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martes, 22 de julio de 2025

Crítica Cinéfila: Superman

En un mundo cínico que ha perdido la fe en la bondad, Superman lucha por reconciliar su herencia kryptoniana con su crianza humana en Smallville como Clark Kent. Mientras protege a la humanidad, encarna la verdad, la justicia y el estilo americano, desafiando una era que considera estos valores obsoletos. 



Las películas de cómics de James Gunn están llenas de humor irreverente y peculiares cambios de tono, pero en esencia residen en una sinceridad cautivadora y en la creencia en el poder de las personas para mejorar el mundo. Por eso, tiene sentido que el guionista y director de Guardianes de la Galaxia quisiera centrar su atención en el Hombre de Acero, el superhéroe más sincero y bondadoso de todos. El resultado es un personaje recargado e irregular que combina lo que resultaban sus atributos más admirables (tanto del personaje como del director) pero aquí se convierten en una película ambiciosa, a veces conmovedora, más extraña, nerviosa y reflexiva que la mayoría de las superproducciones.

Estrenándose el 11 de julio en todo el mundo, este lanzamiento de Warner Bros no es simplemente otro intento audaz de reiniciar la propiedad, que fue relanzada en "Man of Steel" de 2013 (670 millones de dólares), con Henry Cavill y, antes de eso, en "Superman Returns" de 2006 (391 millones de dólares), protagonizada por Brandon Routh. "Superman" también sirve como el primer capítulo en una nueva entrega del Universo DC del estudio que está siendo supervisado por Gunn y su socio productor Peter Safran. Claramente, mucho está en juego comercialmente, y el reinicio no cuenta con grandes nombres en el elenco, con el relativamente desconocido David Corenswet ahora interpretando al poderoso kriptoniano.

En esta versión de la historia, Superman (Corenswet) lleva tres años combatiendo el crimen en Metrópolis, convirtiéndose en una figura local venerada. Pero nadie sabe que también es Clark Kent, un reportero del Daily Planet que sale en secreto con su compañera de trabajo Lois Lane (Rachel Brosnahan), quien es la única que conoce su verdadera identidad. Sin embargo, este floreciente romance se ve interrumpido por la continua batalla de Superman con el multimillonario tecnológico Lex Luthor (un Nicholas Hoult, apropiadamente ególatra), quien no se detendrá ante nada para convencer al gobierno estadounidense de que este extraterrestre es una amenaza que debe ser erradicada.

Gunn tuvo un gran éxito con las tres películas de Guardianes , que recaudaron aproximadamente 2.500 millones de dólares en todo el mundo y celebraron a un adorable grupo de inadaptados que se convierten en una familia de facto. Con esa trilogía —y la infravalorada, sangrienta y vulgar "Suicide Squad" de 2021— Gunn logró aportar una sensibilidad de autor al cine de superhéroes, combinando un sentimiento sincero con un espectáculo magnífico y un impresionante sentido de lo bizarro.

Estas cualidades también aparecen en "Superman", pero a Gunn le falta la mano segura que trajo a esas películas anteriores. Parte del problema es que este reinicio arriesgado tiene una trama demasiado complicada que involucra un enfrentamiento mortal entre dos naciones ficticias, la belicista Boravia y la pacífica y superada en armamento Jarhanpur, y el plan de Luthor para desacreditar a Superman y poner al mundo en su contra. Además, Gunn presenta a varios superhéroes secundarios, incluido el arrogante Green Lantern (Nathan Fillion) y el irónicamente hilarante Mister Terrific (Edi Gathegi), quienes, inicialmente, desvían la atención de la historia de Superman, pero se vuelven cruciales para la narrativa central en los carretes finales. Al final, la atención de la película se aleja totalmente de Superman mientras que todos a su alrededor, hasta la mismísima Lois Lane, están tratando de salvar a Metrópolis.

Corenswet luce una modesta dulzura de niño como Superman, a quien Gunn imagina como un superhéroe modesto que carece de la infantilidad cautivadora que Christopher Reeve exudaba con cariño hace casi 50 años. Sin el carisma de Cavill en el papel, Corenswet interpreta al Hombre de Acero como un diligente luchador contra el crimen que quiere asegurarse de que ningún transeúnte salga herido durante sus épicas luchas. El recién llegado bajo el traje azul no es del todo cautivador, y los espectadores podrán entender por qué este Superman es algo que Metropolis da por sentado, es decir, hasta que atraviesa una serie de pruebas que desafiarán su imagen de sí mismo, para finalmente emerger como un héroe más seguro y asertivo. Para ello, Superman introduce un giro importante en los antecedentes del personaje, que no debería revelarse. Pero si bien la sorpresa es, al principio, manejada con torpeza, al final resulta bastante conmovedora. Gunn se especializa en marginados y fracasados y, de manera refrescante, encuentra una forma de ver a Superman a través de ese lente similar, pero aunque el director lo sabe manejar bastante bien, Corenswet no termina de llenar los zapatos del superhéroe.

El humor jocoso de la película es decididamente impredecible, y el énfasis en el revoltoso y adorable perro de Superman, Krypto, solo tiene resultados dispares. Pero donde otras películas de superhéroes parecen construidas por un comité, Superman lleva la huella de Gunn. Se puede apreciar en las extrañas y hermosas bestias que aparecen aleatoriamente, por no mencionar los magníficos estallidos de color de las imágenes y los psicodélicos mundos alternativos de la historia. Pero, lo más importante, se percibe en la inversión de Gunn en la bondad de Superman, que se convierte en un grito de guerra para los más cínicos que lo rodean, como la encantadora pero infrautilizada Lois Lane de Brosnahan.

Reeve sigue siendo el Superman por excelencia y Cavill seguirá siendo el rostro de toda una nueva generación; Corenswet ofrece al público una versión simpática y hasta ahí. Y además de los defectos de la película, él y Gunn tratan de humanizar al Hombre de Acero, sin negar la inquebrantable decencia y heroísmo que lo han mantenido en la memoria colectiva. Al final resulta una película que seguro entretendrá a los grandes fanáticos de su estilo cinematográfico, pero que no se convertirá en la referencia de superhéroe que quisiera llegar a ser.


martes, 14 de enero de 2025

Crítica Cinéfila: Juror #2

Justin Kemp, un hombre de familia, mientras forma parte de un jurado en un juicio por asesinato, se encuentra luchando con un serio dilema moral... uno que podría utilizar para influir en el veredicto del jurado y potencialmente condenar (o liberar) al asesino acusado.



Imagine que usted es una persona cumpliendo con ser jurado de un juicio por primera vez, y de repente, el primer día, descubre que el acusado ha sido acusado de un crimen terrible del que usted es, de hecho, responsable. Ése es el detonante de la última película de Clint Eastwood, “Juror #2”, una extensión ligeramente absurda pero sumamente atractiva de la fascinación que ha sentido durante toda su carrera alrededor de las temáticas de la culpa, la justicia y las limitaciones de la ley.

En las películas en las que Eastwood actúa, las armas son de gran ayuda para resolver problemas que el sistema no puede resolver. Pero el director no aparece en “Juror #2”, un drama judicial de corte moral en el que Nicholas Hoult interpreta al único que se resiste en un juicio por asesinato. La película puede comenzar con una nota de idealismo, pero rápidamente se vuelve cínica cuando el personaje de Hoult, el esposo “perfecto” y ciudadano honrado Justin Kemp, honra su citación al jurado, aunque preferiría quedarse en casa con su esposa embarazada, Ally (Zoey Deutch).

