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jueves, 16 de febrero de 2023

Crítica Cinéfila: El Castigo

Ana y Mateo buscan desesperadamente a su hijo que se les ha perdido en un frondoso bosque junto a la carretera. Mientras comienza a anochecer y aun con la ayuda de la policía siguen sin poder encontrar al pequeño Lucas que parece haber sido tragado por este hermoso pero amenazante bosque. El suspenso por la búsqueda de su hijo y la intriga de si logrará aparecer los lleva a Ana y Mateo a replantearse su amor, sus vidas y sus propios roles en la familia.



No soy madre, pero imagino lo caótico que puede ser en ocasiones, tan caótico cómo provocar que muchas mujeres se cuestionen si realmente desean serlo (personalmente, aún estoy en la lista de las que quieren independientemente del caos). Justo antes de ver esta película pasó una gran coincidencia donde una amiga y yo discutíamos sobre esa libertad de elección que debe de tener una mujer en cuanto a ser madre: si es justificable que se convierta en una solo porque su pareja es quien realmente anhela la gran fase de la paternidad, o si socialmente ya es aceptable que una mujer simplemente diga "no quiero ser madre". Se imaginarán nuestra sorpresa cuando nos dimos cuenta que ese era el gran tema del último largometraje de Matías Bize, titulado "El Castigo".

Antonia Zegers interpreta a Ana, una mujer de mediana edad que está varada en el medio de la carretera junto a su esposo Mateo (Néstor Cantillana) cuando su hijo de 7 años se desaparece en los adentros del bosque que los rodea. Lo que al principio parecería como un simple accidente va desmembrando la realidad que se oculta detrás de la preocupación pasiva de Ana y la intensidad de Mateo. Su hijo sí ha desaparecido, pero no por las razones que ellos quieren hacer creer. Por un lado, Mateo muestra un gran arrepentimiento por haber dejado a su hijo en medio de la carretera cuando, en lugar de que se viese como un castigo por el berrinche que hizo, se observa como una negligencia parental de parte de ambos. Por otro lado, Ana se muestra tranquila, buscándolo con gran calma, casi con poco interés en la situación, justificando que su hijo le guarda un gran resentimiento a pesar de sus grandes sacrificios e inversiones por dedicarle atención. 

No hay muchos personajes, pero los que sí están juegan roles muy importantes. Una vez se involucran algunos adicionales, como una agente de la policía forestal que es localizada después de haber pasado 10 minutos de la desaparición del niño, o la madre insistente de Ana quien llama para saber cuánto tiempo les falta por llegar, las demás verdades salen a la luz, las emociones de Ana explotan y muestra su verdadero sentir por la situación.

El título como tal apunta directamente a esa misma ideología de que una mujer que se convierte en madre por complacer a otros y no porque sea un anhelo personal, ve la maternidad y hasta las acciones de su propio hijo como un castigo por el amor maternal ausente dentro de ella. Sin embargo, es más que un castigo contra la madre; esta historia desglosa que no solo sale afectada esa madre renegada, sino también los hijos que crecen con recelo hacia sus padres, o la otra figura paterna que no se da cuenta de la herida que igualmente ha provocado. Asimismo, otras personas que giren directa o indirectamente en torno a la vida de esa madre son afectados por esa creencia de que "una mujer siempre debe convertirse en madre". 

Pero la belleza del desarrollo narrativo de esta película no solo yace en su potente mensaje y temática, también vive en una cinematografía ambiciosamente realizada en un único plano secuencia, donde el director de fotografía, Gabriel Díaz (fiel acompañante de Bize, pues ya este sería su 6ta película juntos), convierte a la cámara en un personaje más deambulando detrás de Ana y Mateo, pero también se percibe como las emociones de ambos, representando la calma de Ana en momentos puntuales, y la inquietud de su andar cuando se adentra al bosque en búsqueda de su hijo. Es impresionante cómo logran el balance idóneo entre la fotografía, la iluminación y un sonido natural que recoge el silencio de su escenografía realista, haciendo contraste con las fuertes miradas que se lanzan los personajes y sus discusiones que retumban en todo el alrededor abandonado.

