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martes, 15 de septiembre de 2026

Crítica Cinéfila: Ice Cream Man

Lo que comienza siendo un verano idílico, en un pequeño y tranquilo pueblo vacacional, se convierte en una auténtica pesadilla cuando los más pequeños comienzan a mostrar instintos asesinos y deseos insaciables por acabar con todos los adultos. Son víctimas de una curiosa maldición provocada por los helados que comen que afecta a todos, menos a tres niños que tendrán que intentar escapar y salvar a todo el pueblo.



Las películas de terror actuales generalmente se dividen en dos categorías. Por un lado, está el terror psicológico que busca ahondar en la mente del espectador, como los éxitos de este verano "Obsession" y "Backrooms", así como también fueron "Weapons" y "Talk to Me". Pero en el otro lado están las películas que buscan brindar al público la simple diversión del gore y la sangre de la vieja escuela. Aunque durante mucho tiempo fue menospreciado, este subgénero ha resurgido recientemente, gracias a la popularidad de la franquicia "Terrifier" y "Thanksgiving" de 2023 .

Eli Roth, el director de la última película, no es nuevo en esto de emocionar al público con efectos sangrientos; lleva dos décadas provocando repulsión con películas como "Cabin Fever" y "Hostel". Ahora, regresa con "Ice Cream Man", una comedia de terror sobre un villano sonriente cuyos dulces convierten a un pueblo en un lugar violento y hostil. Si buscas el tipo de impresionantes efectos prácticos que hicieron de las películas de "Terrifier" un fenómeno, sin duda los encontrarás aquí. Pero ahí termina la diversión. A pesar de su buen aspecto, "Ice Cream Man" es una película monótona con un villano olvidable.

"Ice Cream Man" (que no debe confundirse con la comedia de terror homónima de Clint Howard de 1995) comienza en un idílico pueblito que parece el lugar perfecto para crecer. ¿Y qué más podría necesitar un pueblo perfecto que su propio heladero local? Acechando en segundo plano en escenas de niños jugando en el parque y participando en partidos de béisbol infantil, el camión de helados los reparte a los pequeños a través de un personaje silencioso conocido simplemente como el Heladero (Ari Millen). Con su sombrero blanco, pajarita roja y bigote, él también parece una reliquia de tiempos pasados.

Claro, estamos en una película de terror, así que este helado tiene un precio muy alto. Por la noche, el camión de helados recorre barrios oscuros, tocando su melodía característica, y todos los niños que comieron el helado se convierten en monstruos parecidos a zombis cuyo único objetivo es destrozar a los adultos del pueblo (ni siquiera Roth, que tiene un pequeño papel como un padre local, está a salvo). Los únicos que pueden salvar el día son unos cuantos niños y adolescentes que no comieron el helado, incluyendo al intolerante a la lactosa Jared (Charlie Zeltzer) y su hermana mayor Lizzie (Sarah Abbott). Ice Cream Man se ve como la escena final de Weapons convertida en largometraje. La película sabe exactamente lo que es y no se hace ilusiones de ser otra cosa. Pero al final, eso no es suficiente para redimirla.

Eli Roth es un gran admirador del estilo grindhouse. Este gusto, aunque ya palpable en sus demás películas, se hizo público con su genial tráiler grindhouse para la película ficticia "Thanksgiving", que tuvo tan buena acogida que acabó convirtiéndose en un largometraje de éxito. Ese gusto también se aprecia aquí. Ice Cream Man es una comedia de terror donde las escenas de asesinatos no dan miedo; al contrario, son tan exageradas que lo único que queda es reírse de la genialidad del equipo de efectos especiales, que presumiblemente dedicó muchas horas a idear nuevas y descabelladas formas de descuartizar a alguien.

La trama absurda de la película está diseñada para que la producción se divierta, y el gore es el verdadero atractivo. Si te gusta el gore, no te decepcionarán las numerosas escenas de aspecto creíble en las que niños decapitan a sus padres y les destrozan la cara. La mejor de todas es aquella en la que una pandilla de pequeños monstruos en la escuela le corta la parte superior del cráneo a un adulto y, mientras aún está vivo, le arranca parte del cerebro con una cuchara de helado, lo mete en un cono y se lo da de comer.