En el momento que la fiscal Faith Killebrew (Toni Collette) describe el asesinato (un claro caso de violencia doméstica, en su opinión), Justin se da cuenta de que estaba en el bar de la carretera la noche en cuestión. Lo que es aún más inquietante es que, según los flashbacks de Justin, parece claro que el ciervo al que atropelló de camino a casa no era un ciervo, sino la víctima, Kendall Carter (Francesca Eastwood).

¿Cuáles son las probabilidades? Es mejor no cuestionarlo. O estás de acuerdo con la premisa o no estás en una película que se toma en serio la situación resultante, invitando al público a reflexionar sobre lo que harían en el lugar de Justin. Para complicar las cosas, el futuro padre es un alcohólico en recuperación, y su padrino (Kiefer Sutherland) —que también es abogado— le advierte que si confiesa, nadie creerá que estaba sobrio en la fatídica noche.

No es casualidad que la película esté ambientada en Georgia, donde el homicidio vehicular en primer grado se considera un delito grave. La ubicación le da a Collette (y a nadie más del elenco) la oportunidad de hacer un marcado acento sureño, ya que su personaje alterna entre los tribunales y la campaña electoral. Faith se postula para fiscal de distrito con una plataforma dura contra el abuso doméstico, y este caso podría llevarla a la victoria, lo que hace que la verdad sea tan incómoda para ella como lo es para Justin. 

Una vez que el juicio termina y comienzan las deliberaciones, Eastwood parece contar con que haya visto “12 Angry Men” (1957), y plantea la posibilidad de que Justin pueda convencer al resto del jurado para que se absuelva, o bien empujarlos hacia un veredicto de culpabilidad, dejando que el novio de Kendall, James Sythe (Gabriel Basso), cargue con la culpa. Pero el guión de Jonathan Abrams tiene algunos giros bajo la manga que parecen encajar con la visión más escéptica de Eastwood sobre el proceso legal.

Al principio, Justin da un breve discurso digno tipo Frank Capra sobre cómo el acusado merece el beneficio de la duda, pero está claro que es su conciencia la que habla. Diez de los jurados están dispuestos a condenar, mientras que Justin encuentra un aliado en Harold (JK Simmons), un ex detective de policía cuyo instinto le dice que el acusado es inocente.

Justin se da cuenta de que el problema de influir en los demás es que actúan con base en prejuicios, lo que supone una crítica bastante dura del sistema de “pares” con el que funcionan los jurados. Al igual que la policía y el fiscal, estos civiles son susceptibles a los prejuicios, ya que solo consideran las pruebas que respaldan las conclusiones a las que llegaron apresuradamente. Por supuesto, todo podría resolverse bastante rápido si Justin dijera la verdad.

El editor Joel Cox y su hijo David siguen haciendo cortes para mostrar primeros planos del rostro de Justin, mientras Hoult transmite su confusión a través de ojos furtivos y miradas nerviosas, emociones que seguramente mantendría ocultas en la vida real. No es el único personaje que enfrenta una crisis de conciencia: Faith finalmente comienza a cuestionar su caso, lo que podría poner en peligro sus ambiciones políticas, al tiempo que le da a Collette la oportunidad de redimir a un personaje que antes parecía un obstáculo moralista a la justicia y ahora parece su defensor más digno de Eastwood.

Después de centrarse en la culpabilidad de Justin durante la mayor parte de la película, el guion de Abrams juega una mala pasada hacia el final, saltándose el voto final del jurado para sorprendernos cuando se lee el veredicto en el tribunal: una trampa eficaz, dramáticamente hablando, que deja la decisión más importante de Justin fuera de la pantalla. Si bien hay mucho que analizar a lo largo de la película, la última escena de la película nos deja a nosotros como jueces.

Como siempre, Eastwood respeta nuestra inteligencia. Y, sin embargo, “Juror #2” es una anomalía en su obra: se encuentra entre sus películas más serenas a nivel de acciones, en las que se renuncia al espectáculo en favor de la autorreflexión. Se podría decir que todo el sistema está siendo juzgado, y, sin embargo, el único hombre enojado aquí es Eastwood, no los jurados, ya que Harry el sucio no termina con una explosión, sino con un susurro ambivalente.


sábado, 7 de diciembre de 2024

Crítica Cinéfila: Nosferatu

Nueva versión de la icónica película muda de F.W. Murnau, producida en 1922, que a su vez se basaba en la novela 'Drácula', de Bram Stoker.



Con el homenaje reverencial al primer clásico de terror que es “Nosferatu”, Robert Eggers ha creado más que un simple remake, pero de alguna manera no ha logrado ofrecer una experiencia cinematográfica completamente satisfactoria. Por muy impactante que sea visualmente, con composiciones que rivalizan con las grandes pinturas góticas, la sombría versión del obsesivo director es fiel a la película muda de 1922 y más accesible que “The Lighthouse” y “The Witch”, aunque extrañamente vacía de vida.

Al recrear lo que había antes, Eggers tiene presente el estilo distintivo de Murnau, pero es demasiado talentoso como para imitarlo. En cambio, el director, meticulosamente orientado a los detalles, ofrece su versión del clásico, tratando casi cada recuadro como una obra de arte en sí mismo, mientras embellece aún más los aspectos románticos de la historia, lo que podría haber tenido éxito, de no ser por el elenco. “Nosferatu” construye un final trágico, pero se ve lastrado por diálogos pretenciosos, ritmo somnoliento y actuaciones débiles, especialmente la de Lily-Rose Depp como la damisela condenada.

Por mucho que la admiremos ahora, el “Nosferatu” original era mucho más una imitación que el homenaje de Eggers, y no hizo mucho (o más bien, no lo suficiente) para disimular la deuda que tenía con el “Drácula” de Bram Stoker, tanto que la viuda de Stoker presentó una demanda por violación de derechos de autor y ganó. El veredicto exigía que se destruyeran todas las copias de la obra maestra de Murnau. Pero los no muertos no mueren tan fácilmente. Sobrevivieron al menos tres copias completas, y también lo hizo la icónica actuación de Max Schreck, el demacrado actor alemán de casi dos metros de altura cuya imponente silueta como el Conde Orlok se encuentra entre los monstruos más imponentes del género.

La cabeza calva de Orlok, las orejas de Spock, los dientes afilados como los de una rata y las garras huesudas son reconocibles al instante para prácticamente todo el mundo, haya visto o no la película muda. De forma bastante inesperada, el villano de la versión de Eggers tiene poco parecido con el fantasma prototípico, una extraña forma de distinguirse de este "Nosferatu", ya que propone una interpretación más peluda (y aparentemente desdentada) del personaje para una nueva generación. Mientras que Willem Dafoe interpretó a Schreck en “La sombra del vampiro”, Eggers eligió a Bill Skarsgård, tan aterrador como el payaso demoníaco en “It”. El director luego procede a enterrar a su estrella debajo de todo tipo de prótesis (en su mayoría piel en descomposición y bigotes descuidados) hasta que termina pareciendo un ángel del infierno sin hogar.

