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martes, 25 de febrero de 2025

Crítica Cinéfila: Zero Day

Tras un ciberataque devastador, encomiendan a George Mullen, aclamado expresidente de los Estados Unidos, la misión de encabezar un comité para intentar descubrir a los autores y sacar la verdad a la luz antes de que ataquen de nuevo, pero, entonces, surge la duda: ¿La amenaza proviene de una potencia extranjera o de un enemigo interno?



Después de décadas de ser un actor de cine, Robert De Niro se ha abierto camino en el mundo de las series por primera vez con "Zero Day" de Netflix, que lamentablemente desperdicia el trabajo sólido del dos veces ganador del Oscar y su impresionante elenco de reparto. En los últimos años, De Niro se ha abierto gradualmente a proyectos de pantalla chica, comenzando con la película de HBO centrada en Bernie Madoff, "The Wizard of Lies", y el drama argentino "Nada", aunque el thriller político es su primer papel protagónico en una serie.

Dado su odio hacia Donald Trump, no sorprenderá saber que el personaje de De Niro, George Mullen, no es un presidente al estilo de Trump. Mullen es un veterano de Vietnam, firme como una roca. Reconocido por todos como un buen tipo, que regresa a la política a regañadientes como jefe de una comisión que investiga un ciberataque que ha dejado miles de estadounidenses muertos. Todas las señales apuntan a Moscú, pero Mullen recomienda cautela: “¿queremos a alguien a quien culpar o queremos la verdad?”, pregunta.

El thriller está coescrito por Michael S. Schmidt, un periodista político del New York Times, y explora temas de seguridad nacional versus libertad individual. La comisión de Mullen ha recibido poderes extraordinarios de vigilancia, búsqueda e incautación, y la suspensión del habeas corpus si es necesario. Mientras tanto, los teóricos de la conspiración están haciendo de las suyas, un magnate tecnológico multimillonario se entromete en asuntos y un fanfarrón influencer en línea incita a sus seguidores a la rebelión. Todo parece dolorosamente actual.

Por desgracia, tiene un guión pésimo. “George, si nos equivocamos, el mundo entero se irá al infierno”, gruñe un personaje. Cuando Mullen reprende a los manifestantes por creer en “tonterías conspirativas, no se están comportando como estadounidenses ni como patriotas”, inmediatamente se callan. Bassett, que tiene dos nominaciones al Oscar en su haber, dice sus líneas de una forma vergonzosamente cursi. Tras ver los seis episodios, uno solo llega a la conclusión que el planteamiento es mucho mejor que el desenlace. La razón principal para seguir viéndolo es De Niro, cuyo poder estelar impulsa la serie.

Si bien un mayor enfoque en el efecto de los ataques ciberterroristas sobre los personajes podría haber ayudado a diferenciar la serie de un género abarrotado, los personajes de Zero Day conforman sus aspectos más decepcionantes. Al tener dos de sus creadores y escritores que son ex periodistas políticos, a menudo se esfuerza por lograr una sensación de realismo con sus personajes, ya sea el comentarista político abrasivo de Dan Stevens o el multimillonario tecnológico de Gaby Hoffman que intenta abrirse camino a codazos para involucrarse en el gobierno.

Está claro que Newman, Oppenheim y Schmidt están desatando cierta rabia relacionada con el panorama político actual a través de los personajes de Zero Day y, en cierto sentido, es un enfoque que debería funcionar. Hay infinitas oportunidades para explotar estas personalidades para la narración ficticia y, sin embargo, muchas series como esta se conforman con las representaciones más simplistas de ellas.

El Evan Green de Stevens recibe una pizca de dimensión extra con un breve vistazo a su familia y a su personalidad fuera de cámara con su equipo, todo lo cual es mucho más reflexivo de lo que su personaje en pantalla sumamente crítico esconde. De manera similar, Monica Kidder de Hoffman es ciertamente mucho más reservada que el infame gigante tecnológico en el que claramente está basada, y sin embargo, ya sea que intente promocionar frases históricas para impulsar su agenda o alardear de su riqueza y de que sus diversas empresas supervisan la vida de las personas, Kidder nunca se siente tan lejos de su inspiración del mundo real.

A pesar de que el guión no es del todo convincente, durante la mayor parte de la serie, De Niro hace lo que mejor sabe hacer: hacer muecas frente a la cámara y fruncir el ceño a los demás personajes. Sin embargo, hay momentos en los que infunde una sensación de empatía y vulnerabilidad en Mullen, ya sea en medio de su estado mental en deterioro o de sus dolorosas reflexiones sobre la muerte de su hijo.

