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viernes, 7 de mayo de 2021

Crítica Cinéfila: Shiva Baby

En un funeral judío con sus padres, una estudiante universitaria se encuentra con su amante.  



Como probablemente casi cualquier otra profesión controversial, el trabajo sexual ha sido durante mucho tiempo una fascinación lasciva para los cineastas. Desde "Pretty Woman" hasta "True Romance", las trabajadoras sexuales son representadas como la "prostituta con el corazón de oro" o como una damisela en apuros que necesita la salvación (típicamente de un hombre). No fue hasta hace poco que los cineastas comenzaron a crear tomas más matizadas de la profesión más antigua del mundo, adoptando a las trabajadoras sexuales como personajes completamente autónomos que no odian en secreto lo que hacen o anhelan ser rescatadas.

Películas como "Cam" (Netflix) y programas de televisión como "Harlots" (Hulu) y "The Girlfriend Experience" (Starz) van más allá de los arquetipos canzones ​​que solo buscan excitación o lástima por sus personajes. A medida que la discusión sobre los derechos de las trabajadoras sexuales se traslada a los diálogos feministas convencionales, afortunadamente los medios de entretenimiento han seguido su ejemplo. Entrando sin miedo en este género está "Shiva Baby", una comedia negra de ingenio agudo de la escritora y directora Emma Seligman. A semejanza de los primeros trabajos de Joey Soloway y Jennifer Westfeldt, "Shiva Baby" combina un humor judío claustrofóbico con una premisa sexy para ofrecer un debut animado.

La película comienza con una joven Danielle (Rachel Sennott) terminando una sesión con su sugar daddy Max (Danny Deferrari). Deferrari comunica todo lo que necesitas saber sobre su personaje en esta escena inicial: después de buscar a tientas el dinero en efectivo, extiende una despedida ya incómoda en un abrazo largo aún más triste. Danielle lo ignora bruscamente y llega tarde a una shiva familiar (un funeral judío), aunque todavía no está segura de quién murió.

Joel (Fred Melamed) y Debbie (Polly Draper) exudan el encanto de los padres judíos sin todos los clichés repetidos. Estos dos pilares de la comedia se han mantenido el tiempo suficiente para disfrutar del estatus de ícono indie. Hacen un dúo verdaderamente encantador como los padres cariñosos y autoritarios de Danielle, pero Debbie de Draper es un soplo de aire fresco particular del típico arquetipo de la madre judía. En contraste con el narcisismo maternal de “Transparent” o “Marvelous Mrs. Maisel”, Debbie parece anteponer el bienestar de su hija a sus propios intereses, y eso no la hace menos divertida.

Por el contrario, tiene algunas de las mejores líneas de la película, como cuando se lamenta: “Está casado con una princesa shiksa. Pobre tipo." O cuando regaña a Danielle: “¡Estás coqueteando con todo el mundo, estás bebiendo vino, estás sentada en una mesa! ¡Esto no es una fiesta!"

Por supuesto, se puede perdonar a Danielle por beber vino, ya que Max aparece en la shiva. Resulta que su papá solía trabajar para su verdadero papá. Pero no solo eso: está casado con una shiksa y tienen un bebé. No solo tiene que procesar esta crisis personal en secreto, sino en medio de un coro de entrometidas tías judías, que simultáneamente castigan y elogian su reciente pérdida de peso, y su novia de la secundaria Maya (Molly Gordon), que va a la escuela de leyes, mientras que Danielle no tiene rumbo.

El guión de Seligman es ingenioso y conciso, con solo algunos retrasos en la acción. La configuración de una única localización principal es siempre un movimiento astuto para una primera función, especialmente una con un presupuesto limitado, aunque limita las cosas visualmente. La naturaleza conversacional del guión se presta a tomas ajustadas y ediciones rápidas, lo que tiene el efecto de ejecutar círculos sofocantes alrededor de Danielle, quien generalmente está centrada mientras que a los otros personajes se les dispara por encima del hombro, lo que ayuda a mantener el enfoque en su confusión interna. Una composición musical de cuerda tensa aumenta la tensión, aunque esta técnica pierde su fuerza después de demasiados usos.

La relación de Maya y Danielle, aunque muy preocupada por los entrometidos ancianos, es el punto más dulce de la película. Gordon, quien quedó encantadora como la sabelotodo que participó en "Booksmart", hace gran parte del trabajo pesado aquí. Como la más emocionalmente adelantada de las dos, sus ojos desfallecidos y sus sonrisas avergonzadas son suficientes para darle la vuelta al estómago de cualquiera, en el buen sentido. Sennott es más difícil de precisar, rebotando entre un distanciamiento opaco y un pánico interior frenético. Ambas cualidades la convierten en un personaje difícil de conectar y, por lo tanto, que le importe a la audiencia.