El Orlok reimaginado por Eggers aparece brevemente en el prólogo, lo que hizo que la multitud que me rodeaba saltara antes de reírse colectivamente por su reacción, como si reconocieran que esos sustos eran lo que esperaban. Pero, ¿qué es lo que realmente quiere el público de una película de “Nosferatu”? El guión de Eggers sigue la trama anterior, en la que el joven e ingenuo empleado Thomas Hutter (Nicholas Hoult) es enviado a obtener la firma del solitario Orlok en la escritura de una mansión en ruinas en la ciudad. Todo eso es una receta para el aburrimiento, en comparación con la forma abiertamente siniestra en que Orlok se comporta con su invitado y, más tarde, con cualquiera que se interponga en el camino de su reencuentro con la esposa de Thomas, Ellen (Depp).

Francamente, si no fuera por el rápido corte y el sonido que lo acompaña, la revelación temprana de Orlok no sería nada aterradora. Cara delgada, nariz larga, vello facial rebelde: es un aspecto que todos conocemos de la pandemia, cuando al menos uno de nuestros amigos decidió dejarse crecer la barba hasta extremos vikingos.

Eggers evoca a Vermeer y a otros maestros con su puesta en escena perfectamente organizada, y hace gala de una fuerte visión, pero tiene dificultades como narrador, lo que resulta sorprendente, teniendo en cuenta los méritos del material original. “Nosferatu” parece ahora más en deuda con “Drácula” que nunca. Al igual que Harker, el abogado (y primer narrador) de la novela de Stoker, Hutter viaja hasta Transilvania para encontrarse con su cliente. Una vez que llega al castillo de Orlok, su espeluznante anfitrión centenario mira con sed un corte en el dedo de Hutter y lo obliga a firmar un pergamino de aspecto fáustico.

A la mañana siguiente, Hutter despierta con marcas de mordeduras muy próximas entre sí en su pecho desnudo y con la intuición de que su esposa está en peligro. Lo percibimos incluso antes de que partiera en su misión, ya que Ellen claramente tiene algo de historia con Orlok, aunque insinuarlo al principio no ayuda a explicar la conexión entre ella y el vampiro. Mientras tanto, el vínculo entre marido y mujer apenas es transmitido por Hoult y Depp, cuyo estilo de actuación melodramático se filtra a través del diálogo innecesariamente ornamentado de Eggers.

En “The Lighthouse”, el guionista y director se complacía en atiborrar las bocas de sus personajes con expresiones barrocas que pretendían sonar como el lenguaje náutico de antaño. Aquí, las conversaciones son más fáciles de descifrar, a pesar de los esfuerzos similares por embellecer su vocabulario, lo que resulta tan poco convincente como la expresión de ojos abiertos de Depp, o la actuación afectada que se exige a Aaron Taylor-Johnson y Emma Corrin en papeles secundarios estilizados.

El vestuario, los decorados y los efectos extraordinariamente elegantes, todos ellos capturados con gran maestría por la cinematografía casi incolora de Jarin Blaschke, se combinan para hacer de “Nosferatu” una experiencia visual suntuosamente inmersiva. Aun así, la pesadilla que es el centro de la película nunca funciona del todo, ya que Eggers se apoya en pistas musicales amplificadas y una edición poco convencional para desconcertar, e incluso entonces, la metáfora subyacente no está clara. Aunque “Nosferatu” reconoce las ansiedades clásicas de la depredación sexual tan centrales en la tradición vampírica (al ver a Orlok inclinado sobre Thomas y luego Ellen, uno difícilmente puede negar el simbolismo carnal de su apetito), las imágenes de adoración a Satanás y ratas portadoras de plagas diluyen el impacto.

En este caso, el vampiro ha perdido los colmillos y ahora depende de unas largas garras que proyectan sombras siniestras sobre la tierra. Orlok aparece noche tras noche hasta que se sale con la suya y da la impresión de ser un ex novio sarnoso decidido a robarle la virtud a Ellen, no una figura sobrenatural todopoderosa a la que temer. Para Eggers, fue un error poner tanta atención en la estética y luego abandonar las cualidades que alguna vez hicieron de Orlok un personaje tan icónico.


jueves, 9 de mayo de 2024

Crítica Cinéfila: The Garfield movie

El mundialmente famoso Garfield, el gato casero que odia los lunes y que adora la lasaña, está a punto de vivir una aventura ¡en el salvaje mundo exterior! Tras una inesperada reunión con su largamente perdido padre –el desaliñado gato callejero Vic– Garfield y su amigo canino Odie se ven forzados a abandonar sus perfectas y consentidas vidas al unirse a Vic en un hilarante y muy arriesgado atraco.



Si creciste en el tiempo que Garfield salía en las tiras cómicas de los periódicos y las revistas infantiles de fines de semana, también debes de saber que nuestro amado tabby favorito, el anaranjado gato salido de la pluma de Jim Davis, está a punto de cumplir 46 años desde su creación, de los cuales no ha parado de evolucionar y adaptarse a cada generación. Su primera tira cómica se publicó en 1978 y, por aquel entonces, era ya un minino rechoncho pero con un gran mundo interior, algo que su dueño Jon nunca llegaba a saber, dado que sus bocadillos eran siempre en forma de pensamientos.

Las adaptaciones previas del personaje han sido muchas: tres series de televisión (Garfield y sus amigos, El show de Garfield, y Garfield Originals), dos películas de live action (Garfield: La película y Garfield 2), y 13 programas especiales. Cuenta además con hasta nueve videojuegos para PS5, Xbox Series X/S, PS4, Switch, Xbox One, Nintendo 3DS, Android, iPhone, NDS, Game Boy Advance, PS2 y PC, a los que se unirá pronto uno basado en esta nueva película. Y a todo este volumen de negocio se suma además el lucrativo merchandising comercializado en 69 países.

Ahora, con "The Garfield movie" nos encontramos una aventura animada en CGI en la cual hay algunos aspectos del personaje que se respetan (su pasión por la pizza y la lasagna, el tira y afloja con el solitario Jon y el desdén hacia Odie) y otros que no (su humor irónico y cínico, su personalidad nihilista y su natural abulia). Los guionistas Paul A. Kaplan, David Reynolds y Mark Torgove han compuesto una aventura supuestamente para toda la familia que envestirá sin problema a un público infantil y se convertirá en la película más entretenida hasta la fecha basada en el personaje... pero exclusivamente será así para el público más joven, porque aquí Garfield no es a quien conocemos al cien por cien.

La vida de Garfield no puede ser más cómoda al cuidado de su dueño Jon: disfruta de su tarjeta de crédito para asegurarse el suministro de comida italiana que le da la felicidad, se ha apropiado de su casa y tiene a Odie como fiel escudero. Sin embargo uno de esos lunes que tanto odia es sucuestrado de su agradable hogar para obligarlo a cometer un atraco muy arriesgado en compañía de su padre, Vic, al que llevaba sin ver desde que lo abandonó en un basurero. Para su desgracia, su padre está en deuda con Jinx, una excéntrica gata que cuenta con un grupo de matones que les van a poner las cosas muy difíciles mientras el pobre Jon sufre buscando a sus mascotas.