Mientras tanto, Caplan demuestra ser una especie de comodín interesante a lo largo de la serie "Zero Day". En el papel de Alexandra Mullen, su personaje es otra figura desafortunadamente rutinaria, interpretando a la hija distanciada de su prominente padre que entierra la nariz en su trabajo y otras cosas para evitar hablar con él. Y, sin embargo, incluso antes de que avance la serie y podamos ver nuevos aspectos intrigantes de ella, Caplan desbloquea capas más profundas de Alex que nos mantienen interesados ​​en su evolución, incluso si termina sintiéndose desafortunadamente apresurada en los sobrecargados dos episodios finales.

Pero a pesar de los mejores esfuerzos de De Niro, Caplan y el resto del elenco sorprendentemente completo, "Zero Day" nunca puede escapar del hecho de que no es lo suficientemente completa como para justificar la duración de la serie. Los dos episodios intermedios optan por reducir su enfoque en el misterio principal de la serie para introducir uno secundario y centrarse en sus personajes, dos decisiones que son malas. Para cuando volvemos al detonante, de repente estamos en el final y nos quedamos con la mayoría de nuestras preguntas sin respuesta y con la sensación de tiempo desperdiciado.


lunes, 23 de octubre de 2023

Crítica Cinéfila: Killers of the Flower Moon

Cuando se descubre petróleo en la Oklahoma de los años 20, bajo las tierras de la nación Osage, sus pobladores son asesinados uno a uno hasta que el FBI interviene para resolver los crímenes.



Las tres horas y media de duración de "Killers of the Flower Moon" se siente como los mismos azotes en una controversial escena entre Robert De Niro y Leonardo DiCaprio; espero que quien haya aprobado esa duración haya recibido los azotes también. Podrías leer el libro de David Grann, sobre una audaz conspiración de la década de 1920 para robar recursos del pueblo Osage mediante el asesinato, en menos tiempo, y aprenderías mucho más sobre cómo J. Edgar Hoover y el recién formado FBI usaron este caso para establecer su lugar en la aplicación de la ley estadounidense.

Pero por supuesto, estamos hablando de la leyenda del cine Martin Scorsese, quien durante años ha peleado con los ejecutivos del estudio que le decían qué cortar, enfrentándose cara a cara con Harvey Weinstein en “Gangs of New York” (una película que probablemente hubiera sido mejor con más tiempo). Ahora se ha ganado el derecho de contar historias como mejor le parezca. El problema es que, con 206 minutos (todavía cuatro menos que “The Irishman”), “Killers of the Flower Moon” es más bien una miniserie. No hay nada de malo en eso, excepto que está destinado a la pantalla grande, donde Apple se comprometió a lanzarlo en cines antes que en su plataforma. Si se hubiese quedado en dos horas o quizás la reorganización emocional y de intención de la historia, “Killers” sería un éxito mayor en taquilla (y probablemente con esta crítica también), pero es muy probable que la mayoría de la gente esperará para verla en casa. Alguien debería decirle a nuestro querido Marty que controle sus cosas, y ahora ya no solo hablo del tiempo de duración.

Del mismo modo, debieron haberle hablado del factor tiempo-audiencia en sala antes de que comenzara a filmar, ya que el ritmo está incorporado en la totalidad de la trama y los proyectos de Scorsese no se comprimen bien después de su grabación por la soltura de la información. En su forma actual, “Killers” sigue siendo una historia real convincente, una historia que Scorsese y el coguionista Eric Roth iniciaron como una historia de resiliencia hacia la comunidad nativoamericana Osage, y que pasó de ser una típica historia de detectives sobre salvadores blancos a una mirada moralmente más espinosa sobre cómo los culpables blancos planearon y llevaron a cabo crímenes y asesinatos. Se sentirá como miel de abeja al principio de lo densa que es. Por momentos es fascinante, sobre todo en el principio, con la tensión palpable que se hace eco metódicamente en la partitura constante de Robbie Robertson. Pero sigue y sigue hasta que todos los que nos importan están muertos, agonizantes o tras las rejas, y aún queda casi una hora por delante.

