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martes, 7 de mayo de 2024

Crítica Cinéfila: El Caso Asunta

El 21 de septiembre de 2013 Rosario Porto y Alfonso Basterra denuncian la desaparición de su hija Asunta, cuyo cuerpo es encontrado horas después junto a una carretera a las afueras de Santiago de Compostela. La investigación policial pronto desvela indicios que apuntan a Rosario y Alfonso como posibles autores del crimen. La noticia conmociona a toda la ciudad e incluso al país. ¿Qué puede llevar a unos padres a acabar con la vida de su hija? ¿Qué se esconde detrás de esa fachada de familia perfecta?



Con apenas una semana que llegó a Netflix, "El caso Asunta", la nueva serie de ficción basada en el asesinato de Asunta Basterra en el año 2013, determinó la justicia española que sus padres adoptivos, Rosario Porto y Alfonso Basterra, eran culpables de su asesinato (ambos condenados a 18 años de prisión por un delito de asesinato con la concurrencia del agravante del parentesco). Tras la producción del documental "Lo que la verdad esconde: El caso Asunta", también disponible en Netflix, la serie limitada acerca al público de forma única y profunda a uno de los casos más sobrecogedores y mediáticos de la historia judicial moderna de España. 

"El caso Asunta" fue un episodio muy doloroso y muy reciente para algunos volver a revivir, pero la forma tan elegante en la que se muestra la historia y el cuidado con el que han tratado las cuestiones más escabrosas hacen que sea una serie de calidad cuya máxima, por encima del entretenimiento y el show business, sea el respeto por lo sucedido y los afectados, plasmando la realidad. Se nota que detrás está Ramón Campos, que no solo es el productor ejecutivo y creador de la serie, es una de las personas que probablemente más sabe del caso y más ha investigado al respecto a lo largo de los años.

Que Candela Peña sea la protagonista de "El caso Asunta" es seguramente el aliciente principal para asomarse a ella. La primera imagen encarnando a Rosario Porto nos dejó a todos con la boca abierta y con tan solo el primer episodio ya descubres que es una de las mejores actrices que tenemos en nuestro país. Cuando ves que una personalidad y una presencia como la suya (con su mirada, gestos, voz), tan particular, potente, enérgica, única y embaucadora, desaparecen desde el primer fotograma, logrando de una forma que parece hasta fácil y natural, todo lo contrario, sabes que nadie mejor que ella podría haber encarnado este papel. Cómo consigue que el personaje sea misterioso, pequeño, para dentro, desprendiendo desconfianza y muchas dudas, es de sobresaliente. Se ha dejado la piel y el alma y eso traspasa la pantalla. Sin olvidarnos del perfecto acento gallego que logra. Peña va a callar muchas bocas y demostrar que no hay proyecto que se le resista por el talento innato que posee.

Aplaudiendo también el brillante trabajo de Tristán Ulloa en la piel de Alfonso Basterra (en los dos últimos episodios se sale), destaca lo conseguido con los secundarios. Las figuras externas a los padres, como su señoría, los policías y los abogados, cuyas vidas personales han sido completamente inventadas, hacen que nos encontremos ante una producción que indaga en los diversos tipos de maternidad y paternidad como pocas. Más allá de la labor profesional de estos personajes, se deja al descubierto posibilidades no tan explotadas de la siempre compleja relación materno y paternofilial. Un complemento perfecto que se entiende según avanza y se cae en la cuenta de que todo está relacionado.

Los seis episodios que tiene consiguen una narrativa equilibrada e inmejorable ante un tema tan delicado. El ritmo que mantiene, angustioso en no pocas ocasiones, mantiene en vilo, haciendo que solo se quiera ver más para descubrir, aunque ya se sepa cómo acaba el juicio. Gracias a los flashbacks y el hecho de ofrecer las dos grandes teorías sobre el asesinato, sin paños calientes, se consigue un producto completo y más que satisfactorio.

Con este formato de ficción se consigue indagar y profundizar en un caso que la mayoría se sabe de memoria, pero adquiriendo una dimensión muy diferente. Se logra de principio a fin un aura envolvente y adictiva que va desde la pena a la rabia. Desde el asombro a la incomprensión. Del rechazo a la intriga. Un pequeño placer culpable. Pero no debemos olvidar que estamos hablando de arte, de un grupo de creativos, de actores metódico muy involucrados, de un equipo técnico que ha estudiado cada mínimo detalle para dotar a la serie de la máxima realidad posible. Y juicios de valor aparte, valorando su naturaleza, la ejecución y el resultado, estamos ante una obra magistral.


sábado, 25 de febrero de 2023

Crítica Cinéfila: Cinco Lobitos

Amaia (Laia Costa) acaba de ser madre y se da cuenta de que no sabe muy bien cómo serlo. Al ausentarse su pareja por trabajo unas semanas, decide volver a casa de sus padres, en un bonito pueblo costero del País Vasco, y así compartir la responsabilidad de cuidar a su bebé. Lo que no sabe Amaia es que, aunque ahora sea madre, no dejará de ser hija.



Es irónico, y a su vez coincidente, que todas las películas que he visto a principios de año tratan sobre la maternidad/paternidad y los sentimientos que sienten estos personajes hacia este nuevo ciclo de su vida. Lo que hace que Cinco Lobitos se destaque aún más es el contraste que logran con la gran diversidad de subtemas que entran en el concepto de la maternidad/paternidad y que ahora, más que nunca, afectan en gran nivel a muchas personas, sobre todo a las mujeres.

Su protagonista es una joven vasca llamada Amaia, quien acaba de dar a luz a su primera hija. Ella llega a la casa, adolorida por la recuperación de la cesarea que acaba de recibir, a la cual su madre (Susi Sánchez) la reprime que se deje de ñoñería, pues "a todas siempre le dan unos puntos". En un rol casi secundario, pero igual de relevante, están las respectivas parejas de estas dos mujeres: el padre de Amaia (Ramón Barea), quien de entrada se observa como un hombre sumiso y amoroso hacia su nieta, y el novio de Amaia (Mikel Bustamante), un dedicado editor de iluminación teatral, quien estaba muy emocionado de la llegada de su hija hasta que le llegaron unos nuevos contratos de trabajo.

Entre la ausencia de su pareja (quien no sabe balancear entre la paternidad y su trabajo), su desbalance emocional, y su gran interés de dedicarle el 100% a su hija aunque esto signifique perder oportunidades de trabajo que le llegan, Amaia decide volver por unas semanas a casa de sus padres para buscar el apoyo y descanso que necesita, pero allí se percata de una nueva situación que debe afrontar.

