Mostrando las entradas con la etiqueta Brendan Fraser. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Brendan Fraser. Mostrar todas las entradas

lunes, 23 de octubre de 2023

Crítica Cinéfila: Killers of the Flower Moon

Cuando se descubre petróleo en la Oklahoma de los años 20, bajo las tierras de la nación Osage, sus pobladores son asesinados uno a uno hasta que el FBI interviene para resolver los crímenes.



Las tres horas y media de duración de "Killers of the Flower Moon" se siente como los mismos azotes en una controversial escena entre Robert De Niro y Leonardo DiCaprio; espero que quien haya aprobado esa duración haya recibido los azotes también. Podrías leer el libro de David Grann, sobre una audaz conspiración de la década de 1920 para robar recursos del pueblo Osage mediante el asesinato, en menos tiempo, y aprenderías mucho más sobre cómo J. Edgar Hoover y el recién formado FBI usaron este caso para establecer su lugar en la aplicación de la ley estadounidense.

Pero por supuesto, estamos hablando de la leyenda del cine Martin Scorsese, quien durante años ha peleado con los ejecutivos del estudio que le decían qué cortar, enfrentándose cara a cara con Harvey Weinstein en “Gangs of New York” (una película que probablemente hubiera sido mejor con más tiempo). Ahora se ha ganado el derecho de contar historias como mejor le parezca. El problema es que, con 206 minutos (todavía cuatro menos que “The Irishman”), “Killers of the Flower Moon” es más bien una miniserie. No hay nada de malo en eso, excepto que está destinado a la pantalla grande, donde Apple se comprometió a lanzarlo en cines antes que en su plataforma. Si se hubiese quedado en dos horas o quizás la reorganización emocional y de intención de la historia, “Killers” sería un éxito mayor en taquilla (y probablemente con esta crítica también), pero es muy probable que la mayoría de la gente esperará para verla en casa. Alguien debería decirle a nuestro querido Marty que controle sus cosas, y ahora ya no solo hablo del tiempo de duración.

Del mismo modo, debieron haberle hablado del factor tiempo-audiencia en sala antes de que comenzara a filmar, ya que el ritmo está incorporado en la totalidad de la trama y los proyectos de Scorsese no se comprimen bien después de su grabación por la soltura de la información. En su forma actual, “Killers” sigue siendo una historia real convincente, una historia que Scorsese y el coguionista Eric Roth iniciaron como una historia de resiliencia hacia la comunidad nativoamericana Osage, y que pasó de ser una típica historia de detectives sobre salvadores blancos a una mirada moralmente más espinosa sobre cómo los culpables blancos planearon y llevaron a cabo crímenes y asesinatos. Se sentirá como miel de abeja al principio de lo densa que es. Por momentos es fascinante, sobre todo en el principio, con la tensión palpable que se hace eco metódicamente en la partitura constante de Robbie Robertson. Pero sigue y sigue hasta que todos los que nos importan están muertos, agonizantes o tras las rejas, y aún queda casi una hora por delante.

Años antes, el gobierno de Estados Unidos había obligado a la tribu a renunciar a sus tierras ancestrales y trasladarse a tierras indeseables de Oklahoma, donde se enriqueció prácticamente de la noche a la mañana cuando se descubrió petróleo bajo sus terrenos. Una de las primeras escenas del descubrimiento del primer chorro recuerda a "There Will Be Blood": una escena moralmente con mirada indignada hacia la masacre en cámara lenta, que se atasca tanto en los detalles que pierde el hilo narrativo por largos minutos (para no decir por secuencias).

Scorsese habla de tiempos prósperos para el pueblo Osage, que se había convertido en el estadounidense más rico per cápita, gracias a las innumerables torres de perforación de petróleo que cubren sus tierras insulsas. Eso los convertía en objetivos obvios para ser explotados. Al principio, el director traza una línea directa entre los asesinatos de Osage y la masacre racial de Tulsa de 1921, a la que se hace referencia en noticieros antiguos: ambos casos en los que los supremacistas blancos no soportaban ver prosperar a personas de color, contando con un sistema legal sesgado para cubrir sus crímenes.

