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sábado, 21 de octubre de 2017

Crónicas de California: Creación de Pennywise, desde la voz de sus maquillistas


Halloween se aproxima, algo que nunca ha sido motivo de celebración para mi, pero para la comunidad americana es una festividad "importante", especialmente para los habitantes de Los Angeles, donde las actividades se concentran en fiestas de disfraces, de terror o ambas combinadas. De modo que la visita de los diseñadores de los efectos de maquillaje de Pennywise (uno de los personajes favoritos de este año) llega en buena época.

El Q&A junto a los creadores de Pennywise (versión 2017), Tom Woodruff, Jr. y Alec Gillis fue una buena oportunidad para responder muchas de las interrogantes que tenía sobre la criatura, sobre todo "por qué deciden darle vida a este payaso con esos efectos en específicos".

La cita fue en Creatures Features, una tienda/biblioteca de criaturas fantásticas y de terror. Este espacio ha sido una de las fuentes más completas para creadores y coleccionistas de historias de ciencia ficción, fantasía y terror desde hace 30 años, así que, si buscan inspiración para un disfraz o para desarrollar personajes que ya han sido utilizados o que podrían ser totalmente novedosos para la industria del entretenimiento, las novelas literarias, video juegos o comics, este es el lugar ideal.


Para mi gran sorpresa, había una gran audiencia esperando a este dúo. Tanto así que tuvieron que hacer dos tandas para poder conocerlos, lo cual le dio oportunidad a los fanáticos de poder interactuar de manera más orgánica con ellos. Otra gran sorpresa (porque no leí bien la invitación) fue que Bart Mixon, el diseñador de los efectos de maquillaje del primer Pennywise (1990), también estaba ahí.

Si comienzo a hablarle de cada uno de estos sujetos, no acabo nunca, pues sus portafolios abarcan desde clásicos del cine moderno de terror y acción hasta famosas series de televisión que involucran prótesis, maquillajes excesivamente elaborados y criaturas inimaginables, o por lo menos solamente imaginables para estos artistas.

El punto más interesante del encuentro fueron sus anécdotas: cómo surgió cada diseño, cómo llegaron a la conclusión de que ese era el look ideal para Pennywise y las impresiones que querían causar, no solo en la audiencia sino también en el elenco y el equipo de producción.


En el caso del Pennywise de los 90, Mixon creó sus efectos de maquillaje en base a la breve descripción del payaso que tenía el libro y el guión; mientras que Woodruff y Gillis trabajaron el personaje en base a los bocetos que el director les había hecho, pues ya tenía una idea de cómo quería que se viera. Mixon trabajó muy de cerca con Tim Curry y él estuvo encargado de montar su maquillaje cada día, lo cual fue hasta 3 horas de maquillaje; Woodruff y Gillis no trabajaron en el rodaje, pero sí están conscientes de que la preparación de Bill Skarsgård se podía tomar entre 2 y 3 horas. Ambosi personajes pasaron por muchas pruebas antes de dar el producto final, tanto en la apariencia, como en las prótesis de la cabeza y la dentadura.

Como el Pennywise de los 90 tenía una apariencia más clásica de payaso, Woodruff explica que la idea de Andy Muschietti no podía compararse con el original, porque era totalmente diferente. "Nunca nos dijeron 'no hagan lo mismo que la primera versión', pero sí nos pidieron que su aspecto fuese más poderoso y tenebroso".

Sabemos que Tim Curry y Bill Skarsgård son unos actores profesionales, que dieron todo de sí para hacer posible el personaje de Pennywise; sin embargo, estas personas fueron las encargadas de crear al verdadero monstruo, así que se llevan mucha parte del mérito.

Es bueno reconocerles este trabajo que no es fácil, pero al que le ponen mucha pasión aunque no todos se lo celebren. Ahora... después de la actividad de la semana pasada, sí pueden darse el lujo de decir "sin mi, no hubiese quedado igual".

viernes, 23 de junio de 2017

La Cabaña (The Shack)

Un hombre roto de dolor recibe una misteriosa invitación para reunirse con Dios en un lugar secreto. (FILMAFFINITY)



Si me encontrara con Dios, ¿qué le diría? ¿Sería hombre, mujer o niño? ¿Moriría después del encuentro o viviría para contarlo?

Así es... el tema de la religión es algo cuestionable. No en el sentido de si es real o ficticio, sino que hay muchas cosas que las iglesias no profundizan y que el cine ha aprovechado para sacar sus conclusiones. Pero hay que saber como desarrollarlo y si es prudente hacerlo.

La Cabaña es una producción basada en el libro del mismo nombre, del escritor William Paul Young. Se enfoca en Mack, un hombre que ha tenido un pasado traumático con un padre violento y alcohólico. Al crecer, trata de ser el padre más amoroso y humano con sus hijos, hasta que la más chiquita es secuestrada y asesinada. Desde ese momento, su luto aleja a sus hijos y su esposa, quien se supone es el pegamento de la familia. Todo va bien (o el luto continúa) hasta que recibe una carta de Papa (Dios), diciéndole que vaya a la cabaña, el mismo lugar donde encontraron el vestidito ensangrentado de su hija. El pensando que se va a encontrar con el asesino, llega y se encuentra con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo: Dios en carne y huesos, quienes se dan a la tarea de ayudarle a salir adelante de su dolor y enseñarle el verdadero valor de la vida.


