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jueves, 18 de diciembre de 2025

Crítica Cinéfila: It, Welcome to Derry

Precuela de las películas de 'IT' basadas en las novelas de Stephen King. Comienza en la década de 1960, en la época previa a los acontecimientos de la película de 2017, y cuenta los orígenes del payaso Pennywise. 



Basada en la icónica novela de Stephen King de 1986 y precuela de las películas "It" de 2017 y 2019, "It: Welcome to Derry" de HBO, creada por Andy Muschietti, Barbara Muschietti y Jason Fuchs, es un intrincado horror psicológico que combina historia, lo sobrenatural, relaciones raciales y miedo intenso. La serie es una historia magistralmente tejida y aterradora sobre los orígenes del monstruoso Pennywise el Payaso (interpretado por Bill Skarsgård, como en las películas). La serie estará ambientada en el pasado, pero sus temas nunca han resonado con tanta fuerza como en el ahora.

“It: Welcome to Derry” comienza un nevado día de enero de 1962 en Derry, Maine. Tras ser expulsado del cine por entrar sin pagar y negarse a regresar a su hogar abusivo, un niño de 12 años (Miles Ekhardt) chupa con furia su chupete de apoyo emocional mientras intenta hacer autostop para salir de la ciudad. Al poco tiempo, una pareja discreta se detiene a recogerlo. Casi de inmediato, el niño se da cuenta de que algo terriblemente siniestro ocurre. Sin embargo, aterrado, no tiene otra opción que tratar de escapar del vehículo. 

Cuatro meses después, el mayor de la Fuerza Aérea de los EE. UU. Leroy Hanlon (Jovan Adepo) aterriza en Derry, donde está previsto que sea destinado para su última asignación. Está esperando con entusiasmo la llegada de su esposa, Charlotte (Taylour Paige), y su hijo de 12 años, Will (Blake James), para que puedan mudarse a su nuevo hogar en la ciudad. Por ahora, el aviador descansará en el cuartel. Desafortunadamente, algunos de sus camaradas no lo reciben con calidez. El racismo ciertamente no es una experiencia extraña para Leroy, pero lo que sí le llama la atención son las rarezas de esta base de la Fuerza Aérea en particular. Leroy y su amigo Pauly Russo (Rudy Mancuso) notan de inmediato las numerosas áreas restringidas, que parecen interferir con tierras sagradas indígenas. Además, un compañero aviador negro, Dick Hallorann (Chris Chalk), tiene privilegios inexplicables y un acceso sin igual al general de alto rango Shaw (James Remar). 

En otra parte del instituto Derry, Lilly (Clara Stack) ha regresado de una estancia en el manicomio de Juniper Hill. Está casi tan marginada como su compañera negra Ronnie (Amanda Christine), cuyo padre, Hank (Stephen Rider), el proyeccionista del cine, está siendo culpado de la desaparición del niño de hace cuatro meses. Desesperada por un resquicio de normalidad y por volver a la vida que conocía antes de Juniper Hill, Lilly se une a Ronnie, decidida a limpiar el nombre de su padre, así como a sus compañeros de clase, Phil (Jack Molloy) y Teddy (Mikkal Karim-Fidler), en un intento por averiguar qué ocurrió realmente aquella nevada noche de enero. El grupo, que más tarde incluye a Will y Rich (Arian S. Cartaya), se embarca en un viaje de terror y horrores sobrenaturales. 

Es innegable la excepcionalidad del elenco juvenil. La base de "It", desde la novela hasta las películas, y ahora con esta serie, examina cómo el mal se infiltra, se transforma y cambia la vida de los niños para siempre. La profundidad emocional del elenco y sus representaciones del miedo y el pánico realmente elevan "It: Welcome to Derry". Lilly, interpretada por Stack, destaca especialmente como una joven aún aterrorizada por la traumática pérdida de su padre, pero desesperada por salvar a sus amigos de experimentar una angustia similar. 

En medio de la paranoia de la Guerra Fría, la temporada de ocho episodios tiene muchos elementos inquietantes, incluyendo sus paralelismos con la actualidad. Los residentes negros e indígenas de Derry apenas son tolerados, pero los horrores del sur de Jim Crow, donde la Guardia Nacional está reprimiendo a los manifestantes, se reproducen en las pantallas de televisión de fondo. Además, el programa toma el tropo del Negro Mágico, doblándolo y girándolo sobre sí mismo para demostrar que las personas negras no están obligadas a arreglar los sistemas rotos que no crearon. La serie también ilustra la estrechez de miras de los adultos, incapaces de comprender y reconciliar la difícil situación de los niños hasta que se ven obligados a enfrentar las cosas que anteriormente se han negado a ver.  

Aunque el tema de la inocencia infantil sigue siendo central en "It: Welcome to Derry", la serie se expande aún más para abordar los problemas que acechan constantemente la esencia de la experiencia estadounidense. El abuso, el racismo, el trauma psicológico, la violación de las tierras indígenas y la militarización son elementos importantes. En definitiva, "It: Welcome to Derry" es una valiosa serie precuela que no solo detalla el surgimiento de Pennywise, sino que también analiza la sociedad para mostrar lo verdaderamente aterradores que podemos ser como seres humanos.


sábado, 7 de diciembre de 2024

Crítica Cinéfila: Nosferatu

Nueva versión de la icónica película muda de F.W. Murnau, producida en 1922, que a su vez se basaba en la novela 'Drácula', de Bram Stoker.



