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martes, 6 de enero de 2026

Crítica Cinéfila: Sentimental Value

Tras la muerte de su madre, las hermanas Nora y Agnes se reencuentran con su distanciado padre, Gustav Borg, un veterano director de cine de renombre, que le ofrece a su hija Nora, actriz de teatro, un papel en su próxima película. Nora lo rechaza y pronto descubre que le ha dado ese papel a una joven y entusiasta estrella de Hollywood. De repente, las dos hermanas deben sortear su complicada relación con su padre y lidiar con una actriz estadounidense que se encuentra en medio de su compleja dinámica familiar.



Joachim Trier tiene un propósito con su cinematografía: crear experiencias narrativas alrededor de las crisis existenciales que todo ser humano está destinado a tener en algún momento de su vida. El primer viaje fue la crisis existencial que cuestiona nuestra mera existencia ("Thelma" del 2017); después le sigue la crisis existencial relacionada al paso de los años y lo que uno ha ido logrando/haciendo ("La Peor Persona del Mundo). Finalmente ha vuelto con la crisis existencial atada a los conflictos familiares y cómo eso nos convierte en personas que desearíamos no ser, pero que estamos destinados a encontrar el propósito de por qué somos así.

En esa lucha interna conocemos a Nora (Renate Reinsve), quien es actriz de teatro con el síndrome del Impostor. Aunque se mantiene constante en el escenario y obtiene oportunidades para crear, llega en pánico al día de la presentación rompiendo su vestuario tras bambalinas. Se desconoce si sus inseguridades provienen de su complicada relación con su padre, Gustav (Stellan Skarsgård) quien es director de cine. Cuando su madre fallece, su padre retorna a su hogar de infancia, donde le están organizando el funeral, con el interés de filmar su próxima película allí, y le ofrece el rol protagónico de su próxima película a Nora. Ella comienza a revivir ciertos resentimientos hacia él, rechazando el trabajo, e incluso leer el guion.

Trier vuelve a trabajar con Reinsve en una historia que es también un viaje de reencuentro emocional tanto para Nora como para Gustav. Así como lo logró en "La Peor Persona del Mundo", Reinsve nos obliga a ponernos en sus zapatos y navegar sus lagunas depresivas, mientras ignora cada acercamiento de su padre, en un intento que ella considera como una "compensación" por los años frustrados. Sin embargo, el Gustav de Skarsgård no está muy alejado de cómo es Nora, con una continua tristeza en sus ojos y un continuo autocuestionamiento de si logrará hacer la película que tiene en mente, obligándolo a reevaluar sus años de trabajo, y el desbalance entre su vida laboral y su familia.

La dinámica (o constantes luchas) de Reinsve y Skarsgård son atractivas, casi imitando a dos alfas en una danza a muerte de quién logrará tener la razón al final. Por esa actitud en sus roles es que vemos como dominan a los demás personajes, inclusive a la hermana menor de Nora, Agnes (interpretada por Inga Ibsdotter Lilleaas) quien alguna vez fue la actriz de una de las películas de su padre y ha mantenido una relación tranquila con él; o la actriz Rachel Kemp (interpretada por Elle Fanning) quien ha sido contratada por Gustav para reemplazar a Nora, y cuestiona si de verdad tiene las destrezas para hacer su película por las mismas complejidades que el personaje lleva. 

La película está compuesta por un sinnúmero de otros personajes que le dan vida a cada momento emotivo y cada luz que se posa en el camino, pero el que brilla por su majestuosidad es la casa familiar de Gustav, Nora y Agnes, la cual tiene una historia mucho antes del nacimiento de Gustav, y que ha vivido muchas tragedias y derrotas. Sus cambios parecen ser un reflejo de lo mucho que cambia el ser humano con el tiempo, independientemente de su origen, y cómo se va moldeando de acuerdo a las realidades que uno enfrenta en cada etapa de la vida. Es igualmente un espejo de lo emocionalmente variante que somos y que aunque el exterior se mantiene intacto, las cicatrices del dolor se van creando en sus paredes. Esto también es una metáfora de la depresión y lo invasiva pero silenciosa que pueda ser. Sea o no la intención del director, pero presenta como el ser humano está propenso a deprimirse ante situaciones incontrolables, y que uno debe aprender a tolerarlo o manjearlo, pero es imposible evitarlo si está destinado a pasar.

