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martes, 9 de junio de 2026

Crítica Cinéfila: Final de Euphoria

Han pasado cinco años para los antiguos alumnos de East Highland High, y la vida para ellos ha sufrido serios cambios.




El que ha visto Euphoria desde sus inicios (en tiempo real) hasta este final, debe reconocer que la serie ha logrado un antes y un después; siendo de por sí una propuesta arriesgada, logró un viaje fructífero desde el 2019 hasta esta fecha de cierre. Las tramas de preparatoria y de acoso sexual ya se habían contado, por lo que su creador Sam Levinson, el creador y director de la serie, se encontraba ante una disyuntiva. ¿Merecía la pena seguir con la historia de estos adolescentes? La única diferencia es que el tema no era tratado como él lo hizo, y su respuesta le vino dada. La amenaza de cancelar la serie fue contraatacada con esos dos episodios especiales que profundizaban en la psicología de su pareja principal, Rue y Jules, a modo de episodio botella, dos especiales que para muchos alcanzaron los temas más intensos y espléndidos de la serie.

La segunda temporada apostó también por una vuelta de tuerca arriesgada, con tramas de los personajes que confluían en una especie de metacine hispter a modo de obra de teatro de colegio. Mientras, Rue, seguía inmiscuida en sus negocios turbios relacionados con la droga. Después, cuando todos dábamos por extinguida la serie, llegó el inesperado anuncio de una tercera temporada. La serie debía reinventarse de nuevo; habían pasado muchos años desde el lanzamiento del último episodio. Las tramas de colegio ya no tenían sentido, especialmente porque nadie se tomaría en serio que aquellos actores adultos todavía siguieran siendo estudiantes. Había que tomar una decisión, en parte motivada por la salida del proyecto de algunos actores. Es cierto que la producción merecía un cierre digno y definitivo. La segunda temporada, aunque sensacional, no podía quedarse como el último movimiento por parte de los personajes. Los espectadores merecíamos un final. Y personalmente creo que fue el más adecuado.

Con todas estas circunstancias. Levinson se enfrentaba a una decisión tan arriesgada como estimulante: ¿Qué habría sido de los protagonistas después del colegio? Lo que podría haberse convertido en una expansión insulsiva de algunas tramas se convirtió en una oportunidad única para demostrar su talento narrativo. La temporada 3 de Euphoria se convierte casi en una temporada de antología en la que los personajes rompen con su background para colocarlos en situaciones al límite, en las que tendrán que poner a prueba su actitud ante la vida, esos valores que se supone que aprendemos durante la época escolar.

La nueva temporada también supuso un giro radical respecto a sus preceptos originales. Una especie de historia independiente que podría funcionar de forma aislada, sin las ataduras emocionales de las temporadas anteriores y los años del colegio. Nadie dijo que fuera fácil. No todo el mundo lo entendería. Pero Sam Levinson se ha atrevido a aceptar el reto y a desarrollar una temporada fantástica y muy sólida.

Euphoria gira radicalmente. De ser un drama juvenil, la serie va hacia un neowestern fronterizo en el que los cárteles de la droga y las malas decisiones componen un retrato demoledor de la sociedad norteamericana de los suburbios. Con la amenaza latente de una de las lacras más vergonzosas y preocupantes de Estados Unidos: el fentanilo.

Euphoria se suma a ese movimiento artístico que está aflorando en el cine de Hollywood con películas como The Rider o Nomadland (ambas de Chloë Zao) o las recientes Eddington (Ari Aster) o la triunfadora Una batalla tras otra (Paul Thomas Anderson) con historias de gente que malvive en los límites de todo y de la nada más absoluta al tiempo que las políticas y discursos del odio calan entre los descerebrados que ya no tienen nada que perder.

Sin dejar de lado esa locura que ha golpeado con fuerza a los más jóvenes: auténticos yonkis dependientes de las redes sociales y del aparentar algo ante los demás. Un destructor de cerebros que ridiculizan hasta el extremo al personaje de Cassie (Sydney Sweeney), por el que casi sentimos vergüenza en algunos momentos. Su caída a los infiernos quizás no sea tan explícita que la de otros personajes, pero resulta grotescamente violenta por lo cercano que resulta el mundo de las influencers en la sociedad actual.

Por otro lado, la explotación de mujeres y las falsas promesas de llegar a lo más alto es un tema tan necesario como aterrador. Mujeres peleando entre ellas por llegar a lo más alto, cuya única fantasía es la de operarse para conseguir más likes —las que tienen suerte de no ser explotadas sexualmente— o conseguir más propinas. Una historia deprimente que nos hace reflexionar sobre todas las cosas que estamos haciendo mal. Quizás Jules sea el personaje menos aprovechado en esta temporada, pero la nueva frialdad de su personaje es capaz de crear una atmósfera única, llenando la pantalla con su sola presencia. Soberbia.

Por otro lado, la serie se centra en ese arraigo, todavía palpable, hacia lo primitivo de la sociedad americana, anclada en costumbres y poses anacrónicas, más propias de los antiguos westerns trasnochados pero que siguen vigentes. Una sociedad armada hasta los dientes y que sigue luciendo sombreros de cowboy de ala ancha. Las referencias son múltiples, especialmente, a través de los nuevos personajes pertenecientes al mundo de la prostitución y de la droga: persecuciones a caballo, paisajes desérticos, cartucheras, serpientes y botas de punta.

Por último, en esa doble moral tan norteamericana, la redención parece que solo cabe ante el abrazo de la religión, cualquiera de ellas es válida como dice el personaje de Ali (mentor de Rue en Alcohólicos Anónimos). En esta temporada, Rue parece alcanzar la paz mental a través del estudio de la Biblia. Mientras otros personajes creen que ahora el libro sagrado tiene una versión reducida y adaptada a los nuevos tiempos, otros personajes descubren que las historias bíblicas están repletas de sangre, sexo y odio, como pasa en la vida real. Viendo la interpretación que muchas naciones hacen de los textos sagrados, no es de extrañar la situación geopolítica actual. 

Quizás no sea casualidad la inclusión en el reparto de Rosalía, fan reconocida de la serie, que con su último disco Lux ha hecho que muchos se replanteen la religión y se interesen por temas más espirituales. Aunque solo sea por estar de moda o porque los influencers hablen de ello, abrir el debate en esta sociedad tan lobotomizada siempre es una buena noticia.

Todo es caos en Euphoria. Nada hace pensar que saldremos bien parados de esta situación si el catalizador de todo resulta ser el personaje de Ali, capaz de restaurar el equilibrio moral de la temporada entrando a tiros en un local de striptease de carretera. Nada hace pensar que la vida mejorará después de la etapa escolar.

La elección del maestro Hans Zimmer en el espacio musical junto a los samplers electrónicos de Labrinth sirve como una intención adicional a una temporada asfixiante que siempre va en crescendo. Los espectadores sabemos que los personajes se dirigen hacia el abismo, sin poder hacer nada para remediarlo. Mucho se había hablado de la música y el cambio sustancial de la banda sonora, pero para mí esta elección ya marca, y mucho, el devenir de los episodios.

Por momentos, Sam Levinson se recrea durante varios minutos en escenas formidables, para componer un clímax único. Recuerda mucho a esos fotogramas preciosistas que demuestran un control absoluto de la iluminación, el uso del color y la imagen de otros grandes maestros como David Lynch o Nicholas Winding Refn.

Euphoria refleja a la perfección esa frustración furibunda de la clase media y trabajadora por no alcanzar los sueños de adolescencia, esos sueños que nos prometieron a través de la publicidad y los mensajes vacíos de los gurús de las redes sociales. Entre la mediocridad de consumo rápido de la mayoría de series de algunas plataformas, la conclusión es que necesitamos más series como Euphoria. 


martes, 12 de mayo de 2026

Crítica Cinéfila: The Testaments, 1ra temporada

1 temporada, 10 episodios. Drama sobre el paso a la adultez ambientado en Gilead. La historia sigue a dos adolescentes: la devota y obediente Agnes Mackenzie y Daisy, una conversa recién llegada de fuera de las fronteras de Gilead. Continuación de "El cuento de la criada".



«Lo ordinario es simplemente a lo que están acostumbradas», dice la tía Lydia (Ann Dowd) en el primer episodio de "The Handmaid's Tale", dirigiéndose a un aula llena de criadas en formación. Algunas ya llevan sus túnicas rojas y cofias blancas. Otras visten ropa informal, sin saber aún lo que Gilead espera de sus súbditas. Muchas, si no todas, tienen miedo. La tía Lydia ve esos rostros asustados y, a su manera, les ofrece consuelo: «Sé que esto debe resultarles muy extraño», dice. «Quizás ahora mismo no les parezca normal, pero con el tiempo lo será. Se convertirá en algo habitual». 