Años antes, el gobierno de Estados Unidos había obligado a la tribu a renunciar a sus tierras ancestrales y trasladarse a tierras indeseables de Oklahoma, donde se enriqueció prácticamente de la noche a la mañana cuando se descubrió petróleo bajo sus terrenos. Una de las primeras escenas del descubrimiento del primer chorro recuerda a "There Will Be Blood": una escena moralmente con mirada indignada hacia la masacre en cámara lenta, que se atasca tanto en los detalles que pierde el hilo narrativo por largos minutos (para no decir por secuencias).

Scorsese habla de tiempos prósperos para el pueblo Osage, que se había convertido en el estadounidense más rico per cápita, gracias a las innumerables torres de perforación de petróleo que cubren sus tierras insulsas. Eso los convertía en objetivos obvios para ser explotados. Al principio, el director traza una línea directa entre los asesinatos de Osage y la masacre racial de Tulsa de 1921, a la que se hace referencia en noticieros antiguos: ambos casos en los que los supremacistas blancos no soportaban ver prosperar a personas de color, contando con un sistema legal sesgado para cubrir sus crímenes.

Pero esta no es la historia de un asesinato. Tomando una página de “Goodfellas”, Scorsese repasa media docena de muertes sospechosas desde el principio, descartadas sin investigación, incluido un “suicidio” en el que vemos a alguien dispararle a una mujer Osage en el pecho y luego reescenificar la escena colocando el arma en su mano. Ese es el clima en el que el personaje de DiCaprio, un veterano oportunista de la Primera Guerra Mundial llamado Ernest Burkhart, se muda a Fairfax, Oklahoma, donde pronto se encuentra participando en los asesinatos. La primera parada de Ernest al bajar del tren es la casa de su tío William “King” Hale, donde el ganadero con buenas conexiones (interpretado por De Niro) le da la bienvenida a la ciudad, contento de tener el chivo expiatorio perfecto.

Lo más fuerte es que Ernest no se está dando cuenta del asunto, pero el plan ya está en marcha. Para que funcione, King necesita que su sobrino se case con Mollie Kyle (Lily Gladstone), una mujer Osage que es demasiado inteligente para no reconocer a un buscador de oro, pero demasiado confiada para imaginar cuán siniestras pueden ser las intenciones de su pretendiente (o mejor dicho, la familia de su pretendiente, porque el pobre Ernest es solo una víctima). Casi de inmediato, sus familiares empiezan a morir por causas sospechosas. Una hermana sucumbe a una extraña "enfermedad debilitante", otra es descubierta con una herida de bala en la parte posterior de la cabeza y la tercera muere en una explosión tan grande que rompe todas las ventanas en un kilómetro y medio de cuadra.

No hay duda de que estos crímenes son desmedidos. Para que el público sienta repulsión, Scorsese nos arroja a la cara los cráneos ensangrentados de las víctimas, excepto que sabe muy bien que el público anhela “golpes”. De una manera que parece casi estratégica, dado el tiempo de ejecución, los asesinatos se convierten perversamente en algo que esperar, llevando a los espectadores a través de largos tramos secos de drama hasta la siguiente ejecución horrible. Con cada muerte, las fortunas de la familia fluyen hacia Mollie, cuyos derechos pueden pasar legalmente a su marido, si ella así lo alega, todo como King había previsto.

Al reducir a la mayoría de los Osage a extras glorificados, es un clásico de Scorsese presentar este caso desde la perspectiva de los criminales, de la misma manera que “Casino” siguió las raíces de Las Vegas como paraíso de los gangsters. El cineasta siempre ha mostrado fascinación por la corrupción, la violencia y los negocios clandestinos, y el libro de Grann ofrece todo eso, además de un desafío intrigante para el productor DiCaprio, quien frunce el ceño en ingenuidad (y aparente retraso mental) durante la mayor parte de la película. Mientras tanto, Gladstone es tan comprensiva con Mollie que nos estremecemos cuando Ernest la envenena lentamente con insulina contaminada. DiCaprio nunca ha llegado tan lejos hacia el lado oscuro, desafiándonos a seguirlo mientras Ernest se abre camino a través de un frío complot al estilo "Gaslight" para robar la fortuna de su esposa. Sin duda alguna, las actuaciones son el gran entretenimiento de esta historia.