Las intenciones de la película son muy claras, y no les negaré de que tienen un mensaje muy profundo sobre la pérdida de un hijo, como la iglesia marca la vida de las personas y el significado de los elementos de la iglesia... sin embargo, la producción no fue lo suficientemente eficaz para lograr una buena adaptación cinematográfica. Ni siquiera el hecho de haber contado con un elenco bueno, liderado por Octavia Spencer y Sam Worthington, la salva. 

No he leído el libro, pero imagino que en sus páginas los personajes están mejor trabajados. Su tratamiento se ve muy incípido, principalmente en los casos de Octavia y Sam, de quienes esperaba aún más. Los diálogos suman otro punto en contra, por ser tan obvios e innecesarios. Era mejor hacer una película muda con la calidad fotográfica de esta, que una con muchos diálogos, pocos mensajes importantes y escenas extremadamente largas. Allí radica otro problema: habían muchas escenas, algunas muy repetitivas y largas, que si se hubiesen eliminado quizás hubiese sido un mejor trabajo.

Otro detallito está en los efectos visuales, que quizás para muchos no fue tan importante, pero para mi, que me fijo bastante en ellos, se vio muy falso.

Hay libros que es mejor que no lleguen al cine, si no se harán de la manera correcta y adecuada. Como dije, se nota que tiene buenas intenciones y que el director quiso mostrar ese lado sobre la religión que muy pocos han contado, pero el guión, la dirección de actores y la secuencia de escenas no compaginó lo suficiente para crear una producción decente.


viernes, 31 de marzo de 2017

La Bella y la Bestia (Beauty and the Beast)

Adaptación en imagen real del clásico de Disney "La bella y la bestia", que cuenta la historia de Bella (Emma Watson), una joven brillante y enérgica, que sueña con aventuras y un mundo que se extiende más allá de los confines de su pueblo en Francia. Independiente y reservada, Bella no quiere saber nada con el arrogante y engreído Gastón, quien la persigue sin descanso. Todo cambia un día cuando su padre Maurice (Kevin Kline) es encarcelado en el castillo de una horrible Bestia, y Bella se ofrece a intercambiarse con su padre y queda recluida en el castillo. Rápidamente se hace amiga del antiguo personal del lugar, que fue transformado en objetos del hogar tras una maldición lanzada por una hechicera. (FILMAFFINITY)



En el momento que me senté en la sala de cine para ver esta película solo me cuestioné: ¿la nueva adaptación de Beauty and the Beast le ganaría a su producción original? Es imposible no sentir las ganas de comparar y de decir "eso no va ahí" o "eso no es así". Y quien creció con Disney y sus personajes, siempre le caerá atrás a sus clásicos y a las nuevas historias. Sin embargo, es un caso similar al de El Libro de la Selva: no se trata de comparar cuál es mejor y que le faltó, sino de revivir los momentos de infancia que han sido reprimidos después de tantos años viendo películas. Dicho esto, y como fanática empedernida de los musicales, puedo decir que fue simplemente maravilloso poder revivir el recuerdo de este clásico.

Es visualmente hermosa, gracias a la perfecta combinación del diseño de producción, el vestuario y la coreografía. Esta nueva película mantiene los lineamientos de la original, con ciertas variaciones en la música, un increíble montaje escenográfico y la selección perfecta de actores, que logran el carisma y la energia necesaria para sacar a flote cada uno de sus personajes. 

Particularmente, el candeladro Lumiere y el reloj Din Don son los que se robaron mi atención, incluso en algunos momentos más que Bella y Bestia; pero esto no quiere decir que la actuación de Emma Watson y Dan Stevens haya sido totalmente opacada por el resto. No obstante, la mejor química de toda la historia la tienen Gastón (Luke Evans) y LeFou (Josh Gad), tanto en su número musical como en sus intervenciones.

Este filme no es solo la adaptación de uno de los clásicos más memorables de Disney (el primero en ser nominado a Mejor Película en los Oscars), sino también para tratar temas como la diversidad de razas, la igualdad de género y la homosexualidad. Este último ha creado mucha polémica, tanto en los excepticos como los encargados de promoción en las salas de cine, evitando que menores de 15 años entren a ver esta película. Sin embargo, creo que esto es lo que menos podría impactar a un niño o una niña, cuando existen escenas como el ataque de los lobos y la muerte de Gastón.

La Bella y la Bestia evoca una de las historias más hermosas de los 90, sin buscar opacarla ni mucho menos borrarla de nuestra mente, pero con la capacidad de traer otra vez esos sentimientos que hace 26 años Disney provocó en nuestros corazones.