Y así fue, para gran perjuicio de la serie.

Tras una primera temporada tan impactante y cruda como el mencionado acto de disciplina de la tía Lydia, la adaptación de Bruce Miller de la emblemática novela de Margaret Atwood cayó en patrones repetitivos con una familiaridad que atenuó su impacto. Las escenas de disciplina (o tortura) siempre resultaban agonizantes, pero cada vez menos reveladoras. Mucho antes de su final abrupto, "The Handmaid's Tale" estaba estancada temática y creativamente. Los fans sabían lo que iban a ver en cada temporada, tanto que incluso el final —en el que June (Elisabeth Moss) libera con éxito a Boston pero se niega a retirarse hasta que Gilead desaparezca— dejó de lado el cierre para perpetuar viejos hábitos.

Recordar que la transformación en algo común fue en su momento la consecuencia más escalofriante de la serie resulta peculiar y fundamental. En el primer episodio, la promesa de la tía Lydia pende sobre la cabeza de Offred como la cuchilla de una guillotina. La expresión sombría de Moss, a la que se recurre con frecuencia para transmitir información silenciosa a lo largo de seis temporadas, transmite terror en el presente, así como en un futuro donde el miedo es reemplazado por la resignación. Gilead no puede volverse común. No puede convertirse en la norma. No puede ser vista como otra cosa que lo que es: un patriarcado tiránico que necesita ser erradicado.

Ese sigue siendo el objetivo en "The Testaments", y aunque el enfoque se invierte, la banalidad persiste. Mientras que nuestra narradora anterior, Offred (también conocida como June), era una forastera en Gilead desesperada por recuperar las libertades de las que una vez disfrutó, nuestro guía principal en la secuela solo conoce la vida «bajo su mirada».

Agnes (Chase Infiniti) es obediente, respetuosa y piadosa. Criada por un comandante relativamente amable (Nate Corddry) y una madrastra francamente malvada (Amy Seimetz), Agnes creció con tantos privilegios. Su casa es inmensa y los sirvientes de su familia (las Marthas) la mantienen en condiciones impecables. Conoce todas las costumbres de Gilead, así como las expectativas que se tienen de ella, una joven que se acerca a la edad adulta. Al comienzo de la serie, Agnes es una "plum", su grupo asignado en la escuela preparatoria de la tía Lydia para futuras esposas. Está a punto de graduarse, lo que significa que se casará con un hombre, y su mayor aspiración es encontrar una pareja de la más alta posición.

Pero al borde de alcanzar todo lo que siempre ha deseado, Agnes está aterrorizada. Uno pensaría que los cadáveres que encuentra colgando al borde del camino a la escuela serían la causa, pero eso es normal, al igual que los guardias armados que vigilan las salidas escolares y los castigos rituales que se infligen a los alumnos que se portan mal durante las asambleas. No, lo que asusta a Agnes es algo indescriptible; algo que no puede expresar con palabras, incluso si se le permitiera decirlo.

En la narración, recuerda haberle sonreído a un chico cuando aún era una "rosa" (la alumna más joven). Por "tentarlo", le taparon la boca con cinta adhesiva y la obligaron a sostener un cartel que decía "puta". Así que ahora, sabe que no debe ceder a sus sentimientos por Garth (Brad Alexander), el Guardián que la acompaña por Gilead como a una princesa moderna. Se pregunta cómo sería besarlo, pero es una fantasía sin posibilidad de hacerse realidad.

Hasta que llega una chica nueva a la escuela. Daisy (Lucy Halliday) es una recluta de Toronto, atraída a cruzar la frontera por misioneras de Gilead llamadas Chicas Perla y matriculada con Agnes para aprender las costumbres de su sociedad adoptiva. Daisy ve los cadáveres colgando de los edificios y las sesiones de tortura pública igual que nosotros. Sale corriendo de la asamblea escolar para vomitar cuando a un hombre le cortan el brazo con una sierra de mesa, y palidece al ver a la gente a su alrededor que considera tales actos parte de una civilización próspera.

Es aquí, en el vínculo que se crea entre dos jóvenes de orígenes muy diferentes que se enfrentan a un futuro que ninguna desea, donde «The Testaments» aviva la llama de la rebelión. Tras ser unidas por las autoridades, Agnes y Daisy se acercan cada vez más a convertirse en miembros de pleno derecho de una secta religiosa, y la perspectiva las inquieta con razón. Sus diferentes perspectivas y su comprensión en constante evolución del mundo que están destinadas a heredar (en la medida en que una mujer puede heredar algo en Gilead) son la fricción que genera el cambio.

Es una pena que estos momentos narrativos sean tan cortos. "The Testaments" tiene muchos fallos, sobre todo en la trama. Con una historia que parece sacada de un episodio piloto, pero que se extiende a lo largo de 10 capítulos truncados (la mayoría duran menos de 45 minutos y tres, bastante menos de 40), la secuela es una continuación directa de "The Handmaid's Tale", pero con una relación con su predecesora que resulta a la vez distante y redundante. Esta distancia se percibe en cómo "The Testaments" trata hechos ya compartidos en "The Handmaid's Tale" como si fueran grandes revelaciones. Los fans podrían sentirse confundidos por el final, que gira en torno a una revelación que seguramente será de conocimiento común para los espectadores (y que los personajes también deberían haber reconocido).

Pero la repetición podría ser el mayor defecto de la serie. Aparte de haber mejorado la paleta de colores y reducido la violencia (lo cual tiene sentido, dado que "The Testaments" se basa en una perspectiva privilegiada de la clase alta, en lugar de las atrocidades cotidianas que sufren sus sirvientes), el tono, la estructura y las ideas están copiados directamente de "The Handmaid's Tale".

El tono es excesivamente serio; Dios sabe que estas chicas están oprimidas (y condicionadas a aceptarlo), pero un instituto lleno de adolescentes sin sentido del humor resulta tan innecesario como irreal. Sin revelar detalles importantes, gran parte de la tensión reside en si ciertas protagonistas son descubiertas. Sí, todavía hay espías de Mayday en Gilead, y sí, siguen reportando a sus mismos superiores (disfruten de los cameos), pero también siguen entrando y saliendo de un estado policial con la misma facilidad que exige la trama. Esto no solo reduce el suspense relacionado con los planes más ambiciosos de la serie, sino que también subraya que las ambiciones erróneas de «The Testaments» son las mismas que las de «The Handmaid's Tale».

A pesar de las afirmaciones explícitas en sentido contrario, nada en la primera temporada sugiere que su nueva generación de rebeldes esté mejor preparada para derrocar a Gilead que la anterior, y "The Testaments" tiene dificultades para definir en qué se diferencian estas nuevas voces más jóvenes de las que escuchamos antes. Esto es (al menos en parte) intencional. Ambas series se desarrollan en una época en la que una tasa de natalidad en declive genera pánico generalizado. Proteger la fertilidad prima sobre todo lo demás, ya sea el matrimonio monógamo, el racismo histórico o el libre albedrío.

Eso significa que no hay necesidad de reconocer un cambio en el deseo de procrear de las generaciones más jóvenes. Agnes afirma que quiere casarse y tener hijos, pero "The Testaments" no está interesada en cuestionar las suposiciones de los espectadores sobre traer hijos a una pesadilla totalitaria y patriarcal. En lugar de preguntarse si el sueño en su cabeza choca con la pesadilla que tiene ante sus ojos, "The Testaments" le ofrece (y a los espectadores) una salida fácil: todos sus pretendientes son personas mayores. ¡El horror! Es mucho más fácil entender por qué nadie quiere formar una familia con un pedófilo que considerar por qué, incluso con la disminución de la población mundial, algunas personas no pueden imaginar aumentarla.

La raza, otro tema muy pertinente, también es un factor frustrantemente irrelevante (al igual que en la serie original). Ni siquiera establecer un personaje principal negro y elegir a una actriz negra talentosa para interpretarlo logra que "The Testaments" se aleje de su interpretación posracial del fundamentalismo religioso en Estados Unidos. Infiniti es efectiva y conmovedora, aunque limitada por un guion que le exige repetir los mismos diálogos. Cada vez que varias esposas susurran sobre el linaje manchado de Agnes, queda claro que solo se refieren al hecho de que es adoptada, no a que sea una persona de color en un mundo que Atwood diseñó a imagen y semejanza de los supremacistas blancos, pero sobre el cual no dice nada.