La gran belleza de Cinco Lobitos yace en distintas capas de la película. En su capa actoral convive la química indiscutible de este cuarteto de actores quienes naturalmente se entran en la piel de sus caracterizaciones y le dan vida a grandes secretos emocionales que las familias se callan de manera habitual; la sinergia más destacable es la que existe entre Costa y Sánchez, quienes mantienen esa relación madre-hija hasta el final en un continuo desarrollo de escenas emotivas y líneas que marcan el arco de cada una; entre sus grandes diferencias, pero el amor materno que ambas manifiestan a su manera, le dan una entonación a la trama, en conjunto y de manera particular.

En su capa narrativa, la historia sorprende en ámbitos que no son nuevos para el cine. Trae consigo esa temática de las grandes dificultades que afrontan las nuevas parejas cuando son padres primerizos, pero lo hace evaluando cómo cada generación lo maneja a su manera: qué priorizan, quién lo prioriza y cómo esto afecta su relación de pareja. Pero más que un enfoque en la maternidad/paternidad, se posa sobre las grandes confrontaciones que surgen entre pareja a partir de esa nueva etapa; cómo las generaciones de antes se quedaban en una relación solo por el compromiso de esa criatura que ambos han traído al mundo, mientras que esto no es un detenimiento para las parejas modernas, aunque en muchas ocasiones es una excusa para volver a retomar viejos sentimientos. Quien carga con la mayor complejidad narrativa es Amaia, que representa el gran desbalance que muchas mujeres millennials están tratando de descifrar: cómo ser madre, trabajadora, pareja e hija a la vez, y no fallar en el intento. 

En su capa técnica, Cinco Lobitos logra el balance visual perfecto entre la fotografía natural de Jon D. Domínguez (con un rejuego de tomas que buscan hacer un setup-payoff con acciones de Amaia y su madrew), la escenografía de Mónica Ausín (enfocada en hacer contraste entre lo urbano y lo rural, y tocar detalles generacionales) y el montaje de Andrés Gil (quien no abandona la naturalidad del sonido de ambiente, pero se apoya de la musicalización de Aránzazu Calleja para tocar emociones en momentos claves). 

Gracias a este apoyo técnico, Alauda Ruiz de Azúa logra una película que retoma el concepto de "cine de calidad" con un gran balance de guion y producción. Siendo "Cinco Lobitos" su debut como directora, Ruiz de Azúa establece parámetros para lo que se esperaría de ella en lo consecuente. Aunque recupera estilos de autores españoles ya establecidos, le da un toque muy propio a su forma de contar este drama. Y aunque este tipo de historias comparativas de dos generaciones confrontando un mismo conflicto, la visión de su directora y los giros que le da a la misma trama, son inesperadamente reflexivos. 

Traer un ser humano al mundo debe ser una de las decisiones más complejas que toman una pareja y hay detalles de esto que nunca van a cambiar. Lo que sí seguirá cambiando con el paso del tiempo son las complejidades que van evolucionando en la medida que avanzan las generaciones, sobre todo en el entendimiento de que ambas figuras paternas estén en la misma página que desglosa la cantidad de responsabilidades que se comparten, cómo esto puede afectar a la crianza y cómo se sigue viviendo una vida como adulto, aunque se sigan cantando las mismas canciones de cuna.


viernes, 11 de noviembre de 2022

Crítica Cinéfila: Cerdita

Para Sara, el verano solo significa tener que soportar las continuas burlas de las otras chicas de su pequeño pueblo. Pero todo terminará cuando un desconocido llegue al pueblo y secuestre a sus acosadoras. Sara sabe más de lo que dice, y tendrá que decidir entre hablar y salvar a las chicas, o no decir nada para proteger al extraño hombre que la ha salvado.




"Lucía" (2012), del director mexicano Michel Franco, fue un drama angustioso sobre las terribles consecuencias del acoso adolescente, con una catarsis sombría casi tan sorprendente como su descripción implacable de la inhumanidad. La impresionante crueldad del primer largometraje de Carlota Pereda, Cerdita, rivaliza con la producción mexicana. Ampliado a partir del corto del mismo nombre de la escritora y directora española, ganadora de un premio en 2018, este inquietante thriller se convierte en un horror empapado de sangre, con extremos de género salvaje que explota el comentario social de cómo la violencia y el abuso proviene de un lugar muy real y personal de la sociedad.

El escenario inquietantemente atmosférico es una pequeña comunidad en un verano sofocante en la región de Extremadura, en el suroeste de España. “Este pueblo está lleno de despecho”, sisea la madre de la protagonista (Carmen Machi) en referencia al pueblo, que parece estar en medio de la nada. No se equivoca, pero tampoco está exenta de ese cargo. Su hija adolescente Sara (Laura Galán) es una joven solitaria por su sobrepeso. Desaparece en la música de sus auriculares mientras ayuda a regañadientes en la carnicería de su padre (Julián Valcárcel) y observa a los "chicos populares" mezclarse en la calle con una mezcla de resentimiento, fascinación y añoranza. Cada vistazo que Sara toma de las redes sociales de las chicas de su edad revela su cruel insensibilidad a su vergüenza por su exceso de peso, la razón del despiadado apodo que da título a la película.

El incidente que pone el drama en un movimiento vertiginoso es uno de abuso emocional y físico impactante. Sara va a la piscina del pueblo temprano en la mañana con la esperanza de que no haya nadie más allí. Solo un extraño de aspecto astuto (Richard Holmes) está allí, terminando de nadar mientras ella se desviste y se prepara para meterse en el agua. Pero antes de que pueda ocurrir esa inmersión refrescante, aparecen las tres chicas y comienzan a burlarse de ella. Una de ellas, Claudia (Irene Ferreiro), se retrae, tal vez insinuando una amistad pasada. Pero los demás, Roci (Camille Aguilar) y especialmente la odiosa Maca (Claudia Salas), no tienen piedad.

La violencia difícil de ver se magnifica cuando las matonas arrebatan la mochila, ropa y toalla de Sara y salen corriendo, dejándola tambaleándose hasta su casa, llorando y traumatizada, con solo su bikini para cubrirla. Tres muchachos locales en un automóvil que pasa junto a ella se suman a su terrible experiencia con sus propias burlas rencorosas. Pero Sara sale momentáneamente de su propio dolor cuando ve a sus atormentadoras de la piscina siendo secuestradas por el extraño que observó su experiencia agotadora. Él permanece inactivo en su camioneta el tiempo suficiente para arrojarle una toalla e intercambiar una mirada cómplice antes de irse con una Claudia ensangrentada visible a través de la ventana trasera, pidiendo ayuda.

