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miércoles, 6 de agosto de 2025

Crítica Cinéfila: Materialists

El lucrativo negocio de una casamentera se complica cuando cae en un tóxico triángulo amoroso que amenaza a sus clientes.



¿Cómo habría sido "Sex and the City" si se hubiera presentado, a veces, como una comedia menos desenfrenada y un poco más realista? “ Materialists”, una encantadora y suntuosa historia neoyorquina de amor, dinero y citas, es la película que finalmente responde a esa pregunta. Es el segundo largometraje escrito y dirigido por Céline Song, autora de la melancólica y sublime “Past Lives”, y está protagonizada por Dakota Johnson como una matchmaker profesional, elegante y con un gran poder, y Chris Evans y Pedro Pascal como los hombres entre los que termina atrapada.

“Materialists” suena a comedia romántica, y sin duda la vende como tal. Sin embargo, la película es más bien una contradicción cautivadora: una comedia romántica con un toque de seriedad. Si bien es muy fácil imaginar la versión desenfadada de los 90 de esta película, “Materialists” no es para nada esa película. Es un drama romántico social, agudo y serio, lleno de observaciones reveladoras sobre cómo vivimos ahora y sobre cuán conectado está (o no) con cómo hemos vivido siempre. Y tiene un lado oscuro.  

La película se ambienta en la élite de la sociedad neoyorquina, donde la gente busca pareja que lo tenga todo: belleza, personalidad, buen gusto, altura (y eso es fundamental), ingresos anuales superiores a la media de seis cifras. Y la razón por la que este ambiente enrarecido libera la película, en lugar de encerrarla en un mundo pretencioso y detestable, es que permite que "Materalists" trate realmente sobre el dinero y las transacciones matrimoniales, o, mejor dicho, sobre cómo el amor y el dinero han llegado a bailar juntos.

Lucy (Dakota Johnson) es consultora de citas para Adore, una empresa que promete a cada uno de sus clientes: "Te casarás con el amor de tu vida". El servicio intenta cumplir esa promesa respetando la exigencia de los clientes y mimando su perfeccionismo. Después de cada cita, Lucy llama por teléfono a cada uno para ver cómo les fue, para calmar sus egos y para evaluar si es posible una segunda cita. Es un emparejamiento científico con un toque de terapia para sentirse bien. 

Adore no es una app de citas online, pero el servicio que ofrece refleja el cambio de conciencia que supuso este tipo de citas, que convirtió el paradigma del "romance" en un centro comercial interminable. Convirtió la búsqueda del amor en compras. Podría decirse que siempre fue así, pero quienes recordamos las citas antes de internet podemos dar fe de ello: no, no lo era (no como ahora). Sin embargo, aunque los clientes de Lucy, hombres y mujeres por igual, son prima donnas con estándares imposibles (los vemos en ingeniosos montajes) que intentan reunir sus "rasgos" ideales en un solo ser humano, hay una forma en que la película también mira hacia atrás: al espíritu de Jane Austen, que impulsó gran parte del género del "teatro de obras maestras" que prevaleció antes de la llegada de Internet, y a Edith Wharton, esa suprema cronista del amor y el dinero que es la novelista más importante de Estados Unidos debido a la profundidad con la que exploró la complejidad de los deseos de las mujeres.

Los diálogos de Celine Song rebosan ingenio y perspicacia, pero también fluyen; si se pudiera embotellar esa habilidad, Hollywood estaría a salvo. Y Dakota Johnson ofrece la actuación más contundente de su carrera. Lucy conecta de lleno con sus clientes (es una maestra de frases como «No eres feo, simplemente no tienes dinero»), pero el misterio de la película reside en lo que ella realmente cree y desea. En cierto modo, ella misma parece una trepadora materialista. Pero solo gana 80,000 dólares al año y sigue siendo buena amiga de su ex, el actor John (Chris Evans), quien sobrevive trabajando de camarero a tiempo parcial en un catering y aún tiene dos compañeros de piso que son unos fracasados. Suena cómico (y da lugar a una escena mordaz), pero Song no se deja llevar por los golpes bajos ni las risas fáciles. La falta de éxito de John es muy real, y también lo es el hecho de por qué se terminó su relación con Lucy. Vemos un flashback de su cita del quinto aniversario, y es un desastre vivido de mala planificación y tacañería. El mensaje es molesto pero contundente: en el romance, el dinero importa.

Evans está completamente despierto aquí, con una ira que hace que su ternura sea aún más atractiva. Y Pedro Pascal está impecable como un personaje que resulta ser el equivalente cinematográfico del Sr. Big de Chris Noth. Pascal, con un aspecto similar al de Burt Reynolds en sus días de bigote sexy, triunfa sin esfuerzo como el jefe de finanzas que milagrosamente parece ser tan bueno como se merece. Es lo que Lucy y el equipo de Adore lo llaman un unicornio: el hombre "perfecto" que toda mujer busca.

“Materialists” es una historia de amor en la era de la elección infinita y el control obsesivo, cuando las personas han llegado a creer que pueden escribir y diseñar sus propias vidas. La cirugía estética está presente en los intercambios pícaros de la película, y también en su trama (hay un procedimiento extremo, que cuesta varios cientos de miles de dólares, que existe en la vida real - para que el público reflexione). En el fondo, la película reconoce, sin decirlo abiertamente, que en la nueva era dorada de la aspiración, con el dinero cada vez más concentrado en la cima, el “romance”, para demasiadas personas, se está convirtiendo en una competencia por entrar en los estratos superiores (Cuando organizan una fiesta ritual en las oficinas de Adore para celebrar el noveno matrimonio de Lucy de dos de sus clientes, es como si estuvieran celebrando un experimento exitoso). Cada vez más, la percepción es que es todo o nada. Y que es su propia forma de corrupción.