Con una cinematografía increíblemente limpia y un estilo narrativo impredescible, "Sentimental Value" se siente como una reflexión de la vida: lo que nos ocurre y lo que sentimos mientras nos ocurre está destinado a pasar para convertirnos en las personas que somos, y las grietas que se van creando en el lugar donde nos lleva, sean grandes o pequeñas, con el tiempo adquieren ese valor sentimental que le damos a las cosas, situaciones o personas que entran a nuestras vidas con un propósito puntual. En el momento parecerá una lección dolorosa, y la cicatriz parecerá eterna, pero eventualmente se logran apreciar con compasión.



martes, 11 de febrero de 2025

Crítica Cinéfila: A Complete Unknown

Ambientada en la influyente escena musical de Nueva York de principios de los años 60, A Complete Unknown cuenta la historia del meteórico ascenso del músico de Minnesota Bob Dylan, un cantante de folk de 19 años, hasta las salas de conciertos y lo más alto de las listas de éxitos. Sus canciones y su mística se convirtieron en un fenómeno mundial que culminó en 1965 con su rompedora actuación de rock eléctrico en el Newport Folk Festival.



Si tienes más de 60 años, es probable que algunos capítulos de tu vida hayan sido influenciados por la música de Bob. Si tienes menos de 30, seguro lo escuchaste gracias a ese miembro cool de tu familia. La historia de la vida de un hombre nacido como Robert Zimmerman tiene que servir de inspiración para alguien, pero ¿a quién? Hay que tomar decisiones, comprimir los plazos, sopesar los hechos frente a la leyenda.

Adaptando la excelente historia de Elijah Wald de 2015 “Dylan Goes Electric! Newport, Seeger, Dylan, and the Night That Split the Sixties”, “A Complete Unknown” opta por la leyenda, y lo hace de manera bastante hábil para los que desconocen su historia y que nunca entenderán por qué hubo tanto alboroto. Dirigida por James Mangold (“Walk the Line”), es una película biográfica de dos horas y 20 minutos, ágil, melodiosa y muy entretenida, con un chico popular y talentoso como protagonista para atraer a la Generación Z.

¿Y cómo está el chico? Está bastante bien, aunque su interpretación no tiene arco, por loque será la segunda mejor de la película. La historia sigue a un joven Bob Dylan durante cinco años de su vida, tocando la guitarra y la armónica, y trabajando duro para conseguir esa voz tan particular que aún hoy lo caracteriza. El esfuerzo técnico ha dado sus frutos, pero, lo que es más importante, Chalamet transmite la presencia de este jovencito folkie advenedizo: la seguridad y el mal humor, el oído que escucha más los cantos de sirena en su cabeza que a cualquiera de los presentes en la sala. La ética de trabajo y el desprecio, la inquietud y las máscaras, las letras ardientes y la voz de un joven profeta malhumorado: todo está ahí, excepto por la ligereza y la picardía que poseía Dylan en sus primeros años, antes de que todos lo confundieran con Dios.

"A Complete Unknown" abarca desde su llegada a Greenwich Village en 1961 como un don nadie de Minnesota de 19 años hasta su traición al resurgimiento del folk en Newport '65, coloca al cantante en el centro de una contracultura joven, seria y harta. La música se ve como una conexión con una versión más antigua y oprimida de los Estados Unidos: es una música de protesta contra la proliferación nuclear y en apoyo de los derechos civiles, y al principio Dylan encaja perfectamente.

El guión de Mangold y Jay Cocks muestra a Bob apareciendo junto a la cama del hospital de Nueva Jersey de Woody Guthrie (interpretado por Scoot McNairy), que está en cama debido a la enfermedad de Huntington. Pete Seeger (Edward Norton) también está allí, y el chico canta a los hombres mayores una canción —“Song for Woody”— que conmueve tanto a Seeger que lleva a Dylan a casa con su esposa, Toshi (Eriko Hatsune), y su familia para pasar la noche. 

Los meses de aprendizaje de Dylan, perfeccionando su personalidad y sus habilidades, se resumen en una aparición en el café del Village en la que cuatro personas importantes para la historia están convenientemente presentes: Robert Shelton, el escritor del New York Times cuyo artículo de septiembre de 1961 sobre Dylan impulsó su carrera; el poderoso productor discográfico John Hammond (David Alan Basche); Albert Grossman (Dan Fogler), que se convertirá en el manager de Dylan; y Joan Baez (Monica Barbaro), que se convertirá en su amante y rival.

“A Complete Unknown” transmite dos ideas importantes: que el resurgimiento del folk fue una reelaboración sobria y bastante privilegiada de material, y que Dylan revolucionó todo al escribir sus propias canciones. La película transmite el impacto electrizante que “Blowin' in the Wind” y “Masters of War” tuvieron en sus primeras audiencias; para cuando Dylan presenta “The Times They Are a-Changin'” en Newport '64, el público la ha adoptado como himno incluso antes de que llegue a la segunda estrofa. Para mucha gente, Dylan era un salvador; para la vieja guardia de la escena folk, era cada vez más una amenaza. La trama refleja con precisión el respeto que sentían por el joven Dylan personas como Seeger y Alan Lomax (Norbert Leo Butz), el legendario músico de campo y pilar del Newport Folk Festival. Y dramatiza con precisión su preocupación cuando el joven Jeremiah, entre ellos, siguió desafiante su propio camino.