Pereda se basó en su propia experiencia como adolescente homosexual, una forastera que cambiaba de escuela con frecuencia, convirtiéndose tanto en un objetivo de intimidación como en un testigo silencioso del tormento de los demás, demasiado temerosa de su propia supervivencia para hablar. Con una mezcla de compasión e indignación, proyecta cómo incluso una persona básicamente decente como Claudia puede verse obligada por la presión de sus compañeros a dejar de lado su conciencia. El guión también señala la forma en que factores como el peso hacen que las personas se sientan libres de juzgar: una mujer del pueblo, después de escuchar cómo Sara fue ridiculizada, murmura: "En realidad está bastante gorda", mientras que el empleado de una tienda de comestibles le advierte que no compre las golosinas poco saludables, recordándole que si los come tiene que vivir con las consecuencias.

La película reflexiona sobre el daño que tal estigmatización puede infligir en una adolescente vulnerable, señalando el trato duro que se remonta a la infancia de Sara y subrayando su aislamiento incluso dentro de su propia familia: de su astuta madre, su padre vulgar, cuyo tipo de cuerpo ha heredado; y su malcriado hermano menor.

Aunque todavía está gravemente conmocionada por su terrible experiencia, Sara decide no decir nada de lo que vio y se niega a abrirse a sus padres, a cooperar con la policía o hablar con los padres de las niñas desaparecidas, lo que provoca un enfrentamiento entre la desesperada madre de Claudia (Pilar Castro) y Sara. Su silencio al principio lleva el aguijón satisfactorio de la venganza, pero se transforma gradualmente en culpa cuando otros lugareños aparecen muertos. Los sentimientos de Sara se complican aún más por su atracción sexual hacia el extraño, quien continúa en contacto con ella, inicialmente de manera sutil. Pero finalmente se deshace de su indefensión pasiva y su represión, abrazando su ira en un crescendo de violencia empoderador, que es vívido sin ser explotador.

Machi es excelente como la madre malhumorada de Sara, ferozmente protectora con ella aunque lejos de ser comprensiva. Pero es Galán quien lleva la película. Ella es fascinante en la transformación gradual de su personaje, de una joven tímida casi muda por la ansiedad social, anhelando la invisibilidad en un cuerpo y una ciudad que no le ofrece nada, a un alma en pena feroz cubierta de tierra, sangre y lágrimas de ira. La determinación en su rostro mientras se aleja del caos en el acto final sugiere que, si bien Sara ha impartido justicia, y no sin remordimientos, también reconocerá su papel en el sufrimiento de sus torturadores, sin importar el precio.

La directora de fotografía Rita Noriega filma enfatizando la soledad de Sara en un páramo de expansión. El aspecto es crudo, sudoroso y terrorífico, y la sensación del lugar es envolvente. El movimiento de la cámara y el uso de la música son mínimos en las primeras etapas; se vuelven más oscuros y agitados a medida que el tono cambia a un horror total y Sara avanza hacia su complejo ajuste de cuentas en el escondite del matadero del extraño. "Cerdita" es un estudio de carácter contundente, sin un arco de redención limpio y ordenado; su representación emocionalmente catártica de la intimidación y su número de víctimas dejará un gran impacto en la audiencia, pero sobretodo los dejará cuestionándose quién realmente es el antagonista de esta historia.


domingo, 5 de abril de 2020

Crítica Cinéfila: El Hoyo

El futuro, en una distopía. Dos personas por nivel. Un número desconocido de niveles. Una plataforma con comida para todos ellos. ¿Eres de los que piensan demasiado cuando están arriba? ¿O de los que no tienen agallas cuando están abajo? Si lo descubres demasiado tarde, no saldrás vivo del hoyo.



A veces, todo lo que necesitas para hacer una película decente es mucha comida, un único set y una metáfora de dos horas de duración y varios cientos de pisos de altura. "El Hoyo" de Galder Gaztelu-Urrutia no es una película sutil. Pero lo más alarmante de esta alegoría española es que literaliza la verticalidad deshumanizante del capitalismo con el doble de terror de "Parasite" y casi la mitad de la gracia furiosa de esa pieza, aunque a veces no parece una alegoría en absoluto.

Al igual que "Cube", "Saw" e incluso "The Exterminating Angel" antes, "El Hoyo" es el tipo de película de suspenso de ubicación única que se define por su premisa. En algún lugar en el futuro no tan lejano, o tal vez una versión alternativa al estilo Camus de ahora, cientos de personas están atrapadas en un estrecho rascacielos de cemento que tiene más niveles de los que cualquiera de los prisioneros alojados allí podría contar. La compañía propietaria del lugar lo ha calificado como un "Centro de autogestión vertical", pero sus ocupantes se refieren a él solo como el pozo; mira hacia abajo y el abismo parece no tener fondo.

Las reglas del pozo son simples: hay dos reclusos en cada piso, ambos son asignados aleatoriamente a un nuevo piso juntos al comienzo de cada mes, y su único sustento se sirve en una gran variedad de alimentos que desciende mágicamente a través de ellos por la brecha en el centro de la torre cada 24 horas. Esta fiesta móvil es apta para un rey cuando se baja por primera vez de la cocina en la cima del Hoyo, ya que las personas en el piso superior disfrutan de un banquete real de carne, pato glaseado, vino añejo, pasteles decadentes, e incluso el extraño plato de caracoles. A los prisioneros solo se les permite unos minutos para engullir la mayor cantidad de comida posible antes de que sus sobras se bajen a las personas en el piso debajo de ellas, cuyas sobras se bajan a las personas en el piso debajo de ellas o ellos, y así sucesivamente.

Para cuando la plataforma alcanza el nivel 48, la pierna de pavo se ha masticado en unas tiras errantes de carne cubierta de saliva. Para cuando alcanza el nivel 80, el smorgasbord se ha reducido a una bandeja sucia de cubiertos. Si los prisioneros en los niveles superiores solo tomaran lo que necesitaban, habría suficiente comida para todos. Pero, así no es cómo van las cosas, y los consignados a las profundidades del Pozo no tienen más remedio que comerse vivos.

Las personas en el hoyo se definen por su nivel, pero Goreng (Iván Massagué), nuestro protagonista demacrado y vagamente cristiano, se niega a combinar el carácter con las circunstancias. Él es nuevo aquí. Antes de que Goreng incluso abriera los ojos en su primer día adentro, su compañero de cuarto Trimagasi (Zorion Eguileor) nos da la disposición de la tierra: "Hay tres tipos de personas", se queja. "Los de arriba, los de abajo y los que caen". Pero tal vez solo hay un tipo de persona, y se ven diferentes cuando se ven desde abajo, arriba o directamente a través del agujero en el piso entre ustedes.