Pero esta no es la historia de un asesinato. Tomando una página de “Goodfellas”, Scorsese repasa media docena de muertes sospechosas desde el principio, descartadas sin investigación, incluido un “suicidio” en el que vemos a alguien dispararle a una mujer Osage en el pecho y luego reescenificar la escena colocando el arma en su mano. Ese es el clima en el que el personaje de DiCaprio, un veterano oportunista de la Primera Guerra Mundial llamado Ernest Burkhart, se muda a Fairfax, Oklahoma, donde pronto se encuentra participando en los asesinatos. La primera parada de Ernest al bajar del tren es la casa de su tío William “King” Hale, donde el ganadero con buenas conexiones (interpretado por De Niro) le da la bienvenida a la ciudad, contento de tener el chivo expiatorio perfecto.

Lo más fuerte es que Ernest no se está dando cuenta del asunto, pero el plan ya está en marcha. Para que funcione, King necesita que su sobrino se case con Mollie Kyle (Lily Gladstone), una mujer Osage que es demasiado inteligente para no reconocer a un buscador de oro, pero demasiado confiada para imaginar cuán siniestras pueden ser las intenciones de su pretendiente (o mejor dicho, la familia de su pretendiente, porque el pobre Ernest es solo una víctima). Casi de inmediato, sus familiares empiezan a morir por causas sospechosas. Una hermana sucumbe a una extraña "enfermedad debilitante", otra es descubierta con una herida de bala en la parte posterior de la cabeza y la tercera muere en una explosión tan grande que rompe todas las ventanas en un kilómetro y medio de cuadra.

No hay duda de que estos crímenes son desmedidos. Para que el público sienta repulsión, Scorsese nos arroja a la cara los cráneos ensangrentados de las víctimas, excepto que sabe muy bien que el público anhela “golpes”. De una manera que parece casi estratégica, dado el tiempo de ejecución, los asesinatos se convierten perversamente en algo que esperar, llevando a los espectadores a través de largos tramos secos de drama hasta la siguiente ejecución horrible. Con cada muerte, las fortunas de la familia fluyen hacia Mollie, cuyos derechos pueden pasar legalmente a su marido, si ella así lo alega, todo como King había previsto.

Al reducir a la mayoría de los Osage a extras glorificados, es un clásico de Scorsese presentar este caso desde la perspectiva de los criminales, de la misma manera que “Casino” siguió las raíces de Las Vegas como paraíso de los gangsters. El cineasta siempre ha mostrado fascinación por la corrupción, la violencia y los negocios clandestinos, y el libro de Grann ofrece todo eso, además de un desafío intrigante para el productor DiCaprio, quien frunce el ceño en ingenuidad (y aparente retraso mental) durante la mayor parte de la película. Mientras tanto, Gladstone es tan comprensiva con Mollie que nos estremecemos cuando Ernest la envenena lentamente con insulina contaminada. DiCaprio nunca ha llegado tan lejos hacia el lado oscuro, desafiándonos a seguirlo mientras Ernest se abre camino a través de un frío complot al estilo "Gaslight" para robar la fortuna de su esposa. Sin duda alguna, las actuaciones son el gran entretenimiento de esta historia.

La ambivalencia del país hacia los nativos facilita su trabajo y, sin empantanarse en el contexto, “Killers” ilustra algunas de las formas en que el sistema fue diseñado para defraudarlos, como certificar a varios osage como “incompetentes”, de modo que los hombres blancos serán asignados para administrar sus fondos fiduciarios. Otros cobran a los nativos precios escandalosos o contratan pólizas de seguro para cubrir sus deudas, como King hace con Henry Roan (William Belleau) antes de liquidarlo. King, políticamente bien conectado, tenía a las autoridades en el bolsillo y el valor para llevar a cabo una buena parte de sus intrigas al aire libre. En lugar de telegrafiar su duplicidad, De Niro recurre al encanto, sirviendo como una especie de figura de padrino para todos en Fairfax, aunque las acciones de King sugieren que cada línea podría pronunciarse con los dedos cruzados a sus espaldas.