Con el homenaje reverencial al primer clásico de terror que es “Nosferatu”, Robert Eggers ha creado más que un simple remake, pero de alguna manera no ha logrado ofrecer una experiencia cinematográfica completamente satisfactoria. Por muy impactante que sea visualmente, con composiciones que rivalizan con las grandes pinturas góticas, la sombría versión del obsesivo director es fiel a la película muda de 1922 y más accesible que “The Lighthouse” y “The Witch”, aunque extrañamente vacía de vida.

Al recrear lo que había antes, Eggers tiene presente el estilo distintivo de Murnau, pero es demasiado talentoso como para imitarlo. En cambio, el director, meticulosamente orientado a los detalles, ofrece su versión del clásico, tratando casi cada recuadro como una obra de arte en sí mismo, mientras embellece aún más los aspectos románticos de la historia, lo que podría haber tenido éxito, de no ser por el elenco. “Nosferatu” construye un final trágico, pero se ve lastrado por diálogos pretenciosos, ritmo somnoliento y actuaciones débiles, especialmente la de Lily-Rose Depp como la damisela condenada.

Por mucho que la admiremos ahora, el “Nosferatu” original era mucho más una imitación que el homenaje de Eggers, y no hizo mucho (o más bien, no lo suficiente) para disimular la deuda que tenía con el “Drácula” de Bram Stoker, tanto que la viuda de Stoker presentó una demanda por violación de derechos de autor y ganó. El veredicto exigía que se destruyeran todas las copias de la obra maestra de Murnau. Pero los no muertos no mueren tan fácilmente. Sobrevivieron al menos tres copias completas, y también lo hizo la icónica actuación de Max Schreck, el demacrado actor alemán de casi dos metros de altura cuya imponente silueta como el Conde Orlok se encuentra entre los monstruos más imponentes del género.

La cabeza calva de Orlok, las orejas de Spock, los dientes afilados como los de una rata y las garras huesudas son reconocibles al instante para prácticamente todo el mundo, haya visto o no la película muda. De forma bastante inesperada, el villano de la versión de Eggers tiene poco parecido con el fantasma prototípico, una extraña forma de distinguirse de este "Nosferatu", ya que propone una interpretación más peluda (y aparentemente desdentada) del personaje para una nueva generación. Mientras que Willem Dafoe interpretó a Schreck en “La sombra del vampiro”, Eggers eligió a Bill Skarsgård, tan aterrador como el payaso demoníaco en “It”. El director luego procede a enterrar a su estrella debajo de todo tipo de prótesis (en su mayoría piel en descomposición y bigotes descuidados) hasta que termina pareciendo un ángel del infierno sin hogar.

El Orlok reimaginado por Eggers aparece brevemente en el prólogo, lo que hizo que la multitud que me rodeaba saltara antes de reírse colectivamente por su reacción, como si reconocieran que esos sustos eran lo que esperaban. Pero, ¿qué es lo que realmente quiere el público de una película de “Nosferatu”? El guión de Eggers sigue la trama anterior, en la que el joven e ingenuo empleado Thomas Hutter (Nicholas Hoult) es enviado a obtener la firma del solitario Orlok en la escritura de una mansión en ruinas en la ciudad. Todo eso es una receta para el aburrimiento, en comparación con la forma abiertamente siniestra en que Orlok se comporta con su invitado y, más tarde, con cualquiera que se interponga en el camino de su reencuentro con la esposa de Thomas, Ellen (Depp).

Francamente, si no fuera por el rápido corte y el sonido que lo acompaña, la revelación temprana de Orlok no sería nada aterradora. Cara delgada, nariz larga, vello facial rebelde: es un aspecto que todos conocemos de la pandemia, cuando al menos uno de nuestros amigos decidió dejarse crecer la barba hasta extremos vikingos.

Eggers evoca a Vermeer y a otros maestros con su puesta en escena perfectamente organizada, y hace gala de una fuerte visión, pero tiene dificultades como narrador, lo que resulta sorprendente, teniendo en cuenta los méritos del material original. “Nosferatu” parece ahora más en deuda con “Drácula” que nunca. Al igual que Harker, el abogado (y primer narrador) de la novela de Stoker, Hutter viaja hasta Transilvania para encontrarse con su cliente. Una vez que llega al castillo de Orlok, su espeluznante anfitrión centenario mira con sed un corte en el dedo de Hutter y lo obliga a firmar un pergamino de aspecto fáustico.

A la mañana siguiente, Hutter despierta con marcas de mordeduras muy próximas entre sí en su pecho desnudo y con la intuición de que su esposa está en peligro. Lo percibimos incluso antes de que partiera en su misión, ya que Ellen claramente tiene algo de historia con Orlok, aunque insinuarlo al principio no ayuda a explicar la conexión entre ella y el vampiro. Mientras tanto, el vínculo entre marido y mujer apenas es transmitido por Hoult y Depp, cuyo estilo de actuación melodramático se filtra a través del diálogo innecesariamente ornamentado de Eggers.

