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viernes, 8 de marzo de 2024

Crítica Cinéfila: Avatar, La leyenda de Aang - 1ra temporada

Las cuatro naciones vivieron en armonía hace mucho tiempo. Después, todo cambió. Adaptación de la historia de Aang con actores reales.



En caso de que seas nuevo en el universo Airbender, el drama de aventuras de Netflix "Avatar: The Last Airbender" es una nueva versión en vivo de la popular serie animada de Nickelodeon del mismo nombre, que debutó en 2005. Pero aunque es una versión de acción real como la que alguna vez M. Night Shyamalan lanzó en el 2010 y que fue un total fracaso, película The Last Airbender, esta sí se mantiene fiel a la historia que iluminó las pantallas de toda una generación y que pretende volver para una totalmente nueva, con sus pizcas de nostalgia para los que fuimos fanáticos. Casi dos décadas después de que la serie animada se convirtiese en una de las sagas más aclamadas de la televisión, la base de fans sigue ahí, lista para seguir la historia desde una nueva perspectiva.

La narrativa se ajusta al modelo de innumerables series de fantasía, con un mundo dividido en reinos que están perpetuamente en guerra o al borde de ella, donde los jóvenes ejercen una influencia poco común y donde existen poderes mágicos para ser usados ​​o abusados. Aquí, hay regiones definidas por el fuego, la tierra, el agua y el aire, y cada población contiene "maestros", personas con la capacidad de controlar su elemento local a su voluntad y usarlo como arma o defensa. En cualquier tiempo hay una sola persona, el Avatar, que tiene el potencial de controlar los cuatro elementos y convertirse en un pacificador celestial y omnipotente con la capacidad de entrar en un estado de poder absoluto que derrota cualquier mal con tal de llevar todo a su orden.

El primer episodio presenta a Aang (Gordon Cormier), de 12 años, un prodigioso maestro aire que acaba de recibir noticias impactantes de sus mayores: él es el próximo Avatar. Luego, los nefastos hombres del fuego, aprovechando un cometa que aumenta sus poderes, invaden y matan a todos los maestros aire excepto a Aang, quien se escapa para luego terminar atrapado en un iceberg por un siglo. Cuando emerge, despierta en el Tribu Agua del Sur con la principiante maestra agua Katara (Kiawentiio), de 14 años y su hermano mayor, el guerrero Sokka (Ian Ousley), y con ellos se embarca en una búsqueda para completar su entrenamiento y reconstruir un mundo destrozado por la guerra desatada por el Reino Fuego.

Hay detalles (como el reconocimiento y divulgación rápida de la reaparición del Avatar, o el hecho de que Aang sobrevivió dentro de ese iceberg) que no se responden; pero al igual que la serie animada, no nos molesta. Esta es una historia familiar de un niño con un gran futuro. Aang, quien amablemente proviene de una tribu aire humilde, preferiría rechazar su destino y vivir una vida como un niño normal. "¡Nunca pedí ser especial!" es una de varias líneas de diálogo directas que refuerzan la idea de que este niño tendrá que sacrificar su juventud para cumplir con sus deberes sagrados.

Sin embargo, al poco tiempo, Aang tiene su primeros encuentros con sus principales obstáculos, como el popular y recurrente Príncipe Zuko (Dallas Liu), un príncipe de la belicista Nación del Fuego que sabemos (sobre todo si vio la serie animada) tiene una marca de quemadura en su ojo como recordatorio de que ha sido exiliado y rechazado por el rey, lo cual ha generado en sí mismo una desagradable combinación de impulsos violentos y problemas paternales no resueltos. Cuando Zuko muestra que está dispuesto a perseguir a Aang a través de continentes con la esperanza de capturar al nuevo Avatar y demostrar su valía ante su padre, incinerando a cualquier civil que se interponga en su camino, Aang entra en el estado avatar, mientras acepta su llamado.

Y así, Aang y sus compañeros son perseguidos de un lugar a otro: desde la Tribu Agua del Sur de Katara y Sokka con su estilo prehistórico de Alaska, hasta el reino insular que el heroico trío visita con un estilo inequívoco parecido al Japón feudal. Dondequiera que vayan, aprenden lecciones de vida y libran combates cuerpo a cuerpo, con secuencias de lucha fuertemente coreografiadas que añaden un emocionante toque de piedra, papel y tijeras a lo que de otro modo serían batallas normales de artes marciales, con maestros de diferentes elementos enfrentándose cara a cara. ¿El fuego evaporará el agua? ¿Puede el agua convertir la tierra en barro? ¿Y el aire apagará el fuego o tendrá una especie de efecto vórtice que empeorará todo?