La forma obvia de contar esta historia (la que Grann tomó para su libro) sería como una investigación criminal. Pero la película causa una impresión más fuerte al pedir al público que se identifique con los asesinos, al tiempo que muestra cómo esta conspiración afectó a la Nación Osage. En un par de ocasiones, Scorsese nos lleva a las reuniones del consejo tribal, donde los portavoces nativos se quejan de que a nadie le importan los asesinatos entre ellos. Si quieren que se investiguen las muertes, tendrán que pagarlas ellos mismos. Cuando finalmente envían a un representante a Washington, DC, para dirigirse a la oficina de Asuntos Indígenas, ese hombre termina asesinado a golpes en una zanja. Y cuando Hoover envía a un ex Ranger de Texas, Tom White (Jesse Plemons), Ernest y King apenas le dedican la hora del día.

White finalmente resolvió el caso, para gloria del FBI, aunque esa parte de la película casi se detiene cuando Mollie se tambalea al borde de la muerte, como lo indican las visiones del búho que su madre identificó como un presagio antes de su propia muerte. En una escena escalofriante, esta mujer alguna vez orgullosa, estoica e incluso indignada mira a su marido en su rostro barrigón y patético y exige saber qué le dio. Scorsese construye el prolongado clímax de la película en torno a la elección de Ernest: ¿protegerá a King hasta el amargo final, o testificará contra su tío y tal vez salvará a Mollie en el proceso? La decisión se reduce al destino de sus hijos, quienes de alguna manera no recibieron mucha atención en las tres "cortas" horas de ejecución.

Entonces, ¿cómo justifica Scorsese ese maravilloso tiempo? Al rodar la película en Oklahoma, él y el director de fotografía Rodrigo Prieto sumergen al público en la comunidad rica en petróleo, presentando carreras callejeras y desfiles en el centro,  en compañía de una cinematografía que glorifica la colorización natural que representa a los nativos americanos y los campos terrenales de Oklahoma, y la rusticidad de la época. Los picnics y los congresos aportan algo más que valor de producción, ya que sitúan esta increíble historia en un lugar y un tiempo singulares.

Sin embargo, ni eso, ni la supuesta complejidad de los casos de corrupción, ni siquiera la detención en los detalles justifican este estiramiento tan innecesario de tiempo, donde se siente más como una larga carta de súplica de perdón, buscando con desesperación redimirse por alguna culpa ante los hechos que ocurren en la historia, y por lo tanto termina siendo una apropiación errónea de una historia que no le corresponde contar. Se siente extraño, Marty... desde mi punto de vista, te quedan mejor las historias de gangsters y crímenes en New York. Pero lo más cruel ocurre en una de las escenas finales, donde un programa de radio respaldado por Hoover intenta resumir lo sucedido en el juicio final. Es una forma brusca de envolver una película que hasta ahora se ha tomado su tiempo para narrar la trama. Debería servir como un recordatorio de que nadie le está diciendo que no a Scorsese, o peor, que no está encontrando la mejor manera de darle un cierre acorde a sus películas. 

Que esta crítica no desglorifique lo increíble que fue la película desde una perspectiva actoral, el alto nivel de producción en su cinematografía y diseño, o incluso la musicalización tan cercana al público del que busca un perdón. Le esperan grandes nominaciones y seguro una fuerte competencia con otros grandes títulos del año. Pero que sí sirva como una carta pública a los estudios, productores y cineastas más establecidos de que ya es hora de respetar los tiempos tradicionales de pantalla o pasar la historia por un medidor de hilo narrativo antes de su proyección, aún si su director es Martin Scorsese.


martes, 14 de marzo de 2023

Temporada de premios: Ganadores de la 95ta entrega de los Premios de la Academia

“Everything Everywhere All at Once” fue nombrada mejor película en la 95ª edición de los Premios de la Academia el domingo, coronando una impredecible temporada de premios al ganar el mayor honor de la industria cinematográfica.



La película, una aventura alegórica sobre la propietaria de una lavandería chino-estadounidense que lidia con una auditoría del IRS y atacantes interdimensionales, ganó siete estatuillas, incluido Mejor guión original y Mejor dirección para sus creadores Daniel Kwan y Daniel Scheinert (conocidos colectivamente como los Daniels). La victoria es un triunfo para A24, el estudio independiente que llevó la alocada película a la impresionante cifra de 100 millones de dólares en taquilla, un logro impresionante en un momento en que el mercado de las películas de autor se ha marchitado. El estudio también logró la rara hazaña de obtener los cuatro honores de actuación, tres de los cuales fueron ganados por "Everything Everywhere All at Once" y uno por "The Whale".

