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martes, 14 de octubre de 2025

Crítica Cinéfila: Steve

Steve, director de un reformatorio para chicos problemáticos, lucha por seguir adelante con su trabajo mientras intenta controlar su salud mental. Al mismo tiempo, Shy, un estudiante problemático, navega entre sus tendencias violentas y su fragilidad, dividido entre su pasado y sus perspectivas de futuro.



La mayoría de las escuelas tienen uno o dos alumnos problemáticos. En Stanton Wood, eso es todo lo que hay. Dirigido por Steve —en quien el actor principal, Cillian Murphy, canaliza todo tipo de conflictos irreconciliables—, este es el reformatorio de último recurso. Es el lugar al que se envía a "jóvenes muy perturbados" con un alto coste para los contribuyentes ingleses, con la esperanza de que el reducido pero dedicado equipo de profesores y terapeutas de la asediada institución pueda ayudarlos a controlar su agresividad y a prosperar.

Steve es un diamante en bruto profundamente conmovedor y magníficamente actuado, Es mejor que cualquier cosa que la plataforma de Netflix ha impulsado para mejor película hasta la fecha. Con ADN en común con "Adolescence" (temáticamente, al menos) y "The Bear" de FX (en términos de estilo), "Steve" representa una especie de reunión entre Cillian Murphy, su coprotagonista Emily Watson y el director belga Tim Mielants, quien hizo el desgarrador drama del año pasado sobre Magdalene Laundries "Small Things Like These". 

La película transcurre durante uno o dos días en un colegio llamado Stanton Wood; corre el año 1996, y un equipo del programa de televisión Point West ha llegado para grabar un reportaje para la edición nocturna. Parecen venir de buena fe, intrigados por el buen trabajo que realiza el director Steve (Murphy) con niños de entornos desfavorecidos. Pero en un vídeo posterior, el presentador revela la verdadera razón de su presencia: «Algunos lo llaman una última oportunidad, otros un costoso vertedero de causas perdidas». Dado que el programa cuesta al contribuyente 30.000 libras al año, no sorprende que los recursos hayan disminuido últimamente, y esta noticia sin duda no ayudará.

Comienza con Steve conduciendo, pero no para ir al trabajo. Primero va a un campo donde Shy, uno de sus estudiantes, fuma un porro y baila drum'n'bass con auriculares. Steve lo convence con delicadeza de que vuelva a la escuela, donde el equipo de rodaje está causando estragos. La textura de las imágenes es adecuadamente granulada, como VHS, pero se integra a la perfección con el estilo vérité de la película, un mar inquieto de cámara en mano que se agita más a medida que lo hace su protagonista. El detonante es una reunión con la junta directiva de la escuela —que parece más un fideicomisario que un trabajador social— donde se revela que el imponente pero destartalado edificio escolar se venderá a finales de año.

La reflexiva y conmovedora película de Mielants trata sobre las repercusiones de ese encuentro, y mientras Steve lucha por aceptar que el trabajo de su vida está a punto de desvanecerse ante sus ojos, también vemos las imágenes del equipo de televisión de los jóvenes a su cargo. Son un grupo extraño, física y emocionalmente, y a veces pueden ser encantadores, divertidos y descarados. También pueden ser mordaces y, en una nueva y perturbadora tendencia, propensos a volverse violentos, como atestigua la psicóloga de la escuela (Emily Watson). La ayudante de la escuela, Amanda (Tracy Ullman), puntualiza la situación con un breve resumen de sus funciones. "Soy mitad directora de prisión, mitad enfermera, mitad hacha de guerra, mitad momia... Y los adoro".

¿Quién querría dedicar tanto tiempo a niños como estos, en un programa educativo descrito como "espectacularmente insostenible"? Cillian Murphy, luciendo barba y recuperando un peso saludable tras Oppenheimer, se esfuerza por explicarlo y, al hacerlo, se integra en el papel. Sin embargo, incluso los mártires tienen un límite, y cuando la ira contenida de Steve encuentra una salida en la bebida y los medicamentos, empezamos a descubrir un poco más sobre su trágica historia y el acontecimiento que cambió su vida y que ahora lo define.