La película comete dos errores terribles: convertir a nuestro protagonista en un gato adorable en una historia de origen ya vista mil veces por los más adultos y sacarlo de su hogar durante la mayor parte de la película, cuando en realidad el corazón de la historia siempre ha sido la relación con Jon. El humano queda relegado a un segundo plano, a pesar de que la película crece cada vez que interaccionan. En cambio, entran en escena un grupo de nuevos personajes creados para la película como el padre de Garfield o la villana Jinx. Se echa de menos a los que ya conocemos, la verdad, pero quizás podamos reencontrarnos con ellos en una secuela, ahora que han planteado la historia del personaje. 

Si de por sí cuesta reconocer la personalidad de Garfield en una película que, como vemos, ha simplificado mucho su tono, más cuesta arriba se vuelve esta misión si nos atenemos a seguirle el rastro a la selección de voces. La selección de Chris Pratt fue un tema polémico, aunque no tan controvertido como el momento en el que se anunció que se haría cargo del doblaje de Mario. Se entiende que su elección ha sido motivada por temas comerciales, es decir, que tener su nombre en el cartel debería ser una razón para atraer al público a las salas, pero la pésima reacción en las redes sociales y la crisis de popularidad del productor, director y actor, entre otras cosas, augura casi todo lo contrario.

Ahora, como producto de animación es impecable. Cuenta con un atractivo diseño de personajes, entra por los ojos y el nivel de la animación es muy estimable. Lástima que se haya optado por una historia tan sumisa en lugar de explotar las fortalezas de las historias originales y por recortar el espectro de su humor.

Aunque el diseño de los personajes y la calidad de la animación están bien trabajados, y el tono de la relación entre Garfield y Jon está bien puntualizado, Garfield es una correcta película de animación que no sabe aprovechar las cualidades de las tiras cómicas de Jim Davis: le arrebata al nihilista gato todo lo que lo hace especial, diferente y distinto que es, por supuesto, su relación con Jon.


martes, 29 de noviembre de 2022

Crítica Cinéfila: The Menu

Una joven pareja viaja a uno de los destinos más exclusivos del mundo para cenar en un restaurante que ofrece una experiencia culinaria única. Sin embargo, el chef ha preparado un ingrediente secreto que tendrá un resultado sorprendente en los dos enamorados.



Un restaurante de cinco estrellas llamado Hawthorne, ubicado en una isla alejada de toda civilización, está creando un menú especial para algunos invitados de alto perfil: una famosa crítica gastronómica, una estrella de "cine", algunos amigos de las finanzas, parejas acomodadas y fanáticos de su chef Slowik (interpretado por Ralph Fiennes). Recibieron invitaciones y se presentan con sus egos, arrogancia y dinero. La atípica, Margot Mills (Taylor-Joy), es la cita de Tyler (Nicolas Hoult) que no estaba en la lista de invitados. La fachada no impresiona a Mills. Ella sabe que algo está mal en la atmósfera tan pronto cuando llega a la isla. Elsa (Hong Chau) es la segunda al mando de Slowik y ayuda a que el lugar funcione sin problemas, pero rápidamente nota la extrañeza (o impertinencia) de Margot, y no deja de fijarse en ella.

La cocina de Hawthorne está dirigida como los militares. Llevan la comida a los asientos de sus invitados, responden a las órdenes al unísono y solo hablan cuando se les habla. Nadie piensa que esto es raro excepto Margot. El chef mira a su invitado con desdén. ¿Quizás un indicio de lo que vendrá? Elabora sus platos basándose en su vida y en la vida de sus invitados. Parece conocer información secreta sobre todos ellos y revela estos hechos aprendidos a través de varias comidas. Estas personas están destinadas a estar en Hawthorne, y todos menos Margot se merecen lo que les espera.

"The Menu" proporciona comentarios satíricos desconcertantes sobre la división de clases y cómo los ricos son un pozo sin fondo de necesidad que nunca será satisfecho. Slowik se da cuenta de que Margot no viene de dinero; que en realidad es una trabajadora sexual. Interactuar con los ricos es una experiencia sin alma que elimina toda la diversión y el amor de cualquier arte. En un momento, Margot habla de disfrutar de su línea de trabajo hasta interactuar con hombres ricos arrogantes. Esencialmente, Hawthorne es el pobre levantándose y usando la comida como presagio de la muerte. Los trabajadores del servicio de alimentos y del sexo se destacan aquí porque la sociedad menosprecia las profesiones. Es un recordatorio de que merecen respeto. 

El elenco estelar de "The Menu" está al unísono. Judith Light, John Leguizamo, Chau, Fiennes, Taylor-Joy, Hoult, Janet McTeer y muchos otros creyeron lo suficiente en el guión inteligentemente escrito de Reiss y Tracy como para ser parte de él. Hay química por todas partes, con los actores jugando entre sí y apoyándose en las acciones de los demás a medida que avanza la película. Importante destacar a Chau, que la viene arrasando últimamente. Ella se compromete completamente con cada papel y se puede estimar alguna nominación o incluso reconocimiento en esta próxima temporada de premios.

El diseño de sonido y la partitura de Collin Stetson es una orquesta degustante que hace rejuego con la cinematografía casi publicitaria, en el buen sentido. La película no sería tan agradable sin ella. El sonido atraviesa tu cuerpo como un cuchillo de cortar carnes. Cada chillido, aplauso y ruido metálico del cristal es limpio y preciso. Mylod entreteje estos elementos en su estilo cinematográfico deliberadamente incómodo con destellos de la estética de Ari Aster. El director guía a la audiencia por un camino sinuoso que los desorientará, por lo que nunca verán lo que se avecina.

Una de las escenas más discutidas de 2021 se lee como una precuela no planificada en este thriller cómico negro y sangriento. En Pig, de Michael Sarnoski, el chef convertido en un recluso del bosque, Rob, destripa suavemente al chef de un lujoso restaurante de alta cocina, que también es uno de los ex empleados de Rob. Desde el punto de vista de Rob, el otro chef se traicionó a sí mismo cuando abandonó su sueño de ser dueño de un pub íntimo y cómodo, a favor de servir comida elaboradamente deconstruida a snobs que en su mayoría se preocupan por cuánto cuestan. “Todos los días, te despiertas y eres menos”, le dice Rob al chef, quien se ve devastado, pero no como si estuviera en desacuerdo. “Vives tu vida por ellos, y ni siquiera te ven. Ni siquiera te ves a ti mismo”.

"The Menu" se siente como el siguiente paso en esa historia, si el desafortunado chef de alto nivel hubiera decidido convertir la revelación de Rob en contra de su clientela en lugar de hacerlo hacia adentro. La película burla el tipo de gente que comería en ese restaurante que el chef Rob desprecia, con sus “vieiras emulsionadas” y “espuma de arándano forrajera, bañada en el humo de las piñas de abeto de Douglas”. Pero también encuentra un poco de humanidad en ellos. Una de las cosas más intrigantes de la película es la forma en que los cineastas encuentran espacio para ensartar cada objetivo a la vista.

