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viernes, 10 de julio de 2020

Crónica Cinéfila: La visión narrativa de Sakura Card Captor


Año 2000. Estaba tan obsesionada (como ahora) con series anime como Digimon, Dragon Ball Z y Sailor Moon. Pero una se robó mi atención por su honestidad y sencillez: Sakura Cardcaptor. Yo agradezco no haberla tenido en Netflix u otra plataforma de streaming en aquellos tiempos, porque creo que no hubiese parado de verla aún si eso significase volver a iniciarla después de ver los 70 episodios. Como dice el buen dominicano: la serie da seguidilla. 

Sakura es una niña de cuarto grado que descubre que tiene poderes mágicos cuando accidentalmente libera un set de cartas que pertenecían a un poderoso mago llamado Clow Reed y que habían sido selladas hace muchos años. Con ayuda de Kero, el guardian protector de las cartas Clow, y su amiga Tomoyo, Sakura comienza a recolectar las cartas mientras se desatan poco a poco en su ciudad. En su aventura conoce a Syaoran Li, un niño chino que llega de intercambio para recolectar las cartas Clow ya que es descendente del mago; aunque al principio se comporta como un rival pues tiene la misma meta de Sakura, con el tiempo se desarrolla una amistad entre ellos, convirtiéndose en un romance. Así también, la historia se mezcla con la familia de Sakura, sus amigos, profesores y demás personas que viven en la ciudad.

Esta es una serie enfocada a una audiencia relativamente joven, con un discurso aclarativo constante, recordándonos aspectos de la historia, de los personajes, los cambios en su vida y el lugar dónde se encuentran. Desde un punto de vista crítico, las aclaraciones llegan a ser innecesarias en algunas ocasiones, pero reconociendo que la serie está dirigida para niños y niñas menores de 10 años, tiene sentido que a veces quiera recordarnos por qué están ocurriendo ciertas situaciones. Ahora... para ser de ese tipo de audiencia, hay subtramas, relaciones e incluso temáticas que se sienten como pensamientos muy modernos para la época y el lugar donde surge esta serie. 

Han existido múltiples críticas hacia el anime, sobretodo en las características principales de la protagonista Sakura, al punto de eliminar ciertos aspectos de la historia cuando esta fue presentada a la audiencia occidental. La serie comenzó como un manga y fue adaptada en una serie de televisión de anime de 70 episodios por Madhouse, transmitida en Japón desde 1998 hasta 2000. Durante este período, la animación japonesa estaba comenzando a entrar en el mercado estadounidense y la serie de aventuras dirigida a los niños era más popular.

En lugar de ajustarse al estereotipo en muchos espectáculos contemporáneos que requieren que las heroínas adopten rasgos masculinos para lograr sus objetivos, Sakura mantiene una personalidad convencionalmente femenina. Su poder proviene del amor y la pureza de corazón, complementado siempre por los atuendos llamativos que le realiza su amiga Tomoyo. Aunque muchos de los vestuarios podrían caer en el exhibicionismo, si se comparan a los típicos trajes de superhéroes y superheroínas que existen hoy en día, estos tienen un mensaje más cercano a la seguridad y cualidad del personaje de Sakura, siempre recordando que, al final del día, sigue siendo una niña de 4to grado. Así mismo, al llegar al doblaje inglés, las cortesías de los personajes fueron eliminadas para darles un lenguaje más plano y similar al occidental, algo que también hace un choque de culturas por cómo actúan y son los japoneses.

El anime también explora las complejidades del amor, tanto platónico como romántico, algo que, para aquel entonces, no era tan común en las series para jóvenes. Sakura tuvo un amor platónico durante toda la serie por Yukito, el mejor amigo de su hermano Toya; más adelante en la segunda temporada, cuando ella le revela sus sentimientos hacia él, se da cuenta de que este amor que siente es más un amor paternal. Sin embargo, en el caso de Syaoran, el amor que Sakura siente hacia él no se desarrolla verdaderamente a lo romántico hasta el último episodio de la 2da temporada y la secuela de Clear Cards, dejando que su relación fuese más de amistad y cariño relativamente infantil para las edades de los personajes. 

