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miércoles, 8 de julio de 2026

Crítica Cinéfila: Avatar - The Last Airbender, 2da temporada

Aang, Katara y Sokka viajan por el Reino Tierra en busca de un maestro para que Aang aprenda Tierra-control. En su camino conocen a Toph, quien se une al equipo para enseñarle. Juntos deben llegar a la ciudad de Ba Sing Se para detener a la Nación del Fuego, enfrentándose a la policía secreta Dai Li y a la princesa Azula.









Al ver la primera temporada de Avatar, tuve una mezcla de emociones: fue una temporada televisiva que no sabía si debía ser cruda y oscura para los adultos que vieron la original hace 20 años, o si debía replicar la diversión y el humor para una nueva generación de niños. Al final, encontró el equilibrio entre ambos tonos; por suerte, cuando el mundo más lo necesitaba, el avatar regresó.

La segunda temporada de "Avatar: The Last Airbender" mejora prácticamente todos los aspectos de la primera, de forma realmente impresionante. El ritmo es mucho mejor; la condensación de las tramas crea una historia más sustanciosa que permite a cada personaje tener su propio arco argumental satisfactorio; y hay algunas subtramas originales que suponen una mejora genuina respecto al material original. La serie también resuelve por fin su problema de tono al hacer que la historia madure. Al igual que la serie animada original empezó a madurar en el segundo libro de su historia, la versión de acción real también adopta un enfoque más serio con sus personajes ya adultos —literalmente, en el caso del estirón de Gordon Cormier, que la temporada intenta explicar torpemente— y la historia madura junto con ellos.

Al ser el segundo libro un capítulo tan extenso de la saga de Aang, resulta difícil adaptarlo, ya que abarca demasiados lugares e historias secundarias. La adaptación de acción real opta por centrarse casi de inmediato en la parte de Ba Sing Se, aumentando la emoción y los peligros de la metrópolis. Funciona, pues nos permite comprender bien el funcionamiento interno de la capital del Reino Tierra y su cultura, la vida protegida de sus ciudadanos y la vasta red de secretismo y vigilancia a la que están sometidos.

La temporada logra un buen equilibrio al dotar a la trama principal de urgencia, a la vez que justifica la ralentización del ritmo para que los personajes tengan tiempo suficiente para explorar la ciudad y desarrollar sus propias historias. Resultan especialmente interesantes las subtramas de Aang, quien se ve obligado a jugar a la política con Long Feng para intentar conseguir una audiencia con el rey; la de Toph y sus dificultades con su terrible historia familiar; y los intentos de Zuko e Iroh por empezar una nueva vida. Y no dejó de dar ciertas pinceladas al creciente interés amoroso de Aang hacia Katara y lo que eso significará en la siguiente temporada.

Miya Cech hace un trabajo excelente como Toph, encarnando la dureza y la destreza del personaje, pero también su vulnerabilidad, especialmente cuando se trata de su familia. Y hablando de familia, la Nación del Fuego sigue siendo uno de los puntos fuertes de esta adaptación. Azula, interpretada por Elizabeth Yu, es una villana fenomenal, y en esta temporada tiene un papel más importante que nos permite comprender su resentimiento hacia Zuko y sus padres, así como su desesperada y despiadada búsqueda de aprobación. Dallas Liu es un Zuko impecable, y su interpretación de la historia de Zuko es un placer de ver incluso en este nuevo formato. Sin embargo, en esta ocasión, es el tío Iroh, interpretado por Paul Sun-Hyung Lee, quien se lleva las mejores partes de la historia.

Esta serie sabe cuándo remezclar las tramas y cuándo añadir ideas originales para que los elementos posteriores tengan mayor impacto, como en el caso de Iroh. La segunda temporada profundiza en la historia de Iroh con el Reino Tierra, no solo con la pérdida de su hijo, sino también recordándonos explícitamente que antes de ser un tío divertido y sabio, fue un criminal de guerra. "Avatar: The Last Airbender" confronta a Iroh y lo obliga a afrontar las vidas que destruyó y las atrocidades cometidas bajo su mando. Se basa en momentos sutiles e implícitos del material original, presentándolos de una manera que Nickelodeon no habría permitido.

