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martes, 11 de julio de 2023

Crítica Cinéfila: Indiana Jones and the Dial of Destiny

El arqueólogo Indiana Jones deberá emprender otra aventura contra el tiempo para intentar recuperar un dial legendario que puede cambiar el curso de la historia. Acompañado por su ahijada, Jones pronto se encuentra enfrentándose a Jürgen Voller, un ex nazi que trabaja para la NASA. 



No hace falta decir que James Mangold no es Steven Spielberg, al igual que sería tremendamente injusto exigirle a cualquier director de Hollywood ese estándar. Por el contrario, hay algo admirable en el hecho de que Mangold encontró el descaro para cerrar el libro de esta franquicia. Lo que no encontró fue una razón de peso para volver a abrir ese libro en primer lugar. "Indiana Jones and the Dial of Destiny" no solo es una pérdida de tiempo casi total, sino que también es un recordatorio elaborado de que es mejor dejar algunas reliquias donde y cuando pertenecen. Si tan solo las entradas anteriores de esta saga se hubieran tomado la molestia de señalarlo. 

Volviendo a Mangold por un momento: es importante tener en cuenta que el fracaso de su última película tiene mucho menos que ver con su talento como cineasta que con el momento en que se le pidió que lo aplicara. Mangold es un heredero tan digno de la corona de Spielberg como cualquiera que trabaje a nivel de estudio hoy en día, y las escenas más eléctricas de "The Dial of Destiny" (todas las cuales están abarrotadas en los primeros 45 minutos) muestran el mismo estilo carismático y competitivo detrás la cámara que ayudó a los gustos enormemente subestimados de "Knight + Day" a golpear tan alto por encima de su categoría de peso. No, la diferencia más grande (o al menos más evidente) entre Spielberg y Mangold es que uno de ellos nunca se habría permitido hacer algo tan obsoleto, y el otro probablemente no tuvo otra opción. 

Por supuesto, eso es en parte culpa de Spielberg. Al llegar a un importante punto de inflexión en la economía de los fanáticos del cine, "Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal" se convirtió de inmediato en sinónimo del trato sacrílego de las queridas franquicias de Hollywood. Ese fiasco de 2008 cometió una buena cantidad de errores del tamaño de Mutt Williams, pero la indignación reflexiva por "destruir el refrigerador" eclipsó un emocionante viaje delirantemente bien dirigido que se atrevió a reconciliar los impulsos contradictorios que habían definido a Indiana Jones desde el principio: familia y aventura. 

En un torpe adelanto de lo que "The Last Jedi" haría tan magistralmente unos años más tarde, "Crystal Skull" tuvo el coraje de infligir un cambio significativo a un personaje icónico, y el retroceso fue tan intenso que el cineasta más exitoso en la historia de Hollywood estaba demasiado asustado para volver a recoger el sombrero de fieltro. ¿Y por qué debería hacerlo? Esa película dejó a su héroe con la felicidad que nunca admitió que siempre había deseado. “Indiana Jones and the Dial of Destiny” se lo arranca y no le da prácticamente nada de valor a cambio. 

Un slog vacío de una película que solo existe para suavizar cualquiera de las quejas de los fanáticos que han dividido a la audiencia de la franquicia en los últimos 15 años, "The Dial of Destiny" es una película de aventuras trotamundos tan segura que incluso su héroe nunca parece estar en peligro significativo (una compilación más precisa de "Star Wars" sería "The Force Awakens", pero esa secuela heredada tuvo el lujo de prometer algo nuevo, mientras que esta solo se dedica a volver los nudos perfectos en cabos sueltos).

En retrospectiva, la peor parte es que el extenso prólogo de Mangold se atreve a prometer algo más, ya que "The Dial of Destiny" comienza con un Indy que roba cierto artefacto de los nazis al final de la Segunda Guerra Mundial. La tecnología todavía es un poco inestable aquí y allá, apropiada para una franquicia que privilegia los poderes finitos de la ciencia sobre los caprichos de la magia, pero no se puede negar lo divertido que es ver a un joven Harrison Ford golpear una nueva variedad de nazis, e incluso luchar contra algunos de ellos en la parte superior de un tren a toda velocidad junto con el arqueólogo Basil Shaw (Toby Jones). Mangold llena toda esta secuencia con deliciosas notas decorativas que ayudan a superar algunos CGI oscuros y dudosos; un poco que involucre una bomba muy pesada es digno de cualquier película que esta franquicia haya producido.