La ambivalencia del país hacia los nativos facilita su trabajo y, sin empantanarse en el contexto, “Killers” ilustra algunas de las formas en que el sistema fue diseñado para defraudarlos, como certificar a varios osage como “incompetentes”, de modo que los hombres blancos serán asignados para administrar sus fondos fiduciarios. Otros cobran a los nativos precios escandalosos o contratan pólizas de seguro para cubrir sus deudas, como King hace con Henry Roan (William Belleau) antes de liquidarlo. King, políticamente bien conectado, tenía a las autoridades en el bolsillo y el valor para llevar a cabo una buena parte de sus intrigas al aire libre. En lugar de telegrafiar su duplicidad, De Niro recurre al encanto, sirviendo como una especie de figura de padrino para todos en Fairfax, aunque las acciones de King sugieren que cada línea podría pronunciarse con los dedos cruzados a sus espaldas.

La forma obvia de contar esta historia (la que Grann tomó para su libro) sería como una investigación criminal. Pero la película causa una impresión más fuerte al pedir al público que se identifique con los asesinos, al tiempo que muestra cómo esta conspiración afectó a la Nación Osage. En un par de ocasiones, Scorsese nos lleva a las reuniones del consejo tribal, donde los portavoces nativos se quejan de que a nadie le importan los asesinatos entre ellos. Si quieren que se investiguen las muertes, tendrán que pagarlas ellos mismos. Cuando finalmente envían a un representante a Washington, DC, para dirigirse a la oficina de Asuntos Indígenas, ese hombre termina asesinado a golpes en una zanja. Y cuando Hoover envía a un ex Ranger de Texas, Tom White (Jesse Plemons), Ernest y King apenas le dedican la hora del día.

White finalmente resolvió el caso, para gloria del FBI, aunque esa parte de la película casi se detiene cuando Mollie se tambalea al borde de la muerte, como lo indican las visiones del búho que su madre identificó como un presagio antes de su propia muerte. En una escena escalofriante, esta mujer alguna vez orgullosa, estoica e incluso indignada mira a su marido en su rostro barrigón y patético y exige saber qué le dio. Scorsese construye el prolongado clímax de la película en torno a la elección de Ernest: ¿protegerá a King hasta el amargo final, o testificará contra su tío y tal vez salvará a Mollie en el proceso? La decisión se reduce al destino de sus hijos, quienes de alguna manera no recibieron mucha atención en las tres "cortas" horas de ejecución.

Entonces, ¿cómo justifica Scorsese ese maravilloso tiempo? Al rodar la película en Oklahoma, él y el director de fotografía Rodrigo Prieto sumergen al público en la comunidad rica en petróleo, presentando carreras callejeras y desfiles en el centro,  en compañía de una cinematografía que glorifica la colorización natural que representa a los nativos americanos y los campos terrenales de Oklahoma, y la rusticidad de la época. Los picnics y los congresos aportan algo más que valor de producción, ya que sitúan esta increíble historia en un lugar y un tiempo singulares.

Sin embargo, ni eso, ni la supuesta complejidad de los casos de corrupción, ni siquiera la detención en los detalles justifican este estiramiento tan innecesario de tiempo, donde se siente más como una larga carta de súplica de perdón, buscando con desesperación redimirse por alguna culpa ante los hechos que ocurren en la historia, y por lo tanto termina siendo una apropiación errónea de una historia que no le corresponde contar. Se siente extraño, Marty... desde mi punto de vista, te quedan mejor las historias de gangsters y crímenes en New York. Pero lo más cruel ocurre en una de las escenas finales, donde un programa de radio respaldado por Hoover intenta resumir lo sucedido en el juicio final. Es una forma brusca de envolver una película que hasta ahora se ha tomado su tiempo para narrar la trama. Debería servir como un recordatorio de que nadie le está diciendo que no a Scorsese, o peor, que no está encontrando la mejor manera de darle un cierre acorde a sus películas. 

Que esta crítica no desglorifique lo increíble que fue la película desde una perspectiva actoral, el alto nivel de producción en su cinematografía y diseño, o incluso la musicalización tan cercana al público del que busca un perdón. Le esperan grandes nominaciones y seguro una fuerte competencia con otros grandes títulos del año. Pero que sí sirva como una carta pública a los estudios, productores y cineastas más establecidos de que ya es hora de respetar los tiempos tradicionales de pantalla o pasar la historia por un medidor de hilo narrativo antes de su proyección, aún si su director es Martin Scorsese.


viernes, 6 de diciembre de 2019

Crítica Cinéfila: The Irishman

Frank Sheeran fue un veterano de la Segunda Guerra Mundial, estafador y sicario que trabajó con algunas de las figuras más destacadas del siglo XX. 'El irlandés' es la crónica de uno de los grandes misterios sin resolver del país: la desaparición del legendario sindicalista Jimmy Hoffa. Un gran viaje por los turbios entresijos del crimen organizado; sus mecanismos internos, sus rivalidades y su conexión con la política.



