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sábado, 23 de mayo de 2020

Crítica Cinéfila: Dead to Me

Recogiendo las consecuencias de la sangrienta revelación del patio trasero, la incontrolable pareja luchará de nuevo por mantener sus secretos enterrados. Con la llegada a la ciudad de un sorprendente visitante y el Detective Pérez pisándoles los talones, Jen y Judy tomarán medidas drásticas para proteger a sus seres queridos y la una a la otra. No importa a qué precio.



El año pasado, la actriz cómica Christina Applegate nos mostró su lado serio con la primera temporada de Dead to Me de Netflix, una comedia negra sobre una amistad amenazada por un terrible secreto. Era una trama emocionante con una persona divertida que exploraba facetas sombrías de sí misma mientras aún manejaba su ingenio lacerante habitual.

Ahora, Applegate está volviendo a ese pozo de malos sentimientos para la segunda temporada de Dead to Me (8 de mayo). Es un placer tenerla de vuelta. Pero las cosas se han desmoronado considerablemente desde que conocimos a la agente de bienes raíces del sur de California, aunque ya no estaban muy enloquecidas: el episodio piloto se abrió a raíz de la muerte del esposo de Jen, asesinado en un "hit and run" sin resolver. Dead to Me comenzó como un espectáculo sobre el envenenado pensamiento mágico de la pérdida, y luego rápidamente se convirtió en un pequeño thriller tenso, un género en el que la segunda temporada se apoya con más vigor. 

Dead to Me, de la escritora Liz Feldman, presenta una de las amistades más desafiadas rutinariamente en la televisión. La temporada pasada, supimos que Judy (Cardellini) fue responsable de la muerte del esposo de Jen. En el final, (spoiler aquí) Jen esencialmente respondió matando al cruel prometido de Judy, Steve (James Marsden), mientras estaba en un ataque de rabia. La segunda temporada del programa trata sobre el encubrimiento de ese crimen, poniendo un vínculo ya tenso y peculiar entre dos mujeres desesperadas con lo que uno tendría que imaginar que es la prueba definitiva.


Esto debería ser irritante, una frustración de "no hay forma posible de que sean amigas" con una presunción televisiva que es, bueno, eso: un dispositivo narrativo ante las fuerzas de la realidad. Applegate y Cardellini (y Feldman y sus escritores) continúan vendiendo su extraña unión. El espectáculo es bueno de una manera sombreada y delicada; la segunda temporada encuentra un balance excéntrico, un orden donde no debería haber ninguno. Según todos los relatos, Jen y Judy deberían ser enemigas mortales que se transportan al recinto. Pero al compartir una aventura mórbida, han forjado un sistema de apoyo, un tipo de destrucción amorosa asegurada mutuamente, que tal vez les ha faltado en sus experiencias con los hombres.

¿Dead to Me es una alegoría lésbica? Bueno, la alegoría implicaría la ausencia de rareza en el texto real del programa. Eso definitivamente no es cierto para la serie, especialmente en la segunda temporada. Sin embargo, no es exactamente entre Jen y Judy, aunque esa tensión siempre está ahí, generalmente en momentos de risa rápida, sino en un nuevo personaje cuya relación con el retorcimiento central de la historia es mejor dejar intacta. Como es el caso de otro enredo romántico que representa el espectáculo en su forma más tensa, aunque Applegate lo trata de controlar.

La diversión de la segunda temporada de Dead to Me está en esos giros demasiado fáciles de estropear. Cada episodio termina con un botón perturbador, exigiendo la observación inmediata del siguiente hasta que ya no nos quede más. La serie se mueve con prontitud, haciendo una pausa para un tirón emocional o dos en cada episodio antes de pasar a la siguiente locura. Pero no es difícil seguir moviéndose con Jen y Judy, porque mantienen el ritmo muy bien. Si en esta nueva serie de episodios se pierde parte del mapeo de personajes más paciente de la primera temporada, y su representación satírica del rico malestar de SoCal, eso se compensa con una avalancha de encanto propulsor. 