En una comedia romántica clásica, la situación de Lucy se resolvería de una manera efervescente y un poco loca, y ese sería el placer del champán de todo. Pero "Materialists", en sus giros y vueltas culminantes, en realidad se topa con un pequeño dilema debido a su tono realista directo. Vemos con qué hombre pertenece Lucy y sentimos el tirón romántico entre ellos. Sin embargo, no hay esa loca carga de descubrimiento, y la película de hecho tiene que engañar un poco la situación del dinero. La película no te da una sobredosis de carga romántica. 


domingo, 31 de julio de 2022

Crítica Cinéfila: Cha Cha Real Smooth

A Andrew, un joven de 22 años recién salido de la universidad que no sabe qué hacer con su vida, no le queda más remedio que volver con su familia a Nueva Jersey. Todo un experto en montar un buen sarao, consigue un trabajo de animador en las fiestas de bar mitzva de los compañeros de clase de su hermano pequeño. Cuando se hace amigo de una mujer llamada Domino y su hija Lola, que tiene un ligero autismo, Andrew descubre el futuro que desea realmente... aunque puede que no sea el suyo.



El segundo largometraje del guionista, director y actor Cooper Raiff trata sobre un joven sin rumbo que descubre que enamorarse no es lo mismo que encontrar el camino. Al igual que su debut en 2020, "Shithouse", "Cha Cha Real Smooth" es una comedia dramática dulce y sensible poblada por personajes simpáticos que lo sienten todo y de manera profunda, que buscan satisfacción, y que esta siempre está fuera de su alcance. Hay una ligereza en esta historia, y también una familiaridad molesta en su exploración de la inquietud de los veinteañeros, pero el ojo compasivo de Raiff, junto con el giro melancólico de Dakota Johnson, da como resultado un asunto conmovedor y discreto. 

Recién salido de la universidad, pero sin saber qué quiere hacer con su vida, Andrew (Raiff) decide volver a casa de su madre en New Jersey mientras su novia se va a Barcelona a continuar los estudios. Durante el verano, consigue un trabajo como organizador de fiestas para bar mitzvahs, donde conoce a Domino (Johnson) y su hija adolescente autista Lola (Vanessa Burghardt). Andrew siente una chispa inmediata con esta mujer, y aunque Domino también parece sentirla, ella se resiste a buscar nada porque está comprometida con Joseph (Raul Castillo), un abogado ocupado cuyo trabajo a menudo lo lleva a Chicago. 

Cha Cha se ve más pulida que su opera prima, ya que Raiff amplía su alcance narrativo, contando una historia más grande (aunque aún íntima) que abarca figuras más centrales. Pero lo que no ha cambiado es su atención a las pequeñas tristezas que pesan sobre las personas, ya sea la madre bipolar de Andrew (Leslie Mann) o Domino, que adora a Lola pero siente la carga de ser madre soltera. Andrew mismo está luchando, sintiéndose rápidamente desconectado de su novia ausente (se da cuenta de que ella a menudo está coqueteando con un chico en sus publicaciones de Instagram) y encuentra en Domino y Lola un santuario donde no tiene que reflexionar sobre su futuro. 

Un flashback crucial que abre Cha Cha muestra a un preadolescente Andrew (Javien Mercado) profesando su amor a Bella (Kelly O'Sullivan), una fiestera de la que está convencido que es su alma gemela después de conocerla. Bella se siente halagada, pero explica que es demasiado mayor para él, estableciendo un patrón que el actual Andrew repetirá inconscientemente. No solo mayor que Andrew, sino también cargada con responsabilidades adultas, Domino se encuentra en una fase diferente de su vida y, sin embargo, le resulta tan fácil hablar con él que sigue pasando tiempo con él. 

Raiff y Johnson tienen una relación entrañable, con suficiente coquetería en las conversaciones de sus personajes que se puede ver por qué Andrew se niega a renunciar a ella como una posibilidad romántica. Pero los ojos melancólicos de Johnson expresan lo que Domino no diría: ella no lo está engañando tanto sino que está muy agradecida de estar cerca de alguien que no es complicado. Andrew puede estar a la deriva de su propia vida, pero él es más libre que Domino, y ella disfruta estar cerca de su espíritu. 

La película también se ocupa de dar cuerpo a la familia de Andrew, incluido el nuevo esposo de su madre (Garrett), a quien ni Andrew ni su hermano pequeño David (Evan Assante) quieren, aunque es bueno con ella, a diferencia de su padre. Uno de los temas principales de Cha Cha es la forma en que las personas improvisan unidades familiares, y Andrew se ve atraído por la órbita de Domino y su hija, saliendo con Lola porque es una persona de muy buen corazón. La actriz autista Vanessa Burghardt está maravillosa en su primer papel, y sus tranquilas escenas de unión con Raiff se encuentran entre las más conmovedoras de la película.