El artefacto en cuestión es el Dial de Arquímedes, una herramienta matemática que se creía capaz de abrir fisuras en el tiempo. El científico nazi Jürger Voller, un Mads Mikkelsen demasiado obvio, que interpreta a Wernher von Braun y que fácilmente es el villano más aburrido que Indiana Jones ha tenido que enfrentar, ciertamente cree en el poder del dispositivo, y cuando la historia comienza en 1969, todavía está desesperado para encontrar la pieza faltante que podría permitir que el impulsor cumpla su misterioso propósito. Indy, mientras tanto, no tiene esa motivación. Su matrimonio con Marion Ravenwood en ruinas y su hijo ha fallecido (siéntete libre de dar un suspiro de alivio), Indy está caminando penosamente hacia la jubilación como profesor en Hunter College, y las vibraciones de "out of my grass" nunca han sido más fuertes. Su relevancia nunca ha estado más en duda; sus alumnos solían mandar notas de amor hacia él con los párpados, y ahora duermen toda la clase. 

La buena noticia es que hay una morena alegre con acento británico en la parte trasera de la sala que parece totalmente comprometida con el material: la hija de Basil y la ahijada de Indy, Helena Shaw (Phoebe Waller-Bridge, incluso si el guión nunca es tan divertido como ella y no le favorece). En un momento se están poniendo al día, y al siguiente se están alejando a toda velocidad de la camarilla de secuaces olvidables de Voller (Boyd Holbrook y Shaunette Renée Wilson) en una carrera mundial por el último McGuffin. 

Es una carrera que llevará al elenco de Tánger a Sicilia (entre lugares mucho más extraños) mientras el guión torcido se esfuerza por cumplir con todas las obligaciones necesarias. Hay una persecución fantástica entre una motocicleta y un caballo, un niño al azar que agrega aún menos a la trama de lo habitual ahora que Indy es una figura paterna, mientras golpea a un grupo de nazis. Y abandona los aviones. Y se estrella contra los túneles del tren. Algunas cosas nunca cambian, pero al menos la nostalgia fácil de esta película tiene algún propósito metatextual detrás, ya que "The Dial of Destiny" está profundamente arraigada en una idea simple que explica tanto su trama como sus trampas: no puedes cambiar el pasado, pero es posible que pueda volver a visitarlo por un tiempo. 

Eso significa ritmos familiares y algunos cameos de fan-service. También significa un miedo paralizante a tomar cualquier decisión que pueda cambiar retroactivamente algo sobre la franquicia o desafiar lo que su icónico héroe significa para las personas (no hace falta decir que Ford sigue siendo Indy de principio a fin, aunque el emotivo discurso que pronunció ante el el estreno de la película en Cannes fue mucho más emotivo y conmovedor que cualquier cosa que le hayan pedido que haga en la película misma). Aparte de un clímax salvajemente inerte, no hay nada aquí que pueda sorprender a nadie. Y eso es cierto tanto en macro como en micro dimensiones, hasta un punto que resulta cada vez más insensible cada vez que Voller aparece en algún lugar unos minutos después que nuestros héroes. 

Al final del día, "The Dial of Destiny" no se trata tanto de agregar nuevas capas a la leyenda de Indy como de pulir las que ya tenía. Al igual que la reliquia en el centro de esta película, que Helena, interesada en sí misma, está constantemente tratando de vender al mejor apostador, el problema real aquí es restaurar el valor completo de un ícono cinematográfico antes de que cabalgue hacia la puesta de sol para siempre. Puedes sentir cuán desesperadamente Mangold, Ford, e incluso los productores ejecutivos Spielberg y George Lucas, el último de los cuales sin duda sonreiría ante la tontería del gran final de la película, quieren desesperadamente que Indy llegue a la cima en la imaginación del público, y "The Dial of Destiny” desentierra innecesariamente la historia antigua para que eso suceda.