En “The Lighthouse”, el guionista y director se complacía en atiborrar las bocas de sus personajes con expresiones barrocas que pretendían sonar como el lenguaje náutico de antaño. Aquí, las conversaciones son más fáciles de descifrar, a pesar de los esfuerzos similares por embellecer su vocabulario, lo que resulta tan poco convincente como la expresión de ojos abiertos de Depp, o la actuación afectada que se exige a Aaron Taylor-Johnson y Emma Corrin en papeles secundarios estilizados.

El vestuario, los decorados y los efectos extraordinariamente elegantes, todos ellos capturados con gran maestría por la cinematografía casi incolora de Jarin Blaschke, se combinan para hacer de “Nosferatu” una experiencia visual suntuosamente inmersiva. Aun así, la pesadilla que es el centro de la película nunca funciona del todo, ya que Eggers se apoya en pistas musicales amplificadas y una edición poco convencional para desconcertar, e incluso entonces, la metáfora subyacente no está clara. Aunque “Nosferatu” reconoce las ansiedades clásicas de la depredación sexual tan centrales en la tradición vampírica (al ver a Orlok inclinado sobre Thomas y luego Ellen, uno difícilmente puede negar el simbolismo carnal de su apetito), las imágenes de adoración a Satanás y ratas portadoras de plagas diluyen el impacto.

En este caso, el vampiro ha perdido los colmillos y ahora depende de unas largas garras que proyectan sombras siniestras sobre la tierra. Orlok aparece noche tras noche hasta que se sale con la suya y da la impresión de ser un ex novio sarnoso decidido a robarle la virtud a Ellen, no una figura sobrenatural todopoderosa a la que temer. Para Eggers, fue un error poner tanta atención en la estética y luego abandonar las cualidades que alguna vez hicieron de Orlok un personaje tan icónico.


martes, 28 de marzo de 2023

Crítica Cinéfila: John Wick - Chapter 4

John Wick, legendario asesino retirado, vuelve de nuevo a la acción impulsado por una incontrolable búsqueda de venganza. Al tener que luchar contra asesinos sedientos de sangre que le persiguen, John tendrá que llevar sus habilidades al límite si quiere salir esta vez con vida.



La franquicia "John Wick" ha evolucionado de una historia a pequeña escala de venganza (por la muerte de su perro) y resentimiento por la perdida de una esposa, a una epopeya trotamundos que abarca continentes, docenas de personajes y una intrincada mitología. En su cuarto capítulo, el director Chad Stahelski y la estrella Keanu Reeves devuelven esta franquicia a sus raíces mientras expanden el mundo y la historia a lugares más grandes y audaces. El resultado no solo es la mejor película de la franquicia, sino también la más exitosa de acción estadounidense desde "Mad Max: Fury Road" de George Miller.

Después de ir a la guerra esencialmente contra el mundo entero, y causar la muerte de cientos de personas, el "Capítulo 4" finalmente comienza a reflexionar sobre la cuestión de hasta dónde está dispuesto John Wick a vengarse, a cuántas personas cercanas a él está dispuesto a poner en peligro y si todo valió la pena. En este punto, ya no se trata del asesinato de su esposa y su perro, se trata de quemar un sistema que Wick  siempre resintía por abandonarlo.

El problema es que ahora, los amigos y conocidos de John Wick están pagando el precio de su pequeña insurrección. Esto comienza con el cierre y luego la destrucción del Hotel Continental por la enigmática Mesa Alta, que ahora ha recurrido a la contratación de The Marquis. Este es Bill Skarsgård haciendo su mejor Joker francés, interpretando al Marqués como un villano despiadado, a menudo hilarante, siempre caótico e inteligente.

Como con todas las películas de la serie, "John Wick: Capítulo 4" se suma a su mitología ridículamente compleja, introduciendo nuevas reglas al mando de la Mesa Alta, nuevas secciones del mundo secreto de asesinos de la franquicia y nuevos personajes únicos. Está el Sr. Nobody de Shamier Anderson, un rastreador que sabe exactamente dónde estará John Wick a continuación, pero espera pacientemente hasta que su recompensa sea lo suficientemente grande como para que valga la pena para él, y que siempre está acompañado por un pastor alemán fiel (y ladrón de escenas). Si bien la película tiene un mayor alcance, también se las arregla para mantenerse bastante fundamentada en la idea de las relaciones, centrándose en John Wick y sus aliados y amigos, como Winston, que asume un papel más importante esta vez, o el antiguo amigo de Wick, Caine.

Caine es el mejor personaje de la película, con Donnie Yen llevando su estrellato de las artes marciales al universo de "John Wick" con un asesino ciego intimidante pero carismático con una historia de fondo similar a la de Wick, que se ve obligado a cazarlo a petición de la Mesa Alta. Incluso cuando no está peleando, Yen roba todas las escenas en las que se encuentran, incluso simplemente bebiendo fideos mientras sus secuaces mueren a su alrededor, o cuando usa timbres controlados por Wifi para rastrear a sus enemigos.