Con ese fin, Applegate y Cardellini podrían estar haciendo dos de los trabajos más difíciles en la transmisión, interpretando personajes que son a la vez tristes y ventosos, sardónicos y sinceros sin aliento. Lo que ofrecen son dos retratos convincentes de ansiedad, del tipo que disminuye los momentos raros y tenues de quietud antes de volver corriendo. Puede ser agotador ver a estas mujeres, especialmente a Jen, mantener esa tristeza por el resto de su vida. Pero también es una maravilla moverse en los rieles de la montaña rusa del programa, sabiendo que las damas saben lo que están haciendo.

Dead to Me es a menudo un espectáculo muy divertido, en estallidos de escritura picantes. Ya sea que la serie sea realmente improvisada o no, Applegate a menudo le da lecturas de línea que brillan libremente, como si estallara repentinamente con furia o cayera en una comprensión horrible junto a Jen. Su brio cómico hace las cosas más duras que pronto siguen a ese desarme mucho más.

Hacia el final de la segunda temporada, Jen tiene una crisis cargada de culpa que resulta uno de los momentos más catárticos que se puede haber visto en televisión durante esta primavera aterradora. Se siente bien ver a alguien perderlo, verla elegir el colapso porque el peso de mantener la compostura se ha vuelto insoportable. Applegate realmente se suelta, y es como si la fiebre se hubiera esparcido, o, para una comparación menos tensa, como si una tormenta finalmente hubiese estallado, haciendo que el aire sea refrescante.

La segunda temporada de Dead to Me se consume fácilmente para pasar muy bien una tarde. Este es el tipo de refrigerio gourmet que Netflix debería hacer más: felizmente adictivo y bien organizado por profesionales talentosos, específicamente por actores de jugadores de apoyo como Applegate. Ella claramente disfruta de la oportunidad holística de interpretar a una mujer al borde de tantas cosas a la vez. Applegate una vez más se encuentra con el material y luego le da un atractivo extra, ahora exclusivo. Las cosas pueden desmoronarse, pero es una alegría ver a Jen intentar y fracasar, mantener todo junto.


jueves, 2 de noviembre de 2017

Stranger Things: Segunda Temporada

1984: los ciudadanos de Hawkins (Indiana) están todavía recuperándose tras los horrores del Demogorgon y los secretos del Hawkins Lab. Ya rescataron a Will Byers del Upside Down, pero una entidad más grande y más siniestra amenaza a aquellos que sobrevivieron.



"Esperar un año para ver la segunda temporada de Stranger Things en menos de 48 horas": esa soy yo en estos momentos, y es que Netflix es una plataforma que te permite disfrutar a tiempo real, sin anuncios y un episodio tras otro hasta que los ojos no puedan más, pero después te deja con ese sabor de "¿y ahora qué?". Sin embargo, no me refiero a que esta nueva temporada no llenó mis expectativas; muy por el contrario, me da más de una razón para esperar la tercera parte.

La serie regresa exactamente un año después de que Will fue rescatado del mundo "al revés/upside down". Al parecer las cosas no han vuelto a la normalidad, pues Will está teniendo episodios que algunos ilustran como sueños despiertos y otros como efectos post-trauma. Pero mientras pasan los días, sus pesadillas se va convirtiendo en vida real, de las cuales nunca sabe como escapar. Cuando su familia y sus amigos se percatan de lo que le está pasando y tratan de ayudarlo, ya es muy tarde para volver a rescatarlo.


Mientras tanto, Eleven vive con Hopper (si no han visto los trailers: sí, ella está vivita y coleando) y lleva una vida de incógnito pues los "malos" siguen buscándola. No obstante, comienza a aburrirse de estar en cautiverio y decide escapar de casa para encontrar a su madre y su "hermana" (quienes también tienen poderes, pero diferentes a El), pero luego decide regresar a Hawkins porque reconoce que su verdadero hogar es junto a Hop, Mike, Dustin, Lucas, Will y Joyce. A parte de que se da cuenta que ellos están en peligro por el Shadow Monster y los demodogs.