Lamentablemente, no todo es perfecto. Visualmente, la serie se ambienta mayormente de noche con una iluminación deficiente que dificulta seguir la acción. Los doblajes y los combates lucen genial, pero hay cierta torpeza en los efectos especiales y algunas criaturas en acción (aunque Wan Shi Tong se ve fantásticamente terrorífico). Peor aún es el uso constante de imágenes generadas por computadora, aunque hay escenas ambientadas en escenarios físicos que no sean simplemente habitaciones cerradas y que se sienten bastante creíbles. Destaco personalmente el planetario.

Asimismo, aunque gran parte del material añadido y la reorganización de los elementos originales dan como resultado una buena historia en general, la adaptación se resiente al forzar algunos de esos elementos en lugares quizás inadecuados. Esto se nota especialmente con la desaparición de Appa; ocurre al principio de la serie animada y se convierte en un elemento clave de la mayor parte del Libro Dos, pero la serie de acción real la deja para los últimos episodios de la temporada; sin embargo, es una oportunidad para crear situaciones y confrontaciones más complejas entre los personajes, sobre todo en el Aang de Gordon Cormier. Aunque pierde gran parte de su impacto emocional y se percibe como un giro forzado e inesperado cuando ya existen suficientes subtramas que impulsan la historia hacia su conclusión, el corazón sigue estando presente en cada momento, y en cada episodio. 

Y aunque el mayor problema de esta adaptación sigue siendo como se siente obligada a incluir cada detalle memorable de la serie animada original, incluso si para cuando se incluye, ya no tiene sentido, "Avatar: The Last Airbender" regresa con una segunda temporada muy mejorada que encuentra un buen equilibrio entre momentos divertidos y una historia más oscura y madura. El ritmo genera una sensación de urgencia que, a la vez, permite el desarrollo de tramas secundarias, incluyendo un papel más importante para el tío Iroh, que no solo es lo mejor de la temporada, sino que supera al material original.


viernes, 8 de marzo de 2024

Crítica Cinéfila: Avatar, La leyenda de Aang - 1ra temporada

Las cuatro naciones vivieron en armonía hace mucho tiempo. Después, todo cambió. Adaptación de la historia de Aang con actores reales.



En caso de que seas nuevo en el universo Airbender, el drama de aventuras de Netflix "Avatar: The Last Airbender" es una nueva versión en vivo de la popular serie animada de Nickelodeon del mismo nombre, que debutó en 2005. Pero aunque es una versión de acción real como la que alguna vez M. Night Shyamalan lanzó en el 2010 y que fue un total fracaso, película The Last Airbender, esta sí se mantiene fiel a la historia que iluminó las pantallas de toda una generación y que pretende volver para una totalmente nueva, con sus pizcas de nostalgia para los que fuimos fanáticos. Casi dos décadas después de que la serie animada se convirtiese en una de las sagas más aclamadas de la televisión, la base de fans sigue ahí, lista para seguir la historia desde una nueva perspectiva.

La narrativa se ajusta al modelo de innumerables series de fantasía, con un mundo dividido en reinos que están perpetuamente en guerra o al borde de ella, donde los jóvenes ejercen una influencia poco común y donde existen poderes mágicos para ser usados ​​o abusados. Aquí, hay regiones definidas por el fuego, la tierra, el agua y el aire, y cada población contiene "maestros", personas con la capacidad de controlar su elemento local a su voluntad y usarlo como arma o defensa. En cualquier tiempo hay una sola persona, el Avatar, que tiene el potencial de controlar los cuatro elementos y convertirse en un pacificador celestial y omnipotente con la capacidad de entrar en un estado de poder absoluto que derrota cualquier mal con tal de llevar todo a su orden.