Anya Taylor-Joy interpreta a Margot, una cita de última hora para Tyler (Nicholas Hoult), un obsesivo amante de la alta cocina, que se aseguró un asiento en un restaurante exclusivo en una isla privada, encabezado por el renombrado Chef Slowik (Ralph Fiennes). A Margot no le importa el tipo de comida que sirve el chef Slowik, como unas pocas manchas de salsa ingeniosamente espaciadas en un plato, anunciadas como un descarado "plato de pan sin pan". Pero Tyler está obsesionado con el trabajo del chef Slowik y la posibilidad de ganarse su atención e interés. Son una pareja extraña desde el principio, con una extraña tensión entre ellos que sugiere secretos que esperan ser revelados.

No son los únicos que tienen secretos. Los otros comensales en esta noche en particular incluyen a una crítica gastronómica petulante (Janet McTeer) y su editor adulador (Paul Adelstein), una estrella de cine tipo B (John Leguizamo) y su asistente (Aimee Carrero), un trío de ruidosos tacaños tecnológicos que inician la noche alardeando de gastar su cena de manera fraudulenta, y una pareja mayor que siente que podría reconocer a Margot. Luego está el chef Slowik, que ha planeado un "menú" peligroso para la noche diseñado para sacar a la luz los secretos de sus clientes.

Hasta dónde está dispuesto a llegar el chef Slowik y lo que está pasando con Margot, constituyen la mayoría de las complicaciones en esta trama. De lo contrario, podría convertirse en un thriller de venganza bastante sombrío y familiar dirigido a algunos objetivos fáciles: personas ricas, con derecho, groseras y engreídas. Si no hubiera más cosas debajo de la superficie, "The Menu" correría el riesgo de parecer una versión elegante de uno de esos slashers adolescentes que se trata más de ver a jóvenes simbólicamente odiosos y superficiales siendo asesinados por un asesino.

En cambio, el guión de Seth Reiss y Will Tracy reparte las revelaciones con un cuidadoso sentido de ritmo y escalada, manteniendo un equilibrio de simpatías entre las víctimas y el autor intelectual. Claramente, no esperan que la audiencia se sume por completo a la gente que paga $1,250 cada uno por una cena minimalista, principalmente por presumir de la experiencia. Tampoco dejan a sus víctimas como cifras. Margot, naturalmente, ocupa el centro del escenario, y Taylor-Joy le da una energía feroz y quebradiza que la convierte en una protagonista convincente. Hoult ofrece una actuación igualmente fuerte como un hombre que se ve obligado a aceptar sus propias pretensiones de una manera particularmente dolorosa. Pero cada personaje a su vez tiene un poco de tiempo en el escenario, incluida la dedicada asistente del chef Slowik, Elsa.

Y el mismo Fiennes es un activo considerable, como de costumbre. Dirige la acción en su restaurante como un líder de culto, pone una cara cálida y benévola cuando se adapta a la historia, y luego trae una forma despiadada de psicopatía fría a la mesa para otras escenas. Tratar de adivinar qué hay debajo de su superficie es uno de los mayores desafíos de la película y una de sus mayores alegrías, principalmente porque está escrito e interpretado como un villano con algunas arrugas simpáticas, un hombre que corteja la empatía y evoca horror al mismo tiempo.

"The Menu" a menudo se lee como una versión expansiva de una obra de teatro de un solo set, donde un grupo de personas obligadas a estar muy cerca se quiebra gradualmente bajo la presión y revela cosas nuevas sobre sí mismos. Mucho de lo que lo mantiene en marcha no es esa energía escénica, sino la puesta en escena en sí misma. El diseñador de producción Ethan Tobman se inspiró en todo, desde en referencias gastronómicas del cine de autor, hasta en la arquitectura expresionista alemana. Él y el director de fotografía Peter Deming le dan a la película una frialdad áspera y punitiva que enfatiza tanto la falta de comodidad o calidez en la alta cocina como el estado de ánimo del chef Slowik. Es una película apropiadamente suntuosa e impulsada por los sentidos, con algo sorprendente para mirar en cada encuadre.

Hay una extraña falta de voluntad para comprometerse con el potencial de Grand Guignol de la película, probablemente por el deseo de mantener al elenco para el acto final. Hay una desconexión entre el odio del Chef Slowik hacia sus invitados que cuando llega se siente un poco tardío y el nivel de sus crímenes comparativos, algunos de los cuales son mucho más personales y significativos que otros. El desprecio de la película por la arrogancia y los derechos es sencillo y satisfactorio, pero cuando otros motivos comienzan a impulsar la historia, como los celos de Elsa por Margot o la ira del chef Slowik hacia un cliente recurrente por no recordar cada uno de sus platos, la historia de venganza se cuaja un poco.

Aún así, la voluntad de Reiss y Tracy de implicar al chef Slowik junto con su plan vanidoso y obsesionado con la superficie le da a esta película una intriga sorprendente. Slowik diseñó su propia caída y su propio tormento, y "The Menu" no lo deja libre al jugar como un cuento moral de cómo contraatacar a los ricos. El humor en esta película es mayormente sutil (particularmente en los títulos de los platos hilarantemente irónicos que aparecen en la pantalla), pero en última instancia es también un híbrido de thriller y terror. Hay cierta tensión mientras los espectadores esperan para ver cómo se desarrollará todo, pero Mylod y los escritores también sugieren que vale la pena reírse un poco de todos los involucrados, ya sea que estén ofreciendo versiones elegantes del caos o simplemente pagando por su propia aniquilación.


domingo, 23 de mayo de 2021

Crítica Cinéfila: Those who wish me dead

Connor (Finn Little), un niño testigo de un asesinato, es perseguido por dos asesinos a través de las tierras salvajes de Montana. Aunque cuenta con Hannah (Angelina Jolie), una bombero y experta en supervivencia, para evitar que los secuaces le den caza, un peligroso incendio cercano amenaza con acabar con la vida de todos los implicados.



Cuando Angelina Jolie se balanceaba entre saltos extremos y disparos como Lara Croft, pocos podrían haber predicho el giro posterior de su carrera como una marca familiar, aunque en la mayoría de las veces en roles decepcionantes. En el thriller de supervivencia de Taylor Sheridan, Those who wish me dead, si entrecierras los ojos lo suficiente, es posible que vislumbres a Jolie en su antigua gloria de Tomb Raider.

Jack (Aidan Gillen) y Patrick (Nicholas Hoult), dos asesinos a sueldo que se hacen pasar por hombres de servicios públicos que investigan una fuga de gas, abren la tercera película dirigida por Sheridan. Están llevando a cabo un ataque en Fort Lauderdale, Florida, a un fiscal de distrito para luego pasar a sus próximas víctimas: el contador forense Owen (Jake Weber) y su hijo pequeño Connor (Finn Little). Sospechando de la muerte repentina de su colega, el padre y el hijo escapan hacia un refugio en Montana con el cuñado de Owen, Ethan (Jon Bernthal) y su esposa Allison (Medina Senghore) embarazada de seis meses.

Sheridan no está totalmente satisfecho con esta configuración ya sólida. Más bien lanza una arruga adicional. Cuando todos evacuan, la banda de bomberos forestales especializados se lanza en paracaídas para atacar los fuegos ambientales de la zona. Hannah Faber (Angelina Jolie) estuvo una vez entre las mejores paracaidistas hasta que un incendio salió mal, lo que provocó la muerte de un compañero y tres niños pequeños en un incendio forestal incontrolable. Los errores de ese día todavía la persiguen hoy: bebe en exceso, se pone en peligro imprudentemente en actos temerarios y sueña con sus arrepentimientos.