Todavía se me eriza la piel.


lunes, 15 de agosto de 2016

Jason Bourne y su punto de quiebre

Nueve años después de su última aparición, Matt Damon regresa a interpretar el héroe de la nueva generación de espías. 

Al igual que las demás sagas de acción, Jason Bourne siempre ha marcado su singularidad, principalmente en su estilo particular cinematográfico y su típico tema musical. Y esta última no fue la excepción, con la única diferencia de un personaje más agotado y más desesperado por recordar. 

En esta ocasión, los movimientos bruscos de la cámara en mano y las largas persecuciones lograron el ritmo adecuado para mantener al público atento a ese Bourne acomplejado que ya lo habíamos visto en las anteriores entregas, pero más enfocado en descubrir su verdadera identidad y su verdadero pasado, uno que desde el 2002 los fanáticos esperaban con ansias.

Para ser una película perteneciente a un género que no admiro ni sigo, me entretuvo, hasta ese final de venganza que se había propuesto Jason; sin embargo, la película me deja con grandes dudas: ¿Quién se queda con el rol protagónico, Bourne o el FBI? ¿Asset (el agente encubierto) murió o no? ¿Heather Lee está o no del lado de Bourne? ¿Qué carajo ocurría en Atenas?

Las escasas apariciones que tuvo Bourne a lo largo de la trama, y digo escasas porque anteriormente lo veíamos más (por lo menos en un 90%), me hacen dudar de la importancia que tiene y tendrá este personaje en sus demás apariciones, principalmente en esta que el rol protagónico pasó al conflicto interno del FBI. Pero imagino que esto será aclarado en la siguiente película, porque sí: habrá más de Bourne.

lunes, 18 de julio de 2016

Clichés de las historias de Nicholas Sparks

Adaptaciones cinematográficas de los libros de Nicholas Sparks

Como fanática de las historias dramáticas y románticas, admito que Nicholas Sparks me ha hecho reir, llorar y actuar extraño más de una vez. Sus libros mezclan la realidad americana con una ficción que muchas jóvenes quisieran vivir: un amor imposible que sobrevive ante cualquier circunstancia.

Pero ni el más bestseller de los escritores modernos se libra de la imperfección.

A pesar de ser uno de los autores de novelas románticas más conocidos, sus adaptaciones cinematográficas solo confirman que casi todas sus novelas (para no decir todas) tienen más de un aspecto en común.

Top 7 de clichés de las novelas de Nicholas Sparks




Cliché #1: Diferencias Sociales

Un aspecto común en casi todas las historias románticas son las diferencias que pueden hacer un tanto imposible la relación entre los protagonistas, pero es más popular en las historias de Sparks. No importa si es que uno de los dos es más rico que otro, sus padres se oponen o que pertenecen a grupos distintos, siempre estará presente las grandes diferencias que representan lo que los puede separar... pero que al final no los separa.

Cliché #2: Historias en pasado/presente

Mientras la vida ha sido miserable en el presente, el pasado fue el único momento en que todas las circunstancias estuvieron a su favor, o por lo menos eso es lo que nos muestran. Esto se da principalmente en The Notebook y The Best of Me.

Cliché #3: Cartas a mano


Dear John
A pesar de que la mayoría de las historias están retratadas en un presente no muy alejado de los correos electrónicos y los mensajes de texto, las cartas son un elemento utilizado para tratar de mantener los sentimientos de los personajes más vivos. Es la forma preferida de Sparks para ver a sus protagonistas llorando y riendo a la vez.

Cliché #4: Reencuentro

Ninguna película romántica tiene un final feliz si sus protagonistas, que han sido separados por algún motivo en particular, vuelven y se unen.

A Walk to Remember
Cliché #5: La enfermedad y la muerte

Parecería que a Sparks le gusta ver a sus personajes morir. El alzheimer de Allie, la leucemia de Jamie, el cáncer de Steve, el disparo que recibe Dawson y el accidente de Gabby (y la lista continúa). No es coincidencia que mate a uno de sus protagonistas o a ambos, pues la muerte tiene un mensaje simbólico que los une, física o espiritualmente.

Cliché #6: Guerra

¿Por qué mandar a los protagonistas a la guerra? Es una pregunta que me gustaría hacerle a Sparks si lo conociera. ¿Representa un reto? ¿Una circunstancia? ¿Una forma de olvidar a su amor imposible?

Cliché #7: Besos bajo la lluvia

¡Vale! Lo vemos en casi todas las películas románticas. Pero deben admitir que quien le dio sentido a esta escena fue él. No es su exceso, sino su marca personal, además que representa el punto de quiebre de la tensión que pueda existir entre los protagonistas en ese momento de la historia.

Una de las escenas más simbólicas de The Notebook.

Existen más clichés pero estos son los que para mí siempre dicen "presente".

En total, las novelas de Nicholas Sparks ya tienen 11 adaptaciones cinematográficas. Otro cliché: los posters.

¿Cuáles otros clichés has notado y deberían entrar en esta lista?