Hay material suficiente para una estrella sentimental, pero Cillian Murphy comparte generosamente el protagonismo con un elenco pequeño pero notable. El principal es Ullman, quien, al igual que Murphy, de alguna manera nunca se deja intimidar por los frenéticos altibajos de la vida escolar, y luego están los propios chicos, un grupo heterogéneo cuyas neurosis y camaradería recuerdan al pabellón psiquiátrico de "One Flew Over the Cuckoo's Nest" de Milos Forman.

Sin embargo, aquí no aparece la enfermera Ratched, pero sí el bondadoso Steve, que cuida de todos, especialmente de Shy, quien les oculta un secreto a los demás. Debido a sus ataques de violencia, su madre le ha dicho que ella y su padrastro ya no lo verán: ni llamadas ni visitas. En esencia, Steve es una celebración agridulce del arte de estar ahí para los demás en sus momentos más oscuros, aunque reconoce que a veces se necesita la paciencia de un santo para hacerlo.

De ahí el cambio de título. Si Shy era el tema del escueto libro de Porter, aquí la atención se centra en el director, exhausto, que ha luchado por los estudiantes durante todos estos años. El libro de Porter comienza con Shy cargando una mochila llena de piedras. En la película, Shy es interpretado por Jay Lycurgo, un joven actor que se revela como un actor sensible e intimidante, y la mochila no aparece hasta la mitad, cuando el equipo de rodaje husmea sin permiso en la habitación de los estudiantes. Esto podría ser una escena de una película de terror de metraje encontrado, ya que la cámara escanea la habitación de Shy, revelando lo perturbado que debe estar. De alguna manera, Steve no ha captado las señales, que Jenny lleva semanas intentando advertirle.

Mielants ensambla los elementos en un intrincado collage posmoderno (aunque mayormente lineal), elevando lo que de otro modo podría haber resultado un poco teatral (dada la ubicación única) al mezclar los testimonios de los diversos personajes, demasiado tristes para la televisión, con momentos privados ingeniosamente observados. El director de fotografía Robrecht Heyvaert hace malabarismos entre los dos formatos, SD Betacam y película, mientras la editora Danielle Palmer alterna entre arrebatos escandalosos para el equipo del documental —incluyendo un ataque brutal a un policía militar de visita (Roger Allam)— y momentos robados de intimidad que solo nosotros vemos.

Así es como nos enteramos de una llamada telefónica personal entre Shy y su madre. Y es así como sabemos que Steve ha estado robando sorbos de las botellas de alcohol que tiene guardadas por la escuela: su forma de lidiar con la culpa y sus propios problemas de adicción. Hay un cliché inquietante en las películas de internados: se necesita que alguien se suicide para lograr un cambio real en una institución disfuncional. "Steve" explota esa preocupación hasta cierto punto, pero finalmente hace algo inesperado con ella, desviando el enfoque (como hizo el título) de Shy a Steve.

Para muchos, “Oppenheimer” fue la mejor interpretación de la carrera de Murphy. En cualquier caso, las dos colaboraciones recientes del actor irlandés con Mielants demuestran humildad (las películas pequeñas no son precisamente proyectos rentables) y cuánto más tiene que ofrecer. Es raro ver a la estrella joven con el rostro desaliñado o cediendo el protagonismo a una sala llena de desconocidos, pero Steve es un hombre que se entrega demasiado, y se necesita un hombre con el compromiso de Murphy para darnos cuenta de su origen.


miércoles, 12 de junio de 2024

Crítica Cinéfila: Boca Chica

Desi pasa los días en las playas de su ciudad natal, soñando con convertirse en una cantante famosa, pero su objetivo se ve amenazado por mentiras, prostitución infantil y una siniestra traición de quienes más deberían protegerla.