Hay que darle su mérito al equipo de guion por haber logrado resumir lo que ya se conocía de la 1ra temporada de la serie animada en 8 episodios del primer libro, rescatando grandes momentos y añadiendo otros que se conocen más tarde en las aventuras de Aang. Aunque el más fanático no podrá evitar pensar "eso no ocurre así en la serie original" o "este no es el orden original", esta nueva versión de Avatar refresca la antigua trama, reviviendo ciertas secuencias y emociones, además de modernizando otras que, para la época en que se estrena además de la evolución de los efectos visuales, requería una actualización de sucesos.

Otro punto a favor es que han logrado darle una magnificiencia y ventaja a la cinematografía y efectos visuales, a través de los espectaculares paisajes, pueblos y espacios que han recreado, mientras nuestro bisonte volador gigante de seis patas favorito lleva a todos de un lugar a otro a través de las nubes. Ousley y Kiawentiio entablan una agradable relación entre hermanos como Sokka y Katara, Cormier le da a Aang la combinación perfecta de rebeldía juvenil y autoridad inherente, mientras los tres mantienen la impresión de que un niño y dos adolescentes pueden derrotar a autoritarios genocidas con valor saludable, sarcasmo suave y la capacidad de convocar un huracán. La franquicia Airbender ha revivido con confianza, y ya nos han avisado que esta no será la última vez que lo veamos.


domingo, 22 de noviembre de 2020

Crítica Cinéfila: The SpongeBob Movie, Sponge on the Run

Los amigos son lo más importante para Bob Esponja, por lo que no dudará en salir de la comodidad de su hogar en Bikini Bottom, junto con Patrick, para adentrarse en un mundo desconocido, arriesgando sus vidas, para salvar a su amigo de la infancia, Gary, de las garras del rey Poseidón que le ha secuestrado en la Ciudad Perdida de Atlantic City. ¿Serán capaces de lograrlo?



La película Bob Esponja se inclina hacia la aleatoriedad. Eso siempre ha sido parte del encanto cuando se trata de la serie y la franquicia de películas que inspiró. Las aventuras de Bob Esponja son extrañas, alucinantes y vaporosas. Es la materia de la que están hechos los sueños de los adultos y es igual de olvidable. Pero también es lo suficientemente lindo y educado para los niños.

El personaje principal, con la voz de Tom Kenny, hace hamburguesas en el restaurante Krusty Krab en un pueblo submarino llamado Bikini Bottom. Es la respuesta de la animación a Steve Urkel, de alguna manera a la vez molesto y afable, con una risa maníaca. No puedes evitar disfrutar de pasar el rato perezosamente con él y sus peculiares amigos o enemigos como Plankton (Mr. Lawrence) y Sandy Cheeks (Carolyn Lawrence). 

Dedicado al creador Stephen Hillenburg, quien murió en 2018, la primera película de Bob Esponja animada por CGI aparentemente trata sobre una misión de rescate. En esta ocasión, su mejor amigo y mascota Gary se ha extraviado, llegando a manos del gran poderoso Poseidón. La baba del caracol mantiene joven la piel de Poseidón. Bob Esponja abandona sus deberes en el Krusty Krab para recuperar a Gary en compañía de Patrick para recuperar a su caracol mientras que el Krusty Krab se sale de control pues sin Bob Esponja, nada es igual, y ahora también Sandy, Mr. Crab y Squidward salen a encontrarlo.

Pero hay una delgada línea entre disfrutar perezosamente de la aleatoriedad y que la aleatoriedad termine siendo perezosa. Y la nueva película de Bob Esponja, a pesar de todos sus placeres, entra en la última categoría.

En el camino, Bob Esponja se encuentra con zombis bailarines presididos por Snoop Dogg; Keanu Reeves aparece como un sabio alucinatorio que parece ser un mentor para Bob Esponja. Awkwafina está en la mezcla dando voz a un robot fuera de control. Cada una de estas cosas es agradable. Pero no suman mucho a la historia.

Al final del juego, la película cambia de tema a una historia de origen de Bob Esponja, revelando cómo el personaje principal conoció a cada uno de sus amigos y se deleitó con lo que significa para ellos. Pero como todo lo demás, estas partes se sienten como una ocurrencia tardía.

Lo que era una historia de rescate, se convierte en una reflexión de apreciación hacia la figura de Bob Esponja, pero ya es un tema que se ha requete quemado en la serie y por tanto no sorprenden las palabras de alago. No deja de impresionar cómo siempre se salen con la suya, pero al igual queda muy poca lógica para realmente creérselo.