El creador Derek Kolstad renuncia como guionista de la película, dejando los deberes del guion por completo al coguionista de la secuela anterior en la franquicia, Shay Hatten, así como a Michael Finch. A pesar del largo tiempo de ejecución, "John Wick: Capítulo 4" tiene un ritmo impecable. Nunca se arrastra, pero se siente muy enfocado, y se las arregla para desarrollar incluso el nuevo elenco de apoyo, como el asesino Akira de Rina Sawayama, o Scott Adkins pasando el mejor momento de su vida como asesino alemán cubierto de prótesis pesadas. También ayuda que este capítulo de la historia sea una acción casi sin parar, teniendo cada uno de los tres actos de la película girando en torno a un set tras otro, cada uno con sus propios enemigos, armas y decorados.

De hecho, la mejor manera de describir "John Wick: Capítulo 4" es que a menudo se siente como ver "Mad Max: Fury Road" y maravillarse de cómo lograron esa película sin matar a la mitad del equipo. Cada set aprovecha las diferentes ubicaciones y equipos para ofrecer escenas de lucha totalmente únicas, y como en todas las películas de la franquicia, sigue siendo un placer ver a John Wick de Keanu Reeves constantemente sin aliento, derribado y luego golpeado antes de que vuelva a levantarse. El último arco, en particular, debería colocarse en el Louvre, con una pelea en medio de un Arco del Triunfo transitado.

Y, sin embargo, por genial que sea ver a un vulnerable John Wick, todavía necesita algunos artilugios. Está su traje mágico superpoderoso que parece desviar completamente las balas, lo que convierte a los personajes en superhéroes tan vulnerables como un personaje de dibujos animados. Nunca deja de ser un poco demasiado ridículo ver a estos asesinos cubrirse la cara con sus trajes y simplemente no sufrir ningún daño, al igual que John Wick ahora es aparentemente inmune al dolor por ser atropellado por un coche, pero es fácil dejar que esto se deslice cuando las escenas de acción son tan buenas. El director de fotografía que regresa, Dan Laustsen, continúa realmente entendiendo y utilizando azules y rojos de neón, pero también nos da una pelea increíble hecha como una sola línea con una toma aérea que hace que la escena se parezca al videojuego "Hotline Miami".

Tenemos cuatro películas, y estamos a punto de tener spin-offs. Esta es una película que no mira hacia una secuela de robo de dinero, sino hacia el pasado y cómo llegamos aquí. Ya sea que salga vivo o muerto, John Wick tiene que empezar a pensar a dónde conduce esta búsqueda, a dónde conduce el camino construido sobre todos los cadáveres que ha estado acostado frente a él. La respuesta es sorprendentemente meditativa y conmovedora, una que hace que esta sea la película más resonante emocionalmente de la franquicia.

La saga "John Wick" ha cambiado y evolucionado a lo largo de los años. Para esta película, no se puede negar cómo ha convertido a Chad Stahelski en uno de nuestros mejores cineastas de acción, y cómo la franquicia le dio a Keanu otro papel que redefine su carrera. Ha sido un viaje salvaje, y una de las mejores y más consistentes series de películas de la historia. Sin embargo, no importa a dónde lleven las carreteras, "esté pensando que John Wick ha vuelto".


miércoles, 21 de septiembre de 2022

Crítica Cinéfila: Barbarian

Una joven que viaja a Detroit para una entrevista de trabajo alquila una casa para pernoctar. Pero cuando llega a altas horas de la noche, descubre que la casa está doblemente reservada y que un hombre extraño ya se está quedando allí. En contra de su buen juicio, decide pasar la noche allí, pero pronto descubre que hay mucho más que temer que un invitado inesperado.



Imagínese aparecer en un alquiler de Airbnb, solo para descubrir que otro huésped ya está allí. ¿Qué haría? ¿Regístrese de todos modos y espere lo mejor? ¿O tomar la confusión como una señal y largarse? En “Barbarian”, Tess (Georgina Campbell) toma la decisión equivocada. Ya es tarde y decide quedarse, a pesar de que el extraño que comparte la casa es interpretado por Bill Skarsgård (el actor que encarnó a Pennywise en el reciente remake de “It”). Para el público, este casting es una pista de que Tess tendrá una estadía aterradora. Pero igualmente sería un error pensar que la descubierto solo por el cast.

Para Tess, hay muchas otras señales de alerta en la forma en que se comporta su inesperado compañero de cuarto. ¿Debería realmente creer que reservaron dos veces el mismo lugar en un barrio abandonado de Detroit? ¿O hay otra razón por la que está allí? ¿Y si es una especie de violador o asesino serial? ¿Es la cerradura endeble de su dormitorio suficiente para protegerla en caso de que él se vuelva violento? Tess tiene ciertos instintos de supervivencia (es lo suficientemente inteligente como para rechazar un trago de una persona que supuestamente se llama "Keith"), y también tiene empatía, que se convertirá en una especie de característica definitoria más adelante, cuando las cosas se salgan de control y solo quieras que se vaya de la ciudad lo más rápido posible.