Es muy probable que Boca Chica sea el destino favorito de muchos locales y turistas. Quizás no necesariamente sea por la playa (reconociendo que República Dominicana es uno de los destinos turísticos favoritos con mayor diversidad de playas exquisitas), sino más bien porque es el espacio más cercano que se converge la cultura local con la extranjera de una forma tan orgánica. Casi se podría decir que somos iguales... hasta que la prostitución se cruza por el centro. Es muy triste pensar que "Boca Chica" sea una referencia cinematográfica que refleje como esta zona se puede convertir en un área de recreo y negligencia parental a la vez. Y aunque es un golpe de realidad muy crudo que cualquier persona dominicana aspirante a entrar a la maternidad/paternidad le cueste digerir, es una película importante a revisar para reflexionar sobre la vida moderna de la juventud que está verdaderamente perdida, pero no solo ellos son culpables de esto.

La película sigue a Desi, una joven de 12 años, aspirante a cantante y habitante de la zona de Boca Chica, donde también trabaja en el restaurante de su madre y su tía. Aunque Desi es una niña expuesta al contenido morboso que los adolescentes consumen, ella se ha quedado atrás, vistiendo camisones de su hermano mayor, y encerrada en sus canciones religiosas o inventadas por ella misma. Se distrae mandándole mensajes a su hermano Fran, quien vive en Estados Unidos como delivery de comida rápida, aunque su familia cree que está viviendo su sueño de ser acordeonista de orquestas en la ciudad. Cuando el primo de ambos, Elvis, anuncia que se va a casar con una gringa, ambos son bombardeados con la realidad de que sus orígenes y su ambiente siempre los van a acosar, y para huir de ellos debes cortar lazos gruesos.

Esta ópera prima de Gabriella A. Moses muestra el día a día al que muchos jóvenes se exponen, tanto en áreas vulnerables como en zonas desarrolladas: la poca atención de lo que consumen y cómo lo reflejan hacia afuera. Distingue la ideología de que, al momento que un niño o niña cumple 10/11 años, su enfoque es "querer ser adulto", tanto en la forma en que visten, cómo hablan, cómo se relacionan y sus planes de vida. Es preocupante pero es un choque de realidad necesario que evalúa igualmente cómo muchos padres y otros adultos son una motivación alterna para que un niño o niña piense así. 

En el caso de Desi, ella se ubica en un punto más alejado de ese abismo, gracias a figuras que evitan que entre a esos pensamientos, como su tía y su hermano, pero estos son recordatorios narrativos de que un menor de edad solo terminará en eso si es empujado hacia ese mundo. Otro aspecto narrativo que preocupa igualmente pero que es necesario reflejar cuando se habla de Boca Chica es la dura realidad de la prostitución infantil, y cómo muchos adultos (padres, turistas o personas cercanas) son los responsables de que jóvenes decidan caer en esa red por el deseo de mantener a ellos mismos o incluso a su familia. Choca cuando una adolescente que no pasa de 16 años dice "yo soy la que mantiene mi casa" a Fran.

Un punto impresionante de la historia son las actuaciones de los actores menos conocidos, destacando el trabajo de Scarlett Camilo en la piel de Desi, como una niña curiosa por lo que le llama la atención, pero aterrizada a lo que está ocurriendo en su barrio que ella no quiere repetir. Es un personaje fuerte de actitud, pero sumiso cuando debe de serlo, que representa un público infantil que es casi inexistente, pero creíble aún en estos días. Su trabajo es complementado por un grupo de actores ya experimentados pero igualmente bien puntualizados, como Lia Chapman como la cruel madre de Desi, Carmen; Jean Cruz, como el represivo hermano de Desi, Fran; y Richarson Díaz, como el primo gigolo de Desi, Elvis. Todos representan un aspecto distinto de la realidad de la prostitución infantil: la figura parental descuidada, el adulto que evita a toda costa aunque sus fuerzas son limitadas, y el adulto que administra la red de prostitución.

