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jueves, 31 de agosto de 2023

Crítica Cinéfila: Painkiller

Explora en profundidad la crisis de los opiáceos en EE.UU. a través de los ojos de los responsables, las víctimas y una investigadora que busca la verdad.



El episodio de estreno de la apasionante y elegante serie limitada de Netflix, “Painkiller”, comienza en forma de documental, con una mujer llamada Jen Trejo que nos dice: “Este programa está basado en hechos reales. Sin embargo, ciertos personajes, nombres, incidentes, lugares y diálogos se han ficcionalizado con fines dramáticos. Lo que no fue ficticio es que a mi hijo [Christopher] a la edad de 15 años le recetaron OxyContin. Vivió años y años de adicción... y a la edad de 32 años murió, completamente solo, en el frío glacial, en el estacionamiento de una gasolinera, y lo extrañamos”. Cada uno de los seis capítulos de la serie comienza con el trágico testimonio de alguien que perdió a un ser querido a causa de la adicción a los opioides, y nos conmueve hasta la médula. Luego nos sumergimos en una historia que es ficticia pero que tiene un tono de verdad esencial. 

Basado en el artículo del New Yorker de Patrick Radden Keefe “La familia que construyó un imperio del dolor” y “Pain Killer: An Empire of Deceit and the Origin of America's Opioid Epidemic” de Barry Meier, con los seis episodios dirigidos por Peter Berg (“Friday Night Lights”, “Deepwater Horizon”, “Patriots Day”), esta es una historia bien argumentada y interpretada por expertos que describe cómo la familia Sackler y Purdue Pharma crearon el medicamento recetado para aliviar el dolor OxyContin. Aparentemente de la nada, el analgésico recetado se extendió por todo el país como un incendio forestal, debido en gran parte a los esfuerzos de marketing y promoción, con vendedores participando en campañas a pie (o, a menudo, tacones altos) para lograr que los médicos prescriban Oxy como un método nuevo, mejorado y más beneficioso para aliviar el dolor.

Con un estilo rápido que nunca se vuelve demasiado llamativo a expensas de la narración y cambia de tono para reflejar una trama particular, “Painkiller” presenta cuatro historias principales que ocasionalmente se cruzan:

En una actuación poderosa y resonante, el ganador del premio Emmy Uzo Aduba (“Orange Is the New Black”) es Edie Flowers (un personaje compuesto), una investigadora tenazmente determinada y sensata de la oficina del fiscal federal que a finales de los años 1990 se entera de un nuevo medicamento para aliviar el dolor que ha surgido. Edie se convierte en nuestra guía y explica cómo la familia Sackler desarrolló OxyContin y logró obtener la aprobación revolucionaria del obstinado oficial médico de la FDA de la vida real, Curtis Wright (Noah Harpster), quien luego ingresó al sector privado para trabajar para Purdue Pharma. Tyler Ritter también realiza un trabajo estelar como el fiscal federal John Brownlee, quien está convencido de perseguir a Purdue Pharma.

El maravilloso Clark Gregg es el psiquiatra y patriarca de la familia Arthur Sackler, uno de los pioneros en el campo de la publicidad médica y la revolución farmacéutica. Arthur llama a Thorazine “una lobotomía en una botella” y dice que Valium es “la droga que nunca supiste que necesitabas”. Un casting inspirado tiene a uno de los actores más simpáticos de nuestro tiempo, Matthew Broderick, interpretando al sobrino de Arthur, Richard Sackler, quien dirigió el desarrollo de OxyContin. Como la mayoría de los villanos, Richard nunca se ve a sí mismo como tal. Él cree, o al menos se dice a sí mismo, que está ayudando a millones de estadounidenses a vivir mejor a través del manejo del dolor. ¿Esas preocupantes decenas de miles de muertes por adicción a opioides? Échele la culpa a los abusadores, no al proveedor.

En el lado de las ventas, Dina Shihabi es la bella y manipuladora Britt Hufford, una representante de ventas de Purdue Pharma con una devoción casi de culto por su trabajo que recluta a la ex atleta universitaria Shannon Schaeffer (West Duchovny) para que la acompañe en la carretera en su Porsche e ir de hospital en hospital, de consultorio médico en consultorio médico, de conferencia médica en conferencia médica, para coquetear con los médicos y entregarles muestras y cupones y hablarles sobre las cualidades milagrosas del OxyContin, que según Britt tiene una tasa de adicción de menos del 1%. Las primeras escenas, casi vertiginosas, en las que Britt y Shannon viven a lo grande son como un cruce entre “The Wolf of Wall Street y “Goodfellas”, con Shannon inicialmente apostando por el estilo de ventas hábil y agresivo, y cosechando los frutos en zapatos, autos, dinero en efectivo y fiestas.