“¿Qué quieres ser?”, pregunta Bobby Neuwirth (Will Harrison), uno de los pocos en el círculo de Dylan que lo trataba simplemente como un amigo. “Lo que sea que no quieren que sea”, espeta Dylan. Como su ídolo Marlon Brando, rechazó la fama, y ​​en ese rechazo parecía más glamoroso, más necesario que nunca. 

Enfrentado a una multitud que persigue a su nuevo gurú por la calle exigiéndole la verdad, el Dylan de Chalamet se esconde tras unas gafas de sol, una mueca de desprecio y un rock and roll que, para los folkies de clase media, era la música de los matones. Aparece en el estudio de grabación con un grupo de chicos malos, entre ellos el guitarrista Mike Bloomfield (Eli Brown) y Al Kooper (Charlie Tahan), que se sienta al órgano en “Like a Rolling Stone” porque los productores le han dicho expresamente que no lo haga. La música es cruda y eléctrica, y sumamente enfadada. 

En esta película, el jefe es Pete Seeger. Un Norton perfecto convierte esa traición en el aspecto más inesperadamente trágico de “A Complete Unknown”. Seeger —el dulce, santurrón y nada irónico Pete— fue indispensable para llevar la música folk y su conciencia socialmente progresista a las masas de jóvenes nacidos en el baby boom. En la actuación de Norton, se ve cómo la tristeza se apodera de los ojos del hombre mayor cuando Dylan abandona su talento por algo que Seeger no puede entender que es mayor: la fusión de folk y rock, pop y poesía, la conexión con las masas y un sentido de rebelión mucho más profundo. Disfruté la actuación de Chalamet, pero la de Norton me afectó en el mejor de los sentidos, tan perfectamente captura la generosidad, la piedad y la incomprensión casi total de Pete ante lo que está sucediendo: toda su generación se volvió obsoleta de la noche a la mañana.

¿Qué le falta a “A Complete Unknown”? La adicción de la época y una inmersión más profunda en la escena folk. Me habría gustado que Joe Tippett apareciera más de dos veces brevemente como el cantante folk Dave Van Ronk, y digamos que una película sobre un hombre que escribió más (y mejores) canciones de despedida que canciones de amor no va a dar mucho espacio a las mujeres de su historia. Suze Rotolo, la novia que se aferra a Dylan en la portada de su segundo álbum, “The Freewheelin' Bob Dylan”, la han cambiado (aparentemente a petición del cantante) como Sylvie Russo (Elle Fanning); ella y Baez luchan una batalla perdida por la atención del cantante y de la película.

Más evidente aún es el clímax del Newport Folk Festival de 1965, cuando la multitud de folkies responde a la explosión sónica de “Maggie's Farm” con abucheos y casi disturbios. ¿Importa que gran parte del problema fuera que el sistema de sonido de un festival acústico no estaba a la altura del desafío y que redujo la revolución del rock de Dylan a un fango sonoro? ¿O que un miembro del público que gritara “¡Judas!” no se produjera hasta un año después y en otro país? La ironía es que la gran película biográfica de Bob Dylan ya existe: “I'm Not There” de Todd Haynes de 2007, una película tan desafiante como cualquier canción de Dylan y que responde a los trucos de toda su carrera al elegir a seis actores para interpretarlo, entre ellos Cate Blanchett y un joven negro.

Esa película, el libro de Wald y el documental de Martin Scorsese de 2005 “No Direction Home” son todo lo que se necesita si se quieren conocer los hechos y los restos, las joyas y los binoculares de la ascensión de Dylan. “A Complete Unknown” sólo cuenta la historia. Pero tal vez eso sea suficiente para que una nueva generación sienta la alegría de su apostasía en un momento en que el mundo parece estar una vez más al borde del precipicio de la artimaña, la traición y el desastre. Si es así, ¿qué siente al ver esta trama?


jueves, 11 de junio de 2020

Crítica Cinéfila: The Great, 1ra Temporada

Serie que relata el ascenso al poder de Catherine the Great (Elle Fanning), que fue emperatriz de Rusia durante 34 años, desde el 1762 hasta su muerte a los 67 años.



Antes de convertirse en la emperatriz, Catherine (Elle Fanning) venía de una familia alemana noble muy pobre, y soñaba que su matrimonio con Peter (Nicholas Hoult) le iba a traer no solo riqueza material, sino un romance de ensueño y un acceso a los mayores conocimientos intelectuales de la época. Sin embargo, al llegar al palacio de Saint Petersburg, se dio cuenta de que sus anhelos románticos se quedarían en la ilusión, y que si quería llegar a ellos debía deshacerse del rey. Esa es la premisa de la nueva serie de Hulu "The Great", la cual no solo narra la lucha de Catherine por ser más que la procreadora de los futuros herederos de la Dinastía Románov, sino también los altibajos del reinado y cómo ella planea un golpe de estado al rey para poder lograrlo.