Fue una noche de remontadas y reevaluaciones. “Everything Everywhere All at Once” de Michelle Yeoh se convirtió en la primera mujer asiática en ser reconocida como mejor actriz. El honor llegó después de una larga carrera en artes marciales y películas de acción como "Crouching Tiger Hidden Dragon" y "Yes, Madam".

“Señoras, nunca dejen que nadie les diga que ya pasaron su mejor momento”, dijo Yeoh. “Para todos los niños y niñas pequeños que se parecen a mí viendo esta noche, este es un faro de esperanza y posibilidades”, agregó.

Brendan Fraser se llevó los honores de mejor actor por su interpretación de un hombre con obesidad mórbida que intenta reconectarse con su hija separada en "The Whale". Fraser, que alguna vez fue un destacado actor conocido por su trabajo en películas de palomitas de maíz como "George of the Jungle" y "The Mummy", pasó la última década y se alejó del centro de atención lidiando con problemas de salud y personales. Su victoria continúa su notable resurgimiento.

“Empecé en este negocio hace 30 años, y esto, ciertamente no fue fácil para mí, pero había una instalación que no aprecié en ese momento hasta que se detuvo”, dijo Fraser, reconociendo los reveses de su carrera. Agradeció a su director Darren Aronofsky por "arrojarme un salvavidas creativo y llevarme a bordo".

Ke Huy Quan ganó el premio al mejor actor de reparto por su interpretación del agotado esposo de Yeoh en "Everything Everywhere All at Once". Quan, ex estrella infantil que apareció en "Indiana Jones and the Temple of Doom" y "The Goonies", había dejado de actuar en los últimos años, frustrado por la falta de oportunidades. Al aceptar su premio, luchó por contener las lágrimas mientras compartía su historia personal.

“Mi viaje comenzó en un bote”, dijo. “Pasé un año en un campo de refugiados y de alguna manera terminé aquí en el escenario más grande de Hollywood. Dicen que historias como esta solo pasan en las películas. No puedo creer que me esté pasando. Este es el sueño americano”.

“Los sueños son algo en lo que tienes que creer”, agregó. “Casi me doy por vencido con el mío. A todos ustedes, por favor, mantengan vivos sus sueños”.

Jamie Lee Curtis, una veterana cabeza de cartel de éxitos de terror como "Halloween" e hija de las leyendas de Hollywood Janet Leigh y Tony Curtis, ganó el premio a la mejor actriz de reparto por su papel como inspectora del IRS en "Everything Everywhere All at Once".

La ceremonia se desarrolló en un momento tenso para Hollywood. A medida que los consumidores se han alejado del cable y se han acercado a los servicios de transmisión por suscripción, los principales estudios y sus empresas matrices han dedicado mucho tiempo y dinero a lanzar sus propios desafíos internos de Netflix. La industria del entretenimiento también ha atravesado un período de consolidación, con Discovery fusionándose con WarnerMedia, Disney comprando gran parte de 21st Century Fox y Amazon apropiándose de MGM.

Los Oscar también hicieron algunos cambios cosméticos notables, reemplazando una alfombra color champán por la roja habitual. 

Esta es la lista completa de los ganadores:

Mejor Película: “Everything Everywhere All at Once” — Daniel Kwan, Daniel Scheinert y Jonathan Wang
“All Quiet on the Western Front” — Malte Grunert
“Avatar: The Way of Water” — James Cameron y Jon Landau
“The Banshees of Inisherin” — Graham Broadbent, Pete Czernin y Martin McDonagh
“Elvis” — Baz Luhrmann, Catherine Martin, Gail Berman, Patrick McCormick y Schuyler Weiss
“The Fabelmans” — Kristie Macosko Krieger, Steven Spielberg y Tony Kushner
“Tár” — Todd Field, Alexandra Milchan y Scott Lambert
“Top Gun: Maverick” — Tom Cruise, Christopher McQuarrie, David Ellison y Jerry Bruckheimer
“Triangle of Sadness” — Erik Hemmendorff y Philippe Bober
“Women Talking” — Dede Gardner, Jeremy Kleiner y Frances McDormand