Si las miradas mataran, esta película hubiese aniquilado a muchos dentro de ella; pero si igualmente hablaran todo lo que a veces no se debería decir, hubiese contado grandes desahogos. Algunos encuentros puntuales eran muy importantes para la historia, para así darle resiliencia y libertad a personajes como el de Ana, donde su objetivo no se plasma en la pantalla hasta que de cierto modo lo alcanza y lo hace a modo de revelar una verdad necesaria de vociferar. Pero a pesar de los silencios necesarios y las ojeadas fulminantes, las palabras cuentan realidades que no son muy fáciles de digerir pero que son necesarias de pronunciar, y sobre todo de reiterar que hay derechos que todas las mujeres deben poseer, incluyendo el de elegir no ser madre.


viernes, 23 de diciembre de 2022

Crítica Cinéfila: Women Talking

Un grupo de mujeres, en una colonia religiosa aislada en medio de Bolivia, luchan por reconciliarse con su fe tras una serie de agresiones sexuales cometidas por los hombres de la colonia. 



“Lo que sigue es un acto de imaginación femenina”, declara la tarjeta de presentación al comienzo de Women Talking. Es una descripción precisa: la película es la adaptación de la escritora y directora Sarah Polley de una novela de Miriam Toews, centrada en unas mujeres de una colonia menonita. Pero esas palabras iniciales también son una burla y un desafío: las mujeres están resolviendo su respuesta a años de abuso sexual calculado, años en los que los líderes masculinos de su secta silenciaron sus quejas al insistir en que los horrores que experimentaron pertenecían al reino de demonios o la "imaginación femenina salvaje".

En el centro de la película inteligente y compasiva de Polley está la creencia de que en las películas y en la vida, las palabras pueden ser acción, y para las personas a las que se les ha negado una voz, pueden ser revolucionarias. La inclinación filosófica y, a veces, cargada de fe de la discusión de las mujeres podría desanimar a las audiencias que no están dispuestos a escuchar estos argumentos. Para aquellos que estén listos para dar ese salto paciente, la característica reflexiva y bellamente enfocada es una exploración gratificante que aborda no solo la situación de los personajes, sino también las preguntas existenciales que enfrenta cualquier mujer contemporánea que navega en escenarios patriarcales.

La novela de Toews de 2019 se inspiró en eventos ocurridos en una comunidad menonita en Bolivia, donde durante años las mujeres fueron drogadas y violadas por un grupo de hombres en su colonia  mientras ellas dormían. El libro giraba en torno a las deliberaciones de las mujeres, en un granero después de conocer la verdad sobre sus agresiones. Su conversación se filtró a través de la voz del único hombre en el que aún confiaban, el maestro de escuela August, seleccionado para tomar las actas de sus reuniones porque a ninguna de ellas se les había enseñado a leer o escribir. En la interpretación de Polley, August, interpretado por Ben Whishaw, es un personaje excepcionalmente conmovedor, pero las voces de las mujeres impulsan la historia sin intermediarios, traídas a la vida por un fuerte conjunto de recién llegadas y otros talentos ya establecidos.

La película está rodada en formato panorámico por Luc Montpellier con una paleta desaturada de sepias, negros, grises y azules, un esquema visual realzado por el sutil diseño de producción de Peter Cosco y el vestuario de Quita Alfred, que expresa ingeniosamente personalidades dentro de las limitadas posibilidades de vestuario de las mujeres en este aislado lugar rural sin nombre.

Con un par de días para perdonar a los hombres que han sido arrestados por las violaciones, o ser excomulgadas de la colonia y, por lo tanto, negadas un lugar en el cielo, las mujeres votan tres posibles respuestas: no hacer nada, quedarse y luchar o irse. Estas son las opciones esenciales sobre cómo abordar cualquier crisis de la vida, pero para las personas que han vivido vidas tan protegidas, votar es una tarea extraordinaria. La votación queda empate entre las dos últimas opciones, y las mujeres de tres familias son elegidas para examinar esas opciones y decidir.