Por último, pero menos importante, está una historia ambientada en Carolina del Norte, con Taylor Kitsch haciendo algunos de sus mejores trabajos como Glen Kryger, un mecánico, propietario de una pequeña empresa y un sólido hombre de familia que sufre una brutal lesión en la espalda en el trabajo y queda casi inmóvil por el dolor posquirúrgico, hasta que el amigable médico del vecindario le receta OxyContin, que produce resultados tan sorprendentes al principio que Glen aparece en una película promocional de Purdue Pharma. A medida que la adicción se apodera de Glen, vemos a su familia destrozada, pastilla tras pastilla. Carolina Bartczak también hace un buen trabajo como Lily, la esposa de Glen. Cuando Glen sufre una sobredosis y un médico expresa su preocupación por una posible adicción, Lily regurgita la línea "1%" y el médico responde: "Tengo una sala de emergencias llena con el 1%”. En una de las escenas más devastadoramente efectivas de la serie, alternamos entre representantes de Pharma Purdue que testifican ante el Congreso que su producto es seguro, que no es su culpa que los adictos y delincuentes estén abusando de él, y escenas en las que Glen recurre a comprar Oxy en la calle, aplastándolo y esnifándolo.

En episodios posteriores, “Painkiller” a veces se convierte en un mensaje duro, mientras vemos cómo las respectivas historias principales se desarrollan como una especie de juego moral. Aún así, este es un trabajo invaluable y, a veces, desgarradoramente efectivo. Es una nueva serie en la que cada episodio muestra la loca escalada de la codicia y el abuso en una simbiosis brutal. Es una serie de drama criminal basada en la historia muy real (y crímenes reales) de las grandes farmacéuticas. En concreto, aquellos que dominaron la escalada de la epidemia de opioides en EE.UU. 

Un elenco absolutamente estelar nos guía a través de eventos que comienzan como positivos e inocentes. Sin embargo, como todos sabemos ahora, ha resultado en muerte y dolor para muchas personas. Cada uno de los seis episodios llega a tu corazón de diferentes maneras antes de convertirse en una historia de terror de la vida real. 


jueves, 26 de mayo de 2022

Crítica Cinéfila: Clark

Clark Olofsson es un traficante de drogas y ladrón de bancos declarado culpable que reflexiona sobre sus pasadas correrías criminales.



El que ha escuchado del Síndrome de Estocolmo, no imaginará nunca su origen. Tampoco se imaginarán que su origen se debe a uno de los criminales más famosos de Suecia, quien pasó más de la mitad de su vida en la cárcel y aún así siguió hasta que no tenía más energía de hacerlo. Es cierto que no hacen falta series biográficas sobre criminales famosos. Recientemente este año estrenó Inventing Anna, que abrió un mundo de historias sensacionales. Sin embargo, la serie limitada de Netflix Clark apenas ha sido susurrada (no ha recibido la promoción que otras series de menor consideración reciben). Esta serie de tan solo seis episodios es una riqueza cinematográfica y narrativa de alta calidad que no debe ignorarse en absoluto.

En respuesta a la primera referencia de esta crítica, el término "Síndrome de Estocolmo" se acuñó a cómo un atracador logró crear un vínculo afectivo con sus rehénes en un famoso banco, haciendo que estos hasta lo defendieran, un famoso atraco ocurrido en agosto de 1973 y protagonizado por Clark Olofsson, también conocido como el "gángster famoso"; sus víctimas sentían empatía y apego por este hombre, y en la serie se explica muy bien el por qué. La serie en sueco detalla su vida, articulando sus muchas caídas y ascensos, y un punto de vista que también muestra como Clark veía el mundo que lo rodeaba.

No cabe duda que este es un intento serio y exitoso de dar vida al criminal. Si en la vida real era un personaje muy interesante a analizar, en una serie se convierte en un centro de atención dotado y cargado. En cada episodio, se analiza una etapa en la vida de Clark: su familia disfuncional (en gran parte culpable de sus decisiones criminales), el amor hacia su madre y cómo esto influye en su actitud hacia las mujeres, el tacto de cómo manejaba sus crímenes y cómo siempre se salía "con la suya", las relaciones que tuvo y lo que cada una le dejó (él era un hombre enamoradizo, que se acostaba con todo el que le animaba), y las amistades relacionadas a sus delitos, los que eran delincuentes como él y los que fueron motivados a la delincuencia por él.