Mejor Actriz Principal: Michelle Yeoh (“Everything Everywhere All at Once”)
Cate Blanchett (“Tár”) 
Ana de Armas (“Blonde”) 
Andrea Riseborough (“To Leslie”)
Michelle Williams (“The Fabelmans”) 

Mejor Actor Principal: Brendan Fraser (“The Whale”) 
Austin Butler (“Elvis”) 
Colin Farrell (“The Banshees of Inisherin”) 
Paul Mescal (“Aftersun”) 
Bill Nighy (“Living”) 

Mejor Actriz de Reparto: Jamie Lee Curtis (“Everything Everywhere All at Once”)
Angela Bassett (“Black Panther: Wakanda Forever”) 
Hong Chau (“The Whale”) 
Kerry Condon (“The Banshees of Inisherin”)  
Stephanie Hsu (“Everything Everywhere All at Once”)

Mejor Actor de Reparto: Ke Huy Quan (“Everything Everywhere All at Once”) 
Brendan Gleeson (“The Banshees of Inisherin”) 
Brian Tyree Henry (“Causeway”) 
Judd Hirsch (“The Fabelmans”)
Barry Keoghan (“The Banshees of Inisherin”) 

Best Director: Daniel Kwan, Daniel Scheinert (“Everything Everywhere All at Once”) 
Martin McDonagh (“The Banshees of Inisherin”) 
Steven Spielberg (“The Fabelmans”) 
Todd Field (“Tár”) 
Ruben Östlund (“Triangle of Sadness”)

Mejor Guion Original: “Everything Everywhere All at Once” — Daniel Kwan y Daniel Scheinert
“The Banshees of Inisherin” — Martin McDonagh
“The Fabelmans” — Steven Spielberg and Tony Kushner
“Tár” — Todd Field
“Triangle of Sadness” — Ruben Östlund

Mejor Guion Adaptado: “Women Talking” — Sarah Polley
“All Quiet on the Western Front” — Edward Berger, Lesley Paterson y Ian Stokell
“Glass Onion: A Knives Out Mystery” — Rian Johnson
“Living” — Kazuo Ishiguro
“Top Gun: Maverick” — guion de Ehren Kruger, Eric Warren Singer y Christopher McQuarrie; historia de Peter Craig y Justin Marks

Mejor Cinematografía: “All Quiet on the Western Front” — James Friend
“Bardo, False Chronicle of a Handful of Truths” — Darius Khondji
“Elvis” — Mandy Walker
“Empire of Light” — Roger Deakins
“Tár” — Florian Hoffmeister

Mejor Edición: “Everything Everywhere All at Once” — Paul Rogers
“The Banshees of Inisherin” — Mikkel E.G. Nielsen
“Elvis” — Matt Villa and Jonathan Redmond
“Tár” — Monika Willi
“Top Gun: Maverick” — Eddie Hamilton

Mejor Diseño de Producción: “All Quiet on the Western Front” — diseño de producción de Christian M. Goldbeck, decoración de set de Ernestine Hipper
“Avatar: The Way of Water” — diseño de producción de Dylan Cole and Ben Procter, decoración de set de Vanessa Cole
“Babylon” — diseño de producción de Florencia Martin, decoración de set de Anthony Carlino
“Elvis” — diseño de producción de Catherine Martin and Karen Murphy, decoración de set de Bev Dunn
“The Fabelmans” — diseño de producción de Rick Carter, decoración de set de Karen O’Hara

Mejor Diseño de Vestuario: “Black Panther: Wakanda Forever” — Ruth E. Carter
“Babylon” — Mary Zophres
“Elvis” — Catherine Martin
“Everything Everywhere All at Once” — Shirley Kurata
“Mrs. Harris Goes to Paris” — Jenny Beavan

Mejor Maquillaje y Peinado: “The Whale” — Adrien Morot, Judy Chin y Anne Marie Bradley
“All Quiet on the Western Front” — Heike Merker y Linda Eisenhamerová
“The Batman” — Naomi Donne, Mike Marino y Mike Fontaine
“Black Panther: Wakanda Forever” — Camille Friend y Joel Harlow
“Elvis” — Mark Coulier, Jason Baird y Aldo Signoretti