El guionista y director Zach Cregger asume que la audiencia ha visto "Psicosis" o, si no, que el trauma psíquico de esa película se ha filtrado en la cultura cinéfila lo suficiente como para que toda mujer del siglo XXI viaje lo suficientemente alerta para dudar de cualquier extraño dulce y aparentemente inofensivo que se encuentre en el camino. Al igual que ese clásico de Alfred Hitchcock, "Bárbaro" también se reinicia abruptamente después de un primer acto largo y engañoso. Ambientada en el casi abandonado distrito de Brightmoor de Detroit, esta introducción es deliciosamente incómoda y juega con los temores de que las mujeres no están seguras entre hombres desconocidos, pero no indica en absoluto hacia dónde se dirige la película. 

Sí, hay un monstruo al acecho en esta casa, pero no es este hombre y ningún hombre puede ayudar a Tess a derrotarlo. la sensación de pavor que crea el cineasta es en base al material del que están hechas las mejores películas de terror. Para el público femenino, esto corresponde a un miedo del mundo real de cómo no convertirse en una víctima más de #MeToo, y luego sorprende con un tipo de terror muy diferente.

Esa primera noche, Tess nota una puerta al final del pasillo que parece abrirse sola. Al día siguiente, en contra de su buen juicio, la abre para descubrir un siniestro sótano que no ha sido avisada por sus anfitriones. Abajo, hay pasillos, túneles y pasadizos secretos que probablemente es mejor dejar sin explorar, aunque eso no le impide investigar. A la vuelta de una esquina oscura, Tess descubre una especie de sala de detención, abandonada a excepción de un catre sucio, una cámara vieja y una huella de mano mugrienta en la pared. ¿Qué tipo de forraje de pesadilla sucedió aquí? Si sale con vida, ¿debería mencionar la cámara de tortura en su reseña de invitado?

Justo cuando el público comienza a sentirse apegado a Tess y Keith, Cregger corta abruptamente al propietario de la casa, AJ (Justin Long), un actor de Hollywood conduciendo por la costa de California. Mientras habla por teléfono con sus representantes, de repente se encuentra con lo que los hombres del siglo XXI parecen temer más: las acusaciones de conducta sexual inapropiada. Todo iba muy bien en su carrera, y ahora, más rápido de lo que se puede imaginar, todos sus proyectos están en espera. Incluso su gerente está cortando lazos. Cregger fue inteligente al reclutar a Long para ese papel, ya que el actor es muy simpático, pero también es el aparentemente muy simpático hombre blanco.

Por un tiempo, Cregger abandona la historia de Tess para concentrarse en la llegada de AJ. El cambio de tono de alguien que nos importa a esta herramienta es alarmante. Aquí, en lugar de preocuparse por lo que sucederá con el personaje, es posible que el público se encuentre deseando que suceda algo terrible. Cregger establece todo tipo de sentimientos complicados a medida que la creciente idiotez de AJ toma el lugar del acto de apertura más inteligente y sutil. Tenga la seguridad de que tiene toda la intención de pagar esas frustraciones, uniendo las dos historias a través de una tercera: un flashback al estilo de Brian De Palma ambientado décadas antes, en el que un depredador se aprovecha de las mujeres locales.

El instinto de Cregger para el suspenso es tan efectivo que es difícil creer que antes de “Barbarian”, el director trabajó principalmente en la comedia pero ya nos hemos topado con directores que han tenido la misma trayectoria. Lo que sí resulta atractivo es cómo este comediante desarrolla el tema del acoso y abuso desde tantos puntos de vista, y lo aterriza en un género de terror gore donde los personajes intercambian su rol, y algunos pasan de ser víctimas a depredadores. Las líneas de tiempo son fáciles de rastrear pues van creando la base para entender los motivos y las acciones de quienes se siguen en pantalla. 

Los cinco puntos del review van sobre todo para el Departamento de Arte quienes, bajo el mando de Peter Krumov, quienes no solo crearon un laberinto subterraneo dentro de la misma casa sino que crearon toda una atmósfera terrorífica en el distrito abandonado de Brightmoor, acompañado de la cinematografía de Zach Kuperstein. La película fue realizada en Bulgaria, Michigan y Malibú, haciendo que se convierte en un ejercicio malcomunado entre logística y creatividad para que todos los escenarios se sientan dentro de un mismo universo cinematográfico.

Por otra parte, un sentido del humor deliciosamente retorcido corre debajo de la superficie. De hecho, la imagen de alguien (o algo) corriendo bajo la superficie es una de las emociones más escandalosas de la película. El público puede estar esperando algo sobrenatural, pero aquí también, "Psicosis" parece ser el punto de referencia, ya que "Barbarian" genera conmoción sobre conmoción, brindando a los espectadores otra madre que no olvidarán pronto.


jueves, 26 de mayo de 2022

Crítica Cinéfila: Clark

Clark Olofsson es un traficante de drogas y ladrón de bancos declarado culpable que reflexiona sobre sus pasadas correrías criminales.