Lo que es relevante en la actualidad —la misoginia, la homofobia, la capitulación ciega, la capitulación voluntaria— también lo era hace 10 años, lo que contribuye al tedio de "The Testaments". Ver a jóvenes privilegiadas tomar conciencia de su sometimiento habitual resulta menos impactante que presenciar una rebelión obrera justa. La incorporación activa de nuevas perspectivas podría haber dado más dinamismo a la obra, pero el análisis generacional es limitado cuando se ignoran las prioridades de esas generaciones.

En cambio, al igual que el libro que la precedió, la serie se concibe como un acto de testimonio. La frase «Así fue» para Agnes, Daisy y la tía Lydia se interpreta fácilmente como «Así es como nos sentimos tú y yo». Pero incluso con tres narradores en lugar de uno, "The Testaments" tiene dificultades para expresar algo que "The Handmaid's Tale" no haya mostrado ya. Si nosotros, como espectadores, queremos comprender la difícil situación de estos personajes para evitar caer en las mismas trampas, inspirarnos para sobrevivir como ellos o simplemente conectar con los acontecimientos actuales desde la relativa seguridad de nuestros televisores , entonces las futuras temporadas tendrán que profundizar mucho más.

De lo contrario, solo estaremos viendo cómo la historia se repite. Y en 2026, ese hábito se ha vuelto demasiado común.


jueves, 8 de enero de 2026

Crítica Cinéfila: Final de Stranger Things

La batalla final está a punto de empezar, y deberán enfrentarse a una oscuridad más poderosa y letal que nunca. Para acabar con esta pesadilla, deberán estar todos juntos, una última vez.



Tras 42 episodios a lo largo de nueve años, Stranger Things ha llegado a su fin en Netflix. Si estás leyendo esto, es muy probable que en los últimos 9 años hayas aprendido a jugar "Dungeons and Dragons" (o lo hayas jugado más activamente). Desde su estreno en 2016, la serie de ciencia ficción de los hermanos Duffer se consolidó instantáneamente como una sensación de la cultura pop, y su popularidad no hizo más que crecer con el tiempo. Nos aprendimos de memoria la geografía de una ciudad que no existe, pero que nos hizo creer que el mundo completo tenía un universo paralelo opuesto. Nos enamoramos de los romances entre psíquicos y geeks, y le temimos a la presencia de entes que solo existen en un juego de aventura narrativa. Hicimos trend canciones que son de una época muy distinta a la propia, y nombres como Eddy, Bob, Barb y Billy nos hacen sentir un fuerte luto en nuestros corazones. Seas o no fanático del final de la serie, "Stranger Things" impactó a toda su audiencia. Por eso, tener que aceptar que este sería el último viaje a través de las calles de Hawkins y la última pelea de nuestro club de renegados es más difícil de lo habitual.

Sus fieles seguidores también generaron grandes expectativas para la quinta y última temporada. Sin embargo, si bien el final de Stranger Things fue satisfactorio en algunos aspectos, el final no se arriesgó lo suficiente para ser creíble por los que (indiscutiblemente) sacaremos nuestras teorías alternativas. La quinta temporada de "Stranger Things, 2nd volume", planteó la ambiciosa misión del matar a Vecna ​​y detener su plan de fusionar los dos mundos. El final de la serie se centró directamente en la misión, y aunque hubo desafíos en el camino, Eleven y el grupo derrotaron a Vecna, detuvieron al Azotamentes y llevaron a los niños de vuelta a Hawkins antes de la destrucción del Mundo del Revés.

Sin duda, el final de Stranger Things presentó importantes revelaciones de la historia, especialmente en la secuencia del epílogo, ambientada 18 meses después de derrotar a Vecna. El salto temporal permitió a la serie ofrecer a los fans una idea del destino de los personajes principales, pero también mantuvo ambiguo el destino de Eleven, lo cual es la mayor queja del final de la serie que cualquiera pudiese tener. 

Había mucho en juego durante la quinta temporada de Stranger Things. Vecna ​​no solo planeaba apoderarse de Hawkins; intentaba transformar el mundo entero. Con todos los peligros que enfrentaba el grupo en el final de la serie (Vecna, un Mundo del Revés en colapso, el Azotamentes, el ejército), los Hermanos Duffer evitaron matar a ninguno de los personajes más destacados. 

Kali murió en el Upside Down, aunque no se podría considerar la muerte de un personaje importante. Incluso cuando el final de la serie aparentemente mató a Eleven, no tardó mucho en retractarse de su destino. En cambio, los hermanos Duffer mantuvieron ambiguo el destino de Eleven a propósito a través de la historia del Mago de Mike, sugiriendo que escapó con vida de Hawkins con la ayuda de Kali. La serie también sabía lo que hacía al casi matar a Steve en la torre de radio, solo para que Jonathan lo rescatara. La quinta temporada ciertamente tuvo su cuota de casi muertes, pero no incluyó una muerte definitiva de un golpe bajo, como la que logró con la muerte de Eddie en la cuarta temporada. Si bien es terriblemente triste perder personajes principales, se siente necesario que una serie como esta compense las altas expectativas.

La muerte de Vecna ​​se hizo esperar, pero ni siquiera eso parecía del todo merecido en ese momento. Su derrota fue demasiado fácil para Eleven y Will, considerando lo mucho que el grupo sufrió antes del enfrentamiento final. La serie también omitió convenientemente a los Demogorgons, Demodogs y Demobats, lo que permitió al grupo atacar a Vecna ​​y al Azotamentes a toda máquina sin distracciones. La historia del origen de los poderes de Henry en la cueva también habría sido más impactante si "La Primera Sombra" no hubiera revelado ya ese importante detalle.

Todo comenzó con la desaparición de un niño y la amenaza de un monstruo humanoide en un pequeño pueblo de Indiana. Casi una década después, "Stranger Things" muestra a sus personajes autodenominándose " viajeros espaciales interdimensionales " y luchando contra amenazas del tamaño de kaijus. Sin embargo, los momentos más impactantes del final de la serie no fueron las secuencias taquilleras, sino las pequeñas interacciones personales.

Stranger Things siempre brilló cuando equilibraba las historias centradas en los personajes con elementos sobrenaturales. Sin embargo, la quinta temporada de Stranger Things perdió muchas de las interacciones más pequeñas con los personajes, ya que la trama se expandió demasiado. Algunas de las mejores escenas del final recuperaron esas breves pero impactantes interacciones, como la negativa de Nancy a darle a Mike un arma real o cuando Eleven le devolvió el brazalete de Sara a Hopper. Afortunadamente, el salto temporal del epílogo le dio la oportunidad de mostrar más de los momentos desenfadados y realistas que predominaron en temporadas anteriores. Es cierto que era demasiado tarde para intentar equilibrar la historia después de haber visto al Grupo luchar contra villanos en otro planeta. Y no podemos dejar de recordar las últimas lágrimas del Club de Renegados y su gran adiós a una serie que los vio crecer.

Podríamos seguir analizando el final de la serie Stranger Things mucho después de su estreno, para bien y para mal. Definitivamente hubo muchas preguntas sin resolver (la relación de Nancy y Jonathan; la opinión de Joyce sobre la sexualidad de Will; si Eleven verdaderamente murió). Aun así, el éxito general de la serie es innegable, independientemente de la recepción de la última temporada. La serie de Netflix de los hermanos Duffer fue algo especial.


martes, 9 de diciembre de 2025

Crítica Cinéfila: Stranger Things, 5ta temporada (Volumen 1)

Otoño de 1987. Hawkins sigue marcada por la apertura de los portales, y nuestros protagonistas comparten un único objetivo: encontrar a Vecna y acabar con él. Pero ha desaparecido; nadie sabe dónde está ni cuáles son sus planes. Para complicar aún más las cosas, el Gobierno ha puesto la ciudad en cuarentena militar y ha intensificado la búsqueda de Once, que se ve obligada a esconderse de nuevo. A medida que se acerca el aniversario de la desaparición de Will, también crece una inquietud conocida. La batalla final está a punto de empezar, y deberán enfrentarse a una oscuridad más poderosa y letal que nunca. Para acabar con esta pesadilla, deberán estar todos juntos, una última vez.



Las estaciones cambian. Los niños crecen. Los monstruos evolucionan. Una querida serie de streaming llega a su final. La quinta y última temporada de "Stranger Things" arrancó hace dos semanas tras casi tres años y medio de ausencia. Es un reencuentro bienvenido, pero agridulce, para los fans de la serie, que han pasado la última década viendo a un grupo de jóvenes inadaptados (ahora adolescentes) usar sus habilidades de nerd contra enemigos sobrenaturales y mortales en el pueblo ficticio de Hawkins, Indiana.