El primer episodio presenta a Aang (Gordon Cormier), de 12 años, un prodigioso maestro aire que acaba de recibir noticias impactantes de sus mayores: él es el próximo Avatar. Luego, los nefastos hombres del fuego, aprovechando un cometa que aumenta sus poderes, invaden y matan a todos los maestros aire excepto a Aang, quien se escapa para luego terminar atrapado en un iceberg por un siglo. Cuando emerge, despierta en el Tribu Agua del Sur con la principiante maestra agua Katara (Kiawentiio), de 14 años y su hermano mayor, el guerrero Sokka (Ian Ousley), y con ellos se embarca en una búsqueda para completar su entrenamiento y reconstruir un mundo destrozado por la guerra desatada por el Reino Fuego.

Hay detalles (como el reconocimiento y divulgación rápida de la reaparición del Avatar, o el hecho de que Aang sobrevivió dentro de ese iceberg) que no se responden; pero al igual que la serie animada, no nos molesta. Esta es una historia familiar de un niño con un gran futuro. Aang, quien amablemente proviene de una tribu aire humilde, preferiría rechazar su destino y vivir una vida como un niño normal. "¡Nunca pedí ser especial!" es una de varias líneas de diálogo directas que refuerzan la idea de que este niño tendrá que sacrificar su juventud para cumplir con sus deberes sagrados.

Sin embargo, al poco tiempo, Aang tiene su primeros encuentros con sus principales obstáculos, como el popular y recurrente Príncipe Zuko (Dallas Liu), un príncipe de la belicista Nación del Fuego que sabemos (sobre todo si vio la serie animada) tiene una marca de quemadura en su ojo como recordatorio de que ha sido exiliado y rechazado por el rey, lo cual ha generado en sí mismo una desagradable combinación de impulsos violentos y problemas paternales no resueltos. Cuando Zuko muestra que está dispuesto a perseguir a Aang a través de continentes con la esperanza de capturar al nuevo Avatar y demostrar su valía ante su padre, incinerando a cualquier civil que se interponga en su camino, Aang entra en el estado avatar, mientras acepta su llamado.

Y así, Aang y sus compañeros son perseguidos de un lugar a otro: desde la Tribu Agua del Sur de Katara y Sokka con su estilo prehistórico de Alaska, hasta el reino insular que el heroico trío visita con un estilo inequívoco parecido al Japón feudal. Dondequiera que vayan, aprenden lecciones de vida y libran combates cuerpo a cuerpo, con secuencias de lucha fuertemente coreografiadas que añaden un emocionante toque de piedra, papel y tijeras a lo que de otro modo serían batallas normales de artes marciales, con maestros de diferentes elementos enfrentándose cara a cara. ¿El fuego evaporará el agua? ¿Puede el agua convertir la tierra en barro? ¿Y el aire apagará el fuego o tendrá una especie de efecto vórtice que empeorará todo?

Hay que darle su mérito al equipo de guion por haber logrado resumir lo que ya se conocía de la 1ra temporada de la serie animada en 8 episodios del primer libro, rescatando grandes momentos y añadiendo otros que se conocen más tarde en las aventuras de Aang. Aunque el más fanático no podrá evitar pensar "eso no ocurre así en la serie original" o "este no es el orden original", esta nueva versión de Avatar refresca la antigua trama, reviviendo ciertas secuencias y emociones, además de modernizando otras que, para la época en que se estrena además de la evolución de los efectos visuales, requería una actualización de sucesos.

Otro punto a favor es que han logrado darle una magnificiencia y ventaja a la cinematografía y efectos visuales, a través de los espectaculares paisajes, pueblos y espacios que han recreado, mientras nuestro bisonte volador gigante de seis patas favorito lleva a todos de un lugar a otro a través de las nubes. Ousley y Kiawentiio entablan una agradable relación entre hermanos como Sokka y Katara, Cormier le da a Aang la combinación perfecta de rebeldía juvenil y autoridad inherente, mientras los tres mantienen la impresión de que un niño y dos adolescentes pueden derrotar a autoritarios genocidas con valor saludable, sarcasmo suave y la capacidad de convocar un huracán. La franquicia Airbender ha revivido con confianza, y ya nos han avisado que esta no será la última vez que lo veamos.


sábado, 20 de junio de 2020

Crónica Cinéfila: La visión de "Avatar: the Last Airbender"


El que no creció con "Avatar: The Last Airbender", una serie animada de Nickelodeon, probablemente se sorprendió por todo lo que sonó cuando finalmente llegó a Netflix el mes pasado. Yo fui una de esas que en tan solo dos semanas (y con mucho trabajo de fondo) ya había visto las tres temporadas completas. 