El que ha escuchado del Síndrome de Estocolmo, no imaginará nunca su origen. Tampoco se imaginarán que su origen se debe a uno de los criminales más famosos de Suecia, quien pasó más de la mitad de su vida en la cárcel y aún así siguió hasta que no tenía más energía de hacerlo. Es cierto que no hacen falta series biográficas sobre criminales famosos. Recientemente este año estrenó Inventing Anna, que abrió un mundo de historias sensacionales. Sin embargo, la serie limitada de Netflix Clark apenas ha sido susurrada (no ha recibido la promoción que otras series de menor consideración reciben). Esta serie de tan solo seis episodios es una riqueza cinematográfica y narrativa de alta calidad que no debe ignorarse en absoluto.

En respuesta a la primera referencia de esta crítica, el término "Síndrome de Estocolmo" se acuñó a cómo un atracador logró crear un vínculo afectivo con sus rehénes en un famoso banco, haciendo que estos hasta lo defendieran, un famoso atraco ocurrido en agosto de 1973 y protagonizado por Clark Olofsson, también conocido como el "gángster famoso"; sus víctimas sentían empatía y apego por este hombre, y en la serie se explica muy bien el por qué. La serie en sueco detalla su vida, articulando sus muchas caídas y ascensos, y un punto de vista que también muestra como Clark veía el mundo que lo rodeaba.

No cabe duda que este es un intento serio y exitoso de dar vida al criminal. Si en la vida real era un personaje muy interesante a analizar, en una serie se convierte en un centro de atención dotado y cargado. En cada episodio, se analiza una etapa en la vida de Clark: su familia disfuncional (en gran parte culpable de sus decisiones criminales), el amor hacia su madre y cómo esto influye en su actitud hacia las mujeres, el tacto de cómo manejaba sus crímenes y cómo siempre se salía "con la suya", las relaciones que tuvo y lo que cada una le dejó (él era un hombre enamoradizo, que se acostaba con todo el que le animaba), y las amistades relacionadas a sus delitos, los que eran delincuentes como él y los que fueron motivados a la delincuencia por él.

El primer crimen que cometió Clark Olofsson podría ser descrito como inofensivo. Después de crecer en una familia marcada por el abandono de su padre y las enfermedades mentales de su madre, Clark y sus dos hermanas menores fueron llevadas a un hogar adoptivo. Agobiado por la situación, el joven sueco falsificó la firma de su madre y se liberó de la custodia para inscribirse en una escuela de marineros.

Con tan solo 14 años, Olofsson había engañado al sistema de justicia de su país y se había salido con la suya. Clark Olofsson tenía solo 19 años cuando participó en un robo en el que su amigo mató a tiros a un policía. Robo de bancos, intento de asesinato, toma de rehenes y tráfico de drogas son solo algunos de los delitos en los que se ha visto envuelto Clark Olofsson. Eso fue la constante en su vida, incluyendo el secuestro que inspiró una de las reacciones psicológicas más extrañas: el Síndrome de Estocolmo. Ha pasado gran parte de su vida en prisión, de la que también ha escapado en varias ocasiones (en la serie enfatizan que se escapó 17 veces de prisión). Ha sido la persona más buscada y perseguida de Suecia y la policía lo ha descrito como el criminal más peligroso del país. Ya desde un punto de vista, es un personaje que amerita más que una serie limitada por la complejidad y trasfondo de su historia, lo cual sería de mucho uso narrativo para una serie de streaming.

Aún así, los seis episodios que sí nos dieron están ricos en producción, cultura y tono, trayendo una historia que quiere llegar a la raíz del criminal. Es transparente desde el primer episodio, donde recopila la personalidad del gángster y convencerá a la audiencia de su aura, incluso hará que algunos se pongan de su lado y simpaticen con sus decisiones. Bill Skarsgård interpreta a Clark Olofsson, estafando a una figura tipo muchacho, listo para hacer del mundo un circo. Sus referencias a It están muy presentes, pero es también gran responsable que Clark sea tan complejo. Lo hace sentir real.

La riqueza de la historia es también evidente en la duración de los episodios, la mayoría de los cuales superan los 60 minutos. Clark no intenta atajos en su formato de serie limitada de 6 capítulos y da vida al hombre en su totalidad. La serie ofrece una vista de círculo completo, que muestra por qué era un interés público... sin embargo, es casi como si le faltara. El último episodio crea la sensación de la posibilidad de una segunda temporada, pues a pesar de la carga narrativa que sostiene la serie en su totalidad, el cierre es tan transparente que dejan ese sabor de querer más.

No se puede argumentar que Clark es una experiencia tranquila. Ciertamente no es una de esas series que te puedes ver en un solo día, pero vale la pena la inversión. Definitivamente es el modelo de series limitadas que Netflix debería seguir haciendo, porque saben cómo elegirlas y realizarlas.


domingo, 27 de septiembre de 2020

Crítica Cinéfila: The Devil all the Time

Desesperado por salvar a su mujer, Willard Russell convierte sus oraciones en un sacrificio. Las acciones de Russel llevan a su hijo Arvin a pasar de ser un niño que sufre abusos en el instituto a convertirse en un hombre que sabe cuándo y cómo ha de pasar a la acción. Los acontecimientos que se dan lugar en Knockemstiff (Ohio) desatan una tormenta de fe, violencia y redención que se desarrolla a lo largo de dos décadas.