Con todos los hombres fuera, ya sea en la cárcel o buscando la fianza de los que lo están, la colonia se transforma: las mujeres están solas. Sometiéndose a una prueba que nunca habían imaginado, y conscientes de que se están embarcando en un trabajo sagrado que cambia sus vidas, se lavan los pies antes de comenzar su conversación en un acto sagrado. Pronto las creencias y los temperamentos chocan entre las ocho mujeres, que representan a tres generaciones. La más joven de ellas, Autje (Kate Hallett), ofrece la narración utilizada juiciosamente durante toda la película, lo que indica un futuro más allá de este punto crítico. Autje y su mejor amiga, Neitje (Liv McNeil), un poco mayor, se trenzan el cabello, juegan y suspiran, intercalando ocasionalmente una o dos palabras sarcásticas y perspicaces.

La pensativa y beatífica Ona (Rooney Mara), que está embarazada como resultado de su agresión, imagina una sociedad donde las mujeres reciben educación y participan en las decisiones que dan forma a la comunidad; ella brilla con ecuanimidad e idealismo. La madre de Autje, Mariche (Jessie Buckley), arremete contra casi todo el mundo con una feroz actitud mezclada con una vulnerabilidad tácita. Salome (Claire Foy), que ya ha demostrado el coraje de desafiar las reglas de los hombres al buscar tratamiento médico para su hija enferma fuera de la colonia, expresa una ira menos conflictiva que la de Mariche, y Foy le da a los instintos maternos y la conciencia de la injusticia del personaje una fuerza formidable y poderosa.

La adolescente Mejal (Michelle McLeod) sufre ataques de pánico y ha comenzado a fumar desde su agresión y aborto espontáneo. Las dos mujeres mayores del grupo, Agata y Greta, son figuras de sabiduría sencilla interpretadas a la perfección por Judith Ivey y Sheila McCarthy, respectivamente. La ira de las mujeres hacia los hombres es un despertar, que deshace vidas de resentimiento no expresado; los niños son otro asunto, y con solo unas pocas tomas de sus rostros jóvenes, Polley le pide a su audiencia que considere cómo los niños inocentes crecen para convertirse en el tipo de hombres que detienen a las mujeres y, en ocasiones, las maltratan.

Su guión le da a cada una de los personajes principales un monólogo. Frances McDormand, productora de la película, aparece brevemente en la pantalla como alguien que no puede imaginar dejar la comunidad; hay una historia no contada en las aparentes cicatrices de cuchillas en su mejilla; la forma en que la aceptación del abuso por parte de las mujeres se transmite de una generación a la siguiente se aborda en otra parte de la historia, de manera conmovedora.

Es August de Whishaw, con su amor de toda la vida por Ona correspondido en amistad pero no romance, quien es la figura de la angustia de la película. Un ex miembro de la colonia cuya familia fue desterrada porque su madre "cuestionaba cosas" sobre las restricciones patriarcales de la comunidad, a veces está tan atormentado por el abatimiento.

El aspecto más fascinante de la historia es que se ve a estas mujeres alejadas del matrimonio y las tareas domésticas (aunque hay destellos de la sencillez espartana de sus hogares). Una vez que se reúnen, se enfocan en asuntos monumentales de autodeterminación y autoliberación, y se hacen preguntas esenciales: el diálogo elocuente de Polley se basa en el material de origen y encuentra sus propios ritmos. Lo que importa más que quién quiere quedarse o irse es la forma en que las interacciones de las mujeres cambian a cada una de ellas y la forma en que encuentran armonía, a veces literalmente, uniendo voces en interpretaciones restauradoras de himnos tradicionales. En estas circunstancias, “Más cerca de ti mi Dios” y las citas de las Escrituras pueden ser expresiones de algo radical.

A lo largo de la película, la partitura de Hildur Guðnadóttir (Joker , Chernobyl) es una hábil mezcla de tradición y un sentido de anhelo, mientras que la inclusión de "Daydream Believer" de los Monkees enriquece una secuencia que involucra a un censista que es un hermoso pop de la surrealista.