"Shiva Baby" es más fuerte cuando se ve como una película de conjunto, y la energía arremolinada que rodea a Danielle en su hora de pánico es lo que hace que la película sea tan atractiva. Danielle es el ojo del huracán, aunque no uno tranquilo de ninguna manera, pero son los padres que pelean, las ancianas sordas y los vecinos parlanchines los que lo hacen cantar. Como dice el viejo proverbio africano, se necesita una aldea para criar a un "Shiva".



jueves, 31 de octubre de 2019

Crítica Cinéfila: Jojo Rabbit

Jojo "Rabbit" Betzler (Roman Griffin Davis) es un joven y solitario niño alemán perteneciente a las Juventudes Hitlerianas que ve su mundo puesto patas arriba cuando descubre que su joven madre Rosie (Scarlett Johansson) esconde en su ático a un niña judía (Thomasin McKenzie). Con la única ayuda de su mejor amigo imaginario, Jojo deberá enfrentarse a su ciego nacionalismo.



¿Cuántas películas sobre nazis y judíos habrán en el mundo? Este es un tema que ha sido literalmente explotado en la pantalla grande. Sin embargo, hablar de estos temas en una tonalidad satírica ha resultado difícil, acabando con críticas que han destruído la total intención de sus autores. Por eso Taika Waititi nos trae una versión bien pensada, con uno de los guiones seleccionados por el BlackList del 2012, Jojo Rabbit.

Escrita y dirigida por Waititi, esta es la historia de Jojo Betzler, un niño alemán de 10 años que ha crecido siendo fanático empedernido del movimiento nazi. Con la ausencia de su padre quien está luchando en la II Guerra Mundial, Jojo vive con su madre Rosie en un humilde hogar, justo durante la época caliente de los campos de concentración judía. Jojo odia a los judíos porque así lo establece el Estado, pero es un niño muy inseguro que se acurruca de su amigo imaginario, Adolf, quien en realidad es una imagen caricaturesca de Adolf Hitler. 

Durante el verano, Jojo asiste a un campamento para la juventud Hitleriana, que prepara a los jóvenes para la guerra y cualquier batalla que se aproxime. Un día, descansando después de un accidente donde termina con cicatrices en el rostro, Jojo descubre que su madre esconde a una joven judía entre las paredes de una de las habitaciones. Al principio el niño considera delatarla, pero reconociendo el peligro que su madre correría, prefiere guardar el secreto y comenzar a escribir un libro sobre "los secretos de los judíos", sin esperar que poco a poco se irá enamorando de la judía refugiada.


Waititi ha hecho un poco de todo en el cine, pero lo más increíble es como todas sus películas mantienen un mismo estilo: él ha logrado establecer su marca, y con Jojo Rabbit la fortalece aún más. Al ser un guión escrito por él mismo, ya está claro que no solo se trata de traer risas y momentos bien satíricos a escena, sino también mostrar el lado humano de la comedia. En vez de irse por la típica sátira de sangre esparcida innecesariamente, el énfasis de la tonalidad está en el punto de vista de Jojo, interpretado adorablemente por Roman Griffin Davis, quien hace su debut como actor con esta película, pero la manera cómo lo hace es lo que nos roba el corazón. Este joven talento adquiere acento y personalidad, complementados por unas miradas tan inocentes que no solo se robarán el corazón de la audiencia, sino también demostrará lo manipulados que eran estos niños durante la era Nazi.

Además de Roman, es importante resaltar a Scarlett Johansson y Sam Rockwell, un par de americanos a quienes el acento alemán los transforma en personajes completamente distintos a los que ya habíamos visto, tanto en un estilo europeo de la época, como con el toque humanitario escondido tras cada una de sus acciones, también dando a entender que no todo alemán era malo. Pero el que realmente se roba la cámara es el mismo Waititi, quien interpreta al Hitler imaginario de Jojo, dándole consejos que en primer instancia parecerían crueles, pero que en algunas ocasiones resultan necesarios para que el personaje tome una decisión correcta. Por supuesto, al final del día él es el verdadero villano de la película, pero entre momentos y ofertas de cigarrillos, va llenando la historia de mucha gracia.