No soy fanática de las narraciones dentro de una película, mucho menos cuando se trata de un thriller o una película western, pero en The Devil all the time, este es muy necesario, pues con todos esos saltos en el tiempo y las historias tan interconectadas en su humor negro de mediados del siglo XX, hubiese salido más confusa de lo que realmente es. Hay momentos en que las cosas se complican mucho, pero en el desorden del principio y las distintas tramas que introducen, un poco de narrativa y un buen desenlace desarrollado siempre ayuda a que todo salga bien.

Al principio, el rompecabezas parece innecesariamente difícil, pero una vez que todas las piezas están en su lugar y vemos el panorama general, nos quedamos con admiración por la capacidad del director y coguionista Antonio Campos para tejer una película memorablemente inquietante de la novela homónima de Donald Ray Pollock. 

Bill Skarsgard interpreta a Willard Russell, un veterano de la Segunda Guerra Mundial que una década más tarde todavía está obsesionado por la imagen de un cadete colgado en una cruz y abandonado a sufrir de una muerte lenta e insoportable. Skarsgard es inquietantemente bueno ya que Willard se enfrenta a sus demonios e intenta ser un buen esposo y padre, pero está librando una batalla perdida.

Mientras tanto, Carl Henderson (Jason Clarke) y su esposa Sandy (Riley Keough) viajan por carreteras secundarias del campo, recogiendo hombres que necesitan aventones e invitándolos a posar para fotos provocativas con Sandy. Carl toma fotografías gráficas de Sandy con estos hombres, convirtiéndolos en víctimas, y a los Henderson en asesinos en serie.

A medida que la historia avanza hacia mediados de la década de 1960, Tom Holland, en el modo James Dean y haciéndolo bastante bien, se convierte en la pieza central de la historia como Arvin Russell, el ahora adulto hijo de Willard. Tom es ferozmente protector de su hermanastra Lenora (Eliza Scanlen), su compañera huérfana que confía en el nuevo predicador hábil de la ciudad, Preston Teagardin (Robert Pattinson), quien conduce un Cadillac y es un depredador, otro predicador que tiene mucho que decir sobre la hipocresía religiosa. Arvin sigue tratando de caminar por el camino recto, pero se encuentra con personas muy malas a lo largo de su viaje, y los enfrentamientos violentos no se pueden evitar.

Con Alabama reemplazando a las zonas rurales de West Virginia y el sur de Ohio de la posguerra, el director Campos y la directora de fotografía Lol Crawley hacen un excelente trabajo al crear una atmósfera siniestra, como si la desesperación y la tragedia acecharan en cada esquina de las calles de los pueblos pequeños, en cada tramo de la carretera rural. A pesar de todas sus acusaciones de religión, esta película no es anti-fe; es una tragedia de advertencia sobre poner su fe en los hombres equivocados que se disfrazan de Dios cuando en realidad el diablo está dentro de ellos, todo el tiempo. 

Los escritores libran la guerra del Antiguo Testamento entre los puros de corazón muy abusados ​​y todos los demás. No habría mucho de eso sin su flujo constante de azotes retributivos en cada uno de ellos para sentirse bien con el final que les corresponde. Sin embargo, es agradable a la vista y vale la pena verlo para un elenco intrigante, que autentica el entorno tanto como sea posible. Holland es fantástico, asimilando cada nuevo detalle en la vida de Arvin sin revelar la magnitud del daño. En una película rebosante de excelente actuación, Sebastian Stan se destaca como Lee Bodecker, un sheriff corrupto con una historia del pasado relacionada a Arvin y a Sandy, entre otros. Bodecker es uno de esos villanos tan viles que estás alentándolo para que reciba su merecido, pero odiarás verlo irse.

La partitura musical de Danny Bensi y Saunder Jurriaans se basa en la lamentación lúgubre y contenida incluso cuando los cerebros golpean la ventana o las ráfagas de disparos bruscamente editadas nos dicen lo que podríamos adivinar por el título. El mundo es miserable y duro, la mayoría de las personas merecen lo que reciben. “The Devil All the Time” se hace eco de la desesperación y las vísceras de “No Country For Old Men” de Cormac McCarthy. El mal que hacen los hombres mantiene la sangre en el desierto, las calles mezquinas y los gritos fluyendo todo el tiempo.


sábado, 7 de septiembre de 2019

Crítica Cinéfila: It Chapter Two

Esta secuela nos sitúa 27 años después de los acontecimientos del primer filme, cuando los integrantes del llamado "club de los Perdedores" se ven obligados a cumplir con aquella promesa que hicieron al final de la misma.



Pennywise está de regreso. Y junto con él, trajo a los que soñó, ansió y extraño por 27 años. La maldición de Derry se rompe cuando ellos regresan y recuerdan todos aquellos traumas de su niñez, causados por un payaso que ahora viene con sed de venganza.