Sin embargo, hay tantas escenas sangrientas que el impacto inicial se desvanece rápidamente. Un espectador solo puede soportar una cantidad limitada de carnicería repugnante antes de que pierda toda su fuerza, sobre todo porque Ice Cream Man tiene una estética cuidada que contrasta con su predilección por las muertes brutales. Cuando el número de muertes es tan elevado que deja de importar, debe haber una trama que la mantenga en marcha. Aquí es donde Ice Cream Man falla: si se elimina la violencia explícita, no hay mucho más que destacar.

"Ice Cream Man" tiene una premisa similar a la de "Cooties" (2014), otra comedia de terror en la que los niños se transforman en diminutas máquinas de matar. Si bien aquella película distaba mucho de ser perfecta, el coguionista Leigh Whannell y actores talentosos como Elijah Wood y Rainn Wilson crearon una película que, al menos, era coherente. "Ice Cream Man" carece de esto. Los diálogos son muy básicos y dependen demasiado de la interpretación de niños que, sinceramente, no son grandes actores. Esto hace que "Ice Cream Man" parezca una película de serie B directamente para plataformas de streaming.

Pero quizás lo peor de todo sea el villano que da título a la película, tan blando y sin sustancia como los dulces que sirve. Ari Millen es un buen actor que ha impresionado en series como "Orphan Black", pero aquí no tiene nada que hacer, ya que este villano no pronuncia ni una sola palabra.

Claro que una película puede sortear este obstáculo si hay algo sustancial bajo la superficie; el silencioso Art el Payaso es el corazón de "Terrifier". Sin embargo, el Vendedor de Helados no es Art el Payaso. Es solo un tipo, y uno que, además, no parece muy siniestro. Para colmo, el Vendedor de Helados nunca mata a nadie; lo mejor que puede hacer es mantenerse al margen mientras los monstruos que creó hacen el trabajo sucio. Si bien esto podría haber sido el comienzo de un misterio intrigante, una avalancha de información en el tercer acto explica quién es y por qué hace lo que hace. Unos minutos después, tras un clímax poco emocionante, la película termina.

Eli Roth se ha labrado un lugar como uno de los directores de terror más visionarios del siglo XXI, creando tanto películas de pesadilla como comedias de gore. Con "Ice Cream Man", Roth tiene una idea interesante, pero con tan poco respaldo, la película se desinfla rápidamente. Sus brillantes escenas de gore resultan atractivas al principio. Sin embargo, después de un rato, el encanto se desvanece, dejando al público con una sensación de vacío. Al final de los créditos, uno se queda con ganas de más.


viernes, 29 de mayo de 2020

Crónica Cinéfila: 8 consejos para escribir una película de terror


Escribir guiones es un proceso creativo bien extenso. No solo depende del tipo de historia que quieres contar o el estilo que quieres utilizar, sino también el género que vas a emplear, pues aunque todas las películas tienen una estructura madre, hay reglas muy particulares en cada género. En lo particular, el cine de terror lo considero uno de los más difíciles. Es fácil de confundirse con otros géneros si no hay suficientes elementos que lo justifiquen, pero a su vez debe de tener un terror lo suficientemente inteligente y creíble para verdaderamente asustar. 

Por suerte, para los que aspiramos a escribir sobre este género, siempre tendremos guionistas que sepan guiar. Los siguientes ocho consejos son una recopilación de sugerencias que algunos guionistas del cine de terror consideran necesarias de profundizar para poder crear tramas originales y escalofriantes.

1. Si quieres asustar, cuida de los personajes.
Los personajes son la parte más importante de la historia. Si nos preocupamos por ellos, nos asustaremos por ellos. Escribe personajes interesantes y agradables; preferiblemente ambos. La clave para escribir horror es la empatía que uno siente hacia los protagonistas. Cuanto más nos preocupemos y nos gusten, más asustados estaremos tanto por ellos como por nosotros mismos. Cuanto más nos desagrada un personaje, más hipnotizante se sentirá el horror, como si fuese el mismo karma cayéndoles encima. Stephen King es un genio al tratarse de crear empatía con sus personajes, desde las injusticias que sufre Carrie hasta lo tolerante que se ha convertido el equipo de los perdedores.

2. Escribe lo que te asusta.
Si los payasos te asustan, escribe payasos. Si perder un ser querido te asusta, escriba sobre eso. Lo que te asusta, asusta a los demás, porque siempre mostrarás la razón del susto. Su miedo auténtico se siente genuino para una audiencia. A Eli Roth, el director de Hostel (2005-2011) y Last Exorcism (2010) le aterran los fanatismos políticos, religiosos y de cualquier tipo.