La última película que vi de Martin Scorsese fue Silence, la cual a pesar de la longitud y algunos momentos de ausencia narrativa, fue solida e intensa; logra su cometido, y ese mérito no se le puede quitar a Scorsese. Es de esos cineastas que cuando hace una película, la masa lo alaba y lo pone en un pedestal, casi llamándole "el intocable".

Ya catalogada como una de las mejores películas del 2019, The Irishman es el 25vo filme de Martin Scorsese, hacia una zona de New York que ya el mismo director ha trasladado, pero desde los ojos del famoso Frank Sheeran. Basado en el libro "I Heard You Paint Houses", y después de 12 años de desarrollo, Martin Scorsese y Robert De Niro finalmente sacan a la luz este drama criminal sobre un sindicalista de los Estados Unidos, acusado de haber tenido enlaces con la familia Bufalino e involucrado en la desaparición de Jimmy Hoffa.

The Irishman se abre a principios de la década de 2000, cuando un anciano Frank comienza a contar, desde la silla de ruedas de su hogar de ancianos, la verdad tal como sucedió en todo lo que estuvo involucrado. Retrocede a mediados de la década de 1950, cuando, como conductor de un camión de reparto, conoce a un tipo que dará forma al curso de su vida: Russell Bufalino (Pesci), el jefe de un noreste, y de la familia del crimen de Pensilvania, una que es pequeña pero poderosa, con su arrugada frente y perpetuo ceño fruncido. Russell finalmente toma a Frank bajo su protección, encontrando trabajo para él que generalmente consiste en eliminar a problemas. Sheeran acepta estos trabajos con ecuanimidad: en un momento, observa una selección de armas de fuego colocadas en una cama y explica en voz alta qué tipos son mejores para cada trabajo. Para él, las armas son herramientas desechables, y después de que una ha cumplido su propósito, se arroja por el río, donde se deposita en el fondo como una bota vieja inútil, a menudo uniéndose a cientos de otras como esta.


En el curso de su trabajo, Frank se encuentra con docenas de personas coloridas y corruptas, y Scorsese y el guionista Steven Zaillian (junto con sus otros socios en el crimen, el cinematógrafo Rodrigo Prieto y la editora Thelma Schoonmaker) se deleitan en presentarlos, a menudo explicando, con subtítulos de estilo de tarjeta de memoria flash, cómo llegarán finalmente a su desaparición, debido a que estos tipos se basan en figuras delictivas de la vida real, la mayoría de ellos terminan siendo baleados en la cabeza, víctimas de golpes contundentes de la mafia. Harvey Keitel aparece en un pequeño papel como Angelo Bruno, el jefe de una familia criminal de Filadelfia quien a menudo se junta con Russell, aunque con su encanto áspero y susurrante, es mucho más atractivo. Y eventualmente, Frank se encontrará con Hoffa (Pacino), por turnos gárrulo e inescrutable, un líder de hombres que no siempre camina por el camino recto y estrecho.

Sheeran se convierte en el guardaespaldas no oficial de Hoffa y amigo cercano. Y aunque Hoffa deja en claro, en repetidas ocasiones, que no le gusta ni confía en nadie de la mafia, son un engranaje necesario del negocio en el que se encuentra. En un momento, justo después de haber cumplido una condena de prisión de cinco años por fraude, convoca a una reunión en un restaurante de Miami con el nuevo líder de New Jersey Teamster y el mafioso Anthony Provenzano (Stephen Graham). Provenzano enoja a Hoffa al llegar tarde más tarde, a partir de ahí desencadenando una serie de desafiantes escenas que guiarían hasta el supuesto final de Hoffa.