Sin duda, muchos indies estadounidenses están dedicados a las tribulaciones livianas de los personajes masculinos jóvenes privilegiados que intentan encontrarse a sí mismos. Pero la conexión inesperada, posiblemente de corta duración, entre Andrew y Domino tiene sus modestos placeres, hablando de cómo las personas de diferentes edades piensan de manera diferente sobre el amor. El brillo de Johnson se atenúa para Cha Cha, pero domina la pantalla de una manera que Raiff no puede: un hermoso eco de la mundanalidad de Domino en comparación con el Andrew más ingenuo y fascinado por la luna. Son barcos que pasan en la noche, incluso si él es demasiado joven para darse cuenta de eso. 


jueves, 6 de enero de 2022

Crítica Cinéfila: The Lost Daughter

Las vacaciones en la playa de una mujer madura toman un giro oscuro cuando comienza a obsesionarse con otra mujer y su hija, lo que la obligará a tener que enfrentarse a problemas de su pasado y de su primera maternidad.



No sería una sorpresa que Olivia Colman vuelva a recibir nominaciones y galardones en múltiples premiaciones por su rol en The Lost Daughter, su más reciente proyecto dirigido por Maggie Gyllenhaal; lo que sí es una grata sorpresa es el trabajo de Gyllenhaal aquí. Los fanáticos de The Deuce, la serie dramática de HBO sobre el comercio de carne en la ciudad de Nueva York antes de Giuliani, recordarán la determinación con la que el personaje de Gyllenhaal pasó de trabajadora sexual a directora de películas para adultos y luego a autora de arte. Una confianza paralela distingue su debut como directora con esta adaptación sensible aunque aguda de la novela de 2006 de Elena Ferrante. Los temas familiares de la solitaria autora italiana sobre las relaciones femeninas, la sexualidad, la maternidad y la lucha de las mujeres por hacerse un espacio profesional fuera de ser madres se sirven maravillosamente en esta película de carácter intransigente, iluminado por las actuaciones brillantes de Olivia Colman y Jessie Buckley como su yo más joven.

Podando parte de la historia de fondo de la novela para sumergirse directamente en la rocosa vida interior de su personaje central, la película comienza con la llegada de Leda (Colman), una profesora británica divorciada de literatura italiana, a una isla griega. Parece tentada y desanimada por la alegre familiaridad de Lyle (Ed Harris), el cuidador estadounidense de su espaciosa casa de vacaciones. Al principio de la temporada, tiene la playa prácticamente para ella sola, lo que parece adaptarse a ella.

Cualquier apariencia de tranquilidad se evapora en un instante con la llegada de una familia estadounidense grande, ruidosa y vulgar. La atención de Leda se centra en una mujer joven, Nina (Dakota Johnson), que no parece del todo cómoda en su papel de madre. Mientras observa atentamente a la extraña y a su hija, Elena, Leda se emociona y su mente viaja de regreso a su propia experiencia temprana de la maternidad, hace más de 20 años. Buckley entra en esas escenas de recuerdos, con los espinosos intentos de Leda de concentrarse en su trabajo mientras se ocupa de las demandas de atención de dos niñas, rápidamente transmitiendo la ambivalencia de una mujer que ama a sus hijas pero está ansiosa porque la alejen así ella puede tener su propio lugar en el mundo.

En la isla, Leda tiene un comienzo poco amistoso con la familia cuando se niega a mover su sombrilla y silla de playa para dejar espacio para ellos. Pero la cuñada embarazada de Nina, Callie (Dagmara Dominczyk), viene con una ofrenda pacífica de pastel de cumpleaños. Cuando menciona al hijo que está esperando, Leda responde con frágil finalidad: "Los niños son una responsabilidad abrumadora".

Esa hostilidad límite hacia las expectativas tradicionales de la maternidad resuena a través de las escenas del pasado y el presente, particularmente cuando la joven Leda intenta negociar el avance profesional sin descuidar a sus hijos. Buckley es excelente para rastrear esos sentimientos bifurcados: el terrible miedo al confinamiento doméstico que bloquea todo su potencial, chocan contra la vergüenza por no cumplir con sus obligaciones maternas. Ese conflicto se profundiza cuando un encantador profesor de literatura mayor (Peter Sarsgaard) expresa admiración por su trabajo, abriendo una ventana a una escapada romántica.

Gyllenhaal y el exitoso editor Affonso Gonçalves sostienen un fluir de ida y vuelta entre el pasado y el presente de Leda, donde sus momentos de sensualidad liberada chocan con sentimientos que pueden ser remordimiento o culpa, pero que rara vez son tan cortados y secos en la enigmática actuación de Colman.

Cuando Elena se aleja de la playa para jugar cerca, la familia entra en pánico y Leda se hace querer por ellos al encontrar a la niña desaparecida. Pero ella roba algo precioso que pertenece a la niña, dejando a Elena inconsolable y manteniendo a su familia atrapada en modo de búsqueda. El impulso detrás del acto de Leda sigue siendo ambiguo, quizás desconcertante incluso para ella misma, aunque fragmentos del pasado y sugerencias de la distancia emocional que la separa de sus hijas adultas insinúan las razones de su comportamiento desordenado.

Los coquetos encuentros de Leda con Lyle y el trabajador temporal irlandés Will (Paul Mescal) la devuelven al presente. Pero la conexión más fuerte que se forma es con Nina. Johnson hace uno de sus mejores trabajos en la pantalla hasta la fecha como una mujer que parece hacerse preguntas similares a las que se hacía Leda 20 años antes: ¿se contentará con tener su vida definida por la maternidad, interpretando a la esposa recatada para el desagradable marido (Oliver Jackson-Cohen)?

Desde su primer encuentro, ella parece hechizada por Leda, como si instintivamente la identificara como un alma gemela. Nina la convierte en una confidente cuando planea una transgresión fuera de su matrimonio, y la busca para pedirle a Leda respuestas que ella misma no tiene. Y Leda claramente siente una ternura por Nina que parece arraigada en el reconocimiento.