La serie sigue tanto el plan de Catherine acompañada por su criada Marial (Phoebe Fox) y Orlo (Sacha Dhawan), el romance entre Catherine y su primer amante oficial Leo (Sebastián de Souza), y su tóxica relación con Peter, quién no solo había planeado con matar a Catherine en algún momento de la historia, pero que con el tiempo y el continuo rechazo de Catherine a sus ideas, él se fue enamorando de ella. Así mismo sigue la vida de Peter, sus supuestas inmadureces dentro del palacio, el romance público que tenía con la esposa de su mejor amigo, y las decisiones aceleradas que tomaba que siempre llevaban a un desastre que Catherine debía arreglar.

Aunque muchos aspectos de la historia, sobretodo el mismísimo diálogo de la serie, son ficticias, estos son inspirados en la realidad del reinado de Peter III y su matrimonio apresurado con Catherine, quien sí llegó al palacio con esas mismas ambiciones y conocimientos que la serie lo plantea, pero que logró destacarse de manera más gradual y creíble. Sin embargo, hay que destacarle a la trama que, aún siendo una serie satirizada y que ridiculiza de manera interesante a Peter, la serie se torna constantemente a un tono más serio y dramático cuando resalta la realidad de la época en función a temas como el control y la participación de la Iglesia en las decisiones políticas y militares, el trato distintivo entre la plebe y los nobles, y las consecuencias de los actos sulfurantes de su rey. 

El mayor fuerte de esta serie es la actuación delicada de Elle Fanning reencarnando a Catherine the Great, un personaje igual de real como se ve en la serie. Fanning tiene una transformación no verbal resaltante al encarar las frustraciones y metas que se plantea Catherine a lo largo de la trama, mientras confronta los mayores obstáculos, el más importante: su propio esposo. Frustrada con el gobierno de su marido inepto, Catherine, de hecho, dirigió una conspiración para derrocar a Peter, anhelando el primer instituto de educación superior para mujeres, y traer a Rusia a un mundo más moderno junto con el resto de Europa.

Hay tramas narrativas que le dan mucha vida a la historia. Una de ellas es la de Catherine y su amante designado Leo Voronsky. Si bien el propio Leo no era una persona real, se basa libremente en la historia real de la vida de Catherine. Incluso al principio de su matrimonio con Peter, Catherine tuvo amantes (al igual que Peter). Su primer amante fue Sergei Saltykov, un joven oficial popular que parece ser la inspiración más cercana para el personaje de Leo. Aquí Leo es un personaje leído y simpático, proveniente de una familia de amantes con un talento inigualable para hacer sentir complacidas a sus parejas. Es la química mejor establecida de toda la serie, inclusive mayor que la de Fanning y Fox como la emperatriz y criada unidas en contra de los hombres. La verdad es que la sirvienta de Catherine y su mejor amiga, Marial, es un invento completo, al igual que los cortesanos que las rodean. La corte estaba llena de nobleza rusa, todos luchando por ser favorecidos por los gobernantes, y es probable que haya tanta intriga como The Great describe. El conde Orlo es uno de los pocos personajes que se basa explícitamente en una figura de la vida real. La verdadera Catherine confiaba en gran medida en el conde Grigory Orlov, así como la ficticia Catherine confía en Orlo entre sus confidentes y amigos más cercanos mientras planifica su golpe. 

Sin embargo, hay otros personajes que, aunque son creados para darle un valor dramático de peso, se desligan de la realidad, o peor, la estiran. Tal es el caso de Elizabeth. En el programa, ella es la "tía de fiesta" promiscua y envejecida, pero en realidad, ella era una emperatriz por derecho propio y, lo que es más importante, no estaba viva durante el reinado de Peter III porque él la sucedió al trono (no como dice la serie, que quiere poner a la ex reina como la madre de Peter). Elizabeth era una hija de Peter the Great, que tomó el trono en un golpe de estado en gran medida sin sangre en 1741, derrocando a su primo infante Ivan VI y a su madre, la Reina Anna. Ella dejó el trono a su sobrino Peter III, y murió en 1762. Pero no se puede desvalorar la actuación de Belinda Bromilow (Doctor Doctor), quien se entrega en voz y corazón a reencarnar a Elizabeth, tanto en su pacificidad como en su carácter hacia lo que se puede cambiar con una mujer al mando.

Otro personaje es el de Peter III, el antagonista principal. Era el nieto del popular Peter el Grande, pero había sido criado en gran parte por su familia alemana y era fuertemente pro-alemán en sus políticas. Peter era impopular, pero The Great exagera algunos detalles históricos para convertirlo en un antagonista deliciosamente monstruoso, lo cual Hoult logra de una manera increíble, aunque por momentos innecesaria.