La cámara de Montpellier sigue a las niñas de la colonia mientras corretean por los campos con un lírico abandono infantil. Captura la luz interior de las mujeres, y él y Polley enmarcan las interacciones de las mujeres con composiciones formales que las arrojan al resplandor de algo histórico y duradero. El mundo más allá de ellas, visto desde la puerta abierta del granero, es un borrón impresionista. ¿Qué más podría ser para las personas a las que nunca se les ha permitido ver un mapa?


jueves, 18 de abril de 2019

Crítica Cinéfila: Little

Jordan Sanders es una mujer implacable que, con la seguridad que le da la riqueza con la que cuenta, no tiene ningún tipo de reparo en tratar a sus empleados como si fueran inservibles. La mayor víctima de este comportamiento es April, la dócil asistente de Jordan, que debe satisfacer las caprichosas necesidades de su jefa. Todo cambia cuando, un día, Jordan se despierta siendo una niña de nuevo. 



A pesar de tan solo tener 14 años de edad, la actriz Marsai Martin es, literalmente, la creadora de Little. Presentó el concepto al productor Will Packer a los 10 años y obtuvo su crédito como productora ejecutiva, convirtiéndose en la persona más joven de Hollywood para hacerlo. Pero no es solo la idea la que hace que "Little" sea suya; es la actuación de la actriz la que posee completamente esta comedia de estudio, tomando la pantalla con una confianza admirable cada segundo que está en el encuadre. Pero a pesar de su divertida idea de la historia y su extraña actuación divertida, Martin no puede salvar a "Little" de los problemas más grandes que un adulto debería haber manejado.

Jordan Sanders es el tipo de jefa de la compañía que generalmente solo los hombres blancos y Anna Wintour pueden ser. En su compañía de tecnología de Atlanta, ella es una matona mercurial, cuyos estados de ánimo se empeoran por su falta de carbohidratos. Su asistente April entra en pánico cuando escucha el tono de llamada de su jefe, viviendo con miedo a la brillante, pero brutal, reina que se sienta en un trono ergonómico. Pero no solo sus empleados son el objeto de su ira; Jordan le grita a la maga aspirante Stevie por ser simplemente una niña. "¿Siempre quisiste decir?" Stevie pregunta. "Me hice grande y me hice rico", responde Jordan. Stevie hace un deseo, convirtiendo a la empresaria de 38 años en la torpe niña que era a los 13 años.

La joven Jordan se ve obstaculizada por su falta de poder y capacidad legal para tomar un poco de Rosé cuando se siente estresada. April acepta ayudarla, y ella se hace cargo de su jefe en la oficina mientras Jordan va a la escuela, como es legalmente necesario para los niños de 13 años. Ella le hace ojitos a su maestro, el Sr. Marshall, e intenta ayudar a un trío de jóvenes marginados a sobrevivir a la escuela secundaria, mientras encuentra tiempo para aprender muchas lecciones que debería haber aprendido la primera vez que fue niña.


"Little" tiene más mensajes para sentirse bien que una bolsa de Dove Promises, y cada uno tiene la misma cantidad de poder de permanencia que esos lugares comunes: "Sé tú mismo", se nos dice. "No seas un matón", dice. "La teoría del brillo es real", aprendemos. "Ten confianza", proclama. Estas no son malas ideas con moderación, pero "Little" es extra, empacando la positividad y ocultando el impacto de cualquier tema en particular.

Además de esto, el guión de la directora Tina Gordon y Tracy Oliver está desenfocado como si el guión en sí viniera de la mente adicta al azúcar de un niño de 13 años, rebotando sin preocuparse por la coherencia y continuidad: cómo es que el novio de Jordan, los amigos que ella hace en el colegio o el resto del mundo nunca a vuelve a cuestionarse qué pasó con la Jordan niña. La edición tampoco ayuda: varias escenas tienen momentos clave que faltan y se sienten como si estuvieran en el guión, pero se cortaron, quizás debido a razones de clasificación de la MPAA. Lo que queda se siente inconexo: de repente, nos vemos empujados por un momento en un restaurante donde April niega a la joven Jordan un sorbo de su elegante vino tinto, luego la película corta a Jordan sobre el bar, claramente borracha y comenzando un dúo improvisado con la canción "I'm goin' down" de Blige. Se siente tan aleatorio y completamente fuera de lugar tanto en la escena como en la película, pero sin este momento hubiera sido difícil para Gordon porque ciertamente genera chispa de alegría.