Mejor Canción Original: “Naatu Naatu” from “RRR” — música de M.M. Keeravaani, lírica de Chandrabose  
“Applause” from “Tell It Like a Woman” — música y lírica de Diane Warren
“Hold My Hand” from “Top Gun: Maverick” — música y lírica de Lady Gaga y BloodPop
“Lift Me Up” from “Black Panther: Wakanda Forever” — música de Tems, Rihanna, Ryan Coogler and Ludwig Goransson; lírica de Tems y Ryan Coogler
“This Is a Life” from “Everything Everywhere All at Once” — música de Ryan Lott, David Byrne y Mitski; lírica de Ryan Lott and David Byrne

Mejor Banda Sonora: 
“All Quiet on the Western Front” — Volker Bertelmann
“Babylon” — Justin Hurwitz
“The Banshees of Inisherin” — Carter Burwell
“Everything Everywhere All at Once” — Son Lux
“The Fabelmans” — John Williams

Mejor Sonido: “Top Gun: Maverick” — Mark Weingarten, James H. Mather, Al Nelson, Chris Burdon y Mark Taylor
“All Quiet on the Western Front” — Viktor Prášil, Frank Kruse, Markus Stemler, Lars Ginzel y Stefan Kort
“Avatar: The Way of Water” — Julian Howarth, Gwendolyn Yates Whittle, Dick Bernstein, Christopher Boyes, Gary Summers y Michael Hedges
“The Batman” — Stuart Wilson, William Files, Douglas Murray y Andy Nelson
“Elvis” — David Lee, Wayne Pashley, Andy Nelson y Michael Keller

Mejor Efectos Visuales: “Avatar: The Way of Water” — Joe Letteri, Richard Baneham, Eric Saindon y Daniel Barrett
“All Quiet on the Western Front” — Frank Petzold, Viktor Müller, Markus Frank y Kamil Jafar
“The Batman” — Dan Lemmon, Russell Earl, Anders Langlands y Dominic Tuohy
“Black Panther: Wakanda Forever” — Geoffrey Baumann, Craig Hammack, R. Christopher White y Dan Sudick
“Top Gun: Maverick” — Ryan Tudhope, Seth Hill, Bryan Litson y Scott R. Fisher

Mejor Película Internacional: “All Quiet on the Western Front” (Alemania) 
“Argentina, 1985” (Argentina) 
“Close” (Bélgica)
“EO” (Polanda) 
“The Quiet Girl” (Irlanda) 

Mejor Película Animada: “Guillermo del Toro’s Pinocchio” — Guillermo del Toro, Mark Gustafson, Gary Ungar and Alex Bulkley
“Marcel the Shell With Shoes On” — Dean Fleischer Camp, Elisabeth Holm, Andrew Goldman, Caroline Kaplan and Paul Mezey
“Puss in Boots: The Last Wish” — Joel Crawford and Mark Swift
“The Sea Beast” — Chris Williams and Jed Schlanger
“Turning Red” — Domee Shi and Lindsey Collins

Mejor Documental: “Navalny” — Daniel Roher, Odessa Rae, Diane Becker, Melanie Miller and Shane Boris
“All That Breathes” — Shaunak Sen, Aman Mann and Teddy Leifer
“All the Beauty and the Bloodshed” — Laura Poitras, Howard Gertler, John Lyons, Nan Goldin and Yoni Golijov
“Fire of Love” — Sara Dosa, Shane Boris and Ina Fichman
“A House Made of Splinters” — Simon Lereng Wilmont and Monica Hellström

Mejor Cortometraje de ficción: 
“An Irish Goodbye” — Tom Berkeley and Ross White
“Ivalu” — Anders Walter and Rebecca Pruzan
“Le Pupille” — Alice Rohrwacher and Alfonso Cuarón
“Night Ride” — Eirik Tveiten and Gaute Lid Larssen
“The Red Suitcase” — Cyrus Neshvad

