “ejerciendo su oficio”. La presentación de Bergoglio como un joven padre jesuita es importante para la historia, para poder entender que este rechazo propio viene de años atrás, con revelaciones importantes de lo que vivió durante el terrorismo de Estado en Argentina en la década de 1970, y cómo se sintió responsable de lo que le ocurrió a algunos de sus amigos que se oponían al gobierno. Por el otro lado, no es necesario saber del pasado de Benedicto, pues es su presente y su decisión de permanecer ciego y casi perdonable a los clérigos relacionados a los abusos sexuales lo que le ha empujado a presentar su carta de renuncia. Los procesos de sus retiros no son iguales, y las bromas de los 700 años de diferencia desde el último Papa que dejó el rol antes de morir son resaltados; sin embargo, ambos han pasado por el mismo auto-cuestionamiento, y ambos empujan al otro a no tomar la decisión que ellos quieren lograr para sí mismos. 


Aunque los diálogos y la química de los actores es suficiente para las escenas tan fijas y escasas de acciones físicas de parte de sus personajes, aquí el juego de la fotografía de César Charlone y el diseño de producción de Mark Tildesley tienen un papel importante, manteniendo una atención considerable a los detalles, resaltando la temática sobre las creencias, la fé y las señales divinas a través de elementos religiosos y la naturaleza, desde la posición en la que vuela el humo de una vela que se apaga hasta la decisión de comprar un vuelo hacia el Vaticano días antes de recibir la invitación formal a esta ciudad. 

La iglesia es uno de los “gobiernos” mundiales más importantes y antiguos desde su creación, y la imagen del Papa es lo más divinamente cercano a Dios. El director Fernando Meirelles se encargó de recordarnos esto constantemente a lo largo de la historia, con la forma en que los personajes entregan líneas aparentemente simples, pero con un trasfondo bien importante y un mensaje de sabiduría que se enfoca a la auto-reflexión y a impulsar a encontrar nuestro verdadero lugar en el mundo. Creas o no en Dios, y sin importar tu edad, pasado u origen, todo el mundo tiene un destino divino que está inteligentemente ubicado en el trayecto de la vida para encontrarse a lo largo de la marcha.


jueves, 9 de noviembre de 2017

Thor: Ragnarok

Thor está encerrado en otro lado del Universo sin su martillo y se encuentra a sí mismo en una carrera en contra del tiempo para volver a Asgard y parar el Ragnarok -la destrucción de su hogar al final de la civilización asgardiana- que se encuentra en manos de una poderosa amenaza, la despiadada Hela. Pero primero debe sobrevivir a una competición letal de gladiadores que le enfrentará a su aliado y compañero de Los Vengadores: el increíble Hulk (Sensacine)



Por tercera ocasión, el Dios del Trueno se enfrenta a una situación de vida o muerte, en este caso en particular, que pone en peligro a la población de Asgard. Según Thor, ya había tenido una serie de sueños donde revelaban la profecía de Ragnarok, que explica que su civilización se arruinaría en llamas si Sutur unía su corona a la eterna llama que existe en la ciudad. Una vez que derrota Sutur, Thor regresa a Asgard y descubre que su padre ha sido envíado a la Tierra y su hermano adoptivo Loki se ha disfrazado de Odín para poder gobernar su pueblo.

Pero al llegar junto a su padre, se enteran de que su hermana Hela planea regresar a vengar su exilio y tomar el trono, destruyendo el famoso martillo de Thor y desviando el camino de los hermanos, quienes cuando eran transportados de regreso a Asgard, fueron atacados por Hela y terminaron aterrizando en Sakaar. Allí Thor tratará de escapar a su líder, participando en una competencia de pelea entre luchadores; uno de ellos, el poderoso Hulk.


Esto es tan solo los primeros 30 minutos de trama de esta película, que ya estaban cargados de mucha tensión y momentos graciosos. Y así fue evolucionando el resto de la película, que se caracterizó por su tono burlesco, mientras transcurrían las mejores escenas de batallas que había visto desde Avengers. 

En esta tercera entrega, los guionistas decidieron volverse locos y dejar que la historia fluyese como no lo había logrado perfectamente las primeras películas de Thor. Quizás por el hecho de que la audiencia ya estaba totalmente empapada de los términos, los personajes, la fantasía y las criaturas, hizo que fuese más fácil digerir todo lo que ocurría y dejarse llevar por la trama, que se entiende y se conecta con el resto de los sucesos que han ocurrido en otros universos de Marvel, pero que se relacionan a estos personajes.


Chris Hemsworth (como siempre) excede las expectativas y otorga una actuación exquisita; sin embargo, en esta historia variaron totalmente su personalidad. En los primeros filmes, vimos a Thor como un personaje más arrogante, impulsivo y reservado; sigue siendo arrogante, pero de una manera más seductora y menos por el hecho de demostrar que es el mejor. Además Thor tuvo muchas escenas de comedia, y casi terminó convirtiéndose en una comedia con acción, que viceversa. Quizás a muchos les guste este detalle, pero a mi me pareció excesivo e innecesario en algunas ocasiones. Lo mismo ocurre con Loki y Hulk, que ambos se han ganado la fama de ser personajes rudos y sombríos, principalmente Hulk; pero ahora se ven más tontos. No obstante, no dejan de ser un punto muy importante para la historia.

Otras importantes apariciones en la película son Doctor Strange, Odín y Heimdall. Y por supuesto Stan Lee.


Sin embargo, la historia crea un buen arco y evolución al personaje de Thor que demuestran: 1) el martillo era solo un accesorio, y es verdaderamente el Dios del trueno, y 2) tiene más voz verdadera de liderazgo y de toma de decisiones, como Odín siempre quiso.

Hela, interpretado por Cate Blanchett, es uno de los personajes más completos que he conocido de Marvel, ya que se entiende perfectamente cuál es su verdadera razón de ser la antagonista, cuál es su pasado y tiene un verdadero deseo de gobernar el trono de Asgard que no es solo por querer liderarlo, sino por "convertirlo nueva vez en lo que alguna vez fue".


La fotografía, la musicalización y el diseño de producción de los escenarios no decepcionan y son uno de los principales atractivos de la trama, junto con el juego de efectos especiales, que ahora más que nunca Marvel ha fortalecido para hacerlos más creíbles. Y sí que me los creí. Una de las mejores escenas es, sin duda, la batalla entre Hulk y Thor en Sakaar.

Thor Ragnarok es, sin duda, la mejor película de la trilogía de este personaje, y una de las más entretenidas que ha creado este universo de superhéroes, gracias a que no dejan ningún detalle abandonado y se guían de lo que ya nos han contado, pero con más humor, nuevos personajes interesantes y un futuro comprometedor por delante.