Año 2016. Han pasado casi 30 años desde que el Club de los Perdedores formado por Bill, Beverly, Richie, Ben, Eddie, Mike y Stanley se enfrentaran al macabro y despiadado Pennywise. En cuanto tuvieron oportunidad abandonaron el pueblo de Derry, en el estado de Maine, que tantos problemas les había ocasionado. Sin embargo, ahora de adultos parece que no pueden escapar de su pasado debido al pacto que se prometieron. En medio del festival de verano, ellos deberán enfrentarse de nuevo al temible payaso y descubrir si de verdad están preparados para superar sus traumas de la infancia, o agregar nuevas pesadillas a su lista.

Desde revisitar sentimientos viejos, hasta aclarar algunos momentos que nunca se contaron en la primera película, It vuelve como una película y media, para responder todas las preguntas que la versión anterior pudo haber dejado atrás. 169 minutos de largo parecería una exageración, pero cuando se trata de cerrar capítulos, mientras más largo, mejor se admira la trama. Aquí, la historia se ha inspirado en la estructura de aquella It de 1990, donde los flashbacks son un elemento importante para aclarar las situaciones que los llevaron a donde están en ese momento, pero también es un componente necesario para demostrar que las tortuosas escenas que vimos en el primer capítulo no fueron todos los enfrentamientos que Pennywise tuvo contra los niños durante el verano de 1988.


Sin embargo, el diseño de producción de los flashbacks deja interrogantes, como posters de películas que no concuerdan con el año en que realmente la película toma lugar, videojuegos, tipos de tecnologías y demás. Lo que parecía inspirarse de populares series como Stranger Things, no termina siendo completamente correcto con el año en que se supone se desarrolla. No obstante, los flashbacks no resultan del todo negativo, también se continúan explorando algunas temáticas sobre la juventud que en la primera historia se omitieron, como la homosexualidad, el miedo a los cambios, las inseguridades y los traumas físicos, esto siendo utilizado por el famoso payaso para tener bajo su control a los niños de Derry. Lamentablemente para él, esto pronto será utilizado en contra suya.

El cast se multiplica, presentando como lo mucho que el Club de los Perdedores ha cambiado, demostrando como algunos han arrastrado tras de sí mismos los mismos problemas que enfrentaban cuando eran niños, mientras que otros han logrado tratar de superarse a pesar de las adversidades de su pasado. Lo aún más interesante son las decisiones de personajes, aclarando que aquí todos son protagonistas de sus propias tramas y confrontando sus propios conflictos que han sido traídos desde la primera película y que aquí regresan para darle punto final. Los mejores desarrollados son Beverly y Eddy, quienes no solo continúan con los mismos traumas, sino también que logran superarlo a pesar de las consecuencias que esto trae al final.


Uno de los aspectos característicos del libro de Stephen King son las diferentes formas como Pennywise se presenta a sus atacantes: va desde sus peores pesadillas hasta criaturas fuera de este mundo. Pero algo que estuvo aún más presente en esta historia fue el uso de cuerpos ambulantes, personas que ya no son parte del universo de Derry pero que alguna vez sí lo fueron. Sin embargo, este parece ser el mayor atractivo, dejando a un lado el uso terrorífico de objetos inanimados como estatuas asesinas y escondites que se encogen (lo cual resulta aún más interesante) que unas docenas de zombies sin una razón específica más que revivir a los muertos de su pasado. Mientras más referencia hacia la primera película con un par de muertos deambulantes que eran personas de aquel entonces, más interrogantes deja la lógica del guión a nivel general, sobretodo por la doble trama que desarrolla.

Por supuesto, Pennywise es la atracción principal, y lo hace a su altura en cada uno de sus ataques. Aquí resulta aún más específico cómo se enfoca hacia los más débiles, aquellos que andan inocentes sin imaginarse que serán mutilados en cualquier momento. Cada niño/adolescente víctima de esta película estaba destinado a morir por razones lógicas. Es solo cuando el club de los Perdedores se une y dejan atrás estos miedos cuando realmente se puede apreciar la verdadera cara de Pennywise. Pero a propósito del famoso payaso, un increíble e no tan inesperado cameo fue el de Stephen King, el que al igual que al inolvidable Stan Lee, siempre lo convierte en un momento memorable de la película, independientemente si se relaciona al género.

Algunos dirán que no da miedo, otros dirán que los jumpscares están casi al mismo nivel que las risas, pero nadie podrá negarle la capacidad de hacernos retorcer en el asiento que It Chapter two logra en cada segundo de la película. La ciudad de Derry resulta la perfecta escenografía para este antagonista, sobretodo con todas las referencias a payasos que le rodean y sin dejar de mencionar el aclamado festival temático que esta vez tuvo como uno de los principales sets.

It Chapter two es entretenida, siniestra por momentos y nostálgica, dándonos motivaciones suficientes para leer el libro o recordar a aquellos con los que ya no compartimos. Sin importar la edad de los perdedores, Muschietti entiende y captura inherentemente lo que King hace en cada página no importan las cabezas cortadas con patas de araña, los gigantes demoníacos o el malvado Pennywise, lo que importa es el poder de la fe y la amistad.