El primer crimen que cometió Clark Olofsson podría ser descrito como inofensivo. Después de crecer en una familia marcada por el abandono de su padre y las enfermedades mentales de su madre, Clark y sus dos hermanas menores fueron llevadas a un hogar adoptivo. Agobiado por la situación, el joven sueco falsificó la firma de su madre y se liberó de la custodia para inscribirse en una escuela de marineros.

Con tan solo 14 años, Olofsson había engañado al sistema de justicia de su país y se había salido con la suya. Clark Olofsson tenía solo 19 años cuando participó en un robo en el que su amigo mató a tiros a un policía. Robo de bancos, intento de asesinato, toma de rehenes y tráfico de drogas son solo algunos de los delitos en los que se ha visto envuelto Clark Olofsson. Eso fue la constante en su vida, incluyendo el secuestro que inspiró una de las reacciones psicológicas más extrañas: el Síndrome de Estocolmo. Ha pasado gran parte de su vida en prisión, de la que también ha escapado en varias ocasiones (en la serie enfatizan que se escapó 17 veces de prisión). Ha sido la persona más buscada y perseguida de Suecia y la policía lo ha descrito como el criminal más peligroso del país. Ya desde un punto de vista, es un personaje que amerita más que una serie limitada por la complejidad y trasfondo de su historia, lo cual sería de mucho uso narrativo para una serie de streaming.

Aún así, los seis episodios que sí nos dieron están ricos en producción, cultura y tono, trayendo una historia que quiere llegar a la raíz del criminal. Es transparente desde el primer episodio, donde recopila la personalidad del gángster y convencerá a la audiencia de su aura, incluso hará que algunos se pongan de su lado y simpaticen con sus decisiones. Bill Skarsgård interpreta a Clark Olofsson, estafando a una figura tipo muchacho, listo para hacer del mundo un circo. Sus referencias a It están muy presentes, pero es también gran responsable que Clark sea tan complejo. Lo hace sentir real.

La riqueza de la historia es también evidente en la duración de los episodios, la mayoría de los cuales superan los 60 minutos. Clark no intenta atajos en su formato de serie limitada de 6 capítulos y da vida al hombre en su totalidad. La serie ofrece una vista de círculo completo, que muestra por qué era un interés público... sin embargo, es casi como si le faltara. El último episodio crea la sensación de la posibilidad de una segunda temporada, pues a pesar de la carga narrativa que sostiene la serie en su totalidad, el cierre es tan transparente que dejan ese sabor de querer más.

No se puede argumentar que Clark es una experiencia tranquila. Ciertamente no es una de esas series que te puedes ver en un solo día, pero vale la pena la inversión. Definitivamente es el modelo de series limitadas que Netflix debería seguir haciendo, porque saben cómo elegirlas y realizarlas.


domingo, 21 de noviembre de 2021

Crítica Cinéfila: Colin in Black and White

Serie que explora los años de instituto de Colin Kaepernick y las experiencias que le llevaron a ser un activista.



Co-creado por Ava DuVernay y el ex mariscal de campo de los 49ers Colin Kaepernick, quien silenciosamente se arrodilló durante el himno nacional de Estados Unidos en 2016 en protesta por la desigualdad racial y el asesinato indiscriminado de estadounidenses negros por la policía, "Colin in Black and White", la serie limitada de docudrama de Netflix, sigue su tema mientras mira hacia atrás en sus años de formación como un atleta adoptado birracial de la escuela secundaria y la universidad con los ojos puestos en convertirse en un mariscal de campo profesional. A través de una mezcla de técnicas cinematográficas, el dúo ha creado una versión única del género que hierve a fuego lento con pasión y reflexión.

El primer episodio comienza con Kaepernick dirigiéndose directamente a la pantalla: describe cómo los posibles jugadores de fútbol profesional desfilan frente a los entrenadores y propietarios de equipos en busca de "guerreros, asesinos y bestias". Esta secuencia da paso a una dramática recreación de una subasta de esclavos, marcando el tono y la tesis de su serie limitada. Mientras suena "ADN" de Kendrick Lamar, Kaepernick comparte que cuando era niño solo quería jugar al fútbol, ​​pero con el tiempo aprendería que había un sistema que alimentaba el talento negro en la máquina capitalista. A medida que se desarrolla la serie, lo vemos alcanzar la mayoría de edad no solo como futbolista, sino también en su propia conciencia social.