Eguileor ofrece una actuación deliciosa como la identificación bárbara de la película, masticando el escenario en lugar de cualquier otro sustento mientras da clases a Goreng sobre los caminos del mundo y molestando a las personas que están debajo de ellos. "El Hoyo" refracta su principio organizador del asco a través de un caleidoscopio de aspereza que hace que incluso las funciones humanas más básicas se sientan un poco irritantes.

Si "El Hoyo" depende de la premisa de que el capitalismo se vería menos compasivo cuando se redujera a la escala de un experimento de Philip Zimbardo, la película no es tan izquierdista como parece ser. Mientras que los guionistas David Desola y Pedro Rivero no dudan en evangelizar por el espíritu del socialismo democrático, su guión está menos en sintonía con la revolución sistémica que con la responsabilidad personal que podría impulsarla; sea ​​el cambio que desea ver en el mundo, incluso si su mundo se limita al peor restaurante.

La banda sonora se silencia con la música del cuerpo enfermo cada vez que alguien hunde los dientes en un bocado de comida, y eso es antes de que la gente aparezca en el menú. No pasa mucho tiempo hasta que las delicias que vemos en la plataforma parecen incomestibles, y Gaztelu-Urrutia elimina su apetito justo a tiempo para una escena de sexo no solicitada; las propias tomas son sorprendentemente de buen gusto, pero no serán divertidas para disfrutar de ellos. Nuestras funciones más básicas se vuelven tan viles que el optimismo de Goreng se convierte en la única opción aceptable.

Ninguno de estos personajes tiene mucha profundidad, incluido Goreng, por lo que "El Hoyo" compensa fabricando algo de profundidad propia, ya que la película viaja a un piso diferente cada vez que se reasigna a su héroe. Vemos la vida en el hoyo desde casi todos los niveles imaginables, y cada uno de ellos tiene sus propias arrugas convincentes, pero el guión se vuelve cada vez más paranoico de que su premisa no es lo suficiente como para mantener su historia, y el elenco se engorda con resultados mixtos a medida que la película comienza a despegarse de la realidad.

Gaztelu-Urrutia se esfuerza por desarrollar el plan de Goreng para reformar el Pozo, pero verlo poner en práctica esa idea se siente curiosamente desconectada de las fuerzas socioeconómicas en el trabajo. "El Hoyo" depende de un problema que es mucho más complicado que la solución propuesta para él, y el tercer acto se desvía hacia la abstracción de una manera que deja la esperanza de Goreng como un sueño demasiado pensado. El cambio nunca ocurre espontáneamente y esta pesadilla hambrienta de una película reconoce que tiene que comenzar con nosotros. Pero en el Hoyo, como en la vida, convencer a las personas debajo de ti de que hay suficiente comida para llevar es mucho más fácil que convencer a las personas que están por encima de ti para que se preocupen por los demás.



jueves, 13 de febrero de 2020

Crítica Cinéfila: Dolor y Gloria

Narra una serie de reencuentros en la vida de Salvador Mallo, un director de cine adolorido. Algunos de ellos físicos, y otros recordados, como su infancia en los años 60, cuando emigró con sus padres a Paterna, un pueblo de Valencia, en busca de prosperidad, así como el primer deseo, su primer amor adulto ya en el Madrid de los 80, el dolor de la ruptura de este amor cuando todavía estaba vivo y palpitante, la escritura como única terapia para olvidar lo inolvidable, el temprano descubrimiento del cine, y el vacío, el inconmensurable vacío ante la imposibilidad de seguir rodando.



Pedro Almodóvar ha encontrado un registro más intensamente personal que nunca para su nueva y tierna película sobre un director de cine envejecido retirándose de su profesión que enfrenta problemas de salud, depresión y el declive de sus poderes. Es la característica número 21 de Almodóvar: tal vez podría llamarse 20 ½ .

Dolor y Gloria es una película otoñal en clave menor negativo, con más dolor que gloria, aunque la gloria hace un resurgimiento tardío. Hace que el enfoque de Almodóvar muera: el suyo y el de las personas que ama, pero también la pasión por el cine que aún puede conquistar la muerte o proporcionar una forma de aceptarla.

Como siempre, Almodóvar ha realizado una película sobre el placer, que es en sí misma un placer: ingenioso, inteligente y sensual. Se trata de amor, memoria, arte, madres, amantes y, sobre todo, se trata de sí mismo, que en manos de un director menor sería terriblemente indulgente. Pero Almodóvar es un maestro de la autorreferencia e intertextualidad: la película dentro de una película, la historia dentro de una historia, el sueño dentro de un sueño. Almodóvar opera en una especie de motor de combustión interna de creatividad y sentí que esta película se estaba ejecutando de manera tan suave y tan seductora que podría haber continuado durante otras cinco horas.


Antonio Banderas asume el papel para el que nació para jugar, aunque sin el sorteo copo de nieve. Él es Salvador Mallo, un director de cine que no ha hecho nada durante años pero que ha acumulado suficiente dinero para vivir cómodamente entre obras de arte caras, reflexionando sobre sus diversas dolencias: dolores de cabeza, dolores de espalda, una tendencia a ahogarse con cualquier alimento sólido, y en general depresión; todos estos tienen una misteriosa relación de causa o efecto con su bloque creativo.

Un encuentro casual con una vieja amiga actriz, Zulema (un cameo para Cecilia Roth) lo reconecta con el ex actor estrella Alberto (Asier Etxeandia); se pelearon hace décadas mientras hacían su obra maestra. Alberto le presenta a Salvador la heroína, un nuevo sabor peligroso que le recuerda a un guión de teatro autobiográfico abandonado llamado Adicción, sobre el abuso de drogas de un ex amante. Se lo da a Alberto para que actúe en el escenario y esto trae a las personas del pasado a la vida de Salvador, y su estado mental se altera repentinamente. Todo el tiempo hay recuerdos extáticos de su madre, interpretada magníficamente por Penélope Cruz y como una mujer mayor al borde de la muerte por Julieta Serrano. La madre mayor lo desaprueba cuando su hijo comienza a pedirle sus propios recuerdos de su vida: "No quiero nada de esto en sus películas".


Como siempre, el cinematógrafo José Luis Alcaine y el diseñador de producción Antxón Gómez le dan a la película una riqueza y calidez maravillosas, los colores pululando y reventando. Hay algunas risas, especialmente cuando Alberto y Salvador han sido persuadidos para hacer una sesión de preguntas y respuestas en el escenario después de una proyección de su controvertida película. Almodóvar puede tener sentimientos encontrados acerca de las preguntas y respuestas como una tradición cinematográfica.

