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miércoles, 6 de noviembre de 2024

Crítica Cinéfila: Never Let Go

Una angustiada madre (Halle Berry) y sus dos hijos gemelos viven en una cabaña en el bosque bajo el influjo de un espíritu maligno. Necesitan estar conectados en todo momento, aferrándose los unos a los otros, llegando incluso a atarse con cuerdas. Pero, cuando uno de los niños se pregunta si el mal es real, los lazos que los unen se rompen, desencadenando una aterradora lucha por la supervivencia.



Algo anda mal en el bosque otra vez; solo unos meses después de un asesino trastornado, algunas hadas trastornadas y un intento trastornado de resucitar extraños nos recordaran nuevamente que debemos mantenernos alejados de este lugar. En la nueva película de terror intrigante pero excesivamente derivada de Alexandre Aja, "Never Let Go", Halle Berry es una madre que intenta mantener a sus hijos mellizos a salvo en un paisaje infernal postapocalíptico, ocultos de lo que queda del mundo exterior. Hay reglas exhaustivas contadas de manera agotadora, la más importante de las cuales es nunca salir de su choza remota sin una cuerda atada, manteniendo una conexión con la santidad del hogar en todo momento. Si se encuentran sin ataduras, estarán a merced de un mal malévolo que los consumirá.

Pero es un mal que sólo ella parece ver, y les dice a los chicos que sólo lo verán cuando sean mayores, una advertencia que empieza a generar sospechas en la mente de Nolan (Percy Daggs IV), el menos incuestionablemente leal de los dos, que se enfrenta a la oposición de su hermano Samuel (Anthony B Jenkins). A medida que la comida empieza a escasear y las tensiones empiezan a aumentar, la tensa dinámica familiar se pone a prueba.

Es fácil distraerse mientras se ve "Never Let Go", y el instinto de enumerar las muchas películas que recuerda se vuelve cada vez más difícil de reprimir. Hay fragmentos de "Bird Box", "10 Cloverfield Lane", "The Babadook", "The Village", "Goodnight Mommy" y "A Quiet Place", entre muchas otras, y la película existe tanto en la tendencia reciente de los thrillers de aislamiento en la era de la pandemia como en el subgénero de los horrores que son sutilmente alegóricos. Es una película sobre una madre que intenta evitar que sus hijos se vayan de casa, protegiéndolos de los monstruos que existen afuera y, al mismo tiempo, poniéndolos en riesgo de ser lastimados por los que viven dentro también. Posiblemente se trate de varias cosas: la maldición de la enfermedad mental hereditaria, la asfixia de la crianza sobreprotectora, el miedo a liberar a los hijos negros en un mundo brutal y racista; un caldo de ideas que burbujea y que nos lleva a creer que esto no es solo un vago retroceso.

Cuando la película se sitúa en el espacio entre la suposición y el conocimiento, hay un verdadero atractivo. Una vez que la falta de elegancia de la ambientación ha pasado, hay una tensión genuina al intentar averiguar de dónde viene el verdadero peligro y ver a los niños obligados a pensar como adultos. Aja, cuyas películas de Hollywood han tendido a ser más fracasos (Mirrors, Horns, The Hills Have Eyes, The 9th Life of Louis Drax) que éxitos (Craw, Piranha), se inclina hacia una maldad eficientemente pesadillesca, mostrándonos desde el principio que los monstruos que plagan a Berry encuentran formas tortuosas de atormentarla. Ella ve una versión grotesca de su madre muerta o una visión de sus hijos muertos o una serpiente gigante que da vueltas y, al límite, Berry es feroz y persuasiva como una madre que intenta equilibrar su miedo personal con su necesidad de mantenerse fuerte frente a sus hijos.

Una escena que va aumentando de intensidad y que involucra al perro de la familia ofrece un verdadero suspenso que te mantiene en vilo, pero también señala el punto en el que la película comienza a desmoronarse. Le sigue una gran sorpresa que te deja sin aliento y que, lamentablemente, le quita el aire al acto final, dejando un final caótico con piezas de rompecabezas que caen en cascada y no encajan en su lugar. Lo que parecía intrigante se vuelve completamente confuso y uno comienza a lamentar el apogeo de Shyamalan, cuando podía crear un final de género que se ganaba la vida y explicaba lo suficiente como para convencernos.

Aja no encuentra la manera de equilibrar la cruda seriedad de la película con los elementos más ridículos y sombríos de las películas de monstruos. Nunca está muy seguro de si quiere engañarnos con un susto repentino o hacernos reflexionar sobre cuestiones más importantes y, al no poder hacer ambas cosas de manera eficiente, la película se pierde en la oscuridad intermedia. Berry es, como siempre, un ancla fuerte, pero cuando aparecen los créditos finales, estamos listos para soltar la película en su totalidad.


jueves, 27 de diciembre de 2018

Bird Box

Cuando algo misterioso diezma la población mundial, solo se sabe una cosa: si lo ves, te suicidas. Malorie (Sandra Bullock) deberá huir junto a sus dos hijos por un caudaloso y traicionero río, rumbo al único sitio que parece ofrecer refugio. Pero para sobrevivir, deberán completar el peligroso viaje de dos días con los ojos vendados.