“El ayer nos pertenece”, dice alguien en un momento, y cuando se trata de Indiana Jones, el ayer siempre lo será. El problema es que ya lo hizo, y hoy se siente como una completa pérdida de tiempo.



jueves, 12 de octubre de 2017

Blade Runner 2049

Treinta años después de los eventos del primer film, un nuevo blade runner, K (Ryan Gosling) descubre un secreto largamente oculto que podría acabar con el caos que impera en la sociedad. El descubrimiento de K le lleva a iniciar la búsqueda de Rick Deckard (Harrison Ford), un blade runner al que se le perdió la pista hace 30 años. (FILMAFFINITY)



Una de mis mayores preocupaciones con el cine moderno son las secuelas, porque en su gran mayoría están precediendo a clásicos o películas taquilleras extremadamente exitosas, y en otras ocasiones están buscando alcanzar el éxito que sus antecesoras no lograron conseguir. Ambas situaciones son retantes, porque el camino para llegar a la meta de las taquillas y buena crítica no sólo dependerá en qué tanto varíe la imagen para impresionar al público.

Para mi gran decepción, Blade Runner 2049 no cumplió con las expectativas que el trailer y los comentarios de otras personas habían generado en mí. Y mi desencanto no tiene nada que ver con los aspectos técnicos que son los únicos atractivos de la película, para mi. Sino de toda la parte narrativa que la compone.


La historia se desarrolla 30 años después de que Rick Deckard desapareciera junto a Rachael, en una ciudad de Los Angeles devastada por la destrucción medioambiental, envuelta en el desequilibrio químico y consumida por las avanzadas tecnologías. El protagonista, conocido como K o Joe, es un replicante que trabaja y obedece los oficios de la policía local, ubicando y eliminando modelos de replicantes clandestinos más viejos. Después de acabar con uno de sus casos, encuentra por accidente una caja con huesos de una antigua replicante y un descubrimiento que podría "cambiar la sociedad humana y de replicantes como ya es conocida": esta mujer/replicante tuvo un bebé, lo cual era considerado imposible para ese grupo de seres. A partir de ese momento, Joe debe investigar quién fue, dónde está esa criatura, quién fue su padre y cómo esto cambiará al resto del mundo, si es que logra cambiarlo antes de que la película se acabe.

La situación que más me preocupa con esta trama es que sus personajes son apáticos. Y es injustificable que digan que lo son porque no son humanos reales y naturales, cuando en la historia del 1982 nos mostraron que tienen sentimientos y son capaces de sufrir.


Aún con que la película cuenta con actores de fuerte calibre, estos no lograron llenar las interpretaciones como debían: Joe o K (Ryan Gosling) fue un objeto sin sentimientos ni una muestra de interés, ni siquiera cuando creyó que él era ese bebé de replicante y humano; hay otros personajes que se ven muy sobreactuados y otros poco coordinados; el personaje de Jared Leto no le sacaron el provecho y el máximo de lo que sé que hubiese dado y lo convirtieron en un villano pasivo, otorgándole importancia a Luv (Sylvia Hoeks), quién es el único personaje que sí tiene un desarrollo, aun cuando su cambio no es tan notorio. La entrada de Harrison Ford le dio un poco de fuerza a los demás, pero su aparición no es hasta la segunda parte de la película, cuando el ritmo duerme a la mitad de la audiencia con un paso extremadamente lento para lo que en realidad prometía la historia.

La trama no deja de ser interesante, pero está narrada en un tono flojo, falto de carisma y de la intensidad que solamente fueron logradas en las escasas escenas de acción que tuvo. Incluso algunas de ellas no tuvieron la fuerza que ameritaban.


Si le otorgo puntos a favor de esa fotografía colorida que me da la sensación de un tiempo distópico aparentemente creíble, pues da esa tensión en su atmósfera nublada y dañada. A su vez, los efectos especiales de los vehículos, las armas y las tecnologías futuristas fueron otra novedad que lograron lo que quizás la primera Blade Runner intentó hacer (y que en cierta forma, también lo hizo de una manera increíble, en comparación a la fecha en que fue desarrollada). Otro aspecto que me compró fue la musicalización, compuesta por una banda sonora de violines que complementaban el suspenso que trataban de crear en cada escena de la película.

Blade Runner 2049 no es una secuela terrible, pero no es (para mi) una obra de arte, porque aunque haya cumplido con dar una impresionante cinematografía y un elenco envidiable, se queda corta en términos narrativos y de personajes, y tiene la decepcionante capacidad de dormir a su público, si no logra enbobarlo con los aspectos técnicos que sé que muchos les aplaudirán y no le darán importancia a lo que verdaderamente es importante cuando se hace una continuación de una película: darle sentido coherente y entretenido a su historia.