El tema del amor platónico y romanticismo se amplia cuando toca áreas "inimaginables" para ese momento, como las relaciones profesor-estudiante (como es el caso de Toya y Miss Mitzuki), el bromance (Toya y Yukito), el matrimonio en la adolescencia (como es el caso de los padres de Sakura, sobretodo resaltando las diferencias de edades y otra vez relación de profesor-estudiante), y los enamoramientos entre amigos (como Tomoyo hacia Sakura, que aunque no cayese en el romanticismo, siempre resaltaba el amor fraternal que sentía hacia su amiga). Así mismo, se tocan las atracciones hacia el mismo sexo, la pansexualidad y los romances triangulares, que en las producciones manga no es algo sorprendente, pero para la comunidad asiática es aún parte de los "temas delicados".

De modo que, a pesar del discurso aclaratorio del anime, Sakura Cardcaptor siempre estuvo moderno para la época. Estaba abierto a temas diferentes y considerados complicados, lo cual para algún niño o niña que lo veía en el inicio de los 2000, quizás no tenía el mismo significado, pero le permitían reconocer la diversificación de las relaciones interpersonales y amorosas, así como la apreciación hacia las familias distintas (sin el considerado típico nucleo familiar). 

Sakura abre los ojos a un universo emocional distinto. Ser testigo una vez más del anime me recordó momentos de mi niñez que pensé nunca podría volver a experimentar. Me hizo volver a valorar las historias que, aún teniendo fantasía de por medio, se sienten reales, vivas y cercanas a mi corazón. Es increíble cómo uno puede seguir disfrutando los recuerdos animados de nuestra infancia.

P.s.: ¿sabían de la secuela de Clear Cards? ¿Cómo es posible que me acabo de enterar?


sábado, 20 de junio de 2020

Crónica Cinéfila: La visión de "Avatar: the Last Airbender"


El que no creció con "Avatar: The Last Airbender", una serie animada de Nickelodeon, probablemente se sorprendió por todo lo que sonó cuando finalmente llegó a Netflix el mes pasado. Yo fui una de esas que en tan solo dos semanas (y con mucho trabajo de fondo) ya había visto las tres temporadas completas. 

Mientras tanto, fue el programa más visto en Netflix durante días: se convirtió en un tema de tendencia en Twitter a medida que se prolongaban los debates sobre la serie, se crearon GIF divertidos, los hashtags fueron compartidos, entre muchas otras cosas.

Pero esto no es sorpresa: "Avatar" siempre se destacó. Cuando apenas salió entre el 2005 y 2008, me sumergí en ella durante los bloques de maratón que Nickelodeon a veces transmitía por las tardes. Su atractivo era su proximidad visual a las series de animé, pero también era infinitamente atrayente y única. No solo una serie de cortas aventuras episódicas, "Avatar" fue una invitación a sumergirse en un viaje épico con conflictos, personajes y bromas de larga duración (como las desgracias de un desafortunado vendedor de repollo).

Cuando "Avatar" se estrenó en Netflix, volví a la mitología para examinar su reputación como uno de los mejores programas animados de las últimas dos décadas. La volví a ver de principio a fin y descubrí una nueva característica en la serie, algo que no me había percatado durante sus años de origen, pero que se agregó como una razón para seguir tan enamorada de esta.

Aunque a menudo se celebra por sus sofisticadas narraciones y personajes complejos, "Avatar" está dibujado sobre un mundo libre de la comunidad blanca, un refugio cultural y ungüento refrescante en un país que, especialmente en los últimos meses, ha mostrado a las comunidades marginadas su cara más horrible.

Creado por Michael Dante DiMartino y Bryan Konietzko, "Avatar" se desarrolla en un mundo asiático que comprende cuatro naciones que están definidas por un solo elemento natural: tierra, fuego, agua y aire, y ciudadanos dotados conocidos como "benders" que pueden manipular los elementos de sus tierras natales. Este mundo está amenazado por la Nación del Fuego, gobernada por un régimen totalitario que ataca, explota y oprime las otras tierras.

El único que puede equilibrar el mundo es el Avatar, quien en la historia renace como un miembro diferente de las cuatro naciones durante cada vida y tiene la capacidad de dominar los cuatro elementos. En la serie, el Avatar es un monje de 12 años llamado Aang, que reaparece después de cien años atrapado en un estado de hibernación, para completar su entrenamiento de flexión y derrotar al señor del fuego.