No es un montón de diversión aquí: la perfectamente malvada de Hall como Jordan adulta permite una entrega impecable de Rae de cada línea que se le ha dado, y no podemos olvidarnos de la actuación de Marsai Martin, quien al final se revela como la verdadera protagonista, complementada por el diseño de vestuario y maquillaje de Danielle Hollowell, y su mirada descaradamente femenina que demuestra que los hombres solo pueden representar el romance de la historia y no el logro de objetivos.

"Little" es una película interesante, pero es una pena que no pudo haber sido mejor. Claramente, inspirado en "Big" de Tom Hanks, "Little" es un caso atípico en décadas de comedias de intercambio de cuerpo que han sido hechas por y para el público blanco. Cuando le cuenta la difícil situación de Jordan, April incluso comenta: "Pero eso es para los blancos". Porque los negros no tienen tiempo”. Pero con su talento negro dentro y fuera de la pantalla, “Little” trae algo nuevo al subgénero con la especificidad de las experiencias de sus personajes y su humor. Estas escenas resuenan, a pesar de estar rodeadas por una película que no funciona del todo.

"Little" no es una gran película, ni siquiera una muy buena, pero está llena de momentos maravillosos, impulsados ​​por los increíbles talentos de Martin, Rae y Hall. Podría haber hecho más tiempo en la pantalla para Hall, que ha tenido un par de años particularmente buenos entre "Girls Trip" y "Support the Girls", pero por la naturaleza de la película, eso hubiera significado menos Martin, que no es un sacrificio que estoy dispuesta a hacer. Así como Tom Hanks mostró su rango y sus habilidades cómicas interpretando a un niño atrapado en un cuerpo adulto en "Big", es igualmente encantadora aquí haciendo lo contrario. Esta debería ser una actuación de estrella, incluso si la película en su conjunto no es digna de su talento.



viernes, 15 de febrero de 2019

Crítica Cinéfila: What men want

Una mujer que se dedica al mundo de las agencias deportivas se siente menospreciada por los hombres en un mundo que considera machista. Cuando un día adquiere la habilidad de escuchar sus pensamientos, descubre cómo manipularlos para beneficio propio. 



Si has visto What women want, podrías decir que has visto casi la misma película al ver What men want, solo que desde el punto de vista de una mujer de color.

Esta historia sigue a Ali, interpretada por Taraji Henson. Ella es una mujer en un mundo de hombres, pero esto nunca la ha intimidado porque su personalidad y la manera como se comporta con sus compañeros la convierten en una más del grupo de chicos. No obstante, el hecho de ser mujer es una limitante para ella, pues la mantienen esquineada de las oportunidades que podría lograr. No solo le cuesta poder convertirse en socia de la agencia, pues alguien vive votando en su contra constantemente; también le cuesta poder relacionarse con hombres fuera de su entorno de trabajo porque la juzgan por su físico, o la crítican por su comportamiento. Pero la verdad es que mientras ella sea una dominante en todos los aspectos de su vida o golpee como hombre, en vez de miedo la considerarán una arrogante.

Pero después de que anuncian al nuevo socio y el nuevo atleta que posiblemente pudiese agregarse a la lista de la agencia, Ali finalmente se da cuenta de la realidad que la rodea: ella simplemente no tiene buena química con los hombres. Cuando una psíquica le da a beber un té cuyo contenido no especifica al momento, y sale de fiesta donde gravemente se golpea la cabeza, se despierta en una cama del hospital con un moretón en la frente y la habilidad de leerle el pensamiento a los hombres.


Cuando a Mel Gibson le tocó tener que leerle la mente a las mujeres, se enteró de muchas cosas que siempre deben tragarse porque la realidad no les permite decirlas en voz alta. Ahora, a Taraji le tocó la otra cara de la moneda: sí es lo que los hombres piensan pero en su lado grotesco y machista (en muchas ocasiones). Mientras a las mujeres la presentaron como "locas", aquí los hombres solo siguen sonando como macho-men que todo lo pueden y aún en pensamiento, todo lo quieren. En pocas ocasiones dejan ver las debilidades de los hombres, y solo los siguen enseñando como los dominantes mientras que Ali intenta dominarlos a ellos. No obstante a esto, los hombres parecen caricaturas, donde sus reacciones son para causar risa pero en muchas ocasiones ridiculizandosé entre ellos mismos. 