Mientras tanto, fue el programa más visto en Netflix durante días: se convirtió en un tema de tendencia en Twitter a medida que se prolongaban los debates sobre la serie, se crearon GIF divertidos, los hashtags fueron compartidos, entre muchas otras cosas.

Pero esto no es sorpresa: "Avatar" siempre se destacó. Cuando apenas salió entre el 2005 y 2008, me sumergí en ella durante los bloques de maratón que Nickelodeon a veces transmitía por las tardes. Su atractivo era su proximidad visual a las series de animé, pero también era infinitamente atrayente y única. No solo una serie de cortas aventuras episódicas, "Avatar" fue una invitación a sumergirse en un viaje épico con conflictos, personajes y bromas de larga duración (como las desgracias de un desafortunado vendedor de repollo).

Cuando "Avatar" se estrenó en Netflix, volví a la mitología para examinar su reputación como uno de los mejores programas animados de las últimas dos décadas. La volví a ver de principio a fin y descubrí una nueva característica en la serie, algo que no me había percatado durante sus años de origen, pero que se agregó como una razón para seguir tan enamorada de esta.

Aunque a menudo se celebra por sus sofisticadas narraciones y personajes complejos, "Avatar" está dibujado sobre un mundo libre de la comunidad blanca, un refugio cultural y ungüento refrescante en un país que, especialmente en los últimos meses, ha mostrado a las comunidades marginadas su cara más horrible.

Creado por Michael Dante DiMartino y Bryan Konietzko, "Avatar" se desarrolla en un mundo asiático que comprende cuatro naciones que están definidas por un solo elemento natural: tierra, fuego, agua y aire, y ciudadanos dotados conocidos como "benders" que pueden manipular los elementos de sus tierras natales. Este mundo está amenazado por la Nación del Fuego, gobernada por un régimen totalitario que ataca, explota y oprime las otras tierras.

El único que puede equilibrar el mundo es el Avatar, quien en la historia renace como un miembro diferente de las cuatro naciones durante cada vida y tiene la capacidad de dominar los cuatro elementos. En la serie, el Avatar es un monje de 12 años llamado Aang, que reaparece después de cien años atrapado en un estado de hibernación, para completar su entrenamiento de flexión y derrotar al señor del fuego.

Aang se une a dos miembros de la Tribu Agua del Sur, una maestra de agua llamada Katara y su hermano, Sokka, y viajan por el mundo en busca de maestros de los elementos, mientras también tienen aventuras secundarias, frustrando a las tropas de la Nación del Fuego y evadiéndolos, sobretodo al hijo del señor del Fuego, Zuko, que tiene una obsesión con derrotar al Avatar. Mientras tanto, algunos personajes secundarios reaparecen a lo largo de la serie para ayudar a Aang y sus amigos a prepararse para una guerra final contra la Nación del Fuego, para devolver la armonía a las cuatro naciones.

El universo de Avatar es expansivo y fantasioso, con terrenos rocosos, cañones formidables llenos de insectos de gran tamaño, densos bosques amazónicos, templos al revés tallados en los costados de los acantilados, un vasto desierto que esconde una biblioteca borgesiana de conocimiento ilimitado, e incluso una Isla mística en el caparazón de una bestia antigua. Aunque los creadores se inspiraron en franquicias anglocéntricas de construcción mundial como "El señor de los anillos", "La guerra de las galaxias" y "Harry Potter", las culturas, filosofías y estética de "Avatar" fueron influenciadas casi exclusivamente por las tradiciones asiáticas.

Para dominar los elementos, Aang extrae lecciones basadas en el principio del yin y el yang y el funcionamiento de los chakras, y sus valores se toman prestados de los sistemas de creencias orientales como el budismo. La moda y la música se inspiraron en los estilos chino y japonés, y en muchas de las grandes vistas y modelos arquitectónicos de la serie, como la ciudad impenetrable de Ba Sing Se, se inspiró en sitios del mundo real como la Gran Muralla China y la Ciudad Prohibida.