Hay una agilidad magistral en el estilo narrativo de Almodóvar: una cosa lleva a otra, o a un recuerdo asociado, o a una versión ficticia creada. Saltamos de un lado a otro entre el pasado y el presente. Hay algo incompleto o inacabado en este trabajo, pero quizás esto simplemente representa la condición de la vida misma. Dolor y Gloria te deja con una dulce tristeza, pero con un fuerte apetito por la próxima película.


domingo, 26 de enero de 2020

Crítica Cinéfila: Klaus

Un cartero es enviado a una ciudad congelada en el norte, donde descubre que Papá Noel está escondido. 



Muchos han hablado sobre el origen de la leyenda de Santa Claus. Recientemente, Sergio Pablos se inventó su propia versión con una historia inesperada y muy agradable para el hombre barbudo que entrega juguetes cada nochebuena. Sacudiendo la mayoría de los clichés en favor de una historia desde cero sobre cómo incluso la generosidad dudosamente motivada puede conducir a la alegría, contiene ecos de otros favoritos de temporada (como Grinch del Dr. Seuss) mientras está parado completamente por sí mismo. La animación bellamente diseñada llega en un buen momento  para Netflix, justo cuando el imperio de Disney comienza a trasladar todas sus creaciones animadas a su propio reino exclusivo: decir adiós a los clásicos para niños no será tan doloroso si Netflix puede encontrar y apoyar talento de animación de este calibre.

Escrito por Zach Lewis y Jim Mahoney de una historia original de Pablos, quien también escribió la historia que se convirtió en Despicable Me y Smallfoot. La película comienza en un lugar inesperado: la Royal Postal Academy en Noruega. Allí conocemos a Jesper (Jason Schwartzman), un niño mimado que solo es un cadete solo de nombre: su padre, que está a cargo del servicio postal de la nación, ha insistido en que aprenda el oficio familiar, pero es un fracaso absoluto en el trabajo. Como último recurso, su papá le da un ultimátum a Jesper. Lo está enviando a la remota aldea de Smeerenburg (en la isla de Svalbard, a medio camino entre el continente y el Polo Norte) para poner en marcha la oficina de correos desaparecida de la ciudad. Hasta que el joven no logre mover 6,000 cartas a través de su estación, no podrá regresar al lujo que ama.

Smeerenburg resulta peor incluso de lo que este joven protegido podría imaginar: es un páramo cuyos residentes se odian entre sí, donde las peleas violentas son la única forma de interacción social. Es una especie de infierno que Grinch apenas podría haber imaginado para Whoville, y a los dos clanes principales de la ciudad (Krums y Ellingboes) les gusta de esa manera.


Los forasteros con buenas intenciones se marchitan aquí, como la antigua maestra de escuela Alva (Rashida Jones), quien finalmente convirtió su aula en una pescadería con la esperanza de ganar suficiente dinero para regresar a casa. La ahora cínica Alva hace un buen papel instruyendo a Jesper, cuya autocompasión es de una variedad enérgica e inteligente que debería jugar especialmente bien con precoces preadolescentes. Pero también le lleva poco tiempo volverse desesperado: en ninguna parte de esta isla de perros guardianes amenazantes y sabotaje de vecinos puede encontrar a alguien que quiera enviar una carta a alguien más. Lo más cercano que puede encontrar es el triste dibujo de un niño de sí mismo en un ático solitario, que se ha volado por su ventana, es una misiva enviada involuntariamente, sin destinatario.

Pablos y compañía disfrutan el viaje, y, sin disimular, se mueven lo suficientemente deliberadamente como para que los espectadores se deleiten al ver cómo encajan las piezas. Aprendemos que hay un hombre en el bosque (JK Simmons), un carpintero cuyas cuchillas afiladas asustan al joven Jesper. Parece que no hace juguetes para nadie, solo perfecciona sus habilidades de carpintería, o tal vez el pasatiempo es una forma de superar un viejo dolor. Antes de que Jesper aprenda alguno de los secretos del Sr. Klaus, tiene que inventar una razón para que cientos de niños escriban las cartas que les permitirá ganarse sus juguetes.

La versión suavemente revisionista de la película sobre la leyenda de Santa Claus se complementa perfectamente con su estilo visual, que combina personajes y escenarios que podrían haber sido diseñados hace medio siglo con técnicas modernas. Los animadores aprovechan la capacidad de las computadoras para convencer la profundidad y el movimiento, pero mantienen una apariencia dibujada a mano en todo momento. Los diseños tienen una sensación universal de libro de cuentos, pero el ambiente de la ciudad sombría se ilumina considerablemente con la introducción de un elemento muy específico: un niño de una comunidad sami cercana usa los colores primarios de la ropa tradicional de esa cultura, y su gente tendrá una gran parte para jugar una vez que el carpintero toma en serio su operación de entrega de regalos.


Además de uno o dos momentos en el tercer acto donde, comprensiblemente, la película aterriza más de lo necesario en puntos emocionales, los mayores pasos en falso de Klaus están en las tres escenas donde la música de los géneros contemporáneos enturbia la atmósfera intemporal. Aunque nunca distraen mucho, estas señales musicales serán dolorosas si, como podría suceder, Klaus se convierte en algo que las familias se encuentran viendo en décadas.

Pero lo que realmente les ganará el corazón de todos es cómo la historia toma todas las leyendas y detalles sobre el místico personaje y lo adecúan a las aventuras de la película. Está tan bien contada que solo nos queda disfrutar cada segundo, reír con las locuras de los personajes y sus líneas tan irónicas, y llorar de nostalgia al recordar una buena niñez que ya no será.

La película se enfoca mucho en dejar atrás los problemas del pasado para dar apertura a las oportunidades del futuro, pero a la vez, también se enfoca en el perdón, la compasión y el dar sin pensar en que recibir, sobretodo en las escenas cuando se ven los dos bandos cediendo poco a poco al cariño mutuo. La magia no faltará pero lo que estaremos esperando con ansias es esa gran frase al final donde cae la tímida lágrima sobre la amistad y el diferenciar entre las inocencias infantiles y las nostalgias de adultos.


Temporada de Premios: Ganadores de los Premios Goya 2020


La 34ª edición de los Premios Goya fue dominada por Pedro Almodóvar y su película Dolor y Gloria, la cual ha ganado 7 de los 16 premios a los que estaba nominada, incluyendo Mejor Película, Mejor Dirección y Mejor Actor Protagonista para Antonio Banderas. 

Mientras dure la guerra, de Alejandro Amenábar, ha conseguido 5 de las 17 nominaciones a las que aspiraba, mientras que la tercera favorita de la noche, La trinchera infinita, de Aitor Arregi, Jon Garaño y Jose Mari Goenaga, solo ha conseguido 2 de las 15 nominaciones a las que aspiraba, entre ellas la de Mejor Actriz protagonista para Belén Cuesta.