Hay que resaltar que el valor de producción de The Great está a una altura comparable con otras series de época exitosas, resaltando la belleza monárquica en el diseño de producción, los vestuarios tan característicos y haciendo referencia al cambio cultural que Catherine enfrenta, tanto en los detalles de los uniformes como en la de las estatuas, decoraciones de época y exclusividades naturales.

The Great promete más subtramas y conflictos para sus siguientes temporadas, y como ya sabemos que no está totalmente basada en la realidad, seguirá con el mismo tono tragicómico que estableció en esta primera temporada. La escritura es creativa y el establecimiento de sus personajes es conciso por lo que se espera más de lo mismo, sin dejar atrás la meta principal: quitar del trono a Peter. Esa es la única verdad que queremos ver cumplida.


jueves, 24 de octubre de 2019

Crítica Cinéfila: Maleficent, Mistress of Evil

Tiene lugar varios años después de los acontecimientos narrados en la primera película, y explora la relación entre Maléfica y Aurora y las alianzas que se forman para sobrevivir a las amenazas del mágico mundo en el que habitan. 



Erase una vez, en un reino salido de un cuento de hadas, había una princesa que reinaba a todas las criaturas mágicas en las Ciénegas. Su nombre era Aurora, y después de haber roto la maldición de Maléfica, en algún momento desconocido para la audiencia se ha enamorado del Príncipe del reinado justo al lado de las Ciénegas. Para Maléfica estas son malas noticias, porque así como los humanos ven a las criaturas como enemigos, así ellos ven a los humanos como malignos. 

Al principio, muy poco se sabe de la futura familia de Maléfica: geográficamente, están ubicados a pocos kilómetros de donde estaba el castillo de los padres de Aurora. El Príncipe Phillip es hijo único del Rey John y la Reina Ingrith; pero diferente de sospechar del Rey, es la Reina que de entrada se anuncia como la más mala de la historia, hasta con algún plan en contra de las hadas, y por supuesto de Maléfica (quizás por los aires de poder que no quieren que le roben). Cuando la boda se anuncia entre los jóvenes, Maléfica debe afrontar la realidad que algún día se veía venir y asistir a una cena organizada por los reyes, sin siquiera esperar que este es un plan para desaparecerla del reino, matarla si es posible. Lo que no se esperara la Reina ni Maléfica es de los que realmente terminarían salvándola. 

Angelina Jolie y Elle Fanning se vuelven a poner los vestuarios medievales para encarnar los famosos personajes de Disney. Hace cinco años, trajeron a la pantalla una adaptación del cuento de los hermanos Grimm, pero diferente a la película animada de 1959 sobre la Bella Durmiente, la película de 2014 se enfocaba en la bruja que maldijo a la princesa, en su razón por causar dicha maldición y cómo, con los años, ella misma fue la que logró romperla. Aunque la crítica estuvo bien dividida, la fórmula funcionó para mí, al punto que la consideré una de las mejores películas de fantasía de aquel año. Y la idea de una segunda oportunidad para volver a ver a Maléfica no parecía tan grave... hasta que te das cuenta lo que harían con el guión.


El problema de esta película es la lógica que le hace falta. A pesar de tomar lugar en un tiempo y lugar ficticio, la continuidad con la película anterior no hace sentido. El reino nuevo ha salido de la nada, y los humanos parecen haberse acoplado a su existencia y sus reglas, olvidándose de que alguna vez ya habían aceptado a las hadas y las criaturas. Se desconoce si ambos reinos estaban tan cerca uno del otro en la primera película, aunque en una imagen aérea enseñan el castillo destruido de los padres de Aurora. 

El Príncipe Phillip es supuestamente el mismo que se enamoró de Aurora en la primera película (aunque es un actor diferente), y con quien en la última escena habían concluido la historia como un "final feliz" para ambos reinos (de humanos y mágicos) unificados, mientras que aquí, el odio y el miedo mutuo se mantiene, y no hay puente que los una. A pesar de las buenas intenciones de volver a traer muchos de los personajes que ya conocía la audiencia, ha terminado siendo un cocido de ideas sin cocinar apropiadamente. 

Mientras tanto, los personajes parecen haber sido cortados estrictamente de una manera: son buenos o son malos. Maléfica, una vez más interpretada por Jolie, mantiene la misma crueldad de antes pero es la única que lo hace por razones bien específicas; sin embargo, en más del 50% de la película está muy pasiva y ausente, y aunque sabemos que eventualmente explotará y causará destrucción, no se siente como el personaje principal. Mientras que Aurora, en el cuerpo de Elle Fanning, es extremadamente inocente para lo que ya vivieron en la primera historia, dejándose manipular de quien quiera controlarla; casi como si no se hubiese aprendido nada de las moralejas de la primera película y aquí estuvieran en un borrón y cuenta nueva. Por otro lado, la Reina Ingrith, interpretada por Michelle Pfeiffer, es innecesariamente cruel desde el principio. No le dan ni un ápice de humanidad, lo cual la empeora a la hora de sentir "compasión" con su historia de por qué no le gustan las criaturas mágicas.