Eso hace que su continuo engaño sea aún más inquietante, como una especie de sabotaje que apunta a la culpa, el disgusto y el autocastigo por sus acciones de hace mucho tiempo, pero también posiblemente al desafío en la caracterización atrevida de Colman, que se niega a suavizar el desapego de Leda. Incluso su rabia cuando un grupo de jóvenes alborotadores interrumpen la proyección de una película parece desproporcionada, lo que indica un estado de ira que se filtra tanto hacia ella como hacia cualquier otra persona. Cuando ella suelta "¡Soy una madre antinatural!" en medio de una acalorada confrontación, la admisión parece a la vez impactante y extrañamente liberadora.

Rodeándose de colaboradores independientes de primer nivel, Gyllenhaal modula el estado de ánimo con gran habilidad, manteniendo al espectador adivinando hacia dónde se dirige la historia y creando un suspenso genuino a partir del robo de Leda y la constante amenaza de descubrimiento. La directora de fotografía francesa Hélène Louvart se vuelve aún más íntima con sus primeros planos de prueba aquí. También hay ecos del color exuberante y casi violento que trajo a la vida invisible criminalmente oculta de Karim Aïnouz.

Como primer largometraje, The Lost Daughter es ciertamente ambiciosa, con una protagonista definida por su interioridad turbia y naturaleza extraña, a menudo ilegible, de las relaciones que establece con todos los que encuentra. Pero Gyllenhaal y su elenco impecablemente elegido lo convierten en un drama psicológico fascinante.


jueves, 4 de junio de 2020

Crítica Cinéfila: The High Note

Maggie (Dakota Johnson) asistente de la cantante Grace Davis (Tracee Ellis Ross), es una mujer con más trabajo del que puede abarcar y en la que sigue latente su sueño de la infancia: convertirse en productora musical. Cuando el manager de Grace (Ice Cube) le ofrece una oportunidad que podría alterar el rumbo de su carrera, Maggie comienza a urdir un complicado plan con el que está decidida a cambiar para siempre sus vidas. 



Nisha Ganatra regresa con otra película protagonizada por un dúo femenino, pero a diferencia de la anterior (Late Night - 2019), The High Note tiene un aterrizaje mucho más placentero. Sin embargo, no se aleja mucho de la temática que ya había planteado. Después de narrar las luchas de una escritora juvenil talentosa para ser vista y una feroz host de televisión en Late Night, Ganatra dirige el escenario de cumplimiento de los deseos desde la televisión hasta la industria de la música. Si bien el primer guión de Flora Greeson no tiene el comentario divertido sobre raza, clase y sexismo del guión de Mindy Kaling para la película anterior, y mucho menos la cortadez de Emma Thompson, esta película es mucho más recomendable.

Una secuencia de apertura resume la carrera celebrada de Grace con un montaje de portadas de Rolling Stone, entrevistas, discos de platino, premios Grammy, listas de reproducción de Apple Music y Billboard Hot 100 No. 1. Al mismo tiempo, Maggie se pasea por Los Ángeles, recogiendo la tintorería, recetas y pedidos de jugos entre innumerables recados antes de cambiar su viejo carro por el lujoso auto deportivo de Grace y dirigirse al aeropuerto de Burbank para encontrarse con su avión privado. Grace le informa rápidamente que está seis minutos tarde, y en caso de que haya alguna duda sobre quién es el jefe, toma el volante mientras regresan a su mansión blanca palaciega y Maggie le va resumiendo su agenda.

Grace ha lanzado una colección de grandes éxitos, un álbum en vivo y su sello ahora se está preparando para un conjunto de grandes éxitos en vivo; ella está en una rutina de reciclaje, aunque anhela silenciosamente trabajar en nuevo material. Solo Maggie parece sensible a ese deseo, pero el manipulador del agente de Grace, Jack (Ice Cube), tiene a la compañía discográfica en su esquina con el atractivo de 10 años de bajo costo y bajo estrés en piloto automático en Las Vegas. Pero a Grace todavía le encanta viajar, con sus cantantes de respaldo y su banda.

Mientras tanto, Maggie, quien comparte un apartamento con su amiga Katie (Zoë Chao), se pasa el tiempo en el estudio y trabaja en casa en remezclas de éxitos de Grace. Ella conoce a David (Kelvin Harrison Jr.), quien dice ser cantante. Inicialmente descarta a David como un proyecto para comenzar su carrera como productora musical pero cuando ella lo escucha cantar en un concierto al aire libre, queda impresionada y le propone trabajar juntos.

David toca en centros comunitarios y bar mitzvah, alistando a sus amigos como productor y músicos en sus demos, organiza lujosas fiestas en la piscina en una elegante casa que sugiere una riqueza considerable, por lo que algo no cuadra. Aún así, Maggie está demasiado ocupada hablando de sus credenciales de producción falsas para hacer preguntas. Ella comienza a trabajar con él en nuevas canciones y grabaciones más nítidas, tratando de mantener una distancia profesional a pesar del inevitable florecimiento del romance. Pero mientras progresa en su trabajo como productora, descuida su trabajo como asistente de Grace. 