Andreu Buenafuente y Sílvia Abril han repetido como presentadores de la gala más importante del cine español, que este año además ha otorgado el Goya de Honor a la actriz Pepa Flores.

A continuación, le ofrecemos la lista completa de los ganadores de los Premios Goya 2020, subrayados en negrita los premiados:

Mejor película
Ganadora: Dolor y gloria
Intemperie
La trinchera infinita
Lo que arde
Mientras dure la guerra

Mejor dirección
Ganador: Pedro Almodóvar, por Dolor y gloria
Aitor Arregi, Jon Garaño, Jose Mari Goenaga, por La trinchera infinita
Oliver Laxe, por Lo que arde
Alejandro Amenábar, por Mientras dure la guerra

Mejor actor protagonista
Ganador: Antonio Banderas, por Dolor y gloria
Antonio de la Torre, por La trinchera infinita
Karra Elejalde, por Mientras dure la guerra
Luis Tosar, por Quien a hierro mata

Mejor actriz protagonista
Ganadora: Belén Cuesta, por La trinchera infinita
Penélope Cruz, por Dolor y gloria
Greta Fernández, por La hija de un ladrón
Marta Nieto, por Madre

Mejor actor de reparto
Ganador: Eduard Fernández, por Mientras dure la guerra
Asier Etxeandia, por Dolor y gloria
Leonardo Sbaraglia, por Dolor y gloria
Luis Callejo, por Intemperie

Mejor actriz de reparto
Ganadora: Julieta Serrano, por Dolor y gloria
Mona Martínez, por Adiós
Natalia de Molina, por Adiós
Nathalie Poza, por Mientras dure la guerra

Mejor Película Iberoamericana
Ganadora: La odisea a de los giles, de Sebastián Borensztein (Argentina)
Araña, de Andrés Wood (Chile)
El despertar de las hormigas, de Antonella Sudasassi (Costa Rica)
Monos, de Alejandro Landes (Colombia)

Mejor película documental
Ganadora: Ara Malikian una vida entre las cuerdas, de Nata Moreno
Aute retrato, de Gaizka Urresti
El cuadro, de Andrés Sanz
Historias de nuestro cine, de Ana Pérez-Lorente, Antonio Resines

Mejor película de animación
Ganador: Buñuel en el laberinto de las tortugas, de Salvador Simó
Elcano y Magallanes: la primera vuelta al mundo, de Ángel Alonso
Klaus, de Sergio Pablos

Mejor película europea
Ganadora: Les Miserables, de Ladj Ly (Francia)
Border, de Ali Abbasi (Suecia)
A Portrait of a Lady in Fire, de Céline Sciamma (Francia)
Yesterday, de Danny Boyle (Reino Unido)

Mejor dirección novel
Ganadora: Belén Funes, por La hija de un ladrón
Salvador Simó, por Buñuel en el laberinto de las tortugas
Galder Gaztelu-Urrutia, por El hoyo
Aritz Moreno, por Ventajas de viajar en tren

Mejor actor revelación
Ganador: Enric Auquer, por Quien a hierro mata
Nacho Sánchez, por Diecisiete
Vicente Vergara, por La trinchera infinita
Santi Prego, por Mientras dure la guerra

Mejor actriz revelación
Ganadora: Benedicta Sánchez, por Lo que arde
Pilar Gómez, por Adiós
Carme Arrufat, por La inocencia
Ainhoa Santamaría, por Mientras dure la guerra

Mejor cortometraje de ficción
Ganador: Suc de Síndria
El nadador
Foreigner
Maras
Xiao Xian

Mejor cortometraje documental
Ganadora: Nuestra vida como niños refugiados en Europa
2001 destellos en la oscuridad
El infierno
El sueño europeo: Serbia

Mejor cortometraje de animación
Ganadora: Madrid2120
El árbol de las almas perdidas
Homomaquia
Muedra

Mejor canción original
Ganadora: Intemperie de Javier Ruibal, por Intemperie
Invisible de Caroline Pernell, Jussi Ilmari Karvinen (Jussifer), Justin Tranter, por Klaus
Allí en la arena, de Toni M. Mir, por La inocencia
Nana de las dos lunas de Sergio de la Puente, por La noche de las dos lunas

Mejor montaje
Ganadora: Teresa Font, por Dolor y gloria
Laurent Dufreche y Raúl López, por La trinchera infinita
Alberto del Campo, por Madre
Carolina Martínez Urbina, por Mientras dure la guerra

Mejor dirección artística
Ganador: Juan Pedro de Gaspar, por Mientras dure la guerra
Antxón Gómez, por Dolor y gloria
Pepe Domínguez, por La trinchera infinita
Mikel Serrano por, Ventajas de viajar en tren

Mejor música original
Ganador: Alberto Iglesias, por Dolor y gloria
Arturo Cardelús, por Buñuel en el laberinto de las tortugas
Pascal Gaigne, por La trinchera infinita
Alejandro Amenábar, por Mientras dure la guerra

Mejor guion adaptado
Ganador: Benito Zambrano, Daniel Remón y Pablo Remón, por Intemperie
Eligio Montero y Salvador Simó, por Buñuel en el laberinto de las tortugas
Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen, por Madre
Javier Gullón, por Ventajas de viajar en tren

Mejor guion original
Ganador: Pedro Almodóvar, por Dolor y gloria
David Desola y Pedro Rivero, por El hoyo
Jose Mari Goenaga y Luiso Berdejo, por La trinchera infinita
Alejandro Amenábar y Alejandro Hernández, por Mientras dure la guerra

Mejor dirección de fotografía
Ganador: Mauro Herce, por Lo que arde
José Luis Alcaine, por Dolor y gloria
Javi Agirre Erauso, por La trinchera infinita
Álex Catalán, por Mientras dure la guerra

Mejor sonido
Ganadora: Iñaki Díez, Alazne Ameztoy, Xanti Salvador y Nacho Royo-Villanova, por La trinchera infinita
Sergio Bürmann, Pelayo Gutiérrez y Marc Orts, por Dolor y gloria
Aitor Berenguer y Gabriel Gutiérrez, por Mientras dure la guerra
David Machado, Gabriel Gutiérrez y Yasmina Praderas, por Quien a hierro mata

Mejores efectos especiales
- Ganador: El hoyo
- La trinchera infinita
- Mientras dure la guerra
- Perdiendo el Este

Mejor dirección de producción
- Ganadora: Carla Pérez de Albéniz, por Mientras dure la guerra
- Toni Novella, por Dolor y gloria
- Manolo Limón, por Intemperie
- Ander Sistiaga, por La trinchera infinita