Lo mejor de esta serie es que sus historias son desarrolladas en base a sus personajes, que es lo mejor trabajado y diseñado de todo la trama, pues te dejan con esa sensación de que los conoces muy bien y sabes cómo reaccionarán a cada situación que estén viviendo. En esta temporada, Dustin se roba el papel protagónico en más de un episodio, sobretodo después de que encuentra al bebé demogorgon; esta fue una de las mejores decisiones que pudieron tomar los guionistas, pues en la temporada anterior no llenaba las expectativas como sus demás compañeros de reparto, pero en esta ocasión se empodera y guía la historia hacia donde quiere llevarla.

Mike está en un rol más secundario y esto probablemente se debe a que está deprimido por Eleven y porque en la primera temporada su objetivo principal era encontrar a Will (lo cual ya logró), pero cuando finalmente se reencuentre con El y Will vuelva a estar en grave peligro, es cuando vuelve a tomar fuerza y decisiones por el grupo. En el caso de Lucas, su objetivo en esta temporada no va tan cercano al de sus compañeros, sino más inclinado hacia ser aceptado por una chica de su edad, esto siempre relacionado con el tema de su color de piel y el hecho de ser el único niño morenito de su grupo.


A Will no lo termino de conocer bien, principalmente por el hecho de que se pasa la mayor parte de la temporada de un trance a otro, lo cual es genial porque crea mucha tensión, suspenso y jumpscares interesantes, pero no permiten que uno entienda a este personaje que estuvo ausente durante toda la primera temporada.  Mientras que a Joyce le siguen dando sufrimiento, no solo por lo que está pasando su hijo, sino también porque le quitan al nuevo amor de su vida, lo cual siempre me va a doler, hasta que Joyce y Hopper por fin estén juntos (que eso eventualmente sucederá).


Hopper y Eleven son mis personajes favoritos desde el primer episodio de esta serie, y el hecho de haberlos unido, ver cómo se relacionan y cómo crean una familia es muy interesante, pues ambos han pasado por mucho y necesitaban a alguien que les hiciera compañía y que los entendiera y respetara tal como son. 

Me gusta que los demás personajes, como Jonathan, Nancy, Steve, la niña nueva (Max), el antagonista nuevo (Billy) y el novio de Joyce (Bob) tienen sus momentos en la serie, que también les permite desarrollarse y que uno le coja más cariño, sobretodo los primeros tres.


La historia de esta temporada logró responder algunas incógnitas que dejó la primera parte, pero aún sigue dejando otras preguntas: si Barbara no está muerta, ¿dónde está? ¿qué pasará con la madre de Eleven? ¿volveremos a ver a Kali, la hermana de Eleven? ¿el shadow monster abrirá una nueva puerta en el Upside Down? y la pregunta más importante: ¿qué pasará con Nancy, Jonathan y Steve; a quién ella va a escoger?

Lo mejor de la serie sigue siendo la ambientación de este mundo, que nos teletransportan al 1984 en su música, su vestimenta, sus escenarios y su fotografía, y que siempre lo tienen en cada detalle, por más minúsculo e indefenso que sea. Si no se dieron cuenta, esta temporada fue promovida con posters que hicieron homenaje a clásicos de los 80, y esto es nuevamente utilizado en la serie, durante algunas escenas o incluso durante un episodio completo, pero esto es cuestión de observación y estar pendiente a los detalles.


¿Para cuándo la tercera temporada? Es una excelente pregunta, pero mientras tanto no se preocupen por eso. Les recomiendo a que disfruten estos episodios, que están cargados de entretenimiento, tensión, romance, inocencia y humor.

La historia no decepciona.
Los personajes no decepcionan.
La temporada no decepciona.
100% recomendada.