Ahora... aunque los cineastas casi prescinden de la mayoría de los detalles de la película original. Algunos dirían que eso es algo bueno, pero lo más importante es que es simplemente práctico y que permiten que esta lleve su propio ritmo. Ciertamente, la introducción del protagonista de Taraji P. Henson realinea de manera refrescante un concepto narrativo clásico, junto con el entorno de Atlanta dentro del mundo de los deportes profesionales. 

Aunque Ali puede escuchar los pensamientos de los hombres, en realidad no puede leer sus mentes y, en consecuencia, pierde las motivaciones cruciales que informan su comportamiento. Ella realmente está captando las señales de la superficie, y aunque la ayudan a obtener la ventaja en las negociaciones del contrato con el padre de Jamal, Joe "Dolla" Barry, se producen serios malentendidos cuando trate de decidir si debería seguir con el juego o usar sus poderes para otras cosas.


Con este clásico conflicto de cabeza contra corazón, los guionistas preparan a Ali para tomar algunas decisiones difíciles, y luego terminan dándole casi todo lo que quiere en una afirmación de que las lecciones de la vida pueden valer la pena si realmente se toman en serio. Es todo un poco para tomar, ya que sin su talento inusual es prácticamente sorda cuando se trata de entender a los hombres, pero después de todo, el viaje de Ali es más una fantasía de deseo que una autoevaluación realista.

Henson demuestra una capacidad tremendamente humorística y humana para captar la desesperación personal y la determinación profesional de Ali al forjarla en una estrategia de éxito semi-coherente. No tiene miedo en absoluto de sufrir las inevitables humillaciones que Ali debe enfrentar para avanzar en su carrera y ampliar sus horizontes románticos, incluso cuando eso signifique que los desarrollos de la trama tengan un giro tonto.

Y a pesar de que la historia termina tal cual como la venimos prediciendo desde el principio (se queda con el chico y consigue al atleta), nos deja con una pequeña sorpresa y un buen sabor de que hemos sido entretenido por una película que no necesita ser comparada con su antecesora, porque por sí misma está decentemente bien.


jueves, 27 de diciembre de 2018

On the Basis of Sex

Ruth Bader Ginsburg, junto a su esposo Martin Ginsburg, cambió el curso de la historia con un singular caso sobre discriminación de género que abrió el camino para la igualdad en los Tribunales.



La humanidad cambia a la humanidad. Es parte del ritmo de la historia. Pero aún más impresionante es cuando un grupo considerado minoritario se encarga de lograr esos cambios, independientemente de quien esté al lado de ellos apoyándoles. Ruth Bader fue una de esas que se animó a gritar por un cambio, no a beneficio de ella, pero a beneficio de quienes reclamaban sus derechos. Para muchos estadounidenses, esta película biográfica jugará más como un cuento de origen de superhéroes a nivel judicial que un drama. A los 85 años, Ruth sigue siendo una de las pocas esperanzas progresivas para evitar que la corte suprema sea consumida por el actual jefe de estado.

On the Basis of Sex es un biopic sobre la vida de la jueza del Tribunal Supremo de los EE. UU., muchos años antes de que pudiese a conocer, e incluso mucho antes de que las mujeres fueran verdaderamente consideradas para posiciones de trabajo como abogadas. Ruth, quien se inscribió en la escuela de derecho de Harvard para entender el trabajo de su esposo, pero se terminó enamorando de la carrera. Después de ser discriminada clase tras clase por el hecho de ser mujer, Ruth resaltó para demostrar de que no solo era capaz de ser abogada, sino también que podía ser una luchadora por los derechos humanos. Esto fue aún más obvio cuando su esposo le presentó el caso de un hombre que se le estaba denegando la deducción de impuestos de enfermería por el hecho de que este beneficio solo lo recibían las mujeres. Aquí no solo tuvo que finalmente pararse en una corte por primera vez sino también enfrentarse a muchos hombres que hasta ese día la habían tratado de denigrar en diferentes formas por su género.