Pero es el "bending", llamado así para describir cómo sus portadores manipulan, provocan y fortalecen su elemento en la sumisión, la adaptación más fascinante de las tradiciones culturales orientales. Cada estilo está inspirado en un clásico arte marcial chino que los creadores del espectáculo desarrollaron bajo la dirección de un consultor de artes marciales. El aire, variable y evasivo de Aang se asemeja a Baguazhang; la suave y fluida flexión del agua toma señales del tai chi; la flexión de la tierra, con su estabilidad y su postura inamovible, se basa en Hung Gar; y el estilo feroz y agresivo del fuego está adaptado del Shaolin kung fu.

Aang es corregido por sus maestros a medida que aprende: debe profundizar su postura o girar el brazo para hacerlo; debe aclarar su mente y dirigir la energía a través de él. El movimiento es clave; los ciudadanos de cada nación se mueven de manera diferente, por lo que el movimiento está vinculado a la cultura, una disposición nacional, una historia dentro de la narrativa y un contexto más amplio de la vida real, de las culturas y tradiciones que informan estos estilos ficticios.

La admiración de DiMartino y Konietzko por la cultura oriental aparece a lo largo de la serie, una recopilación de alusiones e inspiraciones: anime, películas de Kung Fu, mitologías mundiales, tribus nativas, películas de Studio Ghibli. En un episodio, cuando Aang se ve afectado por una serie de pesadillas sobre su inminente enfrentamiento con el señor del fuego, la animación imita a otra famosa series animé, "Dragon Ball Z".

"Avatar" logró abarcar todo lo anterior mientras también navegaba concienzudamente por el complicado campo minado de apropiación cultural. Los escritores eran conscientes de los vínculos involuntarios que el programa podría establecer entre una de las naciones ficticias y los países asiáticos reales. Al punto que la producción contrató a Edwin Zane, el ex vicepresidente de la Red de Acción de Medios para los Asiáticos Americanos, como consultor para asegurarse de que se aborden las cuestiones de sensibilidad cultural.

Después de todo, "Avatar" es único en su enfoque para la construcción del mundo. El espectáculo podría haber colocado fácilmente su universo en la comunidad blanca al hacer que las cuatro naciones sean solo una parte de un paisaje más grande aún ocupado por personas blancas, de modo que incluso si la historia estuviera protagonizada por personajes asiáticos, lo blanco seguiría siendo una característica destacada. En cambio, el programa construyó un universo con su propia historia y cultura fuera de eso, donde los personajes parecen, por defecto, asiáticos y ven la vida a través de un lente oriental en lugar de uno occidental.

Sin embargo, y a pesar de su meticuloso cuidado y sensibilidad, "Avatar" todavía tiene características occidentales. La animación, aun inspirada en el anime japonés, con sus características exageradas, reacciones descomunales y escenas de acción dinámicas, luce el brillante estilo estadounidense de otras caricaturas de Nickelodeon. Lo más atroz es que los actores de voz son en su mayoría blancos, un paso en falso evidente para una producción que por lo demás era consciente de la representación cultural. El diálogo del programa también está plagado de palabras coloquiales estadounidenses, y abundan las alusiones al regionalismo estadounidense, como en un episodio que presenta una tribu de agua en pantanos que parecen haber sido sacados del sur profundo.

Pero aun con las instancias de asimilación, se denota la persistencia de un complejo de superioridad occidental. Por el contrario, a medida que Estados Unidos continúa navegando por una relación quejumbrosa con China, sin mencionar una historia sangrienta de guerra e intervención contundente con otros países en el Este, y lidiando con sus desigualdades aquí, tal vez sea más exacto pensar en "Avatar" como entregar algo que nunca buscó adaptar o transcribir de Este a Oeste, pero respetuosamente casarse y unificar a los dos lados.

Su regreso a la televisión ofrece un recordatorio oportuno: la historia no siempre tiene que ser de la misma América gringa. Hay un amplio mundo de narrativas y tradiciones que resuenan debido a la visión alternativa que presentan.