"Boca Chica" también tiene a su favor que se retrata en el mismo punto clave de la zona de playa, mostrando los restaurantes costeros, los puntos de ventas semiformales y los vendedores deambulantes de todo tipo de alimentos, servicios y productos que se pueden imaginar (desde masajes hasta habanos dominicanos). Esta ambientación es complementada por la riqueza (pobreza) cultural que habita en ella, maquillada con los cantos inapropiados de niños, las vestimentas muy cortas para menores de edad, y la gerga dominicana que baña nuestras calles.

Es doloroso pensar que esa es la realidad, pero es casi imposible hacerse el ciego y soñar con que es una realidad muy alejada. Sin necesidad de enfocarse mucho en las consecuencias de esto, "Boca Chica" es sin duda un drama social muy necesario, puntual y refrescante, que si se quita a un lado ese conflicto social cargado, es sin duda un banquete muy dominicano de lo que es pasarse un rato en uno de los puntos más famosos para un turista en la ciudad.


domingo, 12 de febrero de 2023

Crítica Cinéfila: Los Reyes del Mundo

Una historia sobre la desobediencia, la amistad y la dignidad que existe en la resistencia. Rá, Culebro, Sere, Winny y Nano. Cinco chicos de la calle de Medellín. Cinco reyes sin reino, sin ley, sin familia, emprenden un viaje en búsqueda de la tierra prometida. Un cuento subversivo a través de un clan salvaje y entrañable, que transita entre realidad y delirio. Un viaje hacia la nada, donde pasa todo.



La historia del héroe ha sido la más establecida por la industria, pero cuando se trata de un héroe conmocionado, involucrado y, de paso, motivado a alcanzar a su objetivo, independientemente de las barreras que surjan en el camino, la trama siempre toma giros impredecibles, porque estos son los que provocan que la película completa evolucione, que cambie de arquetipos, tropos y hasta géneros, mientras acompañamos a nuestros protagonistas, generando una empatía y una conexión entre personaje y audiencia que es muy difícil de romper aún después de que los créditos rueden hasta el final, porque nos deja pensando en esa situación y sus luchadores.

Los Reyes del Mundo trata sobre luchadores reales, con actores naturales, donde Ra (Carlos Andres Castañeda) es un joven que finalmente le han llegado la carta del Estado donde le avisan que las tierras que alguna vez pertenecieron a su abuela y se les arrebataron por las bandas paramilitares, ahora se les serán restituidas, por lo que deben viajar hacia otro pueblo donde oficialmente recibirá la tierra prometida. La historia que comienza en un Medellín complejo, donde solo se explora la cara de la pobreza y el méndigo entre edificios que se nota han pasado por todo tipo de personas, moteles de mala muerte, mercadillos callejeros informales y peleas a machete, nuestro protagonista se embarca en un viaje de carretera hacia las zonas rurales de Colombia, en compañía de sus fieles amigos, que claramente son la única familia que él mantiene. 

Laura Mora Ortega (Brotherhood, Antes del fuego, Matar a Jesús) desarrolla esta historia recurriendo una vez más a personas reales en lugar de actores metódicos, con el propósito de reflejar la crueldad y naturaleza humana que vive esta clase social colombiana. No solo se reinvindica como directora, demostrando que el talento actoral requiere primordialmente una buena guía directorial y no específicamente experiencia actoral, pero a su vez le permite a la audiencia ser testigo del brillo natural de lucha que vigorizan sus personajes, donde parecería que lo viven o lo han vivido en su mundo ordinario, y esto es más un testimonio o una recreación de hechos que han ocurrido.

Un tema que la película retrata de una manera inesperada es esa ausencia de una figura maternal y paternal, mostrando a ciertas figuras igualmente marginadas (como las prostitutas de un burdel y un nómada de las montañas) con un gran interés por proteger a estos jóvenes, aún cuando los jóvenes no lo están pidiendo. Pero en lo que más se embarca es en la lucha de un particular que parece ser el vocero del sentir del pueblo. La realidad es que la trama no se aleja de lo que parece mantenerse latente en este país que no hace mucho tiempo fue altamente guerrillero, y el uso de palabras claves y elementos simbólicos provoca a cualquiera indagar más allá de lo que la película desenmascara. Los actos de crueldad, secuestro, racismo, desmoralización y provocación son el diario vivir de nuestros personajes, y ellos parecen no temerle ni a la misma muerte, mucho menos a pelear a puños por lo que ellos saben que les pertenece.