Aang se une a dos miembros de la Tribu Agua del Sur, una maestra de agua llamada Katara y su hermano, Sokka, y viajan por el mundo en busca de maestros de los elementos, mientras también tienen aventuras secundarias, frustrando a las tropas de la Nación del Fuego y evadiéndolos, sobretodo al hijo del señor del Fuego, Zuko, que tiene una obsesión con derrotar al Avatar. Mientras tanto, algunos personajes secundarios reaparecen a lo largo de la serie para ayudar a Aang y sus amigos a prepararse para una guerra final contra la Nación del Fuego, para devolver la armonía a las cuatro naciones.

El universo de Avatar es expansivo y fantasioso, con terrenos rocosos, cañones formidables llenos de insectos de gran tamaño, densos bosques amazónicos, templos al revés tallados en los costados de los acantilados, un vasto desierto que esconde una biblioteca borgesiana de conocimiento ilimitado, e incluso una Isla mística en el caparazón de una bestia antigua. Aunque los creadores se inspiraron en franquicias anglocéntricas de construcción mundial como "El señor de los anillos", "La guerra de las galaxias" y "Harry Potter", las culturas, filosofías y estética de "Avatar" fueron influenciadas casi exclusivamente por las tradiciones asiáticas.

Para dominar los elementos, Aang extrae lecciones basadas en el principio del yin y el yang y el funcionamiento de los chakras, y sus valores se toman prestados de los sistemas de creencias orientales como el budismo. La moda y la música se inspiraron en los estilos chino y japonés, y en muchas de las grandes vistas y modelos arquitectónicos de la serie, como la ciudad impenetrable de Ba Sing Se, se inspiró en sitios del mundo real como la Gran Muralla China y la Ciudad Prohibida.

Pero es el "bending", llamado así para describir cómo sus portadores manipulan, provocan y fortalecen su elemento en la sumisión, la adaptación más fascinante de las tradiciones culturales orientales. Cada estilo está inspirado en un clásico arte marcial chino que los creadores del espectáculo desarrollaron bajo la dirección de un consultor de artes marciales. El aire, variable y evasivo de Aang se asemeja a Baguazhang; la suave y fluida flexión del agua toma señales del tai chi; la flexión de la tierra, con su estabilidad y su postura inamovible, se basa en Hung Gar; y el estilo feroz y agresivo del fuego está adaptado del Shaolin kung fu.

Aang es corregido por sus maestros a medida que aprende: debe profundizar su postura o girar el brazo para hacerlo; debe aclarar su mente y dirigir la energía a través de él. El movimiento es clave; los ciudadanos de cada nación se mueven de manera diferente, por lo que el movimiento está vinculado a la cultura, una disposición nacional, una historia dentro de la narrativa y un contexto más amplio de la vida real, de las culturas y tradiciones que informan estos estilos ficticios.

La admiración de DiMartino y Konietzko por la cultura oriental aparece a lo largo de la serie, una recopilación de alusiones e inspiraciones: anime, películas de Kung Fu, mitologías mundiales, tribus nativas, películas de Studio Ghibli. En un episodio, cuando Aang se ve afectado por una serie de pesadillas sobre su inminente enfrentamiento con el señor del fuego, la animación imita a otra famosa series animé, "Dragon Ball Z".

"Avatar" logró abarcar todo lo anterior mientras también navegaba concienzudamente por el complicado campo minado de apropiación cultural. Los escritores eran conscientes de los vínculos involuntarios que el programa podría establecer entre una de las naciones ficticias y los países asiáticos reales. Al punto que la producción contrató a Edwin Zane, el ex vicepresidente de la Red de Acción de Medios para los Asiáticos Americanos, como consultor para asegurarse de que se aborden las cuestiones de sensibilidad cultural.

Después de todo, "Avatar" es único en su enfoque para la construcción del mundo. El espectáculo podría haber colocado fácilmente su universo en la comunidad blanca al hacer que las cuatro naciones sean solo una parte de un paisaje más grande aún ocupado por personas blancas, de modo que incluso si la historia estuviera protagonizada por personajes asiáticos, lo blanco seguiría siendo una característica destacada. En cambio, el programa construyó un universo con su propia historia y cultura fuera de eso, donde los personajes parecen, por defecto, asiáticos y ven la vida a través de un lente oriental en lugar de uno occidental.