La estrella de cine que interpreta a Kiki de 1956 a 1975 es la actriz británica y siempre valiente Felicity Jones, cuyo acento de Brooklyn no puede competir con el de Justin Theroux, criado en DC, que aporta cierta aspereza a la caracterización de Brusque y Director Legal de ACLU Mel Wulf. El coprotagonista principal de Jones es el batido reinante de la pantalla, Armie Hammer, quien interpreta a su esposo Marty Ginsburg como compañero de ayuda, ensueño, santo a tiempo parcial y abogado de impuestos del crackerjack.

La directora Mimi Leder y el guionista Daniel Stiepleman (sobrino de Ginsburg) encierran todos los incidentes cubiertos por la película en una plantilla familiar de Hollywood, simplificando y glamorizando todo el camino. Esta es una película para personas que piensan que lo peor de "Kiki" Ginsburg, como la llamaban sus amigos y familiares, es que no se parece a una estrella de cine.


El trailer casi convence a la audiencia de que esta película iba a ser un desastre narrativo, casi cayendo en la categoría de los peores trailers producidos en este año; no obstante, la película terminó siendo una sorpresa agraciada. El guion esta bien elaborado, desarrollándose a un ritmo que delata los altos y bajos del personaje y retratando crímenes morales que se vivían en esta época. No obstante, demuestra ser el debut de un escritor.

La película estaba programada para protagonizar a Natalie Portman bajo la dirección de Marielle Heller, una combinación tentadora que, desafortunadamente, no logró ser. Aparte de Portman o quizás de Debra Winger, hace 30 años, es difícil pensar en otras actrices ideales para el papel y, lamentablemente, no es Felicity Jones. El hecho de que se le haya permitido dejar pasar algunas inflexiones vocales notablemente británicas es un punto menor en comparación con su actitud seria y persistente que varía poco. Por supuesto, estos son rasgos que la mujer real tiene en abundancia, pero cualquiera que haya visto el maravilloso documental RBG, estrenado en este año, sabe que hay mucho más para ella que eso, incluido, para empezar, un encantador sentido del humor y una manera astuta y poco convencional que sugiere que siempre tiene algo bajo sus mangas judiciales.

Presumiblemente conociendo a su tía toda su vida, el guionista Daniel Stiepleman comienza su relato en 1956, cuando, ya casada y con una hija pequeña, Ginsburg se convirtió en una de las nueve mujeres de una clase de más de 500 hombres que ingresaron en la Escuela de Derecho de Harvard. ese año. Este es solo el primero de muchos de los momentos más emocionantes que el guión ha logrado obtener, y lo que sorprenderá a las audiencias más jóvenes que no conocen las normas de hace medio siglo.


La película, naturalmente, está estructurada sobre los obstáculos enfrentados y saltados; no obstante, no es más astuta y menos común. Las escenas en sí mismas son perfectamente presentables y los casos en cuestión apenas pueden ser más claros, pero el sentimiento persiste en los puntos marcados, tanto para dar a Ginsburg su A+, como para asegurar que el público recibe una gratificación constante con respecto a su visión de derecha.

Jones se aplica con seriedad y energía para cubrir las bases de la seriedad de propósito de Ginsburg, la frustración inicial de la carrera y la claridad final de la visión de cómo puede hacerse cargo de una identidad importante y un papel público para ella. Pero incluso la exposición moderada a la personalidad de la mujer real revela un lado malicioso, humorístico y juguetón latente que solo se vislumbra momentáneamente en la película, y que solo es presentado por su esposo, quien, a pesar de la infinita simpatía de Hammer, se queda con lo que solía hacer, ser el papel de "esposa" unidimensional.

Kathy Bates es una presencia bienvenida en un excelente cameo como la pionera feminista y líder de los derechos civiles Dorothy Kenyon, mientras que Cailee Spaeny trae una fuerte rebelión a la precoz hija adolescente de los Ginsburg.

El enfoque dramático aquí es claro, eficiente y totalmente sensacional, con poco tiempo para cualquier cosa que pueda distraer el esfuerzo hagiográfico en juego. Su único propósito es ennoblecer y proclamar a una heroína. Pero lo hace otorgando un drama notablemente simplificado.