The Irishman está tan lleno de detalles y cambia con tanta gracia a través de un total de 5 decadas en la vida de Sheeran que es difícil descifrar una trama claramente definida. Aun así, la película está bellamente construida: sigues voluntariamente donde quiera que vaya. Los efectos especiales no son un factor decisivo en la historia, y al final probablemente se suman al ambiente mitológico de la película: la veracidad de la verdadera confesión de Sheeran importa menos que el hecho de que la versión de De Niro de Sheeran absolutamente, sin duda, apretó el gatillo. De Niro ofrece su mejor desempeño en años, sin asaltos ni fruncir el ceño: su Frank es un hombre de acción que está tan ocupado haciendo cosas malas que apenas tiene tiempo para pensar. Los últimos 30 minutos de la película muestran lo que sucede cuando lo hace, e incluso entonces, cualquier cálculo que haga está sucediendo detrás de sus ojos.


Pesci también es excelente, particularmente en un hilo que involucra a una de las hijas de Frank, Peggy (interpretada como una niña por Lucy Gallina y como una adulta por Anna Paquin, ambas son excelentes). Sin hijos propios, Russell anhela ganarse su afecto, pero cuando lo mira, su rostro no registra nada más que desconfianza y repulsión. Russell de Pesci muestra destellos de vulnerabilidad, antes de volver a su estado normal de intimidación. Su vida no tiene sentido a menos que tenga el control.

Juntos, Pesci y De Niro aparecieron, por supuesto, en otra película de la mafia de Scorsese, la Goodfellas de 1990 (una de mis películas favoritas de todos los tiempos), y esta película tiene algunas pequeñas similitudes con esa: en algunos lugares tiene la misma alegría desenfrenada, pero sin tanta arrogancia machista. The Irishmann es, entre otras cosas, una película sobre traición, arrepentimiento y pérdida, y se está moviendo de una manera que Goodfellas no pudo. Un viejo no podría haber hecho esa película, así como una más joven no podría haber hecho esta.

Y en ese espíritu, es seguro decir que un Pacino más joven no necesariamente habría sido un Hoffa mejor que el digitalmente envejecido. Él es fabuloso aquí, golpeando el punto dulce entre genial y desquisiado. (Ahora que lo pienso, eso siempre es Pacino en su mejor momento). Como Hoffa, se pavonea y farfulla e irradia un calor inesperado.


Mi mayor conflicto con esta película está una vez más en un lugar que los grandes fanáticos del cineasta quieren ignorar: la longitud de esta historia. Al estar basado en un libro y abarcar una cantidad extensiva de los años de Sheeran, tres horas y 35 minutos sonará como un tiempo ideal, pero esto lo es solo para géneros específicos y una audiencia que verdaderamente le gusta ver películas tan extensas, como lo eran los amantes del gangster y el noir. Sin embargo, la generación de ahora se desespera cuando le avisan que serán más de dos horas, al punto que solo cuestiona cuál es la necesidad para algo tan largo, algo que me ha pasado a mí.

Y además de este factor estructural, también está ese otro elemento en que uno solo se pregunta cuál es el verdadero objetivo de la película, porque aunque sea un biopic, siempre tiene una meta específica: aquí la historia se comporta como una serie de sucesos continuos que solo tienen en común al personaje principal y unos cuantos antagonistas, pero más enfocado en todas las desgracias de su vida y como esto le afectó su vida personal, sobretodo con sus hijas. Pero esa lección llega tarde, y cuando lo hace ya se ha invertido demasiado tiempo en la historia para realmente entender que se trata de eso. Y mientras la historia avanza, continúa deshilándose hacia pequeñas tramas, olvidando algunos personajes que parecían importantes al principio y enfocándose en otros que ya se saben sus finales y aún así los siguen, queriendo darles importancia.

A pesar de este inconveniente narrativo, es la película que muchos querían ver de Scorsese. Hace bien en regresar con sus escenas comparativas del "antes y después", con algunos de sus clásicos movimientos de cámara, estilo musical e indicación actoral a pesar de tratarse de veteranos del cine. Es una visión del mundo criminal que hace eco en algunas de sus películas anteriores sobre mafiosos, pero explorando a su vez nuevos rincones de la aristocracia italoamericana. Sin dejar a un lado la sangre y la cantidad de pistolas recicladas, es solida e inteligente en la manera que desarrolla algunos temas inusualmente profundos para los mafiosos. Parecería una versión envejecida de Goodfellas, pero definitivamente el director no ha envejecido junto a esta.



jueves, 3 de octubre de 2019

Crítica Cinéfila: Joker

Arthur Fleck (Phoenix) es un hombre ignorado por la sociedad, cuya motivación en la vida es hacer reír. Pero una serie de trágicos acontecimientos le llevarán a ver el mundo de otra forma. 