3. Asegúrese de que ocurra algo aterrador cada diez páginas más o menos.
Si lo haces en menos páginas, ya no tendrá mucho impacto a la siguiente vez. Y si duras mucho tiempo en presentarlo, el público olvida que están en una película de terror. Cada latido de miedo necesita sentirse genuino. Un "susto de salto" es sorprendente y solo es efectivo en la primera vista, por lo que el verdadero horror debe ser auténtico y memorable, y no simplemente susto de salto. Cargill, el escritor de Sinister (2012) y Sinister 2 (2015) da margen de maniobra al primer acto mientras establece los personajes, pues si una película de terror no tiene sensaciones terroríficas en cada secuencia, la audiencia se aburre.

4. Sé divertido si y cuando puedas.
No es tanto que sea una comedia, sino que se usa como un desahogo de tensión, el público se reiniciará y estará listo para volver a asustarse. El humor del personaje a menudo funciona mejor en momentos bien específicos y en categorías de terror bien específicas. La comedia no significa necesariamente burlona, a menos que se haga realmente bien, como en Evil Dead II (1987). El horror y la comedia son primos cercanos. Ambos tienen que ver con la fórmula y el desenlace. Es simplemente la recompensa lo que es diferente.

5. Tu protagonista debe evolucionar.
Si los protagonistas no cambian por su exposición al terror, ese debería ser el punto central del personaje. Se nos dice que los personajes están destinados a cambiar, sin importar el género. Y las películas de terror introducen un elemento mortal o sobrenatural a los personajes, por lo que su supervivencia depende de que cambien su status quo. Pero, ¿qué sucede cuando un personaje NO cambia a la fuerza horrible? Es muy posible que mueran... como ocurre en The Strangers (2008) de Bryan Bertino.

6. Conoce las expectativas de tu audiencia.
Si se trata de horror mezclado con ciencia ficción, el público esperará que todo tenga sentido lógico. Si el horror es de origen fantasioso o sobrenatural, te darán mucho más margen de maniobra. El público es más exigente cuando se trata de películas como Alien (1979) porque sus horrores se basan en la ciencia ficción. El elemento de la ciencia nos hace desear una explicación lógica, a veces artificial, de las criaturas que nos persiguen. Sin embargo, los horrores de fantasía tienen poderes impenetrables. La magia podría significar muchos elementos incontrolables como fantasmas, criaturas cósmicas o los poderes del infierno. Solo mira cuántas cosas han sido poseídas a lo largo de la historia del cine: personas, muñecas, vehículos, cintas de video, camas, la mano de Ash. El mundo de la magia es inexplicable y no está basado en la ciencia, lo que significa que el escritor puede salirse con una explicación más abierta. 

7. Las elecciones del personaje deben tener sentido.
Imagina todas las formas posibles en que tu personaje podría escapar de cualquier situación mortal, porque el público seguramente lo hará. Los personajes deberían tomar la decisión más lógica, porque sino serán insultados por la misma audiencia. Esto tiene mucho que ver con hacer que tu protagonista sea interesante. Nos gustan las personas inteligentes. Nos gustan los sobrevivientes. Entonces nuestros sobrevivientes deben tomar decisiones inteligentes. Es uno de los mayores errores que se ven en Jeepers Creepers (2001) de Victor Salva.

8. El horror tiende a ser breve.
A menos que sea necesaria una construcción profunda de personajes, una buena película de terror no debe ser más de 100 páginas. La regla de "una página es un minuto de tiempo de pantalla" no se aplica realmente en terror porque la acción de suspenso tiende a tomar más tiempo en la narrativa. Y si eres Ari Aster (Hereditary - 2018, Midsommar - 2019), probablemente no te importe el recuento de páginas de todos modos. Pero si quieres entrar en la industria con un guión de terror, debe ser breve. Pero esto no es solo porque la audiencia moderna no espera ver dos horas siendo aterrorizados. También se trata porque menos páginas significa un presupuesto más bajo. Y un presupuesto más bajo es más atractivo para las productoras.