Mejor Cortometraje Animado: “The Boy, the Mole, the Fox and the Horse” — Charlie Mackesy y Matthew Freud
“The Flying Sailor” — Amanda Forbis y Wendy Tilby
“Ice Merchants” — João Gonzalez y Bruno Caetano
“My Year of Dicks” — Sara Gunnarsdóttir y Pamela Ribon
“An Ostrich Told Me the World Is Fake and I Think I Believe It” — Lachlan Pendragon

Mejor Cortometraje Documental: “The Elephant Whisperers” — Kartiki Gonsalves y Guneet Monga
“Haulout” — Evgenia Arbugaeva y Maxim Arbugaev
“How Do You Measure a Year?” — Jay Rosenblatt
“The Martha Mitchell Effect” — Anne Alvergue y Beth Levison
“Stranger at the Gate” — Joshua Seftel y Conall Jones

lunes, 27 de febrero de 2023

Crítica Cinéfila: The Whale

Un solitario profesor de inglés con obesidad severa intenta reconectar con su hija adolescente en una última oportunidad de redención.



La agonía humana tanto física como emocional es un elemento básico del estilo cinematográfico de Darren Aronofsky, pero The Whale , que está impulsada por el trabajo devastador de Brendan Fraser como un maestro de 600 libras que come hasta morir, lleva ese tema a los extremos mientras se mantiene firme dentro de los límites del naturalismo. Adaptando la novela homónima de Samuel D. Hunter, el intenso drama nunca disfraza sus raíces escénicas, sino que las trasciende con la gracia y la compasión de la escritura y las capas de dolor, desesperación, amor y tenaz esperanza que se desprenden en la actuación central. Fraser nos hace ver más allá de la apariencia alarmante hacia el corazón profundamente conmovedor de este hombre destrozado.

En esta trama, el autor ha construido un mundo ordinario temático, predominantemente ambientado en Idaho, en el que las cuestiones de identidad queer, espiritualidad, soledad, tristeza existencial y la pérdida colectiva de comunidades que se desvanecen se examinan con una empatía penetrante y una excavación magistral del sentimiento reprimido. Su habilidad para iluminar vidas ordinarias lo ha convertido en una de las voces más valiosas que han surgido en la dramaturgia estadounidense en la última década.

Con un único escenario sin aire exterior y el personaje principal cuya terrible crisis de salud hace evidente el límite de tiempo en su vida desde el principio, The Whale parecía una perspectiva complicada para pasarlo a versión cinematográfica. Aronofsky lo logra no abriendo artificialmente la pieza, sino apoyándose en su teatralidad, y sumergiéndonos en la claustrofobia que se ha vuelto ineludible para el personaje de Fraser, Charlie. La estructura de la escena de un personaje central confinado en unas pocas habitaciones mientras que los personajes secundarios van y vienen, a veces superpuestos, sigue siendo muy parecida a la de una obra de teatro.

La escasez de luz que se filtra desde el exterior del apartamento de Charlie es simbólicamente torpe. Pero la cámara ágil del director de fotografía Matthew Libatique y la edición dinámica de Andrew Weisblum aportan un movimiento sorprendente a la situación estática. La única elección cuestionable significativa es la exageración de la partitura emocionalmente enfática de Rob Simonsen, en lugar de confiar en los actores para hacer ese trabajo.

Aronofsky y Hunter sorprenden a la audiencia desde el principio, no solo al exponer la obesidad severa de Charlie (una transformación física responsabilidad de Adrien Morot), sino al revelar que esta montaña de hombre todavía es capaz de deseo sexual. Charlie mantiene la cámara apagada durante el curso de escritura en línea que imparte, alegando que la cámara web de su computadora portátil está rota. Pero su componente de video funciona bien cuando momentos después está viendo porno gay.

Es interrumpido por un golpe en la puerta de Thomas (Ty Simpkins), un joven misionero aparentemente poco mundano de la iglesia New Life, que predica la aceptación de Cristo como una puerta de entrada de los últimos tiempos a un mundo mejor. La intrusión incómoda deja a Charlie luchando por respirar. Convencido de que se está muriendo, una eventualidad para la que parece haber estado ensayando durante meses, le ruega a Thomas, preso del pánico, que le lea un ensayo de un estudiante sobre Moby Dick de Melville, lo que le brinda consuelo por razones que se aclararán más adelante.