Kaepernick alterna entre narrar la serie y agregar comentarios de color a las escenas a medida que se desarrollan, con la versión más joven de él interpretada con cruda vulnerabilidad por Jaden Michael. Al mudarse de Wisconsin a Turlock, CA, ambos lugares conocidos por la producción lechera y la escasez de personas negras, los padres blancos adoptivos con pocos conocimientos sobre las diferencias raciales de Kaepernick (Mary-Louise Parker y Nick Offerman) a menudo luchan por comprender la especificidad de su identidad birracial. 

El primer episodio aborda el cabello de Kaepernick, un elemento ahora icónico de su personalidad, mientras lo trenza por primera vez. Al principio, encuentra la libertad a través de la experiencia y una conexión con una comunidad que lo había eludido durante mucho tiempo. Pero más tarde surge una nueva serie de obstáculos racistas, de sus propios padres que le dicen que las trenzas lo hacen parecer un bandido y de las reglas injustas establecidas para el equipo de baseball de la escuela secundaria que parece afectar solo su tipo específico de cabello.

A lo largo del programa, hay viñetas de historias paralelas que establecen piedras de toque culturales pertinentes a la vida de Kaepernick. Algunas tienen lugar como recreación dramática; otros utilizan la animación de medios mixtos para contar las historias de hombres como el pionero jugador de baloncesto Allen Iverson o Clive Campbell , también conocido como DJ Kool Herc , a quien se le atribuye el mérito de haber originado la música hip-hop en el Bronx. También tejen a la perfección secuencias de video de Karens blancos llamando a la policía sobre los estadounidenses negros por pánico racial, así como imágenes de desigualdad racial en casos judiciales como Kelley Williams-Bolar , quien pasó 9 días en la cárcel en 2011 por "saltarse los límites" de su hija. a un mejor distrito escolar.

El mejor episodio de los tres, dirigido por Robert Townsend ("Hollywood Shuffle"), comienza con imágenes contrastantes de las protestas de Black Lives Matter del verano pasado, llamadas "la forma incorrecta de protestar" por las autoridades, con imágenes de la redada del 6 de enero en el Capital y Trump se refieren a ellos como "gente muy agradable". Si bien el contraste entre la rabia blanca como libertad de expresión y la protesta negra como violencia no es una idea nueva, la forma en que Townsend yuxtapone las imágenes sirve como un claro recordatorio de que nuestra nación está construida sobre esta base inestable y no parece estar funcionando.

Pasando el verano conduciendo por las peores partes de la conservadora California: Palmdale en el Inland Empire, Oroville en el Valle de Sacramento y Red Bluff en el estado del norte, la comprensión de Kaepernick de las microagresiones que enfrenta como el único niño negro en su equipo aumenta a medida que avanza y sus padres permanecen ajenos. Habiendo crecido en este tipo de California rural conservadora, fue refrescante ver finalmente estas partes del llamado Golden State expuestas a lo que realmente es, donde la parte que está en silencio en otras partes del estado se dice en voz alta.

En el momento más poderoso de la serie hasta ahora, ambos padres deciden que el recién autorizado Colin debe conducir al próximo torneo, esta vez en Lancaster, cuando pasan por el mismo oficial de CHP en la misma minivan beige que su padre había saludado muchas veces antes, Colin es detenido. El oficial, cuyo rostro está oscurecido por su casco y grandes lentes reflectantes, es inmediatamente agresivo con Colin y protector con sus padres, y les pregunta si están bien. Explican que es su hijo adoptivo, difuminando la situación. Sin embargo, su obviedad sobre el peligro que corría su propio hijo en los espectáculos, ya que la madre bromea diciendo que él acaba de esquivar una bala, con su padre repicando que acaba de salir de su primer boleto. Se ríen, mientras Colin traumatizado se sienta congelado en el asiento del conductor, sin saber cómo sentirse o qué hacer a continuación.

DuVernay y Kaepernick han elaborado una serie limitada de docudrama híbrida que es tanto personal como universal, educativa y cruda. Llega al corazón de cómo lo general y lo específico, la familia y el país, los obstáculos y los logros trabajan juntos como el suelo en el que una persona  de color crece en sí misma. 


viernes, 21 de junio de 2019

Crítica Cinéfila: When They See Us

Cinco adolescentes de Harlem se ven atrapados en una pesadilla cuando se les acusa injustamente de un ataque brutal en Central Park. Basada en los hechos reales.



Ava DuVernay restaura los nombres del Jogger Case en una miniserie de Netflix marcada por poderosos momentos y la soberbia cinematografía de Bradford Young.

Antron McCray. Kevin Richardson. Yusef Salaam. Raymond Santana. Korey Wise. Esos son los cinco adolescentes de Harlem que fueron arrestados, condenados y encarcelados en la violación de una trotadora en 1989, solo para que esas condenas quedaran libres en 2002. Son más conocidas como the Central Park Five, pero ese es un error que la creadora Ava DuVernay excluye casi por completo de su miniserie de Netflix, When They See Us.