También es importante considerar que lo que hace a una película terrorífica no es cuanta sangre se derrame en escena, sino cuánta tensión sepa generar en la audiencia, y cuanto terror psicológico sabe sembrar. A veces, lo más intenso puede llegar a hacer la expectativa de lo que puede ser, aun cuando no nos deja ver nada. Un buen ejemplo es The Blair Witch Project (1999).

jueves, 27 de septiembre de 2018

The House with the Clock in its Walls

Tras quedar huérfano, un niño se muda a la vieja y rechinante casa de su tío, la cual tiene un misterioso reloj en sus paredes que suena todas las noches. Pronto, la aburrida y tranquila vida de su nuevo pueblo se ve interrumpida cuando accidentalmente, Lewis despierta a magos y brujas de un mundo secreto. (FILMAFFINITY)



Las historias sobre brujas, magos, hechizos y santerías son inagotables, sobretodo en esta época del año en que el resto del mundo se prepara para Halloween. Así parece ser que esta trama, basada en la novela de John Bellairs llega en buen tiempo, y las ventas de taquilla la han permitido posicionarse en el primer lugar del box office de la semana. Pero... por más momentos mágicos, o por más consejos de Cate Blanchett al resto del elenco, creo que la historia termina cayendo en una convencional película de fantasía.

Eli Roth (Hostel, The Green Inferno) dirige esta trama sobre Lewis, un niño que, después de que sus padres fallecen en un "trágico accidente", termina en manos de su tío, quien es un hombre bastante peculiar para el vecindario donde vive. Aunque muchas personas, incluyendo sus compañeros de clase, tachan su nuevo hogar como el centro de posibles homicidios, Lewis conoce que, en realidad, el gran secreto de su tío es que es un hechicero sin certificado y desde hace años trata de encontrar un reloj que uno de sus colegas escondió allí, justo antes de morir. La casa se vuelve aún más terrorífica cuando, de manera accidental, Lewis libera el alma del hechicero quien ahora tiene el plan macabro de regresar el tiempo y evitar que la raza humana se desarrolle (si no va así, eso fue lo que yo entendí).

El tema con esta película es quizás la filmografía de su director, quién ha dedicado sus años a desarrollar películas de gore, slasher o comedia de terror. Probablemente muchos dirán "eso no tiene que ver, él puede dirigir películas del género que le plazca", pero hay que tomar en cuenta que, cuando te caracterizas por hacer películas de un tipo, y de repente decides cambiar a algo que podría ser completamente opuesto, la inspiración para eso puede resultar de dos maneras: un completo desastre o una sorpresa exitosa. No digo que The House with the Clock in its Walls (por Dios, que nombre más largo) sea un desastre, pero tampoco puedo mentirles en la cara y decir que estuvo genial. Es más bien una película que podría caer facilmente en la categoría de aburrida pero se salva por algunos momentos que recuerdan los aspectos más interesantes de su género. 


A su vez, la interpretación de Cate Blanchett como Mrs. Zimmermann salva al resto del elenco de caer en los estereotipos de las películas de fantasía, y se convierte en la mentora, no solo del personaje principal, sino del resto de los personajes, aún así cuando ella misma tiene sus propias debilidades y debe enfrentar sus peores miedos para poder ayudar al resto. Es el personaje más completo y mejor desarrollado de toda la película, dejando atrás al pequeño Lewis, interpretado por Owen Vaccaro quien toma la ardua tarea del personaje principal, y que aunque da todo lo mejor de sí, el guión no le ayuda en muchas ocasiones. Por su parte, Jack Black solo se queda como el tío divertido que podía entretener y contar historias, pero no más de ahí.

A pesar de los decentes efectos especiales (sobretodo en la escena de las calabazas o cuando Black se convirtió en un bebé -spoiler-), lo que verdaderamente está bien establecido es el diseño de producción, que hace énfasis a la época de los 50 en que se desarrolla la trama, donde desde carros anticuados hasta los colores y estilos de vestir apoyan la novela en que está basada esta película. Y no se puede dejar de mencionar el TICKTOCK del reloj que creó tremendos momentos de tensión, ya sea porque algo iba a pasar o porque realmente se eleva a sacar de quicio a cualquier persona.

Esta película es una visión adulta a las familias disfuncionales, sumergido en los miedos y desafíos de la infancia. Es lo más cercano que tendremos de ver a Blanchett como una heroína de acción fuera del universo de Marvel, ejecutando un escape de soporte perfecto desde un ataque de jack-o'-linternas con colmillos afilados. Las escenas que comparte con Black: "Te pondría una mirada fea, pero ya tienes una", le dice, una especie de bola de perlas, pero sin fricciones lo cual nos recuerda que a veces podemos tener un hombre y a una mujer en pantalla grande sin necesidad de forzar el romance. Gracias Eli Roth.