Mejor maquillaje y peluquería
- Ganadora: Ana López-Puigcerver, Belén López Puigcerver y Nacho Díaz, por Mientras dure la guerra
- Ana Lozano, Sergio Pérez Berbel y Montse Ribé, por Dolor y gloria
- Yolanda Piña, Félix Terrero y Nacho Díaz, por La trinchera Infinita
- Karmele Soler y Olga Cruz, por Ventajas de viajar en tren

Mejor diseño de vestuario
- Ganadora: Sonia Grande, por Mientras dure la guerra
- Paola Torres, por Dolor y gloria
- Lourdes Fuentes y Saioa Lara, por La trinchera Infinita
- Alberto Valcárcel, por Paradise Hills

jueves, 17 de enero de 2019

Crítica Cinéfila: Perfectos Desconocidos

Varios amigos de toda la vida se reúnen para cenar. Cuando deciden compartir entre ellos el contenido de cada mensaje de texto, correo electrónico y llamada telefónica que reciben, muchos secretos comienzan a develarse y el equilibrio se rompe.



Perfectos desconocidos es una película que ya ha tenido cuatro remakes, basándose en la historia de la exitosa película italiana 'Perfetti sconosciuti' (2016), dirigida por Paolo Genovese. Ya habían sido estrenadas la adaptación española de Álex de la Iglesia; y la francesa de Fred Cavayé (Nothing to Hide) con Bérénice Béjo. Por ello, resulta difícil sorprender con una trama tan masticada en menos de cinco años. ¿Había necesidad de hacer una nueva versión?

La mexicana sigue la misma idea narrativa: tres parejas, amigos desde la infancia (salvo por una de las chicas que es nueva en el grupo) se reúnen para cenar con un amigo divorciado. La expectativa de conocer a su nueva novia es el tema principal de la noche hasta que él llega sin su pareja. Y cuando todos comienzan a argumentar sobre el uso de los celulares y los misterios que se guardan en este aparato, se proponen a colocar los celulares sobre la mesa para leer cualquier mensaje y compartir las llamadas que reciban durante toda la noche. Sin embargo, los secretos que se guardan entre ellos pueden significar el final de sus relaciones y la destrucción de familias.

Toda la historia transcurre en una sola noche, durante una cena que parecía una simple reunión de amigos. Así, mientras observamos todo, también te sentirás parte de la mesa entre copas de vino, discusiones acaloradas y secretos que están a punto de reventar. A través del personaje de Eva, verán una gran crítica a cómo nos hemos herido nosotros mismos y nuestras inconformidades. Por otra parte en Flora verán el personaje más catártico, comete errores por tratar de salvar a todos, pero no se da cuenta de que le ven la cara.


Perfectos desconocidos habla sobre infidelidades, mentiras y decepciones dentro de la relación de parejas. A través de diversas parejas se enfoca sobre el desgaste del amor cuando se abandona el trabajo en la relación, y como muchas parejas solo saben quejarse de su compañero/a en vez de hablar los temas, y mientras más se quejan, más cosas hacen a sus espaldas, aun con hijos de por medio. También se enfoca mucho en la privacidad de las personas y lo que se esconden para sí mismos en sus teléfonos celulares, dando suficientes razones al hecho de tener el aparato con contraseña o siempre apagado.

Con actores de su entera confianza: Talancón, Mariana Treviño y Cecilia Suárez; por el otro Manuel García-Rulfo, Bruno Bichir y Miguel Rodarte, así como el español Franky Martín, Caro se mantiene un poco al margen de su tono trágico y trata de mantener la comedia en su máxima expresión, claramente para evitar salirse de ese ritmo que sus antecesoraas han logrado. No obstante, la química de los actores sustenta la larga y entrañable relación entre los protagonistas. En algún punto uno de ellos atisba que los conoce perfectamente y no hay nada que podría sorprenderlo y parecería cierto, hasta que el conflicto toca a la puerta en la historia. No obstante, son tres nombres los que lucen por encima de todos: Mariana Treviño, Bruno Bichir y Franky Martín.

Es importante por igual destacar el desarrollo de este guión que va en crescendo a la hora de sacar a la luz las verdades que se ocultan muchos, como mandarse mensajes con una persona a través de facebook, recibir fotos provocativas de parte de otra, mantener una relación en secreto con alguien de tu mismo sexo, o tener más de una pareja en secreto. Es increíble pensar que muchas de estas situaciones están basadas en la realidad, pero ver las consecuencias de estos actos son una buena bofetada para caer en cuenta si es o no correcto mantener la privacidad del celular. Pero es aún más doloroso ver cómo, a pesar de que muchas verdades salen a la luz, otros secretos siguen encubriéndose.

Algo que no tiene la versión española es la música que tanto caracteriza la obra de Manolo Caro. Para acompañar los momentos de histeria a la perfección, el director agregó canciones de Timbiriche que intensifican el caos. Por ejemplo el momento con “Besos de Ceniza”, pero no te adelantamos más para no dar spoilers.


Por su parte, la cinematografía juega un papel muy importante para crear tensión aún en momentos donde los chistes quieren predominar pero la situación se ha tornado sombría. El director de fotografía Pedro Gómez Millán se ha influenciado de los remakes anteriores, donde las tomas circulares y los primerísimos planos son parte importante de la narrativa cinematográfica. Por otro lado, y aún siendo muy cercana a la original, el diseño de producción para mantener la película completa dentro de una sola locación es muy inteligente, sintiendo la claustrofobia y desesperación constante, pero evitando encacillarlo hasta llegar a un nivel que parecería más teatro que cine. 

Lo que me parece una opción pobre y complaciente es el hecho de que (spoiler alert) toda la guerra que se desata es simplemente un "qué pasaría si..." al final. Es decir, todas las guerras, las verdades qeu salieron y las lágrimas derramadas no pasaron en realidad, pues cuando uno de los personajes dijo que no quería jugar el juego, aparentemente no lo jugaron, y todo lo que se ve en la película es lo que pasaría si se hubiese jugado. Es un final muy fácil que lo hacen con la moraleja de que es mejor guardarse los secretos para evitar que las relaciones se destruyan. Pero es un final que llega y es confuso, no tiene muchas explicaciones, y aún peor lo hace simplemente para no darle ningún problema final a ninguno de los personajes, y todas las guerras que vimos fueron solo una buena pesadilla.