La razón principal de disfrutar esta película es para ver a Tracee Ellis Ross como una superestrella del R&B, cuya trayectoria profesional tiene un parecido pasajero con los últimos años en solitario de su madre, Diana Ross, junto con las trenzas en cascada y los brillantes vestidos de lentejuelas. Su Grace Davis es una diva absorta en sí misma con la calidez y la realidad suficientes para mantenernos a su lado mientras recibe los golpes de una industria ansiosa por llevarla a una instalación fija de una residencia de Las Vegas.

Como Maggie, la incansable asistente personal que anticipa todas las necesidades de Grace mientras trabaja en secreto en remezclas de sus éxitos clásicos, Dakota Johnson continúa creciendo en su talento actoral, evitando caer en ese rol victimizado de una asistente mucho más capacitada que su propia jefa, y tratando de salir adelante sin sobrepasar los níveles autoritarios. Se nota su sed por salir de esta posición pero eso no cae en irrespeto ni mucho menos en agresividad pasiva. Maggie hace mucho más que mezclar ritmos en su computadora, olvidarse de su propia vida y tomar delanteras cuando nadie se atreve. Se vende exitosamente como productora de música con un talento y oido innato, exponiéndolo con el pasado de su personaje y los orígenes de su amor por la música. Incluso desluce a Diplo, en un cameo como un DJ estrella presumido, cuyos ritmos sintéticos no pueden rivalizar con la integridad de los conmovedores cortes musicales de Maggie. Grace valida su trabajo pero se niega a animarla, recordándole sin rodeos que es una asistente.

Aunque algunos momentos de la trama de The High Note son predecibles por poseer una estructura relativamente reciclada de otros clásicos dramas musicales, se trata de una película "feel good" envolviendo con sutileza sus conflictos en un arco limpio y ordenado para decirnos que a veces sí se puede lograr cuando se tiene los contactos agraciados, y se termina convirtiendo en una experiencia divertida y agradable. La película no tiene el dominio inteligente del género que distinguió otros melodramas de la industria de la música, pero es el tipo de visualización cómoda y placentera que se reduce tan fácilmente como la compilación de éxitos de un artista favorito.

Otro punto de desenfrene creativo importante es la protección mutua entre las dos protagonistas. Como Grace, Ross es frágil, desagradable y no se opone a menospreciar a Maggie cuando la asistente se adelanta a sí misma. Pero también hay suavidad y vulnerabilidad en su caracterización. Grace responde a tener una amiga, aunque socialmente inferior, que la respeta y cree en su talento, en lugar de simplemente adular a la orden como su ama de llaves egoísta Gail (June Diane Raphael) o cuidar de sus propios intereses, como el territorial de Ice Cube pero sobre todo genial Jack. La presencia relajada y sin pretensiones de Johnson encaja muy bien, incluso si ella supera el impulso de un hambriento sueño musical. Sus escenas con Ross transmiten una dinámica de cambio agradable, con Maggie acercándose con cautela mientras Grace sigue probándola, avanzando y luego retrocediendo con un refuerzo fulminante de la jerarquía. 

Mientras tanto, Johnson y Harrison tienen una química brillante, sobretodo cuando ambos están en el estudio, donde no parece mucho una actuación mutua y más parece una presentación musical sorprendiendo a la audiencia con las miradas intercambiables mientras graban una canción. Tanto Harrison como Ross se desempeñan bien en la voz, incluso si ninguna de sus canciones está a la altura de los cortes vintage elegidos por la banda sonora. Hay explosiones geniales de Aretha Franklin haciendo a Bobby "Blue" Bland, The Staples Singers haciendo The Band, PP Arnold haciendo Cat Stevens, Donny Hathaway haciendo John Lennon y, bendita sea, Cher haciendo Bob Dylan.

El diseño de producción de Theresa Guleserian y los disfraces de Jenny Eagan combinan el estilo de los diferentes spots de LA con un efecto agradable, y el trabajo de cámara del cinematógrafo Jason McCormick es ingenioso y ágil, incluso si tal vez se excede en el suave destello de lente del atardecer en el Sur de California.

The High Note es una mejora significativa, ya que encuentra profundidad real en sus personajes y momentos de tranquilidad que permiten que tanto el drama como la comedia respiren un poco más. y aunque es predecible en historia, Greeson y Ganatra la convierten en un momento placentero y reconfortante con una mirada más apasionada al mundo de la música en la ciudad de Los Angeles, y convirtiéndose en un llamado de acción a las personas en posiciones más bajas para que se motiven a impulsar sus sueños y no quedarse estancado en un cargo de entrada.



jueves, 12 de septiembre de 2019

Crítica Cinéfila: The Peanut Butter Falcon

Zak (Gottsagen) es un joven con Síndrome de Down que se escapa de su residencia para perseguir su sueño de convertirse en un luchador profesional en la escuela de lucha de Salwater Redneck. Una serie de circunstancias le llevan a encontrarse con Tyler (LaBeouf) un delincuente que también se ha dado a la fuga y que más tarde se convierte en su entrenador y aliado. 



Seguro muchos de ustedes tienen una lista negra de actores y actrices, a quienes una vez se enteran de que va a protagonizar cierta película, hasta miedo le cogen a la historia. Ese es Shia LaBeouf para mi. La locura de sus personajes, sobretodo en Transformers, ha hecho que lo encuentro insoportable, y cada vez que anunciaban alguna historia con él, la evitaba. Hasta que vi el trailer de The Peanut Butter Falcon sin querer, y me di cuenta que quizás no es culpa de Shia, quizás son sus guiones anteriores, y quizás esta sería una nueva forma de apreciar el "talento" que él lleva dentro.