La crisis de Charlie se evita con la llegada de su amiga Liz (Hong Chau), una trabajadora de la salud que está acostumbrada a lidiar con sus emergencias. Ella le dice que su insuficiencia cardíaca congestiva y su presión arterial altísima significan que probablemente estará muerto dentro de una semana. Exasperada por su continua negativa a ir al hospital, aparentemente debido a la falta de seguro médico, Liz a menudo se muestra impaciente y enojada con Charlie. Pero su amor por él es tal que se entrega a regañadientes a su adicción a la comida rápida, llevándole cubos de pollo frito y sandwiches de albóndigas.

El mayor duelo es la dolencia que une a Charlie y a la mordaz Liz, y también la vuelve feroz con la presencia del persistente Thomas. Su padre adoptivo es un miembro principal del consejo de New Life, y ella culpa a la iglesia de la muerte de su hermano Alan, quien también era un ex alumno de Charlie que se convirtió en el amor de su vida, pero nunca pudo superar la condena de su padre y desarrolló un trastorno alimentario crónico que eventualmente lo mató.

La ordenada simetría de un compañero muriendo de hambre y la autodestrucción del otro a través de la glotonería es un poco esquemática, al igual que los elementos de Moby Dick son una alegoría que muestra la mano del escritor. Pero el guión de Hunter y la intimidad del trabajo de los actores mantienen el drama melancólico enraizado y creíble.

Además de su tormento por su papel en la muerte de Alan, Charlie se siente atormentado por la culpa de haber abandonado a su hija Ellie (Sadie Sink) a la edad de 8 años, cuando dejó a su esposa Mary (Samantha Morton) para estar con Alan. Mary obtuvo la custodia total e impidió que Charlie viera a su hija, pero él la contacta, ansioso por conocerla en el tiempo que le queda. Ellie es una misántropa llena de ira que corre el riesgo de reprobar la escuela secundaria, y su hostilidad hacia su padre se manifiesta como disgusto y crueldad. Pero cuando él gana su tiempo ofreciéndose a ayudarla con sus ensayos y prometiéndole dejarle todo el dinero que tiene, Ellie sigue regresando.

Las confrontaciones puntiagudas de la adolescente con el gentil gigante de su padre se combinan con sus intercambios punzantes con Thomas, a quien manipula de la misma manera que lo hace con Charlie y su dura madre. Sink no se detiene en una caracterización que justifica la descripción de Mary de ella como "malvada". Pero el amor residual debajo de los arrebatos de ambas mujeres y la distancia herida se revela lentamente en algunos momentos genuinamente conmovedores, especialmente cuando Charlie recuerda con Mary un viaje familiar a Oregón cuando pesaba mucho menos.

Todos los miembros del pequeño conjunto causan una gran impresión, incluso Sathya Sridharan como un amable repartidor de pizzas que nunca deja de preguntar sobre el bienestar de Charlie desde detrás de la puerta cerrada del apartamento.

La más destacada, junto a Fraser, es Chau, con un giro matizado como una mujer golpeada por la pérdida y preparándose para otro golpe devastador. Su incapacidad para intervenir la ha dejado indefensa, enfurecida, exhausta y con un dolor visible. También hay humor en la molestia de Liz con la positividad innata de Charlie, que perdura sin importar cuán malas sean sus circunstancias. En una película que trata en parte sobre el instinto humano de preocuparse por otras personas, Chau te rompe el corazón.

Sin embargo, la actuación heroica en The Whale que merecidamente dominará la atención es Fraser. Un excelente actor que pasó desapercibido durante demasiado tiempo, usa sus grandes ojos de cachorro con un efecto encantador, sin permitirnos olvidar que hay un hombre marcado por laceraciones emocionales crudas debajo del montículo de carne sudorosa y sibilante. Es angustioso presenciar su físico, que se esfuerza por navegar en espacios incómodos y maniobrar un cuerpo que requiere más fuerza de la que le queda a Charlie, al igual que sus ataques de tos, asfixia y dificultad para respirar. En las pocas ocasiones en las que lucha por mantenerse en pie en toda su altura, llena el encuadre, una figura de tremendo patetismo menos por su tamaño que por su sufrimiento. Pero en una película sobre la salvación, es la humanidad inextinguible de la actuación de Fraser lo que te deja boquiabierto.