Años 70. Todavía Gotham es una ciudad decente, sin tanto caos en la calle. Los padres de Bruce Wayne aún están vivos. El detective Gordon aún no es conocido en la policía local. Y un hombre  trata de llevar una vida normal. Este es Arthur Peck, un payaso de profesión y aspirante a comediante, que desde muy jóven soñaba con hacer reír a la gente con su risa tan particular. Ahora ya adulto, se dedica al entretenimiento callejero vestido y maquillado como payaso, mientras los habitantes de Gotham, particularmente los más jóvenes, abusan de él, atacándole por tener un "oficio de bajo mundo". 

Pero los moretones no son suficiente para apagar su energía. Mientras cuida de su enferma madre y ve capítulos de su presentador favorito, Murray Franklin, sueña con algún día asistir a su programa y estar lado a lado con uno de sus ídolos. Pero entre sus necesidades psiquiatras para poder desahogar sus penas con alguien, el constante abuso que recibe de sus propios compañeros de trabajo y todos los que le pasen por el lado en las calles, la locura de Arthur va aumentando día tras día, solo soñando con días felices y cero pensamientos negativos.

Todd Phillips se ha dedicado a dirigir y escribir comedias de desastre, películas para hacer reír a carcajadas. Sus títulos más famosos son la trilogía de Hangover y ahí sabemos cómo le fue. Por eso resulta irónico el cambio que decide hacer a un personaje que quiere hacer reír a la gente. Pero a diferencia de sus reconocidas películas, Joker no logra hacer reír a nadie. Muy por el contrario, es un personaje que, con su melancolía y su soledad, lo que provoca es una extrema depresión y la pregunta constante de cuándo exactamente explotará. Este personaje (que no se hace llamar Joker hasta el climax de la historia) es vulnerable pero no delicado. Es un ser que llega para provocar sentimientos negativos en su audiencia, pero a la vez lograr una empatía con lo que le sucede y hacer que nos visualicemos en su lugar, sin necesidad de salir a la calle y matar a todo el que se nos cruce por el camino.


El guión contiene una de las fórmulas más básicas del cine; sin embargo, es una trama que ha sido bien pensada en su totalidad. Cada detalle de la historia es un giro que eventualmente obtendrá su redención, desde las relaciones con ciertos personajes hasta la capacidad de tolerancia del protagonista. Aquí el verdadero antagonista no tiene nombre ni apellido, pues la ciudad es la villana de la historia, y Arthur evita convertirse en su víctima por más pruebas que le ponga en cada camino. Aunque la película posee un sinnúmero de subtramas a las que hay que prestar delicada atención para entender los obstáculos del protagonista, todas siguen el mismo objetivo: llevar a Arthur a su límite, provocarlo a convertirse en la personalidad que desatara lo que Gotham debe ser.

Joaquín Phoenix es un experto para generar empatía por cada personaje que hace. No es de dudar que su actuación en la piel de Arthur sea tan exquisita y estremecedora. Lo que los medios quieren ver como "una mala influencia en la sociedad", es en realidad un grito de auxilio antes de que se desatara la locura total. Desde sus movimientos corporales, su sonrisa sarcástica más el estallido de esa risa excéntrica, es notorio lo bien envuelto que estuvo con este reconocido personaje, pero aún más impresionante es cómo logró mantener todo esto hasta que pasase "de bueno a malo". La transformación física y psicológica del actor es otro de esos aspectos que dejarán a muchos boquiabiertos.

Sin querer balancearse mucho en los parametros que los comics y las películas del universo de DC han establecido, Joker se comporta como una historia en solitario, con una trama íntima, única y exclusiva para su protagonista. A pesar de los pequeños cameos que tiene un joven Bruce Wayne y su padre Thomas, la historia es completamente vista desde la perspectiva de Arthur, antagonizando muchas personas que durante años los comics quisieron pintar como un héroe. Aquí el verdadero héroe es el antagonista favorito de DC.


El otro reconocimiento se lo lleva la producción de diseño, el cual gracias a la fotografía de Lawrence Sher (la franquicia de Hangover, Godzilla: King of Monsters, War Dogs), se muestra como una aterrizada Gotham, viendo todo desde una perspectiva más humana, y con un ensombrecimiento enfocado en los sentimientos del personaje. El contraste se logra a través de su comportamiento con su mundo ordinario y una musicalización vintage que va casi coreografiada con cada una de sus acciones, gracias al montaje bien coordinado de Jeff Groth.