Así muchos otros actores que se van robando nuestro corazón, como Thomasin McKenzie en la piel de la judía Elsa, y Archie Yates como Yorki (el mejor amigo de Jojo), también hay muchos otros que hacen énfasis en no olvidar la frialdad e inhumanidad de la época. A través de la fotografía de  Mihai Mălaimare Jr., el lente hace un enfoque muy inteligente de la visión de Jojo, que entre escenas de plano abierto y secuencias de seguimiento solo se convierte en una visualización de su imaginación y sus aventuras, pero a su vez, hace un gran enfoque a detalles que en los momentos más oscuros de la película serán lo que expondrán cosas que afectarán al personaje, pero lo hacen de una manera tan inteligente que cuando llegan, lo hacen con la intención de no alejarse mucho de la tonalidad de la historia.

Aunque la resolución de esta crisis es predecible, el humanista en Waititi aporta intimidad y pasión indeleble a cada paso en el viaje del niño hacia la empatía. La película, que se vuelve menos cómica y más delicada a medida que avanza hacia su conclusión inevitable, alcanza la grandeza necesaria en un terreno bien explorado en cuanto a contenido, pero muy nuevo en cuanto a tonalidad, la cual es complementada exitosamente por el compositor Michael Giacchino.

Es en los pequeños momentos que Jojo Rabbit logra su mayor impacto. La fe de Waititi en la idea de que un niño nos sacará de la ignorancia puede ser ingenua. Te reirás, llorarás, y quizás ambas al mismo tiempo. Pero la verdad es que es una película casi imposible de olvidar.


viernes, 30 de junio de 2017

La casa de la Esperanza (The Zookeeper's Wife)

Jan y Antonina Zabinski, el director del zoo de Varsovia y su esposa, ayudaron a salvar a cientos de personas (y también a muchos animales del Zoo) de los nazis tras la invasión de Polonia por las tropas alemanas en septiembre de 1939. (FILMAFFINITY)



El Holocausto es uno de los hechos que ha marcado más la humanidad y que siempre tendrá nuevas historias para ser explotadas en el cine. Se han publicado novelas y aperturado museos en honor a personajes que fueron los encargados de salvar cientos de vidas cuando todo se creía perdido. La historia de Jan y Antonina no era solo para ser narrada a través de las páginas de un libro... ni tampoco para mostrarla con una sutileza que ninguna trama sobre esta época ha podido plasmar.

The Zookeeper's Wife nos traslada a Varsovia, una de las principales ciudades que fue atacada por el ejército alemán en pleno Gueto. El principal escenario de los bombardeos es el Zoológico de Varsovia, donde los esposos Jan y Antonina tienen una villa y conviven junto a sus animales. Ambos son testigos de las primeras explosiones de la guerra dentro de la ciudad, viendo como sus animales más preciados eran víctimas de este hecho. Después de tratar de ayudar a unos amigos, deciden convertir su zoológico en un refugio de judíos: un zoológico humano.


El cine de Niki Caro se ha caracterizado por presentar personajes con personalidades fuertes y complejas, lo cual logra captar la atención del público sin necesidad de tener una trama muy llamativa, como en Mulán, Whale Rider y North Country; sin embargo, y a pesar de los grandes esfuerzos de preparación de Jessica Chastain, a Antonina le faltó fuerza, empoderamiento y sentimientos más pronunciados, para hacernos creer cómo estaba afectando todo este acontecimiento en su vida y la de su familia. Por momentos se ve forzada por el acento que maneja y en otros se le ve muy debilitada ante las situaciones que afrontaba. Después del segundo acto, en vez de reflejar cómo pudo salir adelante a pesar de que desconocía el paradero de su esposo, hundieron aún más a su personaje y lo disminuyeron al punto de que pudo haberse eliminado y la película hubiese salido adelante sin ella. Esto no es culpa de Jessica, sino de la guionista que no supo darle fuerza al tratamiento de su personaje.

Los aspectos técnicos no decepcionan. La fotografía y la colorización recrean una tonalidad que da la sensación de estar viendo un filme viejo, complementado por la dirección de arte, el vestuario y el peinado de cada personaje. Por igual, los efectos especiales del bombardeo, los enfrentamientos y la cremación fueron los que visualmente resaltaron, tratando de ocultar algunos errores de continuidad en muchas de las escenas a lo largo de la película.

Este filme tiene todas las buenas intenciones que su guionista y su directora se propusieron, pero no golpearon al público con la crudeza y mal sabor de esta situación y el simple hecho de tener que trasladarnos al Holocausto.