Hubo muy pocos elementos de sorpresa: la trama fue predecible y la guerra parecía un intento de Game of Thrones versión Disney, mientras que el final se siente repetitivo en función a la primera entrega; no obstante, no se le puede quitar mérito a los trabajos de producción de diseño a nivel general para crear diversos paisajes, sobretodo el espacio de las cavernas subterráneas y el valle de las flores mágicas. Otra gran sorpresa fueron nuevas criaturas mágicas y otros personajes que serán un nuevo atractivo para la audiencia, sin importar la edad.

Lamentablemente, no fue lo que hubiese querido. La historia se siente innecesaria de haberse contado y el guión parece haberse dividido entre seis personas para poder concluirse. La trama parece un intento de suspenso de adultos con terror/comedia para niños y al final se convierte en una pelicula canzona, en la que solo se espera que anuncien "The End" para salir de la sala. 

Si "Maléfica" dio un golpe valiente para el feminismo múltiple, su victoria en la taquilla fue mucho más decisiva. Como la mayoría de las secuelas que existen por razones principalmente comerciales, "Maléfica: Mistress of Evil" no es una gran película; con su diálogo plano, batallas exageradas y criaturas CGI empalagosas, ni siquiera es particularmente bueno. En cierto punto, sus excesos visuales y narrativos podrían recordarle los restos de la franquicia de fantasía de "The Huntsman: Winter's War", o tal vez un episodio inusualmente sangriento de "Game of Thrones".


jueves, 2 de mayo de 2019

Crítica Cinéfila: Teen Spirit

Violet (Fanning) es una introvertida adolescente que vive en la Isla de Wight (Inglaterra) y que sueña con convertise en una estrella del pop para poder así alejarse de tu triste panorama familiar. Con la ayuda de un inesperado mentor, Violet se inscribe en un concurso de canto que pondrá a prueba su integridad, talento y ambición. 



"Teen Spirit" cuenta una historia que has visto mil veces antes, pero una que las personas seguirán contándose hasta que todos lo creamos. En cierto modo, es tan antiguo como un cuento de hadas: una fábula de Cenicienta sobre una chica tímida de un pequeño pueblo que encuentra su voz y se adueña del mundo. En otras formas, la película es inextricablemente del momento, pero ambientada en el mundo de las competiciones de canto de televisión y marcada por artistas como Robyn, Ellie Goulding y Ariana Grande.

Lo que es tan valiente y emocionante sobre el debut como director de Max Minghella es que se niega a comprometerse en ambos extremos, un dulce espectáculo pop a la vez orgulloso y genérico de no serlo. Es un enfoque arriesgado que prioriza el sentimiento contundente sobre una experiencia más rica, pero la dirección sinuosa, la cinematografía deslumbrante y el rendimiento revelador de Elle Fanning ayuda a esta pequeña maravilla a convertirse en una fábula moderna contraintuitivamente única. No está mal para una película que es básicamente un anuncio glorificado para el grupo de artistas de Interscope, y cuenta con una nueva canción producida por Jack Antonoff como uno de sus principales puntos de venta.

En el lapso de una sola canción de Grimes, aprendemos todo lo que necesitamos saber sobre Violet (Fanning). Ella es una tranquila chica de 17 años que vive en Wight con su madre inmigrante polaca (Agnieszka Grochowska), un hermoso caballo y un iPod lleno de sueños lejanos; pasa la mayor parte de su tiempo libre trabajando en un restaurante de tercera y tratando de evitar a la "mean girl" que gobierna su escuela. Algunas noches, sin decírselo a nadie, se escapa para cantar su corazón en el abrevadero local para una pequeña audiencia de borrachos. Vlad (Zlatko Buric), una ex estrella de ópera que podría ser la más borracha de todas, se interesa por representar a Violet. Y cuando un concurso de canto al estilo de "American Idol" llamado "Teen Spirit" decide proyectar su luz en la isla y celebrar audiciones allí por primera vez, es a Vlad quien Violet le pide que la lleve allí, porque ella sabe que su madre nunca lo haría. Y así comienza una carrera improbable que lleva a nuestra joven heroína a las brillantes luces de Londres.