Sin embargo, no todo es irrescatable. Hay que valorar la creatividad con el uso de los universos de Bob Esponja, al igual que la manera en que introdujeron a Atlantic City como la versión que muchos conocemos en New Jersey. Estas animaciones siempre han sido muy particulares para hacer sentir el fondo del mar como una versión de la superficie, y una vez más no decepcionan en ese aspecto.

Ese tipo de irreverencia es admirable, y quizás la nueva generación de niños se la disfrute tanto como la generación que creció con esos cartoons. Sin embargo, el diálogo, la poca creatividad en la historia y el poco (para no decir nulo) crecimiento de los personajes es un poco retrasado para los más mayores. Quizás ya es tiempo de superar a Bob Esponja.


sábado, 20 de junio de 2020

Crónica Cinéfila: La visión de "Avatar: the Last Airbender"


El que no creció con "Avatar: The Last Airbender", una serie animada de Nickelodeon, probablemente se sorprendió por todo lo que sonó cuando finalmente llegó a Netflix el mes pasado. Yo fui una de esas que en tan solo dos semanas (y con mucho trabajo de fondo) ya había visto las tres temporadas completas. 

Mientras tanto, fue el programa más visto en Netflix durante días: se convirtió en un tema de tendencia en Twitter a medida que se prolongaban los debates sobre la serie, se crearon GIF divertidos, los hashtags fueron compartidos, entre muchas otras cosas.

Pero esto no es sorpresa: "Avatar" siempre se destacó. Cuando apenas salió entre el 2005 y 2008, me sumergí en ella durante los bloques de maratón que Nickelodeon a veces transmitía por las tardes. Su atractivo era su proximidad visual a las series de animé, pero también era infinitamente atrayente y única. No solo una serie de cortas aventuras episódicas, "Avatar" fue una invitación a sumergirse en un viaje épico con conflictos, personajes y bromas de larga duración (como las desgracias de un desafortunado vendedor de repollo).

Cuando "Avatar" se estrenó en Netflix, volví a la mitología para examinar su reputación como uno de los mejores programas animados de las últimas dos décadas. La volví a ver de principio a fin y descubrí una nueva característica en la serie, algo que no me había percatado durante sus años de origen, pero que se agregó como una razón para seguir tan enamorada de esta.

Aunque a menudo se celebra por sus sofisticadas narraciones y personajes complejos, "Avatar" está dibujado sobre un mundo libre de la comunidad blanca, un refugio cultural y ungüento refrescante en un país que, especialmente en los últimos meses, ha mostrado a las comunidades marginadas su cara más horrible.

Creado por Michael Dante DiMartino y Bryan Konietzko, "Avatar" se desarrolla en un mundo asiático que comprende cuatro naciones que están definidas por un solo elemento natural: tierra, fuego, agua y aire, y ciudadanos dotados conocidos como "benders" que pueden manipular los elementos de sus tierras natales. Este mundo está amenazado por la Nación del Fuego, gobernada por un régimen totalitario que ataca, explota y oprime las otras tierras.

El único que puede equilibrar el mundo es el Avatar, quien en la historia renace como un miembro diferente de las cuatro naciones durante cada vida y tiene la capacidad de dominar los cuatro elementos. En la serie, el Avatar es un monje de 12 años llamado Aang, que reaparece después de cien años atrapado en un estado de hibernación, para completar su entrenamiento de flexión y derrotar al señor del fuego.

Aang se une a dos miembros de la Tribu Agua del Sur, una maestra de agua llamada Katara y su hermano, Sokka, y viajan por el mundo en busca de maestros de los elementos, mientras también tienen aventuras secundarias, frustrando a las tropas de la Nación del Fuego y evadiéndolos, sobretodo al hijo del señor del Fuego, Zuko, que tiene una obsesión con derrotar al Avatar. Mientras tanto, algunos personajes secundarios reaparecen a lo largo de la serie para ayudar a Aang y sus amigos a prepararse para una guerra final contra la Nación del Fuego, para devolver la armonía a las cuatro naciones.

El universo de Avatar es expansivo y fantasioso, con terrenos rocosos, cañones formidables llenos de insectos de gran tamaño, densos bosques amazónicos, templos al revés tallados en los costados de los acantilados, un vasto desierto que esconde una biblioteca borgesiana de conocimiento ilimitado, e incluso una Isla mística en el caparazón de una bestia antigua. Aunque los creadores se inspiraron en franquicias anglocéntricas de construcción mundial como "El señor de los anillos", "La guerra de las galaxias" y "Harry Potter", las culturas, filosofías y estética de "Avatar" fueron influenciadas casi exclusivamente por las tradiciones asiáticas.