¿Qué tú harías en un apocalipsis extraterrestre: Sobrevivir o simplemente morir? Al parecer esas son las dos únicas opciones que siempre le dan a los personajes en Bird Box. En esta ocasión, todo es desde la perspectiva de una madre quien debe llevar a dos niños al único refugio que le está abriendo las puertas, pero el camino significa 2 días en bote, con los ojos vendados y teniendo que enfrentarse a las criaturas y los demás afectados que, al igual que ellos, solo quieren sobrevivir.

Previo al apocalipsis, Mallorie era una artista solitaria embarazada después de un "one night stand" con un chico. Debido al embarazo no deseado, todo lo relacionado al bebé le irrita, al punto que la doctora le propone que lo dé en adopción, pero esta opción queda en el olvido cuando las personas a su alrededor comienzan a suicidarse. Ella lo atestigua aún más cuando su propia hermana se suicida frente a ella. Mallorie encuentra refugio junto a otros quienes, al igual que ella, aún no han visto la criatura pero han presenciado como otros reaccionan cuando las ven.

Con el tiempo comienzan a entender que las criaturas son monstruos que se transforman en algo que vuelve loca de tristeza a las personas, que las personas con problemas mentales no tienen actos suicidas pero sí obligan a los más cuerdos a ver a los monstruos, que los monstruos no son visibles para la cámara pero sí para la persona que lo vea, y que la única solución es evitar verlos (y escucharlos).

Personalmente (y habiendo leído el libro Bird Box de Josh Malerman), esta es la película del año que se acerca más a su obra original. Mantiene la esencia, los conflictos y los objetivos que los personajes originales fueron decidiendo a lo largo del tiempo. Por Dios, mantiene hasta los nombres originales, incluyendo a Boy y Girl. Es por eso que, PARA MI, esta película funciona. 


A pesar que muchas personas han querido comparar esta película con A Quiet Place, Bird Box es un thriller apocalíptico, un estilo muy pocas veces utilizado, donde lo más importante no es ser atacado por la criatura o el terror que acecha a las personas, sino la importancia de sobrevivir. Los monstruos, los cuales son invisibles para la audiencia, se comportan como un sentimiento de tristeza, que más que terror, le dan motivos a los personajes de querer suicidarse. A pesar de no tener una forma en específica (para alejarse del género de terror y, por supuesto, mantenerse con la idea que el libro estableció), el simple hecho de que las hojas caídas se muevan en sincronía y cómo las aves se alteran va indicando que el peligro está cerca. Pero aún más importante del género, la película se enfoca en el conflicto interno de los personajes y cómo estos son forzados a cambiar cuando un apocalipsis le toca las puertas. Todos los personajes son relevantes en la historia; los que no, se van eliminando con facilidad, ya sean porque son un obstáculo, o porque no aportan al grupo.

El personaje de Sandra Bullock, Mallorie, es una mujer que ve sus planes a futuro tronchados cuando queda embarazada por accidente. Ella no quería ser madre, y el hecho de estar embarazada no es un impedimento para ella durante la película. Quiere seguir con su vida, aun esto signifique enfrentarse a multitudes corriendo y empujándola, tener que lidiar con sobrevivientes en pánico, dormir en condiciones precarias y buscar comida para el grupo. 


Cuando da a luz (spoiler: no es que ella tiene dos hijos en el apocalipsis, sino que otra mujer embarazada lo tiene al mismo tiempo que ella, pero muere segundos después y Mallorie termina adoptando la pobre criatura), ahora debe jugar no al rol de madre, pero de superiora que los niños deben respetar y seguir en todo momento. No les llama hijos, y ellos no le llaman madre, pero aún más drástico, no les enseña amor maternal y les habla directamente sobre la muerte y los peligros en el mundo (y no tiene nada de malo, en estas circunstancias). Bullock se encarna en un rol en que su frustración de no querer ser madre se han convertido en un escudo que la protege a sí misma y a los niños, pero que para salvarlos al final del día tendrá que demostrarles cuanto los ama y que no desea que nada malo les pase.

Por otro lado, la estructura de la historia está adaptada tal cual se presenta en el libro, haciendo saltos en el tiempo para presentar lo que ocurría al principio, y lo que sucede en el presente. A pesar de que hay cambios narrativos importantes, esto no afecta para que la historia tenga su conflicto claro, los demás obstáculos, el punto medio y los desenlaces dolorosos. Es una estructura muy particular que se había visto anteriormente en el cine, pero que para este tipo de historia representa la respuesta para muchas cuestionantes que va generando la trama.

Desde colores dramáticos, una banda sonora que engranoja, y una fotografía que busca crear tensión y conflicto, Bird Box le hace honor a su género y otorga un melodrama apasionante e intenso, centrado más en sus personajes que en los peligros, y comparando los terrores exteriores a los miedos internos que muchos tratan de ocultar en lo más profundo de sí.