En cuatro episodios de más de una hora cada uno, When They See Us es un intento riguroso de hacer una crónica de un fallo legal épico y ayudar a restaurar el sentido de los hombres como individuos, en lugar de ser miembros de un colectivo acusado injustamente. DuVernay, directora y co-escritora de cada episodio, aborda su historia de una manera que evita los tropos narrativos típicos de triunfo sobre la adversidad. A veces le da prioridad a lo intelectual sobre lo emocional o deja intencionalmente grandes huecos en el tiempo y la perspectiva, pero sus elecciones nunca se sienten al azar. El material extrae una profunda indignación, y el conjunto de notas perfectas le da corazón.


El piloto introduce a los espectadores en la noche del 19 de abril de 1989, con un breve vistazo a las vidas de los jóvenes Korey (Jharrel Jerome), Antron (Caleel Harris), Yusef (Ethan Herisse), Raymond (Marquis Rodriguez) y Kevin (Asante Blackk) antes de unirse a un grupo que se dirigía a Central Park. DuVernay podría haberle brindado una amplia introducción a sus personajes y haber jugado por sentimientos, pero en lugar de eso, fue por la brusquedad de la juventud interrumpida. Las razones de los niños para ir al parque en primer lugar se vuelven borrosas, al igual que sus acciones reales allí esa noche como parte de una ola de juveniles, algunos para causar estragos y otros solo para una noche de primavera.

Es al día siguiente que observamos a las autoridades, principalmente encarnadas por Linda Fairstein (Felicity Huffman), aprendemos sobre una brutal violación y comenzamos su proceso de replanteamiento de la narrativa. Deconstruyendo la historia de Central Park Five, DuVernay nos muestra su construcción deshumanizadora. La palabra "wilding" que se ha caído inocentemente adquiere un significado nuevo y aterrador, y escuchamos a los policías que convierten a los niños de "testigos" en "depredadores" y de "niños" en "animales". DuVernay no se muestra indiferente en la representación del papel de Donald Trump, cuyo rollo es omnipresente en el fondo, fácilmente burlón si no reclamara la devolución de la pena de muerte.

La injusticia está en el corazón del resto de la serie, con DuVernay a menudo sacrificando la especificidad del caso para ilustrar algunas de las inequidades sistémicas exploradas en su documental nominado al Oscar, 13th. A medida que los cinco adolescentes crecen, cada vez más desgarradores a su manera, los jóvenes intérpretes son reemplazados por otro grupo de actores (Jovan Adepo, Chris Chalk, Freddy Miyares y Justin Cunningham), y el enfoque de la serie cambia a una crítica general del Complejo industrial carcelario y los retos de reincidencia y rehabilitación. 


Notará solo cuatro, en lugar de cinco, nombres para los actores adultos. Eso se debe a que Jerome, interpreta a Korey Wise en ambos períodos. Dieciséis en el momento de su condena y sujeto a un encarcelamiento particularmente angustioso, Wise domina la hora final de la serie, y Jerome ofrece un desempeño sobresaliente. 

La otra característica clave de la serie es la fotografía a cargo de Bradford Young. Hay matices de Gordon Parks en la forma en que la cámara de Young trata a las localidades de la ciudad de Nueva York como fuentes de nostalgia y reflexión por igual. Los programas de cable de prestigio son demasiado a menudo víctimas de una simplificación "oscura = seria", pero el trabajo de Young es una introducción a cómo trabajar con poca luz no es lo mismo que sacrificar la visibilidad. Ya sea que esté usando farolas amarillas en las primeras escenas de Central Park o que refleje la confusión moral en un juzgado amañado, a menudo Young trata la iluminación simbólicamente, como la verdad que trata de estallar en cada marco, sin olvidar como jugó con los primerísimos planos en los personajes para darle un duro golpe de enojo a la audiencia. El acto de ver, de reconocer, está integrado en el título de la serie.

Al igual que con las opciones estructurales de DuVernay, hay temas visuales en los que la cinematografía basada en ideas de Young se convierte en una pequeña distracción: no tiene que prestar mucha atención a las escenas de interrogación para ver el confinamiento literalmente acercándose a los niños, pero cada cuadro es digno de consideración.

Seguro que algunos sentirán que la mecánica tanto de las vías férreas como de la exoneración están un poco alteradas aquí, pero DuVernay no pretende perder de vista a estos jóvenes, las vidas ordinarias que se les quitaron, sus identidades y sus nombres.