Will (Noah Schnapp), Mike (Finn Wolfhard), Lucas (Caleb McLaughlin), Dustin (Gaten Matarazzo) y Max (Sadie Sink) y su amiga con superpoderes Eleven (Millie Bobby Brown/Millie Bonnie Bongiovi) ahora están preparados para una batalla final contra su alucinante némesis, Vecna, con un división de la temporada en Volumen 1 con cuatro nuevos episodios; Volumen 2 (tres episodios) que se lanza el día de Navidad y el final llega el 31 de diciembre. Me puedo quejar de la distribución escalonada de los episodios (todos programados para un día festivo, por supuesto), pero la estrategia les da a los espectadores sentimentales (incluyéndome) un poco más de tiempo para desvincularse emocionalmente de la serie.

El final de la serie de Netflix, que pasó de ser una rareza a un éxito de audiencia, marca el fin de una era y, sin duda, el último hito generacional. La Generación Z, que creció en los albores de YouTube y, posteriormente, con la aparición de TikTok, generalmente ha favorecido el contenido de formato corto sobre las producciones más largas; sin embargo, "Stranger Things" se convirtió en la excepción. Los jóvenes fans alargaron su capacidad de atención, viendo temporadas enteras de una serie cuyos episodios podían durar desde una hora hasta más de dos horas. El Upside Down, un universo paralelo oscuro y pegajoso de Hawkins, y sus demogorgons depredadores se convirtieron en parte de su vocabulario de secundaria, de la misma manera que las generaciones anteriores al streaming usaban "ismos" de sus series favoritas.

“Stranger Things” se desarrolla en la era Reagan, así que desde sus inicios, los padres de la generación Z podían ver la serie con sus hijos mientras rememoraban sus propios recuerdos entrañables y/o dolorosos de su infancia en los 80. La década del Day-Glo sigue siendo crucial cuando "Stranger Things" regresa esta semana. Prepárense para un momento de "I Think We're Alone Now" de Tiffany, guiños a grandes bandas como The Fall y una oportuna mención de un condensador de flujo. 

Pero Hawkins no es una fiesta de baile de MTV. El tranquilo pueblo está en cuarentena militarizada. Es por su propia protección y porque el gobierno trama algo malo, una vez más. Nada entra ni sale del lugar sin el conocimiento de las autoridades, a menos que sea introducido de contrabando por el siempre intrigante Murray (Brett Gelman). Lo último que supimos fue que el antagonista Vecna ​​(que adopta múltiples formas) finalmente había abierto las puertas del deslucido Upside Down, fusionándolo con el mundo real. Fue un evento violento, pero la mayoría de los habitantes del pueblo creían que todo ese temblor y ruido se debía a un terremoto. 

Nuestra querida pandilla de nerds de Hawkins lo sabe mejor. Han estado haciendo "rastreos" encubiertos con el objetivo de localizar y destruir a Vecna ​​antes de que convierta la ciudad, y luego el mundo, en un páramo cenagoso. Se unen a la lucha la hermana mayor de Mike, Nancy (Natalia Dyer), el hermano mayor de Will, Jonathan (Charlie Heaton), los amigos Steve (Joe Keery) y Robin (Maya Hawke), la madre de Will y Jonathan, Joyce Byers (Winona Ryder), y el padre adoptivo de Eleven, Jim Hopper (David Harbour). Max está en coma en el hospital. Su consciencia está atrapada en el paisaje mental de Vecna, sin importar cuánto Lucas toque "Running Up That Hill" de Kate Bush para despertarla.

Tras múltiples ataques a su modesto hogar por parte de demodogs y agentes estadounidenses, los Byers han estado viviendo en el sótano de la casa de Mike con su familia, los Wheeler. La menor de los Wheeler, Holly (Nell Fisher), se acerca a la edad que tenía el elenco principal de niños cuando la serie se estrenó en 2016. Y Erica (Priah Ferguson), la hermana pequeña de Lucas, que siempre dice "no te metas conmigo", y que todavía dice las mejores ocurrencias de la serie, ahora está en la clase de ciencias de secundaria del Sr. Clarke.

Elevar las historias de los personajes más jóvenes ayuda a superar la brecha de edad creada cuando el elenco principal de actores infantiles tuvo la audacia de madurar durante la emisión de la serie. Brown tenía 12 años cuando se estrenó la serie. Ahora tiene 21. Los críticos se han quejado de que no deberían interpretar a estudiantes de secundaria. Pero aceptar a Wolfhard, de 22 años, como un Mike adolescente no es una exageración, especialmente considerando todo lo demás en lo que los fans de "Stranger Things" han estado dispuestos a creer ("luces navideñas parlantes", batallas psicoquinéticas, un laboratorio soviético nefasto bajo la zona de restaurantes del centro comercial).

Hay demasiados spoilers alrededor de estos primeros cuatro episodios de la temporada final. Basta decir que hay una megabatalla en el horizonte. Eleven ha estado entrenando duro, perfeccionando sus poderes. Ahora puede lanzar vehículos blindados, saltar sobre grandes edificios y doblegar a las mentes más duras con una mínima hemorragia nasal. Dustin lucha furioso, endurecido por la muerte de su compañero del Club Fuego Infernal, Eddie Munson (Joseph Quinn). Steve y Jonathan siguen compitiendo por la atención de Nancy mientras ella se centra en perfeccionar sus habilidades de tiro. Y la Sra. Wheeler demuestra ser una guerrera formidable cuando se arma con una botella de vino rota y dentada. Las circunstancias de sus hijos originales no han cambiado mucho, pero sus perspectivas sí, lo que genera giros impredecibles en sus poderes, fortalezas y alianzas.

En la última temporada de su pequeña serie, los creadores, los hermanos Duffer, se apoyan en gran medida en las disputas interpersonales y las amistades entre todos los personajes, combinando acción de alto presupuesto con tramas que avanzan sobre personajes que los fans han llegado a adorar. Al fin y al cabo, son los chicos protagonistas de la historia los que nos hicieron quererla más. Y parece que seguirán haciéndolo, hasta el final.


martes, 7 de octubre de 2025

Crítica Cinéfila: Monster - The Ed Gein Story

En los campos del Wisconsin rural de los años 50, un hombre solitario, amable y aparentemente inofensivo llamado Eddie Gein vivía en una granja en ruinas, ocultando una "casa de los horrores" tan espeluznante que redefiniría la pesadilla americana. Impulsado por la soledad, la psicosis y una obsesión absoluta con su madre, los perversos crímenes de Gein dieron vida a un nuevo tipo de monstruo, dejando un legado macabro que engendró monstruos en la ficción creados a su imagen, y encendiendo una obsesión cultural por lo criminales psicológicamente desviados.



Se han usado muchos nombres para referirse al asesino en serie y granjero Ed Gein, originario de un pequeño pueblo de Wisconsin, en el siglo XX, pero el que parece haber perdurado desde que se descubrieron sus crímenes en 1957 es el de "monstruo". Un apodo apropiado, dado que Gein mató al menos a dos mujeres, disfrutaba desenterrando cadáveres en cementerios locales y usando su piel y huesos como forma de satisfacción sexual, hasta que se dedicó a la necrofilia. Sus delitos y trastornos cognitivos fueron la base que inspiró al icónico personaje Norman Bates del director Alfred Hitchcock, y la película de terror por excelencia "Psicosis". 

“Psicosis” podría ser recordada como la obra maestra de Hitchcock, con vívidas imágenes en blanco y negro de un hombre aparentemente afable que se abre paso entre víctimas femeninas inconscientes en el motel de su propiedad, en medio de la nada. Pero el tema de la psicosis subyacente de la película, causada por la soledad y el dolor, se manifiesta, como es bien sabido, en la devoción del protagonista, Norman Bates, por su tiránica madre. Una madre que muere antes de que comience la película.

“Monster: La Historia de Ed Gein”, la última entrega de Ryan Murphy y su colaborador habitual Ian Brennan, es la tercera entrega de su serie que destaca los efectos de la maldad pura. Similar a sus exploraciones sobre el asesino en serie Jeffrey Dahmer y el amor fraternal entre Erik y Lyle Menéndez, la vida de Ed Gein se traslada a la pantalla chica a través de relatos verídicos y una gran dosis de exageración cinematográfica. El resultado es una temporada llena de altibajos, ilustres actuaciones de su elenco principal y desafortunados episodios de relleno que aportan poco contexto adicional al estado mental de Gein.