Zak ( Zack Gottsagen ) es un joven de 22 años con síndrome de down. Sus padres lo han abandonado en una casa de retiro. Pasa su tiempo conspirando para escapar y volver a ver un viejo video instructivo de lucha libre en VHS de su ídolo Clint "The Salt Water Redneck". Cuando Zak logra escapar con la ayuda de otro paciente, corre y encuentra refugio en un bote que, sin que él sepa, pertenece a Tyler (Shia LaBeouf), un pescador de cangrejos que lucha con la culpa de la muerte de su amigo. Esa culpa y rabia, junto con una deuda que pagar, lo lleva a quemar $12,000 en equipos de pesca pertenecientes a Duncan y Ratboy. Tyler necesita llegar lo más lejos posible, mientras que Zak intenta llegar a la escuela de lucha de Clint anunciada en su amado video. Al igual que Tom Sawyer y Huck Finn, los dos se unen a la carrera mientras son perseguidos por los enemigos de Tyler, así como por Eleanor (Dakota Johnson), la cuidadora de Zak a quien se le encargó en el hogar de ancianos encontrarlo.


En la lucha profesional, hay personajes "buenos" y personajes "malos". Zak insiste en ser un personaje "malo" porque fue abandonado y por lo tanto elimina sus posibilidades de un arco redentor. Pero Tyler le asegura que los buenos también se quedan. 'Falcon' reconoce el efecto profundamente arraigado que el aislamiento puede tener en una persona joven, específicamente en una persona joven y discapacitada, al pensar que debido a cosas malas que les han sucedido, ellos son los culpables. La película frecuenta la palabra "R", que ciertamente golpea las orejas como papel de lija, pero en última instancia se utiliza para romper la noción de que significa "menos que". El contexto del tiempo y el lugar también es clave. Está ubicado en el sur profundo, desde Louisiana hasta Georgia, y aunque no se da un marco de tiempo real, la prominencia de los VCR y el único teléfono celular que es un teléfono plegable nos señala que sería principios de la década de 2000. Jeff Nichols filma de esa manera, donde las localidades del sur son filmadas tan amorosamente poéticas que se siente atrapado fuera del tiempo, casi como si estuviésemos dentro de un universo paralelo. 

Sin embargo, seguir acumulando puntos de referencia a otros cineastas establecidos perjudicaría la voz cinematográfica que Nelson y Schwartz desarrollan con confianza a medida que se desarrolla "Peanut Butter Falcon". Si bien es una pequeña imagen de la vida, también tiene un sentido del humor cálido. Se siente tan naturalista e impulsado por el carácter, lo que hace que las risas se sientan más fuertes y más impactantes que el tipo de peculiaridad fabricada que a veces puede socavar un buen trabajo como este. Hay varios montajes utilizados como mano corta para desarrollar este parentesco poco probable, pero de alguna manera, mejora el carácter en lugar de acortarlo (y también el uso de tomas simétricas por encima de la película es austero y hermoso). El dúo busca la redención de cómo pueden ayudarse unos a otros, pero todos reconocen que ambos están huyendo.


Gottsagen, un actor con síndrome de Down, es un verdadero hallazgo, y es el corazón y el alma de toda la película. El continuo rechazo de LaBeouf al estrellato solo ha funcionado en su beneficio como intérprete. Hay volatilidad en su desempeño, pero también una vulnerabilidad, como si fuera el tipo "bueno" disfrazándose como un tipo "malo". Existe ese encanto pícaro que le quedaba bien en "American Honey" que lo hace tan desagradable como atractivo. Pero, es Johnson quien completa esta tripleta de los rotos y maltratados. Lo que comienza como un personaje relativamente pegado en el barro se convierte en una expresión sutil de su propio dolor y la conexión que los une a ella y a Tyler de LaBeouf. Y a pesar de que los roles de Bernthal, Dern y Church son breves, cuentan donde deben hacerlo, específicamente Church como el luchador deshecho (sin mencionar un sorprendente cameo de Jake "The Snake" Roberts ).

Con el título, la aventura cómica, los personajes principales no coincidentes y el arsenal general de personajes secundarios extraños, "The Peanut Butter Falcon" podría haber sido fácilmente una receta para un twee excesivo y irritante. Al mantener el humor arraigado en las actuaciones y solo dejando que el sentimentalismo se filtre cuando sea necesario, Nelson y Schwartz han creado una película que se siente refrescante, única y emocional, pues entre momentos bien emocionales hasta risas a carcajadas, crean la sensación perfecta para decir para hacernos olvidar de los malos ratos del momento, incluyendo los que cierto actor pudo haber provocado en el pasado.

Quizás es motivación suficiente para sacarlo de mi lista negra.


jueves, 8 de noviembre de 2018

Suspiria

Una joven bailarina de ballet viaja a una prestigiosa academia de danza en Alemania, pero pronto descubrirá que hay algo raro y siniestro en el lugar.



Suspiria dividirá a la audiencia tal cual lo hizo Mother hace un año. Para la buena suerte de los que leen mis publicaciones (o mala, si no les interesa este estilo), este tipo de películas siempre serán mis favoritas. 

"Seis actos y un epílogo ambientado en Berlín dividida", según el título de Lars von Trier que inaugura la película, esta "Suspiria" reubica la acción de la ciudad de Freiburg a la brutal metrópolis de la capital alemana.