La cinematografía glorificada de David Gallego crea el balance perfecto entre esos sonidos naturales del ambiente, y el discurso cortante y a su vez poético que clama los grandes reclamos del pueblo: las injusticias a las que han sobrevivido y las perdidas humanas de las cuales han sido testigos. Aunque la historia hace un esfuerzo por mantenerse lo más cercano a la realidad posible, tiene un toque de realismo mágico en momentos muy necesarios para comprender el estado emocional de nuestros luchadores. Esa escena del terrenal, rodeado de personas que físicamente ya no estaban allí o su conversación con una pareja que vivía en una casa donde parecía que ya nadie habitaba, solo son algunas de esas alegorías de abandono y desaparición propia de manera forzada.

Casi siempre, las películas sobre héroes movidos por sus objetivos sobrepasan sus límites. Llevan a su audiencia a estados emocionales inesperados. Provocan una reflexión humana que siempre es necesaria, aún en el siglo XXI donde se supone esto no debería seguir ocurriendo. Una vez más, Mora muestra la crudeza y crueldad del mundo que la rodea en una Colombia que parece inexistente para quienes no la conocen tan directamente, donde el surrealismo y su diálogo poético son en realidad alegorías de los gritos desesperados de toda una nación.


jueves, 2 de mayo de 2019

Crítica Cinéfila: Teen Spirit

Violet (Fanning) es una introvertida adolescente que vive en la Isla de Wight (Inglaterra) y que sueña con convertise en una estrella del pop para poder así alejarse de tu triste panorama familiar. Con la ayuda de un inesperado mentor, Violet se inscribe en un concurso de canto que pondrá a prueba su integridad, talento y ambición. 



"Teen Spirit" cuenta una historia que has visto mil veces antes, pero una que las personas seguirán contándose hasta que todos lo creamos. En cierto modo, es tan antiguo como un cuento de hadas: una fábula de Cenicienta sobre una chica tímida de un pequeño pueblo que encuentra su voz y se adueña del mundo. En otras formas, la película es inextricablemente del momento, pero ambientada en el mundo de las competiciones de canto de televisión y marcada por artistas como Robyn, Ellie Goulding y Ariana Grande.

Lo que es tan valiente y emocionante sobre el debut como director de Max Minghella es que se niega a comprometerse en ambos extremos, un dulce espectáculo pop a la vez orgulloso y genérico de no serlo. Es un enfoque arriesgado que prioriza el sentimiento contundente sobre una experiencia más rica, pero la dirección sinuosa, la cinematografía deslumbrante y el rendimiento revelador de Elle Fanning ayuda a esta pequeña maravilla a convertirse en una fábula moderna contraintuitivamente única. No está mal para una película que es básicamente un anuncio glorificado para el grupo de artistas de Interscope, y cuenta con una nueva canción producida por Jack Antonoff como uno de sus principales puntos de venta.

En el lapso de una sola canción de Grimes, aprendemos todo lo que necesitamos saber sobre Violet (Fanning). Ella es una tranquila chica de 17 años que vive en Wight con su madre inmigrante polaca (Agnieszka Grochowska), un hermoso caballo y un iPod lleno de sueños lejanos; pasa la mayor parte de su tiempo libre trabajando en un restaurante de tercera y tratando de evitar a la "mean girl" que gobierna su escuela. Algunas noches, sin decírselo a nadie, se escapa para cantar su corazón en el abrevadero local para una pequeña audiencia de borrachos. Vlad (Zlatko Buric), una ex estrella de ópera que podría ser la más borracha de todas, se interesa por representar a Violet. Y cuando un concurso de canto al estilo de "American Idol" llamado "Teen Spirit" decide proyectar su luz en la isla y celebrar audiciones allí por primera vez, es a Vlad quien Violet le pide que la lleve allí, porque ella sabe que su madre nunca lo haría. Y así comienza una carrera improbable que lleva a nuestra joven heroína a las brillantes luces de Londres.