El actor británico Charlie Hunnam interpreta al personaje principal, Ed Gein, un cambio radical para un actor conocido por su papel de Jax Teller en la serie dramática "Sons of Anarchy". En esta película, Hunnam comparte escenas con Laurie Metcalf como la madre de Gein, una mujer autoritaria y religiosa inquietantemente similar a la historia de la Sra. Bates en "Psicosis". Los dos tienen una dinámica conflictiva. La Sra. Gein se enorgullece de ser una cristiana apasionada que disfruta llamando prostitutas y rameras a las chicas de su pequeño pueblo. Al mismo tiempo, Eddie explora la asfixia autoerótica mientras usa la ropa interior de su madre. Es una relación extremadamente problemática.

Tras la muerte de su madre, Ed Gein se queda solo a cargo de la granja y de sus impulsos sexuales y pensamientos intrusivos, que se manifiestan en crímenes atroces. La voz de su madre resuena en su mente, como la del Pasajero Oscuro de Dexter Morgan en "Dexter", diciéndole qué hacer y alentándolo a portarse mal. Antes de Ted Bundy, Jeffrey Dahmer y el Asesino BTK, los crímenes de Gein se consideraban innombrables durante años.

En lugar de lo que se considerarían saltos temporales y flashbacks, el creador Ian Brennan y el director Max Winkler entretejen ingeniosamente el viaje asesino y sexual de Ed Gein en la creación de "Psicosis" y el vínculo eterno entre el legado de ambos. Anthony Perkins (Joey Pollari) se presenta de forma similar a Gein en esta serie, intentando conectar la sexualidad secreta y oculta de Perkins con la naturaleza reprimida de la manifestación sexual de Gein. El desafortunado resultado para Perkins es que siempre se le vincula con su icónica interpretación de Norman Bates y, por lo tanto, con la fuente misma: Ed Gein.

La primera mitad de la temporada se centra tanto en Alfred Hitchcock (Tom Hollander) y su película como en Ed Gein. Hitchcock es ambicioso y cree que el público quiere algo más que los monstruos que está acostumbrado a ver en las pantallas, como Frankenstein y Drácula. Considera que un nuevo tipo de monstruo, uno mucho más psicológico y aterrador en un sentido real, sería lo que el público anhela. Le encanta ver a su público retorcerse y abandonar la sala angustiado en el estreno de "Psicosis" en 1960. Winkler aprovecha esta conexión para crear un espacio para que Hunnam interprete a Norman Bates en la película de Hitchcock. Incluso incluye una escena de ducha casi toma por toma, más gratuita, para enfatizar el vínculo de la película con la historia de Gein, utilizando a su interés amoroso, Adeline (Suzanna Son), como sustituta de Janet Leigh.

La segunda mitad de la temporada se transforma en cómo esa película y la historia real de Gein inspiraron películas hollywoodenses de terror de los años 70, como "La Matanza de Texas". La conexión de la primera mitad con Hollywood y la inspiración de personajes ficticios es mucho más fuerte que la segunda, donde la temporada intenta provocar conmoción y repugnancia en los espectadores con violencia gráfica y sexo impactante sin añadir nada nuevo a los siniestros tratos de Ed Gein y los de Wisconsin. Adeline, interpretada por Suzanna Son, como buen ejemplo, tiene un tiempo considerable en pantalla en la segunda mitad de la temporada, a pesar de que el personaje nunca existió en la vida real.

La interpretación suave pero siniestra de Hunnam de Gein es una grata sorpresa, ya que el actor demuestra una amplitud de miras dentro de un personaje como nunca antes había intentado. Lesley Manville, como Bernice Warden, víctima del asesinato de Gein, es una buena incorporación que no recibe tanto tiempo en pantalla como el personaje merece (aunque su interpretación parece eludir la relación real entre Warden y Gein). Metcalf, como siempre, proporciona suficiente argumento para mantener la historia a un ritmo frenético, incluso cuando su personaje solo se escucha o se manifiesta a través del estado mental de Gein.

“Monstruo: La Historia de Ed Gein” se esfuerza por contar la historia de este monstruo, pero no logra ofrecer ocho episodios dignos de un maratón. Las fantásticas actuaciones se diluyen con historias tipo B exageradas que no llegan a ninguna parte a un ritmo lento. Cuando salen a la luz los crímenes de Gein, los medios y el mundo no saben cómo clasificarlo. ¿Era travesti? ¿Era trans? ¿Tenía esquizofrenia? ¿O era simplemente un "mama's boy" con interés por lo macabro? La serie de Netflix no tiene una respuesta exacta más allá de que era, y sigue siendo, un monstruo.


martes, 30 de septiembre de 2025

Crítica Cinéfila: Black Rabbit

Cuando el dueño de un restaurante de moda de la ciudad de Nueva York permite que su turbulento hermano regrese a su vida, abre la puerta a peligros cada vez mayores que amenazan con derribar todo lo que ha construido.



Gran parte de "Black Rabbit" falla un poco. Casi está a la altura, pero no es del todo correcta. Las actuaciones no son del todo convincentes. La ambientación no está representada con la suficiente claridad. La trama está ligeramente descalibrada. Nada por sí solo hace que la serie sea inviable, pero todo ello se suma a algo que no es tan bueno como debería ser para el género en el que se mueve y el nivel de presupuesto y talento involucrados.

La miniserie es un thriller neoyorquino protagonizado por Jude Law y Jason Bateman como los hermanos disfuncionales Jake (Law) y Vince Friedken (Bateman). Solían ser socios en un bar y restaurante del Bajo Manhattan llamado Black Rabbit, llamado así por su banda de rock indie de la era hipster, Black Rabbits, pero las adicciones e inestabilidad de Vince lo llevaron a ser separado del proyecto. En los años transcurridos desde entonces, Jake ha llevado el restaurante al éxito y está a punto de abrir un nuevo lugar que lo llevará a la cima del mundo de la restauración neoyorquina, si es que logra reunir el dinero. Vince, mientras tanto, está en serios problemas y regresa a NY buscando a su hermano para que lo rescate. Necesita pagar deudas de juego a unos gánsters violentos liderados por Joe Mancuso (Troy Kotsur) y el tiempo avanza. Jake sabe que su hermano es una mala noticia, pero no puede negarse a ayudarlo, y cuando Vince regresa al negocio y a la vida de Jake, su vínculo tóxico amenaza con destruirlos a ambos.

“Black Rabbit” se inspira en gran medida en clásicos del crimen fraternal neoyorquino, tanto antiguos como modernos, y alcanza su máximo esplendor cuando se trata sobre la codependencia fraternal. Vince es adicto a las drogas, el alcohol y el juego, y Jake es adicto a Vince. La forma en que Jake está dispuesto a arriesgarlo todo para ayudar a su hermano es totalmente creíble y auténtica. Desafortunadamente, todo lo demás no lo es, incluyendo el acento de Brooklyn de Law.

El mayor problema es Bateman, quien es coprotagonista, productor ejecutivo y director de los dos primeros episodios. Bateman, uno de los hombres más hollywoodenses de Hollywood, no es la elección correcta para interpretar a un delincuente de Coney Island que es lo suficientemente duro como para no inmutarse por el hecho de que unos matones le corten un dedo. Su personalidad mordaz funcionó bien en su anterior thriller policial de Netflix, "Ozark", porque Marty Byrde no era un tipo físicamente duro. Bateman fue muy convincente como un contador meticuloso que gradualmente aprende a ensuciarse las manos. Aquí, es poco persuasivo. Está haciendo el mismo sarcasmo y tensión que siempre hace en el contexto de un personaje cuyo carisma debería provenir de ser divertido e imprudente. Es una actuación monótona que lo hemos visto hacer variaciones durante décadas. Vince incluso llama a la gente "amigo", que es algo que muchos personajes de Bateman hacen.

Como director, Bateman no se fija en los detalles. Prefiere lo grande y amplio a lo sutil. Eso estuvo bien para la pura pulpa de "Ozark", pero "Black Rabbit" se ambienta en un entorno muy específico que Bateman y los creadores Zach Baylin y Kate Susman no dominan bien. La serie intenta aprovechar la energía sórdida del centro de la ciudad del resurgimiento del post-punk de principios de la década de 2000 a través de las interpretaciones de los Walkmen e Interpol y un cameo del guitarrista de The Strokes, Albert Hammond Jr., pero está ambientada en el presente, en el mundo de la vida nocturna y la restauración de alta gama: Jake intenta abrir un restaurante en el antiguo espacio del Four Seasons, un local de Midtown que es sinónimo de dinero y sofisticación, y ninguno de estos mundos tiene nada que ver con el mundo de clase trabajadora de los barrios periféricos del que vinieron los hermanos y con el que aún mantienen vínculos. Todos estos significantes se leen como "la cruda ciudad de Nueva York", pero en realidad son bastante dispares. "Black Rabbit" hace gala de impresionantes localizaciones de rodaje neoyorquinas —las entrañas de los Baños Rusos y Turcos, Times Square al amanecer, el vestíbulo del Hospital Bellevue— y este acceso a localizaciones de primer nivel le otorga una credibilidad visual que la narrativa no se merece.