Resulta que Violet tiene una voz tremenda, y Fanning también. Puede ser un buen instrumento, y la actriz no se confundirá con Lady Gaga en el corto plazo, pero sus talentos son perfectos para las confecciones pop como "Dancing on My Own". No solo eso, sino que también es capaz de hacer espacio para lograr un interesante acento británico en cada canción, lograr conversaciones en polaco con su madre e incluso crear un espacio para ella misma. Es más que un poco difícil de tragar que su camino hacia la cima sea tan rápido, o que Violet no tenga que sacar algo de la virtuosidad de Christina Aguilera para lograrlo, pero funciona para la película. Esto no es "A Star Is Born" (si esa película solo tiene un pie en el mundo real, esta apenas tiene un dedo gordo).

Minghella, un actor notable cuyo padre nació en la Isla de Wight (y fue un cineasta bastante hábil por derecho propio), no tiene problemas para meterse en esta historia con el más amplio de los golpes. El escritor y director se basa en la música que nos arrastra al mundo de Violet. Al ver cómo se golpea y grita al lado de "Just a Girl" de No Doubt en su habitación, nos cuenta más sobre quién es ella.

Teen Spirit está en una carrera de velocidad muerta, y no tiene la historia suficiente para completar su breve tiempo de ejecución de 93 minutos, pero todo está tan arraigado en la primicía básica de la emoción que casi no importa. La poca información que se obtiene sobre lo que le sucedió a Vlad después de su carrera, o lo poco que se aprende sobre la relación de Violet con su madre, o lo que no se dice acerca de los niños en su banda de apoyo (hay una complicada cola de enamorados entre ellos, pero los detalles se dejan profunda en el fondo), son opacados para simplemente establecer la relación de hija/padre que se creó entre los personajes de Violet y Vlad, para a la vez dejar un final abierto a la interpretación personal de cada miembro de la audiencia. La música y las ubicaciones son específicas para que los personajes no tengan que serlo: los espectadores pueden interpretar la película en sus propios términos y al mismo tiempo proyectarse sobre ella.


El cineasta Autumn Durald Arkapaw, el genio anónimo que filmó "Palo Alto" y un grupo de videos musicales increíbles por Janelle Monáe y Solange Knowles, son fundamentales para ayudar a Minghella a enhebrar la aguja entre esos dos modos.

Ella tuerce el mundo de Violet con acentos brillantes y guiones de drama épico; la luz nocturna en su parada de autobús desierta extiende largos rayos de luz que no estarían fuera de lugar en un video de Hype Williams, mientras que el campo fuera de su casa es lo suficientemente mágico como para trabajar para Terrence Malick. Esa belleza es aún más importante porque Minghella tiene un miedo mortal a los sentimientos fáciles, un miedo que a veces convence a Fanning para que se convierta en su personaje, y deja la película prácticamente sin ninguna emoción legible.

Hay un sentido irreal de cumplimiento de deseos en el viaje de Violet, y "Teen Spirit" no se asusta. Es demasiado delgado y resbaladizo para tomarlo literalmente, pero si piensas en Vlad como una hada madrina alcohólica y adinerada a quien puedes oler desde el otro lado de la habitación, la película comienza a tener un cierto sentido que debería ser especialmente convincente a audiencias más jóvenes. La película está un poco seducida por nuestro malentendido colectivo del talento, que es un derecho de nacimiento que tratamos como una virtud, pero su debut funciona como una historia sobre el poder sostenible de la autoconfianza y cómo a veces solo se necesita una persona para ayudar empujarte a donde siempre quisiste ir, o llevarte allí. Casi no importa lo buena que sea realmente una cantante, o si logra ganar la gran competencia al final. Lo único que importa es que ella encuentre el coraje para reevaluar la distancia a sus sueños. Siempre están al menos un poco más cerca de lo que crees.



jueves, 19 de octubre de 2017

The Beguiled

Año 1864. Durante la guerra civil norteamericana, la tranquilidad de una escuela femenina de Virginia donde sólo viven mujeres se ve alterada con la llegada de un apuesto soldado confederado herido... Remake de "El seductor", dirigida por Don Siegel y protagonizada por Clint Eastwood. (FILMAFFINITY)



Sofia Coppola regresa al puesto de directora con este remake de The Beguiled (1971) y unos cambios bastante notorios en el argumento de la historia.

Cerca de un internado para niñas en el Sur de Virginia, una estudiante encuentra al cabo yankee ,John McBurney (interpretado por Colin Farrell) malherido y decide llevarlo a la escuela para que se recupere allí. Al principio, ninguna de sus demás compañeras o sus maestras desean tenerlo dentro de la casa, pues representa un peligro para ellas. Pero su superior, la señorita Martha Farnsworth (interpretada por Nicole Kidman), decide curarle la herida y dejarlo preso dentro del salón de música, con la precaución de que este no vaya a hacerle algún daño.