Resulta que Violet tiene una voz tremenda, y Fanning también. Puede ser un buen instrumento, y la actriz no se confundirá con Lady Gaga en el corto plazo, pero sus talentos son perfectos para las confecciones pop como "Dancing on My Own". No solo eso, sino que también es capaz de hacer espacio para lograr un interesante acento británico en cada canción, lograr conversaciones en polaco con su madre e incluso crear un espacio para ella misma. Es más que un poco difícil de tragar que su camino hacia la cima sea tan rápido, o que Violet no tenga que sacar algo de la virtuosidad de Christina Aguilera para lograrlo, pero funciona para la película. Esto no es "A Star Is Born" (si esa película solo tiene un pie en el mundo real, esta apenas tiene un dedo gordo).

Minghella, un actor notable cuyo padre nació en la Isla de Wight (y fue un cineasta bastante hábil por derecho propio), no tiene problemas para meterse en esta historia con el más amplio de los golpes. El escritor y director se basa en la música que nos arrastra al mundo de Violet. Al ver cómo se golpea y grita al lado de "Just a Girl" de No Doubt en su habitación, nos cuenta más sobre quién es ella.

Teen Spirit está en una carrera de velocidad muerta, y no tiene la historia suficiente para completar su breve tiempo de ejecución de 93 minutos, pero todo está tan arraigado en la primicía básica de la emoción que casi no importa. La poca información que se obtiene sobre lo que le sucedió a Vlad después de su carrera, o lo poco que se aprende sobre la relación de Violet con su madre, o lo que no se dice acerca de los niños en su banda de apoyo (hay una complicada cola de enamorados entre ellos, pero los detalles se dejan profunda en el fondo), son opacados para simplemente establecer la relación de hija/padre que se creó entre los personajes de Violet y Vlad, para a la vez dejar un final abierto a la interpretación personal de cada miembro de la audiencia. La música y las ubicaciones son específicas para que los personajes no tengan que serlo: los espectadores pueden interpretar la película en sus propios términos y al mismo tiempo proyectarse sobre ella.


El cineasta Autumn Durald Arkapaw, el genio anónimo que filmó "Palo Alto" y un grupo de videos musicales increíbles por Janelle Monáe y Solange Knowles, son fundamentales para ayudar a Minghella a enhebrar la aguja entre esos dos modos.

Ella tuerce el mundo de Violet con acentos brillantes y guiones de drama épico; la luz nocturna en su parada de autobús desierta extiende largos rayos de luz que no estarían fuera de lugar en un video de Hype Williams, mientras que el campo fuera de su casa es lo suficientemente mágico como para trabajar para Terrence Malick. Esa belleza es aún más importante porque Minghella tiene un miedo mortal a los sentimientos fáciles, un miedo que a veces convence a Fanning para que se convierta en su personaje, y deja la película prácticamente sin ninguna emoción legible.

Hay un sentido irreal de cumplimiento de deseos en el viaje de Violet, y "Teen Spirit" no se asusta. Es demasiado delgado y resbaladizo para tomarlo literalmente, pero si piensas en Vlad como una hada madrina alcohólica y adinerada a quien puedes oler desde el otro lado de la habitación, la película comienza a tener un cierto sentido que debería ser especialmente convincente a audiencias más jóvenes. La película está un poco seducida por nuestro malentendido colectivo del talento, que es un derecho de nacimiento que tratamos como una virtud, pero su debut funciona como una historia sobre el poder sostenible de la autoconfianza y cómo a veces solo se necesita una persona para ayudar empujarte a donde siempre quisiste ir, o llevarte allí. Casi no importa lo buena que sea realmente una cantante, o si logra ganar la gran competencia al final. Lo único que importa es que ella encuentre el coraje para reevaluar la distancia a sus sueños. Siempre están al menos un poco más cerca de lo que crees.