Sin embargo, hay mucho dinero en pantalla, y la serie, sin duda, luce genial. La estética se inspira tanto en los thrillers neoyorquinos de los hermanos Safdie, "Good Time" y "Uncut Gems", que es prácticamente un homenaje, que graban la acción desde tan lejos que parece que la estás viendo a través de un telescopio. Las tomas pueden ser prestadas, pero son llamativas y técnicamente formidables. El diseño de sonido también está ejecutado a un alto nivel: lo que sea que hayan hecho para poder rodar en una azotea junto a la FDR Drive sin verse abrumados por el ruido del tráfico, es realmente impecable.

Aunque parece una película de los hermanos Safdie, se siente como "Ozark". Incluso tiene el mismo formato de créditos iniciales, mostrando elementos que entrarán en juego en el episodio. Como ese thriller ganador de un Emmy pero no tan prestigioso, la trama es implacablemente tensa, con muchos personajes y subtramas diferentes. Hay de todo, desde un hilo de Me Too que involucra a un cliente habitual bien pagado que se aprovecha del personal (un problema que Jake delega en la chef Roxie (Amaka Okafor) para que lo resuelva, lo que lleva a consecuencias imprevistas) hasta uno de los acreedores de Vince que se insinúa en la vida de la hija de Vince, Gen (Odessa Young). Siempre pasa algo, pero no siempre funciona. Todo tiene el mismo nivel de intensidad, incluso si obviamente no es tan importante o termina sin importar. Los tiempos de ejecución son inflados, y algunas escenas largas hacen que uno quiera adelantar el episodio. La realidad: la historia no empieza realmente hasta el final del segundo episodio. Le habría venido bien un poco más de tensión.

La buena noticia es que la serie mejora mientras avanza. Los dos últimos episodios están dirigidos por Justin Kurzel, el cineasta emergente responsable de proyectos fantásticos como la película policial "The Order" y la miniserie ambientada en la Segunda Guerra Mundial "The Narrow Road to the Deep North". Habiendo trabajado previamente con Law en "The Order", Kurzel sabe cómo sacar lo mejor del actor. Kurzel enfoca su cámara hacia el rostro de Law mientras la historia alcanza su clímax emocional y el dolor de Jake se desborda. Es un director de actores que también compone imágenes hermosas, como una toma melancólica, al estilo Michael Mann, de Law iluminado por los destellos de un coche de policía.

“Black Rabbit” no es mala del todo, pero nunca llega a ser tan buena como podría o debería ser. Hay un desajuste entre la seriedad con la que se presenta, con su estilo visual y temas familiares, y la imprecisión en la trama y la ambientación. Es como un turista en el Nueva York de los Safdie; tiene el aspecto adecuado y conoce los lugares, pero no lleva la ciudad en la sangre.


martes, 2 de septiembre de 2025

Crítica Cinéfila: En el Barro

Cinco presas forjan un vínculo único tras un accidente mortal, pero la corrupción y las luchas de poder de la cárcel amenazan con separarlas. Spin-off de 'El marginal'.



La prisión ha sido un ambiente utilizado con frecuencia para servir de universo de una serie. Pero una de las prisiones más desoladoras está en la serie argentina "En el Barro".

La serie inicia con siete mujeres subiendo a la parte trasera de una camioneta de alta seguridad. Cada una está presa por una razón muy particular, pero todas tienen en común que es su primera vez enfrentándose al sistema de justicia penal argentino. Durante el traslado a la penitenciaría de mujeres de La Quebrada, la camioneta y su convoy de protección sufren una emboscada, adentrándose en un río y hundiéndose rápidamente cuando la parte trasera explota y una de las siete mujeres es rescatada por sus cómplices. Una de las detenidas, Gladys Guerra (Ana Garibaldi), logra encontrar la llave y quitarles las esposas a otras cuatro mujeres, pero una se queda atrás y se ahoga. Las cinco sobrevivientes se arrastran hasta tierra, cubiertas de barro. De ahí va el nombre de la serie, pero se pudiese conectar también a muchas de las acciones internas de la prisión que tendrán que sobrellevar.

Gladys y las otras mujeres —Olga Giuliani (Erika de Sautu Riestra), Marina Delorsi (Valentina Zenere), Yael Rubial (Carolina Ramírez) y Solita Rodríguez (Camila Peralta)— son enviadas a La Quebrada tras recibir el alta médica, pero el incidente ha sido noticia en todos los medios, y las reclusas se enteran al llegar. La directora de la prisión, Cecilia Moranzón (Rita Cortese), también es llamada a trabajar, quien en ese momento, está invitando a cenar a una reclusa embarazada. Las mujeres se integran a la población carcelaria tras el examen médico; Yael va a la sección de Familias, donde hay reclusas embarazadas y niños de otras reclusas correteando. Gladys y Marina son enviadas al pabellón central. Olga y Solita son enviadas al pabellón dirigido por una mujer llamada La Zurda (Lorena Vega); ella está a cargo de un centro de pornografía allí, y cuenta con recursos como teléfonos y wifi. Le pregunta específicamente a Olga, cirujana plástica, si puede realizar cirugías de rejuvenecimiento vaginal a sus "hijas".

Cecilia informa a María (Cecilia Rossetto), una de las reclusas más veteranas y poderosas, que su sobrina fue la prisionera que se ahogó durante la emboscada. Claro que ahora María jura vengarse de las cinco supervivientes que ahora forman parte de la población. También se ha ganado la enemistad de La Zurda, quien se irrita por el acuerdo que María ha cerrado con Cecilia sobre suministros y medicamentos, básicamente porque no reciben una compensación proporcional a lo que aportan al fondo. Mientras tanto, Gladys no se deja intimidar por María ni por nadie más, dada su posición en la familia Borges, la cual niega abiertamente. Cecilia, sin embargo, sabe exactamente quién es.

La idea es que estas cinco mujeres se unan gracias a su experiencia colectiva en el río y descubran cómo operar el sistema, dividido entre varias "tribus" con intereses contrapuestos. Gladys, obviamente, será el centro de atención, dado que es básicamente una de las líderes de la familia Borges, y su poder externo le permitirá ejercerlo internamente. Parte de esa fuerza de voluntad se usará para proteger a las otras cuatro mujeres, pero eso sin duda chocará con otras personas con poder en la prisión, como María y Cecilia.

En su superficie, "En el Barro" me recuerda mucho a "Orange Is The New Black" y "Vis a vis", pero mucho más sombrío. Sin embargo, en la medida que uno se adentra a la cárcel de mujeres, pero más allá de eso y de las escenas de las reclusas en la ducha, no se parece en nada a esas series. En La Quebrada ocurren cosas realmente turbias, y no todas tienen que ver con las reclusas. 

"En el Barro" es una serie bastante oscura, y puede que no sea para todos, pero ha logrado presentar a los personajes principales y cómo se desenvolverán en una de las prisiones más desoladoras que se han visto en televisión en mucho tiempo.


miércoles, 9 de julio de 2025

Crítica Cinéfila: Squid Game, 3ra temporada

Tras perder a su mejor amigo en el juego y quedarse sin esperanza por culpa del Líder, que ha ocultado su verdadera identidad para infiltrarse en el juego. Gi-hun continúa empeñado en poner fin al juego, pero el Líder planea su siguiente movimiento y las decisiones de los supervivientes derivan en consecuencias cada vez peores a medida que avanzan las rondas.



¿Qué tan sombrío puede ser “Squid Game” ? Al concluir la segunda temporada del sensacional drama de Netflix, nuestro héroe, Seong Gi-hun (Lee Jung-jae), se vio envuelto en su mayor fracaso. Tras reunir a sus compañeros contra las fuerzas que controlan los juegos, el líder (Lee Byung-hun) cambió el guion, llevando a Gi-hun a presenciar el asesinato de su mejor amigo ante sus propios ojos. Fue una decisión del creador de la serie, Hwang Dong-hyuk, que recordó a los espectadores que, a pesar de conocer lo que estaba en juego, Gi-hun está tan atrapado ahora como lo estuvo en su primera participación en los juegos. "Abandonen toda esperanza, los que entran aquí".

La temporada 3 dedica gran parte de sus episodios a la devastación, lo que hace que los primeros compases de la temporada final sean apropiadamente sombríos. Si bien la temporada 2 incluyó mucha preparación, esta nueva entrega se adentra en las consecuencias inmediatas de la rebelión fallida. Gi-hun y los demás protagonistas, como Lee Myung-gi (Im Si-wan), Kim Jun-hee (Jo Yu-ri), Dae-ho (Kang Ha-neul), Cho Hyun-ju (Park Sung-hoon), Jang Geum-ja (Kang Ae-shim), Park Yong-sik (Yang Dong-geun), entre otros, se ven arrastrados de nuevo al meollo del asunto. 