A diferencia de los esfuerzos escritos y/o dirigidos anteriores de Sheridan (Sicario, Hell or High Water, Wind River y Without Remorse), Those who wish me dead no se centra en ningún tema sociopolítico como los cárteles de la droga, los banqueros nefastos, los peligros que enfrentan las mujeres indígenas o los estados militares rebeldes. En este neo-occidental subdesarrollado, Sheridan y los co-escritores Charles Leavitt y Michael Koryta (el autor de la novela del mismo título) intentan empaquetar las emociones del éxito de taquilla en un ámbito íntimo. Ninguno de los cuales es completamente creíble.

Por un lado, Gillen y Hoult hacen de padre e hijo en este trabajo sin terminar. Tyler Perry retrata el contacto discreto a sus clientes en la sombra. Sheridan tiene suficiente conciencia de sí mismo para saber lo ridículo que suena todo esto, y hasta cierto punto, aprovecha estos componentes inviables para reírse. Tanto Gillen como Hoult hablan mucho de la broma del trabajo de dos equipos. Pero Jolie parece totalmente equivocada como una saltadora de humo. Un giro extraño de los acontecimientos para alguien con su experiencia en acción, pero Jolie simplemente no recalcula la personalidad áspera y torpe a la que apunta. Tampoco ayuda que no la veamos combatir un incendio.

Those who wish me dead no encuentra un equilibrio hasta que Connor llega sin su padre asesinado. Huyendo de los dos asesinos, el niño tropieza con la torre de vigilancia del bosque de Hannah. Jolie y Little comparten una relación fácil e impulsiva por un diálogo extravagante. Sus puntuales concesiones mutuas mezcladas con lenguaje azul por ambas partes casi nos bastan para ignorar las flagrantes fallas que cegan la película de acción de Sheridan.

Aunque Hannah y Connor tienen dos pistoleros contratados, una tormenta eléctrica y un incendio forestal que se acerca rápidamente en sus colas, nunca sentimos el suspenso total provocado por estos elementos. Esto se debe a que el trío de peligros genera demasiados componentes para que los acomode la película de supervivencia de 100 minutos. Especialmente cuando Sheridan quiere sentar las bases para el trastorno de estrés postraumático de Hannah. Es posible que los espectadores se queden más cautivados por la acción enérgica en lugar de las grandes emociones derivadas del fuego que carga con fuerza. Del mismo modo, Medina Senghore ofrece grandes cambios que agradan a la multitud en sus peleas con los dos sicarios torpes. Y las muertes que ocurren bajo el aluvión de balas son espantosas y divertidamente caricaturescas en su violencia a la vez.

Sheridan desperdicia absolutamente la intrigante premisa de los saltadores de humo. Fuera del comienzo de la película, donde las imágenes fracturadas de los bomberos buceando por el aire parpadean en la pantalla, la única otra escena del paracaídas ocurre hacia el final. Y no es increíblemente importante. Sheridan tenía espacio para explorar más a fondo la empresa monumental asumida por estos socorristas, pero no aprendemos nada sobre ellos o sus métodos. Pero tampoco no demuestran el interés necesario para desarrollar ese componente. Más bien, este paisaje simplemente sirve como un lienzo limitado.

La tarea de hacer que este neo-occidental tonalmente peculiar sea visible recae en Jolie: pero incluso su poder de estrella y un final culminante en el que Hannah se ve envuelta en un duelo mortal con Patrick (un Hoult igualmente mal interpretado), luego literalmente debe superar un incendio forestal con Connor en medio de las llamas. Para cuando el humo se aclara, es un recordatorio de lo poco que fue memorable de esta película.

Those who wish me dead ve a Angelina Jolie regresar a sus raíces de acción en lo que equivale a un vehículo asegurado. Si bien hay un montón de piezas grandes y entretenidas, la premisa intrigante de Sheridan se marchita bajo sus componentes sobreabundantes. El conjunto fuerte da forma a la trama, y uno tiene la sensación de que existen varias películas entretenidas entre la dinámica de personajes de la torpe pareja de Aidan Gillen y Nicholas Hoult, el romance entre Jon Bernthal y Medina Senghore, y el humor poco convencional compartido. por Jolie y Little. Aún así, es agradable ver a Jolie ejercitar su mística de estrella de cine en una película como esta que va más allá de su interés por películas para toda la familia.



jueves, 11 de junio de 2020

Crítica Cinéfila: The Great, 1ra Temporada

Serie que relata el ascenso al poder de Catherine the Great (Elle Fanning), que fue emperatriz de Rusia durante 34 años, desde el 1762 hasta su muerte a los 67 años.



Antes de convertirse en la emperatriz, Catherine (Elle Fanning) venía de una familia alemana noble muy pobre, y soñaba que su matrimonio con Peter (Nicholas Hoult) le iba a traer no solo riqueza material, sino un romance de ensueño y un acceso a los mayores conocimientos intelectuales de la época. Sin embargo, al llegar al palacio de Saint Petersburg, se dio cuenta de que sus anhelos románticos se quedarían en la ilusión, y que si quería llegar a ellos debía deshacerse del rey. Esa es la premisa de la nueva serie de Hulu "The Great", la cual no solo narra la lucha de Catherine por ser más que la procreadora de los futuros herederos de la Dinastía Románov, sino también los altibajos del reinado y cómo ella planea un golpe de estado al rey para poder lograrlo.

La serie sigue tanto el plan de Catherine acompañada por su criada Marial (Phoebe Fox) y Orlo (Sacha Dhawan), el romance entre Catherine y su primer amante oficial Leo (Sebastián de Souza), y su tóxica relación con Peter, quién no solo había planeado con matar a Catherine en algún momento de la historia, pero que con el tiempo y el continuo rechazo de Catherine a sus ideas, él se fue enamorando de ella. Así mismo sigue la vida de Peter, sus supuestas inmadureces dentro del palacio, el romance público que tenía con la esposa de su mejor amigo, y las decisiones aceleradas que tomaba que siempre llevaban a un desastre que Catherine debía arreglar.

Aunque muchos aspectos de la historia, sobretodo el mismísimo diálogo de la serie, son ficticias, estos son inspirados en la realidad del reinado de Peter III y su matrimonio apresurado con Catherine, quien sí llegó al palacio con esas mismas ambiciones y conocimientos que la serie lo plantea, pero que logró destacarse de manera más gradual y creíble. Sin embargo, hay que destacarle a la trama que, aún siendo una serie satirizada y que ridiculiza de manera interesante a Peter, la serie se torna constantemente a un tono más serio y dramático cuando resalta la realidad de la época en función a temas como el control y la participación de la Iglesia en las decisiones políticas y militares, el trato distintivo entre la plebe y los nobles, y las consecuencias de los actos sulfurantes de su rey. 

El mayor fuerte de esta serie es la actuación delicada de Elle Fanning reencarnando a Catherine the Great, un personaje igual de real como se ve en la serie. Fanning tiene una transformación no verbal resaltante al encarar las frustraciones y metas que se plantea Catherine a lo largo de la trama, mientras confronta los mayores obstáculos, el más importante: su propio esposo. Frustrada con el gobierno de su marido inepto, Catherine, de hecho, dirigió una conspiración para derrocar a Peter, anhelando el primer instituto de educación superior para mujeres, y traer a Rusia a un mundo más moderno junto con el resto de Europa.