Una joven estadounidense aspirante a bailarina viaja a Alemania para perfeccionar sus técnicas de baile y, mientras asiste a una academia, las estudiantes comienzan a desaparecer, pronto descubriendo que la escuela tiene una oscura historia de brujería y muertes horribles. Dakota Johnson es Susie, una americana que se empodera de su niñez frustrante para otorgar las mejores piezas bailadas que hayan existido en esta academia de baile. No obstante a que la escuela se destaca por aceptar bailarinas aptas e increíbles, Susie termina siendo la sensación en su primer día de clases. Mientras su técnica se perfecciona, otras bailarinas parecen sufrir las concecuencias de esto, siendo atacadas por misteriosas fuerzas que al final resultan ser obra de las mismas profesoras, quienes se encargan de mantener el cuerpo de las bailarinas con el plan de sacrificarlas para rejuvenecer a su matriarca en un acto de brujería.


Tan sombría y grave, la película ofrece una interpretación más rica y explícita de esa vieja pesadilla de los 70; desentierra las ansiedades latentes de esa historia, como si alguien estuviera tirando de una herida abierta y observando con una mezcla de horror y deleite cuando todo se vuelve aún más doloroso. Esas ideas no siempre tienen la fuerza emocional para justificar el grado de autolesión, pero la obra perversa de Guadagnino en última instancia se preocupa más por las cicatrices que deja atrás que por la violencia que las causó, o puede que las vuelva a abrir.

A pesar de que Dakota Johnson es la protagonista de la historia, el verdadero misterio de la escuela es seguido por personajes secundarios que, para su mala suerte, resultan ser víctimas de las brujas quienes siguen sus pasos y les hacen pagar por su entrometimiento. No obstante a esto, la historia paralela entre los personajes de Datoka Johnson y Tilda Swinton resulta interesante y morbido a la vez, donde es claro que algo sucede entre ambas, pero trata de mantenerlo a un margen para no alejar a la audiencia del conflicto principal que sigue la historia: las brujas con su plan macabro.


Esta película de Luca Guadagnino es una sesión fríamente violenta de los males del siglo 20. Basada en el guión del clásico giallo de Dario Argento, la nueva versión radical de Guadagnino es menos una nueva versión del original que una hermana separada: la hermana gemela fraternal que se reconoció como la oveja negra de una familia ya retorcida. Pero este drama con un pasado oscuro en cada esquina es interesantemente complementado por una musicalización de suspenso y una fotografía que hace mayor enfoque en crear contraste de situaciones.

"Suspiria" de Guadagnino evita el miedo por lo desconcertante. Es más asqueroso de lo que es espeluznante, y más melancólico que asqueroso. Las cosas se retuercen y se convierten en un final delirante que es lo suficientemente libertino para satisfacer incluso a los gore-hounds más incondicionales.


viernes, 19 de octubre de 2018

Bad Times at the El Royale

Siete desconocidos, cada uno con un secreto, se reúnen en el hotel El Royale, en el lago Tahoe, un sitio ruinoso con un oscuro pasado. En el transcurso de una fatídica noche, todos tendrán una última oportunidad de redención... antes de que todo se vaya al infierno. (FILMAFFINITY)



Un sacerdote, un vendedor y un cantante de reserva entran al vestíbulo de un motel vacío. Esta introducción puede significar tres cosas: es un chiste, es noir o pasará un homicidio. En los primeros minutos es muy obvio que esta es una película realizada por Drew Goddard, quien vuelve a ponerse la gorra de director con Bad Times at the El Royale, una película sobre secretos que lo único que intimida es la duración en pantalla. Con su famoso elenco, su diseño deslumbrante y su atractiva cinematografía, la trama presenta una historia larga pero completa.

El Royale es un hotel deteriorado que se encuentra en la misma frontera entre California y Nevada. Hace 10 años era el escenario de fiestas, turistas, y personas de la élite, ahora es solo un motel de paso para personas que quieren ocultar sus sucios juegos. De repente se convierte en un campo de batalla de mala muerte cuando siete extraños (un padre, una cantante de soul, un vendedor ambulante, dos hermanas, el gerente y el misterioso Billy Lee) que se reúnen en una fatídica noche para una última oportunidad de redención antes de que todo salga mal.


La película se extiende debido a la estructura de capítulos que su guionista desarrolló para darle una oportunidad a cada personaje de presentar su su historia, su personalidad y a lo que se dedica. A medida que avanza, ya se conocen sus secretos, pero no de cada uno, pues los capítulos no se introducen al mismo tiempo sino a lo largo de la película. El formato resulta interesante, dejando algunos buenos secretos para el final, pero falla en algunas ocasiones sobretodo por la longitud de cada backstory.

Ahora, los personajes demuestran que este formato no resulta una completa pérdida de tiempo, pues las actuaciones magníficas del elenco en conjunto convierten esta película en una historia fácil de seguir y difícil de aburrir. Cada uno de los actores de esta película rompió el estilo que ya había establecido en sus actuaciones anteriores y otorgó una personificación divertida, inesperada y profunda. Otro aspecto interesante del guión es cómo conecta los capítulos con el momento en que cada personaje se involucró en el conflicto principal. A pesar de que cada uno está allí por razones diferentes, una sola razón (la niña "secuestrada" en la habitación siete *Spoiler!*) es lo que los va a ir atando en este lío mayor.


El estilo cinematográfico, destacando los colores de la escenografía, y el punto más curioso de la trama como la línea que divide California y Nevada, se va acercando más al estilo noir, que en todo momento logra mantenerse gracias a ser una historia de época, a la estructura de episodios y la cinematografía tan cortante casi coreografeada al compás de la musicalización. La banda sonora es todo, pero a la vez complementa cada elemento.