Si bien las frustraciones por un final en suspenso pueden haber molestado a la audiencia al final de la segunda temporada, el enfoque dividido y el aumento general en el número de episodios dan sus frutos. De forma similar a cómo el comienzo de la temporada pasada subvirtió las expectativas de la audiencia sobre los juegos que podrían jugarse, este bloque de episodios se beneficia una vez más de que el espectador no sepa qué está por venir. Cada interacción entre los personajes adquiere un tono significativamente más serio a medida que "Squid Game" se acerca a su conclusión, un impacto que se hace aún más poderoso por el hecho de que Dong-hyuk deja de lado activamente a Gi-hun durante las primeras horas para dedicarse al reparto secundario. Es una decisión muy efectiva, que encaja a la perfección con las crecientes apuestas de los juegos de las últimas rondas. El efecto infunde a la serie una nueva sensación de desesperanza. ¿Recuerdan lo aplastante que fue el juego de canicas en la primera temporada ? Un episodio temprano de la tercera temporada logra superar eso, con un efecto absolutamente desgarrador.

Sin embargo, hay algo de luz; después de todo, esto es la serie al final de este oscuro túnel. A medida que avanza la temporada, Dong-hyuk explora las relaciones familiares con un efecto sorprendentemente emotivo. Este elemento siempre ha estado presente en la serie, pero el concepto de lo que padres e hijos se deben mutuamente se convierte en una parte crucial de la trama y, por ello, enriquece aún más la serie. Parte de esa elevación se debe a la actuación de Lee Jung-jae. El recuerdo de su fracaso como padre siempre ha sido una gran preocupación para Gi-hun, y sin revelar mucho, la posibilidad de cierto nivel de redención personal ayuda a elevar la ya superlativa actuación de Lee Jung-jae a otro nivel. Su trabajo, especialmente en el quinto episodio, es mágico.

Lo que sigue siendo menos convincente son las tramas de Hwang Jun-ho (Wi Ha-joon) y Kang No-eul (Park Gyu-young), que no ofrecen a ninguno de los personajes mucho que hacer más allá de sus tramas existentes de la primera mitad de la temporada. Ambos se encuentran prácticamente atrapados en la misma rutina: intentar escapar en el caso de No-eul o encontrar la isla en el caso de Jun-ho. El resultado final es que estas tramas se estancan hasta el episodio final, resolviéndose de maneras que no son ni de lejos tan impactantes como la narrativa principal. Además, entrelazar sus tramas diluye la fuerza y ​​el impulso de los juegos, estancando la tensión en lugar de aumentarla. Lo mismo ocurre con la inclusión de una nueva ronda de VIP, cuya naturaleza, similar a un coro griego, se convierte en un vehículo para reiterar lo obvio en lugar de ofrecer algo nuevo o revelador a los procedimientos.

Cuando "Squid Game" profundiza en sus momentos intensos, la serie demuestra que aún es más que capaz de crear una historia trágicamente cautivadora que logra entretener y conectar emocionalmente con sus personajes. La serie de Dong-hyuk reinventó y revitalizó el género Battle Royale con resultados extraordinarios. Claro, la intensidad es una característica, no un defecto, pero se combina con personajes fuertes y visuales cautivadores que perduran. La tercera temporada continúa esta tradición, ofreciendo un final especialmente impactante.

"Squid Game", en sus momentos finales, dice que mientras la vida continúa, encontrar la manera de mejorar las vidas que nos rodean en el contexto de la gran máquina en la que estamos atrapados vale los sacrificios necesarios para hacerlo posible. La serie logra encontrar un rayo de luz en medio de tanta desolación. En una realidad tan difícil, esa victoria vale todo el dinero del mundo.


martes, 6 de mayo de 2025

Crítica Cinéfila: El Eternauta, 1ra temporada

Una noche de verano en Buenos Aires, una misteriosa nevada mortal acaba con la mayor parte de la población y deja aisladas a miles de personas en sus casas.



Las historias postapocalípticas son un sub-genero común en la cultura pop de estos días. No han alcanzado un punto clave abrumador, pero sí habla de una tendencia bastante amplia que algunas de las narrativas más populares en la televisión en este momento incluyan a "The Last of Us", "Fallout" y otras. No es solo que los estudios y los streamers parezcan más dispuestos a adoptar este lado de la ciencia ficción, sino que las audiencias televisivas están acudiendo en masa a ellos y, en general, todos se han ganado elogios de la crítica. También está el factor subyacente de que muchos de ellos han sido adaptados de otros medios, ya sea un libro o incluso un videojuego. En esta categoría es donde entra el nuevo thriller de ciencia ficción de Netflix, "The Eternaut" ("El Eternauta"). Creada y dirigida por el showrunner Bruno Stagnaro , quien coescribe junto a Ariel Stagnari, la serie es una adaptación de la emblemática novela gráfica de 1957 del escritor Héctor G. Oesterheld y el ilustrador Francisco Solano López. Incluso si no estás familiarizado con el material original, "El Eternauta" es una escalofriante historia apocalíptica que te atrapa por completo, con una narrativa a veces lenta que sabe exactamente cuándo dar el giro perfecto para mantenerte enganchado.

La trama comienza en una noche de verano, por lo demás sencilla, en Buenos Aires. Amigos de toda la vida, entre ellos un hombre llamado Juan Salvo (Ricardo Darín), se reúnen para disfrutar de su pasatiempo favorito: beber y jugar a las cartas. Un grupo de chicas jóvenes sale en barco a navegar al anochecer, y otros siguen con sus vidas cotidianas sin sospechar nada, ni siquiera un instinto inconsciente de que algo siniestro pueda ocurrir, hasta que se corta la luz en toda la ciudad. Entonces, empieza a nevar, lo que de por sí parecería un suceso extraño hasta que los ciudadanos descubren algo aterrador de primera mano: esos copos blancos y esponjosos son tóxicos y causan la muerte inmediata al contacto directo con la piel.

Atrapados en el interior, sin electricidad ni medios de contacto (otras tecnologías, como celulares y autos, también han dejado de funcionar), Juan Salvo y quienes lo acompañan no solo deben encontrar la manera de localizar a sus seres queridos, sino también unirse ante lo que parece ser una invasión sobrenatural de la Tierra. Desde reunir recursos valiosos hasta fabricar trajes protectores caseros, cada intento de aventurarse en esta mortífera bola de nieve conlleva sus propios riesgos, y cada vez es más evidente que algunas de las mayores amenazas para Juan Salvo y sus aliados podrían ser, en realidad, las que existen mucho más cerca de casa.

"El Eternauta" parece bastante común a primera vista, y esa parece ser la idea. Si bien el cómic original se ambienta en los años 50, cuando se escribió por primera vez, la adaptación de Netflix toma la sabia decisión de adelantar la línea de tiempo a la Buenos Aires actual. Tiene el efecto de permitir que los temas generales de la historia de aislamiento, invasión extraterrestre y terror a lo desconocido golpeen mucho más fuerte una vez que la nieve comienza a caer; pero antes de que eso suceda, el parecido de "El Eternauta" con nuestro propio presente adormece al espectador en una falsa sensación de seguridad mientras espera simultáneamente quitarle la alfombra de debajo de sus pies. ¿Cuántos de nosotros hemos vivido nuestras vidas cotidianas, haciendo cosas como recoger a viejos amigos del aeropuerto, con la creencia de que no sucederá nada extraordinario? Al representar estos primeros momentos de mundanidad antes del punto de inflexión catastrófico, se convierte en una historia de ciencia ficción con la que cualquiera puede identificarse, incluso cuando todavía se adhiere al entorno argentino de la novela gráfica original.

Es después de que comienza la nevada tóxica que adopta sus mayores fortalezas, empezando por sus visuales, cortesía de un equipo que incluye al director de fotografía Gastón Girod y a los supervisores de efectos visuales Pablo Accame e Ignacio Pol. Puede sonar extraño considerar una ciudad cubierta de blanco como un signo de aprensión, pero la serie toma la decisión meditada de enfatizar el creciente terror de la situación en la que se encuentran Juan Salvo y los demás desde el principio. Para cuando notas que alguien ha dejado algunos copos en sus botas o chaqueta, es suficiente para acelerar tu pulso también. Cuando los personajes finalmente se aventuran a salir, la visión de cuerpos sin vida esparcidos por las calles, gradualmente cubiertos cada vez más por la nieve sin derretir, agrega su propia nota escalofriante cuando se combina con el sonido audible de la respiración acelerada de alguien dentro de su propia máscara desesperadamente sellada. Esta ciudad una vez floreciente se ha convertido ahora en territorio hostil, donde la exposición a los elementos es literalmente un escenario de vida o muerte.