Hay tramas narrativas que le dan mucha vida a la historia. Una de ellas es la de Catherine y su amante designado Leo Voronsky. Si bien el propio Leo no era una persona real, se basa libremente en la historia real de la vida de Catherine. Incluso al principio de su matrimonio con Peter, Catherine tuvo amantes (al igual que Peter). Su primer amante fue Sergei Saltykov, un joven oficial popular que parece ser la inspiración más cercana para el personaje de Leo. Aquí Leo es un personaje leído y simpático, proveniente de una familia de amantes con un talento inigualable para hacer sentir complacidas a sus parejas. Es la química mejor establecida de toda la serie, inclusive mayor que la de Fanning y Fox como la emperatriz y criada unidas en contra de los hombres. La verdad es que la sirvienta de Catherine y su mejor amiga, Marial, es un invento completo, al igual que los cortesanos que las rodean. La corte estaba llena de nobleza rusa, todos luchando por ser favorecidos por los gobernantes, y es probable que haya tanta intriga como The Great describe. El conde Orlo es uno de los pocos personajes que se basa explícitamente en una figura de la vida real. La verdadera Catherine confiaba en gran medida en el conde Grigory Orlov, así como la ficticia Catherine confía en Orlo entre sus confidentes y amigos más cercanos mientras planifica su golpe. 

Sin embargo, hay otros personajes que, aunque son creados para darle un valor dramático de peso, se desligan de la realidad, o peor, la estiran. Tal es el caso de Elizabeth. En el programa, ella es la "tía de fiesta" promiscua y envejecida, pero en realidad, ella era una emperatriz por derecho propio y, lo que es más importante, no estaba viva durante el reinado de Peter III porque él la sucedió al trono (no como dice la serie, que quiere poner a la ex reina como la madre de Peter). Elizabeth era una hija de Peter the Great, que tomó el trono en un golpe de estado en gran medida sin sangre en 1741, derrocando a su primo infante Ivan VI y a su madre, la Reina Anna. Ella dejó el trono a su sobrino Peter III, y murió en 1762. Pero no se puede desvalorar la actuación de Belinda Bromilow (Doctor Doctor), quien se entrega en voz y corazón a reencarnar a Elizabeth, tanto en su pacificidad como en su carácter hacia lo que se puede cambiar con una mujer al mando.

Otro personaje es el de Peter III, el antagonista principal. Era el nieto del popular Peter el Grande, pero había sido criado en gran parte por su familia alemana y era fuertemente pro-alemán en sus políticas. Peter era impopular, pero The Great exagera algunos detalles históricos para convertirlo en un antagonista deliciosamente monstruoso, lo cual Hoult logra de una manera increíble, aunque por momentos innecesaria.

Hay que resaltar que el valor de producción de The Great está a una altura comparable con otras series de época exitosas, resaltando la belleza monárquica en el diseño de producción, los vestuarios tan característicos y haciendo referencia al cambio cultural que Catherine enfrenta, tanto en los detalles de los uniformes como en la de las estatuas, decoraciones de época y exclusividades naturales.

The Great promete más subtramas y conflictos para sus siguientes temporadas, y como ya sabemos que no está totalmente basada en la realidad, seguirá con el mismo tono tragicómico que estableció en esta primera temporada. La escritura es creativa y el establecimiento de sus personajes es conciso por lo que se espera más de lo mismo, sin dejar atrás la meta principal: quitar del trono a Peter. Esa es la única verdad que queremos ver cumplida.


jueves, 13 de junio de 2019

Crónica Cinéfila: Dark Phoenix

Los X-Men se enfrentan a su enemigo más poderoso: uno de sus miembros, Jean Grey. Durante una misión de rescate en el espacio, Jean casi muere al ser alcanzada por una misteriosa fuerza cósmica. Cuando regresa a casa, esa radiación la ha hecho más poderosa, pero mucho más inestable. Mientras lucha con la entidad que habita en su interior, Jean desata sus poderes de formas que no puede controlar ni comprender. Jean cae en una espiral fuera de control haciendo daño a aquellos que más ama y empieza a destruir los lazos que mantienen unidos a los X-Men.



En un universo muy diferente a la primera trilogía de los mutantes, los X-Men son finalmente aceptados por el resto del mundo, teniendo seguidores alrededor del mundo que no solo desearían ser como ellos, pero que también siguen sus pasos, les autorizan apropiarse de islas abandonadas para mantener su comunidad allí, y representan una de las mejores armas del mundo para situaciones extraordinarias. Y la verdad es que los mutantes son los mejores personajes que Marvel ha creado, con personalidades y poderes tan particulares de ellos que siempre demuestran ser la gran envidia de la humanidad. Pero, al contrario de las maravillas que ellos pueden lograr, Dark Phoenix podría ser oficialmente una de las grandes decepciones.

Jean, uno de los X-Men más poderosos, posee el dón de la telequinesis y telepatía, siendo capaz de leer mentes, controlar a las personas y lo que le rodea, mover objetos a su alrededor, y causar proyecciones astrales de magnitud mundial. Por eso representa uno de los X-Men más importantes a la hora de tener misiones para salvar al mundo. En esta ocasión, el punto X representa el espacio, donde varios astronautas han quedado atrapados después de que una energía cósmica visualmente destructiva los tuviese atrapados sin forma de regresar a la Tierra. Siendo Jean la única del grupo que podría soportar esta energía mientras el resto del grupo salva a los tripulantes, ella alcanza la misteriosa energía que se adentra en ella. Lo que parecía un servicio funebre se convirtió en una fiesta, cuando Jean sobrevive a la fuerza cósmica y regresa sin ningún rasguño.


Raven advierte que lo que sucedió en el espacio no es normal, pues ella no debería estar viva después de esto, y cuando Jean se da cuenta de las destrucciones que causa su nuevo poder, decide huir de casa. En su escape no solo se entera de su verdadero pasado y cómo su padre decidió abandonarla después de un accidente automobilístico, también es atraída por Vuk, la líder de una raza alienígena que caza el poder que ella tiene dentro, solo con intenciones de destruir la raza humana para poder utilizar el planeta Tierra como su nuevo planeta.

El problema de esta película es la lógica ausente. No solo rompe continuidad con la segunda trilogía de X-Men, sino que rompe con la línea cronológica de los hechos. Por el tema de mantener los mismos actores de la Primera Generación, Professor X y Magneto parecen nunca envejecer, cuando se supone que a estas alturas ya deberían estar en sus 60 años. Mientras tanto, Jean solo tendrá un nuevo nivel de poder, pero no es un poder que no hayamos visto antes (es algo que claramente vimos en Apocalipsis -2016- y que entra entre las tantas abilidades del personaje desde los comics). También está el final, el cambio del nombre de la escuela, el retiro de Xavier de la escuela debido a la muerte de Jean (quien se supone no está muerta, pues la aparición del fenix en el cielo quiere decir que ella anda por ahí, además de que en  X-Men: Days of Future Past -2014- enseñan que ella sigue viva en el futuro...).