Pero regresemos a un aspecto importante: la producción de diseño. No solamente resaltada en los distintos sets y las habitaciones, sino también en la vestimenta de los actores y cada minúsculo detalle de cada lugar. Este departamento respondió con altura al guión, y por poco lo opacó junto con la fotografía de Seamus McGarvey (Anna Karenina, The Avengers, The Greatest Showman).

Las muertes son impredecibles. Los personajes son indecifrables. Cada detalle cuenta. Habrá tenido 20 minutos de más, pero es una historia que sabe aprovechar su contenido, lo explota y le entrega a la audiencia siete protagonistas con metas personales que le podrían provocar la muerte al de al lado. Quizás las leyes federales de un estado y el otro los protejan.



jueves, 15 de febrero de 2018

Fifty Shades Freed

Creyendo que han dejado atrás las sombras del pasado, los recién casados Christian y Anastasia disfrutan de su relación y de su vida llena de lujos. Pero justo cuando Ana empieza a relajarse, aparecen nuevas amenazas que ponen en riesgo su felicidad. Adaptación de la última novela de la saga "50 sombras de Grey". (FILMAFFINITY)



Anastasia ha llegado "lejos" en menos de un año: se casa con uno de los hombres más ricos de Estados Unidos, es asignada editora en jefe después de que Jack es despedido, vive una vida totalmente lujosa, con guardespaldas incluidos y una chef que tiene menús personalizados. Se puede decir que es una historia que funciona totalmente en un mundo fantasioso, agregándole la atracción de la ninfomanía de Anastasia y el deseo sexual y de control que tiene Christian sobre ella... Sin embargo, y en una sociedad donde hay noticias diarias sobre acusaciones de abusos sexuales en contra de personalidades, esta película parece quedar muy por debajo de las expectativas que el libro generó, a pesar de la gran venta de taquillas que dejó la trilogía, sobrepasando el billón de dolares en la taquillería a nivel mundial.

La muy inocente Anastasia está tratando de adaptarse a su nueva vida llena de lujos, a pesar de que su obsesivo esposo no la deja hacer nada sin su aprobación, que un sinnúmero de mujeres está detrás de su esposo, que su exjefe quiere venganza no solo contra ella sino también contra su esposo. En pocas palabras, todo gira alrededor de Christian. Y a medida que los pequeños conflictos vayan surgiendo y ella los vaya resolviendo, la montaña de problemas se irá acumulando hasta ser casi irreparable.


Anastasia, quien comenzó como el tipo de personaje extremadamente inocente y tímida, se convierte en una persona totalmente segura de sí misma, del control que tiene sobre Christian y capaz de atacar con palabras a cualquier persona que se le cruce en su camino. Sabe resolver sus problemas por si misma y de paso salirse con las suyas en lo que su esposo no apoya. Mientras que Christian, quien comienza como un hombre totalmente controlador y dominante, se convierte en una persona amorosa, liberal en algunos sentidos y tolerante de las decisiones de su esposa y de otros que le rodean.

Como lectora de esta trilogía, lo más decepcionante de esta historia no es el hecho de que no llevaron cada detalle del libro a la pantalla grande, sino que los principales puntos no se supieron desarrollar en ninguna de las películas adaptadas, y con esta tercera entrega se reconfirma los problemas básicos de Fifty Shades: los actores nunca encajaron con los personajes y parecían, no lo contrario, una idea erronea de lo que se plantea en la novela. Anastasia se presenta extremadamente ingenua frente a Christian y, a pesar de que físicamente se acerca al retrato que ilustraron los libros, tiene una actitud superficial en la mayoría de las principales escenas (sin incluir las escenas de sexo, que son las que más se acercan a la trilogía). Mientras que Christian no es ese retrato del dios sexual perfecto que prometió cada libro; los aspectos físicos no encajan, por lo que es muy difícil creerse el personaje y sus intenciones, y parece ser alguien de una mala película pornográfica.


Además, la idea es que hablarían de las sombras de Christian, y el hecho de que lo hayan alineado más hacia Anastasia, parece que los problemas son de ellas y no de su pareja. Es importante recalcar que este es una información muy relevante para las películas; sin embargo, no supieron como recalarlo y prefirieron desviar la atención hacia la que se supone debería ser la segunda protagonista de esta trama.

Por otro lado, y a pesar de que las escenas hicieron su mayor intento por acercarse a la realidad que pintó la trilogía en sus páginas, el único aspecto interesante de las películas parece ser la habitación roja, que es solo relevante en el primer libro, y que no debería ser el fuerte de los siguientes, pero en esta última adaptación es lo único entretenido en toda la escenografía y secuencia de escenas que se pueden considerar irrelevantes y, en muchas ocasiones, aburridas.


El único punto fuerte de la trama parece concentrarse en la banda sonora, junto con una cinematografía que siempre buscó mostrar las exageraciones de la vida que Christian le estaba dando a Anastasia, y la presentación de la sexualidad obsesiva que ya para esta última entrega se presenta bien intensa en ambos personajes.

Fifty Shades Freed es otra novela adaptada que quedará recordada como una decepción para su fanaticada y el resto del mundo. Es necesario recalcar que así se estableció desde el principio, y que a pesar de sus muchos intentos por mejorar el estilo, el arco de los personajes y el desarrollo dramático, terminó siendo un ejemplo de "por qué todos los libros no deben ser llevados a la pantalla grande" o "hay que saber escoger el actor correcto para el personaje de una novela icónica".