Sin embargo, y a pesar de su meticuloso cuidado y sensibilidad, "Avatar" todavía tiene características occidentales. La animación, aun inspirada en el anime japonés, con sus características exageradas, reacciones descomunales y escenas de acción dinámicas, luce el brillante estilo estadounidense de otras caricaturas de Nickelodeon. Lo más atroz es que los actores de voz son en su mayoría blancos, un paso en falso evidente para una producción que por lo demás era consciente de la representación cultural. El diálogo del programa también está plagado de palabras coloquiales estadounidenses, y abundan las alusiones al regionalismo estadounidense, como en un episodio que presenta una tribu de agua en pantanos que parecen haber sido sacados del sur profundo.

Pero aun con las instancias de asimilación, se denota la persistencia de un complejo de superioridad occidental. Por el contrario, a medida que Estados Unidos continúa navegando por una relación quejumbrosa con China, sin mencionar una historia sangrienta de guerra e intervención contundente con otros países en el Este, y lidiando con sus desigualdades aquí, tal vez sea más exacto pensar en "Avatar" como entregar algo que nunca buscó adaptar o transcribir de Este a Oeste, pero respetuosamente casarse y unificar a los dos lados.

Su regreso a la televisión ofrece un recordatorio oportuno: la historia no siempre tiene que ser de la misma América gringa. Hay un amplio mundo de narrativas y tradiciones que resuenan debido a la visión alternativa que presentan.

jueves, 31 de agosto de 2017

Death Note

Un día, cuando Light termina las clases, un cuaderno negro le cae del cielo, llamado «Death Note», un cuaderno sobrenatural que es capaz de matar personas si se escriben los nombres en él y si el portador visualiza mentalmente la cara de quien quiere asesinar. (FILMAFFINITY)



Una vez más, Netflix advierte y el público se amotina. Apuesto que a estas alturas, la gran mayoría ya vio Death Note, pues no solo se convirtió en "la sensación del bloque" cuando salió el famoso trailer, prometió ser el regreso de un clásico manga aparentemente intocable. La historia de este anime, de un joven que encuentra una libreta capaz de asesinar a toda persona cuyo nombre estuviese en ella, fue un éxito en su época (y según lo que he escuchado, lo sigue siendo). Pero a pesar de las expectativas, la película no me emocionó tanto como pensé.

Comenzando por el dato de que esta adaptación ni siquiera utiliza actores japoneses, la historia cambia muchos detalles de la versión original, desde la forma en que Light encuentra la libreta hasta sus primeros asesinatos y el encuentro con Ryuk, el ángel de la muerte. El guionista decidió readaptar los personajes y el contenido del Death Note al nuevo contexto y el ambiente en que se desarrollaría.


El personaje de Light se ve muy caricaturizado: sus emociones son poco realistas y su interpretación es confusa. En vez de proyectar la idea de "querer utilizar la libreta para salvar al mundo de los malos", su comportamiento diría como que quiere matar a todo el mundo, porque está cansado de la vida. Del mismo modo, sus compañeros de reparto se ven exagerados y poco desarrollados durante todo su trayecto en esta película, principalmente los personajes de Mia y L. El único que sí sale a flote y logra distinguirse de los demás es Ryuk (interpretado por Willem Dafoe), quien con tan solo aparecer podía darle un sentido totalmente diferente a la escena, a parte de la apariencia física del personaje.


Por otro lado, el desarrollo de la historia se limita a los aspectos básicos de este drama y deja a un lado los detalles moralistas que fueron parte fundamental del anime, la lucha intensa entre Light y L, y la verdadera intención de Death Note. Lo poco llamativo es la colorización y la fotografía empleada en las escenas que, si hubiesen mantenido tal cual como la narraba la versión original, hubiese sido bastante interesante.

Diálogos poco cautivadores, personajes vacíos y la ausencia de los sentimientos adecuados para esta historia hacen de esta película una adaptación más que nunca le ganará a la original y desconoce totalmente la esencia del anime.