A pesar que es una estructura completa, la película tiene muchos huecos e historias incompletas; nunca se sabe lo que les pasa a los mutantes del grupo de Magneto, ni si todos los mutantes sobreviven a la pelea final, o si profesor X piensa regresar a la escuela. El final es mucho más abierto e incompleto de lo que ellos querían provocar, y no resulta agradable. Y por supuesto, no se puede dejar de mencionar los clichés de diálogos que incluso personajes tan icónicos como Mystique y Profesor X tienen. Esto hace la historia aún más débil. Las decisiones son muy pobres, la confrontación hasta el último momento es muy repetitiva, y Jean confunde mucho, nunca se sabe cuando es buena o mala; parece tener las mismas reacciones para todo.

Comparado con las resoluciones de otras franquicias importantes de este año, esta parece claramente una liga menor. Los hombres que han anclado la mayoría de las salidas de X-Men están girando sus ruedas aquí, y si bien el dilema central de Jean es ciertamente bastante dramático, y está más estrechamente vinculado con las acciones de otras dos mujeres, lo que debería haberse registrado como genuinamente poderoso, juega en una forma bastante discreta. De ninguna manera esto se siente como un destino insatisfactorio para un viaje que comenzó hace dos décadas y registró aproximadamente 30 horas de anticipación, pero que resultó un fracaso decepcionante.



jueves, 30 de mayo de 2019

Crítica Cinéfila: Tolkien

Biopic del escritor, lingüista y profesor universitario J.R.R. Tolkien (1892-1973), autor de "El Señor de los Anillos" y "El hobbit".



Tolkien es popularmente conocido por sus obras El Señor de los Anillos y Hobbit, pero lo que pocos saben sobre este conocido escritor es que antes de cumplir los 15 años ya hablaba varios idiomas, antes de cumplir 18 años ya había creado un idioma, y a los 23 años se convirtió en subteniente de los Fusileros de Lancashire durante la Primera Guerra Mundial. Estas y cada una de sus vivencias durante su juventud fueron lo que lo inspiraron a convertirse en el poeta, filólogo y novelista que muchos admiran. 

La historia se narra desde dos puntos de vista: la niñez y juventud de Tolkien, y durante sus días en medio de la Primera Guerra Mundial en la península turca de Galípoli. Entre saltos de tiempo, vemos a Tolkien arrivando junto a su madre y hermano a Rednal, a la edad de 8 años. A pesar de las situaciones económicas de su familia, la madre de Tolkien tenía la rutina de contarle historias de fantasía a sus hijos antes de dormir, y cuando un día ella muere inesperadamente, Tolkien comienza a escribir y dibujar historias cortas con criaturas que se le aparecían en las sombras. Debido a la ausencia de una figura materna, Tolkien y su hermano se mudan en un internado y asisten a la escuela King Edward's. En el internado, él conoce a Edith, quien se convertiría en el amor de su vida, y una de las pocas personas a quién le contaría de sus escritos y sus invenciones. Mientras que en la escuela conocería a Geoffrey Smith, un poeta frustrado y quien se convertiría en el mejor amigo de Tolkien, al aspirante a dibujante Robert Gilson y el joven compositor Christopher Wiseman. Junto a ellos crearían el T.C.B.S., un club entre ellos donde presentaban libremente sus nuevas creaciones artísticas, la cual perduró hasta que estallase la guerra. 


El extracto de la historia relacionada a la guerra sigue a Tolkien tratando de encontrar a su amigo Geoffrey, quien está sirviendo de subteniente, pero de quien no ha escuchado en varios días. A pesar de tener la "fiebre de las trincheras", Tolkien temía la muerte de su mejor amigo y prefirió exponerse para poder encontrar a Geoffrey.

Aunque la historia no sigue con exactitud la línea cronológica de los eventos que sucedieron en la vida de Tolkien, esta película es narrada con una ternura y elegancia que provoca ignorar si los hechos son reales o no. Parece ser narrada en un estilo romántico y trágico, donde cada subtrama lleva su propia meta hacia el protagonista, pero que principalmente se enfoca en la fuerza de voluntad y dedicación que Tolkien le prestaba a cada persona y eventualidad que entrase a su vida.

A pesar de la carga narrativa que se produce entre ambos sucesos que se sigue, los guionistas David Gleeson y Stephen Beresford procuran no estresar a la audiencia con contenido que fuese a distraer o resultase innecesario para lo que realmente importa en esta historia: conocer cuáles fueron los momentos de su vida que realmente lo catapultaron a escribir esas increíbles obras que todavía marcan la imaginación de muchos amantes de la lectura. Muy diferente a lo que el trailer pudiese hacer creer, muy poco se muestra a Tolkien escribiendo estos libros. Solo es al final cuando Tolkien ya ha logrado parte de su cometido, que su cerebro comienza a procesar todo como la posibilidad de una buena historia para antes de dormir.

Además del trabajo majestuoso realizado por el dúo de guionistas, el crédito mayor se lo lleva Nicholas Hoult, quien logra con grandeza encarnar y llevar en alto la personalidad y carácter de Tolkien en esta película. Con una apariencia atrayente y atractiva que sin duda favorece al propio Tolkien y su comportamiento inteligente, el actor parece compatible con este personaje tan particular. Hoult interpreta a Tolkien como una figura de gran espíritu e idealismo con un genio obvio para el lenguaje.


Del mismo modo que Collins, quien también logra transportar ese sufrimiento y orgullo al hacer que Edith parezca una combinación perfecta para la futura luminaria inteligente. A pesar de la visión tan masculina que tuvo esta película y que quizás la vida interior de Edith sigue siendo un misterio (como quizás podría haber sido para Tolkien), la seriedad e idealismo de este y los demás personajes son refrescantes, mostrados desde un punto de vista artístico, dando la impresión de que los protagonsitas parecían vivir entre versos de un poema, que saltaba entre sus emociones y lo que los impulsaba a seguir adelante sin importar las tragedias.

El director finlandés Dome Karukoski junto con el equipo de producción de diseño recrea la Inglaterra de principios del siglo XX de una manera extraordinariamente lujosa. Ya sean los molinos satánicos y las fábricas de Birmingham industrial, los terrenos de la escuela pública de Tolkien, las agujas de Oxford o incluso los salones de té donde a él y sus amigos les gustaba reunirse, todo se representa con detalles amorosos y fetichistas. Y todo esto llega a una altura increíble gracias a la fotografía de Lasse Frank, quien se encarga de marcar cada escena como si fuese una pintura a enganchar en una pared, sin importar cuan triste o trágico que fuese el momento, pero a la vez se complementa con la narrativa para mostrar las visiones que tenía Tolkien en medio de la guerra, que ya hayan sido causadas o no por la fiebre que lo consumía, fueron imágenes importantes para un futuro narrativo prometedor.

Tolkien es una mirada meticulosa y perspicaz a la tumultuosa juventud del autor de El Hobbit y The Señor de los Anillos. Mientras encaja perfectamente dentro de las convenciones de los respetables dramas biográficos del período británico, la bella película destaca los enormes ensayos que soportó: perder a ambos padres muy jóvenes, una historia de amor bloqueada, el trauma de la guerra de trincheras de la Primera Guerra Mundial, la muerte de sus mejores amigos, y su brillantez como erudito y creador incipiente.