Para dominar los elementos, Aang extrae lecciones basadas en el principio del yin y el yang y el funcionamiento de los chakras, y sus valores se toman prestados de los sistemas de creencias orientales como el budismo. La moda y la música se inspiraron en los estilos chino y japonés, y en muchas de las grandes vistas y modelos arquitectónicos de la serie, como la ciudad impenetrable de Ba Sing Se, se inspiró en sitios del mundo real como la Gran Muralla China y la Ciudad Prohibida.

Pero es el "bending", llamado así para describir cómo sus portadores manipulan, provocan y fortalecen su elemento en la sumisión, la adaptación más fascinante de las tradiciones culturales orientales. Cada estilo está inspirado en un clásico arte marcial chino que los creadores del espectáculo desarrollaron bajo la dirección de un consultor de artes marciales. El aire, variable y evasivo de Aang se asemeja a Baguazhang; la suave y fluida flexión del agua toma señales del tai chi; la flexión de la tierra, con su estabilidad y su postura inamovible, se basa en Hung Gar; y el estilo feroz y agresivo del fuego está adaptado del Shaolin kung fu.

Aang es corregido por sus maestros a medida que aprende: debe profundizar su postura o girar el brazo para hacerlo; debe aclarar su mente y dirigir la energía a través de él. El movimiento es clave; los ciudadanos de cada nación se mueven de manera diferente, por lo que el movimiento está vinculado a la cultura, una disposición nacional, una historia dentro de la narrativa y un contexto más amplio de la vida real, de las culturas y tradiciones que informan estos estilos ficticios.

La admiración de DiMartino y Konietzko por la cultura oriental aparece a lo largo de la serie, una recopilación de alusiones e inspiraciones: anime, películas de Kung Fu, mitologías mundiales, tribus nativas, películas de Studio Ghibli. En un episodio, cuando Aang se ve afectado por una serie de pesadillas sobre su inminente enfrentamiento con el señor del fuego, la animación imita a otra famosa series animé, "Dragon Ball Z".

"Avatar" logró abarcar todo lo anterior mientras también navegaba concienzudamente por el complicado campo minado de apropiación cultural. Los escritores eran conscientes de los vínculos involuntarios que el programa podría establecer entre una de las naciones ficticias y los países asiáticos reales. Al punto que la producción contrató a Edwin Zane, el ex vicepresidente de la Red de Acción de Medios para los Asiáticos Americanos, como consultor para asegurarse de que se aborden las cuestiones de sensibilidad cultural.

Después de todo, "Avatar" es único en su enfoque para la construcción del mundo. El espectáculo podría haber colocado fácilmente su universo en la comunidad blanca al hacer que las cuatro naciones sean solo una parte de un paisaje más grande aún ocupado por personas blancas, de modo que incluso si la historia estuviera protagonizada por personajes asiáticos, lo blanco seguiría siendo una característica destacada. En cambio, el programa construyó un universo con su propia historia y cultura fuera de eso, donde los personajes parecen, por defecto, asiáticos y ven la vida a través de un lente oriental en lugar de uno occidental.

Sin embargo, y a pesar de su meticuloso cuidado y sensibilidad, "Avatar" todavía tiene características occidentales. La animación, aun inspirada en el anime japonés, con sus características exageradas, reacciones descomunales y escenas de acción dinámicas, luce el brillante estilo estadounidense de otras caricaturas de Nickelodeon. Lo más atroz es que los actores de voz son en su mayoría blancos, un paso en falso evidente para una producción que por lo demás era consciente de la representación cultural. El diálogo del programa también está plagado de palabras coloquiales estadounidenses, y abundan las alusiones al regionalismo estadounidense, como en un episodio que presenta una tribu de agua en pantanos que parecen haber sido sacados del sur profundo.

Pero aun con las instancias de asimilación, se denota la persistencia de un complejo de superioridad occidental. Por el contrario, a medida que Estados Unidos continúa navegando por una relación quejumbrosa con China, sin mencionar una historia sangrienta de guerra e intervención contundente con otros países en el Este, y lidiando con sus desigualdades aquí, tal vez sea más exacto pensar en "Avatar" como entregar algo que nunca buscó adaptar o transcribir de Este a Oeste, pero respetuosamente casarse y unificar a los dos lados.

Su regreso a la televisión ofrece un recordatorio oportuno: la historia no siempre tiene que ser de la misma América gringa. Hay un amplio mundo de narrativas y tradiciones que resuenan debido a la visión alternativa que presentan.