Esta versión de Perfectos desconocidos se mantiene demasiado cerca de sus antecesoras, a pesar de agregarle aspectos culturales y sociales de la nacionalidad donde se desarrolla. Incluso trata de ser incisiva al coquetear con temas como la creencia en Dios o mediante diálogos provocadores para el sector conservador; sin embargo, no importa en cuantos idiomas, dialectos o culturas la quieran narrar, la fórmula es la misma y, por ende, la están desgastando de manera innecesaria. Lo bueno a destacarle es que se pasa un buen rato antes de que llegue el final.



jueves, 12 de abril de 2018

Veronica

Madrid, años 90. Barrio de Vallecas. Después de jugar con una ouija con sus compañeras, Verónica comienza a sufrir amenazas por elementos sobrenaturales en su casa, que quieren hacerle daño a ella y a los suyos.



Hay juegos que deberían estar prohibidos para la humanidad, y uno de ellos es la ouija, pues por más reglas que leas y sigas, siempre algo va a salir mal. A esto se le suma el hecho de quienes no creen o no conocen a plenitud las religiones y por mera curiosidad lo hacen, sin imaginarse lo que han desatado.

Año 1991. Verónica es una joven de 15 años que vive con sus tres hermanos menores y su madre, que casi nunca está en casa y vive en duelo por el fallecimiento de su esposo. Por esta razón, Veronica debe hacerse cargo de sus hermanos en un rol maternal. No obstante, ella sufre sus propios demonios en silencio: es una joven solitaria, nunca ha tenido la menstruación, pero sobretodo, extraña con locura a su padre. Por eso, decide utilizar la ouija con sus amigas para hacer contacto con su padre. Lo que no se imaginan es que al jugarlo, no solo se comunica con el alma equivocada, también desata una criatura sobrenatural que la va a asediar por tres días, hasta que ella se de por vencida.


A pesar de que la película no sigue los hechos exactos de la historia real, Paco Plaza (REC) se ha inspirado de ella, y ha creado personajes y una situación muy particular, que es lo suficientemente creíble para dejarse envolver con el terror que desata. En tres días, va desarrollando un horror que comienza con pequeños moretones en la piel y se va desencadenando como un cancer de carne y hueso atrás de su víctima principal. Sin embargo, y a pesar de que el ser paranormal es el principal foco de la película, una de las principales temáticas que desarrolla es el cambio de niña a adolescente y las grandes dificultades de la pubertad.

El debut de Sandra Escacena, como Verónica, es sin duda uno de los mejores aspectos de esta historia, donde la joven demuestra su talento y se deja llevar por cada uno de los síntomas del asedio paranormal, al punto de que el director y los productores han confesado que se sintieron aterrorizados con la manera tan creíble en que ella personificaba a Verónica.


Por otro lado, los momentos en que el ser la ataca son incontables e incomparables, incluso cuando parecía que terminaría siendo como las demás películas de posesión demoniaca, te daban una verdadera razón por la que los moretones aparecían, por qué se iba en transe, el significado de sus sueños y las verdaderas intenciones del ser.

Otro aspecto a destacar es el uso de la fotografía para introducir poco a poco al ser demoníaco, en el que no delataban su físico, sino que lo fueron dejando hasta la última confrontación. Pero a su vez, gracias a esa tonalidad azul, la película te da una sensación de eterna oscuridad, miedo y frío. 

Verónica es un terror que no busca enfocarse en las posesiones demoníacas, sino en la búsqueda de respuestas y en cómo combatir el mal, aún cuando todo está perdido. Pero principalmente, habla sobre los males que existen en el mundo que hay que evitar a toda costa, aunque se trate de un juego con reglas y un libro de amuletos.


jueves, 20 de abril de 2017

María (y los demás)

Desde que murió su madre cuando ella tenía 15 años, María ha cuidado de su padre y de sus hermanos. Responsable y controladora, siempre ha sido el pilar de la familia, y se siente orgullosa de ello. Por eso, cuando su padre se enamora repentinamente de su enfermera y anuncia su inminente compromiso, María siente que su vida se desmorona. Con 35 años y sin novio a la vista, deberá atreverse a cambiar su destino. (FILMAFFINITY)



A diferencia del carácter comercial que tienen la gran mayoría de las producciones de Hollywood, el cine europeo es más humano: tiene como principal propósito acercarse a su público y decirles que esto le pudo haber pasado a él, ella, su familia o sus vecinos. Lo más interesante de las películas europeas es como le dan más importancia a la necesidad de contar historias, y así, tramas como esta se conjugan con el principal objetivo de quedarse en la mente de su audiencia por un par de semanas.

El paréntesis en el nombre de esta película no está mal pensado o mal ubicado. Incluso, sin tener que leer la sinopsis ya se entiende: María es una mujer que ha dedicado su juventud a su padre, una carrera en progreso, un amor casi imposible y el bullying constante de sus hermanos y amigos que le cuestionan qué es lo que realmente ella piensa hacer con su vida. Los demás son todos los que la rodean que pretenden robarle un poco de protagonismo y recalcarle que es la única estancada en el mismo lugar: el padre se casará con una enfermera que lo atendía, su hermano abrirá el restaurante de su padre, el otro hermano tendrá un hijo, su mejor amiga está embarazada, el único hombre con el que podría decir que tiene una relación no termina de definir lo que quiere con ella, no termina de publicar su primer libro... en fin, el mundo gira en contra de ella, o ella no va a la misma velocidad que el resto. 

Es imposible no sentir pena y, a la vez, gracia con María, interpretado de manera increíble por Bárbara Lennie. Esta mujer es capaz de provocar en su audiencia una bomba de sentimientos a través de cada línea, cada gesto y cada acción. Su capacidad actoral y su entrega a este papel no solo le ha dado una nominación en los Goya 2017 a Mejor Actriz Principal, sino también la destacan como el mejor personaje construido y desarrollado a lo largo de toda la película.

El único problema que tiene esta historia es el hilo conductor que lleva. El hecho de que cuatro personas (probablemente muy diferentes entre sí) hayan realizado el guion puede haber sido el causante de que no se sabe en sí hacia dónde va la película. ¿Cuál es en realidad el objetivo de María: que su padre no se case, que sus hermanos sean infelices, poder finalmente publicar el jodido libro o tener públicamente una relación formal con este hombre? Al final nos daremos cuenta que es una de estas, pero a lo largo de la historia solo podremos disfrutar de las frustraciones y mala suerte de María y preguntarnos cuál será el desenlace de todo.

Por lo demás, es una película sumamente fascinante y divertida, con una sencillez en la fotografía y el montaje, y cargada de un humor negro que causará el principal enganche con la audiencia y las mejores escenas de María mientras trata de resolver cada nuevo reto de su vida.

María (y los demás) me recuerda muchas cosas y me aconseja evitar otras a toda costa: no esperar a los 35 para enamorarme, no dejar los sueños para cumplirlos después y no dejarme pisotear por los que nmeos rodean, aun sea la familia.