Los momentos de tensión se fueron apaciguando entre cada uno de sus personajes y, por otro lado, crecía una tensión sentimental entre las estudiantes y el cabo, dejando al aire la gran interrogante de qué pretendía él con todas ellas, con quién se quedaría al final y cómo ellas tomarían su decisión. Los errores se pagaron con sangre y tomando la vida de uno de sus personajes, para poder darle paz al resto del grupo.

Coppola (Lost in translation, Marie Antoinette, The Bling Ring) se enfoca principalmente en los personajes de esta historia y logra que cada uno pueda ser distinguido de acuerdo a la personalidad que encarnan y los sentimientos que provocan. No hay manera de identificar cuál es más importante que el otro, pues todos son importantes para que la trama fluya y llegue a su final de manera ágil. 

A pesar de que no cuenta exactamente el punto fuerte de la película del 1971, esta versión se enfoca más en las debilidades y el pasado doloroso que cada uno de sus mujeres cuentan, y cómo la presencia de este hombre les afecta y provoca deseos que van en contra de lo que la sociedad (incluso la de estos tiempos) establece como lo adecuado para una "dama". Pero aquí no sabemos quién es el más débil en realidad: si este hombre en manos de todas las mujeres, o ellas que, a consecuencia de las tentaciones que el mundo les prohíbe, terminan desquitandose con él.


La fotografía de los filmes de Coppola son distintivos por su detallismo en los aspectos que complementan a los personajes; no obstante, aquí se basa más en mostrarnos este escenario de mediados de 1800, alejado pero a la vez bien cerca de la guerra, y cómo sus protagonistas tienen que tratar de ignorar este factor para seguir adelante con sus vidas.

La directora nos otorga una puesta en escena con sutileza, elegancia y belleza lírica, complementados por un elenco bien acertado y una fuerza visual que llama al espectador a dejarse llevar por la historia y a admitir que los tiempos no han cambiado: las mujeres seguimos siendo reprimidas del mundo en distintas circunstancias, cuando en realidad somos capaces de tomar al enemigo por donde más le duele y acabar con él, aunque esto nos afecte emocional o físicamente.


jueves, 13 de abril de 2017

Ballerina (Leap!)

Felicie es una niña que, tras perder a sus padres, vive en un orfanato en su Bretaña natal. Su pasión es la danza y sueña con convertirse en una bailarina profesional. Para conseguirlo se escapa con la ayuda de su amigo Víctor y viaja hasta el París de 1879. Allí se hará pasar por otra persona para conseguir entrar como alumna de la Grand Opera House y así luchar por tener la vida que desea. (FILMAFFINITY)



Casi todas las películas hacen el intento de plantear el objetivo de "alcanzar nuestros sueños", dándole obstáculos al protagonista con el objetivo de que él o ella salgan de su cómoda burbuja y den a conocer quien en realidad es. Sin embargo, muy pocas logran inspirar al público a querer seguir sus mayores pasiones.

Ballerina es una película animada que cumple con el propósito de cautivar a la audiencia, y esto es principalmente gracias al carisma que irradia el personaje principal, Felicie. Esta joven huérfana planeaba día tras día su escapada del orfanato junto a su mejor amigo Víctor con el objetivo de convertirse en una bailarina profesional. Cuando el destino se posa sobre la Gran Opera de París y ambos logran salir de su pequeña prisión, Felicie se topa con su verdadera pasión: el ballet clásico. 

Para la gran sorpresa de la audiencia (y romper un poco con los estereotipos), ella no es una bailarina innata, no conoce la técnica y tendrá que pasar mucho trabajo -desde mentir sobre su identidad hasta competir por un puesto en la obra El Cascanueces- para poder deslumbrar ese talento que late muy dentro de ella. 

A pesar de que la historia es bastante predecible, esto no le quita el mérito de ser entretenida y motivadora, gracias al tratamiento de sus personajes (que nos permite conocerlos a cada uno por individual), el sentimiento de perseverancia y felicidad que transmite Felicie, y la elegancia con la que presentan el ballet a través de la animación. Es importante resaltar en este último detalle que, para la realización de las escenas donde los personajes bailaban, se crearon coreografías en acción real y se adaptaron a la animación, todo gracias al trabajo artístico de Aurélie Dupont y Jérémie Bélingard, dos bailarines del Paris Opera Ballet.

Del mismo modo, el diseño de producción es otro punto a destacar, principalmente las tomas de Paris que nos trasladaron al siglo XIX, donde la Torre Eiffel estaba en proceso de construcción y la Estatua de la Libertad no había sido trasladada a Estados Unidos. 

Desde que vi el trailer de Ballerina sabía que me identificaría con la historia: no solo por el hecho de que soy bailarina de ballet también, sino por el mensaje que transmite y recalca. No solo se trata de tener un sueño, sino de lograr alcanzarlo y siempre ponerle corazón, porque de nada sirve que hagas algo si no lo haces con pasión.