Aunque hay breves estallidos de acción, no sería del todo preciso llamar esta serie una de carácter apocalíptico más explosivo. Esta es una historia que prioriza a los personajes, y se desarrolla como tal, a un ritmo que podría empezar a poner a prueba incluso a los fans del género más pacientes si no tienen ya cierto grado de apego al cómic original. Sin embargo, cada vez que la serie parece avanzar sin rumbo a través de su narrativa, un episodio termina con el tipo de giro que prácticamente te obliga a seguir viéndolo. Las amenazas contra Juan Salvo y aquellos con los que se ve obligado a permanecer en estrecha colaboración se vuelven cada vez más complicadas; la nieve es solo el comienzo de la guerra que se librará no solo contra la ciudad, sino contra el planeta. Aquí también hay peligros humanos en juego, incluidos aquellos que están absolutamente dispuestos a explotar a sus conciudadanos en una ciudad donde la ley y el orden han sido abandonados en favor de la necesidad más primaria de supervivencia.

Si bien una narrativa de esta importancia y magnitud solo podría haberse contado de manera episódica, al igual que el lanzamiento de la novela gráfica original, es mejor adentrarse en "The Eteranaut" con el menor conocimiento o expectativa previa posible. Con una actuación cautivadora de Darín, que aporta tanto seriedad como vulnerabilidad a Juan Salvo, así como efectos visuales impresionantes y giros narrativos inteligentes, la adaptación de Netflix merece ser elogiada junto con la innovadora historia de ciencia ficción que adapta.


jueves, 1 de mayo de 2025

Crítica Cinéfila: El Jardinero, 1ra temporada

La historia de Elmer y de su controladora madre, La China Jurado, gestora de un vivero que hace de tapadera de un próspero negocio clandestino de asesinatos por encargo. Para Elmer, matar es la cosa más fácil del mundo, pues un accidente le privó de sentimientos. Sin embargo, cuando planea el asesinato de la encantadora Violeta, una maestra de guardería, se enamora de ella. Ahora, Elmer debe aprender a amar mientras su madre hace todo lo posible para acabar con la vida de Violeta.



Quien ha conocido el amor sabe que es una de las drogas más adictivas y el arma más poderosa del mundo. Y aunque no crea que le llegará su oportunidad de sentirla, quizás es porque todavía no ha encontrado a la persona correcta. Porque hasta este protagonista, un joven que sufre alexitimia, la incapacidad de sentir emociones desde los seis años, se le cruza la chica de sus sueños un día, y el grado de su enfermedad no solo disminuye sino que le trasforma por dentro. A Elmer, un chico tímido y que aprendió a expresar las emociones gracias a las enseñanzas de su madre, le da un vuelco el corazón al encontrar por primera vez unos sentimientos tan fuertes en su interior. Sentimientos que no llegaba a comprender, y que muchas veces no alcanzaba a expresar verbalmente. Ahora, no solo debe aprender a aceptar ciertos aspectos de su vida sino también decidir sobre su propio futuro. "El Jardinero", la nueva serie española de Netflix protagonizada por Álvaro Rico, Cecilia Suárez y Catalina Sopelana, es una historia de amor imprevisible entre el asesino y su víctima que pretende dar una vuelta al cine negro y noir, yendo de menos a más y conquistando al público de ambos géneros.

La premisa de la ficción de seis capítulos, creada por Miguel Sáez Carral ("Ni una más") y coescrita junto a Isa Sánchez ("Ni una más"), no recuerda a ninguna otra serie. Álvaro Rico se mete en la piel de Elmer, un joven manipulable al que su madre, La China Jurado (Cecilia Suárez) utiliza como un asesino profesional. Ella es la gestora de un vivero que usa a su vez de tapadera de un próspero negocio clandestino de asesinatos por encargo. A causa de un accidente de coche que tuvo con tan solo seis años, Elmer es incapaz de sentir nada, lo que hace que matar sea fácil para él. Sin embargo, cuando planea el asesinato de la encantadora Violeta (Catalina Sopelana), una maestra de guardería, se enamora de ella. Ahora, Elmer debe aprender a amar mientras su madre hace todo lo posible para acabar con la vida de Violeta. 

Bajo este argumento se desarrolla una historia muy atractiva, compleja e intrigante, cuya narración va por dos vertientes: la principal, cómo su madre le usa como sicario para ganar dinero y así poder regresar juntos a México. Y la paralela, el relato de amor entre ambos jóvenes. Tanto Álvaro Rico como Cecilia Suárez y Catalina Sopelana han hecho un excelente trabajo de interpretación para sacar adelante personajes complejos y enigmáticos. Destaca especialmente la puesta en escena de Rico que para enfocar lo misterioso de su papel, los directores Mikel Rueda (Veneno) y Rafa Montesinos (El Inmortal), se apoyaron de abundantes planos cortos para así acercar al espectador al trauma por el que pasa el protagonista, reflejado en sus ojos, así como en la expresión fría y fija de su cara. Todo ello dice mucho más que cuando habla. Más allá de las peculiaridades del personaje y la versatilidad, el actor manchego vuelve a plantarle cara a nuevo a un personaje con un toque oscuro, incluso criminal. Saltó a la fama con el papel de Polo, el niño pijo y autor del crimen en torno al que giraban las tres primeras temporadas de Élite, y le siguió el de Jacobo en Alba, donde se metió en la piel de un violador.

Por su parte, Suárez, quien pone cara a la controladora madre de Elmer, es otro personaje muy poliédrico, ya que tiene muchas aristas debido a su pasado turbio. Puede llegar a ser muy manipuladora, no solo con su hijo, sino también con sus clientes, con tal de salirse con la suya, para así construir un futuro en México donde pueda vivir en libertad, puesto que el presente no le convence del todo. Si algo tiene en común con su icónica representación de Paulina de la Mora en "La casa de las flores", es que es igual de excéntrica que ella. También se preocupa (demasiado) por Elmer, y a veces antepone la estabilidad del negocio a la propia felicidad de su progenitor. Con su sola presencia en escena es capaz de generar que uno piense automáticamente qué es lo que está maquinando.

Sopelana completa el trío de protagonistas al interpretar a Violeta, una encantadora profesora de guardería que se convierte en el blanco de Elmer, pero que, con el tiempo, comienza a desarrollar sentimientos por ella, lo que le hace incapaz acabar con su vida. Lo interesante de este personaje es que empieza de una manera y va cambiando según avanzan los capítulos. Y es que tiene mucha luz, pero a su vez también oculta mucha oscuridad. Sirve de bisagra no solo de la historia de amor con el personaje de Álvaro Rico, sino también de una paralela en la que la actriz Emma Suárez juega un punto muy interesante. Junto a ellos, también están los gallegos María Vázquez y Francis Lorenzo, que hacen de policías que llevan a cabo la investigación sobre las personas que hace desaparecer misteriosamente Elmer. Ivan Massagué e Isabel Garrido también forman parte del resto del elenco. 

No obstante, a pesar de que el elenco principal lo formen, cómo no, personas reales, cabe hacer mención especial a la ambientación. Rafa García, director de fotografía, ha conseguido que los escenarios tanto de la costa como del interior de Galicia se conviertan en un personaje más de la ficción. En este caso, la naturaleza aporta casi todo lo que necesita la serie para transmitir al espectador esa calma, tenebrosidad, oscuridad y belleza propia de un thriller romántico.

En contraposición del amor romántico se encuentra el amor maternal. Ese que une instintivamente a la madre desde la gestación a través del cordón umbilical. Lo interesante de esta ficción es que a través de sus seis capítulos habla de esa maternidad enfermiza y sobreprotectora, que se mete en los requiebros del alma humana. Si se lleva al extremo se podría asemejar a la relación que tenía el personaje de Norman Bates con su madre en la película Psicosis (Aldred Hitchcock, 1969). La China sería capaz de hacer cualquier cosa para hacer desaparecer a esa joven que tiene atrapado a su hijo y que no solo le ha cambiado la vida, sino que pone en peligro la de ambos.

Por todos estos ingredientes y otros que no se pueden desvelar, esta es una trama con abundantes dosis de drama, suspense y amor que vale la pena y el tiempo de visualización. Un thriller que, por la adecuada duración de sus episodios, se vuelve bastante adictivo y deja con ganas de saber qué va a pasar cuando finaliza un episodio.