Protagonista o antagonista, Joker siempre será el bueno de la película. Es un rito de paso a través de lo que desató al reconocido antihéroe, y aunque la actuación de Joaquín Phoenix no es lo único que merece ser premiada, es la razón principal para tirarse las dos horas de película. Es magnifica en su soledad, sin necesidad de secuelas o razones para volver a traerlo a la pantalla en esta piel, pues lo que sigue ya nos lo sabemos. Lo que sí es necesario repetir tantas veces se pueda es que es un Joker que nunca se había visto, y cambia totalmente la perspectiva de muchos para decir cuál ha sido su mejor versión cinematográfica. La verdad es que no creo que ninguna de las anteriores tuviese una risa tan ansiosa y brutal que me pusiera la piel de gallina al momento que retumbara en mis oidos.



martes, 5 de enero de 2016

Actores inseparables

En el cine, la química es importante, y no hablo de química entre personaje y actor, sino entre actor y actor. Algunos directores, o por lo menos los más observadores, ya saben que "si va uno, el otro también".

¿Alguna vez se han encontrado a dos actores actuando en [literal] todas las películas juntos? Aquí el top 5 de los forever inseparables.
Para esta lista, se ha tomado en cuenta la química de los actores en escena, la popularidad de las películas y la cantidad de filmes realizados juntos.

#5: Jennifer Lawrence y Bradley Cooper


A pesar de que el mismo Bradley Cooper insiste en sentir un cariño de hermano por Jennifer Lawrence, la química y la diversidad de roles que han tenido (aún en su escasa lista filmográfica juntos) los posicionan como la pareja preferida del director David O. Russell. Ya veremos si otros directores se motivan con este dúo.


Películas juntos: El lado bueno de las cosas, La Gran Estafa Americana, Serena y Joy.


#4: Al Pacino y Robert De Niro


Considerados por muchos fanáticos del cine como los mejores actores de su generación, ambos saben cómo llamar la atención. Su apariencia y caracterización los hace perfectos para algunos roles. Pero no se dejen engañar, se adaptan a cualquier género.


Películas juntos: El Padrino (parte II), Fuego Contra Fuego, Asesino Justo y El Irlandés. 

#3: Ben Stiller y Owen Wilson


Esta pareja de actores ha sido el foco de muchos espectadores; no solo por el hecho de que siempre (o la mayoría de las veces) son frenemies, sino también por la cómica química que tienen en escena. Desde el año 2000 los hemos visto juntos, y por lo visto seguirán actuando unidos "hasta que la muerte en Hollywood los separe".


Películas juntos: El Doctor Cable, Los Tenenbaums, Los padres de mi novia, Zoolander, Starsky & Hutch, La familia de mi esposo, Noche en el Museo, Noche en el Museo 2 y Zoolander 2.

#2: Johnny Depp y Helena Bonham Carter

Escena de Sweeney Todd, el barbero diabólico (2007)
Otra pareja de actores que parece ser inseparable. Algo interesante de estos dos es que todas sus películas fueron y son dirigidas por Tim Burton (Ahhh!! Si... por eso es que es el mismo estilo cinematográfico). No obstante, Shantaram será la última película de Depp y Bonham juntos, debido a la separación amorosa de la actriz y Burton. Ojalá que otros directores restablezcan la relación actoral de este dúo.

Películas juntos: El Cadáver de la Novia, Charlie y la Fabrica de Chocolate, Sweeney Todd, Alicia en el País de las Maravillas, Sombras tenebrosas, El llanero solitario, Alicia en el País de las Maravillas 2 y Shantaram.

#1: Adam Sandler y Rob Schneider


Estos dos se ganan el premio a la pareja inseparable de actores. Con un total de 11 películas, desde el 1998 Adam y Rob se convirtieron en marido y mujer del cine de comedia americano. Aunque mi preferida de Sandler es Click, cada filme que protagonizan han dejado una marca en su audiencia, debido a los roles que les son asignados y la regularidad con la que aparecen en estrenos uno al lado del otro.

¡¡Y los declaramos Adam y Rob!!


Películas juntos: El Aguador, Un papá genial, Estoy hecho un animal, Ocho noches locas, Como si fuera la primera vez, El clan de los rompehuesos, Yo los declaro marido y... Larry, Zohan: Licencia para peinar, Más allá de los sueños, Niños grandes y Niños grandes 2.